Capítulo 10: Conversaciones vagas
Christa ha estado un largo tiempo en la computadora, tecleando, moviendo sus ojos rápidamente al leer y susurrando cosas que seguramente le servirían para terminar su proyecto. Mientras tanto Ymir, recostada en su cama y apoyando su barbilla en la palma de su mano, la observa.
Observa lo concentrada que está y teme que si le habla ella no se percatara de su existencia. Mira su cabello rubio y ve lo desordenado que se ha puesto luego de salir al campus con un clima ventoso. Ríe por dentro pero no hace ningún movimiento físico, tan sólo la observa, parpadea y vuelve a concentrar su vista en ella. De alguna manera le recuerda a sí misma unos años atrás cuando era una chica estudiosa y dedicada, tecleando en la misma portátil que ahora está en manos de Christa.
Ymir sabe que los exámenes se acercan y es por eso que la actitud de su compañera de cuarto ha cambiado los últimos días. Se preguntaba cómo sería Christa si ella no contara con una beca de tanta magnitud, si seguiría siendo una nerd que pasa todo su día haciendo labores escolares. Recuerda los días en los que no había tanto estrés en el aire y tenían más tiempos libres, en donde Christa la persuadía de charlar con ella y trataban de caerse bien al paso de los días. Después de que las clases terminaban, la rubia la arrastraba a ir a comer algo con Sasha, la amiga de Christa. ¿Era posible que una persona pudiera cambiar tanto de un momento a otro?
-¿Ya hiciste tu tarea Ymir?
La alta volteó de manera confundida ante la pregunta de la rubia.- ¿Disculpa?
-Sólo preguntaba si ya habías hecho tu tarea antes de que te vayas a entrenar.-comentó la menor mientras abría el paquete de una barrita de cereal.
-¿Acaso eres mi madre o algo parecido?-preguntó Ymir sarcásticamente y la rubia rio por debajo, a ella no le pareció muy gracioso.
-Sólo digo que si quieres graduarte alguna vez al menos deberías hacer tu tarea, hay que hacer un esfuerzo por lograr las cosas que queremos, Ymir.
Tal discurso motivacional no había funcionado muy bien con la castaña ya que seguía confundida. Esas cosas nunca funcionaban en ella.
-Y quién dice que quiero graduarme.- dijo, despreocupadamente mientras masajeaba su nuca y miraba hacia otro lado.
No escuchó la respuesta de Christa después de varios segundos y eso la hizo voltear hacia ella. Ahora estaba en una posición diferente, al menos su mente lo estaba. La miraba con esa típica mirada que utilizaba para pensar en silencio, cuando hacía eso se tomaba su tiempo. Ymir se preguntaba que había estado pensando sobre ella después de su comentario.
Podría decirse que a Ymir no le importaba mucho la opinión de los demás pero "diablos, ¿qué estaba pensando la rubia sobre ella en esos momentos?"
-Mira.- añadió Ymir mientras se rascaba la cabeza y eso hizo que Christa saliera de sus pensamientos. Esto satisfizo a Ymir de alguna manera.- no es como si quisiera vivir en la escuela todo el tiempo, de hecho pienso graduarme algún día pero-
-¿Pero?- Christa intentó que Ymir terminara de hablar pero en vez de eso, la de pecas tomó sus cosas y se marchó a su entrenamiento.
Pasaban los minutos y la chica no despegaba su vista de la pantalla, a veces tomaba apuntes en una libreta y volvía a lo suyo, Ymir estaba comenzando a hartarse. ¿Dónde estaba esa voz molesta que siempre la obligaba a hacer sus deberes? En esos momentos Ymir se encontraba haciendo nada y Christa no le estaba reclamando por ello. ¿Dónde estaban esas tontas preguntas que le hacían recordar más sobre ella misma cuando la menor intentaba conocerla mejor? ¿Dónde estaba esa sonrisa? ¿Dónde estaban esos ojos azules que siempre andaban curioseando por ahí y mirándola de forma amable y divertida? ¿Dónde estaba Christa en este momento?
No podía creer que en silencio se formulara tantas preguntas ilógicas que le parecían un desperdicio de tiempo.
-Tu amiga aún sigue teniéndome miedo, ¿no es así?- manifestó Ymir al llegar a la habitación después de haber tenido una cena algo incómoda con la mejor amiga de Christa.
-¿Quién, Sasha?- preguntó la rubia mientras se sentaba en su cama.
-¿No es ese su nombre?- contestó Ymir.
-Pues, realmente no creo que te tenga miedo.- replicó la menor un poco confundida.- aunque tú no pones mucho de tu parte cuando hablas con ella.
-¿Ahora es mi culpa?-preguntó Ymir tratando de no sonar como si se lo tomara en serio. La verdad era que a la chica de pecas no le importaba mucho la opinión de Sasha y tampoco cómo debía ser su comportamiento con ella, no era como si ella tratara de caerle bien a todo el mundo o como si estuviera obligada a hacerlo.
-Es culpa de las dos.- arguyó Christa. Ymir levantó una ceja, era mejor que la rubia se explicara rápido.- quiero decir que ninguna de las dos hace un esfuerzo por caerse bien o hablar normalmente, es como si hubiera algo que se los impidiera.
-No es como si me interesara lo que piense tu amiga de mí pero seguramente tiene muchas ideas rondando por su cabeza temiendo que en cualquier momento yo pudiera hacerle algún daño.- argumentó Ymir a manera de chiste pero al ver que Christa se lo había tomado en serio la mayor se apresuró a hablar.- ¿Tú piensas que podría hacerle algún daño a Sasha?- preguntó sintiéndose un poco ofendida.
-Claro que no.- respondió la rubia.- es sólo que Sasha sí lo piensa, y ese es el problema.
-No entiendo por qué cree eso, digo, sé que no tengo mucha fama de buena alumna en esta escuela pero… -
En ese momento el nombre de Marco Bodt recorrió por su mente. Se recordó a sí misma, respirando agitadamente mientras todos a su alrededor daban especial atención al chico que se hallaba desplomado en la pista de carreras. Recordaba cómo el joven asustado hacia fuertes intentos por atraer aire por su boca sin poder lograrlo. Recordaba cómo estaba envuelto en sudor y cómo el entrenador Shadis había apartado a todos los alumnos para atender al chico, pero sobre todo recordaba las miradas. Esas miradas que la culpaban con el sólo hecho de que Ymir se quedara inmóvil y los mirara devuelta. Y aunque no había sido su culpa, al menos por un momento se creyó a sí misma la causante del accidente y estaba segura de haber oído a alguien que se lo había afirmado a gritos, no sabía quién era pero la estaba haciendo sentir de lo peor en el mundo.
Una de esas miradas se encontraba ahora en el rostro de Sasha Braus.
-¿Algún problema?- preguntó Christa sacándola de sus pensamientos.
Ymir subió la vista para encontrar sus ojos con la figura pequeña de Christa.
-Tú eres el problema.
Temía que si hablaba Christa podría desconcentrarse y reprocharle por ello, tenía tantas ganas de salir y dejarla a solas como tal vez creía que era lo mejor pero simplemente se quedaba recostada en su cama, mirándola. No podía esperar a que los exámenes acabaran para terminar con la tortura de que "la enana" estuviera tanto tiempo en la habitación haciendo sus deberes y ella pudiera hacer otras cosas más que mirarla trabajar. "Maldita sea, eso no es verdad"
Finalmente le costó mucho trabajo pero lo entendió aunque no lo aceptó del todo: quería que Christa se levantara de su asiento y la molestara con sus tontas preguntas, que le reprochara sobre su haraganía, que la obligara a salir o que simplemente le hablara. Ya habían pasado días que había sido lo mismo y ella necesitaba escuchar a alguien más que a los profesores y a los alumnos que nunca le cayeron bien, necesitaba escucharla a ella. Necesitaba su voz de fondo, como la televisión encendida cuando alguien duerme y le ayuda a calmarse, la voz de Christa era lo que ayudaba a Ymir a calmarse. Era eso o simplemente estaba muy aburrida.
-Estoy aburrida.- la frase se escapó de sus labios inconscientemente, tratando de convencerse a sí misma de ello.
Christa la había escuchado, por su puesto, pero había actuado como si no lo hubiera hecho y eso a Ymir no le agradó del todo. Si quería salir del aburrimiento y lograr que su compañera hablara necesitaba hablarle primero, pero directamente y por muchas horas lo evitó. Pero ya era demasiado. Necesitaba que la rubia se despegara de ahí y le prestara atención, eso era lo que quería, anhelaba la atención de Christa.
-¿Pasarás todo el día jugando con tus muñecas o sólo quieres que me vaya?- preguntó la niña de pecas, sintiendo mucha picazón con el roce del pasto debajo de ella.
Meses anteriores estuviera en el interior de su casa, viendo la televisión o comiendo chucherías en su cama mientras dibujaba pero ahora que las cosas habían cambiado tan drásticamente, sólo podía jugar afuera, era lo que tenía que hacer para poder jugar con su pequeña vecina.
Realmente hubiera considerado que era demasiado pequeña e inmadura –pensando que ella no lo era- para jugar y platicar con ella pero, aunque sonara algo egoísta, era lo que había en el vecindario para poder entretenerse. La experiencia nueva de tener un vecino no la había experimentado en su vida antes. Se podía decir que sus padres habían escogido un lugar muy desolado para vivir. El lugar era seguro, su hogar era algo mediano en comparación a la casa vecina, que por cierto había estado deshabitada por mucho tiempo. Tal vez sus padres habían ocupado el terreno por esa misma razón, el silencio era lo que más les gustaba. Todo cambio cuando recibieron la noticia de que alguien había sido lo suficientemente adinerado para comprar la mansión de alado y vivir ahí. La hija del matrimonio no se enteró de tal evento hasta que la familia se hubo instalado casi completamente. El sonido del vidrio quebrándose fue lo que llamó su atención e hizo que mirara desde la ventana del segundo piso. Uno de los empleados de mudanzas había dejado caer un espejo de peinador en las narices del nuevo dueño. Lo que paso después hubiera deseado tal vez nunca haber visto.
-No creo que tengan hijos.- comentó el hombre de pecas y cabello castaño mientras daba un sorbo a la cuchara con sopa de tomate. La niña se había visto obligada a terminarla toda antes de volver a subir a su habitación.- no con ese carácter.
-No he visto que trajeran a ningún niño consigo.- respondió su mujer mientras se servía un poco más de vino en su copa.
Pero si había un hijo, más bien una hija, y a la niña de nueve años no le tomó mucho tiempo descubrirlo, ya que había salido a jugar con unas muñecas, delante de la fachada de la casa vecina.
-¿Seguirás ignorándome?, porque me iré si lo sigues haciendo.- reiteró la niña mayor, a punto de levantarse.
-Quédate.- dijo la dulce voz de una niña pequeña, estirando la manga de su playera, obligándola a volverse a sentar.- si no te quedas te pegaré.
-¿Me pegarás?- preguntó la mayor, burlándose de su comentario.
-Sí.
-Pues entonces deja de jugar con eso y préstame atención de una buena vez.
-Llevas mucho tiempo trabajando.- trató de iniciar la conversación pero la otra chica siguió mirando al monitor.- ¿No quieres ir a… no se-. la simple pregunta la estaba poniendo nerviosa-. a hacer algo?, no puedes estar toda la noche ahí.
Y como si la voz de Ymir hiciera algún terrorífico efecto en la rubia, ésta respondió con la voz totalmente quebrada, en un intento totalmente absurdo por mostrarse normal.
-Si estás tan aburrida ¿por qué no sales un rato?, pudiste haberte ido hace horas.
Ymir tenía que contraatacar de una manera en la que la rubia le explicara lo que pasaba.
-Sí, de hecho lo pensé un montón de veces, me hubiera ido hace horas pero de alguna manera sigo aquí y creo que deberías apreciar eso.-la menor no respondió, quizá había tomado la crítica muy enserio.- ¿por qué no volteas a verme?
Al escuchar a Ymir levantándose de la cama y dirigiéndose hacia ella, Christa se retorció en un escalofrío y trató de no salir huyendo con tal de no mirarla a los ojos, no en esa situación. Pudo esperar a que Ymir la obligara a verla y le reclamara por no haberle respondido antes pero en vez de eso sintió los largos dedos de Ymir acomodando su cabello que seguramente era un desastre.
-El clima está muy ventoso hoy, ¿verdad?- mencionó Sasha mientras caminaba alado de Christa hacia la cafetería.
-Sí, supongo que estará así por unos días antes de que comience a bajar la temperatura.-comentó la de menor estatura.
-No puedo esperar a tomar una taza de chocolate caliente con malvaviscos cuando llegue el frío.-añadió la castaña mientras babeaba de tan sólo imaginárselo.
-Dudo mucho que den algo así aquí.- replicó Christa.- tendrás que esperar a las vacaciones.
-Creo que falta mucho para eso.- aseveró Sasha, tratando de imaginarse a sí misma, sentada alado de un árbol de navidad, tomando su amada y angelical taza de chocolate caliente, preparada especialmente por su madre. Después trató de imaginar a Christa en sus vacaciones pero realmente no sabía lo que la rubia haría una vez que salieran, no sabía a dónde iría o con quién estaría en las festividades de invierno.- oye, Christa.- habló Sasha, obteniendo la atención de la rubia.- ¿Qué harás en tus vacaciones?
Como si la voz de Sasha hubiera causado una tormenta, el viento sopló fuerte, haciendo que el cabello le estorbara en la cara, aunque lo tenía amarrado en una coleta. Miró a la rubia pero ésta no había avanzado y se había quedado unos pasos atrás, mirando hacia la nada.
-Christa-
-¿Qué pasa?- fue la voz cálida de Ymir y su mano acomodando su cabello la que la obligó a relajarse. Fue como si sus problemas se hubieran ido por un instante, y ese instante siguió cuando Ymir volvió a hablar.- ¿Hay algo que no entiendas?
Y precisamente ese había sido el problema, sus intentos desesperados por acabar el proyecto en una sola noche la habían hecho cerrar su mente y no había podido entender algo que quizá en otro momento le habría parecido de lo más simple.
-¿Es algo que yo te pueda explicar o prefieres entenderlo por tu cuenta?- preguntó amablemente Ymir, algo que desconcertó mucho a la menor.- mira, que no haya cursado muy bien mis materias no significa que sea estúpida, tal vez pueda entenderlo.
-No es eso.- replicó rápidamente Christa, esta vez con voz más calmada, algo que Ymir había querido lograr.- ¿por qué quieres ayudarme? Esa era mi inquietud, no creo que seas tonta Ymir, eres capaz de muchas cosas pero… no entiendo por qué quieres involucrarte en mis tareas.
-Sólo en esta, no planeo gastar mi tiempo en todos tus proyectos enana.- respondió la castaña de una manera juguetona, algo que hacía las cosas normales en el ambiente.- pero primero hay que salir a comer algo, me muero de hambre.
-Por un momento creí que había oído hablar a Sasha.- comentó Christa, sonriendo.
-¿Cuándo tienes que entregar tu proyecto?- preguntó Ymir, tratando de sonar despreocupada.
-En un par de días.- respondió la rubia, sintiéndose un poco apurada.
-¿Crees que puedas continuar mañana?, te ayudaré en lo que necesites, sólo… enserio necesitas descansar, deberías verte en un espejo si no me crees al decirte que te ves fatal.- dijo Ymir mientras abría la puerta de la habitación, miró a Christa ir corriendo en busca de un espejo, realmente se tomaba muy enserio las cosas.- Bromeo.- se apresuró a agregar.- sólo se te notan los ojos un tanto cansados, necesitas dormir.
-No sé si pueda dormir con tanto estrés.- replicó Christa, sobándose un poco el cuello.
-¿Quieres que te de un masaje o algo parecido?- preguntó la más alta, divirtiéndose con el rubor que formaba parte de las mejillas de Christa al haber escuchado su broma. Rio casi a carcajadas y rodeó a Christa por la nuca.- Cuando esto de los exámenes termine, cásate conmigo.- añadió para después seguir riendo, tratando de confirmar que sólo había sido una broma.
-La verdad es que no planeo hacer nada.- respondió tratando de mirar a Sasha a los ojos tratando de mantenerse en una posición la cual no la preocupaba, pero eso empeoraba las cosas.- pero, tengo que arreglar unas cosas para conseguir un lugar donde quedarme en las vacaciones y después volver al colegio, supongo que no puedo quedarme aquí toda la vida.- trató de bromear, pero Sasha estaba atónita.
-Estás loca si crees que dejaré a mi pequeña diosa pasar una navidad más sola en quién sabe dónde, con Dios sabe quiénes.- a Christa no le agradaba cuando Sasha utilizaba el término de "diosa" en ella ya que no se creía para nada a sí misma como tal, pero ese no era el momento de reclamarle nada.- vendrás en las vacaciones conmigo, conocerás a mi madre y tomaremos chocolate caliente con malvaviscos quieras o no.
-No tienes que hacerlo sonar como una orden, arruina el momento.- arguyó la menor, al mismo tiempo sintiéndose alagada por la invitación.
-Pues lo es, y no quiero volver a oírte hablar así, sabes que en mi casa siempre habrá un espacio para ti, incluso aunque yo deje de seguir viviendo ahí.
-No exageres.- contestó Christa, dando un suave golpe en el brazo de la castaña.- iré pero no me hagas quedarme con tu casa.
-¿Qué tiene de malo mi casa?- preguntó Sasha, tratando de seguirle el paso a la rubia que se había adelantado.
-Nada, ni siquiera sé cómo es.
-Es por eso que debes ir.
Un gran regalo de navidad para mí sería que comentaran por favor, me ayudaría a seguir escribiendo. Acepto críticas y sugerencias, gracias por leer.
-Felices fiestas-
