Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

El ladrón de corazones

El canto del cisne

—…No, papá. Ya te dije que no podré acompañarte a la cena de esta noche —La voz del otro lado de la línea telefónica murmuró una serie de reclamos a los que no presté atención alguna. Había planes mucho más urgentes en los cuales concentrarse— Sí…sí…ahá…te prometo que en la mañana hablaremos sobre el proyecto…Sí…hoy quedé de verme con Akane y no puedo fallarle…Claro, me he citado con ella para reconciliarnos. Fue una discusión sin sentido, pero ya verás que para el anochecer estaremos juntos otra vez. Es más —Confirmé con un aire de emoción—. Si la suerte está de mi lado, quizás tenga fecha de boda…Adiós…Gracias, voy a necesitarla.

Esta vez me encargué de asegurarme de poner el celular en modo silencioso y enterrarlo en el fondo del bolsillo de mi pantalón. No quería más interrupciones como esa cuando platicara con ella.

Ya casi era la hora y la angustia porque no apareciera me estaba empezando a descontrolar, y sin embargo, no iba a llamarle y pecar de hostigamiento, todo debía surgir de manera natural; tan natural, que ni yo mismo pudiera darme cuenta.

Me recargué nuevamente en la silla, tratando de "alisar" las partes de la camisa que parecían haberse arrugado. Entre más presentable, mejor.

No podía echarlo a perder. Tardé días en lograr que contestara mi llamada, y ahora que había aceptado salir de su jaula, tenía que aprovechar la oportunidad.

Escogí una cafetería aledaña a su departamento. Además de no tener el pretexto de negarse por caminar mucho, contaban con un excelente servicio, y el lugar rebosaba de la intimidad y la calidez de las mesas del interior del local, como del respirar fresco y tranquilo de las mesas de fuera. Engalanado con el espectáculo de ver las hojas otoñales, bailando con el viento al desprenderse de su sitio.

Terminé escogiendo una de las mesitas cuadradas, al aire libre. Con seguridad, a ella le haría mejor el ver algo más que las cuatro paredes de su casa.

"¡Dios, faltaba tan poco!" Demasiados días sin saber de ti y el desespero ya casi acababa con mi cordura. Y todo por culpa de ese idiota que había logrado trastocarte la vida. Aún me parecía increíble ver cómo sufría la persona a la que amabas por alguien que no valía nada.

"Si sólo me dejaras…"

—Hola—. Apareció al frente, recitando un saludo con la voz angelical que poseía.

—Ho-hola, Akane—. Balbuceé, aderezando mi saludo con una sonrisa nerviosa. Me sentí un estúpido por no haberla sentido llegar, por no recibirla como se merecía. Inmediatamente me puse de pie, y después de saludarla efusivamente de mano, proseguí a mover la silla de metal en la que tomaría asiento, frente a mí.

Simplemente hermosa. Enfundada en un vestido blanco sin mangas. Aunque nada tan blanco y terso como la piel delicada al que sólo podía acceder a través del toque de su mano. Que te hipnotiza, te hace querer acercarla a ti y aspirar el dulce olor natural que provenía del interior de sus poros. De esas pieles que te excitan los sentidos sin tener que recurrir a los perfumes baratos y el maquillaje cargado que usan la mayoría de las féminas: una de las tantas razones por las que me hallaba prendado de ti.

—¿Cómo has estado, Yusuke?—. Preguntó tímida, lejana. Buscando un tema de conversación, más por decir algo que por saberlo…Autómata…sufriendo por Ranma, como siempre…Es tan difícil mantenerse en la cordura para disfrutar de la felicidad conseguida, y tan fácil de caer en el vicio de cometer idiotez tras idiotez…y en eso se había llevado las palmas: peor para él.

—Yo estoy muy bien, en un par de días, será la inauguración de la segunda clínica de mi padre aquí en la ciudad, y por supuesto, quiere que yo esté a cargo…Claro que eso será cuando hagamos el examen final de la Universidad, en unas semanas —Después de mi momento de lucimiento, carraspeé, y volví al tema que realmente me importaba—. Pero no te cité para hablar de mí, aquí la que me preocupa eres tú. Llevas tantos días encerrada en tu casa, sin contestar mis mensajes ni las llamadas…Recuerda lo que te he dicho, él terminará reflexionando y vendrá a suplicarte que lo perdones.

—No es por Ranma —Susurró cabizbaja—…es que…no me apetecía salir.

—Akane…—. Tranquilo, pero indicándole claramente que su mentira no funcionaría conmigo.

—En serio—. Y sus labios hicieron el vago intento por curvarse en una sonrisa.

—Akane —Traté de sonar dulce, echando mi cuerpo hacia delante para alcanzar sus manos, unidas en un puño— ¿Sabes lo que es realmente triste? Que respondas a mis preguntas con monosílabos y frases prefabricadas…porque sé que no estás bien, sin embargo, no me dejas ayudarte —Por primera vez, te encontraste clavando tus ojos sobre mí, y tenía razón, era capaz de leer la tristeza contenida que guardabas en ellos—. Me da coraje, porque yo siempre he hecho el esfuerzo de ser un libro abierto para ti, y sé que la amistad que tenemos no te obliga a contármelo todo, pero soy demasiado egoísta y quisiera conocer lo que sientes para saber cómo ayudarte.

—No es que no te tenga confianza, Yusuke, es que y-yo—. Sus pupilas volvieron a desviarse, algo avergonzada.

—…Como amigo, voy a darte un consejo —Le hablé claro— si no es conmigo, me haré a un lado para que busques a alguien a quien le tengas más confianza, mas no te quedes con esos sentimientos guardados, desmoronándote por dentro…no soporto mirarte así…no me gusta ver cómo é..esto te afecta—. También retiré mi vista de ella: necesitaba tranquilizarme antes de decir algo fuera de tono.

—…Le envié los trámites de divorcio hace una semana —Contestó por fin—. Y aún sigo pensando si hice lo correcto.

El cielo y el infierno supieron el esfuerzo sobrehumano que me costó no sonreír en ese preciso momento y lanzar exclamaciones de alegría a los cuatro vientos. ¡Era lo mejor que escuchara en meses enteros!

—Si…si crees que ya le has dado el tiempo necesario, entonces es lo mejor, Akane—. "¿cómo decir una frase tan llena de emoción, intentando que sonara cual si fuera un comentario solidario?"—. Que me disculpe Ranma, pero ya ha ido demasiado lejos. Algún día se dará cuenta de lo tonto que fue al dejar ir lo mejor de su vida.

—Probablemente tienes razón —Alzó la voz— Me cuesta aceptarlo, pero empiezo a creer que ya he soportado lo suficiente—. Sus manos se soltaron de mi agarre para cerrarse en dos puños sobre la mesa.

—Sí, aún necesita madurar. Cambió tanto por una tontería…él dijo que iba a esperar a que tú estuvieras lista, y ve lo que hace, salir corriendo como un niño malcriado y caprichoso al que no le han comprado su juguete.

—¿Sabes?...no lo es…Ranma, yo sé que estaba dispuesto a hacerlo. Soportó la presión de nuestros padres por años, y si esa falsa alarma no hubiese pasado, seguiría igual de seguro…—Su mirada volvió a perderse en un dejo nostálgico mientras proseguía respondiendo—. Simplemente creo que cuando se enteró que podía estar esperando un hijo suyo, sus ideas se revolvieron…quizás, en el fondo, lo anhelaba más de lo que deseaba reconocer, pero jamás se hubiera atrevido a obligarme.

Ella se quedó aún más pensativa, y yo me di el lujo de terminar su frase: "Querría tener un bebé y educarlo lo mejor posible. Para demostrarse a si mismo que no caería en los mismos errores que cometieron con él, que lo haría mucho mejor que su padre"…La típica chica que involuntariamente hacía lo posible por cubrir los errores de su pareja. Él era un idiota y no la merecía, punto.

—Akane, deja de defenderlo. Cierto, es válido cambiar de opinión, no obstante, cuando te estás llevando por las patas un matrimonio como el que tenían, te preguntas si en verdad lo valoraba tanto como tú…

—Es-estoy convencida que sí…—. Cómo envidiaba no ser yo el causante del amor latente que se traslucía por las ventanas castañas de su alma.

—Bueno, qué te parece si dejamos el tema por un rato —Sugerí—. Puedo adivinar que volverás a tu casa y seguirás quebrándote la cabeza por ello, así que olvidémonos de todo por un rato… ¿Quieres un helado o un café?

—¡Claro! ¿Por qué no?—. "¡Por fin!" Esa sonrisa optimista que ansiaba verle, y dedicada sólo para mí. ¿Existía en el mundo algo mejor que eso?

Una señal de mi mano, y después de atender el pedido de otra mesa, una de las jóvenes meseras que atendían el lugar se acercó a la de nosotros.

"Un par de helados de chocolate" Ayudaron a olvidar nuestras penas, y acompañado de temas mucho más alegres y sin gran relevancia que hacer reír al compañero, te llenan de nuevas energías.

Hasta que de algún modo, él aparecía en su vida para volver a remover la herida que apenas empieza a cicatrizar, la que, con el tiempo, tenía intenciones de cerrarle y permitirle abrir los ojos a alguien más.

El teléfono de Akane timbró, y no me hizo falta mas que verle las facciones anhelantes al leer el nombre en la pantalla, para saber quién le llamaba: "Ranma"

Ella musitó su nombre un par de veces; la voz del otro lado nunca contestó…

Quedó tan devastada…y yo me sentí reventar. No porque la dejara hablando sola; no importaba si no había contestado, la llamada significaba que él quería acercarse a mi Akane…y eso no lo iba a permitir, como que me llamaba Yusuke Shiraiwa. Tuvo su oportunidad y la dejó pasar. Y ahora su lugar era el de los perdedores. ¡Que se hiciera a un lado!

Se levantó de prisa y recogió el bolso blanco que había dejado encajado en una de las esquinas de su silla.

—Lo siento, tengo que irme—. Oh, sí, apostaba que guardarías aún más la esperanza de que Ranma viniera a buscarte.

—Akane —Alce la voz, casi gritándole. La tomé del brazo y la atraje hacia mí con un poco de fuerza—. ¡No dejes que te controle!

Provocando que hasta los comensales del interior de la cafetería, nos observaran a través de los ventanales.

—Creo…gracias por el helado, pero hay muchas cosas sobre las que tengo qué pensar todavía—. Liberándose de mi mano para encaminarse al reducido camino empedrado que servía de entrada a la cafetería.

Te dejé ir. Ya buscaría la forma más eficaz de demostrarte qué sólo yo merecía estar a tu lado.

— — —

…Y abriste la puerta para restregarme silenciosamente en la cara que habías vuelto con Ranma. Derrumbaste mi mundo, Akane. Me hiciste olvidar al hombre perfecto que intentaba ser para ti, el que te conquistaría con cariño, quedándome a tu lado, como lo venía haciendo con paciencia hasta ahora.

Me hiciste pasar, y cada comentario dirigido hacia él, era emoción pura. Haciendo que el odio reprimido emergiera de mi interior con cada palabra dotada de dulzura, añorando que volviera de su viaje… Deseé vengarme de él, y también de ti, por mártir, por perdonarlo y seguirle regalando oportunidades... "¿Por qué'"

Mi discernimiento perdió valor y colapsé en una idea que jamás se me habría ocurrido si no sintieras ese amor tan patético que le profesabas…Después de darse cuenta de que te perdió, debía verter su vida en pos de su perdón por haberte hecho sufrir tanto tiempo. En cuanto a ti, si no estabas conmigo por las buenas, lo conseguiría de cualquier otro modo.

— — —

Después de probar la miel de tu cuerpo, creí que morir, aún por tu culpa, bien merecía la pena. No cabía duda de que eras una mujer excepcional, la mejor que pudo cruzar ante mis ojos. Debo pedir perdón. Me sentí desesperado, y a pesar de apuntarte con mi arma, no deseaba quitarte la vida, sino asegurarme de que irías conmigo, que nos reencontraríamos en el infierno y por fin estaríamos juntos.

Pero el siempre estaba ahí, impidiendo que fuéramos felices, amargándonos la existencia y manchando mi muerte heroica con la suya…Dando su vida por ti, Akane.

— — —

Tuve la inmensa fortuna de preguntarle a una enfermera y enterarme que el cunero estaba en el mismo piso en el que se encontraba la habitación de Akane. Habiendo que caminar hasta el final del pasillo y girar a la izquierda. Una verdadera bendición, porque no hubiese resistido ir más lejos.

Caminé lentamente por el pasaje. Me detenía a ratos, cuando sentía que el final del pasillo se oscurecía. Jugando a delinear con un par de dedos las paredes que iba atravesando, siendo la realidad, que utilizaba este sencillo truco para ganar algo más de equilibrio en mi cuerpo.

Después de tomarme el tiempo necesario, por fin pude llegar. Mis manos se plasmaron en el ventanal que protegía la habitación, el que permitía que las familias observaran a los recién nacidos a través del cristal.

Me permití recargar la frente en el vidrio y cerré los ojos un momento. Era una sensación tan extraña el descubrir que el llanto y los balbuceos de esos niños conseguía relajarme. Porque sabía que entre ellos estaba la hija de Akane… viva. La iba a llevar conmigo, y le ayudaría a su madre, transmitiéndole un poco de esa energía que seguro poseía.

A simple vista logré distinguir doce pequeños bultos, que más bien parecían ovillos; todos iguales. A pesar de que algunos sacaban las manos y las cabezas por sobre las cobijas, me era imposible distinguirlos.

La enfermera que se encontraba al fondo de la habitación, se acercó a la ventanilla y me hizo señas con las manos para que le indicara cuál cunero era, creyendo que yo lo sabría. Me alcé de hombros con timidez al ignorar la respuesta. Siempre lo dije y lo seguiría pensando: todos los bebés eran absolutamente iguales.

—¡Muchacho! Estás perdido —Me dijo, abriendo la puerta. Era una mujer bajita de estatura y de piel morena, vestida con una sudadera, pantalones y un gorro, verdes, hechos de alguna tela especial para su trabajo—. Anda, no te quedes ahí. Pasa.

La seguí, caminando por el estrechísimo pasillo que se escondía tras la entrada, el cual desembocaba con otra puerta al lado izquierdo, donde era el cuarto que yo observaba por el cristal. Las doce cunas que se apreciaban tan cerca desde fuera, ahora se encontraban al fondo, y cerca de nosotros, pagadas a la pared, un cuarteto de cuneros especiales, de esas que mas bien parecían cajas de vidrio, con orificios para meter tubos o algo. Imaginando que era para aquéllos bebés que nacieran con problemas.

La cara bobalicona se me desencajó al momento…Si la hija de Akane estaba en una de esas…si también se encontraba debatiéndose entre la vida y la muerte…

—¡Toma! Ponte esto—. Me ordenó la enfermera, arrojándome una bata de manga larga, que me llegara hasta las rodillas y que era idéntica al material ahulado y al color de las prendas de ella.

—Claro—. Le obedecí de inmediato, mientras que disimuladamente me acercaba a esas cunas especiales y escrutaba a cada uno de los niños que ahí se encontraba. Cabellos y ojos de una gran variedad de colores, pero ninguno coincidía con los de Akane o los de ese patán; mucho menos a los míos.

Dándome tiempo a vestirme, ella fue a un anaquel que encontraba en el lado opuesto del cuarto, y volvió con una cobija doblada perfectamente en un cuadro.

—¿Cómo se llama la afortunada mamá?—. Preguntó alegre, mirándome expectante, a la espera de algún nombre que saliera de mi boca.

—Akane —Respondí—. Akane Tendo.

—¡Ahh…la chiquilla Tendo! —Sonrió divertida—. Tiene unos pulmones increíbles. El reporte dice que es prematura, pero sabes, su peso está muy bien, mucho mejor que el de los otros niños.

—¡¿En serio? ¡Qué bien!—. Era una noticia genial, y a Akane le alegraría mucho saberlo.

La mujer pasó por enfrente de mí y se adentró en ese sembradío de bebés, deteniéndose frente a una de las cunas. Yo imité sus pasos e intenté ver las letras que marcaban la etiqueta, pero mi vista estaba demasiado desenfocada para apreciar otra cosa que no se tratara de unas manchas negras. Por unos instantes, llegué a creer que mi condición mejoraba. Demasiado equivocado.

—Tendo-chan, tu papá quiere conocerte—. Y antes de que pudiera decir algo, ella cogió el pequeño bulto, arropándola con la cobija que había tomado antes, depositando a la bebé entre mis brazos.

La sensación que experimenté fue una ola de calidez invadiendo cada célula de mi ser. Una paz y una alegría que no había experimentado en toda mi vida. Una sonrisa de júbilo se formó en mi rostro, y aunque mis manos estaban temblando de emoción, me las arreglé para no soltarla a su suerte. La mantuve así, junto a mí, tal como habría cobijado a su mamá unas horas atrás.

"¿En verdad era tan sencillo que sintiera tanto por una cosita a la que no podía ver bien?"

—Oh, mira, se está escondiendo—. Riendo con la primera travesura que nos haría la pequeña. La cobija que antes le tapara del aire acondicionado del hospital, se había movido, y ahora cubría parte de su cabecita, logrando que no pudiera verla.

Recargué más su cuerpecito junto a mí, para sujetarla en un solo brazo y destaparla con el otro.

Hice el movimiento, pero no me atreví a soltarla, era demasiado arriesgado, demasiado frágil. Al final ideé lo que mejor se me ocurrió, me agaché hasta remover la estorbosa cobija con mis dientes…y por fin pude destapar su cabecita por completo.

Di un paso atrás y terminé chocando con otro de los cuneros. El pequeño propietario comenzó a llorar a todo pulmón…pero no importaba. El tiempo se había detenido por completo para mí. Viendo esos ojitos oscuros mirándome con dulzura, sus mejillas sonrosadas, y su cabello; futura melena azulada, dispuesta como pequeños trocitos de suave algodón.

—Akane—. Fue todo lo que salió de mis labios…enajenado por completo.

—¿Se va a llamar como su mamá?—. Preguntó curiosa. Escuchándome nombrar a la bebé como su madre.

—N-no…no lo sé —Repliqué sonrojado—. Etto… ¿P-puedo llevarla con ella, con Akane? El médico dijo que tendría que estar aquí unos días—. Mirándola a duras penas, presa del nerviosismo, de felicidad; una explosión de sentimientos que no sabía describir, eran demasiados, y no tenían cabida dentro de mí.

—Por supuesto, chico. Hazlo con confianza. Con ella se trata de un procedimiento de rutina por ser prematura, pero está muy sana—Me aseguró, extendiéndome una carpeta con unos papeles que logré distinguir como un control de entrada y salida del cunero—. Nada más tienes que firmar aquí y podrás llevarte a la pequeña. Ya sabes, cosas de seguridad.

—Lo haré—. Susurré ansioso.

Dejé a la bebé en sus manos mientras forzaba la vista para llenar y firmar esa decena de hojas. Y apenas pude, la volví a tomar entre mis brazos, saliendo lo más pronto posible de allí. Casi había olvidado que Akane estaba a punto de dormirse, y no podía, tenía que encontrarla despierta, debía ver a su hija, nuestra hija. Ver que su esfuerzo había valido mil veces la pena.

Recorrer el pasillo de regreso no contaba con ninguna diferencia con el de ida. Llegué a la mitad del camino y me recargué unos momentos en la pared, para tomar fuerza y continuar mi camino hasta llegar a la habitación.

A ella no le agradó la idea y se removió entre sus cobijas, terminando por desplegarse en un llanto estridente e incontrolable.

La mecí con cuidado. Sus manitas deshicieron los puños, pero su llanto no menguó ni un poco.

No sabía que más hacer. La balanceé otro poco, sin embargo, no funcionaba, y no quería llegar a tener que hablarle como tonto.

—…Oye, bebé, no tienes que seguir llorando…s-sé que no me conoces, pero soy amigo de tu mamá, y yo te voy a llevar con ella.

A la primera palabra salida de mis labios, sus lágrimas se detuvieron, y para cuando terminé mi frase, la pequeña ya me observaba fijamente.

—¿Te…te digo algo?... No le vayas a decir a Akane…Antes de venir a verte, tenía miedo de no llegar a sentir algo por ti. Pero hay algo muy extraño que ha surgido en mí desde que esa enfermera te puso en mis brazos…y b-ueno, si tu puedes llegar a quererme un poquito de lo que yo lo haré contigo, entonces la vamos a hacer muy feliz, ¿qué dices?

…Y todavía me quedé unos segundos esperando una respuesta que se tradujo en tiernos babeos.

…"Dios, hablándole a una bebé" Respiré hondo, sacudí la cabeza y proseguí con mi camino, antes de que alguien me viera.

El trecho se me hizo más corto, y en un santiamén, ya estaba dentro del cuarto.

"¡Lo había logrado!"

Las pisadas me llevaron a su lado y una punzada se instaló en mi pecho al ver sus ojos cerrados y su rostro cetrino e inmóvil. Obsoleto

—¿Akane?—. Me acerqué más a ella y toqué su mejilla con una parte de mi brazo.

—¡Hey! Akane, despierta. Mira quién vino a verte—. Una sonrisa fingida mientras le depositaba a la pequeña en la camilla, protegiendo el cuerpecito con su brazo, y aprovechando el habérselo tomado para buscarle el pulso.

"Muy bajo" Con los números en el monitor casi llegando al límite.

—No tengas cuidado, alguien vendrá a verte enseguida—. Rastreando entre todos los cables que atravesaban su cuerpo, el aparato con el que se llamaba si hay una emergencia. No lo encontraba por ningún lado, hasta que levanté sus sábanas y lo miré muy cerca de su cadera izquierda. Lo apreté un par de veces, luego perdí la cuenta cuando observé el aura roja que sobresalía a sus costados…como si fuera…

"No, no podía serlo"…Ellos ya tendrían que haberla curado.

Me encontraba harto de pensar en tonterías, pero luego volvía a observarle y podía darme cuenta de que algo no estaba bien…tenía que cerciorarme.

Le recorrí las sábanas hasta los tobillos, y cuidando autónomamente de ignorar la abertura total con la que contaba su bata en la parte trasera, la giré, dándonos la espalda a su hija y a mí. Volteándola lo suficiente para darme cuenta de la plasta roja que cubría casi todo el centro de la colchoneta, igual que en el Dojo, quizá más.

Me lancé aun más desesperado que antes sobre el maldito botón de alarma, presionando otra decena de veces, hundiendo el botón hasta que lo oía crujir, a punto de quebrarse. Como si con ello pudiesen escucharlo mejor. Mientras, un par de imprecaciones salían de mi boca, preguntándome porqué rayos no había nadie que estuviera al cuidado de los pacientes; para terminar martirizándome al recordar que yo era quien estaba con ella, quien debía protegerla.

Un golpe seco se escuchó en la puerta de la habitación y volteé enseguida.

—¡Qué bueno que llegaron!…creo que ha tenido otra…¿usted?—. El suspiro de alivio al pensar que la ayuda había llegado se deformó en un bufido al ver aparecer al padre de Yusuke.

—Miras a la persona que amas maltrecha, sujeta a unos tubos de oxígeno y rodeada de cables, sabiendo que no importa lo que hagas, es demasiado tarde para salvarlo, que morirá al final del día…Dime —Añadió con frialdad, entrando a la habitación—. ¿Qué sientes tu al saber que no puedes hacer nada por ella, eh?

—Este…este no es el momento para discutir—. Sentencié, y en verdad no lo era. No se me olvidaba el estado en el que Akane se encontraba, ni la maldita tardanza de quienes podían ayudarla. Él tenía razón, sólo podía ser su cruel testigo mientras su llama se iba consumiendo.

—Tienes razón, y no me he presentado por tal motivo. Vine a recoger a mi nieta—. Con tal dejo de tranquilidad, que casi pude imaginarme yendo a depositar a la pequeña peliazul en sus brazos. Definitivamente la imaginación me fallaba.

—¿Qué dice?—. Aún deseaba estarme confundiendo.

—Mi hijo perdió la cordura entregándole su voluntad a esa chica, y su vida, gracias a ti. Es justo que tenga una compensación… Y más cuando se trata del reclamo de mi propia sangre.

—Su hijo no hizo otra cosa que arruinarnos la vida a todos, no tenemos razón para guardarle consideración —Resoplé molesto—. En cuanto a la bebé, es de Akane, y lo que es de ella es mío. No voy a dejar que le ponga un dedo encima si Akane no lo consiente.

—¿Y cómo vas a impedirlo? —Expresó con sorna—. Si apenas puedes sostenerte en pie. Espero que esa prepotencia que posees no te nuble el sentido, para que te permita comprender lo insignificante que me resultas en este momento.

—No me conoce —Haciendo gala de la prepotencia y arrogancia de la que me juzgara—. No sabe de lo que soy capaz por defender a los que quiero.

Y ahí fue cuando cometí mi gran error. Debí lanzarme sobre él y echarlo de la habitación antes de que fuera demasiado tarde. En lugar de eso, tomé a la bebé, la razón de su amenaza y su objetivo.

—No sé lo que eres, sé lo que fuiste: el heredero de la escuela de tu padre y el de esa jovencita, el novato que en su primera participación ganó el torneo de artes marciales…pero ahora no eres mas que un chiquillo aprendiendo a dar sus primeros pasos otra vez. No queda nada de lo que fuiste, así que, hazte a un lado y deja que tome lo que me pertenece, antes de que cambie de parecer y decida no respetarles la vida que no dudaron tomar de mi hijo.

—Sólo inténtelo—. Más atento que amenazante, con la sola idea de vigilar todos sus pasos.

Para ese entonces, ambos estábamos a la altura de los pies de Akane, cada uno en los lados opuestos de la cama.

—Qué terquedad contigo. Pero si lo que quieres es morir, no soy quien para privarte de tal placer. Hagas lo que hagas, al final me quedaré con la chiquilla.

Desapareció las manos tras su espalda, emergiendo de ella con dos armas. Una apuntando hacia la camilla, al cuerpo inerte de Akane; la otra, dirigiendo su cañón directo a nosotros, a mí y a la bebé peliazul que traía en brazos.

Mis ojos avispados, analizaron minuciosamente cada mano, midiendo los movimientos que suponían el palpitar normal de sus nervios y el que me diría cuál sería el arma elegida para detonarse.

—Te lo diré una última vez. Entrégame a la niña —Insistió, con ese suspiro hondo que indica fastidio—…Esperé casi nueve meses para que ella diera a luz a la que será mi heredera, y no vas a ser tú quien venga a impedirlo.

—No lo haré.

Apenas pude escucharlo. Mi mente se debatía entre la elección que tenía que tomar. Me arriesgaba a salvar la vida de Akane o luchaba porque nuestra hija no fuera tocada por otras manos.

Sólo en ese momento comprendí por todo lo que ella había pasado, quizás sin armas, sin amenazas dichas, pero en cuya mera presencia y poder de este sujeto podía imaginar la angustia en la que vivió estos últimos meses.

—Está bien…

"Debía escoger"

—siendo así…

"Lo siento, Akane"

La primera bala se disparó, teniendo grabados el nombre mío y el de la pequeña…esquivándola con una distancia de unos milímetros, provocando que el impacto destrozara el cristal a nuestras espaldas y que la bebé desembocará en un llanto desaforado por los estruendos.

Me abalancé sobre el viejo, tomándolo del brazo que sujetara el arma que usó contra nosotros. Enterré su brazo en la pared y no le quedó otra que dejarla caer al suelo…pero la otra, en medio del forcejeo, tuvo oportunidad de dispararse.

Un sonido más seco. Una bala que sonó diferente, que no se comparaba con el vidrio partiéndose en mil añicos, sino de hundirse en algo más corpóreo, más humano…En ese instante, sólo vinieron a mi mente imágenes del cuerpo lacerado de Akane.

"Sólo me permití un respiro para cerrar los ojos y ahogar el sufrimiento por saberla perdida. Te dije hasta pronto en mi mente, porque ni siquiera podía voltear atrás… nada había terminado todavía.

El revólver homicida también tocó el suelo, mientras me las ingeniaba para asirle del otro brazo y sujetarle con fuerza las muñecas. Ya no me quedaba más, sino esperar que alguien entrara a la habitación y lo sacara de allí, antes de que me arrepintiera de no matarlo.

Yo no iba a hacerlo. Me fue suficiente el cerrar mi mano sobre las suyas, hasta que pedazos de astilla blanca salieron a relucir a relucir. Había acabado contigo, y el se merecía un castigo peor tan sólo por atreverse, pero también te prometí que la cuidaría, y tras una maldita reja, jamás podría cumplirlo.

Unos segundos después, entraron varios enfermeros, un par de ellos sujetaron al anciano y lo sacaron del cuarto, mientras que el resto se abocó en ir a la camilla de Akane para revisarla.

Dijeron cosas incomprensibles, que estaba así…que ocupaba esto…sólo sabía que aún conservabas un halo de vida, que seguías luchando, y que ellos harían lo imposible por salvarte.

Luego entró el Doctor que la atendiera durante el parto, pidiendo rápidamente las observaciones de sus colegas.

Lo siguiente fue escucharlo decir que trajeran el carro de paro, a la par que el sonido de los monitores se descontrolaba y le ordenaba a una de las enfermeras que me sacara de allí.

—Vamos, joven —Se acercó una de ellas, tocando mi brazo para sacarme de ese trance en el que me encontraba— La bebé no puede estar aquí dentro—. Yo le obedecí. Mi corazón me exigía estar a tu lado, gritarte a todo pulmón que estaríamos contigo, pero no podía hacer nada; en ese momento sólo era un estorbo.

Quedé allí, sentado en medio del pasillo con la bebé entre mis brazos, dejando que el incipiente llanto que comenzara, cubriera mis lamentos. Abrazándola para apagar el frío de la soledad, mientras rogaba porque esto no terminara así.

Continuará

Notas:

Hola, aquí su servilleta tratando de retomar un poquito de su lado oscuro XDD…u/u…No, y lo peor es que me sentí re identificada XDD…en fin n_n

Sobre la historia…bueno, no estaba muy segura de cómo quedaría incluir un "post Mortem" o_o…pero desde que platicaba con una amiga empecé a imaginarlo, fue lo primero que escribí y me decidí por dejarlo…sobre el capítulo en si, he de confesar que lo he escrito con la mayor apatía que pude u_u Y es que hay varios puntos que me tocan. Basta decir que entre tanta desidia, lo tengo escrito desde hace una semana, y apenas hoy los subo XD…No lo sé, quizás después me de el tiempo para editarlo.

Quiero aprovechar para darles las gracias por sus visitas, comentarios y favoritos, son los que me han impulsado a llegar hasta aquí…Y bueh, el final está a la vuelta de la esquina, trataré de traerlo en estos días, que será algo corto n_n… nos vemos pronto.