Amor en las adversidades
Capítulo 10. Revelación, preparación
- Ahora sí… podemos hablar…- fue lo último que dijo Kenshin
Todo el patio permaneció en silencio absoluto, salvo por el trinar de aquellos pájaros que surcaban el cielo en su vuelo. Las caras asombradas de todas las personas que estaban allí reunidas sobresalían ante todo… y sin embargo, nuestros amigos y sobre todo, su pequeño hijo, se veían tan tranquilos, aunque estaban muertos de miedo por lo que pasase a continuación…
- Como… ¿Cómo sabes usar Hitten Mitsurugi Ryu?- se atrevió finalmente una persona a romper el silencio.
Todas las miradas fueron ahora a parar a aquellos dos hombres adultos que se acercaban con pasos lentos desde la puerta principal hasta el centro del patio… Aquel que había hablado era el hombre de negro cabello y negra vestimenta, Kojiro Kamiya.
- Solo puede ser una persona…- habló su acompañante- y que además sepa usarlo con tanta destreza…- añadió esto último con un deje de orgullo paternal.
Y ahí todo se supo… Seijuro Hiko solía ser un hombre frío y calculador como antaño… pero solo con su familia adoptaba ese tono de voz tan cálido y grave…
- ¿Kenshin nii-chan?- se oyó una dulce voz que inundó el patio.
Todos voltearon hacia las puertas que comunicaban el patio con la casa y encontraron a la pequeña Tsubame, quien salía de detrás del cuerpo de Tomoe, que protegía aún con sus brazos a su pequeño, Daisuke.
El sonido de la voz de su hermanita, que apenas si recordaba, se internó en el cuerpo de nuestro pelirrojo samurai, inundando todo su ser y llenándolo de calor… Cuando había deseado oir esa voz adulándolo o pidiéndole ayuda, que el le prestaría como buen hermano mayor… pero tampoco pudo evitar que un sentimiento amargo de tristeza lo rodeara momentáneamente, al pensar que se había perdido aquellos preciados momentos… aunque tuvo que reconocer, que los momentos que pasó con su Kaoru, son su mayor tesoro, igual que ahora, los que pasa con su pequeño… han sido momentos inolvidables y… felices…
Kenshin volteó su rostro enteramente hacia la jovencita de castaño cabello que había hablado y le sonrió dulcemente, dejándoles ver por primera vez, con total claridad, el extraño color de sus ojos… un violeta hermoso…
- Que grande y guapa te has vuelto… Tsubame nee-chan… ya eres toda una mujercita…- la aduló- Te pareces mucho a okaa-san…
Observó como los ojos de ella se humedecían poco a poco, así como la sorpresa y la alegría se denotaba en su rostro, ocultándose de sus labios por las manos que subieron rápidamente a taparlos. La vio temblar y como sus lágrimas comenzaba a correr.
Kenshin entendió perfectamente aquel gesto… cuantas veces lo había visto en su esposa… Apartó sus ojos momentáneamente de su hermanita y los posó sobre aquellos de ese hermoso color azul marino que tanto amaba. Kaoru comprendió perfectamente todo en los ojos de su esposo y se retiró lentamente, cogiendo de brazos de su esposo a ese pequeño regalo de kami de cabellos escarlatas, a quien le costó un poco separar de su padre.
- ¡¡Kenshin nii-chan!!- y la muchacha, incapaz de soportar por más tiempo sus lágrimas y sus emociones, se lanzó a los brazos de su hermano mayor desaparecido, abrazándolo y llorando de alegría.
- Tsubame…- cerró sus brazos alrededor del cuerpo de su hermanita
Kaoru observaba la escena conmovida y se preguntó su así se vería ella en brazos de su esposo, con aquella sonrisa que él siempre le regalaba.
- Demo tú te le pareces más… Kenshin nii-chan no baka…- dijo Akira, a quien la emoción tampoco había pasado por alto, y lloraba también como Tsubame y Soujiro, quien también había corrido, soltando la espada y se había abrazado a su querido hermano.
- Akira nii-san…- le sonrió mientras lo veía acercarse y abrazarse a ellos por detrás, revolviéndole el pelo carmesí a nuestro amigo.
Los leves quejidos del pelirrojo provocadas por el castaño, hicieron reir a todos, rebajando la tensión que se respiraba en el ambiente. Todos veían la escena de los cuatro hermanos con la alegría nuevamente en su corazón, sobre todo aquellos dos hombres maduros, que aún seguían sin moverse en de su sitio desde que había hablado. Pero entonces sus miradas se posaron sobre aquella joven mujer de largo cabello azabache y ojos azules, que sonreía feliz al lado de Kenshin y con ese pequeño en brazos… y entonces lo supieron, aunque el primero en intervenir, no fue otro que el impetuoso Seijuro Hiko.
- Entonces… si tú eres Kenshin… mi Kenshin… ella tiene que ser…- dejó la frase en el aire
- ¡¡Kaoru nee-chan!!- la acabaron los dos jóvenes hermanos, Enishi y Yahiko, quienes soltando sus respectivos boken, corrieron a abrazarse a ella, claro está, que teniendo cuidado por el pequeño Kenji.
Ella no dudó en recibirlos en sus brazos y regalarse esa sonrisa que tanto adoraba nuestro amigo… aquella hermosa sonrisa en esos labios que adoraba besar…
- Te has vuelto un muchacho muy fuerte Yahiko…- miró con ternura a su hermano, ya no tan pequeño- y tú también Enishi… ¿demo que le pasó a tu pelo?- preguntó, ahora que sí podía, la razón del porque del cambio en su hermano.
Pero se quedó si recibir ninguna respuesta, ninguno de ellos contestó. Lloraban de alegría en el regazo de su recién aparecida y preciada hermana. Mas alguien lo hizo por ellos.
- Se le comenzó a poner así desde que desapareciste…- la voz dulce, aunque algo baja y dolorida de una mujer la obligó a apartar los ojos de los jóvenes que a ella se abrazaban y llevarla al frente, para encontrar a una mujer de cabello negro también, largo y suelto, que abrazaba protectoramente al pequeño de cabellos castaños que era su hijo- te tiene mucho aprecio… igual que todos…- terminó ahogando lo siguiente que quisiese decir por el llanto de las lágrimas que comenzaban a bajar por sus mejillas.
- Tomoe nee-san…- susurró ella, descubriendo a su hermana mayor llorando también
- Me alegro tanto de haberte encontrado…- y llevó sus manos a sus ojos para intentar contener sus lágrimas, dejando libre al pequeño de ojos azules muy oscurecidos
Y todo volvía a quedar parcialmente en silencio, salvo por las lágrimas de felicidad de las personas que hoy volvían a recuperar aquello que por años les habían quitado… y siguió así, hasta que el pequeño Daisuke llamó la atención de todos con su pregunta inocente.
- ¿Kenshin? ¿Kaoru? ¿Sois… oji-san y oba-san?
Los ojos de todos fueron a posarse sobre aquel niño de siete años quien miraba aleatoriamente a nuestros amigos, con expresión de confusión, muy tierna por cierto. La pareja nombrada sonrió dulcemente al niño y consiguieron salir del abrazo en el que los mantenían sus hermanos.
- Hai… definitivamente eres como Akira…- dijo el pelirrojo acercándose a él
- Demo tus ojos son los de Tomoe…- añadió su esposa, uniéndose a él junto a su pequeño, quien estiró sus bracitos, pidiendo silenciosamente, que su padre lo acogiera en sus brazos fuertes y protectores
Daisuke los observó de nuevo, examinándolos minuciosamente, encontrando algunos rasgos de sus padres y familiares en ellos, sobre todo en la complexión del cuerpo delgado de Kenshin, quien aunque no se apreciaba, podría jurar que estaba tan moldeado como el de su propio padre por el Hitten Mitsurugi Ryu. Entonces sus ojos se posaron sobre ese pequeño niño de ojos azules, que se aferraba con sus manitas al pecho de su padre y una sonrisa apareció en su rostro.
- Entonces… ¿Kenji es mi itoko-chan?- manifestó la alegría que lo invadió de pronto al saber que tenía un primito pequeño con quien jugar.
- Hai…- dijo Kenshin sonriendo para él, y comprobando la alegría del niño y como ya su propio pequeño pelirrojito se encontraba más calmado en sus brazos, pensó que sería buena idea dejar a los dos primos juntos.
Con sumo cuidado, le dio a coger a Kenji al pequeño de castaños cabellos, quien sorprendido en un principio y contento, lo recibió tan cuidadosamente como antes de saber que era su propio primo a quien tenía en brazos. El pelirrojo niño quedó tranquilo en brazos de Daisuke, agarrándose fuertemente a su gi, como antes lo hiciera con el de su padre… y posó sus ojos del color de los zafiros sobre el rostro del niño que lo cogía, al igual que él en el suyo.
Ambos niños se quedaron mirando fijamente durante un momento… examinándose minuciosamente… estudiándose ahora con otros ojos al descubrir que eran familia y viendo incluso, algo de similitud en el color de sus ojos… y entonces… una sonrisa radiante e infantil se dibujó en sus labios… Al instante siguiente, las mejillas sonrosadas de ambos pequeños se hallaban la una junto a la otra, en un gesto tan tierno, que no se podría comparar con nada…
Fuera de lugar, los adultos veían esto enternecidos… aquella escena llenaba sus corazones de gozo, porque… a pesar de las adversidades… habían logrado volver a estar juntos y darles una vida a sus hijos…
Pero… aún faltaba algo en esta escena… todos se habían reencontrado menos…
- Kenshin- pronunció una voz grave y firme
- Kaoru- lo siguió una voz también endurecida y con igual tono de firmeza
Ante la mención de sus nombres, los aludidos voltearon a llevar sus ojos al lugar donde provenían las voces, para descubrir en él, a sus respectivos padres, con ese porte atlético que el ser maestros de kendo y antiguos patriotas les daba y su rostro ceñudo y endurecido fijos en ellos, quietos y esperando por ellos, por el tono usado en su llamado…
- "Llegó la hora de enfrentarse a la verdad…"- pensó el pelirrojo, entrelazando su mano con la de su esposa, en un gesto de valor y comenzando a caminar junto a ella, para llegar al encuentro de sus padres.
Frente a ellos, su mirada les intimidó bastante y tuvieron que tragar costosamente, para infundarse el valor necesario para siquiera, volver a respirar.
- Hai… otou-sama- dijeron con cautela
Por su cabeza pasaron todo tipo de reacciones, pero sin duda… la última que se esperaron, fue la que realmente sucedió… En un segundo, se vieron abrazados, en un arrebato de efusividad de parte de sus padres, que casi los dejó sin respiración.
- Me alegro tanto… tanto… de haberos encontrado…- habló Seijuro, entre la felicidad que lo embargaba en ese momento, que volvía a tener a su hijo entre sus brazos
- Trece… trece años sin noticias… sin saber donde estabais…- continuó Kojiro, en igual estado que su amigo, al volver a estrechar en sus brazos a su hija, por tanto tiempo desaparecida
- Tou… -chan…- fue lo único que los conmocionados chicos pudieron decir, pues el sentimiento de sus padres llegó a ser contagioso para ellos y los rodeó de tal manera, que les devolvieron el abrazo intensamente, por tantos años necesitado.
Permanecieron así durante un rato… momentos en los que todo permaneció el silencio, al parecer por respeto a los mismos y solo el viento se atrevía a cruzar tenuemente y darle un poco de vuelo a la escena…
- "Juntos… todos juntos de nuevo…"- fueron los pensamientos de nuestro joven samurai de cicatriz en la mejilla izquierda, hasta que se vieron interrumpidos por la intervención de su padre
- Demo… un momento…- separó levemente a su hijo de sus brazos, sin soltarlo, con temor de que se fuera a ir de nuevo- si vosotros salvasteis a Akira hace 6 años… ¿Por qué no nos dijisteis nada?- seguramente, esa pregunta se cruzó por la mente de todos los miembros de su familia, rememorando los hecho ocurridos en ese tiempo.
- Otou-san… eso fue…- comenzó, viéndose reflejado en los ojos negros de su padre, que aguardaba su respuesta con impaciencia- porque decidimos que mientras Shishio siguiera con sus planes… era mejor permanecer ocultos.- explicó la decisión que habían tomado él y Kaoru hacía ya tantos años, desde que se separaron- Con los Oniwabanshu nos manteníamos informados… por si ocurría algo, pero nunca pudimos dar con vosotros…- dirigió su vista hacia Kaoru, quien lo observaba a él, mientras hablaba y le indicó que prosiguiera, dedicándole una tierna sonrisa
- Y el día en que salvamos a Akira-san era muy peligroso… Os estaban siguiendo…- continuó Kaoru- Si nosotros seguíamos ocultos, teníamos el factor sorpresa…
Ambos padres quedaron maravillados ante los pensamientos de estrategia de sus hijos y se llenaron de orgullo al saber que sabían valerse por si mismos, si las cosas no salieran bien.
- Desde luego… tenéis la astucia que teníamos nosotros a vuestra edad- los felicitó Hiko
Y ambos hombres volvieron a abrazar fuertemente a sus hijos desaparecidos, comprobando al fin que todo era real, que estaban todos juntos… que sus hijos habían vuelto a ellos… juntos y felices…
- Pero vamos dentro… que estamos aquí fuera, pudiendo sentarnos dentro y estar más cómodamente…- intervino el señor Kamiya, separándose del abrazo que compartía con su hija y mirando a todos, quienes asintieron y comenzaron a moverse con dirección al interior de la casa.
Todos se dirigieron al interior de la casa, siendo los últimos nuestros amigos y sus padres. Pero antes de entrar, Kojiro Kamiya detuvo a nuestro pelirrojo con un suave golpe en el hombro y lo hizo detenerse, hasta que los demás estaban algo alejados de ellos.
Kenshin volteó y miró cara a cara al padre de su esposa. Su expresión era seria y lo miraba fijamente a los ojos, con el ceño fruncido levemente, pero que al pelirrojo le hizo tragar fuertemente. De repente, la fugaz idea del por qué de su repentino cambio hacia él, después del tan esperado reencuentro, cruzó por su mente… y se estremeció.
- "Kamiya-sama… seguramente ahora que ha podido pensar con claridad… no le ha gustado la idea de que su hija y yo nos hayamos casado, sin siquiera pedir su consentimiento, aunque eso era imposible en la actual situación vivida… Demo yo juro por Kami-sama, que a Kaoru nunca le ocurrirá nada… se lo prometí y mi amor por ella solo hace que el sentimiento de proteger lo que me es importante crezca…"- sopesaba en su fuero interno el samurai de cruz en la mejilla- Kamiya-sama yo…- comenzó con temor, mirando como su suegro conseguía intimidar al gran Battousai- sé que quizás esté disgustado conmigo… por haberme casado con su hija, sin pedir su mano debidamente…- pausó, necesitaba coger aire y algo de valor también- demo las circunstancias lo impidieron… Demo quiero que sepa que yo amor mucho a su hija… Yo amo a Kaoru más que a mi propia vida, y no dudaría en darla por ella… Así que…- pero sus palabras se vieron interrumpidas por la grave voz de Kojiro Kamiya.
- Espera, espera Kenshin… ¿Piensas que estoy enfadado contigo por haberte casado con mi hija sin pedirme su mano?- preguntó incrédulo, suavizando su rostro- Demo si eres el hijo de mi mejor amigo… Por Kami-sama, no podría estar más agradecido contigo por haberla cuidado todos estos años…
Ahora el sorprendido e incrédulo era nuestro pelirrojo de ojos violetas, quien no pudo reprimir el como sus ojos se abrieron más, al oir esas palabras. El hombre inspiró y dejó escapar una pequeña risa, al ver los pensamientos tan nobles que tenía con respecto a su matrimonio.
- Kenshin…- volvió a adquirir la compostura y puso su mano en el hombro del pelirrojo, con una sonrisa en su rostro- me alegra mucho que tú seas el esposo de mi hija… Sinceramente, tu padre y yo sabíamos que acabaríais juntos, no había más que veros cuando pequeños… y al final, esa amistad, acabó convirtiéndose en amor… De verdad Kenshin Himura, no podría concebir a otra persona para que fuera el esposo de mi hija Kaoru…- le dio una palmada en el hombro- y… arigatô gozaimasu por hacerla tan feliz…
Ante esas palabras, nuestro joven amigo estaba boquiabierto y sin saber que decir. ¡El padre de su esposa lo aceptaba! Repentinamente, un extraño calor agradable comenzó a ascender por su cuerpo, inundándolo por completo y regocijándolo por entero. Kenshin se sintió inmensamente feliz, tanto, que una sonrisa amplia surcó sus labios y el brillo de sus ojos se intensificó de alegría. Ahora, todo volvía a ser normal…
- Domo arigatô gozaimasu Kamiya-sama…- se reverenció ante él, inmensamente agradecido, tanto, que no sabría si sería capaz de expresarlo- significa mucho para nosotros… y… es ella la que me ha hecho el hombre más dichoso del mundo con todo lo que me ha dado…- no había más verdad que aquella, Kaoru será siempre lo más maravilloso que apareció en la vida de Kenshin Himura.
Después de aquella breve conversación, ambos kendokas retomaron su anterior camino hacia el interior de la casa, donde al entrar, ya los estaban esperando todos sentados y teniendo una animada charla. Cada uno se dirigió al lugar que les había sido guardado: Kenshin al lado de Kaoru, quedando en el centro de todas las miradas, y Kojiro junto a su buen amigo y padre de la familia Himura, Seijuro.
La joven morena miró su reflejo en los ojos violetas de su esposo, preguntándose internamente que le habría dicho su padre, y temiendo por ello; sabía de la severidad del mismo, pero la sonrisa radiante que tenía el pelirrojo en sus labios no podría ser borrada por nada, y entonces ella supo que todo estaba bien. Recostándose en el hombro del joven de cabellos escarlatas, y dejándose envolver por sus brazos, le dedicó una disimulada sonrisa a su padre.
Kenshin se percató de la falta de ese pequeño, que era su copia en miniatura, en brazos de su madre e instintivamente, echó una mirada a todos los miembros de su familia, hasta finalmente encontrarlo en brazos de ese pequeño castaño que era su sobrino, jugando animadamente y riendo dulcemente. No pudieron reprimir sacar una sonrisa ante esto, enternecidos.
- Así que… somos abuelos por segunda vez…- habló la voz imponente de Seijuro, acaparando la atención de todos.
Ese simple comentario consiguió sacar un pequeño rubor de vergüenza a los padres del pequeño pelirrojo, que ahora tiraba de un mechón de cabello de su primo. Bajaron levemente la mirada y se internaron en sus recuerdos… en aquellos felices momentos que consiguieron hacer florecer, en medio de la adversidad…
FlashBack
Caminaba distraídamente por esa calle no muy concurrida de gente, inmerso en sus pensamientos y mirando al suelo. El sol se ocultaba lentamente en el horizonte, pintando de colores anaranjados el cielo y las luces de las casas comenzaban a encenderse.
- "Me he retrasado… y justamente hoy no debía hacerlo, no hoy que se cumple un año… Ya anochece, he de darme prisa… estoy ansioso por ver a mi esposa y estrecharla entre mis brazos…"- apremió el paso y casi corrió esquivando a un par de viandantes- "Como pasa el tiempo… y aún seguimos igual, sin rastro de ellos… y con ese demonio echando leña al fuego… Demo, aún así… los años han seguido siendo igual de maravillosos…"- inconscientemente, apretó fuertemente, palpando en el hueco de las anchas mangas de su gi morado, aquel objeto recelosamente guardado- Espero que le guste…- susurró para sí.
Su camino solo duró unos minutos más y por fin se halló delante de la puerta iluminada de su hogar, el Aoya. Descorrió el shoji y entró, haciendo saber su llegada mientras se descalzaba.
- Tadaima
- Okaeri nasai Shinta-sama- escuchó una voz aniñada y soñolienta dándole la bienvenida.
Volteó al llamado y encontró a un pequeño niño de unos 8 años, de pelo negro muy oscuro y unos ojos celestes muy hermosos, vestido con su yukata para dormir y tallándose el ojo derecho.
- ¿Qué haces despierto todavía Kuro-chan? Aoshi te regañará si te ve levantado…- se acercó a él y comenzó a guiarle por el pasillo izquierdo, dirección a su cuarto, aquel que compartía con otro pequeño niño, ambos víctimas de un incendio fatídico y acabó dejándolos huérfanos.
- Gomen nasai Shinta-sama… No podía dormir y fui a buscar a Misao-san, pero no la encontré, así que fui por un vaso de agua y me volvía, cuando usted llegó…
- De acuerdo, no pasa nada pequeño… Ahora ve a dormir, seguramente Kei-chan se desvelará también si no te ve…
- Hai… oyasumi nasai Shinta-sama- el pequeño descorrió el shoji de su habitación silenciosamente- ¡ah! Espero que Kori-sama se encuentre mejor… ha estado sintiéndose mala todo el día y algunas mañanas… no quisiera que le pasara nada…- aquel comentario lo alertó y lo preocupó demasiado, tanto que su corazón dio un respingo
- "¡Kaoru!"- se asustó- Está bien, se lo diré de tu parte… ahora a dormir. Oyasumi nasai Kuro-chan…- y finalmente, el niño se internó en la habitación, dejando a un muy preocupado pelirrojo de cicatriz en forma de cruz en la mejilla izquierda, parado en el pasillo
Giró sobre sus pies y puso rumbo el pasillo derecho, directo a una habitación en especial… su habitación, suya y de Kaoru…
Todo estaba oscuro, se había retrasado demasiado y ya debían estar todos durmiendo o seguramente, dando una vuelta por el festival que esa noche se celebraba. Se paró al final del pasillo que había recorrido en apenas unos segundos y miró fijamente al shoji cerrado.
-"Lo que dijo Kuro-chan me ha dejado muy preocupado… Es cierto que Kaoru lleva algunos días mareándose, demo yo pensaba que era debido al sobre esfuerzo que hemos tenido estos días con aquella banda de escurridizos delincuentes…"- comenzó a descorrer lentamente el shoji- "Vaya… pensaba invitarla al festival, demo ahora con eso… no me atrevo…"
Entró en la habitación, oscurecida totalmente y donde apenas si se distinguía alguna silueta, y se giró para cerrar sigilosamente el shoji, pues si había podido apreciar en la negrura, el borde blanquecino de las colchas de su futón. Pero cuando volvió a voltear y se dispuso a abrir la boca para pronunciar el nombre de su esposa, algo se lo impidió.
- Ka…- de repente sintió como un sabor de dulce miel con un toque de jazmines se posaba delicadamente sobre sus labios e impedía el salir de sus palabras.
Kaoru se había lanzado a sus brazos, rodeando su cuello con sus brazos y había atrapado los labios de su esposo sin darle lugar siquiera a decir su nombre completo. Kenshin se quedó un poco tras puesto al principio, pero rápidamente se dejó llevar por la caricia y le devolvió el beso con igual efusividad, atrayéndola aún más a su cuerpo y entrelazando sus brazos en su cintura.
- Okaeri nasai anata…- le susurró ella al término del beso, sin separarse demasiado, pero dejándole ver a él el brillo de aquellos ojos que tanto amaba y envolverle en aquel ambiente que sus alientos juntos creaban… Estaba en casa…
- Kaoru…- sonrió y estrechó más su abrazo, subiendo a tientas su brazo izquierdo, recorriendo el cuerpo de la joven vestido con una fina yukata y posando su mano sobre la suave mejilla de ella, acariciándola- Tadaima koishi…
Abrazados tiernamente el uno al otro, caminaron hacia el centro de la habitación. Tanta tranquilidad… no se oía ningún ruido, y la noche prometía ser perfecta… Llegaron junto al futón y el pelirrojo de largo cabello obligó a su esposa a sentarse en él, mientras él se dirigía al shoji interior de la habitación y lo descorría, dejando que la suave y fresca brisa nocturna inundara todo el interior, junto con la luz de plata proveniente de la luna.
- Hace una noche preciosa…- susurró, pero no recibió contestación.
Volteó y quedó deslumbrado ante la imagen que contempló…
Kaoru seguía sentada en la misma posición, su cabello largo y azabache como la noche, caía suelto detrás de su espalda y con algo de vuelo debido al viento, y poseía bellos reflejos del color de sus ojos, azulados, gracias a la luz de la luna. Sus brazos reposaban gentilmente sobre su regazo y su mirada caía distraída en torno a ellos, sin dejarle ver sus ojos al joven samurai.
- "Esta hermosa…"- no pudo evitar dibujar una sonrisa en sus labios- "Bueno, ya es hora… espero que le guste mi regalo… aunque nada se puede comparar con el gran regalo que ella me hizo: su amor…"
Con pasos sigilosos, comenzó a acercarse a la joven que amaba con todo su corazón, metiendo sus manos en las grandes mangas de su gi y sacando de ellas un paquete cuidadosamente envuelto. Se agachó a su altura, cuando estuvo frente a ella y cogiendo delicadamente su fino mentón, la obligó a mirarlo fijamente a los ojos.
- Kaoru… feliz aniversario koishi…- y le extendió aquel paquete envuelto en papel marrón.
- Kenshin…- ella se quedó sorprendida y no pudo evitar entreabrir su boca.
Sabía perfectamente que su esposo jamás olvidaría una fecha tan importante, pero se estaba retrasando mucho ese día y la preocupación le carcomía por dentro… y más aún con la noticia que tenía que darle.
Con manos temblorosas, recibió el regalo y comenzó a abrirlo, con deliberada lentitud, bajo la atenta mirada de Kenshin. El envoltorio cayó y en sus manos quedó un hermoso kimono de un tono entre el azul marino y el verde del agua del mar, con unas pintadas perfectas de olas plasmadas en la tela; y junto a él, el obi y el lazo para el cabello a conjunto, en un color verde pálido. La joven no daba crédito a lo que veía, era un kimono bellísimo y además pintado a mano, seguramente hecho de encargo.
- Es precioso…- susurró ella aún alucinada, apartando los ojos del kimono por un momento y llevándolos al rostro de su esposo, quien la observaba sonriente
- Demo no tanto como tú koishi…- se movió ligeramente y se sentó en el futón junto a ella- Su belleza se opaca con la tuya, al igual que la noche… Tú si eres hermosa Kaoru…- elevó su mano hasta acariciar la rosada mejilla de su esposa. Estaba adorable.
La joven kendoka le sostuvo la mirada a su pelirrojo y luego la desvió hacia su regazo, admirando de nuevo el kimono… y entonces sonrió. Había llegado el momento de darle a Kenshin aquella noticia y su regalo de aniversario.
- Es una lástima que no pueda ponérmelo- volvió a posar sus ojos sobre el pelirrojo, sonriendo extrañamente
Kenshin se quedó sorprendido ante esto y le dedicó una mirada interrogante a Kaoru.
- "¿Que no podrá ponérselo? ¿Por qué? No lo entiendo… conozco perfectamente su cuerpo y estoy seguro que la costurera sabía exactamente a lo que me refería cuando se lo encargué… Además le llevé otro de los kimonos de ella…"- pensaba extrañado- "¿No se referirá a ninguna enfermedad no? Kami-sama, espero que no…"- ahora estaba asustado al no saber que pasaba- ¿Por qué Kaoru? ¿Qué ocurre?- consiguió al fin valor para preguntar
- Estaré gorda- amplió su sonrisa aún más y eso solo consiguió confundirlo aún más
- "¿Gorda?"- no sabía con que relacionar aquello y solo dejó ver una cara muy cómica para el gusto de su mujer, quien reía internamente.
Kaoru dejó a un lado el regalo que le había hecho el hombre que amaba más que a nada y con sus manos libres ahora, cogió delicadamente una de las manos de Kenshin. Estaba nerviosa y tremendamente ansiosa por saber la reacción que tendría ante aquello. Se había estado sintiendo mal desde hacía algunos días y el desmayo que tuvo en la mañana acabó por asustarla. Obligada por Misao, fue a ver al médico, y sin ella esperárselo, había recibido la mejor noticia de su vida.
Movió suavemente sus manos y las fue atrayendo hacia ella. Kenshin se dejaba hacer sin comprender y sin dejar de mirar insistentemente a esos ojos tan azules como el océano. Entonces Kaoru posó sus manos, con la de su esposo debajo de ellas, en su vientre, dejándole sentir a él la calidez que emanaba de este.
- Kenshin… vas a ser papá…
La habitación quedó en el más absoluto silencio, solo algún travieso grillo se dejaba oir en la noche. Nuestro amigo se encontraba en el estado de shock más profundo al que jamás se había sumido y sus ojos estaban prácticamente fuera de sus órbitas. No daba crédito a lo que acababa de oir y aún intentaba comprender las palabras de su mujer.
- "¿Padre? Yo… yo voy a… ¡¡Voy a ser padre!! Kami-sama, hoy es el día más feliz de toda mi vida… Kaoru, me has hecho el hombre más dichoso de toda la tierra… Ai shiteru mi Kaoru."- poco a poco fue recuperándose y una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
Sin darle tiempo siquiera a reaccionar, retiró la mano que se hallaba prisionera y se abalanzó contra la mujer que acababa de darle el mejor regalo que puede haber en la vida, abrazándola fuertemente, pero teniendo cuidado también, por su estado, y adueñándose de sus labios, en un arrebato de sentimientos indescriptibles.
- Feliz aniversario… anata- susurró ella contra sus labios.
- Ai shiteru koishi…
Fin del FlashBack
- Y nosotros tenemos dos sobrinos- la voz de Soujiro interrumpió sus recuerdos y los obligó a levantar la mirada hacia ellos, apartándose de aquel día en el que recibieron a su pequeño regalo
- En verdad… todo esto ha sido tan repentino…- apuntó Tomoe- por fin estamos todos de nuevo… toda la familia…
Frente a esas palabras, un frío viento de amargura azotó la habitación… se habían perdido tantos momentos… tantas cosas importantes: las primeras travesuras de sus hermanos pequeños, la boda de sus hermanos mayores, el nacimiento de su sobrino…
- Por cierto, Akira nii-san… enhorabuena- habló de pronto Kenshin, sonriendo a su hermano mayor de castaño cabello, al recordar algunos de esos momentos que no habían podido vivir
- Tomoe nee-san… felicidades- continuó Kaoru, comprendiendo perfectamente las palabras de su esposo, quien la abrazaba tan tiernamente
Sus familiares al principio se quedaron muy confundidos, pues no sabían a que se referían de pronto y nuestros amigos no pudieron reprimir la sonrisa de sus labios al ver sus caras. Eran verdaderamente cómicas.
- ¿A qué viene eso Kenshin, Kaoru?- preguntó al fin el castaño, quien fue el primero en reaccionar
- Por vuestra boda y… por Daisuke…- contestó el joven de rojiza cabellera
- Nos hemos perdido tanto…- la voz de Kaoru se quebró al decir esas palabras, lo que provocó que Kenshin apretara más el abrazo que compartían y besara dulcemente sus cabellos
De repente el frío de los recuerdos inundó la habitación y la sonrisa inicial del reencuentro desapareció por completo, junto a esa calidez y a la luz del sol, seguramente debido a alguna nube blanca que lo tapara. Les habían echado tanto de meno, les habían necesitado tanto… la unidad de su familia.
- Y nosotros nos hemos perdido vuestra infancia, vuestra adolescencia… los momentos importantes de vuestra vida…- Kojiro Kamiya inundó la sala con su voz grave, aunque quebrada
- Momentos que no podremos volver a recuperar…- concluyó su amigo, padre de los Himura
El silencio volvió a llenar la habitación, provocando una pequeña incomodidad, solo rota por las risas de los niños, jugando en la esquina de la habitación, ajenos a todo y disfrutando del tiempo que ahora podrían tener juntos.
- Bueno… ya habrá tiempo después para hablar…- rompió el silencio Seijuro Hiko y seguidamente, todos adoptaron unas miradas serias- Tsubame onegai…- llamó a su única hija- llévate a Daisuke y a Kenji a la otra habitación para jugar… es mejor que no oigan esta conversación…
- Hai otou-san…- asintió ella
Se levantó de su sitio y se acercó a la esquina de la habitación donde Daisuke jugaba con Kenji en sus rodillas. Les dijo unas palabras y luego ellos la siguieron, despidiéndose educadamente de su familia. En cuanto el shoji se cerró nuevamente, la seriedad volvió a los rostros de todos.
- Bien, ahora…- Kojiro Kamiya tomó la palabra- habrá que trazar un plan…
- Shishio se esconde en el templo que hay escondido en las montañas… y según nuestros informes, tiene a muchos hombres guardándolo…- puso al corriente el joven pelirrojo.
Era indescriptible el rostro de asombro de los demás miembros de sus familias. Habían estado tan cerca de él por casi dos años y ni se habían percatado. Un sentimiento de rabia interna y frustración subió de repente por sus cuerpos, que hizo crispar los nudillos de los hombres y reprimir un gruñido profundo y gutural que salió de su pecho.
- Calculamos que con nosotros solos no habrá suficientes para llegar hasta él… sus hombres son muy buenos- completó su mujer el informe
Pero justo cuando Kenshin se disponía a hablar de nuevo, escucharon un ruido extraño proveniente del exterior, más concretamente, del patio donde momentos antes había tenido lugar la batalla que había revelado la identidad de aquellos dos miembros desaparecidos, trayendo con ella, la felicidad perdida años atrás. Era como el sonido de muchos pisadas, hechas con zapatos especiales. Aquello alertó a toda la habitación, lo que ocasionó que todos los kendokas llevaran sus manos a las empuñaduras de sus armas.
- Vaya… no me esperaba a Battousai cuando vinieron las palomas…- una voz fría se abrió paso a través de la habitación desde el shoji descorrido que daba al patio, el cual mantenían abierto por si a alguno de los tipos se le ocurría despertar antes de tiempo.
Giraron la cabeza hacia el lugar del que venía la voz y se encontraron el patio repleto de hombres uniformados en negro, con pistolas como armas; eran policías. Corrían de un lado a otro, limpiando cualquier rastro de pelea que allí hubiera habido y llevándose a los hombres detenidos para interrogarlos, con algunos de ellos aún desmayados. Pero entre todos los hombres, había uno que no se movía. Era alto, delgado pero que escondía una buena forma bajo ese uniforme, también en negro y con algunas condecoraciones, que sin duda era el mejor alistado de todos. Pelo negro con corte raso, estricto y firme. Expresión ceñuda, fría y calculadora y unos ojos heladores de color dorado, que si las miradas matasen… ella se llevaría el segundo puesto, ya que la primera es la de Battousai.
Kenshin nada más ver al hombre que había hablado, lo reconoció al momento. Como para no hacerlo, si era el que más dolor de cabeza le daba, aparte de Shishio. Sintió como su furia aumentaba por momentos y no hizo nada por ocultar su malestar en su ki, haciendo que toda su familia lo notase y se preguntara el por qué. Instintivamente, rodeó a Kaoru con sus brazos, haciéndola recostar sobre su pecho y profirió un gruñido desde lo más profundo de su ser, mas ella no se quejó ni dijo nada, solo se acurrucó más contra él y miró con molestia a esa persona que había irrumpido en la casa de su familia.
- "Kusô, ¿por qué tenía que ser él precisamente el que estuviera destinado aquí ahora? Es cierto que también es uno de nuestros mejores hombres demo… no me cae bien y menos después de lo que le hizo a Kaoru. Eso jamás se lo perdonaré"- pensó para sus adentros- Genial, de todos nuestros corresponsales… tenías que estar tú ahora destinado en Aizu…- dijo con sarcasmo- Hajime Saito…- el pronunciar de su nombre, solo le hizo al aludido sacar una sonrisa arrogante
- ¡¡HAJIME SAITO!!- gritaron de su sorpresa todos los miembros de su familia
- Ese soy yo- contestó engreído
- "Será petulante… Un día de estos conseguiré permiso de la Okashira para darle una buena sacudida"- se gruñó de nuevo e incluso entreabrió sus labios, enseñando sus perfectos dientes cual perro guardián
- El lobo de Mibu…- susurró Akira- ¿eres amigo suyo Kenshin?
La palabra "amigo" y el relacionarla con el nombre "Hajime Saito" le sentó al joven de ojos violáceos como una verdadera patada en el estómago. Su ki se intensificó tanto, que estremeció a todos los que estaba allí; ese era el auténtico espíritu de Battousai. Estuvo a punto de saltar por el comentario, pero una suave caricia en sus brazos, provocada por las finas manos de la mujer en su pecho, consiguió apaciguarlo levemente.
- Más que un amigo… es una relación estrictamente profesional y de trabajo…- dejó bien claro Kaoru, conteniendo a su esposo, y mirando con la furia refulgiendo en sus ojos a Saito
- Un placer volver a verte Kaoru… estás tan hermosa como siempre…- sonrió cínico y se reverenció a la antigua usanza de un caballero.
Aquello les provocó arcadas, tanto a Kenshin como a ella. Odiaban a ese hombre desde aquella misión y eso que desde un principio no les caía bien, pero tenían que trabajar juntos y decidieron darle una oportunidad. Maldita sea la hora en que pensaron aquello, pero mejor no entrar en detalles.
- "El que la llame hermosa suena a blasfemia en boca de ese"- se enfadó- Déjala Saito, te advertí que pasaría si volvía a verte cerca de ella, por eso tu traslado… no respetaste en lo más mínimo ni tan siquiera las órdenes de la Okashira, ni siquiera quisiste ceñirte al plan… y por tu culpa casi la pierdo, así que… mantengamos las distancias…- le advirtió con una voz tan profunda, que haría temblar al más valiente.
- De acuerdo, de acuerdo… no tengo ganas de entrenar en pelea hoy contigo, Battousai…- se burló- demo veo, que pudiste encontrar a tu familia…- subió el escalón del porche y se internó en la casa, parándose de pie en el salón donde estaban todos reunidos- Un placer volver a verte Seijuro Hiko…- le dedicó una mirada muy propia suya, que solo hizo que el señor Himura frunciera el ceño- y a ti Kojiro Kamiya…- acabó con sarcasmo, lo que molestó mucho al aludido. El lobo de Mibu siempre había despreciado las espadas que no podían cortar.
- El sentimiento no es mutuo- respondió mordaz el moreno Kojiro
- Bueno, no he podido evitar oír su conversación…- comenzó de nuevo, sacando de quicio a Kenshin
- "Di mejor que no he podido evitar pegar la oreja como una lapa"- volvió a gruñir el samurai de rojo cabello- ¿Por qué no me sorprende?- susurró entre dientes
- Aparte, Okina y nuestros queridos Okashiras ya me informaron también y visto, lo visto… no necesito saber más.- hizo un gesto de resignación, bastante fingido- No me hace gracia… demo podéis contar conmigo para lugar contra Shishio…- sonrió tranquilamente, sabiendo que ni Kenshin ni Kaoru podrían oponerse, tanto por ser órdenes como por fuerza mayor de necesitarlo para ganar.
- ¡¡Luchar con el lobo!!- saltó el padre de los cuarto Himura, visiblemente en desacuerdo
Iba a tirarse encima de aquel hombre engreído, si no llega a ser porque sus dos hijos mayores lo detuvieron.
- Otou-sama no hay otro remedio…- consiguieron que se volviera a sentar, pero no que dejara de gruñir.
Una vez tranquilizado su padre, Kenshin le dedicó una severa mirada a Saito, pero sin embargo, luego le hizo un gesto con la mano y él se dio la vuelta, marchándose con aquel paso militar tan cuadriculado, diciendo que ya vendría mañana. En cuanto desapareció de su vista, nuestra pareja resopló por fin, soltando el aire contenido por su presencia.
- Bueno, con él ya seremos suficientes…
- Demo anata, nos haría falta uno más…- le corrigió su esposa, comprobando todas las constantes y comparando informes, quedando confundida ante su contestación y mirándolo fijamente a los ojos
- Iie…- él sonrió de esa manera tan peculiar, que ella tanto adoraba
- "¿En quien puede estar pensando? No tenemos más corresponsales aquí que Saito y aunque Aoshi y Misao traigan algunos reclutas, no creo que podamos pasar"- intentaba por todos los medios averiguar en qué pensaba su querido pelirrojo, cuando una fugaz imagen de un joven castaño vestido de blanco pasó por su mente- ¿Te refieres a él?- pareció comprender al fin, lo que sacó una sonrisa a el joven de ojos violetas
- Hai- asintió y comenzó a deshacer el abrazo en el que la había mantenido hasta ese momento.
Pero hubo alguien a quien no pasaron desapercibidas las miradas y expresiones de sus rostros.
- ¿Qué ocurre onii-san?- preguntó Soujiro, observándolo con sus ojos negros
- "Ay Soujiro nii-san… siempre tan observador…"- Kenshin sonrió- acompáñame y lo sabrás…- le propuso a su hermano menor por un año y se levantó, esperando a ver si él decidía aceptar su proposición.
El joven de 19 años, quien aparte de Kenshin, era el más curioso de los cuatro hermanos Himura, no queriendo desaprovechar la oportunidad de pasar un pequeño rato a solas con su hermano reaparecido, como antaño, se incorporó veloz, dispuesto a seguir a Kenshin.
- "Siempre tan curioso Soujiro…"- esbozó una sonrisa disimulada y seguidamente, llevó sus ojos del color de las amatistas al rostro de su esposa- Kaoru, llevaré a Kenji-chan conmigo… Pon a todos al corriente mientras tanto…
- Hai- asintió ella- demo id con cuidado…- él sonrió
- Akira nii-san, Tomoe-san- llamó, atrayendo la atención de su hermano mayor castaño y su cuñada, hermana de su esposa- ¿Podría llevar también a Daisuke?- preguntó- Dudo que quiera separarse ahora de Kenji itoko-chan…- rió- y estoy seguro de que se divertirá con el paseo…
Tanto la pareja como los demás miembros de sus familias, exceptuando a la morena de ojos azules que era su esposa, quien tan solo sonreía, quedaron sorprendidos ante la propuesta, pero pensaron que después de todo lo pasado y lo cerca que estaban de acabar al fin… Kenshin y Kaoru se merecían un tiempo también con su sobrino al que no conocían.
- Claro Kenshin nii-chan- sonrió Akira- demo no vayas a comenzar a mimarlo… o haré yo lo mismo con mi sobrino…- le advirtió entre risas, a las que se sumó su mujer a su lado.
- Tranquilo Akira… ¿demo no crees que estoy ya mayorcito como para que me llames –chan? Tengo 20 años…- dijo, fingiendo frustración
Pero aquello hizo estallar las risas de todos, disminuyendo la tensión inicial en la que se había sumido el ambiente con la visita del Lobo de Mibu.
- Vamos Soujiro nii-chan…- lo apremió, encontrándose ya cerca del shoji que comunicaba con el pasillo
- ¿Puedo decirte lo mismo a ti, onii-san?- llegó a su lado, adelantándose a él y descorriendo el shoji, volteando a sonreírle tan singularmente al pelirrojo, con medio cuerpo en el pasillo.
- Claro… onii-san…- y salió con él
Juntos, recorrieron el pasillo enmaderado y oscurecido, llegando a la habitación donde su dulce hermanita de castaño cabello y sonrisa encantadora, Tsubame, vigilaba a sus dos sobrinos que se revolcaban por el suelo, mientras sus risas fluían por la habitación. Nada más asomar la cabeza por el shoji, el cual se hallaba descorrido, los niños pararon su juego y la sonrisa se hizo en sus labios, en cuanto los vieron.
- ¡Kenshin ji-san! ¡Soujiro ji-san!- exclamó Daisuke, levantándose rápidamente del suelo, cogiendo a Kenji con mucho cuidado y corriendo a su encuentro.
Con tan solo encontrarse delante de su padre, el pequeño de rojos cabellos estiró sus bracitos hacia él, pidiendo ser cogido por sus fuertes y protectores brazos, así como le regaló el brillo de las estrellas reflejado en aquel mar que eran sus ojos.
- ¡Ven aquí Kenji-chan!- lo cogió cuidadosamente de brazos del niño castaño, sonriéndole con aquella sonrisa solo para él y lo acomodó en su pecho, dejando que él se agarrara fuertemente de su gi- ¿Cómo os lo estáis pasando?- preguntó mirando tanto a su pequeño como al niño de siete años
- ¡Muy bien! Ahora tengo a alguien con quien jugar y… ¡además es mi itoko-chan de verdad!- saltó felizmente, mas luego adoptó un semblante serio, más propio de un adulto que de un pequeño- Prometo cuidarlo mucho y hacerlo sentir orgulloso de ser mi itoko-chan
Kenshin quedó asombrado por la madurez que demostraba su pequeño sobrino, para la poca edad que tenía, pero se veía que por sus ojos habían pasado un millar de cosas que lo habían hecho pensar y crecer un poco más deprisa que la mayoría. Aquello lo lleno de orgullo.
- "Daisuke… verdaderamente eres idéntico a Akira… Recuerdo que siempre me prometió que me haría sentir orgulloso de ser su onii-san"- rememoraba el pelirrojo con una sonrisa- Estoy seguro de que lo harás… y de que Kenji-chan te querrá mucho siempre…- sostuvo a su hijo con una mano y con la otra le revolvió el cabello ligeramente largo del color de la tierra a Daisuke- De ahora… ¿qué os parece dar un paseo?
En cuanto ambos niños oyeron la proposición, sus ojos se iluminaron de alegría y se excitaron notoriamente: Kenji tiraba del gi de su padre, apremiándolo y Daisuke ya estaba en el pasillo, tirando de la mano a Soujiro.
- Eso es un si…- sonrió el joven de largo cabello escarlata, quien antes de abandonar la estancia, le regaló una sonrisa a su pequeña hermana, ya convertida en toda una mujer- Arigatô gozaimasu por cuidarlos Tsubame nee-san… Puedes volver al salón…
- Hai… Kenshin nii-san
Por fin, ambos hermanos salieron de la casa y comenzaron a recorrer las calles de Aizu, no demasiado abarrotadas de gentes. Daisuke iba agarrado de la mano de Soujiro, caminando feliz entre media de ambos hermanos, mientras que Kenshin llevaba en brazos a un feliz Kenji, al que todo atraía la atención de sus ojos zafiros. Pero cuando salieron de la calle en la que se encontraba ubicada su casa y se internaron en la calle del mercado, ahora sí, llena hasta rebosar de gentes que realizaban sus compras y viandantes de paso, al joven observador de cabello castaño le vino una pregunta a la cabeza, de la cual no había recibido contestación. Miró a su hermano y decidió preguntar, al fin y al cabo… llevaba 13 años sin poder hacerlo con él y ahora podía recuperar el tiempo perdido.
- Onii-san, ¿dónde nos dirigimos?
- A la clínica…- sentenció él
El castaño quedó con una cara de confusión e interrogante digna de retratar, e intentaba internamente, averiguar la contestación de su hermano.
- "¿A quién podría mi onii-san buscar en una clínica?"- se preguntaba, pero no conseguía encajar una clínica en toda la maraña de peleas que iban a tener, a no ser que fuera para curar sus heridas, pero decidió que lo dejaría pasar hasta que llegaran a la clínica, lugar donde se aclararían sus dudas.
Y efectivamente así fue. Kenshin, Soujiro y los niños llegaron al final de la calle mercantil, donde al girar a la derecha en el cruce de calles, quedaron frente a la puerta principal de una gran casa, en la que había un cartel en el muro grisáceo de cemento, con la palabra "Clínica" escrita en negro.
- "Aquí es"- pensó nuestro pelirrojo, portador de una sakabattou- Sumimasen, ¿hay alguien que pueda atendernos?- preguntó desde la puerta principal, descorriendo el shoji de esta.
En el poco silencio de aquella apacible calle, que pareciera mentira que se encontraba aún en el barrio mercantil, ambos hermanos pudieron apreciar perfectamente el sonido de unos pasos apresurados, provenientes del interior de la casa, acompañados de una fina voz.
- Hai, onegai pasen- parecía una voz de mujer.
Entraron totalmente al recibidor de la casa y Soujiro cerró la puerta tras de ellos. Entonces, la figura de una mujer apareció ante ellos, deteniendo los pasos anteriormente escuchados. Tenía la piel muy blanca y pálida, parecía hecha de porcelana. Era alta e iba vestida con una bata blanquecina, en cuyos bolsillos guardaba algunos utensilios de metal, muy propios de un médico.
Nuestros amigos no pudieron evitar sorprenderse ante la belleza de aquella mujer que los había recibido, pero para ellos solo había una única persona ocupando sus pensamientos, y así sería por siempre…
Ella elevó su brazo hasta su rostro y retiró con soltura aquella máscara que cubría la mitad de él, dejándolos al fin, apreciar enteramente, la madurez que en él había. Aquellos ojos negros como el propio carbón, destilaban una firmeza que haría quedar sin aliento al más valiente. Aquella media sonrisa en sus labios tintados de rojo, parecía más bien una mueca de desaprobación… y el color tan oscurecido de su cabello solo acrecentaba aquella imponencia que ella ofrecía.
- ¿Qué desean?- preguntó, sin dejar de estudiarlos con los ojos, reparando en la presencia de las katanas en sus cinturones y de los niños que los acompañaban.
- Buscamos a Sanosuke Sagara- se apresuró a decir Kenshin- Soy un amigo…- aclaró, al ver la cara que de repente había puesto la mujer- me dijo que podría encontrarlo aquí… necesitamos hablar con él- terminó con un tono serio, que acabó de convencer a la mujer de negro cabello largo, que caía por su espalda
- Un momento…- se disculpó, dándose la vuelta hacia el interior de la casa- ¡Eh Tori atama! ¡Te buscan y parece ser importante!- gritó que una fuerte voz, que retumbó por toda la estructura de madera.
Al momento, unos pasos muy apresurados y a la carrera, y el portazo del descorrer de un shoji, se oyeron procedentes de la habitación más cercana al recibidor, que según la estructura de todas las casas, debía de ser el salón. Por el shoji abierto, salió la figura alta y atlética de un joven hombre, quien vestía una ropa blanca bastante rara y llevaba la camisa desabrochada, dejando ver su torso moldeado por, al parecer, la práctica de algún arte marcial. Sus ojos castaños viajaron al rostro de la mujer, quien lo miraba y acercándose a ella, dándole algo de vuelo a la cinta rojiza que bordaba su frente, libre de flequillo alguno de ese cabello rebelde y corto color castaño.
- "Hai, es él… tal y como lo recordaba… y tal y como los informes que recién me llegaron, me lo confirmaron. Seguro que a otou-sama le hará mucha ilusión conocerlo"- pensó Kenshin, mientras sonreía viendo la escena, pero entonces vio pasar una rápida sombra desde la puerta hasta quedar tras el joven que había salido por ella- "¡¿Qué ha sido eso?!"- se alarmó, poniéndose en guardia, pero sin dejarse ver en el rostro
- Ssh, koishi… Ayame y Suzume se acaban de dormir…- susurró él- ve con ellas, no quiero dejarlas solas- la mujer asintió, dedicándole una sonrisa a él y desapareció seguidamente por la misma puerta por la que el castaño había salido.
Una vez a solas en aquel pequeño recibidor construido en madera, al igual que toda la casa, los tres hombres se miraron a la cara, estudiándose minuciosamente, pero se produjo un quedo movimiento detrás de las piernas de aquel castaño, que no pasó desapercibido para cierto niño allí presente.
- "¿Qué ha sido eso?"- se extrañó
Intrigado, Daisuke se soltó de la mano de su tío y se acercó hacia el lugar donde se había producido el movimiento, encontrando una sombra de más o menos su misma estatura.
- Ohayo gozaimasu- dijo educadamente, acercándose un poco más, pero la sombra retrocedió
- Vamos, no seas tímido…- le sonrió el hombre detrás del cual se escondía, mientras llevaba su mano hacia la sombra y la alentaba a salir, cosa que finalmente hizo.
Entonces en aquel recibidor abarrotado de gente, una sexta persona se dejó ver. Era un pequeño niño de cabello negro como la noche, alborotado y revuelto, solo ligeramente largo. Tenía una mirada cohibida y muy tierna, algo reticente aún, dejando a sus orbes del color del chocolate expresarlo. Sus labios se hallaban levemente fruncidos, debido al estudio y aún desconfianza ante las personas delante de él y entre sus flequillos se dejaba ver una cinta escarlata anudada detrás de su cabeza, posada en su frente. También en sus manos, se podían ver unas vendas blanquecinas cubriendo a ambas y unos ropajes hechos a medida, para el entrenamiento. Era un pequeño niño muy mono y muy parecido al hombre que estaba a su lado.
El pequeño Daisuke Himura se quedó observando al recién aparecido y poco a poco, una dulce sonrisa se fue abriendo paso en sus labios. Le tendió la mano y siguió sonriendo.
- ¿Cómo te llamas?- le preguntó inocentemente, como cualquier niño que por primera vez ve a un posible nuevo amigo, pero el pequeño pareció asustarse aún más, y tan solo miró la mano en el aire, esperando por ser estrechada- Yo me llamo Daisuke…- se presentó- y él es mi itoko-chan, Kenji- señaló a su pequeño primo de rojo cabello, en brazos de Kenshin.
El pequeño aludido sonrió dulcemente y estiró sus bracitos, queriendo estar a la misma altura que su primo, por lo que a su padre no le quedó otro remedio que separarlo de sus brazos y dejarlo con Daisuke, acomodándolo perfectamente con él.
Entonces, los ojos azules del pequeño Kenji se cruzaron con los del niño aún sin presentar y le dedicó una tierna sonrisa de niño pequeño, que encantó al moreno. Un poco más confiado, salió de las piernas que lo guarecían y se paró frente a los niños.
- Souzo… me llamo Souzo…- y con la sonrisa del pequeño Souzo a Daisuke y Kenji, acababa de formarse una gran y duradera amistad.
En un segundo, los tres niños se encontraban en un rincón, hablando y riendo animadamente, como si se hubieran conocido desde que nacieron. Una sonrisa tonta y tierna se dejó entrever en los rostros de los tres adultos, quienes seguros de que los pequeños estaban bien, por fin podrían hablar.
- Shinta… que gusto verte- habló primero el castaño, sonriendo y alzando su mano, que Kenshin gustoso estrechó, pero entonces reparó en la presencia de la tercera persona, el joven castaño que acompañaba a ese pelirrojo… a quien él no conocía- ¿Y quién es tu amigo?- miró a Soujiro
- "Bueno, llegó la hora…"- pensó y su semblante cambió- Primero de nada… no me llamo Shinta Odamura…- se desmintió, a modo de una disculpa y sonando un poco rudo, sin tener intenciones de ello- sino Kenshin Himura… y este es mi hermano Soujiro…- el nombrando se reverenció ante un boquiabierto Sanosuke Sagara
- ¡¿Hi-Himura?!- gritó alucinado, provocando la risa interna de ambos hermanos
- Hai… somos dos de los hijos de Seijuro Hiko…- puntualizó- demo, ¿sigues queriendo deberme un favor?
- "¿Deberle un favor?"- aquel comentario sorprendió muchísimo a Soujiro, quien sabiendo el gran samurai que era su hermano, no se explicaba como sucedía eso- ¿Cómo es que alguien le debe un favor a Battousai, onii-san?- pero solo obtuvo como respuesta, una sonrisa del pelirrojo, lo cual significaba que luego tendría su respuesta
Pero ante esa pregunta, el joven de espíritu rebelde, según daba a entender, saltó efusivamente.
- ¡Por supuesto! ¡¡Tú detuviste al mal nacido que quiso propasarse con mi mujer!!- dijo con furia, para satisfacción, en el buen sentido, de Kenshin
- "Sabía que no me defraudarías"- sonrió- Entonces… ¿quieres venir a luchar a nuestro lado?
Nada más oir la palabra lucha, el fuego interno del castaño se elevó y hasta su mirada se incendió de él, ambos samurais pudieron apreciar el auge de su ki alzarse.
- ¡¡Claro!! ¡¿Quién rechaza una buena pelea?!- juntó sus puños e hizo crujir sus nudillos
- "Mis informes no podían ser más exactos… es clavadito a su otou-sama… Y estoy seguro de que mi otou-san se alegrará mucho de verlo"- sonreía el joven de ojos malva- Bien, tú eres el hijo de Souzo Sagara… un superviviente del Sekihotai, que luchó por los derechos del pueblo…- repitió las palabras escritas en su información, mas una sonrisa cálida adornaba sus labios- Otou-san se alegrará de saberlo…- dijo, antes de comenzar a darse la vuelta hacia la puerta- Vendré mañana temprano a buscarte… y prepárate, será una batalla muy dura…- gruñó ante las últimas palabras
- Hai, no me subestimes Battousai…- se rió
- "Por desgracia… no lo hago…"- pensó resignado- Niños, nos vamos- dijo mientras salía por el shoji, previamente descorrido
Al momento, los pequeños dejaron su zona de juegos y se despedían con voz dulce y aniñada.
- ¡Sayonara Dai! ¡Sayonara Kenji! ¡Espero volver a jugar con vosotros!- agitaba su manita desde el umbral de la puerta
- ¡Sayonara Sou! ¡Nosotros también queremos volver a jugar contigo!- respondía Daisuke, acompañado de los gorgojeos de Kenji
Los Himura abandonaron la clínica de la ciudad, retornando su camino a casa, por aquella calle mercantil, aún llena de gente que iba y venía en sus compras del día a día, ajenas a todo lo que estaba por suceder… y que decidiría el destino de todo el Japón.
Por fin en casa, pusieron a todos al corriente sobre su nuevo compañero de batallas, que provocó, como Kenshin ya se esperaba, la reacción de su padre con tan solo oir su nombre.
- Así que el hijo de Sagara… Vaya, no creí que volvería a escuchar ese nombre… según escuché, lo asesinaron tanto a él como a su esposa…- recordó con nostalgia
Y así el día pasó entre planes, explicaciones, risas y recuerdos en familia, en una familia que volvía a estar completa y unida… como siempre debió haber sido…
Cuando se cernió la noche sobre el cielo de Aizu, llegó la hora de ir a la cama para todos los cobijados por aquella casa, sobre todo los más pequeños, quienes hacía rato, se estaban cayendo de sueño. Además, mañana sería una batalla muy dura…
- Kenshin… anata…- susurró Kaoru suavemente, acurrucándose en el pecho tan fuerte y protector de su esposo, cobijados por el edredón del futón
- Dime Kaoru-koishi…- rodeando su cuerpo con sus brazos, apegándola más a él y dejándose envolver por aquel aroma a jazmines que poseía, suspirando de puro gozo
- Por fin… volvemos a ser una familia…- suspiró- después de tanto tiempo…- realizó un suave movimiento y se acomodó mejor entre los brazos que de todo la protegían
- Mañana será la última batalla…- susurró con voz seria, pero suave- y entonces…- cogió delicadamente su mentón en la oscuridad de la habitación, y la hizo mirarlo directamente a la cara, con aquellos ojos de profundo azul- todo habrá terminado…- buscó sus labios, inclinándose para unirlos con los suyos en un beso tierno… un beso que hacía saber… que todo iba a estar bien…
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N.A: y por fin se dejó ver el capítulo 10 de "Amor en las adversidades"
Si, lo sé… no tengo perdón de dios ni de nadie, pero de verdad que me ha costado lo suyo pasar a limpio este capítulo, además de que… está casi totalmente remodelado del original (sigue teniendo la misma idea, solo que lo detalle mucho más y le puse el flashback y algunas cosas más, además de que, aquí apenas había besos entre nuestros protas)
Y aparte de todo esto… para colmo de males me han pasado demasiadas cosas, la última justamente hoy… Mi abuelo pasó a mejor vida y… no me sentía con demasiadas fuerzas para escribir, por eso el final del capítulo… no sé ni como estará…
Siento no comentar demasiado el capítulo, solo que al final, este ha resultado ser el más largo, por ahora, de todos los de este fic (más incluso que el 5) y espero que este hecho, compense toda la espera en la que los he tenido. Sinceramente, al final este es uno de los capítulos que más me ha gustado escribir, lo encuentro muy emotivo y a mí… consigue sacarme las lágrimas cada vez que lo leo.
Bueno, agradecimientos a todos los que leéis este fic y os pasaré lista por los review:
Gabyhyatt (tu siempre conmigo para cualquier cosa y muchas gracias por leer, de verdad, te aprecio mucho)
Mónica (onee-chan!! Gracias por seguirme siempre en cada nuevo trabajo y este, que aunque no es nuevo, ya sabes todo lo que me ha costado sacar este capítulo adelante. Siento la demora, espero que para el siguiente no me pase)
KaoruRurouni24 (muchas gracias por leer y decirme que te gustó mucho el fic. Si, yo también adoro a Kenji, es un niño monísimo (baba))
Dark-kanae (vaya, muchas gracias amiga!! Si, ya se que debería describir más, aunque en este lo hice con mi actual estilo, ya que está muy retocado, pues como ya te dije, este es de los primeros fic que escribí y en fin, espero que te guste el capítulo)
Sin más que decir, espero que no les importe que le dedique el capítulo a mi abuelo
Nos vemos en el capítulo 10 "La última batalla" de "Amor en las adversidades"
Matta-ne
Kisa-chan-sohma
