Sé que me tardé y lo siento uwu Pero no tenía inspiración… Aun así, intenté escribir el capítulo y, bueno, creo que algo le faltó, pero ahora comienza una nueva "etapa" de la historia ~ Espero que les guste ~


–Despierta, Eren –le llamó y el susodicho se movió lenta y suavemente sobre las sábanas.

–Uhm, sí… –bostezó –¿Qué hora es…?

–Casi las diez de la mañana. Ven a comer –le "ordenó", saliendo de la habitación y dejando a Eren con una sonrisa cálida en su rostro.

El menor se acomodó las ropas que llevaba puestas y salió de la habitación de "su jefe", bostezando y sacudiéndose el cabello ligeramente. Cuando llegó a la cocina, se sirvió comida, mientras el licenciado le miraba disimuladamente desde el comedor. Cuando Eren se sentó, sonrió ampliamente.

–Gracias por el desayuno.

–Come o se enfriará –gruñó Rivaille, por sentirse un poco raro al recibir tanta amabilidad.

No cruzaron muchas palabras durante el desayuno, pero de vez en cuando se miraban unos momentos y volvían su vista a su plato de comida. Cuando terminaron, Eren lavó los trastes, pues se ofreció para hacerlo, y Rivaille sacó un cigarrillo de su saco colgado en el perchero de la sala. Estuvo por preguntarle a Eren si le molestaba que fumara tan temprano, pero se arrepintió. ¿Por qué tendría que preguntarle eso? Era su departamento, después de todo… Lo encendió luego de encontrar unos cerillos e inhaló profundamente. Sintió a Eren acercándosele y volteó a verlo.

–¿Puedo? –le preguntó casualmente y Rivaille asintió. Cuando Eren encendió el cigarrillo, se sentó al lado de Rivaille, sobre el sofá. –Es cómodo… estar así.

El mayor no respondió nada. Sólo siguió fumando en silencio… pero estaba de acuerdo. Era cómodo. Se sentía bien. Se había sorprendido un poco cuando vio a Eren fumar, pero no era algo nuevo. Ya lo había hecho.

–Ah… Es raro saber que es el último día del año, ¿no cree?

–No –respondió con suavidad, pero sin restarle firmeza a su monosílaba –Es lo mismo de siempre. Un día más.

–¿Eso cree? Uhm…

–Oye, deja de hablarme de "usted". Es molesto… –le dijo Rivaille, luego de apagar su cigarrillo en el cenicero de la mesa.

–¿Eh? Pero… estoy acostumbrado a hablarle de usted…

–Pues desacostúmbrate. El otro día me llamaste por mi nombre. Vuélvelo a hacer –le miró directamente a los ojos y Eren sonrió nervioso, antes de apagar su cigarrillo.

–Uhm… –balbuceó ligeramente y luego sonrió –Rivaille…

Hubo algo. Un no-sé-qué en el estómago del susodicho. Como un chorro de agua fría que le dio una vuelta a todos sus órganos. El hecho de escuchar a Eren llamarlo por su nombre era… agradable. Le gustaba incluso la forma en que sus labios se habían movido para que tal sonido resultase… Se quedaron en silencio, mirándose con esos ojos que esperaban más que simples palabras. Rivaille se acercó, no lento ni rápido, pero a su tiempo. Y cuando llegó al rostro de Eren, éste cerró los ojos y entreabrió los labios, dispuesto a comenzar un beso. Y así se hizo… Fue uno de esos lentos y cálidos, donde las lenguas apenas se acarician grácilmente, sin esperar mucha fuerza o rapidez. Fue un beso… suave, con sabor a cigarrillo.

Cuando se separaron, al cabo de un muy largo rato, se miraron a los ojos. Eren, sin siquiera preguntarlo ni pensarlo, se acomodó sobre las piernas de Rivaille, de modo que se acunaba en su regazo y recargaba su cabeza en el hombro izquierdo del mayor.

–Me gusta como huele… –dijo Eren, inhalando profundamente sobre el cuello del otro.

Rivaille se quedó en silencio, incapaz de pensar qué hacer. Eren parecía un bebé por su posición, pero era todo lo contrario a eso… Era un hombre y no uno cualquiera, sino uno inteligente, fuerte y perseverante…

–¿Ya te decidiste? –le preguntó Rivaille, con un aire firme, porque realmente no sabía qué tono de voz utilizar.

–¿Perdón…?

–Sobre vivir aquí.

–Ah… –rio Eren y besó ligeramente el delgado cuello que tenía frente a él –Creo que… eso estaría bien –sonrió y abrazó cálidamente al mayor. –Por cierto, ¿no quiere dormir un rato más? Hace frío… –hizo un puchero y Rivaille rio internamente.

–No, yo…

–¡Vamos! –insistió Eren, separándose del otro y mirándolo con una sonrisa –Sólo un rato.

–… De acuerdo –aceptó y miró cómo Eren se ponía de pie entusiasmado y caminaba hasta la habitación del mayor. –Hah –rio, asegurándose de que no le había escuchado y siguió a Eren.

Cuando llegó a su habitación, Eren ya se encontraba debajo de las cobijas y le miraba con esos ojos verdes con cierto brillo… Llegó a su lado y se quitó los zapatos para acomodarse debajo de las telas y miró directamente a Eren. Se acercaban lentamente, viéndose… Hasta que sus cuerpos se ensamblaron a la perfección. Sus aromas se combinaron, al igual que sus respiraciones se sincronizaron. Se quedaron dormidos, sin decir nada.

–¡Eren, si no te apresuras, me largo sin ti! –le gritó desde el comedor, mientras terminaba de ponerse la bufanda gris, debajo del cuello levantado de su saco negro.

–¡Ya voy! –contestó el joven desde el interior de la habitación de huéspedes.

Rivaille suspiró y encendió un cigarrillo. Eran las diez de la noche y habían quedado en ir a las ocho, pero a ambos les falló la memoria y terminaron acordándose cerca de las nueve. Eren llevaba encerrado en la habitación desde que salió de la ducha y no parecía querer apresurarse, a pesar de que el mayor ya había terminado de alistarse hacía buen rato. Llevaba la mitad del cigarrillo cuando el chico salió. Llevaba una ropa bastante casual para un joven de diecinueve años, pero con un aire maduro… Rivaille apagó su cigarrillo y caminaron hacia fuera del departamento.

–¿Qué tanto hacías? –gruñó el mayor, ya dentro del automóvil.

–No sabía qué ponerme… –le confesó, algo incómodo.

Rivaille no contestó y, para cuando llegaron a la casa de Hanji, esa incomodidad creció un poco.

–Creí que seríamos pocos… –susurró Eren.

El interior de la casa tenía cierto aire moderno, pero decorado con colores cálidos y muchos retratos y pinturas en las paredes. La sala estaba un poco a oscuras; el árbol de navidad seguía alumbrando de diferentes colores y había ciertas luces del techo que servían para dar ambiente, así que podía verse perfectamente todo, sin distinguirse brillante. El volumen de la música era bastante considerable y la cantidad de personas lo era aún más. Quizá unas cuarenta o cincuenta… Los asientos estaban todos ocupados, y había cierto olor a cigarrillo y alcohol.

–¡Rivaille! ¡Eren! –escucharon la aguda voz de aquella mujer, aproximándose hacia ellos. –Vamos al jardín –les sonrió y caminó hacia una puerta de vidrio, al lado de la cocina.

Cuando salieron, se encontraron a Auruo, Petra, Erwin, Moblit, Nanaba, Mike. Estaban tomando y conversando; algunos fumaban y reían.

–Sólo estaremos un rato –le dijo Rivaille, sin siquiera mirar a Eren. –Hay mucha gente.

El menor le vio; ¿decía eso porque hacía nada Eren le había dicho que creía que serían pocos, con un tono incómodo? ¿Era por eso? Mierda, a veces Rivaille podía ser considerado por él, pero… comenzaba a fastidiarle un poco. ¿Lo hacía por lo que había pasado con el acosador? Porque si era así, entonces era aún más molesto. Eso ya era historia pasada. A veces, durante las noches, lo recordaba y le daban escalofríos, incluso lloraba a veces, pero ya estaba superado, o por lo menos casi por completo. No le gustaba que Rivaille se sintiera obligado a tratarle de forma "especial"… pero debía admitir que de cierta forma le gustaba…

No tardaron más de dos horas en retirarse. Apenas llegó la hora de gritar "¡Feliz Año Nuevo!" y se retiraron. Rivaille no era el tipo de persona que disfrutaba estar rodeado de gente y, en ese momento, tampoco Eren se sentía del todo cómodo entre tantas personas… más específicamente, entre tantos hombres. Quedaban secuelas de su evento supuestamente traumático, lo afrontaba, pero no quería admitirlo. Quizá por eso tomó un poco más de lo necesario; para sentirse un poco más seguro o relajado. A veces el alcohol es un empujón para desinhibir a las personas.

En una luz roja, Eren miró por la ventana, notando que caían pequenos copos de nieve y suspiró.

–En una semana… es el juicio, ¿cierto? –preguntó al mayor, quien tenía su vista al frente.

–Sí.

–¿Y si lo declaran inocente? ¿Y si tiene influencias y no ganamos? ¿Y si…? –continuó hablando, pero fue interrumpido.

–Voy a encerrarlo por mi cuenta si es necesario, pero lo hará, Eren. No volverá a la calle. Tenlo por seguro.

–Pero…

–Te juré que haría que se pudriera en prisión. ¿Crees que bromeaba? Ese bastardo se arrepentirá de meterse contigo.

Eren le volteó a ver y sonrió al sentir sus ojos un poco húmedos. Inmediatamente dirigió la vista a la ventana de nuevo y se mordió el labio inferior para reprimir una risa nerviosa o una lágrima malaventurada. Si Rivaille decía algo tan serio y con una expresión fría y decidida, ¿cómo podría dudar de sus palabras? Sentía como si la única verdad del mundo estuviera en las palabras de su jefe. En su promesa… En él mismo.

Al llegar al departamento, Rivaille notó extraño a Eren. Como si estuviese absorto en sus pensamientos o intentase recordar algo. Sus expresiones eran tan fuertes que no lograba distinguir qué sentimiento transmitían.

–¿Estás estreñido? –preguntó con un bufido, mientras se sentaba en el sofá, luego de quitarse el saco negro.

–¿Qué? No.

–¿Entonces por qué caminas y mueves la cara como si te estuvieras cagando?

Eren dejó salir una carcajada. Rivaille era divertido cuando decía ese tipo de cosas con una expresión inescrutable.

–Es sólo que… Me estaba preguntando… qué somos –balbuceó un poco y se paró frente al mayor.

–Hombres.

–Sí, bueno, sí… Pero qué somos… qué hay entre nosotros.

–Nitrógeno, óxido de carbono, neón, oxígeno, partículas de polvo, un poco de…

–Rivaille –gruñó Eren.

El susodicho se sorprendió. Sólo un par -literalmente- de veces le había llamado por su nombre… pero esa vez fue firme, frío, serio… Y le dio escalofríos ver de nuevo esa faceta dominante de Eren.

–¿Qué quieres que seamos? –le preguntó, luego de ver los penetrantes ojos verdes frente a él.

–No se vaya por la tajante. ¿Qué somos? ¿Qué me considera?

–No lo sé. ¿Qué se supone que debemos de ser? ¿Amantes?

–No me gusta esa palabra…

–¿Novios…? –preguntó Rivaille, luego de un rato de silencio.

–Suena demasiado cursi… –rio –Pero… supongo que… si usted lo dice…

–No tartamudees. ¿Quieres serlo?

–¿Huh?

–¿Quieres ser mi… eso?

–¿Eso?

–La palabra cursi –gruñó el mayor.

–¿Novios?

–Sí.

–Oh… –susurró Eren, nervioso, pero con una incontenible sonrisa en el rostro.

–¿Quieres o no? –gruñó de nuevo al ver que Eren no decía nada. Quería que esa plática se terminara lo más rápido posible.

–¿No lo somos ya…?

Fue el turno de Rivaille para guardar silencio. Nunca había tenido una plática incómoda desde hacía mucho. Más porque a él nada le hacía sentir incómodo, pero eso… era demasiado para él. No llevaban ni dos minutos hablando y ya sentía la necesidad de irse a la cama o, en efecto más rápido, callar a Eren con un beso. Sí, realmente lo pensó.

–Vamos a la cama, mocoso… –susurró, intentando ocultar su incomodidad.

Pero apenas se levantó del sofá, Eren le tomó del brazo y le obligó a verlo. Estaba cansado de que Rivaille dijese cosas que podía malinterpretar. Aquello podía ser un "Sí lo somos, pero estoy avergonzado de decirlo" o un "No lo somos, pero no quiero herir tus sentimientos". Quería que fuese directo de vez en cuando. Deseaba que le dijese que lo eran, que le quería…

–¿Lo somos sí o no…?

–Eren –respondió fríamente después de un rato –Nos hemos besado. Sueles dormir conmigo en mi cama. Técnicamente vives aquí y te mudarás conmigo, porque yo te lo propuse. Quisiera matar al sujeto que te tocó, pero sólo puedo, bajo la ley, meterlo a la cárcel por el resto de su mierda de vida. Te hago desayuno de vez en cuando, cosa que nunca hago ni para mí. Soporto cuando dejas los trastes sucios o cuando olvidas tu ropa en mi baño. Ignoro cuando me hablas de tu hermana y tus amigos como si fueran lo mejor del mundo. Me como tu comida aunque esté quemada. Cuando no duermes conmigo, me tomo la puta molestia de revisar que estés bien en la otra habitación. Soporto tu risa escandalosa cuando miras tu serie favorita. Te tomo la mano cuando entras en crisis. Te miro a los ojos cuando te sientes perdido. Hiciste que sintiera algo por un hombre, por un mocoso idiota desordenado, por una persona, luego de años siendo un puto hielo. Si eso para ti no es ser mi pareja, entonces no sé qué quieres que haga –se terminó el aire de sus pulmones, algo frustrado por tener que decir tantas cosas innecesarias y vergonzosas.

Eren le soltó, con los ojos bien abiertos y el corazón latiéndole a mil por hora. No sabía que decir…

–¿Sabes qué es lo peor de todo? –preguntó Rivaille, cuando notó la reacción de Eren. –Que nada de eso es una molestia, en realidad. Que quisiera que continuáramos así.

–Yo… Lo… lo siento, n-no… –balbuceó nervioso y Rivaille chasqueó la lengua.

–Sólo cállate –gruñó para, inmediatamente, tomar su rostro entre sus menos y besarlo.

Había cosas para las cuales Lance Corporal Rivaille no podía ser directo, porque si lo era, entonces se pasaba del límite y terminaba diciendo cosas innecesarias o inclusive estúpidas. Para otras cosas podía ser tan directo como se le antojara, pero simplemente, refiriéndose a lo que sentía, era difícil de explicarse. Sabía que ese mocoso le entendía mejor que muchas personas; sus gestos, sus gruñidos y bufidos, sus expresiones que no mostraban muchos sentimientos, sus movimientos con las manos, todo, lo entendía. Pero también estaba consciente de que, bueno, sí… había cosas que no debían dejarse a la libre interpretación. Sobre todo si se trataba sobre algo que a Eren le afectaba…

No volvió a surgir el tema; ni las dudas, ni las afirmaciones. Sólo siguieron como antes y, cuando menos se dieron cuenta, ya era ocho de enero, día del juicio. Aunque Rivaille no le había dicho nada a Eren, había estado trabajando arduamente, investigando, interrogando, husmeando un poco, a decir verdad, planeando… porque, definitivamente, condenaría a aquel bastardo. Y había encontrado algo muy, muy interesante que le serviría mucho durante el juicio…

–No te alteres ni te relajes tanto –le dijo Rivaille en voz baja.

Ya lo habían hablado antes, pero se lo recordaba. Debía decir la verdad, mostrar que Eren se encontraba mal debido al trauma, pero tampoco exagerar. Llorar si era necesario, sería perfecto. Claro, había que ser discretos, aunque suponía que Eren ni en mil siglos lo haría frente al idiota que lo acosaba.

–Todo saldrá bien, Eren –le susurró, antes de que el juez diera por iniciada la sesión.


¿Qué tal? ¿Sintieron que le faltó algo, también? Sean sinceros xD Siento que no me ha salido del todo bien, pero quería subírselos ya porque he tardado mucho… En fin, luego lo compensaré :) Espero que les haya gustado!