POV Rose

-Adrián yo…-

Intenté acercarme a él pero me dio la espalda.

-No, Rose, ahora no…-

Y se fue. No me gritó, no me maldijo una y mil veces, ni siquiera me miró con odio. Simplemente, me dio la espalda y se alejó. Su silencio me golpeó peor que mil palizas y el semblante de derrota en su rostro me dolió como jamás me había dolido nada en mi vida. Quise detenerlo, correr tras él y suplicarle que me perdonara pero no tenía cara para hacerlo, lo había perdido y tal vez jamás pudiera recuperarlo.

Me tumbé en la misma silla donde había estado sentada antes y dejé salir todo lo que sentía, la impotencia, la rabia, la vergüenza, ¿Cómo dejé que todo esto pasara? ¿Cómo fui tan imbécil? ¿Cómo fui capaz de dañar a Adrián, después de todo lo que habíamos pasado juntos? Cubrí mi rostro con mis manos, las lágrimas no parecían querer detenerse, cada una ardía como fuego al rojo vivo sobre mi piel porque esta vez había sido yo la culpable, yo y sólo yo había provocado lo ocurrido.

-Roza…-

No, no podía ser, justo lo que me faltaba. Enterré mi rostro aún más entre mis manos, no necesitaba verlo a él en ese momento pero la jodida suerte parecía odiarme en verdad.

-Roza, lo escuché todo, ¿es cierto? ¿tú…?-

Su voz sonaba mucho más cerca, por fin descubrí mi cara y me levanté, lo encontré a menos de un metro de mí. Estaba pálido, se notaba que la noticia lo había cogido completamente desprevenido.

-Sí, estoy embarazada.-

Me miró atónito durante un momento y dudó cuando por fin consiguió recuperar el habla, no tenía ánimos de hablar con nadie pero, igual que con Adrián, lo mejor era aclarar las cosas de una vez y ya tenía los nervios y el corazón destrozados así que ¿qué más daba?

-Eso es… Dios… Roza… es increíble.-

Respiré hondo y limpié lo que quedaba de llanto en mi cara. Una parte de mí, la oscura e impulsiva, deseaba darle una buena patada en la entrepierna por haber aparecido esa noche, por haber vuelto, por haberme dejado en primer lugar pero la otra, la de Guardiana y futura madre, entendía que esa situación era responsabilidad de ambos y no sólo suya.

-Mira Dimitri, estoy cansada. Tengo un millón de cosas en la cabeza y mis sentimientos son un auténtico torbellino, lo que menos quiero ahora es lidiar contigo y tus asuntos sin terminar así que…-

-Roza, te amo.-

Me alejé un poco con las manos en la cabeza ¿qué no hablábamos el mismo idioma? ¿Todos estos años que pasó en Rusia atrofiaron su cerebro?

-No es un buen momento, lo entiendo pero quiero que sepas que el ser el padre de tu hijo sería la mayor bendición y...-

Un carraspeo nos hizo voltear, Lissa y Christian nos veían desde la puerta, ambos taladraban a Dimitri con la mirada.

-Rose ¿estás bien?-

-Sí, Liss. De hecho, ya me iba.-

Caminé hacia la salida, Dimitri intentó alcanzarme pero Christian se puso frente a él para impedírselo.

-Christian, necesito hablar con ella, sólo...-

Y ahí estaba, el puñetazo que no le di Christian se encargó de hacerlo. Debía admitir que Fireboy tenía una excelente derecha, tomar desprevenido a un Guardián como Dimitri y asestarle un golpe como aquél no cualquiera lo conseguía. Miré a Lissa, pensé que estaría por enloquecer por cómo había actuado su novio pero estaba con una ligera sonrisa, como si uno de sus regalos navideños tan esperados hubiera llegado antes de tiempo. Dimitri se recuperó rápido pero no dijo nada, sólo se limpió la sangre que empezaba a emanar de su nariz. Fue Christian quien le dio un ultimátum.

-No me interesa lo que tú necesites. Si Rose quiere hablar contigo, ella te buscara pero hasta entonces, mantente alejado, ya has hecho suficiente daño.-

Lissa me tomó del brazo mientras Christian caminaba cuidándonos las espaldas. Yo sólo me dejé llevar por ellos, ya lo había dicho, me sentía completamente exhausta.