Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del señor Himaruya.


Capítulo 10: Persiguiendo a un italiano

POV Antonio

Estaba preocupado y deprimido, algo nada usual en mí, pero es que no dejaba de darle vueltas una y otra vez a lo mismo y no encontraba una respuesta acorde que satisficiera las dudas que tenía en mi cabeza. Si no fuera tan despistado como soy sabría perfectamente qué era lo que había dicho o hecho mal durante los últimos días y que le resultara tan tremendamente ofensivo a Lovi como para que se enfadara hasta el punto de haber optado por evitarme por todos los medios posibles.

No es que fuera la primera vez que Lovi se enfadaba conmigo, ¡para nada! De hecho, creo que era raro el día en el que no hacía alguna tontería que llamase a su enfado. Y entonces me gritaba, me insultaba o se lanzaba a mi estómago (con los puños o la cabeza, como si en mi abdomen hubiera dibujada una diana); y después de esa pausa inesperada, y en ocasiones dolorosa para mí, nos reíamos (o me reía yo mientras él continuaba un poco más con la retahíla de insultos) y retomábamos la conversación o simplemente comenzábamos una nueva.

Pero eso era antes de lo que fuera que hubiese ocurrido.

Tenía que hacer memoria, recordar exactamente qué era lo que había molestado a Lovi, enmendarlo lo antes posible y pedirle disculpas hasta que me quedara sin voz si fuera necesario, porque estar siendo ignorado por él me estaba matando, nunca antes había sentido un vacío tan grande en mi interior. Recuperaría a mi amigo como fuese.

Me parecía una eternidad, pero sólo habían pasado tres días desde que nos vimos por última vez, fue el domingo.

Aquel día Lovi se comportó de la manera que solía, si incluso se enfadó conmigo de la forma habitual (gritándome y llamándome "bastardo") por tratarlo como a un niño pequeño intentando que se comiera una tortita de mis manos, se puso completamente colorado, ¡si es que no se puede ser más adorable!

Estuvimos desayunando con Emma, que apareció de improviso y, ahora que lo pienso, no tengo ni idea del motivo de su visita. En fin, sin darnos cuenta nuestro desayuno se alargó hasta la hora del almuerzo. Iba a invitarlos a comer, pero antes de poder hacerlo dijeron que se marchaban: Emma porque tenía cosas que hacer y Lovi porque, según él, su hermano estaría desesperado al no saber de su paradero; si es que Lovi, por mucho que se queje de Feliciano, se preocupa muchísimo por él, ¡es un buen hermano mayor!

Me despedí de mis dos amigos, que se fueron juntos, y me preparé para una nueva tarde de trabajo como animador en el centro comercial (estaría ocupado todas las tardes de la semana entrante con ese empleo). Me hubiese gustado salir a tomar algo con Lovi a mi regreso, pero sabía que para esa hora estaría ocupado en el restaurante. Una pena, no me quedaba más remedio que esperar al día siguiente.

Sin embargo, pese a todas las ganas que tenía de pasar tiempo con él, el lunes tampoco pudimos vernos. Antes de que cayera la noche, justo al poco rato de llegar a mi piso tras finalizar mi largo día de trabajo, subí a buscarlo a su casa para salir, pero al contrario de lo que normalmente ocurría, no fui recibido por el semblante malhumorado de Lovi, sino por el sonriente Feliciano.

―¡Hola, Lo…! ―me sorprendí al ver que no era quien esperaba y rectifiqué―. ¡Hola, Feli~! Vengo a buscar a Lovi, ¿le puedes decir que salga?

―Veee~ ―se me quedó mirando durante unos segundos antes de responder nada―… ¡Ciao, Antonio! Mi fratello… no está.

―¿No está? ―me extrañé, Lovi no suele irse por ahí solo―. ¿A dónde ha ido?

―Veee~… ―se quedó pensando―… pues… ¡no lo sé!

―¿No lo sabes? ―negó con la cabeza nerviosamente―. ¿No te lo ha dicho? ―volvió a negar―. ¿Y no se lo has preguntado?

―Vee~…Ya sabes cómo es mi fratello, se enfada si le hacen muchas preguntas.

Es cierto, Lovi se pone a la defensiva si le bombardean a preguntas como si lo estuvieran interrogando.

―Sí, ya… Entonces me imagino que tampoco sabrás si va a volver pronto, ¿verdad? ―de nuevo hizo un gesto negativo con la cabeza. Suspiré un tanto resignado―. ¡Qué pena!

―¿Quieres dejarle algún recado?

―No, no hace falta, sólo dile que he estado aquí.

Feli se despidió de mí sonriendo y ondeando la mano de un lado a otro y cerró la puerta en cuanto me di la vuelta. Nada más poner el pie en el primer peldaño de las escaleras me pareció oír la voz de Lovi proveniente del interior de su casa, pero no le di importancia, tenía tantas ganas de verlo que lo estaría imaginando.

Muy a mi pesar la situación del martes fue similar. Puede que estuviera más que cansado después de mi agotadora y larga jornada laboral, pero me apetecía mucho pasar un rato con mi querido amigo italiano, así que subí a su casa a buscarlo. Supuse que se encontraba allí, pues apenas unos minutos antes había escuchado la melodía que tocaba con el violín a través de la ventana del patio. No obstante, al llamar a su puerta y después de esperar varios minutos, fui recibido nuevamente por el sonriente Feliciano.

―¡Hola, Feli! ¿Y tu hermano? ¿Puedes decirle que salga?

―Vee~… Veee~ ―parecía nervioso, miraba alternativamente hacia el interior y hacia mí―… Mi… mi fratello… vee~… mi fratello no está.

―¿Cómo que no está? ―me quedé un tanto descolocado―. Si acabo de escucharlo tocando el violín hace un momento.

―Veee… sí, bueno… ―parecía que estaba meditando lo siguiente que iba a decir―… en realidad sí que está…

―¡Entonces dile que salga! ―le apremié.

―¡Es que no puede! ―me contestó algo alterado, lo miré inquisitivo―. Se… se… ¡se acaba de acostar!

―¿Tan temprano? ―pregunté incrédulo.

―¡No se encontraba bien! ―cada vez parecía más alterado.

―Aam, ¿y puedo entrar a verlo? Si está enfermo quizás pueda quedarme a echarte una mano para cuidarlo…

―¡N-N-N-No! ―estiró los brazos hacia delante y los movió hacia los lados para evitar que pasara―. Mi fratello ha dicho que no quiere que lo moleste nadie y ya sabes cómo es, ¡ve! ¡No quiero que se enfade!

Y, sin darme tiempo a decir nada más, me cerró la puerta en las narices.

Me quedé algo escamado por aquella extraña actitud que mostró Feliciano, no es que quisiera desconfiar de sus palabras, pero su nerviosismo me hizo pensar que trataba de ocultarme algo, aunque no sabía exactamente qué.

Nada más llegar a casa me eché sobre la cama. Me quedé contemplando el techo, justo al otro lado del mismo, apenas a un par de metros por encima de mí, estaba la habitación de Lovi, donde supuestamente se encontraba acostado sintiéndose enfermo. Suspiré, me sentía mal al no poder hacer nada por él, ¿o sí que podía?

Giré la cabeza hacia la ventana, mi guitarra descansaba justo debajo. La cogí y me acomodé en la cama con ella. Saqué mi móvil del bolsillo y le envié a Lovi un mensaje de ánimo al que acompañaría con una canción de mi guitarra, una suave para ayudarlo a sentirse mejor.

Dado que no obtuve ninguna respuesta tras poner en práctica mi idea, no supe si ésta había funcionado o no, así que me sentí un poco decepcionado. Supongo que en el fondo esperaba escuchar a Lovi dando golpes en el suelo para que dejara de tocar o quejándose por la ventana o, en el mejor de los casos, respondiéndome al mensaje. Pero nada. Me contenté a mí mismo pensando que estaba dormido y que como mucho mi música lo habría ayudado a tener dulces sueños.

Al día siguiente, miércoles, decidí visitar a Lovi después del almuerzo para saber si se encontraba mejor. Salía de mi apartamento dispuesto a subir cuando vi a alguien cargando con un estuche negro al final del tramo de escaleras, parecía Lovi que volvía de clases (aunque un poco tarde). Lo llamé y se giró, efectivamente era él.

Me miró durante un par de segundos, con un gesto entre sorprendido y asustado, y salió corriendo como si huyera de mí. Yo corrí tras él sin entender el porqué de su reacción, pero era muy rápido y entró en su casa antes de que pudiera alcanzarlo. Llamé a su puerta repetidas veces, casi desesperado, pero ninguno de los dos hermanos me abrió.

Ese fue el momento en el que me percaté de que ocurría algo: no es que Lovi no estuviese en casa o que se sintiera enfermo las veces que subí a buscarle, es que no quería verme, me estaba evitando. Pero… ¿por qué? No tenía sentido que su actitud hacia mí hubiese cambiado de buenas a primeras, tenía que existir algún motivo para que Lovi se decidiera a actuar como lo estaba haciendo, lo que me llevó a concluir que hice o dije algo que lo ofendió de tal forma que prefería alejarse de mí.

Durante toda la tarde traté de pensar en las posibles acciones o palabras que podrían haber molestado a Lovi, pero estar al cargo del entretenimiento de veinte o más niños no permite muchas divagaciones, así que todos mis intentos de recordar fueron en vano. Me sentí frustrado y decepcionado conmigo mismo por ser incapaz de centrarme y sacar algo en claro.

Regresé a casa cabizbajo y con la mente sumida en mis pensamientos, buscando un posible motivo que justificara el alejamiento de Lovi. Iba tan metido en mi propio mundo que no me fijé por donde iba y acabé chocando contra alguien bastante más grande y fuerte que yo que me hizo caer al suelo de espaldas. Levanté la vista, estaba delante del portón del edificio con Ludwig y Feliciano frente a mí. Sin duda había chocado con el alemán, que me ofreció su mano para que me pusiera en pie.

―¿Te encuentras bien, Antonio? ―me preguntó Ludwig cuando me levanté.

―Sí, claro ―me sacudí la ropa―. No ha sido nada.

―Vee~… ¿Estás seguro, Antonio? No tienes buen aspecto…

―Sí, estoy bien, Feli ―dije tratando de sonreírles, aunque mi estado de ánimo no me lo permitió. Pero, ¡un momento! Feliciano estaba allí delante de mí, era posible que él supiera lo que le había molestado a Lovi. Me eché a sus brazos―. ¡FELI!

―¡Vee! ―gritó asustado―. ¿Q-Qué pasa?

―¿Y tu hermano? ¿Qué es lo que le ocurre? ―le pregunté casi desesperado, apartándome un poco de él, pero sujetándolo por los hombros. Parecía asustado―. ¿Tú lo sabes? ¡Dime que lo sabes!

―¡Veee! ―con los ojos llenos de lágrimas negaba con la cabeza. Ludwig hizo que me apartara―. N-No… no lo sé.

―¿No lo sabes? ―me deprimí de nuevo―. Entonces tampoco sabrás por qué me evita, ¿verdad?

―¿Te diste cuenta? ―preguntó sorprendido.

―Por eso te comportabas de forma tan extraña cuando subía a buscar a Lovi.

―Lo siento… Mi fratello me pidió que lo cubriera cuando viniste a casa, aunque no sé por qué. Lle-lleva varios días muy raro, no me dice lo que le ocurre y se… se enfada mu-mucho si le pregunto.

―Ya veo ―respondí triste.

―Un momento ―intervino Ludwig―, ¿estáis diciendo que Lovino te está evitando ―me señaló―, pero no quería que lo notaras y aun así te has dado cuenta?

Tristemente, asentí. Ludwig se quedó unos segundos con la boca abierta y miró hacia el cielo. Feliciano y yo miramos también hacia arriba algo extrañados, no teníamos ni idea de lo que buscaba el alemán en las alturas.

―¿Acaso va a nevar esta noche? ―no entendí a qué venía esa pregunta, a veces Ludwig me resulta incomprensible.

―Veee~… ¿Cómo va a nevar, Luddy? Es verano y hace mucho calor. No estamos en Alemania, aquí no nieva.

―No, no me refería a… ―se nos quedó mirando unos segundos y negó con la cabeza―. ¡Bah! Da igual, dejémoslo. Ya va siendo hora de irnos, Feliciano.

―Sí, es verdad, se hace tarde ―Feli se enganchó de nuevo del brazo de Ludwig―. Nos vamos al cine a ver una película de ninjas, ¿te apuntas, Antonio?

Ludwig palideció por momentos y su expresión se volvió más seria de lo que era normalmente.

―Muchas gracias, Feli, pero no me apetece. Pasadlo bien.

Ludwig relajó el gesto, esbozó una especie de sonrisa (porque las comisuras de sus labios se elevaron unos milímetros, de lo contrario no se habría notado) y me dio unas palmaditas en la espalda como despedida.

La conversación con Feliciano, por desgracia, sólo había conseguido deprimirme más. Si ni siquiera él sabía lo que le pasaba a Lovi y a mí me evitaba, ¿cómo iba a conseguir averiguar lo que había ocurrido y enmendarlo? Decidí probar suerte subiendo una vez más a su casa.

No sé el tiempo que pasé en el rellano ni las veces que toqué a su puerta, pero mis dedos acabaron doloridos. Probé a telefonear, el tono de móvil de Lovi se escuchó al otro lado de la puerta las dos primeras veces, a la tercera llamada no daba señal, lo habría apagado.

Bajé a mi piso frustrado, decepcionado y, sobre todo, deprimido.

Me dejé caer sobre la cama y enterré mi cara en la almohada, la cual, para mi completa sorpresa, todavía conservaba el olor de Lovino. Inspiré profundamente aquel aroma, recordando las dos noches que pasé en su compañía.

Cuando apareció en mitad de la noche pidiéndome que le dejara dormir conmigo no sé lo que pensé, parecía asustado y cohibido, pero se veía tan adorable… ¡Igual que por la mañana! Estaba tan tranquilo mientras dormía que no pude reprimir las ganas de besarle sus sonrosadas mejillas… ¡Quizás se dio cuenta y por eso se había enfadado! No, aunque fuera una posibilidad, si Lovi se hubiera dado cuenta en el momento no se habría reprimido el darme un buen golpe, tal y como el sábado por la noche cuando le toqué ese rizo tan gracioso que tiene, sólo quería saber cómo conseguía mantenerlo suspendido en el aire, pero se enfadó asestándome un golpe en el estómago… la verdad es que su reacción fue algo extraña, parecía acalorado y nervioso, resoplaba y tenía la cara más encendida que de costumbre, ¡puede que se hubiera enfadado por eso! Aunque a la mañana siguiente se comportó igual que siempre…

¡Agh! Pensar en los posibles motivos del enfado de Lovino y luego echarlos yo mismo por tierra no tenía sentido ninguno, sólo estaba consiguiendo que me doliera la cabeza. Me froté la cara con las manos para tratar de despejarme. Suspiré profundamente y abracé la almohada, volviendo a aspirar el olor de Lovi (¡cómo lo extrañaba!) hasta que me quedé profundamente dormido.


Hubiese querido ver a Lovi por la mañana, de hecho me quedé un rato sentado en la escalera esperando a que bajara para ir a clases, pero no lo hizo. Al final fue Emma quien apareció extrañada por mi tardanza y me apremió para que nos marcháramos hacia el trabajo o llegaríamos tarde.

Por el camino, mientras conducía mi moto con Emma a la espalda, recordé que ella salió de mi casa con Lovino el último día que lo vi, quizás supiera algo de lo que le ocurría, porque se lo hubiera comentado o porque lo hubiese notado (las chicas tienen una capacidad especial para detectar problemas). Le pregunté en cuanto nos bajamos de la moto.

―¿Lovino estaba raro? ―se extrañó ella―. ¿En serio? Pues yo lo vi igual que siempre, tanto en tu casa como por la noche.

―¡¿Viste a Lovi por la noche?! ―me sorprendí.

―Sí. Fui a cenar al restaurante de Romu con Eli en cuanto acabó su turno en el hospital. Fue Lovino el que nos atendió, por lo menos al principio, porque después hubo jaleo en las cocinas y ya no le volvimos a ver el pelo.

Lovi se tomaba bastante en serio su trabajo, yo lo sabía de buena tinta, habíamos trabajado juntos y no lo hacía nada mal, de hecho aprendió todo lo que necesitaba saber rápidamente y ponía muchísimo empeño en hacerlo bien. Así que eso de que no lo volvieran a ver resultaba bastante extraño.

―¿Cómo que hubo jaleo y que no visteis más a Lovi?

―Bueno, no sé lo que pasó, pero se escuchó un estruendo como de platos rompiéndose en el suelo. Imagino que como Lovino ha sido el último en llegar le tocó recoger el desastre y por eso no volvió a salir, al menos durante el tiempo que nosotras estuvimos allí.

―Ah… vale.

Vaya, por un momento pensé que en el restaurante hubiera podido ocurrir algún suceso que desencadenara el alejamiento de Lovi hacia mí.

―Oye, Toni, ahora que hablamos del restaurante, ¿por qué no vamos a cenar allí esta noche tú y yo? Hace muchísimo que no nos vemos fuera del trabajo.

―¡Si vivimos frente por frente! Nos vemos todos los días.

―¡Ay, no te hagas el tonto! ―refunfuñó graciosamente poniendo morritos―. Ya sabes a lo que me refiero, a que pasemos un rato juntos y nos divirtamos, no a cruzarnos en los rellanos. ¿Qué me dices? ¿Vamos a cenar esta noche al restaurante de Romu?

Sinceramente no me apetecía nada aceptar su propuesta, pero Emma, con la cabeza ladeada, me miraba con aquellos ojitos verdes implorantes y una sonrisa inocente en su rostro. No me pude negar. Además, tenía un buen aliciente para acceder: era jueves y Lovino estaría trabajando en el restaurante, lo que me daría la oportunidad de hablar con él.

De modo que aquella tarde, tras regresar del centro comercial y darme una larga y relajante ducha, pasé a recoger a Emma. Suerte que fue ella quien me recibió, porque no tenía suficientes ánimos como soportar los mordaces comentarios de su hermano hacia mi persona, aun así traté de componer mi mejor sonrisa para mi amiga.

Ni siquiera era de noche todavía. Caminamos hacia el garaje para coger el coche o la moto, al menos yo me dirigía hacia allí, pero cuando estaba llegando Emma me agarró de la mano y tiró de mí. Yo la miré sin entender, ella me sonrió y me condujo hacia una plaza.

―Mejor vamos en taxi ―me dijo―, así no tendremos problema para volver si bebemos un poco.

―¿Acaso pretendes emborracharme? ―levanté una ceja mirándola inquisitivo.

―Nunca se sabe ―me sacó la lengua y guiñó un ojo―. Además, luego podríamos volver dando un paseo…

Me encogí de hombros como toda respuesta. Emma lo interpretó como un sí y soltó una suave risilla. Me empujó dentro del primer taxi aparcado con el que nos topamos, se sentó junto a mí y empezó a hablarme, no sé de qué, la verdad, porque estaba tan sumido en mis pensamientos sobre cómo conseguir que Lovi no me evitase en el restaurante que ni siquiera la estaba escuchando.

―Toni, ¡Toni! ―me zarandeó el brazo sacándome de mi ensimismamiento―. ¿En dónde estás? Porque no parece que me estuvieras escuchando.

―Lo siento, Emma ―le sonreí―, se me ha ido el santo al cielo.

―¿Qué te pasa? ―me miró preocupada. Lo que yo decía, las chicas tienen esa capacidad para detectar cuando algo no va bien a su alrededor―. No pareces tú.

―Es que llevo unos días algo mal porque a Lovi le pasa algo conmigo y no sé lo que es ni cómo puedo arreglarlo.

―¿Por eso me preguntaste esta mañana por él? ―asentí―. Si tienes algún problema con él quizás no deberíamos ir a cenar al restaurante de Romu, podemos ir a cualquier otro sitio si quieres…

―¡NO! ―grité de pronto, tenía que ir y hacer que Lovi hablara conmigo. Emma se asustó por mi inesperada reacción―. Qui-Quiero decir que no hay ningún problema, me apetece mucho cenar allí.

―Ah, bien ―volvió a sonreír.

―¿Sabes? Hace mucho que no voy por allí como cliente ―recordé mi última visita y sonreí con algo de nostalgia―, desde el día que conocí a Lovi. Me pidió que lo llevara a comer a un genuino restaurante italiano.

―¡Qué exigente! ―se rio.

―El pobrecillo, cayó desmayado en mis brazos… como se llegue a enterar de que te he contado esto me mata…

Continué rememorando mi primer encuentro con Lovi hasta que llegamos a nuestro destino, la verdad es que hablar de él hacía que me animara un poco. Emma, en cambio, cada vez se mostraba más callada y pensativa.

Quise entrar al comedor, en verano hay mucha más tranquilidad en el interior, pero Emma me detuvo cogiéndome del brazo, ella prefería sentarse en una mesa de la terraza.

Mientras ojeábamos la carta, le hablé a Emma de los días que Lovi y yo estuvimos trabajando juntos y de cómo me tocó a mí enseñarle todo lo que necesitaba saber y lo rápido que aprendía. De pronto dejó la carta sobre la mesa dando un manotazo sobre ésta.

―¿Tienes ya claro lo que te vas a pedir? ―me preguntó algo cortante pero sonriendo, aunque le temblaban las comisuras de los labios.

―Eeh… pues…

Mi mirada pasó alternativamente de la carta a Emma un par de veces. Tenía sus ojos verdes y penetrantes clavados en mí, me estaba poniendo nervioso. Desvié la vista y vi que Lovi pasó por delante de la puerta del comedor, sé que fueron unos segundos, pero nuestras miradas se cruzaron. Sin duda ese era el momento de hablar con él. Me levanté de la mesa muy rápido, casi sin pensar.

―Voy al baño ―mentí―, ahora vuelvo.

Y salí corriendo hacia el interior del restaurante persiguiendo a Lovi, que atendía con una sonrisa galante una mesa con cuatro chicas jóvenes que… ¡le ponían ojitos! Menudo descaro… En fin, en cuanto Lovino terminó de tomarles nota me acerqué a él con disimulo y lo agarré del brazo para que no se escapara. Él se revolvió un poco intentando zafarse.

―Lovi, por favor, necesito que hablemos ―le dije en voz baja.

―¿Acaso no te das cuenta de que estoy trabajando, bastardo? ―siguió moviéndose―. Déjame en paz, imbécil, no tengo tiempo para tus tonterías.

―¡No son tonterías! ―me ofendí.

―Me da igual, ¡no me interesa!

Se revolvió una vez más y me propinó un codazo en el estómago haciendo que lo soltara y aprovechó para desaparecer hacia la cocina. Perseguirlo resultaría inútil y sólo molestaría a todos los que estaban trabajando allí, así que resoplando con frustración salí hacia la terraza.

Para mi total sorpresa Emma ya no se encontraba sentada a la mesa, estaba saliendo hacia la calle a paso ligero. Corrí tras ella, no entendía por qué se marchaba así de pronto, si fue idea suya lo de ir a cenar. La sujeté por la muñeca cuando la alcancé y se detuvo en seco, volviéndose hacia mí con cara de enfado.

―Emma, ¿qué pasa? ¿Por qué te has marchado de repente?

―¿A ti qué te parece? ―me espetó a voz en grito.

Se soltó de mi agarre con violencia. Paró a un taxi que se acercaba y se largó dejándome allí con un palmo de narices.

Suspiré profundamente y emprendí el camino de vuelta a casa a pie.

Definitivamente no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando. Primero Lovino me apartaba de su vida de repente y sin motivo aparente, y luego Emma se enfadaba conmigo a saber porqué. ¡Qué semana más horrible! Me sentía cada vez más deprimido.

Cuando por fin después de tres cuartos de hora llegué al portón del edificio, Francis y Gilbert iban saliendo y me detuvieron. No hizo falta que les dijera nada para que supiesen que me encontraba mal anímicamente, se dieron cuenta de ello nada más verme, especialmente Francis, que siempre ha tenido esa capacidad. Entre los dos me agarraron por los brazos impidiendo que continuara mi camino al segundo piso y me arrastraron a un bar cercano.

―Ahora, mon ami, nos vas a contar por qué estás deprimido ―me dijo Fran cuando el camarero nos trajo las bebidas y un par de tapas (porque yo no había cenado todavía).

Les expliqué con todo detalle lo ocurrido durante los últimos días y lo que había pasado en el restaurante. Gilbert y Francis me escucharon poniendo toda su atención y sin interrumpirme, lo cual era toda una novedad, pues siempre encuentran algo que comentar. De hecho no hablaron en un rato después de que terminé, se quedaron contemplándome con cara de asombro.

―Vaya, vaya, se nota que le petit italien te ha calado bien hondo, mon amour.

―¿Qué quieres decir, Fran?

―¿Cómo que qué quiere decir? ¿Es que no está bien claro? Si hasta has pasado de la rubia con tal de que ese chaval te preste atención, y eso que en su día babeabas y lloriqueabas por ella.

C'est vrai, no estabas así por nadie desde que Emma y tú dejasteis de "no salir" juntos.

―¿Eh?

―A ver, Toño, ¿no has pensado que quizás el pequeñín se ha enfadado contigo no por algo que has hecho sino por lo que no has hecho todavía?

―¡Chicos! Por favor, hablad claro porque estoy más perdido que el barco del arroz.

―Lo que dice Gilbert es que quizás le petit italien se haya enfadado contigo por ser tan lento y no haberte declarado aún.

―¿Declararme? ¿Y a santo de qué tendría yo que declararme?

―¿Quizás por lo que sientes por él?

―¿Amistad? ―pregunté extrañado―. ¿Tengo que declararle mi amistad a Lovi?

―¿Cómo que amistad? Venga ya, Toño, si se nota a la legua que le tienes unas ganas a ese chaval que te mueres. Hazte un puñetero favor a ti mismo y a ese pequeño gruñón y dale un asombroso pollazo de una buena vez, que seguro que él también lo está deseando.

―¡Joder, Gilbo! Qué obsesión tienes con los pollos… ¡Ay!

Francis me había dado una colleja, una bien dolorosa por cierto. Gilbert también se ganó una. Francis suspiró profundamente.

―Para empezar, Gilbert, déjate de comentarios soeces y de dar consejos absurdos que no sirven para nada.

―¿Cómo que mis consejos no sirven para nada? ―se mostró ofendido―. Son unos consejos asombrosos.

―Sí, asombrosamente inútiles. Ya he visto lo bien que te ha funcionado eso que has dicho con la doctorcita, ahora huyes de ella cada vez que se te acerca.

―Porque últimamente tiene el instinto asesino en niveles exorbitados y no quiero que me parta la cabeza a sartenazos.

―Pues bien poco que te importaba eso antes. ¡Sé un hombre, enfréntate a ella y déjale claro lo que sientes! ―Francis se puso en pie de la emoción―. Y tú, Antonio ―me señaló con el dedo y volvió a sentarse dándome unas palmaditas en el hombro―, mon amour, hay que ver lo lento que puedes ser en ocasiones, ¿no te das cuenta que lo que sientes por le petit italien no es una simple amistad?

―¿Cómo que no?

―Pues claro que no, Toño ―me dijo Gilbert―, si llevas sin verlo menos de una semana y parece que te hubieran extirpado las regiones vitales.

―Por no hablar de cómo te comportas con él, siempre tan servicial y atento y sobre todo ―Fran hizo una pequeña pausa y sonrió de lado―… protector…

Lo miré intrigado por el tono con el que había dicho esa última palabra.

―No me mires así, cher, que sabes perfectamente a lo que me refiero. Basta que alguien se acerque más de la cuenta a tu querido Lovino para que te pongas en alerta.

Kesese… con ese "alguien" te refieres a ti mismo, ¿no, gabachito? ―Fran se rio.

―Y además si está presente en el mismo sitio en el que estás tú, no te separas de él. Como la noche de mi fiesta, que no te alejabas más de un metro de él…

―Es que esa fue la condición que puso Lovi para acompañarme a la fiesta, que no lo dejara solo.

―O sea, que él sólo fue a la fiesta porque tú se lo pediste ―intercambió una mirada con Gilbert y ambos asintieron con convicción―. Interesante…

―Bueno, no es por nada, Fran, pero Lovi no se fía de ti ni un pelo, cree que le vas a saltar encima o algo así a la primera de cambio.

―Ganas no me faltan…

Lo miré mal, el tono lascivo con el que dijo esa frase me hizo enfadar, parecía que lo decía en serio y, por más amigo mío que fuera Francis, jamás le permitiría utilizar a Lovi para su divertimento.

―¿Ves como tengo razón, amour? ―dijo tranquilo―. Ya te has puesto en alerta. Cálmate, que estaba bromeando ―me guiñó un ojo.

―No me gustan ese tipo de bromas ―dije seriamente.

―En cualquier caso, mon ami, no descartes la posibilidad de que Lovino se haya enfadado contigo por tu lentitud, porque puede que haya malinterpretado ciertos aspectos de tu comportamiento. Así que lo que tienes que hacer ahora es recapacitar sobre todo lo que te hemos dicho, analizar tus propias reacciones y darte cuenta de lo que sientes realmente por le petit italien.

―¡Y asumirlo!

Lejos de ayudarme a resolver mis problemas, la conversación con los chicos sólo consiguió confundirme aún más. ¿Por qué se empeñaban en cuestionar mi amistad con Lovino? Aunque quizás sí que tuvieran razón al decir que lo que sentía no era una simple amistad, era algo más fuerte, ¡me había encariñado de él muchísimo! Era imposible no hacerlo: es un chico inteligente y divertido ―nunca me aburro estando con él―, pero también vulnerable e inseguro, que se preocupa por aquellos que le importan, pero que se esconde detrás de una barrera de hostilidad para que no le hagan daño. ¿Cómo no podría encariñarme de alguien tan adorable?

Y ahora esa persona adorable me dejaba de lado, ¿por qué? Los chicos plantearon la posibilidad de que Lovi se hubiera enfadado por mi lentitud al no declararme… ¿acaso estaban insinuando que Lovi sentía algo más que amistad por mí? No, eso era imposible…

Aunque, pensándolo bien, en la fiesta de Francis ocurrió un incidente que bien podría hacer pensar todo lo contrario. Lovi, totalmente borracho, y yo estábamos bailando cuando de pronto sintió mucho calor y se fue hacia el rellano quitándose la camisa. Salí tras él y, al ver su estado, lo agarré de la cintura y lo obligué a subir a su casa, él se negaba y repetía una y otra vez que quería bailar. Subimos con dificultad el primer tramo de escalera, pues Lovi no dejaba de moverse y bailar. Entonces se agarró a mi abdomen y comenzó a pasear las manos por él, diciéndome que "me iba a tocar algo que nadie más me había tocado antes", juraría que se me subieron los colores cuando dijo aquello, pero de pronto sentí muchas cosquillas, ¡pues claro, se refería a eso! O eso quise pensar, se lo preguntaría al día siguiente. Pero resultó que Lovi no recordaba nada y cuando le conté lo que me dijo se quedó completamente blanco y con la cara descompuesta. Me sentí tan mal al verlo así que se me ocurrió mentirle diciendo que se refería a una obra musical y la primera que se me vino a la mente fue esa tan famosa de las estaciones, aquello pareció aliviarlo. Y yo olvidé el tema, hasta ese momento.

¡Oh, Dios! ¿Podría ser que Francis y Gilbert tuvieran razón con eso que insinuaron con respecto a Lovi? No, definitivamente no, Lovi iba como una cuba esa noche y no era consciente ni de lo que hacía ni de lo que decía. Pero… cabía la posibilidad de que Lovino hubiera recordado lo sucedido aquella noche y supiera que le había mentido y… ¡que ese fuera el motivo de su enfado! Sí, esa explicación resultaba mucho más plausible que la expuesta por mis amigos.


Desperté el viernes por la mañana cansado y con un incipiente dolor de estómago, afrontar tantos sucesos negativos en tan pocos días me estaba pasando factura.

Iba con el tiempo justo para llegar al trabajo, me vestí rápido, bebí una taza de café recalentado y pasé a buscar a Emma, pero me recibió Govert con esa simpatía que le caracteriza.

―No sé qué haces aquí, pero molestas, así que ya te puedes estar largando.

―Pe-Pero vengo a por Emma para ir al trabajo.

―Emma se marchó hace media hora, debe haberse cansado por fin de esperar todas las mañanas a un mequetrefe como tú.

Me cerró la puerta en las narices.

No había duda que Emma continuaba enfadada y había preferido marcharse por su cuenta al trabajo, pero al menos allí la podría ver y disculparme por lo que la hubiese molestado. O eso pretendía, porque no pude encontrarla en toda la mañana y eso que la busqué por toda la tienda, pero nada, no di con ella. Y tampoco la vi a la hora de salir, así que regresé a casa solo.

―¡Antonio! ―gritó una voz autoritaria en cuanto puse un pie en el patio.

Roderich apareció de repente saliendo de casa de Elizaveta, (era toda una sorpresa pues hasta hacía unas semanas me utilizaba como mensajero para enviarle cartas a su ex novia). Se acercó a mí con cara de enfado, ¿y ahora qué había hecho?

―¿Qué demonios pasa con Lovino? ―lo miré sin comprender―. Ha faltado a mis clases y he venido a buscarlo.

―¿Cuánto has tardado en llegar? ―me echó una mirada gélida, Roderich se molesta cada vez que hago referencia a su nulo sentido de la orientación.

―Menos de lo que imaginas, ya llevo aquí un buen rato. He intentado ver a Lovino, pero no me abre la puerta.

―Bienvenido al club.

―Dado que fuiste tú quien me insistió para que lo aceptara como alumno, te exijo una buena explicación que justifique esta intolerable falta de disciplina.

―Rod, hace por lo menos cinco días que Lovino no quiere saber absolutamente nada de mí y ni siquiera sé por qué, ¿qué te hace pensar que yo pueda estar al corriente de los motivos que lo han llevado a saltarse tus clases? Pregúntale a Feliciano, con suerte es posible que él sepa algo.

―¿Te refieres a ese chico que está en casa de Elizaveta y que no deja de llorar porque su hermano no se digna a dejarlo entrar en casa?

―¡¿QUÉ?!

Entré en casa de mi amiga. Feliciano estaba en un sofá llorando mientras Eli intentaba calmarlo sin éxito. En otro sofá yacía Gilbert inconsciente y con un chichón en la frente, seguramente se habría ganado un sartenazo por parte de Eli, a saber por qué. Me acerqué a Feli y me agaché frente a él.

―Feli, ¿qué ha pasado? ¿Por qué lloras?

―Vee~… Mi… mi… mi fratello ―sollozaba―… vee~… es-está… enfa-enfadado y no… no me… deja en-entrar en… ca-casa…

―¿Cómo? ¿Por qué?

―¿No te enteraste de la que se montó anoche, Antonio? ―inquirió Eli. Negué con la cabeza, estaba tan cansado que caí rendido sobre la cama y no me cosqué de nada―. Pues anda que el escándalo fue pequeño.

―Tu adorado Lovinito se presentó en mi asombrosa morada de madrugada buscando a Feliciano, que se había quedado a dormir allí, pero Feliciano se negó a marcharse y se pelearon. Esa es la versión resumida de la historia ―dijo Gilbert incorporándose y sobándose el chichón―. Maldita húngara, me vas a dejar tonto con tanto golpe.

―Ya lo eres ―le respondió Eli―, aprende a comportarte y no recibirás más.

―No tengo por qué comportarme con ese señoritingo.

Roderich y Gilbert intercambiaron miradas de odio. Eli levantó la sartén para que la vieran bien ambos. Gil refunfuñó y se echó hacia atrás en el sofá cruzándose de brazos.

―Pero a ver ―dije yo retomando el tema―, otras veces ya te has quedado en casa de Gil y Ludwig, ¿por qué se enfada Lovi ahora hasta el punto de no dejarte entrar en casa?

―Vee~… Porque… porque le dije que prefería quedarme con Luddy a irme con él ―respondió Feliciano algo más calmado.

―Y teniendo en cuenta esa manía horrorosa que Lovino le tiene a los alemanes, eso debió sentarle como un jarro de agua helada ―comentó Roderich.

―Joder, si yo hasta le he permitido ser amigo de mi asombrosa persona, ¿de dónde viene tanto odio?

―Vee~… Eso es culpa mía…

Las miradas de todos nosotros se volvieron instantáneamente hacia Feliciano.

―¿Qué?

―Vee~… Cuando éramos pequeños teníamos un vecino alemán muy serio que nos daba miedo y un día mi fratello se metió en su jardín para recuperar una pelota que se me había caído sin querer, pero ese señor lo descubrió y se enfadó y llevó a mi fratello con mi mamma, que lo reprendió muy duramente. A partir de entonces comenzó a detestar todo lo que tuviera que ver con los alemanes…

―Pero tú no tienes la culpa de eso, Feli ―dijo Eli acariciando la cabeza de Feli.

―De hecho ya va siendo hora de que Lovino supere esos traumas ―comentó Roderich fríamente―. En fin, yo ya he cumplido lo que vine a hacer, así que me marcho.

―¿Quieres que te acompañe? ―se ofreció Eli.

―¡NO! ―gritó un sonrojado Gilbert.

Por hacerle un favor tanto a Gilbert como a Roderich, decidí ser yo quien acompañara a este último a su casa, lo cual sólo me dejó tiempo para almorzar antes de irme de nuevo al trabajo. Pero ya lo había decidido, de aquella tarde no pasaría sin que hablara con Emma de su enfado y que aclarara con Lovino las razones de su alejamiento, quisiera él o no.

La suerte pareció sonreírme por primera vez en lo que iba de semana. Opté por resolver primero el tema con Emma, tenía la corazonada de que lo solucionaría en poco tiempo. De modo que nada más regresar, llamé a su puerta. Esta vez me recibió ella.

―Emma, ¡qué alegría! ―le sonreí, esperaba que no me echara igual que su hermano―. Oye, llevo todo el día queriendo verte para pedirte perdón por…

―No, Toni ―me cortó muy seria. ¿No? ¿No qué?―. No tienes que pedirme perdón por nada, soy yo la que tiene que disculparse contigo ―vale, ya sí que no entendía nada―. No tenía por qué enfadarme ni reaccionar como lo hice, lo sé, no hay justificación que valga, pero bueno, no voy a negar que me chocó bastante descubrir cómo estás por Lovino.

―¿Eh? No te entiendo, ¿qué quieres decir con "cómo estoy por Lovino"?

―Por favor, Toni, ¿acaso no es obvio? ―dijo frunciendo el ceño―. Estás loquito por ese chico.

―Venga ya, Emma, ¿tú también vas a empezar con esas como Gilbert y Francis?

Emma juntó sus dedos índice y corazón, los puso delante de mi cara y los dirigió con rapidez hacia mi frente golpeándola con las yemas de ambos. Dolía. Siempre que quería hacerme notar algo utilizaba esa estrategia.

―¡Ay, duele! ―me froté el lugar golpeado.

―¡Antonio! ―Emma sólo me llamaba por mi nombre completo cuando se enfadaba―. ¡¿Es que tú no te ves?!

No sabía qué responderle a esa pregunta, así que me encogí de hombros. Me gané un nuevo golpe con los dedos en la frente.

―Cómo actúas, cómo hablas de él, cómo lo echas de menos, ¿es que no te das cuenta? Todo tu mundo gira alrededor de Lovino. ¡Estás enamorado de él!

Me quedé sin habla durante unos segundos. Yo… ¿estaba enamorado de Lovino? ¿A eso se referían Fran y Gil cuando trataban de convencerme una y otra vez de que lo que sentía por él era algo más que una simple amistad? Sí, definitivamente tenían razón, no era una simple amistad. Y tampoco era un simple encariñamiento como yo mismo me había planteado, era algo todavía más fuerte, más intenso, más profundo, lo necesitaba con toda mi alma y lo quería con todo mi corazón.

Emma tenía razón, estaba enamorado de Lovino.

Estreché a mi amiga entre mis brazos, de no ser por ella y su forma tan directa de decirme las cosas habría tardado muchísimo más en darme cuenta de lo que realmente sentía por Lovi (si es que los chicos tenían toda la razón diciendo que soy un lento).

Ya sólo me quedaba resolver el problema con Lovino. Tenía que hablar con él, descubrir de una vez por todas las razones que lo habían llevado a decidir distanciarse de mí evitándome y solucionarlo de la manera que fuera, no me importaba, lo único que yo quería en esos momentos era tener a mi Lovi cerca otra vez.

Por la hora que era, debía estar en el restaurante, pero resultó que no. Yo seguía abrazando a Emma cuando él pasó por detrás de mí a toda velocidad hacia las escaleras soltando un escueto "buenas tardes" que hizo que nos separásemos. El corazón me latió muy rápido, ¡Lovi me había hablado de nuevo!, aunque no se había detenido. Miré a Emma con ilusión, ella me sonrió tímidamente e hizo un gesto de despedida con la cabeza, cerrando la puerta.

Sin pensarlo por más tiempo, salí corriendo detrás de Lovino. Me llevaba bastante ventaja. Lo llamé a voces varias veces para que se detuviera, pero él optó por echar a correr. Lo perdí de vista un par de veces, pero la suerte estaba de mi lado y conseguí seguirle la pista hasta una pequeña playa cercana.

Lo vi sentado sobre la arena contemplando el mar mientras el sol del atardecer le iluminaba el rostro. Me fui acercando a él despacio para que no notara mi presencia y huyera de nuevo. Me senté junto a él al tiempo que lo tomaba del brazo con suavidad, pero con firmeza, y le dediqué una amplia sonrisa.

―Esta vez no te voy a dejar escapar.


No me puedo creer que por fin haya terminado de escribir este capítulo, hasta me sale humito de la cabeza de lo difícil que ha sido y lo atascadísima que me he quedado (porque describir a alguien que muestra todos sus sentimientos pero que no se da cuenta de lo que siente realmente es jodido), espero que al menos merezca la pena leerse.

Gracias a todos por leer y especialmente a los que me comentáis, no sabéis lo mucho que me animáis a seguir.