Los personajes de esta historia no me pertenecen.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash), si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura. Es un Aiolia/Máscara de Muerte.
Este capítulo tiene relaciones m/m explicitas, slash. Alerta roja.
Capítulo 10. Te he dicho que no mires atras
Máscara de Muerte regresó al Santuario teleportándose hasta la base del Santuario, al pie del monte. Si bien era algo agotador y no exento de riesgos, no había querido perder el tiempo en el avión, y detestaba viajar.
El sol se ocultaba en las laderas del monte, anochecía en Grecia, aunque había dado a entender que regresaría ese día sobre el mediodía. Máscara respiró hondo y semisonrió, Saga debía estar subiéndose por las paredes. Necio, cualquiera diría que después de tantos años debería haber aprendido que Máscara de Muerte nunca había faltado a su cita con el destino. Jamás, ni una sola vez. Mes tras mes. Año tras año.
Esta vez Máscara necesitaba tener otro tipo de cita.
Sintió un pinchazo frío, como si le hubieran clavado un carámbano en las entrañas, no era una sensación desconocida. La luna agonizaba en el cielo, dejando apenas un destello de su existencia, de hecho muchos dirían equivocadamente que era luna nueva, pero en verdad aun se podía adivinar su presencia, mañana no habría luna, quedando en oscuridad completa, la guardiana se desvanecería.
Solo quedaría un guardián. Él mismo.
El frío se adueñó de él desde dentro, ahogándole, estremeciéndole. Era un frío antinatural, como si estuviera envuelto en una mortaja helada de la que no podía librarse. Era una llamada, una advertencia de que su cita estaba próxima. La Casa de Cáncer, cuarto templo, le mandaba un mensaje, su señal.
Necesitaba calor. El sol.
Aiolia mareaba la ensalada en el plato con desgana y no poca impaciencia. La conversación con Saga le había perturbado notablemente.
En cuestión de un mes Máscara se había convertido en el centro de la vorágine de sus pensamientos, y ¿por qué no?, de su vida. Hoy incluso había estado dando vueltas de su templo al del otro hombre, aguardando su regreso, pero no había tenido lugar. ¿Dónde se había metido?. ¿Por qué se había retrasado?.
Desistió de seguir intentando cenar y apartó el plato a un lado. Estaba nervioso, inquieto, sentía tensión en el ambiente. Como si algo se aproximara, un suceso, un acontecimiento inesperado. Era extraño, no estaba seguro de lo que significaba.
Como respondiendo a sus inquietudes alguien aporreó la puerta de su templo.
Aiolia se puso en pie de un salto y corrió hacia el portón, lo abrió de par en par, sin pensar en lo curioso que era lo que le entusiasmaba la idea de que fuese Máscara. Y así era, allí, ante su umbral, estaba Máscara de Muerte. Aiolia sonrió, despejado su nerviosismo.
- ¡Hola!. Ya has vuelto.
Máscara estaba sorprendido, Aiolia se veía radiante, parecía... alegrarse de verle. No estaba acostumbrado a que alguien se alegrara de verle, al menos no con sinceridad. Era algo nuevo, y agradable pese a lo sorprendente de la reacción. Claro que Aiolia y él siempre parecían sorprenderse mutuamente.
- Pasa.- Aiolia se apartó y Máscara aceptó la invitación.
Aiolia cerró la puerta y se volvió hacia su invitado.
- Creí que volverías mas pront... ¡Mmh!
Máscara no le dejó continuar, tomando sus labios al asalto con ansiedad. Parecía incluso desesperado, Aiolia apenas podía reaccionar en tanto Máscara le aferraba la cintura y devoraba sus labios, raspando con los dientes e incluso llegando a morder, parecía querer devorarle vivo allí mismo. Aiolia tuvo que hacer uso de toda su fuerza para apartarle, los dedos de Máscara se hundían como garras en su piel.
- ¡Basta!.- Sentía su sangre en la boca, algo que parecía ser dolorosamente habitual en sus encuentros con Máscara.- ¿Qué diablos te pasa?
- Nada.- El caballero de Cáncer volvió a buscar su boca pero Aiolia apartó la cara.
- No es "nada", estas... muy agresivo.
- ¿Cuál es el problema?.- Máscara frunció el ceño, enfurecido por verse negado.
- No vamos a retozar como animales.- Aiolia se plantó.- Y no vamos a acostarnos juntos esta noche.
Finalmente iban a hablar, quería hablar con Máscara. Quería... bueno, por extraño que pudiese ser, quería algo más que sexo descontrolado. En breves ocasiones Máscara había demostrado que podían hablar, e incluso congeniar, el atractivo físico que sentían el uno por el otro no tenía porque ser todo. Aiolia no era un romántico, pero no quería caer en algo que solo era lujuria ciega. Tanto Máscara como él podían verse tal como eran, ser algo mas que enemigos o amantes, podían llegar a mucho más. En su compañía se sentía liberado, quería que compartieran mucho más.
Aiolia no era una persona que se conformara con un poco o aceptase quedar a medias tintas. El león quería la presa entera.
- Oh, por favor.- Exclamó Máscara con exasperación y cierto desprecio.- A ti te ha gustado, a mí también. No somos doncellas precisamente, espabila.
El caballero de Leo no se dejó provocar, eso era lo que quería Máscara, que se le encendiera la sangre, daba la impresión de que a veces no le importaba pelear o fornicar. Aquel hombre buscaba liberación en el sexo, y si no lo encontraba en él entonces buscaría su paz en la violencia. Aiolia sabía que él mismo podía caer en aquella falsa liberación, pero no lo permitiría, ni en él mismo ni en Máscara de Muerte.
- Espabila tú. Sea lo que sea lo que te atormenta no se calmará de esta manera.
Entrecerró los ojos amenazadoramente, convirtiendo sus ojos en rendijas rojas, un gruñido salía de su pecho. No necesitaba las reservas de Aiolia, no ahora, quizá en otro momento, pero no hoy, no con su destino tan cerca, no con la luna cegada en el firmamento. No estaba de humor, tenía frío, y el sol parecía negarse a darle calor.
- Habla conmigo.- Invitó Aiolia.
- ¿Hablar?.- Máscara mostró los dientes exhibiendo los colmillos en un receso animal.- ¿De qué demonios quieres hablar?. ¡No necesitamos hablar!. ¿Quién te has creído que eres?
- ¿Qué quieres que hagamos, Máscara?. ¿Pelear durante el día y acostarnos juntos de noche?. ¿Usarnos del uno al otro para calmar nuestros respectivos odios y amarguras sin llegar a ninguna parte?. No soy tu ramera, ni tú eres la mía.
- ¡Basta ya de filosofía!. ¿Cuántas veces tenemos que pelear para que lo entiendas de una vez?.
- No vamos a pelear. No vamos a hacernos mas daño, y sé... que si nos acostamos de esta manera tan... impetuosa, nos haremos daño.
El caballero de Cáncer parecía demasiado desesperado, demasiado fuera de sí. Algo andaba mal, algo malo le ocurría, parecía como si hubiera vuelto a ser el Máscara enloquecido de su primer enfrentamiento, como si el progreso de los últimos días hubiese desaparecido. Tenía ese brillo de locura en los ojos, como una bestia rabiosa.
- ¿Qué te ocurre?.- Murmuró Aiolia preocupado.
- ¡Nada!.- Se apoyó en la pared.
Máscara se sentía mareado, había esperado algo diferente, había esperado ir con Aiolia al dormitorio, compartir una noche de pasión, calmarse, sentirse bien, volver a sentirse como la última vez, así de bien, así de calmado. Pelear había sido la última de sus intenciones, pero ahora que Aiolia le rechazaba se sentía tan tan... traicionado... angustiado... Había contado con aquello, había esperado... Se lanzó a atacarle, rabioso, pero Aiolia le esquivó con facilidad, zancadilleándole y haciéndole caer al suelo aparatosamente. Máscara gruñó, herido mas en su orgullo que otra cosa, pero herido al fin y al cabo... se incorporó sobre las manos, mirando el suelo.
¡Maldito fuera Aiolia!. No quería... le había atacado, pero esto ya no servía, no le servía de nada, la violencia no estaba sustituyendo el vacío como solía... Aiolia tenía razón... maldito fuera tenía razón... era inútil seguir luchando. Pero quería... necesitaba lo que Aiolia le había mostrado con besos y sensualidad, aquel calor... ¡era cruel darle una muestra y luego negárselo!.
La expresión de Máscara se tornó miserable, sus hombros bajaron en una pose derrotada. El frío volvía a él, calándole hondo, no cesaría hasta el amanecer, cuando el sol alejara las sombras. Ahora Aiolia le había abandonado.
- ¿Máscara?.- Aiolia sintió un nudo en la garganta y se acercó a hombre arrodillado.- ¿Qué ocurre?
- ¿Qué importa?.
Aiolia se arrodilló frente al otro hombre, quería mirarle a los ojos a la misma altura, como iguales. Personas parecidas que habían odiado demasiado, que habían sido odiados y que no podían encontrar mas consuelo que en el otro, y debían encontrarlo, porque se lo merecían.
- Importa. A mí me importas.
- No somos amigos.
- Tampoco somos enemigos. Y yo ya no te odio. ¿Me odias tú?
- Nunca te he odiado.- Máscara cerró los ojos.- Les he odiado a todos los demás, pero a ti nunca. No era odio, era diferente.
Quizá de la misma manera en que Aiolia mismo resentía a los caballeros de oro por su hipocresía, excepto a Máscara. No había habido odio entre ellos, no un odio resentido, era una rabia feral de dos animales heridos que se reconocían en el otro... y no les gustaba lo que veían.
- No tenemos termino medio¿sabes?.- Aiolia soltó una risilla desprovista de humor.- O bien nos matamos a golpes o nos acostamos juntos.
- Sol y luna. ¿Qué esperabas?.- Convino Máscara, semisonriendo pero igualmente sin verdadera alegría.
Aiolia se adelantó y rozó los labios de Máscara con los suyos, tentativamente. Cuando el otro hombre no hizo ademán de ser agresivo, Aiolia le dio besos suaves, no eran de pasión, eran de compartir algo. Consuelo, afecto.
- Me gusta tu compañía cuando no te obstinas en atacarme.- Susurró contra sus labios.- Y me gusta tu sentido del humor cuando no te metes conmigo.
Máscara se dejó besar, sentía que se relajaba por la simple cercanía de Aiolia.
- Me gusta tu pícara sonrisa, me gustan esos guiños maliciosos, me gusta el atrevimiento con el que hablas, me gusta tu falta de respeto hacia la autoridad, me gusta que seas deslenguado, me gusta... me gustan un montón de cosas de ti.
El caballero de Cáncer pasó los brazos sobre los hombros de Aiolia, sintiendo que el vacío en su interior se desvanecía, de una forma que nunca había imaginado, cuando usaba la violencia, o el sexo, la nada parecía llenarse como una ola brusca que le calmaba y luego retrocedía con las horas... ahora parecía ir llenándose poco a poco...
- Máscara...
- ¿Mmh?
- Ahora es cuando tu dices algo bueno de mí.
Máscara soltó una carcajada sincera que Aiolia acompañó, finalmente el caballero de Cáncer pensó un momento y apoyó la barbilla sobre el hombro de Aiolia.
- A ver... me gusta que enfades y le grites incluso al patriarca, me gusta que me contestes sin miedo, me encanta cuando tomas tus propias decisiones al margen de los demás, me gusta tu sonrisa franca, me gusta tu testarudez... sigh... no sé que más decir, tampoco eres tan maravilloso.
Ambos rieron quedamente, abrazados, tal y como se habían abrazado aquel día en la arena del coliseo. Ahora a Aiolia el corazón le retumbaba en el pecho. Así era como había empezado aquella extraña relación. Aiolia tragó saliva y se arriesgó, ahora o nunca, no tenía sentido engañarse por mas tiempo. Por fin tenía un nombre para aquello.
Hermano¿qué es el amor?El amor es una emoción como ninguna otra, Aiolia, es una sensación que nos hace reír, llorar, abrazarnos y pelearnos, nos hace débiles y fuertes, delicados y duros, nos completa y es un bien tan preciado que perderlo es devastador.
No lo entiendo. Eso no tiene sentido.
Muchas veces el amor no tiene sentido.
- Máscara, creo que te amo.
Máscara se tensó en sus brazos inmediatamente, como si se hubiera electrocutado. Aiolia temió que reaccionara con violencia, pero el caballero de Cáncer acabó por relajarse y besarle levemente en el cuello, en un poco habitual gesto de ternura que fue todo un alivio para Aiolia, que aspiró hondo al darse cuenta de que había contenido el aliento.
- Sigh.- Máscara suspiró.- No te creo.
Máscara no quería que estallara aquella burbuja en la que estaban, pero sabía que estallaría tarde o temprano. Aiolia le amaba, y Máscara, no sabiendo nada sobre el amor, solo podía suponer que lo sentía no podía ser amor, después de todo¿no era conocido el amor por ser difícil de describir o precisar?. Aiolia debía de estar tan confundido como él mismo, no tenía idea de lo que sentía por Aiolia, ni siquiera sabía si existía una palabra para ello.
- ¿Por qué no?.- Aiolia no se enojó por la respuesta, había sonado exhausta y triste, no burlona. Máscara no le creía, pero no era por maldad.
Máscara se estremeció con un temblor interior. El frío había desaparecido, pero no por eso había olvidado la cita que tenía reservada mañana, en su templo, como guardián de la Casa de Cáncer. Aquella era una guardia solo para él.
Pero ahora se sentía mas fuerte para enfrentarla. Gracias a Aiolia. Pero no podía ser nada mas que aquello, calma, consuelo, era eso.
Antes había confiado, hacía muchos años había confiado en otras personas, incluso había querido a esas personas, y estas le habían dicho que le querían. Saga y Aiolos por ejemplo. Habían dicho que le querían... y le habían traicionado. Le habían abandonado.
No soportaría eso mismo de Aiolia. No podría soportarlo.
- ¿Máscara?. ¿Por qué no?
- Porque no puedo.- Se limitó a responder.- Es algo que no puedo permitirme creer.
No necesitaba decir más. Sabía que Aiolia también había sufrido sus propias traiciones. Cuando aquellos que se habían hecho llamar sus amigos le habían dado la espalda cuando su hermano había sido muerto por traición.
- Pero yo...
Máscara le acalló besándole, pero no fue violento ni exigente. Quería aquella paz, ahora lo entendía, Aiolia le había mostrado otro modo de calmar su dolor, en aquel afecto, aquella complicidad, le dejaría hacer las cosas a su manera.
- No digas más. Por favor.
El "por favor" fue suficiente de momento. Aiolia aceptó el beso y correspondió, peinando los erizados cabellos de Máscara en tanto este hacía otro tanto con sus mechones ensortijados. Se besaron largamente hasta que tuvieron suficiente presencia como para ponerse en pie y dirigirse al dormitorio.
Se desnudaron el uno al otro, sin prisas, sin ansiedad, seguros de lo que hacían, libres de la necesidad de apresurarse para no tener que pensar en lo que estaban haciendo o lo que iban a hacer. Se miraron, se acariciaron, se recorrieron con los dedos, sintiendo mas la presencia del otro, su compañía. Máscara tomó la mano de Aiolia y la guió hasta sus labios, besando los dedos uno por uno, haciendo que Aiolia se ruborizara, rubor que aumentó cuando Máscara chupó uno de sus dedos tomándolo entre sus labios.
- Pensé que podríamos... cenar y... dormir.- Susurró.
- ¿Quieres eso aun?
Aiolia negó vigorosamente, haciendo reír a Máscara. Aiolia se tomó inmediata venganza, le abrazó uniendo sus cuerpos y moliendo vigorosamente sus caderas, Máscara gimió y le besó con más ímpetu, en tanto la lujuria y la ternura se unían en una sola emoción.
Podía ser amor. Máscara se mordió el labio. Pero no podía aceptarlo. No podía.
Los dos hombres se unieron en un remolino de piel, deseo y lujuria. Se tocaron como si desearan memorizar cada rincón, o temieran olvidarlo, se masturbaron y se frotaron el uno contra el otro con lentitud, como un vaivén, como la marea, masajeándose sensualmente.
Aiolia pensaba que no podría ser aun mejor cuando Máscara le tendió sobre la cama y se acomodó sobre su cintura, frotando sus hombrías.
- Aiolia tienes... – Susurraba aunque no hacía ninguna falta, pero eso hacía su voz más sensual.- ¿Tienes alguna lubricación?
El rostro del caballero de Leo se puso tan rojo que Máscara sonrió encantado, sonrisa que se ensanchó cuando Aiolia metió la mano en la mesilla de noche y sacó un tubo.
- Es crema de manos.- Se defendió Aiolia.
Máscara no comentó nada, pero su ceja elegantemente elevada lo decía todo. No obstante su expresión se tornó rápidamente placer y gemido cuando Aiolia acarició su entrada con los dedos, extendiendo la fría crema.
- ¿Estas seguro?
- Si...- Gimió cuando le penetro con los dedos, elevándose para facilitarle el acceso.- Nunca había estado más seguro.
Momentos después Máscara se movía sobre Aiolia, sus cuerpos unidos en la penetración, moviéndose en una candencia constante, deleitándose en el placer mutuo de sus movimientos sincopados. Sintiéndose uno, por unos momentos podían ser solo ellos dos, lejos de todo. Mirándose, sin apartar la vista ni cerrar los ojos, porque no era solo placer, no era solo sexo, era una reunión, eran dos y aquello no tenía ningún sentido si perdían de vista al otro. Enterraban en pasado, las dudas y la rabia, enterraban todo lo que les detenía. Lo enterraban en la oscuridad.
En el orgasmo Aiolia se incorporó bruscamente, aferrando a Máscara contra su cuerpo con tanta fuerza que parecía querer fundirse con él, elevando las caderas para penetrar mas profundamente a su amante, haciendo que este se estremeciera de pies a cabeza derramándose entre sus apretados cuerpos.
- Máscara... te amo... no me importa que no me creas.- Jadeó Aiolia.- Te juro que me sería imposible sentir algo así con alguien a quien no amara.
Máscara no respondió temiendo aceptarlo, cosa que no debía hacer. Se limitó a besar la coronilla de Aiolia, intentando transmitir aquello que no podía con palabras. Porque no podía arriesgarse a dar más. No se lo permitiría. No podía creerle.
Ambos se tendieron en el lecho, exhaustos, satisfechos. Máscara se abrazó a la cintura de Aiolia, se sentía bien, el frío no estaba, calmado por aquel hombre bendecido por el sol. Sabía que su destino no había cambiado, pero se había vuelto soportable.
Una noche sin luna una vez al mes. Podía soportarlo. Podía siempre y cuando Aiolia jamás lo supiera.
Nota de la autora: Uff, ha pasado mucho tiempo desde mi última actualización, lo siento de veras, sé lo fastidioso que puede ser pues yo leo muchísimos fanfics en proceso, pero entre las fiestas navideñas y volver a la universidad no he tenido tiempo ni inspiración para escribir.
A este fanfic no le quedan mas que dos capítulos y la musa no está siendo amable conmigo últimamente, me cuesta sacarle buenas ideas. Me esforzaré en no quedarme a medias tintas.
Muchísimas gracias por los reviews, han sido muy halagadores y me han animado mucho cuando la musa me ha abandonado un poco, en este capítulo he querido resolver un poco la relación tan rara entre Máscara y Aiolia, espero que no haya quedado forzado y fuese lógico. Y en el próximo capítulo sabremos que pasa con la luna nueva.
Feliz año nuevo a todos, espero que hayan tenido magníficas celebraciones y enfrenten el año nuevo con decisión.
