Título: Lo que se dice y lo que no se dice (Epílogo)
Notas: Un saludo de Año Nuevo para todos. Espero que hayan pasado unas bonitas fiestas.
Lo primero que hice la mañana de Año Nuevo, fue patear la puerta de Kuroo. En retrospectiva, no era una buena idea, pero en ese momento, no estaba pensando muy claramente. Lo único que tenía en la cabeza era la música que había tenido durante toda la noche y buena parte de la madrugada… No, más bien, toda la noche y toda la madrugada. Sólo apagó ese maldito radio suyo cuando los primeros rayos del sol se asomaron. Aproveché para dormir un poco más, pero solo tuve los ojos cerrados durante unos cinco minutos y luego escuché una sartén que caía al suelo. Ya fue suficiente, pensé, y me levanté dispuesto a patear el trasero de ese maldito felino.
Y el mentado felino había dejado la puerta de su cuarto cerrada. Cuando la pateé, tembló un poco. Esa debía haber sido mi señal para detenerme, pero, no, yo no me detengo cuando me dicen que me detenga. Y le di otra patada a la puerta. Esta vez, funcionó, la puerta se abrió con un chasquido, la detuve para que no rebotara en mi cara y abrí completamente.
—¡Tetsuro! —exclamé y me encontré con la cama hecha. Varios pares de zapatos perfectamente alineados junto a ésta, la ropa sucia amontonada sobre una silla sucia en la esquina, el forro de las gafas de Tsukishima en la mesita de noche. Y ni una señal de ninguno de los dos.
La rabieta que vino a continuación no es uno de mis momentos más brillantes, sólo estuvo justificada por mi falta de sueño y estrés. Sin embargo, también estuvo acompañada de una sarta de palabrotas cuyo origen le podía agradecer a Bokuto.
—¿Cuál es tu problema? —me preguntó Iwa-chan. Volví a mi cuarto, no estaba para nada calmado y para rematar, cojeaba. Me dejé caer sentado en la cama.
—Kuro-chan salió.
—¿Y por eso te pones así?
—Quiero asesinarlo, Iwa-chan. Por su culpa no dormí nada anoche.
—No parecía que tuvieras mucho sueño de todas maneras —contestó Iwa-chan—. Estabas pateando la puerta… ¿Puedes hacer algo más ridículo que eso?
Preferí examinar mi pie a contestarle. Iwa-chan se sentó y se estiró para ver el daño. No parecía ser grave, dolía un poco cuando lo tocaba y la piel estaba enrojecida, pero no era algo de lo que tuviera que preocuparme.
—Si se inflama, tienes que colocarte hielo —me dijo Iwa-chan. No había necesidad que lo dijera, ya lo estaba pensando yo. Pero le agradecía esas pequeñas cosas de todas maneras.
—Sí, mamá —contesté. Me gané un golpe en la cabeza como premio a mi genial respuesta. Eso y un "ojalá te hayas roto todos los dedos".
Iwa-chan volvió a acostarse, tratando de dormirse de nuevo. Al cabo de unos segundos, hice lo mismo.
. . . .
El día anterior, Makki y Mattsun nos habían enviado una foto desde alguna ciudad de Brasil. Cada uno había escrito sus deseos para año nuevo y nos había felicitado por el inicio de nuestra relación. Y aunque me preguntaba en qué momento Iwa-chan y yo habíamos iniciado una relación y en qué momento le habíamos contado a esos dos, acepté sus felicitaciones sin más. Iwa-chan, por su parte, se sonrojó de una forma casi adorable y balbuceó algo ininteligible. Al final, se rindió en su búsqueda de palabras e hizo como yo, lo aceptó sin protestar.
Más tarde, Kuroo le pidió a Iwa-chan que comprara un montón de cosas, me ofrecí a acompañarlo, pero Bokuto y su grupo fueron más rápidos y partieron con Iwa-chan antes de que yo pudiese decirle algo.
Luego, Kuroo me miró fijamente, sonriendo.
—Y, ¿ustedes dos en qué andan? —me preguntó. Tsukishima hizo como que no le interesaba, sin embargo, cuando escuchó mi gruñido, levantó la mirada de su celular y la dirigió hacia mí.
La mirada de Kuroo cuando tiene curiosidad es intensa. Tiene los ojos entrecerrados y no los mueve ni un milímetro mientras los fija en los míos, calculando cada movimiento, cada duda e incluso, estoy seguro, cada una de mis respiraciones. También estoy plenamente seguro que cuenta los latidos de mi corazón y todo. No sé cómo lo hace, pero siempre sabe cuándo miento, cuándo digo la verdad a medias o cuando estoy siendo sincero; siempre con exactitud.
Y si la mirada de Kuroo es intensa, la de Tsukishima no se queda atrás. Mientras Kuroo se fija en mis ojos, Tsukishima se concentra en el resto de mi cara y mi cuerpo. Ambos me recuerdan a un tipo de una serie de televisión americana que detectaba cuando las personas mentían al ver ciertas minúsculas expresiones. Recuerdo que, después de ver una maratón de la serie, Makki se obsesionó con ello. Quizá le haya enseñado algunos trucos a Kuroo.
Bajo ese par de miradas, no puedo escapar. Da igual intentarlo, seguro que como ambos eran excelentes bloqueadores se las arreglaban para evitar mi salida incluso antes de que yo hubiese podido intentarlo. Así que no tenía más opción que contestar.
—Estamos ahí —fue mi respuesta evasiva. Tsukishima resopló.
—Incorrecto —dijo Kuroo—. Cero puntos para ti, Tooru.
—¿De qué hablas?
—Hablo de que hay algo más que no nos quieres decir.
—A duras penas han pasado dos semanas, ¿qué quieres que te diga?
—Que lo amas y que nunca lo dejarás ir, que es lo mejor que te ha pasado en tu vida. Esas cosas.
Podía admitir las dos últimas cosas. La primera, tampoco resultaba difícil, pero resultaba un poco extraña, dado el poco tiempo que llevábamos saliendo.
—Kuro-chan… —empecé. Kuroo negó con la cabeza.
—Díselo, Kei —. Tsukishima suspiró pesadamente, e hizo una pausa, como tratando de recordar algo.
—Díselo tú, Tetsuro. Ya te dije lo que Iwaizumi-san dijo.
—¿Ves? Es tan cursi que ni siquiera Kei lo quiere repetir. Quién se iba a imaginar que Iwaizumi es todo un romántico…
—¿Qué dijo? —interrumpí, con cierto temor. No me daba miedo lo que hubiese dicho, creo que mi mayor temor era sentirme abrumado por lo que fuera que hubiese mencionado.
—Es culpa de Bokuto-san —dijo Tsukishima—. Él le preguntó a Iwaizumi-san… —se interrumpió para mirar a otra parte. Miré a Kuroo, que parecía a punto de romper a reír.
—Le dijo, presta atención, Tooru. Le dijo "¿qué pretendes con nuestro Tooru?" —dijo Kuroo, imitando la voz de Bokuto. Tsukishima sonrió con su imitación, yo crucé los brazos.
¿Qué respondió?
—Yo no estaba ahí, pero Kei me contó. Tenía la cara amenazante y todo. Y cuando Bokuto se pone serio da un poco de miedo, pero Iwaizumi no le hizo ni caso. Respondió así no más, como si estuviera hablando del sabor de la comida.
—¿Con quién estaban?
—Esa es la mejor parte —contestó Kuroo, le hizo una señal a Tsukishima, para que hablara.
—Nosotros tres, Sawamura-san, Suga-san y…
—¿Tobio? ¿El enano? ¿Kunimi? —. Ambos negaron con la cabeza a cada una de mis preguntas.
Kuroo tosió y Tsukishima miró a otra parte, apretando la mandíbula. Ambos hacían un gran esfuerzo por no reír y me pregunté quién podía haber estado ahí que hubiese escuchado la respuesta de Iwa-chan. Me debatí unos segundos, estudiando a cada uno de los rostros que conocía y que viviesen cerca de nosotros, alguien que hiciese parte de nuestro círculo de amigos.
Entonces, recordé que tanto Sawamura trabajaba en un café en el centro de la ciudad. Un lugar bastante concurrido, rodeado de universidades y oficinas. Los trabajadores eran en su mayoría estudiantes de aquellos centros educativos. Las pocas veces que había ido allí, conté siete, incluyendo a las cajeras y meseros, a quienes podía ver fácilmente. De esos, conocía a tres de ellos desde la escuela; el primero, Sawamura, el segundo, Sugawara y el tercero…
—Ushiwaka —murmuré. Kuroo no aguantó más y se dobló de risa. Tsukishima fue un poco más discreto, pero de todas maneras, noté su risita. Me quedé un rato dudando.
—Es que… —. Al ver mi cara de confusión, Kuroo inhalo y exhaló varias veces, para recuperarse—. Es que… Bueno, es que Iwaizumi dijo lo que te acabo de decir. Que te amaba y esas cosas. Y Ushiwaka… No puedo, sigue tú, Kei —dijo y volvió a echarse a reír.
—¿Qué dijo? —le pregunté a Tsukishima.
—Ushijima-san dijo que siempre le había parecido que ustedes dos estaban juntos. Que no sabía por qué hacían tanto escándalo. Bokuto-san le dijo que él sabía de lo que hablaba. Iwaizumi-san se ahogó con su café.
—Ah.
No era tan terrible como esperaba. Ushiwaka siempre hacía las observaciones más obvias respecto a cada cosa y aunque antes sus comentarios me sentaban bastante mal, ahora me parecía que no podía tener más razón.
En fin, quizá yo también debería dar una respuesta.
—¿Por eso me preguntaste eso, Kuro-chan?
—Sí —respondió Kuroo, limpiándose las lágrimas de los ojos—. Quiero saber si es lo mismo para ti que para él.
—Es lo mismo —respondí. Ni siquiera dudé antes de contestar. Kuroo sonrió ampliamente y me dio una palmada en la espalda, Tsukishima pareció satisfecho y volvió a su celular.
Unos quince minutos después, Iwaizumi, Bokuto y su grupo volvían, cargados de paquetes.
. . . .
Iwa-chan decide que las tres de la tarde no es una hora decente para seguir en la cama, y que los contenedores del domicilio que pedimos para almorzar no se irán a la basura por sí mismos. Se levanta despacio, arrastrándose por el colchón como si no quisiera abandonar la cama, en medio de un largo bostezo, tantea el piso con sus pies, buscando algo que ponerse.
Me hubiera gustado decirle que no había necesidad de pantalones o camisetas, pues estamos solos. Opté por el silencio y observarlo mientras se colocaba una camiseta y sin pedirme permiso, sacó un pantalón deportivo de mi armario. Recogió las cajas que están tiradas en el suelo y va a la cocina.
Tomé un baño mientras Iwa-chan hacía lo suyo en la cocina. Me tomé un tiempo más de lo usual, en parte porque esperaba que Iwa-chan entrara también al baño y en parte porque quería deshacerme de la somnolencia.
Lo encontré sentado en el sofá, leyendo uno de los libros que Kuroo había dejado tirados sobre la mesa de centro. El ejemplar se había salvado milagrosamente de la torre de copas que había intentado hacer Bokuto en algún momento de la noche y que había caído cuando a duras penas iba en la tercera fila. Me sorprendía que, a pesar de todo, las copas también hubiesen sobrevivido.
—Esto es interesante —comentó Iwa-chan. Se acomodó en el sofá y continuó su lectura sin prestarme mucha atención.
—¿Te gusta la sicología? —le pregunté, él se encogió de hombros.
—No me gusta, tampoco me disgusta.
—Kuro-chan quiere ser Freud 2.0 —comenté. Iwa-chan sonrió.
—¿En serio?
—No. Pero lo único que conozco sobre sicología es Freud.
Iwa-chan asintió y siguió leyendo. Me senté a su lado, pensando en mi conversación con Kuroo y Tsukishima. Al final, Kuroo me dijo que tenía que decírselo a Iwa-chan, como si fuera de lo más fácil. Y debería serlo, podía decirle muchas cosas a Iwa-chan, pero no encontraba el coraje para esto. Una vez pensaba en las posibilidades, sentía como si me encogiese. Decirlo en voz alta iba a darle un toque más real a todo esto, como si las últimas dos semanas hubiesen sido un sueño y decirle un par de palabras a Iwa-chan fuese a despertarnos. No sabía que realidad me encontraría una vez abiertos los ojos.
Durante estas dos últimas semanas no habíamos hecho nada diferente a lo usual. Una vez la salud de Iwa-chan mejoró, fuimos a la Tokyo Skytree, había ido un par de veces, pero nunca se me quitaría la sensación de que todo lo que veía era nuevo. Estábamos en el mirador, con la vista de la ciudad de noche a nuestros pies, tenía las manos cerradas fuertemente mientras trataba de mirar más allá de lo que daban mis ojos. Era una vista sobrecogedora e impresionante. Iwa-chan puso su mano sobre la mía, un movimiento que pareció casual y ambos miramos al frente, en silencio.
Más tarde, nuestras salidas se habían limitado a restaurantes, uno que otro café, sitios de comida rápida, parques y una memorable vez, una tienda de mascotas. Nunca olvidaré la forma en que Iwa-chan miraba a los cachorros que gemían cuando lo veían pasar. Quizá también hice una nota mental de regalarle uno en algún futuro.
Bueno, tal vez había disfrutado esto bastante y debía decírselo. No podía, como siempre, tratar de expresarlo todo por medio de besos y abrazos.
—Iwa-chan —llamé. Él hizo un ruidito y aunque no cerró el libro, si pude ver que había dejado de leer y solo mantenía sus ojos puestos en la página—. Iwa-chan, yo… Gracias.
—¿Gracias?
—Sí, eso. Yo… yo sé que esto fue repentino y todo, pero tú lo aceptaste…
—No, no, no… Yo no "lo acepté"—. Iwa-chan cerró el libro y lo volvió a dejar en la mesa—. No es como si aceptara cada capricho tuyo, ¿sabes? Todo fue… Bueno, la verdad es que estuve negándolo por un buen rato. Supongo que lo que pasó esa vez fue lo que lo desencadenó todo. Llevaba un par de meses, pensando en… Bueno, en ti y pues… pensé que sería mejor dejarlo ir. Pensé que no quería arruinar lo que ya teníamos.
Me mordí el labio. Yo llevaba toda una vida y él un par de meses. Quizá debimos haber sido más sinceros desde mucho antes.
—No sabía qué hacer después de ese día, entonces Matsukawa se apareció y de repente le solté todo sin pararme a pensarlo. Ni siquiera se sorprendió, me dijo "ve y díselo". ¿Recuerdas que te dije que estaba ocupado?
—Sí, hablaste del armador y los finales.
—En parte era eso y en parte era esa capacidad que tiene Matsukawa de ponerte a pensar en el significado de la vida con sólo dos palabras. Cada vez que hablaba con él me decía que te dijera y bueno, aquí estoy.
—Aquí estás.
—Aquí estoy —repitió él—. Así que no fue repentino, ni cuestión de una noche. Nada de eso. Era algo que se veía venir.
—Mattsun es el nuevo Nostradamus —comenté. Iwa-chan asintió.
Entonces, ya había una parte solucionada. Ahora, venía lo segundo. Decirlo. Tomé aliento.
No es el fin del mundo, Tooru.
—Si es así, Iwa-chan, si venías sintiéndolo desde tiempo atrás, dilo en voz alta.
—¿Decir qué?
—Que me quieres. Que no me vas a dejar ir. Que soy lo mejor que te ha pasado en tu vida.
Quizá Iwa-chan me hubiera lanzado una patada, si no estuviera concentrado en maldecir el momento en que Bokuto y Tsukishima lo habían arrinconado en ese café. También maldijo el momento en que Kuroo Tetsuro y yo habíamos empezado a compartir nuestra vivienda. Yo sonreí. Debería darle un abrazo a Kuroo la próxima vez que lo vea.
—Iwa-chan, ¿es mentira?
—No, es que…
—¡No lo es! —exclamé, emocionado.
—No lo es. Pero no puedes decirme que diga algo y no decirlo tú.
—Es cierto, pero yo te lo pedí primero —contesté. En realidad no importaba quién lo dijera primero, pero este intercambio, esta pequeña discusión, me hacía sentir más cómodo.
—Yo soy mayor —dijo Iwa-chan.
—Solo por un mes o algo así.
—Ah, lo que sea —soltó Iwa-chan en voz baja y se acercó a mí.
Quizá sabía que me gustaba cuando se mordía el labio, o quizá solo lo hacía porque estaba dudando sobre algo. De cualquier manera, se mordía el labio y yo no tuve más remedio que mirarlo, porque Iwa-chan era todo lo que tenía al frente mío y no encontraba algo que me llamara más la atención.
Así que lo miré. Lo miré mientras se mordía ese bendito labio, mientras se acercaba a mí, mientras me empujaba lentamente hasta que estuve acostado en el sofá.
Me pasó una mano por el cabello húmedo y acercó su rostro al mío, hasta que pude sentir su respiración sobre mi nariz. Se dejó caer con toda la suavidad de la que era capaz y sentí su respiración sobre mi oído izquierdo. No sabía qué hacer con mis manos, opté por abrazar a Iwa-chan, indicarle que mantuviera esa posición por el tiempo que quisiera, que no se moviera, que su peso no me incomodaba en lo más mínimo. Iwa-chan comprendió el mensaje y susurró mi nombre en mi oído. Escuché un suave "Tooru" y luego un largo suspiro.
—Te quiero. No te voy a dejar ir. Eres lo mejor que me ha pasado. Debí decirlo antes —dijo, sin tomar aliento. Sentí como la temperatura de sus mejillas subía y supuse que se había sonrojado. Sonreí y llevé una mano a su cabeza, enredando mis dedos en su cabello.
—Ah, Iwa-chan, que cursi —. Iwa-chan gruñó y movió un pie, como si me diera una patada. El poco entusiasmo del gesto me pareció gracioso.
Me removí. Iwa-chan se levantó, ya no estaba sonrojado. O al menos sus mejillas no estaban tan rojas como creía que estarían.
—Y tú, ¿qué? —me preguntó. Yo no le presté atención, acababa de descubrir algo.
—Sigue hablando.
—¿Qué quieres que diga?
—Lo que sea…
—Idiota —me dijo y a pesar de todo, siguió hablando. No sé qué dijo, sólo sé que estaba perdido en la forma en que su pecho vibraba con cada palabra, cuando puse la mano sobre su espalda, cerré los ojos y me concentré en la sensación, mientras Iwa-chan divagaba. Sentía la vibración en su pecho y espalda, el susurro de cada "s" que pronunciaba, la forma en que sus dientes y labios se juntaban con cada "f", el círculo que formaba con cada "o". La forma en que decía "Oikawa" una y otra vez, o cuando se le salía un "Tooru" y se sorprendía, como si fuera un milagro.
—Te quiero —le dije—. Eres un gorila, pero te quiero, Iwa-chan.
Iwa-chan rio y yo lo besé. Ya le diría el resto después, en ese momento, me concentré en hacer lo que sabía hacer mejor con Iwa-chan, transmitirle el mensaje con un beso, un toque, una risita. Halé levemente su pelo, mi otra mano fue a parar a su cadera y se abrió paso por debajo de la camiseta, subiéndola, hasta que se la quitó. Se acercó a mí de nuevo y lo abracé, mientras besaba mi cuello.
Te quiero. Iwa-chan descendió hasta mi abdomen, deshaciéndose de mi propia camiseta en el proceso.
No te voy a dejar ir. Lo volví a abrazar, esta vez también lo rodeé con mis piernas. Mi cuerpo reaccionando a cada toque, a cada palabra, a cada sonido.
Eres lo mejor que me ha pasado. Me susurró que no me preocupara, que todo iría bien, reí y él me besó. Sus manos descendieron lentamente por mi cuerpo. Ahogué mi gemido en otro beso.
Notas: Bueno, he aquí el prometido epílogo que pone punto final a esta historia. Agradezco a todos y a cada uno de los que se pasaron por acá a leer, y dejaron fav o review. Leer los reviews me hacía sonrojar, me hacen sentir halagada.
Que tengan un buen 2016. Y siempre son bienvenidos a estar atentos a cualquier nuevo proyecto que tenga en marcha, (dicho sea de paso, sí, hay uno).
Un abrazo y galletas a todos por llegar hasta acá.
