—¿Tienes poción para la resaca? ¿Aun estás dormida? Lo siento, lo siento.
Ginny la despertó muy temprano por la mañana, o muy tarde, si lo pensaba mejor no tenía idea alguna de que momento del día era, pero se sentía exhausta.
—¿De verdad, ni siquiera te has quitado el vestido para dormir?
Hermione no tuvo mas remedio que abrir los ojos cuando la luz excesivamente brillante del sol iluminó su habitación.
—¿Qué...?
Le tomó un minuto conseguir que su cerebro se encendiera aun después de abrir los ojos y la pelirroja noto eso.
—¿Estas ebria?
Ginny le lanzó una de sus miradas marca Molly Weasley.
—¿Qué? ¡No!
Finalmente consiguió erguirse sobre el montón de almohadas bajo su cabeza.
—Te dormiste con los zapatos puestos, ¡por supuesto que estabas ebria!— le informó desde el interior del baúl donde tenía la cabeza metida.
Hermione miró a su alrededor confundida.
No recordaba haberse ido a dormir con los zapatos puestos... O con el vestido, no recordaba haberse ido a dormir en absoluto.
—¿Nada?— se quejó la pelirroja después de vaciar por completo el contenido de la gabeta del baño.
—Harry se llevó la última— repuso la castaña al fin, cuando consiguió juntar mas de dos ideas. Su cerebro, su cuerpo y toda su existencia le exigían volver a su cama y seguir durmiendo hasta Navidad.
—¿Por qué no puedo tener yo mi propia habitación?
Ginny finalmente había dejado de inspeccionar entre sus cosas, y había ido a sentarse a la orilla de su cama.
—Si fueras prefecta…
La pelirroja rodó los ojos y Hermione estuvo a punto de sonreír.
—¿Qué tienes encima?
—¿Qué?
No tuvo más remedio que volver a abrir los ojos.
¡Oh! La capa… ¿La capa?
—Esto…
Ahora Ginny la tenía entre las manos.
Suficiente.
En un segundo estaba completamente despierta, en dos se había puesto de pie y en cinco la capa había desaparecido de las manos de su amiga con un movimiento de varita.
Pero Ginny había tenido el tiempo necesario y la estaba mirando muy fijamente.
—¿Herms?— canturreó la pelirroja sin dejar de observarla con sus ojos chocolate bien abiertos.
—¿Qué?
Fingir demencia era mucho mas sencillo.
—¿Algo que quieras compartir?
—Solo es una capa.
Ginny sonrió maliciosamente, aunque Hermione había ido a meterse al baño y no estaba mirándola.
—Harry no llevaba una capa... Y Ron tampoco...
Pero Snape si.
Se quedó mirando a su reflejo en el espejo por un momento y en algún punto se encontró a si misma sonriendo.
¡Oh! Si tan solo Ginny supiera…
La castaña tuvo que mojarse la cara con agua helada para conseguir pensar con claridad.
No había nada que "saber". Y definitivamente Ginny no necesitaba "saberlo".
—Herms, ¿te importa si tomó una ducha aquí?— se dejó escuchar la pelirroja finalmente desde el otro lado de la puerta —no creo ser capaz de bajar las escaleras por mi misma...
Hermione se miró al espejo una última vez. Necesitaba devolver esa capa.
—Olvidaste tu capa…
Snape volvió a encontrar a Hermione en su sofa la tarde del día siguiente, cuando volvió de dejar a todos esos mocosos en la estación de Hogsmade, como si Hagrid no pudiese hacerlo sólo.
¿Se iba a convertir en una costumbre que Hermione apareciera en su despacho aún cuando él no estaba? Aún no terminaba de decidir si aquello le gustaba o no.
La castaña le estaba sonriendo y cualquier respuesta marca Slytherin que Snape podría haber formulado se quedó atascada en su garganta.
—¿Y se supone que va a devolvermela o sólo me lo está recordando?
—Aun no lo decido— repuso la bruja, dejando a un lado la novela muggle que había estado leyendo.
Snape sintió que lo seguía con la mirada.
—¿Ocurre algo?
¿Hubiese sido más facil ignorarla, cierto?
Hermione no dejó de contemplarlo fijamente y se tomó un par de segundos antes de hablar.
—¿Me hiciste flotar hasta la habitación?
Su cara debía decir mas de lo que acostumbraba, porque Hermione terminó soltando una carcajada.
Snape término dándole la espalda, porque de pronto el fondo de su armario de ingredientes era jodidamente más interesante.
—No me cargaste... ¿ O si?
Hermione casi pudo escuchar como Snape dejaba de respirar y estuvo a punto de soltar otra carcajada, pero de algun modo consiguió contenerse.
Pasó tanto tiempo en silencio que la castaña se convencio de que no recibirá ninguna respuesta, hasta que el hombre finalmente habló.
—¿Y eso por qué importa?
¡Oh! Evasivas. Pero no era ese el tipo de evasivas que Severus Snape solia utilizar, no habia insultos ni malas caras, en realidad, ni siquiera estaba mirándola
Hermione se descubrió a si misma sonriendo.
—Tengo... Curiosidad— la sonrisa todavía relucía en su rostro, aunque sabía que Snape no estaba viéndola.
El profesor finalmente se giró, y ahora él tenía una sonrisita torcida, marca Slytherin, en la cara.
—Entonces lo dejaré a su imaginación, Granger.
Hermione sintio que se sonrojaba pero no aparto la mirada, y Snape tampoco.
—No te devolveré tu capa, entonces.
Fue Hermione quien apartó la mirada al fin, y quien hablo primero cuando el silencio se prolongó demasiado.
—Como si hubiera pensado devolvermela en algún punto— se burló el hombre y Hermione no contiene siguió contener una carcajada .
Necesitaba aprender Legeremancia.
Hermione volvió a su libro y Snape a lo que sea que estuviese haciendo. Los largos momentos de silencio eran demasiado comunes, (aún más que las continuas apariciones de la Gryffindor en el despacho del pocionista), primero porque Snape pasaba inconciente la mitad del tiempo, después porque simplemente se limitaba a ignorarla y finalmente porque se habían acostumbrado a la presencia del otro (y Snape verdaderamente preferiría que no fuese así, pero en algún punto había sucedido y desde entonces, no se había esforzado por buscar algún modo de evitarlo).
Paso un largo rato antes de que alguno volviese a decir algo.
—Entonces...— Hermione encogió las piernas para que Snape pudiera sentarse a su lado y el hombre se le quedó mirando, como si la retará a decir algo.
—¿Qué, Granger?
—Si tu entraste en mi habitación por red flu— comenzó la castaña, como si estuviese pensándolo muy cuidadosamente —¿Yo también puedo entrar en tu habitación por la chimenea?
¿De donde venía tanta insistencia? Snape terminó decidiendo qué prefería no averiguarlo.
—Si desea dejar el reloj de su casa sin un solo rubí, puede hacerlo el día que le plazca.
Hermione le mostró la lengua, con su mejor versión de fastidio y Snape terminó soltando una carcajada.
—¿Tienes idea de dónde está Hermione?
Harry contempló a Ron desde su butaca favorita junto al fuego.
—¿Estudiando?
—¡No! ¡YO estaba estudiando!
—¿Tu estudias?— la pelirroja, sentada a un lado del pelinegro no pudo evitar intervenir.
Ron la fulminó con la mirada.
—¿Por qué iba yo a saberlo?
Harry lo contempló divertido. Ron lo fulminó también a él con la mirada.
Hacia seis días (no que Ron los estuviese contando) que Hermione no aparecía por ningún sitio mas que para la cena en el Gran Comedor y el pelirrojo sentía que genuinamente comenzaba a perder la cabeza.
—Dijo que iría con nosotros a Hogsmade— se quejó el pelirrojo cuando Harry consiguió arrastrarlo lejos de la mirada de Ginny.
—Y todavía no es Navidad, Ron, necesitas calmarte.
—Tu sabes que peleamos en el baile, Harry, y no ha vuelto a hablarme desde entonces.
—Ustedes siempre están peleando, Ron.
El pelirrojo lo miró mal.
—Solo digo que igual terminan arreglandolo... O besándose— susurro más bajo y las orejas de Ron se pusieron casi tan rojas como su cabello.
—¡Solo nos hemos besado una vez!— exclamó el pelirrojo como si de algún modo intentará defenferse.
—No fue eso lo que dijo Ginny.
Harry parecía demasiado divertido con todo el asunto y Ron estaba comenzando a fastidiarse de ver a su amigo tan contento últimamente.
—Vale— comenzó el moreno recuperando un poco el aire —¿qué vas a hacer, entonces?
—¡No lo se, Harry!— exclamó Ron como si el pelinegro tuviese la culpa de todos sus problemas —No la encuentro por ningún sitio, y ahora nunca tiene tiempo para ayudarme a estudiar. Nunca va al Gran Comedor y siempre vuelve tarde de donde sea que este metida...
—Pues deja de quejarte y haz algo, idiota.
Ron no necesito mirarlo con fingida indignación, porque Harry de nuevo estaba riéndose.
—Ni siquiera se donde ha estado metida todos estos días, ¿qué se supone que haga?
—Estoy intentado ayudarte, Ron— bufó el moreno —¿Quieres poner de tu parte?
—¿Y también pretendías ayudarme llevándola tú al estúpido baile?— repuso el pelirrojo apresuradamente, como si llevase un buen rato esperando para decirlo.
Harry rodó los ojos y se acomodó en su asiento. Tenía la expresión en el rostro de quien se arma de paciencia para explicarle algo muy difícil a un niño muy pequeño.
—Hace un largo tiempo que superamos eso, ¿de acuerdo?
Y si, hablaba del guardapelo de Slytherin y todo ese asunto que debería haber quedado en el pasado.
—Ron, Hermione es heroína de guerra, es famosa, es inteligente y es hermosa— el pelirrojo aún lo miraba mal—¿tienes idea de la cantidad de chicos que desearían salir con ella?
—¿Y eso tiene que ver por qué…?
—¡Porque tu no hacías nada, Ron! Y la paciencia de Hermione no es infinita.
—Fue ella quien sugirió esto, para empezar.
—Y entonces tu actúas como si no te importara.
—¿Estas de su lado?
Harry fue quien lo fulminó con la mirada esta vez.
—No hay lados aquí, Ron— bufó el moreno con cansancio.
Ron evito su mirada por un momento.
—Quería invitarla a salir, en el baile, pero luego paso lo de Snape...
—No paso nada con Snape, Ron— lo cortó el moreno.
—¿Tambien lo defiendes a él?
Ambos soltaron una carcajada. Ginny los estaba mirando desde el otro lado de la Sala.
—Creo que a Hermione le agrada.
—Preferiría que no.
—Quien sabe, posiblemente sea su única amiga.
De nuevo, ambos chicos soltaron una carcajada demasiado fuerte.
—Hermione no es su amiga— aseguró el pelirrojo.
—Posiblemente no, pero creo que se preocupa por él…
Ron hizo una mueca.
—Quizá si estuvieras de su lado...
—¡No voy a hacerme amigo de Snape!
Harry rodó los ojos. Ron podía ser un poco idiota cuando se lo proponía.
Hermione volvió a aparecer en su despacho la mañana del día siguiente, y el siguiente a ese, y también el siguiente. Se estaba convirtiendo en una especie de hábito al que Snape preferiría no acostumbrarse. Solía aparecer para sus clases particulares que Snape en algún punto había comenzado a impartirle, y casi había terminado de acostumbrarse a eso, pero ahora la castaña aparecía en su oficina aún más temprano, y se iba incluso más tarde y Snape verdaderamente no tenía la intención de terminar habituándose a la presencia de la Gryffindor. Bastante complicada había sido ya su vida hasta ese punto, gracias.
—¡Esta nevando!— exclamó la castaña a penas consiguió abrir la puerta el jueves por la mañana.
Snape despego la vista de su caldero para mirarla. Lucía extraña, con el cabello mas esponjado de lo usual cubierto de nieve y las mejillas sonrojadas a causa del frío. Al final, Snape tuvo que forzarse a apartar la vista, porque de seguir mirándola definitivamente aquello se volvería incómodo.
Hermione se deshizo de la capa y los guantes y Snape parecía sólo limitarse a preparar su poción, finalmente, la chica fue a sentarse al otro lado de la mesa donde el profesor mantenía su caldero hirviendo.
—Mi lechuza volvió esta tarde.
¿Y en que punto de su vida Hermione había comenzado a relatarle cada acontecimiento de su día? No lo sabía, pero igual no estaba quejándose.
—Me sorprende que haya conseguido llegar con este clima— continuó, ojeando distraídamente el libro que Snape debería estar siguiendo para elaborar su poción, pero que, obviamente, se estaba limitando a ignorar.
—¡Oh! ¿Quieres ver algo lindo?— volvió a hablar. ¿Y Snape había dicho alguna palabra desde que ella había entrado? No estaba segura, pero la estaba mirando, interrogante.
—Andrómeda se la envío a Harry está mañana.
Estaba rebuscando entre los bolsillos de su chaqueta, hasta que encontró el trozo de papel que parecía estar buscando.
—¿No crees que es adorable?
Snape la miró con el ceño fruncido pero igual se detuvo a mirar la fotografía que Hermione agitaba frente a sus ojos..
Teddy Lupin le devolvía la mirada desde el papel, una sonrisa gigante se dibujaba en su rostro mientras una paleta de caramelo, de esas que solo podían encontrarse en Honeydukes flotaba hasta sus manitas llenas de lodo y justo cuando estaba a punto de llevársela a la boca, con un estornudo, su cabello antes castaño como el de su padre, se tornaba en un azul electrico brillante.
—Es un niño encantador— insistió la castaña, mirando al profesor de reojo.
—Es igual a su madre.
A Hermione le sorprendió el comentario, honestamente había esperado que Snape la ignorara olímpicamente.
—¿Tu crees? Cuando se rie es igual a Remus.
Snape pudo distinguir el reflejo de nostalgia en los ojos castaños.
—Harry quiere llevarlo a vivir con nosotros— continuó una conversación que Snape no recordaba haber comenzado, pero igual terminó escuchando atentamente a cada palabra —cuando salgamos de Hogwarts...
—¿Y Potter se cree capaz de cuidar por si mismo de otro ser humano?— inquirió el hombre, escéptico.
Hermione sonrió un poquito.
—Yo voy a estar con él.
Snape la miró, ahora con geniuna curiosidad.
—Voy a mudarme a Grimmauld Place con él cuando dejemos Hogwarts.
Había una pregunta no formulada en los ojos del profesor, pero Hermione sabia de que se trataba, y agradecía tanto que no fuese mencionada en voz alta.
La castaña evito los ojos penetrantes de su profesor por un momento, porque el libro sobre la mesa definitivamente era muy interesante.
Snape, aun así, se permitió mirarla fijamente por un par de segundos.
Recordaba momentos incómodos en su vida, pero ninguno igual que ver a Hermione Granger quebrarse como cristal sobre la mesa de su cocina.
Fue la primera vez (quizá segunda) que el profesor se atrevió a preguntarle algo a la castaña más allá del usual "¿que demonios hace aquí?" cada vez que la encontraba merodeando por su habitación en San Mungo, o cuando comenzó a llevarle comida a su propia casa.
La castaña estaba doblada por la mitad sobre la mesa de la cocina sollozando o riendo o un ruido extraño muy similar al de una lechuza estrangulada.
Snape se detuvo por varios segundos en la puerta sin saber si debería anunciar su presencia o largarse justo por donde había venido, pero, contribución especial de los medicamentos, no estaba en su mejor momento de lucidez.
—¿Granger?
La castaña se incorporó de un salto. Tenía una nota arrugada entre las manos y de cualquier modo consiguió limpiarse las lágrimas del rostro. Así que si estaba llorando.
—¿Todo…?
El "¿todo bien?" que pretendía formular no terminó de ver la luz, porque la castaña estaba sonriendo… o 'sonriéndol' y las lágrimas de nuevo le inundaban los ojos.
—Yo solo…— agitó el papel antes de ser capaz de hablar y había una sonrisa tan grande en su cara que era imposible llorar del modo que lo hacía y ser tan feliz al mismo tiempo —encontraron a mis padres.
Soltó una carcajada o un sollozo o algo a la mitad de ambos.
—Estan vivos.
Si apretaba ese pedazo de papel un poco mas fuerte terminaría atravesando las palmas de las manos con las uñas.
Y Snape aún no se había movido de la puerta.
Cuando Hermione volvió a mirarlo sus ojos se habían oscurecido y Snape se arrepintió en seguida de haber dejado esa conversación continuar.
—Yo no se si debería… no todavía. Harry aún podría estar en peligro y tu y yo y… no quiero traerlos de vuelta… no a todo esto, ¿sabes?— había una especie de sonrisa en sus ojos.
Pero, ¿él que tenía que ver en todo eso? Igual, no quiso preguntar.
—Se que por ahora están mejor así.
Y sonrío. Pero el profesor no se creía ni una palabra. No después de lo que había visto; no despues de la escena en su cocina.
—Usted los necesita de vuelta.
Hermione sonrió un poquito cuando lo escuchó.
—No quiero ponerlos en peligro— finalmente volvió a mirarlo. Snape parecía preocupado, genuinamente preocupado.
Algo se sacudió en el pecho de la castaña. Los ojos oscuros del pocionista aún estaban fijos en su rostro, como si esperara encontrar algún indicio de que estaba mintiendo.
Ahora que sabía lo que era abrazar a Snape deseo poder ponerse de pie y volver a enterrar la cara en su pecho, pero tuvo que contenerse; había un escritorio demasiado grande en medio de ambos.
—No tiene porque quedarse sola, Granger— Snape se sorprendió con sus palabras, y Hermione también parecía estarlo, un poco, al menos.
—¡Oh! Pero no estoy sola, tengo a Harry y a los Weasley y te tengo a tí— sonrió un poquito al final, después de decir su nombre, y Snape no supo muy bien que cara poner.
—Y tu me tienes a mi.
Y una vez más, ¿él que tenía que ver?
—No estamos solos.
Le sonrió de nuevo. Una sonrisa pequeña, genuina, porque, después de tanto tiempo, Snape había aprendido que Hermione tenía todo una gama de sonrisas en su repertorio, y secretamente, había comenzado a aprender el significado cada una de ellas.
Continuará...
¿Review?
No puedo creer que tarde tanto tiempo en actualizar. Lo siento demasiado, chicas.
Este capítulo debería ser el doble de largo, pero al final decidí partirlo en dos partes, así que espero volver con la continuación muy pronto.
Gracias, en serio gracias por todos sus comentarios, son el mejor regalo que me pueden dar, se los prometo.
Les mando un abrazo.
P.d: espero su opinión en un bonito comentario ;)
