Le despertó el ruido de la puerta de la habitación al cerrarse.

Con los ojos cerrados, somnolienta, tanteó de espaldas el lado izquierdo de la cama para comprobar que efectivamente él se había ido. Suspiró y se llevó la mano al rostro, rascándose los ojos con esa vieja costumbre de cerrar los puños que le venía desde niña. Otra vez se había marchado sin avisarla.

Se incorporó en la cama y miró las cortinas blancas ondear en la habitación. Por lo menos, le había abierto el ventanal. El sol le daba en los ojos, así que a tientas se dirigió hacia el pequeño tocador donde solía arreglarse todas las mañanas. Parpadeo varias veces antes de acostumbrar sus ojos a la luz, mientras se sentaba en la silla. Le dolía la cabeza... la noche anterior había tardado mucho en dormirse.

Miró el calendario. 10 de Mayo... por fin. Había esperado toda su vida para ese día. Desde pequeña, en sus más bonitos sueños. Hoy, iba a casarse con la persona que mas quería en el mundo. Hoy empezaba una nueva vida para ella. Se miró al espejo y sonrió al ver que hoy no tenía sus ojeras características: debía estar guapa para él.

Caminó hacia el balcón, donde las palomas picoteaban en el suelo. Solía dejarles por las noches, antes de irse a dormir, algo de pan y agua para al poder verlas al día siguiente al despertar. Cosa que él no entendía, pero que más daba. Se acabaría acostumbrando.

Algunas palomas volaron hacia los árboles del patio cuando atravesó el pequeño jardín que habían formado allá arriba. Él con sus extrañas plantas y arbustos, ella con sus flores. Las rosas en especial, eran sus favoritas. Se acercó la rosa a la nariz y aspiró el suave aroma que desprendía.

Volvió al interior y miró el ramo de lirios con desdén. Era horrible. Demasiado pomposo, demasiado frío... Lo cogió y lo apartó a un lado, sin tener cuidado en si las flores se descolocaban o los pétalos se arrugaban. Miró el vestido. Ah... si, el vestido era otra cosa. Nunca pensó que podría casarse algún día con un vestido como ese. Desde que lo vio supo que era ese, el suyo, el que le había estado esperando. Hace dos noches volvió a soñar que entraban a robar en casa y al despertar, el vestido había desaparecido. El vestido, las rosas, él... La pesadilla se había repetido demasiadas veces como para no tenerla en cuenta. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que se cumplían las cosas que soñaba. Aunque ya no había nada que temer. Hoy era el día, su vestido y sus rosas seguían allí. Y él...

La puerta se abrió. Las últimas palomas que quedaban en el balcón emprendieron el vuelo.

- Pensaba que aun estarías dormida.

- Me desperté cuando te oí salir – dijo colocándose delante del vestido. – No deberías verme con el vestido, al menos hasta la misa. Da mala suerte.

El chico caminó hacia el exterior del balcón y se dirigió a una de las plantas. Comenzó a escarbar en la tierra, cogiendo pequeñas raíces.

- Diana, ese vestido lleva ahí dos semanas.

Sonrió y se dirigió hacia él. Pasó sus brazos por su cintura, mientras el seguía trabajando con una de las plantas del jardín. Apoyó la cabeza sobre su espalda y suspiró.

- Anoche volví a tener pesadillas.

Silencio.

- ¿Otra vez te robaban tu vestido?

- No, tonto... - dijo Diana sonriendo, dando un tierno beso en la espalda del chico. – Soñé con una luz blanca... y otra negra.

Algunas nubes ocultaron levemente el sol. La brisa matutina sopló y un escalofrío recorrió el cuerpo de Diana. Se aferró más a su espalda.

- Tom...

- ¿Mmm?

- ¿Tu... me quieres, verdad?

Por primera vez, el joven dejó de prestar atención a lo que estaba haciendo, aunque solo por unos segundos. Cogió la pequeña bolsa que había llenado de raíces y caminó hacia el interior de la estancia.

- ¿A que viene eso ahora, Diana?

La muchacha cogió su larga trenza, despeinada y comenzó a acariciarla, de forma ausente. Todavía llevaba la rosa en la mano. Se sentó en la cama.

- No sé, es que... nunca me lo has dicho...

Diana le observó ir hasta el armario, coger varios frascos y meterlos en una gran bolsa, junto con las raíces que acababa de recoger. Hacia eso tan a menudo... según le había contado era para las investigaciones científicas que realizaban en su trabajo. A veces se enfadaba cuando al parecer, la planta no daba los resultados que el esperaba. A ella no le importaba, siempre que sus flores no pagaran los platos rotos...

- Será mejor que te vistas – dijo caminando hacia la puerta. – Tu madre no tardará en llegar.

- ¿A dónde vas? – preguntó ella, levantándose de la cama y yendo tras sus pasos. El ya había llegado a la puerta de la casa, Diana estaba a mitad de las escaleras.

- He quedado con alguien. No tardaré.

- ¿No vas a darme un beso de despedida?

Ya había puesto la mano en el pomo. Se giró y la vio allí arriba, con su camisón blanco y una rosa en la mano, mirándole con esa extraña admiración que el nunca llegaría a comprender. Deshizo los últimos pasos y se inclinó hacia ella. Diana le besó con una tierna sonrisa.

- No tardes mucho... ya sabes que no me gusta estar aquí sola – dijo subiendo los últimos escalones. Le miró desde el piso superior. - ¡Ad...!

Diana se detuvo a media palabra. Había visto algo... algo extraño en su mente. Y no solo eso, ahora podía sentir la misma sensación que le recorría el cuerpo cada vez que... cada vez que...

- ¿Diana...? – preguntó el joven desde abajo. La puerta estaba ya medio abierta.

Diana le miró sorprendida. "Oh, no, hoy no por favor..."

- Nada, nada... n-no te preocupes. Solo es que me duele un poco la cabeza... eso es todo – dijo sonriendo, intentando quitarle importancia al asunto. – Nos veremos en la Iglesia, entonces.

El muchacho la miró por última vez, antes de salir de la casa. Sin embargo, sus manos no titubearon al coger el pomo, ni ningún sentimiento de culpabilidad pudo apreciarse en sus ojos cuando con un suave empujón, cerró la puerta de casa.

Diana subió las escaleras, con la mano en la cabeza. Llegó a su cama y se tumbó sobre ella. Por el camino tiró las flores al suelo... "Solo unos segundos mas... solo unos segundos y todo habrá pasado..." Se aferró con fuerza a las sabanas y se preparó para lo que estaba por venir... lo unico de lo que fue consciente antes de caer en el trance, fue que deseó con todas sus fuerzas que esta vez, solo fueran unos minutos...


- Diana, despierta...

Diana abrió los ojos y miró fijamente a la mujer que tenía delante. Estaba en su cama, tapada con hasta arriba con una manta. Temblaba de frío.

- Ya está, ya ha pasado todo – dijo la mujer acariciando suavemente su frente. Respiraba con dificultad, siempre le pasaba lo mismo.

La mujer se levantó y desapareció de vista. Diana la escuchaba dar vueltas por la habitación, suponiendo que estaría preparándolo todo para ella. Miró el vestido, temerosa. Seguía allí.

Lentamente se incorporó y sin mirar a un sitio en concreto, preguntó.

- ¿Cuánto tiempo ha sido?

La mujer se dirigió al vestido. Comenzó a bajarle la cremallera y a sacarlo poco a poco del maniquí.

- No se cuanto tiempo llevabas así cuando te encontré. Yo y David llegamos hace media hora. Está fuera, en el jardín.

Diana miró instintivamente al balcón. La sombra de alguien se proyectaba en el suelo de la habitación. Iba a levantarse, pero la voz de la mujer volvió a llamar su atención.

- ¿Recuerdas algo?

La mujer seguía en su tarea de sacar el pesado vestido del maniquí, sin perder detalle de las expresiones de la chica. Diana se puso de pié.

- No – y después, añadió, - voy a mojarme la cara...

La mujer asintió y de un suave tirón, sacó el vestido, que dejó encima de la cama. Mientras, Diana se dirigía lentamente a la habitación contigua y tras cerrar la puerta y asegurarse de que su madre continuaba en su habitación, sacó un papel del escritorio mas cercano y comenzó a escribir en el apresuradamente.


Mientras, en el sótano de una casa cercana, un joven alto y de cabello oscuro introducía en un caldero las raíces de ajenjo que había cogido esa misma mañana. Un olor agrio y fuerte se esparció por toda la habitación, pero aquello no pareció molestar al chico.

Alguien apareció a su lado. No le hizo falta girarse para saber quien era, conocía a todos los subordinados de sus amigos.

- ¿Qué quieres?

- Mi amo me ha ordenado que le diga a usted, señor, que todo está listo y que le espera a usted, señor, en la mansión de Bristol – dijo el recién llegado con la voz chillona típica de los elfos domésticos.

El muchacho moreno no se giró para contestarle, pero tardó en hacerlo.

- ¿Cuándo?

- Ahora mismo, señor – dijo el elfo con la voz temblorosa.

El joven caminó hacia un estante cercano y cogió un par de botes de cristal que habían allí. Regresó hacia el caldero y echó en su interior un puñado del contenido de los botes. El elfo domestico se había escondido, temblando, bajo una mesita cercana.

- Dile a tu amo que ahora debo hacer algo. Pero me presentaré allí esta misma mañana.

- Si señor... permiso, señor.

El pequeño elfo no tardó en desaparecer del lugar, al tiempo en que Riddle vaciaba el contenido del caldero en una probeta y la guardaba en una gran bolsa que había en el suelo. Miró el reloj y subió las escaleras hasta la planta baja de la casa, donde había un gran baúl de madera medio abierto y diferentes cajas y botes a su alrededor.


- Levanta los brazos.

Diana obedeció, subida en la silla, mientras su madre se encargaba de hacer que el vestido quedara bien colocado en su diminuto talle.

- Has adelgazado desde que lo compramos... voy a tener que darte unos retoques.

Diana asintió. Miró a su izquierda, donde estaban los restos de lo que hasta hoy, iba a ser su ramo de flores. Los lirios estaban completamente destrozados, amontonados sobre una silla.

- ¿Qué ha pasado con el ramo?

- Cuando llegué estaba en el suelo. Parece que lo pisaste sin querer... - dijo con la boca llena de alfileres.

- ¿Y ahora que hacemos? – preguntó Diana, sin dejar de mirar las flores sucias y los pétalos estropeados.

- No te preocupes, David te está haciendo uno.

Diana volvió a mirar al balcón. De vez en cuando, la sombra proyectada en el suelo volvía a aparecer, mostrando que efectivamente había alguien en el exterior.

- David, no lo hagas muy grande – gritó Diana.

Una voz de hombre, fuerte y joven se escuchó desde fuera.

- No te preocupes. Estas hojas muertas de lo que quiera que tu novio cultive aquí quedarán perfectas con tu vestido.

Diana rió divertida.

- No son hojas muertas – dijo dándose la vuelta. Su madre continuaba dando los últimos retoques. - Son mandrágoras. Las trajo hace un par de semanas. No las toques, se enfada cuando tocan sus plantas.

El chico murmuró algo que Diana no pudo entender. Su madre suspiró, mientras le hacía el lazo del vestido. Le dio la mano para ayudarla a bajar de la silla y se quedó de pié mirándose al espejo. Su madre sonrió.

- Estás guapisima. ¡David, ven a ver a Diana!

Un joven rubio entró a la habitación, con un bonito ramo de rosas al que Diana se lanzó corriendo en cuanto lo vio.

- Sabia que te gustaría – dijo David mirando a su amiga.

- ¡Oh David! ¡¡Gracias!! – dijo abrazándole. El chico intentó apartarse.

- Te voy a manchar, Diana...

- ¡Que mas da! Eres el mejor – dijo dando un sonoro beso en la mejilla del chico. Acto seguido se apartó de él – Bueno, ¿qué te parece?

El chico miró largo rato a Diana. Aun no se había peinado y el pelo le caía completamente enredado por la cara. El vestido estaba correctamente en su sitio, ceñido a la diminuta cintura de la chica, dejando sus hombros al descubierto. Sonreía.

- Estás preciosa.

La chica comenzó a dar saltos y cogió el velo de novia, poniéndoselo de cualquier forma en el pelo. "Pásame las rosas" le dijo, a lo que él se las dio con cuidado. Salió corriendo por el pasillo sujetándose la tela blanca con una mano, cual princesita de cuento de hadas. La madre de Diana negó con la cabeza, pensando en lo infantil que podía ser su hija a veces y miró a David, que se había dado la vuelta y se quitaba los guantes con gesto cansado y los dejaba sobre uno de los muebles.

La señora Lovewing sabía en lo que estaba pensando. Sabía lo mucho que le había costado hacer aquel ramo. Sabía que quería a su hija desde que la primera vez que la vio, hacia ya doce años. Y sabía que su hija, tan ingenua, no se había dado cuenta de lo mal que el joven lo pasaba teniendo que fingir que solo era su amigo, su mejor amigo. Sobre todo desde que empezara a salir con ese joven... Riddle, a quien apenas ella conocía. Todo había sido tan rápido... no pasó mucho tiempo desde que empezaran a salir y aunciaran la boda. Ni siquiera sabían de donde había salido aquel joven. Aquello destrozó a David, que si alguna vez había albergado esperanzas de acercarse a Diana tuvo que despedirse de ellas. Se le veía tan enamorada... tal feliz... que nadie quiso contradecir su decisión cuando anunció que pensaba casarse con el chico que acababa de llegar al pueblo.

- David, gracias...

El joven sonrió en una fracción de segundo. Después siguió contemplando el ramo.

Durante las siguientes dos horas, la señora Lovewing se dedicó a peinar a Diana, quien hablaba animadamente con David. Al terminar, abrazó a su hija y tomándola por los hombros le dijo:

- Cariño, se con cuantas ganas esperabas este día – Diana sonrió, mordiéndose el labio inferior. El nerviosismo empezaba a actuar sobre ella. – Mereces ser feliz, hija mía. Estar con una persona que te quiera y te ilumine tanto como tú has hecho en nuestras vidas. Se feliz cariño, y no dejes que nadie nunca oculte a la maravillosa persona que hay en ti...

David miraba sonriendo la escena. Cualquier persona normal podría pensar que la señora Lovewing exageraba... pero cualquiera que realmente hubiera conocido a Diana, sabría que lo único que la mujer estaba haciendo era despejar los últimos vestigios de culpabilidad que podrían quedarle a Diana. Aunque ella no tuviera la culpa de lo que era capaz de hacer.

El rostro de Diana se tornó serio. Su madre se alzó de puntillas y le besó en la frente. Diana no pareció reaccionar ante el gesto y por un momento, David pensó que habría caído en otro trance.

- Te espero abajo – y tras decir esto, la señora Lovewing salió de la habitación.

Mirando al suelo y tras asegurarse de que su madre ya no podía oírles, Diana se llevó las manos al pecho y despacio, cogió el colgante que llevaba puesto. David lo reconoció; se lo había regalado él, Riddle, al poco tiempo de conocerse. Era una serpiente enroscada sobre lo que parecía una calavera...

- David... - susurró en voz tan baja que tuvo que levantarse para poder escucharla bien.

- ¿Qué... que pasa?

Diana alzó los ojos a él. David se asustó; conocía esa mirada.

- David, tienes que hacerme un último favor... el favor mas grande que puedes hacerme.

- Diana, ¿que pasa...?

La chica se quitó el colgante y se lo puso a David entre las manos, temblando.

- Guárdalo, siempre... hasta que ella venga.

- ¿Cómo? – el chico miró el colgante. - ¿Quién va a venir?

- No puedo decirtelo David, no puedo decirte nada... solo serviría para ponerte en peligro. Yo misma lo estoy por saberlo... - dijo otra vez con la mirada perdida. – Guárdalo David, y protégelo con tu vida. Cuando sea el momento, ella vendrá a ti. Entonces dáselo.

- Pero...

Las lágrimas afloraron a los ojos de Diana en muda súplica.

- Lo siento, lo siento... Pero es la única manera... si pudiera evitártelo, creme, lo haría, pero... yo no podré hacerlo... Cuida de él David. Prométemelo...

David no sabía de que hablaba Diana. Pero si sabía que su deber ahora era tranquilizarla e intentar que se calmara.

- Te lo prometo, Diana. No te preocupes por...

Diana le abrazó, con tanta fuerza que David pensó que desaparecería en cualquier momento. Poco a poco se fue calmando. Se separó de el y le miró con el rostro lleno de lagrimas.

- No te lo he dicho nunca, pero... siempre estuve colada por ti – dijo arreglándose el vestido, con su habitual sentido del humor.

David se había quedado helado. Petrificado. Diana sonrió y se secó las lágrimas.

- Me gustaste desde el primer momento que te vi. ¿Te acuerdas? Acababa de llegar y tú estabas con tu padre en el jardín. Yo tenía seis años y me habían apartado del lugar donde me había criado. Había perdido a toda mi familia, a mis amigos... ¡estaba llorando como solo puede hacerlo un niño a esa edad! Y tú viniste, y sin decirme nada me diste una rosa... En ese momento te convertiste en mi mejor amigo. Luego, cuando los niños de la escuela se metían conmigo te convertiste en mi héroe. Y luego, cuando permanecía varios días inconsciente... se que eras tu quien se quedaba conmigo día y noche. Los señores Lovegood han sido perfectos conmigo, pero... tú has sido lo mejor de toda mi vida.

David no podía creer lo que estaba escuchando. Una pregunta martilleaba su cabeza sin dejarle pensar en nada más.

- Por que... ¿por qué me dices esto ahora?

El rostro de Diana volvió a ensombrecerse. Pero ya no habían lagrimas en el.

- Pensé que te gustaría saberlo.

Se dio la vuelta y cogió el ramo de flores que él le había preparado. Sonrió levemente y sin decir una palabra más salió de la habitación.


El joven miraba desde lejos hacia la plaza. Ya había comenzado a llegar gente y ella no tardaría en aparecer. Eran las doce y cuarto, pero al fin y al cabo... la novia siempre hacia esperar al novio.

Tom Riddle observaba a lo lejos, oculto tras los árboles, protegido de miradas ajenas. Aunque apostaba a que nadie podría reconocerle. Poca gente podía posar los ojos en el sin sentir escalofríos y la poca que lo hacía, intentaba no volver a hacerlo nunca mas. Excepto ella. Ella si podía.

Era lo que le había llamado la atención. No entendía que había en ella, por que podía tocarle sin apartar sus manos al instante, ni por que podía mirarle directamente a los ojos sin sentir el miedo que sentían los demás. Ni como había llegado a enamorarse de él, como le repetía cada día.

No le conocía. No sabía nada de él, y sin embargo siempre le creyó. Incluso no dudó cuando le contó la supuesta historia de su familia; que sus padres habían muerto en un trágico accidente cuando era pequeño y hacia años que vivía sólo, en verano, mientras tanto estudiaba en un colegio extranjero. Ni siquiera le preguntó el nombre del colegio. Perdió a todos sus amigos por él, excepto a ese chico que siempre estaba con ella y que le odiaba, por que él sabia que estaba enamorado de ella.

El murmullo de la gente se elevó y comprobó como por una de las calles que desembocaban a la plaza, aparecía una luz blanca. Diana... Sonreía, como siempre. Algunas mujeres se acercaron a besarla y abrazarla. Pero hubo un momento, cuando subía las escaleras, en que se quedó sola. Entonces pudo verla de cuerpo entero, con su vestido y su velo de novia, que con tanto esmero había colocado en el maniquí y al que le dedicaba horas enteras, simplemente mirándolo. Llevaba un ramo de rosas rojas. Al final se había salido con la suya... Y tenía que admitirlo, estaba preciosa.

¿Por qué iba a hacer lo que iba a hacer? ¿Por qué no, olvidarse de todo y casarse con ella? Vivir como una persona normal... tener hijos. Tal vez salieran magos, podría enseñarles el mismo. Ver pasar la vida con una persona que te quería a tu lado... ver crecer a los tuyos.

Por el poder...

Por el poder. El poder merecía cualquier cosa como sacrificio. Y además, aquello no era un sacrificio. Ni siquiera la amaba. La odiaba. Ahí fuera le esperaba todo un mundo por someter. Sería el mas grande. Todos le temerían. Todos hablarían de el con miedo y respeto, hasta el punto en que su nombre sería impronunciable.

Dio media vuelta y caminó en sentido contrario. Las campanas anunciaron las doce y media.


Diana miraba al suelo, sin atreverse a mirar a la cara a los demás.

Una hora de retraso... y las que le quedaban si seguía allí. Sabía que algunas mujeres cuchicheaban por lo bajo lo que estaba pasando... "Lo sabía" podía escuchar a menudo. Si, es irónico que todos lo supieran menos ella. Bueno, ahora si lo sabía.

Ella y sus padres estaban fuera, apoyados en la fría roca de la Iglesia. Miró al interior. Estaba llena hasta los topes, incluso había gente de pié. Miró a su madre, quien miraba hacia la calle donde se supone que debía aparecer él. Decidió terminar con esto.

- Mamá... tranquilízate. Mira, vamos dentro.

La mujer miró a su hija preocupada. Lo cierto es que le extrañaba que con lo sensible que era, no se hubiera puesto ya a llorar. Pero su hija tenía una serenidad y una tranquilidad como nunca antes había visto.

- Papá, llévatela dentro. Yo voy a ir a lavarme la cara y despejarme un poco, en seguida estoy con vosotros.

El señor Lovewing miró a su hija y después de besarla en la mejilla, cogió a su mujer del brazo y comenzó a subir las escaleras hacia la Iglesia.

- ¡Papa!

Los señores Lovewing se giraron. Diana les miró... y con un terrible esfuerzo les sonrió.

- Gracias por todo.

Al principio los dos se quedaron mirándola, seriamente sin decir nada. Después, sonrieron y acto seguido, continuaron subiendo las escaleras hasta desaparecer por completo de la vista de Diana.

La risa de Diana se desvaneció de nuevo. Se quedó un rato de pie, sola en la plaza, mirando las palomas bebiendo de la fuente.

Nadie hubiera sabido que pasaba por su cabeza en esos momentos. Quien hubiera pasado por allí, hubiera visto a la novia más triste del mundo mirando a un grupo de palomas, sin saber el torbellino de ideas que había en su interior. Al fin, con determinación, miró por ultima vez hacia la iglesia y echó a correr hacia el lago.

Por que esa misma mañana lo había visto... todo, en sus ojos. Y aunque no sabía que significaba... sabía que era algo cruel y maligno.

Tropezó en el camino, y perdió uno de los zapatos. Sin detenerse a cogerlo ni a pensar en el dolor de su pie descalzo, se levantó y continuó corriendo, deprisa... cada vez más deprisa...

Por que esa misma mañana, sabía que se había convertido en la novia de la oscuridad hecha persona. Y que en su interior tenía algo que... por el bien de todos, nunca debía ver la luz. El mundo ya tenía suficiente con una persona como él.

El velo se le quedó enganchado en uno de los altos postes de madera en una de las solitarias calles que cruzó, arrancándole un grito de dolor. Con una mano, tiró fuertemente de él y volvió a correr, dejando la tela blanca colgando, meciéndose en el aire.

Nadie la vio correr. Los bajos del vestido comenzaron a ennegrecerse. El peinado se le deshizo y su cabello voló libre tras su espalda. Las lágrimas se quedaban flotando en el aire. El zapato que le quedaba se quedó atrás y ahora corría descalza por el empedrado... hasta que llegó a los limites del pueblo. El camino de tierra empezó, tiñendo su vestido de marrón. Sentía cada una de las piedras del camino clavándose en su piel. La tela mas fina del vestido se enganchó en los arbustos, pero ella no se detuvo. Por el camino se preguntó si ya se habrían dado cuenta de su desaparición. Lo sintió por sus padres... los únicos que realmente le echarían de menos.

No sabe durante cuanto tiempo corrió, pero finalmente llegó a su destino. Ante ella estaban el lago y la cascada de la que David tanto le había hablado. Se quitó el polvo de la cara, mezclado con sus lágrimas y caminó hacia la orilla. Poco a poco... fue introduciéndose en las aguas azules.

"Vas a tener el único final posible para ti" le decía una voz en su cabeza. El agua hinchó el vestido. "Tu que has visto tantos finales... es irónico que no supieras ver el tuyo propio" Comenzó a nadar hacia la cueva. "Siempre estuviste abocada a un destino que nunca pudiste cambiar..."

El vestido pesaba, y apenas podía mover los brazos. Estaba cansada... y al cansancio se le sumaba el dolor de sus pies, que al tomar contacto con el agua habían empezado a escocerle como si estuvieran en sangra viva. Mientras daba las brazadas, se dio cuenta de que en toda su persecución no había soltado el ramo de rosas... las pocas que le quedaban aun. Rió, preguntándose a si misma como podía pensar en algo así en un momento como aquel.

Llegó a la otra orilla, casi sin aliento. El vestido pesaba, pesaba mucho... Pronto encontró el agujero que le llevaría a la roca. A pesar de que nunca había estado allí, sabía perfectamente como llegar hasta ella. Se arrastró por el interior de la cueva, escalando con sus pies desnudos por las afiladas rocas. Resbaló y cayó otra vez, pero volvió a levantarse. Notaba la sangre tibia recorriendo sus brazos, sus piernas... el vestido se desgarró por última vez, antes de que el ruido ensordecedor de la cascada le indicara que ya había llegado.

Atravesó la cortina de agua y la sintió fresca sobre su piel. Miró hacia abajo, a las tres tristes rosas que aun sostenía en su mano... y las dejó caer. Al tomar contacto con el agua, algo raro pasó... las rosas comenzaron a desteñirse, contagiando el agua poco a poco en su color que circuló por la roca hasta caer al lago a través de la cascada. Los pies le sangraban, completamente destrozados.

Había llegado el momento. El fin. Se llevó las manos al vientre... y comenzó a llorar. Maldita su vida, que le quitaba todo lo que siempre había querido en una sola mañana. Hacía dos años que existencia había empezado a ser agradable... por fin empezaba a pensar que ella no tenía la culpa de lo que pasaba en el pueblo. Le había conocido a él y... iba a tener un niño para cuidar y querer... para ser madre. Y todo se lo habían arrebatado hoy. Ya no tenía fuerzas para volver a empezar desde cero. Y aunque las tuviera, ya no quería volver a empezar nunca más.

Abrió los brazos en cruz y sintió una brisa fresca sobre su piel, que secó las lágrimas de sus mejillas. Y sin cerrar los ojos, para mirar cara a cara a la muerte, se dejó caer.


El señor Hickman se quedó en silencio, por primera vez desde que empezara a narrarles la historia, con la mirada perdida en el rostro del ángel. Hermione y Harry permanecian sentados, muy juntos, frente a él, conmocionados por la historia que acababan de escuchar. Durante todo el relato, Hermione había sostenido la mano de Harry y le había dirigido miradas de soslayo. Sabía como debía sentirse. La sombra de Voldemort estaba detrás de todas las desgracias.

Fue ella la primera en hablar.

- Entonces... ¿los señores Lovewing no eran los verdaderos padres de Diana?

- No... El padre biológico de Diana murió antes de que ella naciera. Y su madre falleció durante el parto. Estuvo en un orfanato de Londres, donde las familias que iban quedaban hipnotizadas por sus ojitos azules y su pelo rubio. De pequeña era una autentica muñeca... Pero todos la llevaban de vuelta al orfanato cuando se daban cuenta de lo que era capaz.

- ¿De que era capaz Diana? – preguntó Hermione, apretando mas la mano sobre la de Harry.

El señor Hickman miró a Hermione con un brillo en los ojos.

- Veía cosas... - dijo sonriendo. – Cosas que luego sucedían. Recuerdo como nos sorprendió a todos la primera vez, cuando anunció que algo grande iba a pasar en casa de los señores McFerson. Fue poco después de que llegara. A la semana siguiente las gallinas de la Señora McFerson comenzaron a poner huevos como locas... creando la mayor granja de polluelos que he visto en mi vida. Y también adivinó cuando se pasó una semana entera lloviendo. La mayor tormenta que he visto en mi vida... - hizo una pausa, recordando. – Pero también veía cosas malas. Como cuando murió el bebé de los Darling, o cuando predijo que mi padre se marcharía un día de casa y no volvería nunca. Y eso siempre le hizo sentirse culpable de las desgracias de los demás.

Hermione miró a Harry, quien tenía la vista clavada en el suelo. Volvió a hablar.

- ¿Cómo veía Diana... lo que iba a suceder?

- Caía en trances, que la tenían horas e incluso días completamente inconsciente. Cuando despertaba estaba débil, hasta el punto en que apenas podía ponerse en pie. Justo antes de desmayarse le daban... espasmos e intentaba herirse ella misma. Teníamos que sujetarle para que no se golpeara, hasta que finalmente dejaba de moverse y se quedaba quieta... como si estuviera muerta. Siempre nos dejaba pensando cuando despertaría esta vez, y con el miedo de que no lo hiciera...

- ¿Cómo llegó Voldemort al pueblo?

La voz de Harry sorprendió a ambos. El señor Hickman no pareció entender la pregunta.

- ¿Quién?

- Riddle – dijo Hermione. – Tom Riddle. ¿Cuándo llegó?

- No se cuando, ni de donde, ni por qué. Un día estábamos Diana, yo y unos amigos en la plaza, y le vimos aparecer. Iba cargado con un gran baúl de madera y se dirigía a una de las casas que había antes junto al río. Ahora ya no existen, el tiempo se encargó de derribarlas hace unos años... Diana nunca nos contó como lo conoció. Solo me dijo que había conocido a alguien y que estaba muy enamorada. Cuando supimos que era de el quien se trataba... bueno, todos le dieron la espalda. Nadie quería tener nada que ver con él.

- ¿Por qué? – preguntó Hermione.

- Por que nos daba miedo – dijo el señor Hickman. – Nunca nos hizo nada... pero era una sensación extraña cuando estabas cerca de él. No sabría explicároslo... pero no nos gustaba a nadie. Bueno, excepto a Diana.

- ¿Volvió, después de aquel día?

- No... Nunca mas hemos vuelto a verle aquí – contestó el señor Hickman mirando a Harry. – Entramos en su casa y mas tarde en la que compartió con Diana, pero no encontramos nada suyo. Ningún objeto. La casa estaba tan vacía como si nadie hubiera vivido allí. Se llevó hasta sus asquerosas plantas con él, el muy mal nacido... No nos dejó nada de Diana. Todo se lo llevó él. Lo único que nos quedó fue su recuerdo. Su recuerdo... y una promesa.

Harry y Hermione observaron extrañados como el hombre llevaba sus viejas manos, temblorosas, a su pecho.

- Pero has venido... y yo he terminado mi trabajo. Esto ahora te pertenece.

Y tras decir esto, tiró de la cadena que colgaba de su cuello, que ninguno de los dos había visto hasta ahora. Cogió la mano de Hermione, y colocó el colgante entre sus dedos. Le miró a los ojos.

- Supe que eras tú desde el primer momento en que te vi. Por que se que eres igual que ella, aunque no te conozca. Ella dijo que tú vendrías a mi... y ella nunca se equivocó.

Harry se acercó mas a Hermione, quien había abierto la mano y ahora observaba el colgante que el señor Hickman le había entregado. Una calavera, rodeada por una serpiente que salía de su esquelética boca.

- No se quien sois, pero Diana confió en vosotros aquel día. Haced lo que debáis hacer. Mi parte en esto ha concluido – dijo poniéndose en pie.

Hermione miró a Harry. Ambos estaban igual de sorprendidos por todo... ¿qué iban a hacer ahora? ¿qué se supone que debían hacer con el colgante?

- Pero yo no se que tengo que... - empezó Hermione. Pero se detuvo al ver la expresión del señor Hickman.

- La encontramos cuatro dias mas tarde, a orillas del rio – dijo acariciando la mano del ángel. – No hay dia que pase en que no la recuerde con su vestido y sus flores...

Ahora, el señor Hickman era una víctima más del paso de Voldemort por el mundo. Ya nada podían hacer por él. Ambos se pusieron de pié y... Harry echó a andar, con paso rápido hacia la salida. Hermione miró por última vez al señor Hickman, quien lloraba desconsoladamente sobre el blanco mármol. Se dio media vuelta y echó a correr tras de Harry.


- Harry... espérame... - decía Hermione.

Pero Harry estaba furioso. No se detuvo.

- Harry... - volvió a repetir Hermione.

- Dámelo – le dijo Harry de pronto, encarándose a ella.

- ¿Cómo? ¿El que...?

- El colgante. Dámelo – le dijo buscando la mano de Hermione. Su tono no agradó nada a la chica, que se separó de él.

- Dime para que lo...

Pero Harry había conseguido coger el colgante, y se disponía a lanzarlo montaña abajo. Hermione se aferró fuerte a su brazo.

- ¿¡Pero que haces Harry!? ¡¡Para!! – gritó intentando quitarle el colgante. Harry le miró fijamente.

- Escuchame Hermione, se que ahora no lo entiendes pero...

- ¿Pero que estas diciendo? ¡¿Es que no has escuchado nada de lo que ha dicho el señor Hickman? ¡Es una profecía! ¡Se supone que...!

- ¿¿Se supone que qué Hermione?? – Harry miraba fieramente a Hermione. Estaba realmente enfadado pero... ¿Por qué? ¡Ella no habia hecho nada! - ¿Qué la descubrirás y que sabrás como derrotar a Voldemort?

- ¡Bueno, ¿se supone que es para eso no?! – Hermione se estaba poniendo roja, - ¡Si Diana quería que nosotros lo tuviéramos debería ser por que significa algo, no! ¿Cómo voy a saberlo? ¿Y por que te enfadas conmigo? ¡Yo no he hecho nada! – ahora si, Hermione se había puesto a llorar.

Harry era idiota, y lo sabía. Pero lo que más odiaba era hacer llorar a Hermione por sus idioteces, algo que cada vez pasaba mas a menudo.

¡Pero es que...! ¡¿Por que tenia que aparecer una estúpida profecía ahora?! Empezaba a acostumbrarse a la que había descubierto hacia dos años y solo Dios sabía lo que le había costado y los dolores de cabeza que les había causado a todos. Y ahora, cuando las aguas por fin volvían a su cauce, otra más. Y para rematar, Hermione parecía ser un punto clave en toda la historia...

Se aproximó a ella con paso lento. ¿Por que tenia que hacérselo pasar tan mal a las personas que mas quería?

- Hermione, yo... lo siento, pero es que...

Nada. Hermione seguía con la cabeza baja, llorando. Y Harry no sabía que decirle para calmarla. Ojalá pudiera ser como ella en ese sentido, ella siempre sabía que decir para que todo fuera mejor.

- Lo siento, perdóname...

Se acercó poco a poco a ella. Tenia el rostro cubierto con las dos manos y sus hombros temblaban arriba y abajo. Harry se sorprendió por su reacción, pues Ron y ella se gritaban prácticamente todos los días y ella nunca se había puesto a llorar. Al menos no como ahora. Entonces pensó que tal vez, Hermione estaba llorando ahora lo que se habia guardado durante días. "Y al fin y al cabo, a nadie le gusta ser objeto de profecías y ella no es una excepción..."

Así que torpemente y consciente de que había metido la pata hasta el fondo, le abrazó. Las manos de Hermione no se separaban de su rostro y fue el propio Harry quien las tomó para poder mirarle a la cara.

- Oye, no llores... - dijo sonriendo. – Lo siento, he perdido los nervios – la chica asentía. – Pero la próxima vez prefiero que me grites... que me pegues si quieres, antes de que te pongas a llorar.

Lo consiguió. La joven sonrió entre lágrimas.

- ¿Quieres pegarme? Venga, hazlo.

Hermione volvió a reírse, negando con la cabeza.

- ¿No? ¡Venga hazlo! ¡Pégame!

Hermione se reía sin parar.

- No Harry, no... - decía. Sin embargo, golpeó levemente el pecho del joven mago. Harry le tomó de las manos y volvió a separarse de ella.

- ¿Ves? Vamos Hermione, ¡desahógate! Imagina que soy Malfoy. Imagina que...

Mal hecho, Harry. Hermione llevó su brazo hacia atrás, emocionada por la idea de golpear algo. Pero antes de poder descargar el golpe, Harry se había agachado y la chica perdió el equilibrio. Harry se levantó a tiempo para cogerla antes de caer al suelo. Ambos rieron, pero pronto volvieron a recordar que en el bolsillo del pantalón de Hermione reposaba la marca tenebrosa.


- Estoy harto de esperar. Vámonos.

- ¿Pero como vamos a irnos sin ellos? ¿Estas loco?

- Ginny, ya son mayorcitos para cuidarse solos. Además, ¿no se te ha ocurrido pensar que a lo mejor ahora mismo están bajo un árbol y haciendo...?

- Ron, juro que cada día eres mas... – Ginny se detuvo al ver aparecer a la pareja a lo lejos. Enganchó a su hermano del brazo y echó a correr hacia ellos.

- ¿De donde salís vosotros ahora? – dijo enfadada. – Pensaba que habíamos quedado aquí hace hora y media.

- Ibamos a marcharnos ya, ¿dónde habéis estado? ¿Habéis averiguado algo?

Harry y Hermione asintieron, mientras Hermione se sentaba lentamente en el suelo.

- Estuvimos en la Iglesia... y en el cementerio – dijo Harry apoyándose en una pared cercana.

- ¿En el cementerio? ¿Y para que habéis ido al cementerio? – preguntó Ron que no entendía nada.

- Por que primero fuimos a la Iglesia y depués de estar allí mas de una hora averiguamos que no existía ningún acta matrimonial por lo que dedujimos que Diana no había llegado a casarse. Nos desmotivamos, pero de repente a Hermione se le ocurrió que podríamos buscar la casa de Diana. Y la encontramos, después de recorrernos medio pueblo. Estuvimos allí un rato y decidimos que todo esto nos quedaba grande y mejor sería comentárselo a Dumbledore si las pesadillas continuaban. Pero cuando ya veníamos hacia aquí Hermione quiso ir al cementerio, así que nos fuimos hacia allá. Y allí, nos encontramos al señor Hickman quien casualmente conoció a Diana y nos contó toda su historia.

Harry se detuvo para tomar aire mientras Ron intentaba asimilar toda la información que acababa de recibir. Tras unos segundos, preguntó.

- ¿Y...?

Hermione se levantó y sacó algo de su bolsillo que enseñó a los hermanos. Ginny y Ron abrieron los ojos como platos.

- Pues veréis, resulta que...


- Bueno y... ¿cómo ha ido la tarde, bien? ¿Os ha gustado el...? ¡¡A-achis!!

Tia Rose sacó un pañuelo del bolsillo de su delantal mientras los chicos comían las manzanas de caramelo que les había preparado ella misma. En realidad, no habían comido nada en todo el día y por un lado tenían hambre, pero por el otro... Ron solo se había comido dos manzanas, y los demás apenas si habían terminado la primera.

- Comed, comed, tengo manzanas para alimentar a dos familias durante un mes.

Hermione sonrió a la mujer, mas por cortesía que por que probablemente tuviera ganas de hacerlo. Harry la observó: ella apenas si había probado bocado. Seguramente estaría ya pensando en la profecía, no lo podía evitar. Ni siquiera esperaría a llegar a Hogwarts para poder tomárselo todo con calma y mirar algún libro en la biblioteca... no. Ella tendría que averiguar el mensaje que Diana quería hacerle llegar cuanto antes, aunque eso le suponga pasarse la noche en vela o no asistir a las comidas o...

"Harry, para. Te estas empezando a obsesionar con el tema"

"Cállate. No estoy obsesionado, estoy preocupado"

"Pues entonces deja de comportarte como un maniaco-obsesivo. Y deja de mirarla, se va a dar cuenta"

"¿Te he dicho alguna vez lo mucho que odio hablar contigo?"

"Me da igual, soy la voz de tu cerebro. No tienes mas remedio. Y no te hagas la victima ahora... tu también quieres saber lo que dice la profecía"

- ¿Harry, te pasa algo?

- ¿Eh? – se sorprendió Harry. Todos le miraban atentamente, Tía Rose se había puesto junto a él, era quien había preguntado. – No. Eh... no, nada. Solo es que estoy un poco cansado.

- Todos estamos cansados – dijo Ginny bostezando. – Ha sido un día largo, será mejor que volvamos a casa – dijo poniéndose en pie. Ron la imit

- ¿Ya? ¿Tan pronto? – se apenó Tía Rose. Cogió una manzana de caramelo y volvió a estornudar. Hermione le miró extrañada.

- Si tía, prometimos a mamá que estaríamos pronto.

- Así que supongo que esto es una despedida... ya no os veré hasta Navidades. Ohhh... mis niños – la mujer abrazó fuertemente a Ron y a Ginny. – Portaos bien y estudiad, nada de meteros en líos. Dale un beso de mi parte a los gemelos, Ginny. Hermione, Harry, lo mismo os digo. Me alegro de haberos conocido, podéis venir siempre que queráis a verm... ¡achís!

Los chicos asintieron mientras se dirigían a la chimenea, no sin antes coger las cestas de manzanas que Tía Rose enviaba a los señores Weasley. La mujer les entregó los polvos Flu y entre lagrimas y estornudos, les vio partir hacia su casa.


- La pregunta es... ¿qué hacemos ahora?

Hermione se dejó caer en la cama, haciendo que Ginny que estaba sentada a su lado diera unos leves botecitos sobre el colchón. Ron le miraba, esperando una respuesta. Harry se había sentado en el suelo, apoyando su espalda en la pared. Se le veía cansado.

Fue él quien habló primero.

- Creo que esto ya pertenece a Dumbledore. Lo mejor que podemos...

- No pienso darle esto a Dumbledore, Harry – la interrupción de Hermione dejó a todos boquiabiertos. ¿Cuándo había empezado Hermione a querer ocultar cosas a los profesores? – Diana nos lo dejó a nosotros, no a Dumbledore.

- Pero nosotros no tenemos ni idea de que significa esto – dijo Ron cogiendo el colgante. – Bueno, si lo sabemos, es la marca de Quien-vosotros- ya-sabéis, pero no significa nada nuevo. No entiendo por que Diana quería que tú tuvieras esto.

- Tal vez es la clave de la profecía. Bueno... mirad, puede ser cualquier cosa, eso ya lo veremos. Lo importante ahora es saber si vamos a contárselo a Dumbledore o no.

- Si – dijo Harry.

- No – dijo Hermione. Se puso en pié. – Os lo vuelvo a repetir, Diana quería que esto fuera nuestro – dijo arrastrando las palabras, en un tono que a Ron le recordó al de Malfoy. – Si hubiera querido que lo tuviera Dumbledore se lo habría dejado bien clarito al señor Hickman.

- ¡Bueno! – dijo Harry poniéndose en pie también. - ¿Y si Diana quería que lo tuvieras tu para que luego se lo dieras a Dumbledore? ¿Eh? – cogió el colgante de las manos de Ron. – Hermione, sabes lo peligroso que...

- ¿Y entonces por que era yo quien soñaba con ella, Harry? – Hermione cogió el colgante de las manos de Harry. Ron miró a Ginny y resopló. – ¡Bueno, ahora me dirás que Dumbledore también habrá soñado con ella...!

- ¡Hermione, deja ya de comportarte como una niña! – gritó Harry volviendo a coger el colgante. Pero esta vez, Hermione no lo soltó, de forma que ambos empezaron a tirar de los extremos. – Hermione, dámelo.

- ¡No!

- ¡Hermione!

- Chicos...

- ¡Cállate! – gritaron ambos a Ron, que se sentó rápidamente en la cama.

- ¡Hola chicos! ¿Habeis averiguado algo? – Fred y George hicieron su aparición de repente, en medio de la habitación.

Ginny se reía de la situación. Seis personas, cuatro camas y una habitación de dos metros cuadrados. Allí estaban Harry y Hermione, chillándose a la cara y tirando del cordón de aquel colgante como si fuera su juguete favorito. Ron se había quedado blanco con la contestación de los chicos y Fred y George animaban ahora a la pareja para que se peleara. Habría llorado de la risa, de no ser por que en un momento dado, Harry soltó el colgante y este se escapó de las manos de Hermione. Subió, subió, subió... y cayó al suelo, sonando un golpe fuerte y brusco, como si aquello pesara más de lo que parecía.

La serpiente de metal, con la boca abierta, se quedó en el suelo. Sin embargo, algo pasó... un trocito de algo... color amarillo, sobresalía ahora de su diminuta boca.

Hermione se agachó lentamente y cogió la serpiente con dos dedos, mientras con la otra mano y con sumo cuidado cogía el trocito amarillo y tiraba de él... despacio, hasta que al final, un rollito de papel amarillo salió de la boca de la serpiente.

Había tanta tensión en la habitación que podían oírse hasta sus respiraciones, cuando Hermione desenrolló el papel y descubrió en el un pequeño texto de letra movida y temblorosa. Las primeras palabras, sin embargo, fueron entendibles para todos.

Hermione... estais en peligro...


Notas de la autora

Bieeeen, ¡terminé! No os quejareis, que me he adelantado bastante a los planes... Supuestamente no iba poder actualizar hasta el jueves que viene (o puede que mas), pero finalmente entre estudios... el capitulo ha salido adelante. Espero que os haya gustado y bueno... que las dudas hayan sido aclaradas.

Jeje... una gente se lo esperaba, otra no... Han habido reacciones de todo tipo y eso me gusta Lo cierto es que intenté por todos los medios que no sospecharais nada pero algun pequeño detalle se me ha de haber escapado. Bueno, eso y que me he juntado con gente que hace unas teorías estupendas, pues prácticamente me han adivinado ya todo el fic U

Vamos a ver... cosas sobre el capítulo.

No se que pensareis de Diana después de leer el jaleo mental que tiene la pobre chica en su cabeza. Preguntas como por qué se enamoró de Riddle, o si él realmente estaba enamorado de ella no tienen respuesta en este fic, es algo que dejo al gusto del lector. Lo que espero que hayais entendido es la compleja personalidad de Diana, lo frágil que era. Diana vivía engañada. Pero no fue culpa de Riddle, pues como habeis visto, el nunca le dijo que la quería. Diana vivía engañada por ella misma. Se culpaba de las desgracias de los demas solo por que era capaz de verlas antes de que sucedieran. Y bueno, todos sabemos que ella no tenia la culpa. Simplemente nació con un don, que tenía una parte buena y una parte mala. Supongo que para cuando los Lovegood encontraron a Diana, ella ya se había acostumbrado a auto-culparse, de modo que ya nada se pudo hacer por ella.

Parece que Harry se ha intercambiado el papel con Ron, porque últimamente no hace otra cosa que pelear con Hermione. Yo creo que estan aguantando tanta presion que por algun lado la tienen que sacar, ¿no? Menos mal que Harry sabe reconocer cuando se equivoca

Y bueno, creo que nada mas. Como siempre, dudas de este capítulo resueltas en los comentarios del capítulo siguiente. Y ahora...

Amsp14: ¡Hola Ana Maria! Mi hermanito vino mas feliz que unas pascuas, diciendo que quería volver el año que viene, dejandonos a todos asi ¬¬. ¿Asi que tu no te esperabas lo de Tom...? Entonces ha debido de ser una buena sorpresa, jeje. Bueno guapa, te dejo con el capítulo de hoy. ¡Que lo disfrutes!

Enide-Kant-BlackBlueFox: ¡Holaa! ¡Aquí tenemos a una autentica pitonisa! Jeje. ¿Asi que te vino como de repente la idea? Caray... puede que fuera mi subconsciente, que en realidad os estaba mandando mensajes en clave como "ElnoviodeDianaesVoldemort" :P Como mensajes subliminares... Ay, ya no se ni lo que estoy diciendo . Este capitulo tambien ha sido largo, aunque ahora no recuerdo si ha sido mas largo que el anterior, en todo caso, me alegro que te gusten Y dejame darte las gracias otra vez por linkear el fic en tu página, de verdad que la alegria me la has dado tu a mi. Besos Enide!

Zeisse: ¡Hola amiga! Tu lo has dicho, si es que no hay historia de Harry Potter donde no aparezca este hombre, jeje. Y eso que parecía que no tenía intencion de salir. Gracias por desearme suerte en los examenes, que de verdad estoy necesitada :P Este Lunes tengo uno y el siguiente es el Jueves, ¡el último! No me lo puedo ni creer ¬¬ En fin gupísima, muchisimos besos y muchas gracias por escribirme Espero que nos veamos pronto. Chaoo!!

Hrs-Alinch-Her: Ay amor, no sabes lo que estas diciendo (ahora me vendría bien una cara bien sonrojada) Hay tantos fics buenos en esta pagina que cada vez que los leo (yo leo y releo los fics que me gustan hasta casi aprenderme ciertos fragmentos de memoria) pienso como puedo tener tan poca vergüenza de publicar algo. Realmente, este no le llega ni a la suela de los zapatos a muchisimos fics de aquí, por eso aprecio tanto cuando me dices esas cosas =) Vamos a ver... ¡terminaste la Orden del Fénix! Guau, si te digo que yo no la he leído aun... pero por poco tiempo, que la semana que viene me la regalan seguro :P Pero vamos, que de todas formas ya hay poquitas cosas que no sepa de ese libro, por que entre que me paso el dia hablando con verdaderos fans de HP y todos los fragmentos que he leído por la web... El beso... bueno, definitivamente Cho es agua pasada. Es mas, casi tengo que agradecerle a JK que se dieran ese beso, para que así Harry se olvidara dfinitivamente de ella. Y de paso, que Hermione protagonizara una mini (a mi parecer, claro) escenita de celos. "Bla bla bla, bla bla bla, y no habría estado mal mencionar lo fea que me encuentras" Ya ya, claro Hermione. Venga, que ya nos conocemos :P Bueno, muchísimas gracias por haberme escrito y por los animos, que siempre son mas que bienvenidos. Un besote, nos vemos pronto!

Mane Black: Espero que no te hayas levantado de la cama si no estas por lo menos sin fiebre. Como me entere te voy a dar pal pelo en el foro :P ¿Te gustó la escenita? Pues no me lo agradezcas a mi, esa escena está ahí por Anasazi. Una especie de agradecimiento por el fic tan maravilloso que está haciendo. Y debo agradecerselo, pues si no a ese capítulo le hubiera faltado la parte romanticona. Ainsss... Mas cosas. ¡De tonta nada! Bueno, no te voy a decir "Es normal que no te lo esperaras" por que eso quedaría realmente mal viniendo de mi parte ¬¬ Pero bueno, si que es lo que pretendia, que os pillara por sorpresa. Asi que me alegro de haberlo conseguido contigo :-) Y ademas, te fijaste en algo que nadie me ha comentado, y es en la reacción de Ginny. Te pareció raro, ¿verdad? Bueno, es que Ginny tiene... cosas en la cabeza. Bueno, ya lo veremos Tu recuerdalo, eso es lo importante. La jugada del pijama... jeje. Menudo Ron. Si ya os digo yo que si al final nuestra pareja acaba junta se lo vamos a tener que agradecer a el. Por que Hermione se ha dado cuenta de que Harry le miró de forma... ejem... rara En fin linda, cuídate mucho por favor. Espero verte tan sana como siempre la proxima vez que coincidamos en el foro. Muchos besos. ¡Hasta pronto! Y gracias por desearme suerte en mis examenes!!

Pgranger: Ay ay ay, por favor... ¡No me digas esas cosas! De verdad que no es para tanto... y es que luego encima no se como agradecertelo... si te tuviera delante con un abrazote de esos que ahogan y un beso enorme, y te compraría un helado de chocolate... pero por aquí solo me queda darte un humilde gracias, que aunque quede tan pequeñito en realidad es un gracias enorme. De verdad, nunca podré agradeceros lo suficiente por esas palabras... Bueno, vamos a centrarnos. Oye, menos mal que lo de peque no fue nada, realmente me asusté. Y sobre lo de que te quedaste loquita, ayer mismo le decía a un amigo que los locos moveremos el mundo Asi que nada, todos somos una piña ;-) Y por supuesto que quiero/espero/mastevale que me avises cuando publiques el songfic, por que quiero leerlo y te prometo una buena crítica constructiva :P Besitos linda, gracias por escribir Hast prontoo!

Amy-lee-malfoy: ¡Hola! Y yo encantada de que volver a verte, ya lo sabes A ti tambien te sorprendió, ¡bieeen! Me alegro que te guste la trama, te aseguro que cada vez las cosas se irán complicando mas. Sobretodo ese papelito amarillo que Hermione ha extraido de la serpiente, ya veras cuantos dolores de cabeza les va a costar. La semana que viene mas, asi que espero que vuelvas a pasarte! Un beso! Gracias!

Lucumbus: Esto de Harry Potter a ti y a mi nos está desconcentrando totalmente de los examenes. Y luego nos quejamos, si es que aun nos pasa poco para lo que hemos estudiado. En fin... En este capítulo ya ha quedado todo mas o menos claro, ¿no? Bueno, tu me puedes encontrar a cualquier hora en el Messenger, asi que dudas ya sabes, no tienes ni que enviarmelas por email. Bueno si, quedamos en que a partir de ahora nos enviaríamos palomas, ¿verdad? XDD ¿¿No te ha llegado ninguna aun?? Anoche me pasé horas gritandole a una paloma a la cara: JORGE!! Al final salió volando, imaginé que iria para tu casa. Tu estate atento que no tardará en llegar, ya lo verás. Bueno, que ya estas harto de oirmelo decir, pero que estudies mucho, que tenemos que aprobar como sea. Nos vemos dentro de cinco minutos en el Messenger :P Besos!!

Nelly Esp: Gracias Nelly, me alegro que te haya gustado el capítulo. Espero que me escribas y me cuentes que te ha parecido el de hoy. Y gracias por los animos con los examenes, como ya he dicho sirven de apoyo moral Un beso!

Montse: ¡Hola Montse! Hay que tener esperanza... aun quedan dos libros para que Rowling decida que pasa con la parejita. Bueno, espero que te haya gustado este capitulo, ya me contarás ¡Besos!

Ice Queen (te amo harry): He aquí una chica enamorada de Harry Aquí tienes la relacion entre Diana y el Salto de la Novia. Si, pobrecita Diana TT ¿Tampoco te lo esperabas? Bieeeennn ¿Se te quedó grabado para siempre? Eso es muy bonito, muchas gracias Un beso y un abrazo. Hasta pronto!

Anasazi: Mi linda niña, amiguita, casi-hermanita Anasazi Sabes lo felíz que me hacen tus reviews, ¿verdad que lo sabes? Ya se que te prometí el fic para cuando despertaras... y creeme que lo terminé al medio dia, pero entre repasar faltas de ortografía, contestar los reviews y demas... se me ha hecho tarde :( Pero bueno, espero de todo corazón que te haya gustado (ahora ya sabes que si, el primer nombre de Hickman es David :P) y que me comentes algunas cosas, sabes que tu opinión es muy muy muy importante para mi. A ver... Ginny se portó muy bien haciendo eso... aunque Hermione no necesitaba estar sola para pensar, sino para escribir una carta... :O:O ¿Qué le habrá dicho a Krum? Tu ya te lo imaginas, lo sé La parte de la camiseta, en general, es toda gracias a ti. Si, bueno, en un principio pensé en dejar a Harry debajo y que Hermione le acariciara desde arriba pero... JA, que me apeteció ponerles a los dos en la misma cama, ¡ya vale de hacer el tonto! Y ¡jajajaja! Tiene gracia lo de "costipada" Bueno, aquí "estar constipado" es coger un catarro, es decir; moqueas, los ojos te lloran, dejas la casa llena de pañuelos de papel... y eso es lo que le pasa a Tia Rose. La cuestion es que... no sé, me da que lo de Tia Rose no es un catarro. Y creo que Hermione ha empezado a sospechar lo mismo que yo... mmm... "¿Practicamos para hacer bebés?" JAJAJAJA. Por Dios, ¡poor Harry! Ya tuvo bastante cuando fue por una horita el prometido de Hermione. Si, sus hormonas hicieron de las suyas... Y como siempre, tan perspicaz con las viejitas. No eran los Reynolds... pero ha desaparecido otra familia de magos... mmm... sospechoso sospechoso. ¡Tom Riddle! ¿En shock? No linda, en shock es como me dejaste tu ayer con Caught in a Web Te recuerdo que hay cierta escenita de cierto libro que espera ser modíficada, pero seré paciente =) Con ese pedazo de capítulo que fue "Under a Glass Moon" tengo para leer y releer una semana mas, por lo menos. Ay linda, que te quiero mucho y que me alegro de haberte encontrado entre esa marea que formamos los fans del Pumpkin Pie ¡Un besote y un abrazote bien grande! Y cuídate de ese calor!

Arabella-G-Potter-Black: Pues ya lo viste, estabas en lo correcto! Jeje, si es que los lectores de Harry Potter nos hemos acostumbrado ya e inconscientemente hacemos teorías de cualquier cosa. Espero que te haya gustado y hayas disfrutado el capítulo. Un abrazo! Cuídate!

Calixta: Jeje, sorry por haber tardado tanto (quejas a los profesores, yo se las hago llegar) ¡Tu tampoco lo esperabas!! Siiii, yuju Y ni se te ocurra pedirme perdon por no haber posteado antes, anda! Si para mi lo importante es que leais el fic y os guste. Y luego, si quereis escribirme perfecto, sin prisas :) Espero que ya te hayan levantado el castigo y puedas disfrutar mas del internet. Te cuídas mucho, vale? Besotes!!

Kmila: Otra chica mas que me desea suerte en los examenes... ¡no sabeis cuanto os quiero! :P ¿Así que te gustó? Muy bien linda, me alegra oír eso. Espero que siga a la altura de lo escrito hasta ahora. ¡Nos vemos pronto! ¡Gracias por escribir!

Marla: Ay linda, tu no te preocupes. Fijate, aquí en España a los actores no los vemos casi ni en la tele. Y si, se que la película la modificaron un poquito, pero bueno... que le vamos a hacer. Este viernes la estrenan aquí, espero poder verla pronto. Entonces ya comentaremos todas esas cositas cogiditas de mano, miradas complices, etc, etc En cuanto a la historia, Harry y Hermione no creo que tarden en darse cuenta de lo que sienten, por que esta empezando a hacerse demasiado obvio. Eso si... ¿habrá problemas? Mmm... puede ser, me da que alguna complicación va a haber. Bueno guapa, gracias por escribirme. Besitos. Y cuídate!

Sole: ¡Hola! Aquí tienes, un nuevo capi Espero que te guste y lo disfrutes como hasta ahora. Besotes!!

S. Lily Potter: ¡Hola Lily! Pues en cuanto a numero de capítulos... lo cierto es que no tengo ni idea U Solo se que aun me queda todo un curso por escribir, y aunque voy a acelerar la narración me va a salir un fic largo (intentaré que no sea MUY largo, por que al final acaba cansando) Si, estan en un plan desesperante pero... no puedo juntar sus cabecitas y obligarles a que se besen (bueno, si podria, pero soy mala con ellos; muy mala :P) Las charlas pre-matrimoniales deben ser... aburridisimas (yo no he ido a ninguna ¬¬, pero me las imagino asi) Bueno linda, gracias por escribir. Espero que te haya gustado este capítulo y verte por aquí pronto. ¡Un beso!

Alba: ¡Hola Alba! Tu si que me dejaste de piedra con "Soñando con el chico perfecto" Uff, aún me emociono de recordarlo. Jeje, que bien que te sorprendiera lo de Riddle (me emociono cuando me dicen que les sorprende ) Siento haber tardado tanto, el proximo finde intentaré subir un nuevo capítulo. Un beso y como tu bien dices, nos leemos por aquí!

Kotori-Monou: Hola Kotori!! Vaya, muchísimas gracias y no te imaginas lo que me alegra que el fic te gustara! Ideas a Rowling... no estaría mal A ver si se porta bien en los dos libros que nos quedan y nos da alguna alegria. Bueno, nos vemos esta noche por el Messenger, ya me cuentas que te pareció el capítulo, vale? Besos!!

Andrea Sumeragi: No paro de darle vueltas... y aun no se donde he oído yo antes "Sumeragi" ¿Es de alguna serie...? Es que de verdad, me suena muchísimo y me estoy volviendo loca. Me alegro que el fic entre en el grupo de los que mas te gustan, de verdad que me dan ganas de empezar ahora mismo el siguiente capítulo! Prometo no tardar mucho, de verdad. Un beso y gracias por escribir!

Y fin. Se terminaron los reviews... Wow, hoy han sido bastantes, casi he tardado mas en contestarlos a todos que en escribir el capítulo :P La semana que viene estoy de vuelta y em... ah, si!! Quiero dar un GRAN SALUDO a los miembros de LA PAREJA DEL FENIX, un foro al que me he unido muy recientemente y de verdad, que da GUSTO estar ahí. Os invito a todos a que entreis y os hagais miembros, de verdad merece la pena. Y bueno, pues nada mas... que me alegro de haber vuelto a subir un capítulo, que este viernes se estrena la película y con un poco de suerte, puede que vaya a verla antes de subir el siguiente capítulo y os atormente con mis ideas y teorias y mis cosas sobre la película asi que, please, tened paciencia conmigo la proxima vez que nos leamos :P

Mil besos a todos, ¡¡nos vemos pronto!!