N.A: Mis niveles de cursilería suben hasta proporciones estratosféricas.

Nico

Ángel De Sombras

Por la maña me levanté con ganas de escuchar a Jason Mraz, ir a desayunar temprano (¡Aleluya! ¡Está vivo!) y dejarme caer casualmente por los establos. (¡Tampoco es tan raro!) Esa noche eran los fuegos artificiales. Tres años ya... Esa había sido la primera guerra a la que se había presentado el Campamento Mestizo, al menos la primera digna de mencionar. Todos luchamos con garras y dientes y sufrimos las perdidas, pero también disfrutamos la victoria. Esa noche celebrábamos la caida (por segunda vez) de Cronos, pero también era nuestra forma de honrar a los amigos que perdimos a manos del ejercito de los titanes, aquellos que siempre serían recordados como auténticos héroes y que muchos de ellos descansan el el Elíseos (si no han escogido renacer) De alguna forma u otra, todos ganamos algo aquel día, incluso los que murieron defendiendo el Campamento y a los dioses.

Salí de mi cabaña y fui al comedor para desayunar. Mientras caminaba hacia mi mesa intenté no mirar a ningún sitio para no parecer desesperado.

- ¡Hombre, Nico! ¡Qué sorpresa verte levantado tan temprano!

Me giré y me encontré con una melena negra punk, unos relampagueantes ojos azules y una chaqueta plateada.

- ¡Thalia!- exclamé, sorprendido de verla en el campamento.

- Uf, qué cara- me reprochó-, vale que no sea la alegría de tu vida verme, pero podrías fingir un poco.

- No... quiero decir que sí... sí que me alegra verte... es solo que...

- Esperabas tener más tiempo para conquistar a mi hermanita, ¿verdad?

- Eh...- ahí me había pillado.

- No hace falta que lo diga- siguió-. De todas formas no voy a irrumpir en tu vida amorosa, la cual creo que todabía es inexistente, las Cazadoras solo hemos venido al campamento para ver los fuegos. Hace tres años ya, es una fecha importante para mí y no quiero perdermela.

Thalia tenía sus propios motivos para venir a ver los fuegos. Entre los que cayeron en la batalla estaba Luke, el hijo de Hermes que era controlado por Cronos. Al principio se metió en el bando de los titanes por su propia voluntad y resentimiento hacialos dioses y su ignorancia hacia sus hijos, los cuales descuidaban y los abandonaban a su suerte algunos sin ni si quiera ser reconocidos. Pero luego el mal le cegó y prestó su cuerpo para que Cronos habitara en el y tener así su poder completo. Durante la lucha entre Cronos-Luke y Percy en el Olimpo, la parte buena que aún quedaba de Luke supo imponerse ante el señor del tiempo, ahí fue donde la profecía cobró sentido. Percy le entregó el arma a Luke y él se la clavó a sí mismo en su único punto vulnerable, en su "Talón de Aquiles" (que ni él era Aquiles, ni su punto era el talón N.A: perdón jaja, chiste malo jaja) Y así fue, mis queridos retoños, cómo Percy tomó una decisión que salvó al Olimpo, cómo Luke Castellán murió como un héroe y cómo Cronos volvió al Tártaro. Thalia era muy amiga de Luke y la suya fue una pérdida importante.

Thalia se sentó en la mesa de Zeus con Ángela y Jason, los cuales se alegraron enormemente de verla y no pararon de reir y conversar. Cuando terminamos de desayunar, Thalia se me acercó y me dijo con tono indiferente:

- Ángela me acaba de decir que no va a unirse a las Cazadoras.

- ¿Ah, no?- prgunté, como un idiota. Intenté que no se notara los contento que me ponía esa afirmación. Me pregunté si esa decisión ya la había tomado antes o si quizás había influido en algo lo que pasó ayer. Bueno, lo que casi pasa mejor dicho.

- Venga ya- dijo Thalia, enarcando una ceja-, como si no lo hubieras visto venir.

- ¿Te ha dicho por qué no?- pregunté con la boca seca.

- ¡Hay que ver qué poco cerebro tenéis los hombres! ¡Estáis todos tan ciegos!- exclamó, indignada ante mi supuesta ignorancia-. En fin, solo voy a decirte una cosa, Nico di Angelo- mal asunto-, como le pase algo a mi hermana, me encargaré personalmente de que se te chamusquen las cejas y lleves el pelo como un Minimoy de por vida, ¿te ha quedado claro?

- Cristalino- rspondí, tragando saliva.

- Así me gusta- dicho eso se dio media vuelta y se fue. Yo me encaminé hacia mis clases de tiro con arco con los chicos de Apolo. Genial, al lado suyo solo conseguiría parecer más torpe con el arco y las flechas. De camino al claro me encontré con Leo.

- Hombre, aliento de muerto- saludó-, cuanto tiempo. Ya me había habituado a tu compañía.

- He estado liado.

- ¿Has recibido el llamado de los ángeles?- aventuró con voz melosa y cursi- ¿El maravilloso Eros llamó a tu puerta? ¿La grandiosa Afrodita te concedió el amor de Áng...?

Me acerqué rápidamente y le tapé la boca con la mano mientras a nuestro lado pasaba Ángela.

Leo dijo algo que parecía querer decir Hola, Ángela, pero que son el sonido amortiguado por mi mano sonó algo como Hoba, Ámbeba. Yo le destapé la boca y él sonrió.

- ¿Adónde ibas?- preguntó.

- A la clase de tiro con arco.

- ¡Genial!- exclamó Leo- Justo nos dirigíamos allí, ¿verdad, chico muerto?

Yo lo fulminé con la mirada. ¡¿Cómo se le ocurría semejante tontería?! Yo no tenía intención de cruzarme con Ángela en todo el día hasta por la noche, cuando fuera a buscarla a su cabaña. Estaba demasiado nervioso por la... emmm... ¿cita? No sé. Pero estaba realmente nervioso. Además, prefería esperar para estar a solas con ella y preguntarle si había escuchado el CD de Imagine Dragons, si le había gustado... y si había leído la carátula interna de la tapa. Pero no quería pasar por esa situación incómoda delante de medio campamento. Por no mencionar que tampoco quería hacer el ridículo delante de ella, cosa que seguramente haría si veía mis "maravillosas" habilidades con el arco.

- No se me da muy bien- dijo Leo-, pero el arco no es mi prioridad. Para defenderme me vasta con prenderme fuego y ya ningún monstruo puede con el ¡invencible Leo!

Ángela se rió y yo intenté escabullirme sin ser visto.

- ¡Eh! ¡Que te veo, Nico!- me gritó Ángela.

- Ya...- intenté pensar una excusa rápidamente- Es que... tengo que... ¡dar de comer a la Señorita O'Leary!

- La Señorita O'Leary está en el inframundo- dijo Leo, ganándose una mirada fulminante.

- De esta no te escapas- murmuró Will Solace al pasar por mi lado de forma que solo yo pudiera oírlo. Maldije en griego antiguo y me posicioné en la última diana, tan alejado de Ángela como pude para que ninguna de mis flechas fuera a parar a ella.

- ¿Ya intentas alejarte de nuevo?- dijo, poniéndose en la diana vecina. En su voz había un deje bromista, pero también una insinuación seria, como si por un momento hubiese vacilado entre preguntar en broma o en serio. No la culpaba, yo le había dado motivos.

Puse la flecha en mi arco, apunté todo lo que pude, tensé y disparé... ffffffffssssspp...

- ¡Hijo de...!- escuché en la dirección en la que fue mi flecha- ¡Nico!

- Perdón, Chris- me disculpé. A mi lado, Ángela se reía de mi poca puntería.

- Adelante, ángel- la reté-, ¿a ver cómo lo haces tú?

- Te vas a cagar- sonrió. Apuntó, tensó, soltó y...

- ¡In your face!- escuché reír a Leo unas dianas más allá. Había dado justo en el blanco.

- Recuerda que quería unirme a las Cazadoras de Artemisa, para eso hace falta una puntería perfecta- informó. Pasamos el resto de la clase, ella dando en el centro de la diana y yo disculpándome antes campistas y ninfas (puedo asegurar que ese día aprendí muchas palabras nuevas)

- No te tortures- me dijo Ángela al acabar las clases, con nosotros venía Leo-. Hay otras muchas cosas que tu sabes hacer mejor que nadie.

Leo se empezó a reír a mandíbula batiente y los dos nos quedamos mirándolo como si estuviera loco mientras él se carcajeaba. Cuando se le pasó el ataque nos miró, con lágrimas en los ojos.

- Perdonad- dijo entre risitas-. Ángela, es que si sacas esa frase fuera de contexto suena muy mal.

- ¡Mente sucia!- le gritó ella, las mejillas adquiriendo un tono rosado. Yo intenté mantener la mente fría para no ruborizarme.

- Como sea- dijo Leo-, yo me voy a los muros de escalada ¿os venís?- los dos negamos con la cabeza- Ya, lo suponía.

Antes de darse la vuelta e irse nos dedicó una mirada escéptica que hizo que me subiera toda la sangre a las mejillas. Si la cosa no acababa pronto estaba seguro de que acabaría dándome algo.

- ¿Y ahora qué?- preguntó Ángela. Yo sonreí, me acerqué y le planté un beso en la mejilla. Ella se rió, cayendo en la cuenta. Ayer era yo el que había preguntado exactamente lo mismo y, como toda respuesta, ella me había dado un beso en la mejilla.

- Voy a dar una vuelta con Pegaso, ¿vienes?

- Me encantaría- dije-, pero los pegasos me odian.

- ¿Por qué?- preguntó, horrorizada y divertida a medias.

- Dicen que huelo a muerto- contesté, encogiéndome de hombros y poniendo cara de ¡¿te lo puedes creer?!

- Pues a mí no me parece que huelas a muerto- contestó como si nada.

- Los animales tienen un olfato más... desarrollado.

- Supongo que sí. Bueno, entonces nos vemos luego.

- Sí. Luego paso a buscarte- me despedí, recibiendo un beso en la mejilla, y me fui al lago de las canoas donde me encontré con Jason y Percy. La conversación tomó este estúpido rumbo:

Percy: Tribilín no es un perro...

Yo: ¿Cómo que no?

Jason: Una vaca...

Percy: No, tampoco.

Yo: Es un perro.

Percy: Te digo que no...

Yo: ¿Cómo que no?

Percy:... Pluto es un perro, vos fijate que...

Pasa una ninfa corriendo y a los tres se nos va la vista.

Yo: Es un perro de otra raza.

Percy: Que no...

Después de decidir que Tribilín (N.A: Goofy en algunos países) era un vacerro (palabra inventada por nosotros para decir que era medio vaca medio perro) decidimos dejar el tema por zanjado e irnos a comer. El resto de la tarde transcurrió con monótona normalidad. Exceptuando un breve altercado con los pegasos que tuvo un ligera relación con los Stoll. Un campista de Ares, Clarisse nada menos (pobres chicos), había entrado en los establos y de pronto los gemelos de Hermes habían salido de entre los montículos de paja y rociaron a Clarisse con montones y montones de puñados de azúcar, inmediatamente todos los pegasos corrieron en estampida detrás de la campista de Ares, atraídos por el dulce. En cuanto la chica se hubo dado un chapuzón desesperado en el lago para desprenderse del azúcar adherido al pelo y a la ropa, amenazó a los gemelos con lo Innombrable. Los chicos se habían escondido en sus cabañas y se negaban a salir. Tenían motivos para temerle a la cabaña del dios de la guerra.

Resulta irónico que, cuanto menos ganas tengas de que llegue algo, más rápido llega; y cuanto más ganas tengas de que llegue, más tarda en llegar. Lo mío era un caso extraño: por una parte tenía ganas de que llegase la hora de ir a buscar a Ángela a su cabaña, pero por otra parte estaba tan nervioso que no quería que llegase la hora tampoco. Pero llegó.

A las ocho y media, cuando el sol ya se ocultaba por el horizonte y el atardecer dejaba caer sus cálidos y últimos rayos de sol sobre el Campamento Mestizo, mientras el cielo se volvía de un color imposible de nombrar, salí de mi cabaña y fui a buscar a Ángela a la suya como haría un caballero.

Cuando estuve delante de la puerta di tres golpes suaves con los nudillos. Al cabo de unos segundos Ángela asomó por la puerta, sonriente. Había cambiado su camiseta naranja del campamento y sus pantalones cortos por un bonito vestido de verano de color turquesa suave que le llegaba por un par de centímetros encima de la rodilla y llevaba unas zapatillas azules garabateadas con palabras que supuse serían de canciones. En su cuello advertí que descansaba un delicado colgante con un rayo. El pelo le caía por la espalda, tan rizado y desordenado como siempre.

- Con el pelo no he podido hacer nada- dijo, advirtiendo que la miraba como un bobo.

- Así estás bien- dije-. Muy bien.

- Gracias- sus mejillas empezaron a adquirir un tono rosado.

- Ahora- dije, haciendo una reverencia exagerada-, si la dama me permita escoltarla...- ella se rió, me dio un suave empujón y echó a correr hacia la colina Mestiza con el vestido hondeando, sin importarle nada.

- ¡Te echo una carrera!- gritó.

- ¡Pues pierdes seguro!- y eché a correr a pesar de que ella me llevaba ventaja. Pasamos al lado de varios campistas que volteaban a vernos, curiosos, pero nosotros no nos detuvimos hasta que llegamos a lo alto de la colina, jadeantes y cansados y nos dejamos caer en la mullida hierba. No había nadie por esa zona, la mayoría de los campistas preferían ver el espectáculo de los fuegos desde el lago de las canoas o las lindes del bosque, pero nosotros nos instalamos en lo alto de la colina porque yo ya había visto los fuegos el año anterior desde ese sitio estando solo y se veían mejor, desde allí parecía que casi podías tocarlos. Además, este año se encargarían de los fuegos las cabañas de Hefesto, Hécate e Iris (patrocinados por Hermes Express) y el espectáculo prometía.

Ángela y yo permanecimos en silencio hasta que el sol se ocultó del todo y la primera explosión iluminó el cielo de tonos verdes y azulados. Y después otra, y otra y otra. El cielo nocturno se iluminaba de todos los colores imaginables y formaban formas de guerreros griegos con su armadura completa que luchaban contra monstruos y titanes. No solo se vieron escenas de la batalla final de Manhattan y el Olimpo, sino también de la otras muchas batallas que habían marcado un paso más cerca de la auténtica victoria. Chispas azules dibujaron contra el cielo nocturno la figura de un minotauro siendo derrotado por un niño de once años; la de un pino que poco a poco se iba transformando en una joven de tormentosos ojos azules; la de una Cazadora de Artemisa interceptando un robot gigante y haciéndolo explotar luego con ella dentro (tuve que apartar la vista para que Ángela no viera que las lágrimas amenazaban con desbordarse de mis ojos); la de una diosa sujetando el peso del cielo para salvar a una chica desmayada debajo; la de un grupo numeroso de campistas aguardando delante de lo que parecía una entrada hacia una cueva con las armas preparadas; la de una batalla en Nueva York contra cantidad de monstruos y titanes...

Mientras las escenas de la batalla se representaban formidablemente en el cielo, Ángela me preguntó:

- ¿Por qué estabas tan raro los últimos días?- la miré y supe que no había un mejor momento. Si ella me lo preguntaba, yo no iba a mentirle. En ese momento, con la luz de los fuegos artificiales iluminando su rostro, lo supe con la misma certeza que sabía que la gravedad nos ataba a la tierra: yo, Nico di Angelo, el rey de los fantasmas, el hijo del dios de los muertos... me había enamorado de un ángel.

- Quería alejarme de ti- respondí.

- ¿Por qué?

- Mi madre murió, mi hermana Bianca también murió y mi padre es el dios de los muertos, el señor del Inframundo. No quería hacerte daño... no quería que... me tuvieras miedo- hice una pausa y volví a hablar-. Yo solo estoy hecho de oscuridad, en mi pasado ha habido traiciones y rencor; y tú... tu eres cómo... como un ángel. Y no quiero dañarte de ninguna forma.

Ella me miró atentamente con el semblante serio.

- ¿Tú serías capaz de hacerme daño, Nico? ¿Serías capaz de dejar que algo me pasara?

- Jamás- contesté rotundamente. Ella entrelazó sus dedos con los míos y se acercó un poco a mí.

- Si tú estas hecho de oscuridad y yo soy un ángel... entonces seré tu ángel, Nico. Tu ángel de sombras.

Entonces cerró la distancia que había entre nosotros y unió sus labios dulces con los míos. Olía a lluvia y sus besos eran delicados y pausados. Reaccioné en seguida y deposité la otra mano en su nuca para evitar que nos separáramos. Sentía el corazón desbocado y una parte de mi cerebro, aquella que se parecía un poco a Annabeth, me advirtió de que tuviera cuidado con cierto padre-dios-todo-poderoso-y-omnipotente-amo-del-uni verso, pero no pude evitar arrinconar ese pensamiento sobre una posible muerte en un rincón de mi mente, en ese momento apenas podía pensar en nada que no fuera Ángela. Ninguno prestaba atención a los fuegos artificiales, lo único que existía era el roce de nuestros labios, el aliento cálido del otro y dos palabras pronunciadas por mí y que se enredaron en nuestros besos.

- Te quiero- sabía que lo había escuchado porque me echó los brazos al cuello y apoyó su barbilla en mi hombro para susúrrame al oído:

- Yo tampoco puedo escapar de esto ahora, Nico. Te quiero- lo había escuchado. Esas breves palabras bastaron para que volviéramos a besarnos.

Antes de que nos diéramos cuenta los fuegos artificiales habían acabado y a lo lejos se escuchaban las voces de los campistas que regresaban a sus cabañas. Yo me levanté y le tendí la mano a Ángela, ella la aceptó y recorrimos todo el camino hacia la zona común cogidos de la mano y (al menos yo) un agradable cosquilleo en el estomago. De camino nos encontramos con unos acaramelados Percy y Annabeth. Nos acercamos y los felicitamos por su aniversario y a Percy por su diecinueve cumpleaños. Era fácil recordar todas las fechas cuando todo había sucedido en el mismo día.

- ¿Y vosotros?- preguntó Annabeth lanzando una mirada suspicaz a nuestras mano entrelazadas- ¿Cómo lo habéis pasado?

- Genial- respondimos Ángela y yo al mismo tiempo.

- Seguro que sí- dijo Percy. Si no hubiera estado demasiado embobado mirando a Annabeth se hubiera puesto a tomarme el pelo. Sinceramente, me habría burlado de él por estar sonriendo como un idiota con la mirada perdida, víctima de la magia del amor, pero no podía juzgarlo. Al menos no ahora que yo también había caído en las redes. Nos despedimos de ellos y acompañé a ángel hasta su cabaña.

- Bueno...- dije- Hasta mañana.

- Hasta mañana- contestó, apoyándose en uno de los pilares de mármol de la entrada. Yo me incliné y la besé, ella se rió entre mis labios y me pasó los brazos por el cuello. De alguna forma (que a día de hoy todavía desconocemos) conseguimos separarnos y yo me fui andando hasta mi cabaña. Podría haber viajado por las sombras, pero en ese momento me era imposible concentrarme en nada. Agradecí no cruzarme con ningún campista que pudiera ver mi sonrisa de gilipollas (sí, exactamente igual que Percy)

Cuando llegué a mi cabaña me dejé caer en la cama. Empecé a tararear inconscientemente I'm Yours, la canción se había gravado a fuego en mi mente sin intentarlo si quiera.

Qué curioso, la forma en la que hay veces que uno recuerda detalles tan nimios a simple vista como lo es una canción y que luego se vuelven tan importantes que te es imposible olvidarlos. Al igual que también hay veces que no podemos evitar relacionar esa canción con una persona, transformando dicha canción en algo tan especial, tan íntimo, que hace que jamás te olvides de ella ni de la persona.

En ese momento yo no sabía lo importante que sería esa canción en un futuro... no tan lejano.


Vale, este capitulo no tenía mucha saña y siento que he flojeado, pero ya lo he dicho antes: mis niveles de cursilería han subido hasta proporciones infinitestimales. Además, ya era hora de que escribiera esto también. ¡No pretendo que Nico quede soltero y amargado de por vida! o.O (Bueno, tanto tampoco ._.U) Pero que ya me entendéis... ¿verdad? Ejem, ejem, dejando ese tema a un lado...

Muy bien, creo que a partir de aquí las cosas se ponen más interesantes ¿Os habéis olvidado del sueño de Ángela? Espero que no, era importante. Bueno, no tengo mucho que decir excepto que estoy decepcionada conmigo misma por lo flojo de este capítulo pero empezaré a coger más fuerza en el siguiente... y en el que le sigue, y en el que le sigue, y en el que le sig... bueno, ya me habéis entendido.

Ah! Y para los que no hayáis pillado lo de la conversación de rumbo estúpido de Nico, Percy y Jason... Miraos esto de aquí:

watch?v=efQZM3eC7c4 En el momento 0:52

¡Qué le vamos a hacer! Me encantan mis paisanos

Nos leemos,

Con cariño,

Yo