Cómo salimos de ésta: 2ª parte(Garrison)
El problema es que Garrison Hellars no constaba en la base de datos del Distrito 5. Pero si en la lista de alumnos que nuestro profesor entregaría a los agentes el día de la Asignación, es decir, el día de nuestra Graduación.
Y realmente aquí habría un problema.
Deseé con todas mis fuerzas que el agente de paz no lo hubiera descubierto aquel día y lo hubiera enviado a clases. Aquel día es verdad que Garrison y yo nos hicimos amigos, y siempre lo recordaré como uno de los mejores de mi existencia, pero aún así. Tal vez Garrison podría haber seguido viviendo por los suburbios del Distrito y puede que jamás lo hubiera visto a ver. Tal vez mi vida sería distinta y no tendría tantos problemas. Problemas en los que, en realidad, no estaba obligada a estar envuelta.
En seguida aparte aquella idea de mi cabeza "¿Pero qué piensas, Hope? ¡Garrison y Niray son tu familia! ¿Cómo puedes ser tan egoísta?" Pero me lo replanteé. ¿Era mi problema? Lo de Niray había sido suerte, pero de verdad que el problema de Garrison no tenía solución posible. Si había algo que era el sistema informático de Panem, era cauteloso, precavido y muy, muy exacto. Me sorprendía ya el hecho de que ningún agente de paz hubiera reconocido a mi amigo: consideré que seguramente, lo daban por muerto. Y, ¿para qué molestarse, entonces?
Y, ¿qué ocurriría cuando le tomaran sangre y comprobaran su identidad? Definitivamente, Garrison no saldría de esta. Y si mis otros compañeros comentaban que había dicho que era mi primo, entonces yo tampoco escaparía.
¿Qué podía hacer? ¿Confesarles lo que pensaba? ¿O huir antes de arrepentirme?
¿O me arrepentiría al huir?
— ¡Hope!
Reaccioné. Garrison y Niray me miraban expectantes.
— ¿Qué opinas?
Tragué saliva. Miré a Niray a los ojos. Después, a Garrison.
No podía hacerles eso. Eran mis mejores amigos, mi familia. Los que siempre estarían ahí, pasase lo que pasase. ¿Y yo me iba a echar atrás? ¿Qué clase de persona era?
—Perdonen, chicos, no estaba atenta. ¿Qué decían?
—Estábamos hablando sobre la estúpida idea que se le ha ocurrido a Garrison.
— ¿Qué idea?—pregunté.
—Dice que deberíamos de hablar con El Cuerno.
Abrí los ojos desmesuradamente. El Cuerno era sin duda alguna el mayor mafioso que existía en el Distrito 5. Todo el mundo conocía su nombre, todo el mundo le temía. El representaba el lado oscuro del estado. Lo que le ocultan los padres a sus hijos. Lo considerado el más puro tabú en nuestra lengua. Lo Innombrable.
Pero sopesé la idea. ¿Podría introducirse en el Sistema del Distrito y añadir a Garrison a la base de datos? Y si podía, ¿a qué precio lo haría?
— ¿Deberíamos? Yo no dije eso, Niray. Yo dije DEBERÍA. No quiero que ninguna de las dos se vea envuelta en esto.
— Pero, ¿qué dices, Garrison? ¿Crees que te dejaremos ir a hablar con él solo? ¡Ni muerta!—exclamó Niray, en seguida.
—Lo mismo digo—añadí—. Ya es una locura que vayas, no vas a ir solo.
— SÍ, sí que voy a ir solo. Estoy harto de que estén en peligro por mi culpa. Ir a hablar con El Cuerno es completamente cosa mía.
Fuimos a replicar, pero Garrison no nos dio opción.
Después, al salir del Sótano de Mudzer, Garrison Hellars desapareció.
Y sentí miedo.
Más que el que jamás había sentido en toda mi vida.
Pasó un tiempo antes de que lo volviéramos a ver. Todas las noches que pasamos sin él, yo me escapaba de mi casa e iba a dormir con Niray. Era mi único consuelo y yo era el único suyo. No sabíamos donde estaba y eso era lo que más nos mataba: ni siquiera habíamos ido a buscarlo porque sabíamos que no lo encontraríamos. Llevaba toda su vida huyendo y los agentes de paz no lo habían encontrado, ¿cómo sería posible que nosotras, hija de técnicos y una chica medio ciega, lo localizáramos?
También estaba la posibilidad de que ya lo hubieran encontrado. Y podía ser tanto El Capitolio como El Cuerno. No sé a quien temía más, pero cada día uno me parecía peor que el otro.
Así que nos limitamos a esperar, siendo todo lo fuertes que podíamos ser. Procurando no derrumbarnos.
Porque si una caía, la otra también.
Y eso era lo último que necesitábamos.
Pero una noche, una noche en la que llovía, Garrison volvió.
Lo primero que notamos las dos que, a pesar de la lluvia, olía mal. Y parecía más maduro de lo que jamás nos había resultado. Su mirada denotaba firmeza y seguridad. Su temple era sereno; su expresión, seria.
Al acercarse a nosotras, nos dimos cuenta de que cojeaba. Estaba empapado: chorros de agua que chorreaban desde su fleco y empañaban su rostro. Niray y yo salimos de nuestro refugio a encontrarnos con él.
Entonces, se quebró.
Vi como sus ojos se llenaban de lágrimas, a pesar de la lluvia. Corrió entonces hacia nosotras y abrazó a Niray con fuerza. No necesitaban palabras y yo no estaba segura si alguno de nosotros podía hablar en el momento.
Hice un hueco en todo lo que sentía para ponerme, lo admito, un poco celosa. ¿Por qué abrazó antes a Niray, y no a mí? Pero antes si quiera de terminar de preguntármelo, soltó a Niray y me abrazó a mí. Sorprendida, le devolví al abrazo. Entre sollozos hipaba y, aunque se notaba que intentaba calmarse, todos sus intentos eran en vano: tenía miedo, mucho miedo, y hacía tiempo que deseaba desahogarse. Nosotras no lo íbamos a parar.
Después de un rato consiguió calmarse, y volvimos a refugiarnos del temporal. Estábamos totalmente empapados, pero no parecíamos notarlo. Ahora solo queríamos saber que había pasado con Garrison y El Cuerno y él ya estaba listo para contárnoslo.
Le cogimos de la mano. Una cada una.
Y mientras nos preparábamos para lo que nos iba a contar, lo resumió todo en dos breves oraciones.
— Ha accedido a ayudarme, a cambio de que yo le ayude a él. Ahora, trabajo para El Cuerno.
Niray ahogó un grito y yo simplemente no me lo creía. ¿Trabajar para El Cuerno? Pero, ¿qué clase de trabajos le tendrían reservado una clase de persona como él?
— ¡¿ESTÁS LOCO?!—exclamó mi amiga rubia, sin preocuparse si alguien la oía. Su grito resonó por todo El Sitio— .No puedes trabajar para una persona como esa. Pero, ¿tú sabes en que clase de negocios está metido?
—Lo sé mejor que tú, Niray, créeme—comentó y, por un instante, su mirada se perdió en sus pensamientos—. Pero no hay otra solución. Me pedía una suma de dinero que ninguno de nosotros tiene y esta era la única otra opción.
—Bueno, pero… ¡podemos reunir el dinero de alguna manera! ¡No tienes que hacer esto!
— Niray, por favor. Ha sido mi decisión y ninguna de las dos tiene nada que ver con esto. Cuanto menos involucradas estén, mejor. Ahora, Hope, hazme el favor de volver a tu casa. Te vas a morir de frío.
—Pero…—intenté quejarme.
—Vete, por favor.
Garrison desde luego no era el mismo de antes. Me fui, porque sabía que no merecía la pena seguir insistiendo. Era tarde. Mañana veríamos las cosas más con claridad.
Así que volví a mi casa.
Y allí, sentada en el pequeño sillón que adornaba mi pobre salón, se encontraba Dianna.
—Hola, Hope.
Me sobresaltó oírla hablar y estuve apunto de cometer el fatal error de gritar. Pero me contuve a tiempo.
—Hola, Dianna…
Ella se levantó y yo contuve la respiración. Jamás mi hermana pequeña me había parecido tan escalofriante.
— ¿Dónde estabas?
— ¿Y a ti que te importa?—le respondí, dándome en seguida cuenta de mi groso error. Nada impedía a Dianna ir a decirles a mis padres que me había escapado durante la noche a no-se-sabe-dónde y había vuelto completamente empapada.
Y ahora, mucho menos.
Pero ella no se dio por vencida.
—¿Sabes? Compartimos habitación y no tengo el sueño tan pesado. Llevas unos cuantos días escapándote por las noches y volviendo al amanecer y lo he pasado por alto porque creía que al fin te habías echado un novio, pero… ¿todas las noches?
Me miró, inquisitiva.
—Voy arriba a cambiarme—anuncié, intentando evadir a mi hermana. Pero ella me cogió el brazo, reteniéndome.
—Hope, ¿va todo bien?—me preguntó. Y ya no era la hermana cotilla deseosa de chivarse a nuestros padres, no. Era la hermana preocupada. Una hermana que veía pocas veces, ciertamente.
Yo asentí con la cabeza y Dianna no insistió en el tema. Subió en pos de mí y se metió en nuestro cuarto. Cuando yo volví del baño, se había metido en su cama y se había dormido.
Yo la imité.
Aunque no pegué ojo en toda la noche.
A la mañana siguiente, lo primero que hice al salir de mi casa, como todas las mañanas, fue ir a El Sitio en busca de Garrison y Niray. Pero allí solo había una persona.
Niray me miró a los ojos (qué agradable era que, al fin, pudiera hacerlo) y me dio una muda explicación que yo correspondí con un mudo entendimiento.
Me fijé que tenía los ojos rojos y su rostro lo adornaban dos profundas ojeras muy similares a las mías. Claro que nos comprendíamos: Garrison no iba a ir a clase y no volvería a ir nunca más.
En el camino mantuvimos el silencio. Hoy era el día de la graduación: nada especial, nadie le parecía algo que había que celebrar. Mañana mismo empezábamos a trabajar, con el único descanso del largo día que tendríamos hoy, pues la ceremonia duraba solo una hora. Lo único que solía mantener a la gente intrigada era saber que puesto les asignarían. Yo, por supuesto, ya lo sabía: técnica, como mis padres. Solía ser dependiendo de la profesión de tu familia o en los puestos en que quedaban más vacantes que rellenar.
Lo que sí estaba deseando saber era cual sería la profesión de Niray. Nunca me contó en que trabajaban sus padres o su hermana: de hecho, dudo que se acuerde. Decidí no preguntarle, pues no me pareció realmente apropiado. Ahora, la mente de Niray solo pensaba en una cosa.
En un muchacho rubio de apellido Hellars.
Al llegar al colegio, nos pusimos en fila y esperamos a que nos llamaran. Ese era el sistema: decían tu nombre en la lista, lo comprobaban en la base de datos y te dejaban entrar a una sala. Allí, te sacaban sangre y verificaban tu identidad. Después, te notificaban tu profesión, te insertaban un microchip que a partir de ahora te identificaría y te daría paso en la central (aparte de asegurarse de saber donde estás en todo momento), y por último, te entregaban una serie de instrucciones que te ilustraría un poco antes de empezar con las prácticas el día siguiente.
Yo entré antes que Niray. Por nuestra suerte, todo el mundo estaba tan nervioso que ni se había dado cuenta que se habían saltado el nombre de Garrison. Al parecer, su nombre había desaparecido de la lista de alumnos y nuestro profesor, que parecía estar extrañamente muy asustado, había seguido con normalidad diciendo nombres en la lista. Dijeron mi nombre, lo comprobaron y entré en una sala pequeña, donde había una pequeña mesa blanca en el centro, con una señora mayor sentada detrás de ella. Había dos agentes de paz a su lado.
—Hope Reed—dijo la mujer, con un tono de voz monótono—¿Es ese tu nombre?
Asentí con la cabeza.
—Acércate—me ordenó. Le hice caso—. Extiende el dedo—lo hice. Ella me pinchó el dedo de similar manera que se hacía en la cosecha, aunque esta vez introduciendo algo dentro de él. Me dolió bastante, aunque no les di la satisfacción de quejarme.
—Serás técnica—me anunció. Qué sorpresa—Aquí tienes una serie de instrucciones que te servirán de ayuda—me entregó una serie de papeles que llevaban por título "Cómo ser técnico: Guía". Qué considerado es El Capitolio—Empiezas mañana en La Central a las ocho en punto. Siguiente.
Abandoné la sala y me dediqué a esperar a Niray a las afueras del edificio. Salió poco después, con su respectivo panfleto.
— ¿Qué eres?—me preguntó.
—Técnica. ¿Y tú?
Ella me entregó su panfleto. Gracias al sofisticado y elaborado sistema de Mudzer, Niray también era capaz de leer, pero prefería que yo lo viera antes que decírmelo.
Me sorprendió bastante.
Mi amiga era ingeniera.
— ¿Ingeniera?—pregunté, atónita.
— Igual que mis padres y mi hermana.
Aún más sorprendida estaba.
—Pero, ¿eso cómo lo sabes? ¿Cómo es que te acuerdas?
—Empecé a recordar pocas semanas después de lo que me pasó, Hope. Por eso precisamente, no quiero volver a ver a mi hermana nunca. Y dudo mucho que ella me quiera ver.
Comprendí y no volvía tocar el tema. Niray había sido muy dura, pero la entendía. Estaba triste, furiosa y, sobre todo, preocupada. La entendía: yo estaba igual.
Entonces fue cuando me di cuenta que Garrison no era el único que había cambiado: habíamos cambiado los tres. Ya no éramos aquellos niños que se metían en cualquier problema. Éramos adultos. Serios, maduros y, ahora lo veo, amargados.
Y me arrepiento tanto de haber pasado mis últimos años así, en vez de disfrutar de la vida. Sé que si vuelvo viva de éstos Juegos todo será distinto.
Volveré a ser aquella pequeña Hope que detestaba su pelo, se quejaba de sus hermanos y seguía sus amigos por encima de todos.
Sería feliz. Porque, a pesar de todo, me lo merezco.
Y todo volverá a ser como antes.
N/A: Vale...soy horrible. Hace SIGLOS que no actualizo esta historia. Pero es muy difícil, en serio. Es una historia muy complicada de escribir y, además, no tengo mucho tiempo, sobre todo inspiración. Pero por fin, por fin, la he escrito. Sí. Ahora, los seguidores deben de odiarme. Les permito que me tiren tomatazos, rastrevíspulas y que contraten a Katniss para que me envíe una de sus flechas. Me lo merezco :(
De verdad que lo siento.
Por cierto, parece que la historia se va a acabar, pero todavía queda mucho antes de que se acabe. Y no se preocupen, no abandonaré la historia ;)
Bueno, besos y lo siento(sobre todo por la brevedad),
Liz
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