Advertencias: SueñoS húmedos [no explícitos, pero lo pongo como advertencia por si acaso]. Hay una pequeña parte que hablan sobre religión, espero y no tomen a mal lo que dicen, no es con fin de entrar en disputas religiosas ni mucho menos.
#10 De mal en peor
Sentía su cuerpo acalorado, la urgente necesidad de llevar la mano a su propia hombría y satisfacerse a sí mismo. La respiración se aceleraba cada vez más, suspiros que escapaban traidores de entre sus labios. Abrió los ojos viendo la habitación escamante iluminada por la luz lunar que se filtraba entre las cortinas; giró la mirada a un costado, giró hacia el otro… completamente solo. No entendía a qué se debía aquella repentina excitación, el por qué había despertado sin más con aquella necesidad, mas no buscó respuestas, sino una solución.
Sin pensarlo dos veces movió ambas manos dispuesto a darse placer, aminorar aquel calor sofocante que le impedía dormir, mas una mano se lo impidió. Pasó saliva y trató de ver quién se había colado en su habitación a altas horas de la noche, ¿habría salido de fiesta y de tal borrachera no recordaba qué había hecho? Pudo notar como aquella invitada se movía en el borde de la cama, como el colchón se hundía cerca de su cintura.
—¿Qué…? – fue lo único que su mente logró pensar en voz alta.
La otra persona se movió quedando cara a cara, sin embargo la escasez de luz y el sofoco le impedían ver con claridad el rostro de la otra persona. Lo único que destacaba en aquella mancha oscura eran un par de brillantes esmeraldas que le miraban como nunca antes le había mirado nadie. Quiso volver a hablar, pero la otra persona se movió rápidamente golpeándole bruscamente el rostro…
Despertándole de lo que parecía ser un sueño húmedo. Frunció el ceño, sentía el rostro como si le hubieran golpeado de verdad, con tal brusquedad que más que doler ardía. Entreabrió los ojos y de un manotazo trató de apartar lo que inesperadamente había caído sobre su rostro despertándole de mala manera de su erótico sueño. Al ver que aquella molestia seguía insistente quiso levantarse, sin embargo 'aquello' se alzó para volver a bajar bruscamente y golpearle de lleno en la cara.
—¡¿Se puede saber qué cojones pasa aquí?! – vociferó molesto; no había peor mal despertar que ese.
Como buenamente pudo apartó lo que parecía ser la cola de Antonio y se incorporó hasta poder prender la luz de la mesita, viendo como efectivamente el tritón se encontraba tumbado en su cama con la cabeza donde deberían ir los pies, un brazo colgando y las aletas en la almohada, anteriormente sobre su cara. Con ambos pies trató de empujarlo al suelo, esa era su cama y el tritón no tenía permiso para dormir en ella.
Ahora que lo pensaba fríamente, ¿qué demonios hacía ahí el tritón? Tras varios minutos de pensarlo, recordó que tras caerse de bruces quiso llevarlo a la piscina para que durmiera, pero pudo escuchar las risas de Emma al otro lado de los matorrales, como si estuvieran cenando ella y su hermano en el jardín, por lo que optó por llevarlo a la bañera. Se había dedicado a escribir lo que sería su libro por más de tres horas, hasta que cierto tritón había decidido despertar y volver a armar jaleo en el salón. No tenía sueño, pero tampoco quería dejar al tritón solo en el salón así que con un enorme esfuerzo y ayuda del mismo castaño lo subió a la planta de arriba. Obviamente, tras la faena de subirlo optó que ya lo bajaría al día siguiente por lo que había llenado la otra bañera, mas… ¿quién le había dado permiso para invadir su espacio personal durante la noche?
Por si el mal humor no fuera poco, pudo percatarse como el tritón sonreía bobamente y de entre su comisura escurría lo que parecía ser babas. Genial, ahora le iba a babear la cama. Ya sin miramiento alguno de un último fuerte empujón tiró al mayor al suelo.
—¡Ni se te ocurra volver a meterte en MI cama! – espetó el ítalo al escuchar las quejas del tritón.
Pronto concilió nuevamente el sueño mas su sueño no continuó. Aquel par de esmeraldas rondaban en su subconsciente, se habían clavado a fuego en su mente y por más que quisiera saber por qué, o de quién eran esos ojos, no conseguía encontrar la respuesta. Había visto esa mirada anteriormente, quizá un poco cambiada pero…
—¡ANTONIO! – vociferó levantándose hasta quedar sentado.
—¡WAH! – Cayó de bruces el nombrado al suelo al no esperar que el otro gritara repentinamente su nombre.
El tritón había despertado primero y al no querer despertar al ítalo, además de no atreverse a bajar él solo las escaleras, había optado por seguir insistiendo en el tema de sus piernas, consiguiendo ponerse en pie sin ayuda de ningún apoyo, sin embargo Lovino y su pronto despertar le asustaron. Era la segunda vez que el ítalo le asustaba haciéndole caer al suelo, y en ambas veces había sido nombrándole.
Había pasado ya una semana desde aquel incidente y, para fortuna del italiano, no se había repetido y había conseguido incluso olvidarlo. Era básicamente imposible que aquella persona en su sueño fuera Antonio por varias razones, una de ellas era que no le conocía de nada como para soñar con alguien cual colegiala y otra era que él no tenía ningún tipo de interés en los hombres.
Clavó su mirada en algún punto del exterior, jugueteando con un lápiz medio mordisqueado por él mismo entre sus labios. Podía escuchar de fondo la risa de su hermano mezclada con la del tritón, los pájaros siendo estorbosos como de costumbre, grillos, el teléfono sonar… Dio un brinco en su asiento al reaccionar y corrió veloz hasta donde había dejado su teléfono móvil, descolgándolo rápidamente sin siquiera mirar de quién se trataba.
—¿Estabas ocupado? – cuestionó una voz femenina al otro lado del teléfono.
—¿Qué?
—Es la tercera vez que trato de llamarte.
Emma, tan oportuna ella con sus invitaciones. Al parecer había quedado con su pareja para ir a pasear pero en el último segundo este había invitado a algunos de sus amigos, los cuales Emma no conocía y se sentía incómoda, además de completamente ignorada por su novio, por lo que había decidido invitar a Lovino para de paso presentarles.
—Ehm… - miró nuevamente por la ventana, en esta ocasión clavando su mirada en su hermano que jugueteaba con Antonio en el borde de la piscina. – Sí, claro… supongo que puedo ir, me estaba empezando a aburrir.
Lo más correcto habría sido no dejar a su hermano solo en casa cuando iba a visitarle, pero iba a estar haciendo lo mismo estuviera él o no además de que habían acordado de que el menor vigilaría que nadie descubriera a Antonio mientras él hacía sus 'recados'. No había problema, después de todo le dejaba comer lo que quisiera de la nevera siempre y cuando no tocara su caja de helados o la pasta que había sobrado al mediodía.
Así pues, tras tomar las llaves del coche y con un simple 'me voy', se dirigió hasta el punto de encuentro con Emma conduciendo a una velocidad para nada común en aquella parte de España. Una vez divisó a la rubia entre la multitud que paseaba tranquilamente por el pequeño paseo se acercó a ella llevándose las manos a los bolsillos, observando a todo chico preguntándose cuál de ellos era el novio de la belga.
—¡Lovi! – Emma alzó la mano para llamar su atención.
Acortó aquella distancia con la joven para saludarla y esperar a que le presentara aquel que se había adelantado a él, el famoso novio de Emma. Parecía ser que estaban dentro del establecimiento y, al mirarlo bien, parecía un bar de esos que únicamente hacen dinero en verano con la terraza en la calle, los helados y los cócteles. Entraron al lugar, Lovino sintiéndose ya incómodo de pasar las próximas horas encerrado en un bar con gente que no conocía de nada, omitiendo obviamente a la rubia, bebiendo y escuchando posibles chistes sin gracia. Había hablado muy rápido, debería haber pensado mejor sus acciones antes de aceptar… aunque empezaba a sospechar que cuando se trataba de la rubia su cerebro desconectaba obligándole a seguir la palabra ajena.
—¡Te presento a Mathias! – Finalmente llegaron a la mesa en la que se suponía estaba el novio de Emma con sus amigos. El nombrado giró rápidamente su atención y se levantó de su silla agitando la mano efusivamente.
Era un chico bastante alto, rubio y al parecer de una personalidad extremadamente abierta. Sin duda alguna, no podía haber esperado otra cosa de Emma. Suspiró respondiendo al saludo ajeno.
—Estos son Berwald, Tino, Emil y Lukas. – Señaló a los demás según pronunciaba sus nombres.
Al principio, el ambiente podía pasar por amigable o incluso tranquilo, Lovino se sentía ajeno a toda conversa a excepción de los momentos en los que Emma prestaba total atención hacia él. Sin embargo, según pasaba la primera hora, o la segunda, el ambiente empezaba a ponerse tenso según las cervezas bajaban. El ítalo se encontraba entre sorprendido y anonadado, nunca en su vida había visto a una mujer beber con tal rapidez una enorme jarra de cerveza, es más, incluso parecía saber beber mejor que su novio. Era sorprendente como pese a la cantidad de jarras vacías que había ya sobre la mesa, ninguno de los allí presentes parecía estar a punto de caer redondo borracho como una mala cosa, simplemente parecían contentillos aquellos que habían bebido. Lovino sintió algo vibrar en su bolsillo por lo que instintivamente sacó el móvil para comprobar qué había sido, siendo un mensaje de su hermano preguntándole si todo iba bien, que Ludwig quizá no tardaría en ir a recogerle. Debía marcharse ya, pero al parecer el destino no quería que eso ocurriera pues Emma apoyó la cabeza sobre su hombro, hablando sobre una feria cercana a la fecha. A Tino no se le ocurrió otra brillante idea que ir todos juntos a aquella feria, que sería algo divertido, todos respondieron ya fuera emocionado o con un simple gesto de hombros a excepción de Lovino y Berwald, uno por no tener ningún interés en ir y el otro en sí había respondido, pero su voz había sido tan baja que ni siquiera había sido escuchada. Pasó cerca de media hora hasta que el ítalo decidió levantarse de su asiento y despedirse de Emma; a la mierda la educación con los demás, no tenía ningún interés en volver a verles por lo que le daba realmente igual si después de eso le iban a hablar o no.
No obstante, el ítalo no se dio cuenta que según avanzaba hasta la puerta Lukas había clavado la mirada en él, siguiéndole hasta verle desaparecer por la puerta.
—¿Te ha hecho tilín ese chico? – preguntó con burla Mathias al ver como su amigo seguía mirando la puerta por la que el ítalo se había ido, mas fue completamente ignorado.
Al momento de llegar a su casa Ludwig ya estaba allí, hablando con Feliciano pero había algo extraño. Si Feliciano estaba junto al rubio, en un lugar claramente visible para Lovino nada más entrar, entonces… ¿con quién se estaba riendo Antonio? Podría creer que simplemente se lo estaba pasando bien él solo si simplemente estuviera riendo, pero estaba hablando además. Según se fue acercando pudo ver una silueta más, un chico albino sentado al borde de la piscina vistiendo ropas que parecían irle un poco grandes. Enarcó una ceja terminando de acercarse a su hermano.
—¿Se puede saber quién es ese? – cuestionó para saber si debía molestarse o preocuparse.
—¡Bienvenido, fratello! – exclamó Feliciano abrazándole. – Es el hermano de Ludwig-
—Gilbert – espetó el rubio cortando las palabras del ítalo.
—Momento, momento. ¿No se supone que el hermano de Ludwig era un tritón? Yo le veo un par de piernas metidas en el agua. – Frunció el gesto el mayor de los hermanos.
Antonio y Gilbert giraron su atención hacia el recién llegado, mas no dijeron nada.
—Y lo es. – Ludwig cruzó sus brazos antes de seguir hablando. – Al parecer ha usado la misma poción que usó conmigo para tener piernas. Había ido a buscar algo para que Antonio comiera algo más que comida "basura" y me lo he encontrado sentado en las rocas, así que me lo he traído conmigo. – Suspiró. – No sabe caminar ni nada.
—Mi grandiosa persona quería conocer al noviete de mi hermano ¡y debo admitir que es todo lindura! Mi hermano tiene buen gusto. – Su mirada se posó sobre el mayor de los hermanos, estudiándole de arriba abajo. – Tú tampoco estás nada mal.
—No pienso tener a este idiota en mi casa, ¡tengo suficiente con un imbécil!
—¡Oh, no! No te apures, fratello. Gilbert se va a venir con nosotros, es el hermano de Ludwig así que nosotros nos encargaremos de él. Antonio nos ha dicho que le ibas a enseñar a caminar, ¿es cierto?
Un dolor de cabeza del que él no debía preocuparse, sin embargo las cosas empezaban a ponerse peor poco a poco. Al parecer Antonio tenía cada vez más interés por aquel 'mundo' lo que le hacía empezar a dudar que fuera a marcharse una vez su herida estuviera curada y ahora, para colmo de los colmos, otro tritón escapaba del mar. Durante el poco rato que estuvieron allí Ludwig y Feliciano, Lovino descubrió que Gilbert era uno de los amigos inseparables del tritón y que, si un tal Francis descubría la alocada idea de Gilbert, seguramente pronto tendrían a un tercer invitado que no sabían dónde lo iban a hospedar. Ludwig insistió en que debido a la diferencia de espacio, si eso en verdad ocurría, Lovino debería encargarse también del 'tercero' y aunque a Antonio le emocionó la idea al ítalo solo le enfureció. Él no quería a nadie más, por no decir que se replanteaba el por qué había aceptado que Antonio se quedara. Una buena obra empezaba a costarle caro. Ludwig no se había percatado, o no había querido hacerlo, pero Lovino había notado como aquel albino era demasiado empalagoso con Feliciano y no hacía más que llamar la atención. No quiso decir nada al respecto, no fuera a ser que el rubio cambiara de opinión y le encasquetara también a ese.
Para cuando se fueron, Antonio había vuelto a cambiar su cola por las piernas y mostró al ítalo como podía mantenerse ya en pie, aunque cuando trataba de dar un paso perdía el equilibrio y caía.
—Mejor vamos dentro, parece ser que aquí todo el mundo se cuela sin avisar y si lo hacen no van a pensar que estás mal de la cabeza.
Mantener la calma era lo mejor que podía hacer en ese momento. Después de todo, el tritón parecía poner cada vez más empeño en darle menos problemas aunque no fuera precisamente por ello, sino por mera curiosidad a ese mundo. Una vez dentro, tras esperar a que Antonio se arrastrara cual gusano únicamente ayudado en las escaleras, el tritón se puso en pie y Lovino se acercó a él.
—Dame las manos, te ayudaré a mantener el equilibrio. – Extendió sus manos y aguardó a que el otro le hiciera caso. – Primero mueve una pierna hacia adelante y asegúrate de apoyarla bien antes de mover la otra.
Antonio asintió con la cabeza y, tras varios segundos de concentración, movió la pierna derecha hacia adelante, balanceándose un poco mientras mantenía el pie al aire. Dio gracias a que Lovino dio un pequeño tirón pues de no haber sido por él habría acabado de morros al suelo, y tras las caídas anteriores el cuerpo empezaba a dolerle.
—¡He dado un paso sin caerme! – espetó el moreno alegre cual niño pequeño.
—Bien, bien. Pero no te emociones demasiado aún, no vayas a abrirte la cabeza y te tenga por aquí más tiempo del pensado.
Durante media hora, Lovino ayudó a Antonio a dar varios pasos, sin embargo aquella tranquilidad empezaba a matar al ítalo por lo que decidió dejarlo por ese día. Cuando Lovino se retiró para seguir con su libro Antonio siguió intentándolo por sí mismo; daba dos pasos y se caía, pero volvía a levantarse hasta que consiguió cruzar la casa muy torpemente.
El ítalo dejó que el tritón siguiera a lo suyo, escuchando los golpes que el otro se daba de vez en cuando. Cuando hubo encendido el ordenador, releyó la historia que había escrito ya para poder proseguir. No había cenado nada, sus párpados empezaban a amenazar con cerrarse y la urgencia de ir a tumbarse era cada vez mayor, mas su mente se negaba a dejarle ir aportándole cada vez más y mejores ideas para el libro. Las 3 de la madrugada y seguía pegado al ordenador. Para cuando quiso darse cuenta, había escrito más de 50 páginas del tirón, sin rectificar nada. Asombrado por el gran avance decidió volver a leer todo.
[…] Sus manos frías acariciaron su piel desnuda; deseaba poder poseer aquel cuerpo, mancillar la inocencia de aquella joven que jadeaba bajo su cuerpo, deseosa por más caricias. Relamió sus labios encandilándose con aquella hermosa imagen iluminada únicamente por la tenue luz de una vela. […]
Dejó de leer para hacer algunos retoques a la historia, básicamente cambiando la personalidad de la chica y el nombre. Suspiró pesadamente antes de comprobar la hora; las 6 de la mañana. El mal humor por la falta de sueño era más que notable, además su estómago rugía reclamando por comida urgentemente. Decidió tomar un descanso para comer algo y de paso tomar un café, seguía con ideas brillantes para la historia y no quería desaprovechar la oportunidad. Al bajar, encontró al tritón durmiendo en el baño con la camiseta puesta y los pantalones tirados a un lado, al parecer había quedado tan cansado que se había dormido ahí mismo. Parecía tan tranquilo durmiendo… y tan hiperactivo despierto. No quiso despertarlo por lo que cerró la puerta y procuró hacer el mínimo ruido en la cocina, regresando al ordenador en cuanto tuvo listo un par de sándwiches y un café.
—Listo, ¡a seguir!
Las ojeras eran más que notables, el mismo ruido del teclado le molestaba a tal grado que incluso le había levantado dolor de cabezas, pero quería seguir escribiendo, aprovechar el momento, mas Morfeo no desistió haciéndole caer dormido en el mismo escritorio.
Antonio despertó a media mañana, seguía cansado por el gran esfuerzo de la noche anterior pero no quería escuchar a Lovino gritando que era un perezoso por lo que se arrastró para intentar abrir la puerta; como la odiaba, cada vez que la intentaba abrir era un enorme reto con el que terminaba enfadado consigo mismo, insultando a la madera que negaba a abrirse. Para cuando consiguió que la puerta cediera avanzó hacia el salón, extrañándose de ver al ítalo, ni siquiera escucharle caminar el teclear el ordenador con furia. ¿Habría salido?
Estaba aburrido, su cola reseca y el ítalo no daba señales de vida por lo que, sin nada mejor que hacer, concentró su mente en un único objetivo; volver a cambiar aquellas escamas por piel. Pasaron varios minutos antes de que aquella cola desapareciera por completo con un leve destello al que ya se había acostumbrado.
—Bien, Antonio, anoche lo hiciste muy bien.
Ayudándose de la pequeña mesa frente al sofá consiguió ponerse en pie. Movió un pie manteniendo el equilibrio, y luego otro, hasta conseguir desplazarse desde los sofás hasta la parte de la cocina. Había visto a Lovino sacar la comida de lo que él llamaba armarios y nevera por lo que, entre curioso y hambriento, caminó a paso lento hasta abrir la nevera. No había mucho con lo que escoger por lo que cogió una manzana. Dio un bocado a la fruta mirando con curiosidad el interior de aquella nevera, aprovechando que ahora podía mantenerse en pie por un moderado periodo de tiempo para ver las cosas desde otro ángulo, ser capaz de ver las cosas cómo las veía Lovino. No había nada que llamara su atención en aquella parte así que decidió moverse, cansándose poco a poco. Tomó asiento en el sofá y tal cual tomó asiento el televisor se prendió, asustando al tritón que soltó rápidamente la manzana y brincó en su lugar.
—¡La madre que me…! ¡¿Qué clase de brujería es esa?! – Señaló acusadoramente a la pantalla que no le respondió, sino que hablaba y hablaba de cosas sin sentido. – No, yo me llamo Antonio, no David. – Frunció el gesto.
Al parecer el televisor se había prendido en un canal que por las mañanas daban programación infantil, enseñando a los pequeños a contar, hablar lo básico del inglés y mil cosas más que un humano normal y corriente aprende durante los primeros años de primaria. Quedó cual bobo mirando a la pantalla, repitiendo los nombres de las frutas en inglés cuando el muñeco de la tele lo pedía. Horas estuvo entretenido hasta que, finalmente, Lovino bajó las escaleras.
—¿Qué demonios haces, bastardo? – cuestionó antes de bostezar, entrecerrando la mirada debido a la molestia de la luz.
—¡Lovi, Lovi! ¡Esto es genial! – Señaló el televisor arrodillándose sobre el sofá. – ¡Una cosa que parecía ser un mono ha acertado lo que yo pensaba! Y… y… ¡Una niña llamada Dora ha dicho que le encantaba la misma escena que a mí!
El ítalo miró al español incrédulo, ¿de qué le estaba hablando? Entonces recayó que de alguna manera el tritón había conseguido encender la tele y no supo si reírse o llorar.
—Eres más bobo de lo que pensaba – espetó aún con la voz adormilada, sirviéndose un café bien cargado. – Eso son programas infanti- … - enmudeció, quizá esos mismos programas infantiles le iban a servir para tener al moreno entretenido y además aprendería más. Estúpido, pero eficaz. – Síguelos viendo, anda.
En momentos como ese estaba dudoso en si subir y seguir escribiendo o sentarse en el sofá y simplemente relajarse, la cabeza seguía doliéndole del mal descanso y aunque el volumen de la tele le molestaba eso era mejor que pensar mil y una cosas. Mezclando medicamento con el café decidió sentarse a beberse lo que le restaba de su desayuno a un lado del moreno, arrojándole una sábana que había en el sillón.
—¿Eh? ¿para qué es esto? – cuestionó el moreno dándole vueltas a la sábana.
—Cúbrete imbécil, no llevas pantalones. – Pausó dándole un sorbo a su bebida, clavando la mirada en la pantalla. – Ni ropa interior y paso de pasarme el puñetero día viéndote las pelotas.
Antonio se cubrió de cintura para abajo con la sábana sin perder detalle de aquel programa educativo, el cual ahora parecía enseñar las buenas formas de ir por la calle sin peligro alguno. Lovino estaba aburrido cada vez más, además de que cada sonido retumbaba en su cabeza por largo rato. Golpeaba el respaldo del sofá como si así desaparecieran aquellas punzadas que poco a poco pasaban hasta sus ojos, haciéndole más molesto el tener los ojos abiertos. Aquel parecía que iba a ser un mal día para él debido a la falta de sueño, pero al menos podía estar contento ya que había avanzado notablemente en su historia.
—¡Lovi, Lovi! ¡Mira, una zanahoria que habla! – Giró su atención al ítalo al ver que este no le respondía, percatándose de que se había quedado dormido con la taza de café a escasos centímetros de su rostro.
Con cuidado de no despertarle tomó la taza para dejarla sobre aquella mesita, viendo durante largo rato programas infantiles. Ni siquiera se percató de la hora, ni siquiera hizo caso cuando su estómago gruñó por falta de alimento. Simplemente ahí siguió hasta que finalmente los dibujos animados terminaron dando paso a una película.
Pasadas las cinco de la tarde Lovino despertó, mirando por un rato la televisión en silencio.
—Tengo hambre – espetó asustando al tritón que no se había dado cuenta de que había despertado.
—Dios, Lovi, no me des esos sustos. – Rió por lo bajo. – Puedo intentar, er… cocinarte algo si me dices cómo.
Al principio, aquella idea se le hizo descabellada el ítalo por varias razones, una de ellas que el otro no sabía ni siquiera qué era una cazuela y otra, que con suficiente faena se mantenía en pie, mas el calor y la misma pereza que seguía sintiendo le obligaron a ceder. Miró como el tritón se levantaba con toda la tranquilidad del mundo y caminaba torpemente – al menos mejor que la noche anterior ya que parecía no caerse – y se dirigía hacia la parte de la cocina.
—Por el amor de Dios, ponte antes unos putos pantalones.
El ítalo se mantuvo sentado mientras el tritón preparaba según el menor iba dándole las instrucciones – obviamente tras ponerse unos pantalones -, llevándose algún que otro grito por parte del ítalo cuando cogía algo que no debía. Cerca de una hora para preparar un simple plato de pasta para cada uno, además de otros dos platos ya que Antonio se pasó con las cantidades, ya que debido a no saber los nombres de las cazuelas, tomates, y demás el ítalo tardaba casi 10 minutos en darle la indicación correcta. Pero lo consiguió, y aunque estaba el tomate y la carne picada toda revuelta con la pasta, parecía comestible.
—Tráeme un plato aquí, no quiero levantarme – espetó Lovino levantando la mano sin apartar la mirada del televisor.
Nada más dejar el plato en la pequeña mesa, Antonio se desplomó cuan largo era al suelo alarmando al menor. Se había cansado de estar tanto tiempo de pie y no calculó bien a la hora de querer sentarse, por lo que no solo se llevó un buen golpe, sino una buena regaña por parte del italiano. Tras aquello, tomó un rato antes de ir a por un plato para sí mismo. Curiosamente, Lovino había esperado a que el otro se sirviera, pero no por educación, sino para que probara él primero a ver si era comestible.
—Oye, pues para ser mi primera vez, ¡no está nada mal! – comentó tras tragar el primer bocado.
Tras aquello, Lovino le acompañó en aquella merienda cena. Debía admitir que pese al dolor de cabeza que había sido el cocinarlo, estaba delicioso. Iba a enseñarle más platos para que le cocinara más seguido. Ambos se mantuvieron callados, mirando la tele mientras disfrutaban de aquel platillo hasta que Antonio decidió hablar.
—¿Las relaciones entre personas del mismo sexo son normales entre los humanos también?
Aquella pregunta descolocó al menor por completo, haciéndole atragantarse por un momento con uno de los espagueti.
—¡¿Qué demonios?! ¡¿Por qué narices preguntas eso ahora?!
—Es que he estado viendo esto –señaló al televisor -, y una chica regañaba a su hijo por tener una relación con otro chico. Eso me ha hecho pensar que los humanos veis esas relaciones como algo malo.
—La religión prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo – respondió sin preámbulos. – Los muy creyentes se aferran a lo que la biblia dicen y creen que la homosexualidad es pecado. – Se encogió de hombros.
—Entiendo… ¿y tú? ¿Eres de esas personas?
—¿Qué? Yo no creo que sea pecado, pero prefiero que los hombres se mantengan alejados de mí. Solo me van las chicas.
—Jo, qué lástima. Mira que eres guapo~
Lovino enmudeció sintiendo que sus mejillas enrojecían notablemente ante aquel simple comentario. Estaba acostumbrado a que mujeres le llamaran guapo o piropos parecidos, pero ¿un hombre? Si lo pensaba fríamente, le había sacado un tema bastante delicado sobre la homosexualidad, en pocas palabras le preguntaba sobre su sexualidad y para colmo le espetaba que era una lástima su heterosexualidad porque era guapo.
—¿Acaso te estás colgando de mí? – cuestionó descaradamente frunciendo el ceño.
—¿Qué? ¡No! ¡No pienses mal!
—¿Eres homosexual? – frunció aún más el gesto.
—No – rió por lo bajo.- Me gustan tanto las féminas como los varones – respondió sin avergonzarse de ello, lo que hizo que Lovino retrocediera un poco en el sillón.
—Distancias.
Tras la merienda cena, Lovino continuó escribiendo su historia dejando que Antonio hiciera y deshiciera nuevamente. Ahora que lo pensaba, desde que había despertado estaba con las piernas y ahora estaba subiendo y bajando escaleras para acostumbrarse al caminar. No quiso preguntar, el tritón sabía dónde estaba el baño si se sentía demasiado cansado y además ya era grandecito para saber cuidar de sí mismo.
—Lovi, Lovi, ¿qué haces? Me aburro.
—Estoy escribiendo idiota, y no me llames 'Lovi', es 'Lovino'.
—Vale, vale… Lovi. ¿Cuánto llevas escrito ya?
Una de las veces que Lovino había estado escribiendo en el jardín, le había leído lo que llevaba de historia por lo que el tritón ya sabía la trama. Le leyó la historia nuevamente por petición del tritón, pasando horas desde que empezó hasta que llegó al último punto que había escrito.
—Es gracioso, ¡esa chica es igual que tú ahora! ¿Estás escribiendo nuestra historia? Bueno, omitiendo que yo me he quedado por una herida y ese tritón por amor. Me parece bonito, ¿pero no te parece demasiado empalagosa?
—¿Me vas a decir cómo debo escribir mi propia historia?
—Oh, no. Pero sería interesante un poco de emoción. – Pausó sus palabras para poder pensar. – Como por ejemplo que él deba regresar al mar por un motivo u otro sin avisarle.
—Un príncipe del mar que debe regresar para gobernar, y que se lo haya ocultado hasta la fecha – espetó tras varios minutos de pensar sobre aquella propuesta.
—¿Un… príncipe? – Rió nervioso, removiéndose inquieto en aquel pequeño sofá del 'despacho'. – Bu-buena idea. Sí.
Sin duda alguna, Antonio ahora creía más que nunca que a lo tonto el ítalo estaba escribiendo su libro basado en lo que ocurría a su alrededor.
—¿Te importa si duermo en tu cama? Las otras están sin hacer, y la bañera no es muy cómoda que digamos… mucho menos el suelo.
—Pues vete a la piscina, pero deja mi cama en paz.
Tras intentos e intentos por parte del moreno para que el ítalo le permitiera dormir en su cama, remarcando una y otra vez la palabra dormir, pues desde que había dicho que tenía tendencia tanto por hombres como mujeres el ítalo parecía cada vez más distante, Lovino por fin cedió bajo la condición de que a la que la cola golpeara de nuevo su cara al dormir lo mandaría a patadas a la piscina. Antonio fue el primero en acostarse dejando al ítalo en el ordenador escribiendo. Dos horas más tarde, Lovino fue a acostarse recordando entonces que le había dado permiso al tritón a dormir en su cama. Por suerte era grande, lo suficiente para que no se rozaran al dormir y que aquella tremenda cola no le golpeara nuevamente pues el tritón se había dormido en un rincón, parecía disfrutar el dormir allí.
Había conseguido vender su libro y como celebración había salido de fiesta, en busca de alguna mujer con la que pasar la noche sin necesidad siquiera de saber su nombre. Ahí se encontraba él, empujando con cuidado el cuerpo de aquella joven chica a la que había conquistado esa noche, dirigiéndola hasta la cama sin dejar de besar sus labios como si no existiera el mañana. Llevaba meses, quizá demasiados para su gusto, sin saber lo que era tener sexo y su miembro erguido empezaba a palpitar dolorosamente. Despojó a la joven de sus ropas en el camino, siendo despojado de las suyas propias por unas manos hábiles que no necesitaron romper el contacto un segundo para dejarle completamente desnudo.
Frente a la cama, sintió como unas fuertes manos se apoyaban sobre sus hombros al momento que un pequeño mordisco en su labio inferior le obligó a abrir la boca, siendo empujado por dichas manos.
—Con lo guapo que eres, era una lástima. – Sonrió ladino obligándole a abrir las piernas.
De un segundo a otro aquella joven mujer se había convertido en Antonio, quien le observaba deseoso mientras recorría su pecho suavemente con ambas manos.
Despertó debido al teléfono que sonó, dando gracias a todos los dioses por no permitirle seguir con aquel sueño. Comprobó el número antes de descolgar perezosamente, respondiendo de mal humor; Govert quería verle para que le mostrara lo que llevaba escrito. Al colgar, se percató de que ni siquiera la ropa interior podía disimular su erección de buena mañana, incluso al levantar un poco la sábana para darle un buenos días a su 'amigo' pudo ver una pequeña mancha oscura en su ropa interior.
—Oh Dios… - murmuró dejando caer la cabeza contra la almohada. Se había empalmado y no precisamente por ser algo normal en las mañanas. – Estúpidos sueños. Oye, imbécil desp- - Estaba dispuesto a echar al tritón de la cama de una patada, mas a su lado no había nadie.
Escuchó unos pasos lentos y algo torpes que subían las escaleras, acompañados por el sonido de una taza rozar con una superficie. Enarcó una ceja incorporándose un poco, apoyando la parte superior del cuerpo sobre sus codos.
—¿Qué narices…?
No tardó en ver a Antonio aparecer por la puerta de las escaleras cargando una bandeja con lo que parecía ser su desayuno. Con una sonrisa dejó la bandeja sobre la cama tras varios minutos de camino.
—Me ha ayudado la chica aquella que casi me descubre la otra vez. ¡Es una chica super maja! Al despertarme he bajado para no despertarte y me ha visto por la ventana, no he podido esconderme a tiempo. – Sonrió nervioso. - ¡Pero no te apures! Solo ha visto piernas.
—¿Y pantalones? Espera, ¿Emma está abajo? – se sentó rápidamente.
—No, se ha marchado tras ayudarme, ha dicho que debía ir a trabajar y que solo pasaba para hablar contigo antes. Ha dicho algo de 'libro' y que ya te llamaría luego su hermano.
Efectivamente, Govert le había llamado. Observó mejor lo que había sobre la bandeja y tomó una de las tostadas. Le había preparado el desayuno y se lo había llevado a la cama… ni en una película romántica. Se abofeteó a sí mismo llamando la atención del tritón que se sentó rápidamente preguntando si estaba todo bien; acababa de soñar con él, seguía teniendo una notable erección entre las piernas, le había llevado el desayuno a la cama y en lo primero que había pensado era en películas románticas…
No podía ser.
Él no podía sentir interés por un hombre.
No me maten!
Buenas y malas noticias.
Buenas: He terminado de escribir la historia completa! Y por si acaso se me cruzan los cables de nuevo, la he guardado en un USB para no tener que escribir de nuevo (Sí, siempre me acabo arrepintiendo). Como ya no tengo nada que escribir, creo que empezaré a hacer dibujos basados en esta historia~ tengo algunos hechos, me encantan, pero no puedo mostrarlos aún porque son de escenas de capítulos que no he subido.
Malas: Es posible que sea la última historia larga Spamano que suba. Debido al problema anterior (motivo por el que eliminé todo mi Spamano ;~; ) estoy falta de inspiración en esta pareja, así que si subo serán historias cortas u oneshots.
Me he estado mudando nuevamente de Francia a España, he regresado a mi viejo pueblo! Así que este tiempo he estado de mudanza, arreglando papeles y cosas importantes. Si alguien me sigue en mi DA, habrá visto que además me he estado centrando en el dibujo. En mi viejo ordenador he encontrado historias sin terminar, quizá las continúe asdasd
Darkmoon: En capítulos anteriores ya se menciona que la disputa fue absurda xD Sobre la primera parte, me era necesario pues si Gilbert fuera alguien más "maduro" por aquel entonces debería haber cambiado absolutamente todo lo relacionado con la pelea en los capítulos anteriores, además de que así se puede ver una madurez en el albino... el por qué es cómo es. Ahora, en cuanto a Heracles, yo lo veo como alguien poderoso, alguien con un poder enorme que de no ser por su personalidad calmada sería capaz de clavar el miedo con la mirada. No se rige por las leyes de la realeza, lo que le hace ver como un rebelde a ojos de los demás, además de no dar toda la información por quedarse dormido cada dos por tres, como ocurrió con Gilbert y la poción. No solo Ludwig, como puede verse en este capítulo Antonio también aprende rápido lo básico. A mi ver, las sirenas y tritones son seres listos y con gran memoria, pero que el desconocer el mundo humano les hace ver como 'tontos'. Claro, que hay sus excepciones, pues si no ya haría algunos personajes demasiado OoC. c:
Sin más, au revoir~!
