Título: Hermandad de los Lobos

Autora: Clumyskitty

Fandom: MCU-Omegaverse

Parejas: OC/Tony luego entonces Stony.

Derechos: ¿pues cuáles?

Advertencias: Universo Alterno con Omegaverse y m-preg. Estoy loca, enferma y desquiciada. Post Civil War con cambios porque necesito satisfacción. Shalom. Namasté.

Gracias por leerme.


IX. Steve.


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INICIO DE PROTOCOLO, PACTO DE LOS LOBOS, LUZ VERDE

Sentía que iba a morirse, ya no podía más, le había gritado a Wanda e incluso desafiado a Fury pero es que ya no podía más. Lo sentía claro como el agua. Su hijo y su pareja estaban sufriendo. Algo había ocurrido en la Comuna que puso a todos los pelos de punta, pero a él le dejó con el corazón a punto de un shock traumático. Steve se dejó caer en uno de los asientos más alejados dentro del Quinjet, a sabiendas que su equipo le tenía miedo en esos momentos. En verdad que no era algo a propósito pero necesitaba llegar lo más pronto posible a la isla y rescatarlos aunque tuviera que asesinar a cada miembro de la Hermandad. Una furiosa desesperación le carcomía el alma, inyectándole en la sangre una rabia que se exaltaba a la menor provocación de manera peligrosa. Su familia estaba en serio peligro, y él estaba lejos todavía.

-Steve –una mano metálica cayó con fuerza en su hombro, obligándole a levantar el rostro- Cálmate de una buena vez o te noqueo ahora mismo.

-Buck…

-Vamos a rescatarlos, pero necesitamos al Capitán América.

Las Fuerzas Conjuntas iban en Helitransportes junto a ellos, repletos de Cascos Azules como de otras unidades militares de diferentes países. La Comuna había sufrido un espantoso ataque y las naciones que respaldaban el Pacto de los Lobos respondían enviando su ejército como defensa. Rogers miró fijamente a su amigo, quien asintió con una mirada llena de seguridad. Debía creerle que todo saldría bien, volver a la mente clara antes de pisar el territorio de la Hermandad. Correspondió a su gesto, buscando su nuevo escudo que T'Challa le había obsequiado. Era un arma de alta tecnología pero extrañaba el original que según Visión le dijo, estaba resguardado en una bodega dentro de la Torre Stark.

-Mierda…

Clint maldijo en cuanto idioma supiera, haciendo que todos se pegaran a las ventanillas. Steve lo hizo con una mano pegando contra el vidrio. La enorme isla azotada por una lluvia intermitente parecía un paisaje que le trajo un escalofrío porque era una vista horrorosamente conocida. Como en la Segunda Guerra Mundial, la Comuna estaba llena de enormes columnas de fuego y humo negro, explosiones y lo que les parecieron disparos de largo alcance que se perdían entre las nubes gruesas. Aviones de las Fuerzas Conjuntas sobrevolaron, para abrirles el paso hasta una de las pistas de aterrizaje que estaba en llamas. Steve no perdió tiempo, tomando un brazo de Visión para que le mirara, hablando en un susurro más que suplicante.

-Búscalos, por favor, solo búscalos.

Visión se quedó quieto pero asintió con fuerza. –Enseguida.

Desapareció al tiempo que Natasha abrió las compuertas donde se dejó caer, no esperaría hasta que aterrizaran. El traumático aroma de sangre y muerte golpeó su olfato igual que la humedad del terreno, el hollín del fuego o la pólvora. Cuerpos mutilados formaban hileras alrededor de los hangares, con naves destruidas por cañonazos. ¿Qué o quién pudo haber atacado a la Comuna con semejante barbarismo? HYDRA vino a su mente, corriendo fuera de aquella pista, saliendo del complejo hacia el paisaje boscoso, buscando un camino por el cual comenzar. No detectaba el aroma de Tony, su corazón latió más aprisa por ello. La lluvia disfrazó sus lágrimas mientras corría por una pendiente, encontrando la primera zona habitable.

Sintió enormes ganas de vomitar ante la cantidad de cuerpos acribillados, entre mujeres, niños y ancianos, rodeados por quienes creyó eran parte de la Hermandad, como si hubieran estado protegiéndoles de un enemigo que no les tuvo piedad. Una explosión cercana le trajo de vuelta a la realidad, haciendo que corriera hacia ella al olfatear esencias agresivas. En verdad que dejó libre todo su rencor al ver uniformes con una calavera y tentáculos disparar contra otros civiles. Su escudo voló, rebanando cabezas mientras derribaba soldados de HYDRA, sin piedad alguna. Aquellos inocentes le observaron aterrorizados, sin saber si era amigo o enemigo. Su calma vino al instante, explicándoles por encima de la lluvia que estaban a salvo, dando su ubicación a Fury para que vinieran de inmediato a rescatarlos.

No podía perder tiempo, tenía que seguir hasta encontrar a Tony, a su Peter. Hubo más soldados, más trampas que evadir pero todos resultaron muertos bajo sus manos en su paso desquiciado hacia la columna de fuego más ancha que parecía un tornado gigante. Dobló por un camino empedrado hasta lo que parecía un salón de eventos o una iglesia, no lo supo decir porque las ruinas daban muy poco para imaginar. No vio venir el puño que le estrelló contra un árbol cuyo tronco se partió ante el impacto de su choque. Apenas si pudo levantar el escudo para protegerse, sintiéndolo abollarse ante la fuerza de ataque del Alfa que no le dio tregua. El capitán escupió sangre al rodar escaleras abajo, chocando con un cuerpo muerto que vio por el rabillo del ojo, jadeando sorprendido al reconocer nada menos que a un Kurt Tulskan con el cuello rebanado.

Su verdugo le tomó por los cabellos para seguir su martirio, hasta que Steve pudo enfocar su vista nublada por los certeros golpes a su cuerpo, consiguiendo al fin su turno para contraatacar y enviar lejos a su agresor. Hasta entonces se percató que estaba manchado de sangre que no era suya. El Alfa que le había salido al paso estaba desangrándose y a pesar de ello, su fuerza no menguaba. Levantó su rostro atónito porque reconoció el aroma en la sangre, ya lo había percibido antes. Era Lars Von Hagen. Mismo que se había quedado quieto. Todo su cuerpo estaba lleno de impactos de metralleta, nadie lo podía salvar. Aun llevaba en una mano el cuchillo dentado con que había degollado al Alfa número uno de la Comuna. Steve alcanzó su escudo a punto de lanzárselo pero se dio cuenta que Von Hagen ya no se movía.

-… el capitán –le escuchó murmurar con voz ronca.

Lars cayó de rodillas, inclinando su cabeza como un muñeco que de pronto ha perdido su batería. Sus cabellos en rastas cayeron al frente, rozando sus sienes.

-… de nada… te sirve ser un hombre bueno… si permites… que sucedan cosas malas…

Steve se quedó en el suelo, mirándole. Ya no se movió ni habló más. Con un nudo en la garganta se arrodilló frente a él. Todo el cuerpo de Lars Von Hagen había sufrido cuantas heridas se pudieran pensar, y al ver alrededor, se pudo dar cuenta que ni así lo doblegaron, un manto de cuerpos sin vida les rodeaban como mudos testigos de la grandeza de un Alfa que había muerto en combate. El coraje que le tenía por haberse adueñado de su Omega desapareció, quedando en su lugar algo más allá de la vergüenza. Tendió aquel cuerpo perforado por balas en el suelo, cruzando sus brazos y cerrando esos penetrantes ojos grises. ¿Por qué Von Hagen había asesinado a Tulskan, a varios de la Comuna como de la Hermandad sin mencionar soldados de HYDRA? Nada tenía sentido en aquel horrible caos.

-Gracias –musitó, antes de dejarle ahí. Todavía tenía que encontrarles.

Jadeó al sentir una que otra costilla rota, probablemente la nariz como varios tendones, realmente le había puesto una paliza antes de frenarse. Steve siguió adentrándose a los territorios de la Comuna, todo era sangre, explosiones, confusión, muerte. Era un campo de guerra y su familia estaba perdida en él.

-Steve, los encontraron –escuchó la voz de Natasha en su oído.

-¡¿DÓNDE?!

Corrió hacia la dirección que le dio la Viuda Negra, ignorando las fracturas de huesos o las torceduras de músculos. Los disparos ya habían cesado, las Fuerzas Conjuntas por fin habían neutralizado los ataques y ahora helicópteros médicos se daban a la tarea de rescatar a los sobrevivientes. Volvió a llorar, estaba seguro, poco le importó en esos momentos en que sus piernas se le antojaron lentas al momento de subir por una colina inclinada hasta dar con la vista de las tiendas de campaña puestas de manera improvisada en medio de la lluvia, con camillas llevando heridos que dejaban rastros de sangre, gritos de agonía. Sus ojos fueron a donde su olfato le indicó. Unos paramédicos llevaban dos camillas hacia una de las tiendas, con T'Challa y Visión escoltándoles.

Steve lanzó un grito.

Pantera Negra vino a él, usando toda su fuerza para controlarle y permitir que los médicos atendieran a Tony como a Peter. Ambos estaban inconscientes pero la sangre sobre sus cuerpos fue una de las cosas que le alteró a punto de volverle loco. La segunda razón fue detectar el inconfundible aroma de su Omega gestando. Tuvo que llegar Bucky para auxiliar al rey de Wakanda porque el capitán no quiso entender razones, solo hasta que la propia esencia de James disminuyó su desesperación, es que prestó atención a las palabras de T'Challa. Estaban vivos pero heridos, no de gravedad. Ellos dos como un ciento de miembros de la Comuna habían estado refugiados en un túnel que luego colapsó pero no sobre ellos, porque una estructura lo impidió. Cómo o por qué tan pocos estuvieron ahí, lo ignoraban pero era un milagro que les había salvado la vida.

Lo demás pasó como si fuese una película en alta velocidad. Regresó con Peter y Tony en el helicóptero que se los llevó al hospital más cercano, que era en Gales. Vio sus camillas entrar a la sala de emergencias, ser rodeados por el personal médico mientras él era llevado del brazo casi a rastras por Bucky hacia la sala de espera donde le retuvo. Steve volvió a romper en llanto. De haber sido más asertivo eso no hubiera ocurrido. Todo era su culpa por no haber tomado las decisiones correctas a tiempo. Lars Von Hagen le había dicho sus últimas palabras con inmensa sabiduría, de nada le valía jurar ser siempre un hombre bueno que hacía cosas buenas si cosas malas sucedían y él les daba la espalda justo como hizo con Tony.

-Steve, Steve, cálmate, debe verte un médico.

Si lo hizo, ni siquiera se dio cuenta, tan solo quería estar cerca de ellos, poder estar seguro que estaban bien y no volver a separarse nunca más. Cuando al fin los subieron a un piso de observación, Fury y Natasha le guiaron hasta la habitación privada donde pasó solo. Ambos estaban mejor, pero todavía inconscientes. Steve se acercó al pequeño, sintiendo que el corazón se le detuvo al ver su rostro. Era el mismo niño que encontrara en Nueva York y que le pidiera su cajita. Lágrimas que creyó extintas volvieron a él, inclinándose para ver su rostro con raspones, uno que otro moretón con su rostro descansando con una mejilla sobre la mullida almohada. Acarició sus cabellos castaños, tembloroso como sollozando. Hermoso, perfecto. Besó su frente, dejando caer unas lágrimas que luego borró con sus manos vendadas, girándose hacia Tony.

Con una mano tallándose sus ojos, pasó saliva acercándose a su camilla. Le pareció tan precioso a pesar de sus vendajes y moretones al igual que Peter. Una de sus manos tocó su vientre todavía plano pero con una vida en él que le fue tan clara. Su hijo. Steve cayó de rodillas, tomando la mano del castaño que besó con reverencia, llorando su nombre. Había sido un completo idiota al que la vida le regalaba una oportunidad increíble, ya no les volvería a abandonar, lo prometió ahí, entre las dos camillas donde reposaban sus tres razones para seguir existiendo. Sus lágrimas acabaron en ahogados sollozos y se quedó con ellos por varias horas, vigilante de los monitores. Las explicaciones vendrían después cuando apareciera el recién llegado Coulson a pedirle que cenara algo porque había estado todo un día en guardia sin comer ni dormir.

-Capitán, nadie va a lastimarles, me va la vida en ello.

Bucky fue su ancla para levantarse y salir a tomar algo. Natasha ya se había encargado de hablar con el resto de su confundido equipo que no entendía mucho de la situación. Con todos reunidos, Steve no tuvo problemas en solicitarle a Visión que le perdonara por el dolor causado a Tony como a su pequeño hijo antes y después de la Guerra Civil. Visión le perdonó como el ser noble que era, esperando que cumpliera su palabra. Coulson vino de nuevo, para hablar sobre las bajas en la Comuna porque tenían una situación que requería de su asistencia. De todos los habitantes en la isla, solamente un tercio había sobrevivido al inhumano ataque, pero los médicos no podían hacer mucho por los heridos porque estaban en histeria total.

-Han perdidos sus Manadas, están desorientados y agresivos, requieren de un guía inmediato que pueda tomar las riendas en nombre del Patriarca, la Madre Superiora o los otros Alfas líderes. No tienen un Alfa en estos momentos, HYDRA aparentemente los asesinó primero a todos ellos.

-Dios –Scott jaló aire.

-¿Qué podemos hacer? –quiso saber Sam.

-Encontramos a Alonso Castilla. Acaba de despertar pero no quiere escucharnos, es nuestra mejor opción para que la Comuna retome el control y podamos ayudarlos de manera adecuada.

-Tengo una idea –habló Steve con seguridad- Llévame con él.

-Por aquí.

Con las Manadas destruidas, era lógico aquel desconcierto de los sobrevivientes, el rubio confió en su capacidad como Alfa supremo para tranquilizar a Castilla y hacer que entendiera razones, era un rostro conocido que su gente necesitaba para reunirlos. El Alfa estaba paseándose por su habitación, descalzo con solo el pantalón de pijama de hospital puesto. Tenía unos cabellos largos en rizos negros como la noche, con una barba gruesa pero corta con patillas y cejas gruesas, murmurando en su lengua nativa palabras cuyo borboteo se detuvo ante la entrada segura de Steve.

-¿Pero quién coño eres tú?

-Alonso, la Comuna te necesita.

-Ya no hay Comuna, ya no hay Comuna –el hombre comenzó a pasearse de nuevo con la mirada perdida.

-¿Recuerdas lo que pasó? –insistió, manteniendo la calma para que el otro Alfa le imitara.

-Estábamos… en el servicio, todos reunidos para el sermón. Todo estaba bien, carajo. Yo estaba sentando a mi madre… oh, por la ostia… mi madre… le prometí un ramo de flores…

-Alonso.

-Algo explotó afuera, las luces fallaron, escuchamos zumbidos y de pronto cañonazos empezaron a destruir las paredes. Hermanos se levantaron para pelear contra otros Hermanos, entre Manadas se atacaron. ¿Por qué Von Hagen querría a matar a Tulskan? ¿Qué ha sido de ellos?

-Están muertos –respondió el capitán con pesar- Lo siento.

-No tiene sentido, nada tiene sentido… Yo sé que Von Hagen no era precisamente niño lindo pero le admiraba, le dije a Tulskan que era excelente ejemplo… no puedo creerlo… matándose entre sí… ¿por qué…? ¿Por qué, maldita sea?

-¿Qué pasó después?

-No recuerdo… mi hija tiró de mi pantalón… teníamos que irnos con los demás, un grupo pequeño… yo les ayudé… les protegí. Había un túnel escondido muy viejo, ahí pasamos… no sé cómo lo encontraron porque ni yo lo conocía… nos cayeron bombardeos… es lo último que recuerdo… oh, por la Virgen Santísima…

-Alonso, los médicos necesitan atender a todos los sobrevivientes, pero están alterados, te necesitan para reagruparse. Dependen de ti. Sin el Patriarca, la Madre Superiora o tus Hermanos… eres el único en quien pueden confiar para obedecer. ¿Comprendes lo que te estoy diciendo?

El efecto que esperaba al fin dio señales en el Alfa que se detuvo, mirándole fijamente hasta que sus músculos se relajaron igual que su expresión. Steve respiró aliviado, ofreciendo una sonrisa cordial. Castilla asintió, con el ceño fruncido pero pidiendo ropas decentes, tenía que ir a verlos a todos, decirles que estaba él ahí con ellos. El rubio salió más tranquilo, llamando a enfermeros que ayudaran al Alfa en sus pedidos. Coulson le felicitó, volviendo con los Vengadores en un pasillo cercano a la sala de operaciones donde escuchaban más noticias de la Comuna. En esos momentos escucharon un rumor y vieron por el ancho pasillo abrirse paso una criatura para todos desconocida, que buscaba algo con la mirada. Era un androide, su cuerpo por sí solo la delataba, con vendajes apurados de telas sucias en partes de sus brazos, muslos y cabeza.

-¡VISIÓN!

-Ava.

Ella corrió a los brazos de un sonriente Visión que le abrigó, recargando su mentón sobre su cabeza lisa con una risa tierna de la criatura artificial. Ava se separó apenas, mirando alrededor, tomando las manos de Visión que meció apenas.

-Estaba preocupada por ti.

-Soy yo quien debería decir eso.

-Tuve que desconectarme a la red y la intranet de la Comuna, hubo un ataque informático severo.

-Disculpa, ¿y tú eres…? –Fury les cortó la charla.

-Oh, soy Ava, la IA de la Hermandad de los Lobos, protectora de las redes de la Comuna. Mi padre y creador es Tony Stark.

Todos los Vengadores intercambiaron una mirada.

-Curioso que no supiéramos de ti.

-Porque de eso se trataba –bromeó Ava, alzando un hombro.

-Sería agradable que la IA de la Comuna nos diera un informe muy preciso de lo que ocurrió allá –ordenó Fury con el ceño fruncido.

Ava parpadeó unos segundos, riendo después. –Listo, está en sus servidores, Director Fury, lo puse en una carpeta que tiene por etiqueta Mi Pequeño Pony.

-Wow –Clint no pudo evitar hacer su comentario.

-¡Viernes me enseñó a ser eficiente! –la IA le miró, abrazando a Visión- Pero fue mi novio Visión quien me mostró cómo proteger a mi familia. Él me ve de una manera que nadie más lo hace, y a través de sus ojos, descubrí como salvar a cuantos pudiera de la Comuna.

Dicho esto, Ava se puso de puntitas para darle un beso corto a Visión quien le correspondió bajo la mirada estupefacta de los Vengadores que no dieron crédito a una escena tan surrealista. Steve volvió sus ojos hacia Wanda, la joven estaba claramente herida. La androide jadeó, dándose un golpe en la frente.

-¡Se me olvidaba! No vine sola. Con mi padre y Peter están ahora el Coronel Rhodes y la señorita Virginia Potts.

Fue un balde de agua fría sobre su persona, Rhodey no estaba en buenos términos con él, no quería pensar en Pepper. Steve tuvo que dejarlos unos momentos, caminando junto a Fury hasta la habitación de su familia. Como era de esperarse, el coronel estaba en el pasillo, con bastón en mano que apuntó en cuanto el capitán dio la vuelta a la esquina, rugiendo con toda la rabia que le era posible.

-¡Tú! ¡Fuera de aquí!

-Rhodey…

-¡Coronel Rhodes para ti! ¡Aléjate de ellos!

-Coronel –Fury intentó mediar entre ellos- Si fuese tan…

-¡No se me da la gana serlo!

Una elegante Pepper Potts salió de la habitación cuya puerta cerró tranquilamente tras de sí, viendo a Rhodey quien esperó por sus palabras. La ejecutiva solamente le miró en silencio, girándose hacia Steve para caminar lentamente con sus ojos clavados en él. Dos bofetadas fueron su saludo de parte de aquella imponente Alfa cuyo dedo acusador fue como el arma más peligrosa apuntando a su persona.

-No te quiero ver cerca de Tony ni de Peter, suficiente daño has hecho Capitán Rogers. Fury, puedes preparar la Balsa para mí porque si este malnacido bastardo vuelve a ponerles una mano encima, te juro que lo único que tendrás de tu líder de equipo será el recuerdo porque ni su cadáver encontrarás.

-Señorita Potts…

-Quería a Tony para mí, Steve, estaba dispuesta a lo imposible por él, pero tenías que aparecerte. Tuviste que hacerte el maravilloso Alfa y arruinarle la vida. ¿Qué esperabas, eh? Tony estuvo buscándote para decirte, creyendo ingenuamente que le importabas cuando ya todos sabemos que lo único en tu mente era hallar a tu adorado Bucky. Claro que me quedé a su lado, no sería la mierda que tú sí fuiste, acusándole de dividir a los Vengadores mientras las manos de tu Omega estaban manchadas con la sangre de sus padres. Qué hipócrita, Steve. Y lo volviste a hacer, maldito perro.

-Pepper, yo…

-No, yo no soy condescendiente, no te les vuelves a acercar, y de mi parte corre que no los vuelves a ver. Lárgate. Lárgate ahora o llamaré al Secretario de Estado, seguro le interesará ver cierto video.

-Potts –Fury le miró con severidad.

-La Balsa, Fury, te lo dije. No me importa. Todos ustedes mordiendo la mano que les da de comer, acusando a Tony de traidor, vendido al gobierno. No. No se lo merecen. Fuera de aquí. AHORA.

Steve estuvo bien dispuesto a luchar contra ella pero Fury le detuvo, negando en silencio y jalándole de ahí pese a que eso fue una estaca en su corazón. Le estaban arrebatando de nuevo a su familia a la que ni siquiera había podido ver despierta. Nick le dijo que era lo mejor, estaban en un hospital con sobrevivientes más que perdidos, contagiando su humor a los demás. Pelear solo pondría todo cual pandemónium, mejor tener paz que razón. Ya luego convencerían a Pepper de ceder con Peter y Tony. Al menos pudo saber de boca de los médicos que les atendieron que no había peligro alguno para su pequeño hijo ni para el bebé que venía en camino. Aquella huida al túnel subterráneo había hecho la diferencia entre saber que estaban vivos a que formaran parte de la espantosa lista de nombres con una cruz a un lado.

-Capitán Rogers –llamó suavemente Ava.

-¿Qué sucede?

La IA le sonrió, bajando su mirada después.

-Quisiera pedirle que no se dé por vencido con mi padre. Él le lloró muchas noches antes de secar sus lágrimas y salir adelante. No le pida que se detenga y regrese por usted, sea ahora su turno de alcanzarle y llevarle en brazos el resto del camino. Le necesita, pero necesitan arreglarse. Usted y el resto de los Vengadores deben hacerlo. Sé que lo conseguirán.

-Pelearé por mi familia, Ava.

-Gracias –la androide sonrió, una parte de su muslo exterior se abrió, metiendo su mano para sacar unas fotos- No pude imprimir todas las que deseaba, sin embargo, tengo la certeza de que éstas le serán suficientes.

Steve miró las fotografías que le tendió Ava, de Tony y Peter durante su estancia en la Comuna. Ella se despidió, dejándole en el pasillo con sus ojos clavados en aquellas imágenes de una vida que se había perdido. Ya no cometería el mismo error, ya no más.

Como no lo había hecho desde que despertara del hielo, Steve oró porque la pesadilla terminara.