10. – PLANES

-Hola, Selina- respondieron al otro lado de la línea.

-Hola, papá- dijo la joven con su tono seco, mientras mantenía el móvil sobre el oído.

-¿Cómo va tu vida universitaria?

-Normal, sin nada que destacar. Pura rutina.

-¿Y los estudios? ¿Ya has hecho exámenes?

-Hasta el mes que viene no hay ningún examen importante.

-¿Te llevas bien con la gente de la universidad, con tus compañeros y profesores?

-Sí, más o menos.

-Ya veo. Y no has hecho nada que un universitario corriente no haría, ¿verdad?

Selina no respondió enseguida.

-¿Qué quieres decir?- preguntó.

-Ya sabes, lo que ocurrió en la otra universidad…

La joven frunció el ceño.

-¿Por qué me has llamado, papá?

-Ah, sí, es sobre Acción de Gracias- respondió el señor Kyle-. Me temo que no podré venir a buscarte. En sus prácticas de conducción, Maggie tuvo un pequeño accidente. Ella está bien, pero el coche ha quedado algo estropeado y ahora está en el taller. Así que tendrás que venir en tren.

-¿En tren hasta Seattle?-exclamó Selina- El billete tendré que pagarlo yo, claro.

-Son las circunstancias, hija. Si tienes otra solución, estoy dispuesto a escucharla.

-Pues, sencillamente, si no me traéis en coche, paso de venir a celebrar Acción de Gracias. Me quedaré en la residencia de la universidad a pasar la fiesta. Además, seguro que aquí estoy más tranquila.

-Selina, no digas eso- se enojó su padre-. Va a estar la familia, y nos lo pasaremos bien todos juntos. Y Maggie y yo estamos deseando volver a verte.

-Si tú lo dices…- contestó la joven-. Mira, quizá no esté mal del todo viajar en tren. Al menos iré sola y no tendré que estar obligada a conversar contigo durante el trayecto.

-Entonces, ¿vas a venir?- le preguntó el señor Kyle, pasando por alto aquella desconsideración.

-Me lo pensaré. Ya te llamaré mañana sobre lo que decida. Y ahora te dejo, que estoy con una amiga.

-Oh, caramba, ¿has hecho una amiga?- se sorprendió el padre de Selina.

-Adiós, papá. Y recuerdos a Maggie.

Selina colgó. Dejó escapar una bocanada de aire mientras se guardaba su teléfono móvil. En ese momento se encontraba apoyada en la pared del pasillo de la segunda planta de Mansión Arkham, y de repente oyó unas voces que subían por la escalera. Aparecieron Jota y Pamela, quienes parecían tener una conversación acalorada.

-¿Pero se puede saber qué he hecho esta vez?- exclamó Jota mientras agarraba a Pamela por una muñeca y la detenía- Harley me dijo que me había perdonado y empezaba a volver a ser amigable conmigo. ¿Por qué ahora de nuevo no quiere verme? ¿Es que le molestó que el día del accidente de Nora le oliera el cabello?

Pamela se giró hacia él, con cara de pocos amigos.

-Eso debería preguntártelo yo a ti. ¿Por qué crees que no quiere verte? Si quieres saberlo debes empezar a buscar tú mismo la respuesta- respondió enérgica-. Y si consigues la respuesta correcta tal vez me digne a dejarte encontrarte con ella- hizo una pausa, desviando la mirada-. Mierda. Una de las cosas que más me fastidian es tener que decir cursilerías sentimentales- dijo como pensando en voz alta. Volvió a mirar a Jota, quien la contemplaba sin entender.

-¿Me vas a impedir que me vea con Harley?- preguntó este poniéndose un poco más serio de lo que ya estaba.

-Eso suena a desafío- contestó Pamela con una sonrisa altiva. Cruzó los brazos-. ¿Crees que eres capaz de hablar con Harley contra mi deseo?

-Lo que no soy capaz es de convencerte para que te unas al club de la comedia. Con el talento que demostraste el día que me sustituiste y tengas que desperdiciarlo- dijo Jota pensativo. Entonces apareció su simpática sonrisa de siempre-. ¿Aceptarías al menos actuar de vez en cuando en nuestro club si lograra que Harley y yo volviéramos a tener la compenetración que teníamos antes, pasando por encima de tu vigilancia?

-Todo lo que tú quieras- contestó Pamela ya cansada de esa conversación-. Y ahora déjame en paz. Tengo el tiempo justo para arreglarme e ir a una reunión de los candidatos para lo del cuerpo de estudiantes.

-Muy bien, es un trato- exclamó Jota mientras la pelirroja se marchaba-. Kitty es testigo.

Jota clavó su mirada en el trasero bamboleante de Pamela, cubierto por una minifalda verde oscuro, mientras esta se alejaba por el pasillo en dirección a su habitación. Luego se giró hacia Selina, quien estaba a su lado, aún apoyada en la pared, y que había estado siguiendo la conversación.

-¿Y tú qué opinas?- le preguntó- ¿Sabes por qué Harley no quiere verme de nuevo?

-No exactamente- dio por respuesta la chica vestida de negro- ¿Es algo que te importe mucho?

-Bueno, aparte de que me gustaría que volviera al club de la comedia y que formara de nuevo una pareja cómica conmigo, lo cierto es que estoy empezando a echar un poco de menos su presencia. Al fin y al cabo, siempre me he compaginado sin problemas con nuestra futura doctora Quinzel.

-¿Es lo mismo que sientes por Mercy, tu novia?

Selina vio que la expresión de Jota cambiaba a una que denotaba cierta sorpresa. Las pupilas del joven miraron hacia arriba mientras alzaba una ceja y torcía las comisuras de sus labios en dirección contraria. Volvió a dirigir la vista a su interlocutora.

-Yo me siento bien cuando estoy con Mercy. Se supone que eso es amor, ¿no?

-Creo que el amor es algo más que solo sentirse bien cuando estás con esa persona. También es echarla de menos cuando no puedes estar con ella- comentó Selina sin mirarle. Entonces se sorprendió a sí misma por lo que acababa de decir-. Bien, hasta luego- se despidió un poco nerviosa.

Dejando a un Jota algo confuso, la joven entró en la habitación de Barbara y cerró la puerta detrás de ella. Allí se dirigió a la cama y se sentó en ella, para a continuación coger una bolsa abierta de cortezas de cerdo. Ante ella estaba Barbara, sentada en su escritorio, tecleando en el ordenador que tenía delante.

-Vaya, has tardado bastante más de lo que habías dicho- comentó Barbara mirando la hora del ordenador-. ¿Era una llamada importante?

-Cosas de mi padre- respondió Selina. Cogió una corteza de la bolsa y se la metió en la boca-. Ahora dice que no puede venir a buscarme para el día de Acción de Gracias- dijo mientras masticaba. Tragó-. Tendré que montármelo para ir por mi cuenta. O igual me quedo aquí a pasar la fiesta. ¿Pero me decías que estabas haciendo una página de información general?

-Sí, ahora que en la biblioteca de la universidad he acumulado un montón de información, la he traspasado a una página web para que esta contenga todo el saber posible- explicó Barbara con entusiasmo, sin apartar la vista de la pantalla del ordenador-. Que cualquier cosa de la que te interese saber, dicha página te dé la información exacta que buscas, sin ningún problema.

-Bueno, pero tampoco vas a hacer nada nuevo- objetó Selina-. Ya hay páginas web tipo enciclopedia.

-Ah, pero en mi página podrás hacer una pregunta directa y la página te dará la respuesta exacta, sin ambigüedades ni dándote dos o más posibles soluciones.

Selina asimiló aquella explicación sin acabarlo de entender del todo.

-¿Sí? ¿Y le podrás preguntar a la web cómo solucionar según qué problemas amorosos?

Barbara no respondió enseguida.

-Sería una opción interesante un apartado de cotilleos- dijo-. Pero de momento será para cosas más serias.

-Una cosa tan seria cómo saber qué excusa podrías utilizar para meterte en la relación entre Eddie y su amiga- dijo Selina, mientras cogía una nueva corteza.

Barbara paró de teclear durante unos segundos, sin dejar de mirar la pantalla del ordenador.

-A mí no me parece bien que la chica esa se esté aprovechando de los sentimientos de Eddie- replicó, volviendo a escribir.

-¿Y cómo sabes que se aprovecha de sus sentimientos?

-Eso se ve a primera vista- exclamó, mientras movía con ímpetu el ratón por la pantalla e iba clicando-. Además, el otro día oí una conversación en la biblioteca entre ella, Alice y Harley en que lo dejaban claro. Dijeron que ella solo está con Eddie para tener a alguien que le cumpla los caprichos, y el pobre chico haciéndose ilusiones.

-¿Y vas a intervenir para que Eddie abra los ojos? ¿Y luego qué? ¿Lo haces con la intención de que él vuelva a fijarse en ti, cuando tú tampoco tienes interés en que tengáis una relación seria? No sé quién es más manipuladora, la verdad.

Barbara dejó el ratón, sin dejar de mirar hacia la pantalla del ordenador, y Selina se dio cuenta que el entusiasmo que tenía había desaparecido, siendo sustituido por el desánimo.

-¿Tú crees que eso que tuviera sexo con Eddie me ha despertado cierto sentimiento de posesión respecto a él?- preguntó Barbara girándose hacia ella.

-No sé. Según parece, si lo hiciste con Eddie de forma inconsciente fue porque en el fondo sientes algo por él- trató de explicarse Selina-. Y por eso sin darte cuenta tratas de retenerlo a tu lado. De poseerlo y de evitar que nadie le ponga las manos encima a no ser que seas tú la que lo haga…

Aquel comentario consternó un poco a Barbara, y Selina vio que su compañera ahora tenía la mirada perdida.

-¿Es así como realmente funciona el amor?- se preguntó la morena- Porque conozco a una persona que actúa de esa manera…

-Ah ¿sí? ¿A quién?- exclamó Barbara curiosa.

Selina despertó de su ensimismamiento, y miró a su amiga.

-¿Sabes qué?- le dijo sonriendo-. Quizá deberías pedirle a Jessica que te aclarase sobre qué sientes realmente por Eddie. Quizá ella te lo pueda decir, ya que estudia psiquiatría.

Selina se metió una nueva corteza en la boca.

-Qué graciosa- dijo Barbara mirando de nuevo hacia el ordenador. Parecía que volvían a subírsele los ánimos, y empezó a usar el ratón de nuevo-. Está bien. De momento no me meteré por en medio de Eddie y Jessica. Según cómo evolucionen los acontecimientos veré si hago algo o no. Además, a mí quien me gusta de verdad es Bruce. Y creo que ya va siendo hora que tome una decisión al respecto- remató decidida.

Selina sintió algo de inquietud al escuchar esa última frase.

-Y volviendo a lo de antes, ¿no resultará muy difícil hacer una página web que recopile toda la información del mundo?- preguntó poniéndose de pie y yendo hacia Barbara, situándose detrás de ella y mirando a la pantalla.

-Sí, difícil lo es. Y todo un desafío. Pero desde los quince que llevo recopilando un montón de información sobre los más diversos temas- respondió Barbara sonriendo-. Aunque aún me faltan muchas cosas por incluir en la página. ¿Tú crees que a Bruce le podría interesar participar en ella? Para investigar cosas tiene un sexto sentido.

-No creo que Bruce quiera hacerte de ayudante- dijo Selina alzando una ceja. A continuación caviló durante un instante-. ¿Y qué me dices de Dick? Él sí que querría hacer equipo contigo.

-¿Dick? Bueno, no diré que no es un chico entusiasta, y está ahí siempre que lo necesito, pero…- dudó Barbara-. No sé si estaría a la altura de las circunstancias- la chica dejó de escribir, sin dejar de mirar a la pantalla. Sonrió satisfecha-. Bien, ¿qué te parece? ¿Me ha quedado bien la página?

-"Oráculo"- leyó Selina-. ¿Es el nombre que le vas a dar?

-Sí, una vez ya comenté que es una figura con la que en cierto modo me siento identificada- explicó Barbara.

-No sé…- dijo su compañera sin apartar la vista de la pantalla del ordenador- Me parece que estabas mejor de "batgirl" que ahora de oráculo.

-Bueno, aún guardo el disfraz- respondió Barbara sin dar importancia al comentario-. Siempre me lo puedo volver a poner, si es necesario.

-Por cierto, con ese título Eddie deducirá enseguida quién es la administradora de la página.

-Él puede deducir todo lo que quiera…- se le escapó a Barbara en un murmullo que Selina apenas oyó-. Pero vamos a estrenar la web. Te cedo el honor de ser la primera en hacerle una pregunta.

-¿Una pregunta? Pues…- a la mente de Selina llegó la imagen de Bruce, para luego aparecer la de Talia. Trató de borrar dichas imágenes, pero a la de Talia se sumó la imagen de Eddie- Sí, ya sé. ¿Te acuerdas de aquel acertijo que Eddie le lanzó a la profesora Al Ghul? Creo que tú estabas presente.

-¿Un acertijo?- Barbara hizo memoria- Sí, era algo de un demonio, ¿no?

-Debe tener algo que ver con eso de que las chicas que rodean a Bruce le acaban dejando al poco tiempo, supuestamente por influencia de la profesora- exclamó Selina.

-¿Ya estás con eso? ¿Qué motivos tendría la señorita Al Ghul para espantarle las moscas a Bruce?- preguntó retóricamente Barbara- ¿Me vas a decir que siente algo por él? Pues por si no lo sabes ella está saliendo con el profesor Crane. Ella misma me lo dijo, y también les he visto juntos.

-Ah ¿sí?- dijo Selina entornando los ojos. Le supo mal por su amiga. Por mucha información que recopilara, de las cosas de su alrededor no se enteraba de la misa la mitad- En cualquier caso, vamos a ver si tu página es capaz de resolver un acertijo de Eddie. La pregunta creo que era "¿Qué parte de un diablo continúa viva una vez separada del cuerpo?".

Seguidamente Barbara tecleó la frase mencionada por Selina, y le dio al "entrar". La respuesta llegó al instante.

-"La cabeza"- leyó la joven de gafas.

Durante unos segundos, ambas estuvieron mirando la respuesta, extrañadas e indecisas.

-¿Y bien? ¿Y eso qué significa?- preguntó Barbara.

-Misterio- se le ocurrió decir a Barbara-. A ver, Eddie le hizo una segunda pregunta a la profesora: ¿Qué es lo que exhala un diablo de la herida sufrida al separarse esa parte, o sea, la cabeza, de su cuerpo?

Barbara volvió a teclear.

-"Un veneno capaz de derretir los músculos y los huesos de los desafortunados con los que entre en contacto"- leyó Selina.

-Caray, qué tétrico- comentó Barbara. Entonces sonrió entusiasmada-. Bueno, pues ya ves que la página funciona de la forma más sencilla y fácil.

En vista que no tuvo respuesta, se giró hacia Selina. La vio pensativa.

-Veneno…- dijo la joven morena- El mismo día en que Eddie le formuló el acertijo a la profesora, Dick me preguntó si yo sabía lo que era "venom". ¿Debe tener alguna relación?

-Podemos preguntar al oráculo lo que es "venom"- propuso Barbara volviendo a teclear.

Pero esta vez las dos chicas se encontraron con el mensaje "Sin respuesta".

-Caray, qué extraño- exclamó Barbara-. Habrá que ampliar el banco de datos.

Selina se sintió decepcionada, pero trató de resignarse. Al fin y al cabo, ¿por qué tenía que darle tanta importancia a las adivinanzas de Eddie? Las respuestas que había recibido por parte de la web no tenían ningún sentido, sin que pudiera ocurrírsele alguna relación con Bruce y la profesora Al Ghul. Y si eso que le había comentado Dick no salía en los datos de Barbara era seguro que se trataba de alguna cosa anodina.

-Bueno, ha sido divertido, pero ahora te tengo que dejar, que he quedado con Bane para ir a la biblioteca, y luego al centro comercial a comprar unas cosas para él- dijo Barbara-. Y ya que nos pilla al lado, aprovecharemos para ir a la clínica a visitar a Nora.

-Creo que mimas demasiado a Bane- comentó Selina mientras Barbara apagaba el ordenador y se levantaba de la silla.

-No le mimo- dijo la otra poniéndose seria-. Solo le ayudo a organizarse y a que se vaya tomando las cosas como tiene que tomárselas.

Selina se preguntó si Barbara no debía tener un lío mental con tantos chicos en la cabeza. Y todos con algún lazo afectivo con ella, ya fuera en una sola dirección o en ambas.

-Bueno, y espero que te vaya bien con Oswald- comentó Barbara de repente-. Siento no poder estar ahí para mediar un poco entre ambos.

-Lo dices como si él y yo nos cayéramos mal- respondió Selina.

-¿Qué quieres que te diga? Hasta ahora no se puede decir que os hayáis dirigido mucho la palabra. Cuando nos reunimos para hacer el trabajo del curso los dos prácticamente solo habláis conmigo. Me imagino que, al no estar yo hoy, os limitaréis a trabajar en silencio.

-Sí, seguramente- dijo Selina, no pudiendo encontrar argumentos para negarlo-. Oswald es un tipo muy estirado y está claro que no le hace gracia rebajarse a dirigirle la palabra a alguien que esté fuera de su élite, como debe considerar que es una chica gótica como yo.

-Creía que tú eras emo- cuestionó Barbara un poco confusa-. ¿O es lo mismo?

-Oh, te recomiendo que nunca llames "emo" a un gótico- contestó la chica morena mirándola con frialdad-. En mi caso, según los ánimos con que me levante soy una cosa u otra. Si estoy en plan deprimente y negativo, soy una emo, y si me coge la vena siniestra, soy una gótica- explicó su compañera sin darle importancia-. En algunas ocasiones también soy heavy. Pero en general, prefiero que digan que soy emo. Aunque mi hermana me ha comentado que hago mejor de gótica.

Barbara se preguntó si su amiga no le estaría tomando el pelo. A todo esto, apareció en el marco de la puerta abierta Sondra, quien llevaba una revista cuyo título era "Planeta Metrópolis".

-Hola, chicas, mirad, los de la Universidad de Metrópolis hablan del festival cultural- dijo tendiéndoles la revista.

Ah ¿sí? Echémosle un vistazo- exclamó Barbara cogiendo la publicación y empezando a hojearla.

En las páginas centrales había un artículo de cuatro páginas titulado "Bienvenidos a Gotham", plagada de unas cuantas fotografías en algunas de las cuales Barbara y Selina se pudieron reconocer, además de a otros estudiantes y profesores de la universidad. El artículo, firmado por Lois Lane, mencionaba que en un principio iba a ser una crónica sobre el partido de fútbol americano entre Gotham y Metrópolis, pero debido a la suspensión de dicho encuentro, tuvieron que improvisar y hablar sobre la estada de la firmante en la universidad de Gotham. El estilo era desenfadado y hasta cierto punto irónico, mencionando la aprendiz de periodista su experiencia en las distintas actividades a las que había acudido y la relación que había entablado con algunos alumnos, especialmente de la residencia Mansión Arkham, y algún que otro profesor de Gotham.

-Veo que le he caído simpática a Lois- dijo Barbara tras leer un pequeño párrafo.

-Sí, aunque a mí no me menciona- comentó Selina-. Al menos salgo en un par de fotos.

-Y la representación de "Alicia en el País de las Maravillas" por parte del club de teatro le ha gustado mucho. Alice y el profesor Tetch estarán contentos. Precisamente son los que destaca del reparto. Dice que tienen mucha química entre ambos.

-Y también hablan muy bien de nuestra exposición de figuras de barro- comentó Sondra-. A ver si con un poco de suerte esto sirve para que se apunte más gente al club.

-A pesar del incidente con Bane- dijo Selina con una pequeña sonrisa. Cogió una nueva corteza y se la metió en la boca.

-Sí, a pesar del incidente de Bane- confirmó Sondra, mirando hacia Barbara.

-Ya te dije que os pagaríamos los destrozos- dijo esta sin levantar la mirada de la revista.

-Pues mira, lo he pensado y creo que la mejor manera de pagarme…- empezó a hablar Sondra, pero entonces Barbara y Selina le oyeron hacer una arcada.

-¿Estás bien?- le preguntó Barbara alzando la vista de la revista hacia ella.

-Sí, no sé qué pasa últimamente, pero los olores de los fritos me producen náuseas- comentó Sondra mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

-¿Olor?- preguntó Selina un poco extrañada, poniéndose una corteza ante la nariz- Si apenas huele a nada.

La imagen de la morena metiéndose esa corteza en la boca para luego masticarla con el consabido ruido crujiente, hizo que Sondra volviera a sentir náuseas, esta vez de forma más fuerte. De repente, se tapó la boca y salió a toda prisa de la habitación.

Sorprendidas, Barbara y Selina decidieron seguirla. La vieron correr por el pasillo, hasta entrar en los lavabos femeninos. Ellas, con paso rápido, también llegaron al lugar, y una vez dentro oyeron unas arcadas dentro de un cubículo cerrado.

-Eh, Sondra, ¿va todo bien?- le preguntó Barbara desde el otro lado de la puerta.

En eso que oyeron en el cubículo de al lado a alguien que hacía correr el agua, para seguidamente abrirse la puerta y salir Pamela.

-¿Hay algún problema?- preguntó mientras iba a uno de los grifos y se lavaba las manos. Selina se percató que ahora vestía de una forma menos informal que cuando estuvo hablando con Jota.

-Parece que Sondra se siente mal- dijo Barbara sin apartarse del lado del cubículo donde se encontraba la mencionada.

-¿Que se siente mal?- exclamó Pamela mirando hacia el cubículo mientras cerraba el grifo y oía las arcadas- Yo diría que no hace falta tener título universitario para saber lo que le pasa. Solamente un poco de conocimiento de los clichés de los dramas cotidiano-estudiantiles.

En eso que se abrió la puerta de donde se encontraba Sondra, quien parecía más calmada.

-¿Estás mejor, Sondra?- preguntó Barbara.

-Sí, sí, gracias- respondió esta.

Se dirigió a uno de los lavabos y se mojó la cara, para luego secársela con una toalla de papel.

-¿Te has hecho la prueba de embarazo?- le preguntó Pamela con su tono frío.

-¿Qué? ¿Embarazo?- exclamó Sondra.

-Quizá solo sea una falsa alarma, pero yo de ti me la haría- dijo Pamela, y salió del lugar.

Las tres chicas se quedaron ahí, estáticas, durante unos segundos.

-Esto…- balbuceó Sondra- ¿Me haréis el favor de no comentar esto a nadie?

-Tranquila- dijo Barbara-. No se lo diremos a nadie. ¿Verdad, Selina?

-No, claro.

Dicho esto, Sondra salió con paso rápido de los aseos femeninos.

-Esperemos que sea una falsa alarma- dijo Selina.

-¿Un comentario esperanzador?- se sorprendió Barbara- Ahora esperaba alguna frase macabra por parte tuya- dijo la joven mirando de reojo y con una pequeña sonrisa a la chica morena.

-Pues sí, tienes razón…- Selina se puso a cavilar- ¿Qué tal "Me parece que la estadística de abortos entre gente joven va aumentar este año"?

-Así está mejor.

Momentos después, las dos chicas llegaron al vestíbulo de la residencia, donde se encontraron la figura rechoncha y nariguda, pero no menos elegante, de Oswald Cobblepot.

-Ah, hola, Oswald- saludó Barbara-. Como siempre, tú tan puntual.

-Faltaría más- respondió el recién llegado con una sonrisa de autosuficiencia, llevando una mochila a la espalda y una carpeta bajo el brazo.

-¿Y Bane dónde debe estar?- se preguntó Barbara.

Mirando hacia el comedor, le vio sentado en una de las mesas, bebiendo de una lata de refresco, conversando con Croc.

-¡Eh, Bane!- exclamó, y se dirigió hacia el comedor.

Mientras tanto, Oswald y Selina se habían quedado allí, a poco distancia el uno del otro, frente a frente. No se dijeron nada durante unos incómodos segundos. Selina pudo confirmar de nuevo que no se trataba precisamente de un chico atractivo, pero ese aire distinguido que emanaba de él le daba cierto toque seductor.

-Bien, Selina, ¿qué te parece que hagamos?- habló finalmente Oswald- El otro día no quedamos en nada.

-No lo sé- respondió Selina-. ¿Qué quieres hacer tú?

-He estado pensando en lo que comentó Barbara, sobre lo de entrevistar a un criminólogo que nos diera su opinión sobre los métodos de investigación de asesinatos históricos- respondió Oswald, mientras se sentaba en el sofá del vestíbulo y empezaba a hojear la carpeta que traía-, y he descubierto que tenemos a uno en la universidad, fuera de la facultad de criminología.

-¿Y quién es?- preguntó Selina con un ajustado interés, mientras se mantenía de pie delante de él.

-¿Conoces a la doctora Leslie Thompkins?

-Pues no, ni idea- respondió la joven mientras se decidió finalmente a sentarse en la butaca que había al lado de Oswald.

-Es una de los médicos que atienden la clínica de la universidad- explicó Oswald-. Antes de venir aquí estuvo en la policía científica, dedicada principalmente al tema de las drogas y similares. Así que podríamos ir primero a la biblioteca a acabar de recoger la información del otro día, y luego pasarnos por la clínica y preguntar si podría atendernos la doctora Thompkins.

-Pues de acuerdo- dio por respuesta Selina. Pensó que podría aprovechar para visitar a Nora.

-Ah, por cierto- exclamó Oswald-, no podremos estar mucho rato, porque luego tengo una reunión. Será nuestro primer encuentro entre los candidatos a la presidencia del cuerpo de estudiantes.

-Sí, algo he oído de eso.


Jessica, apoyada en las puertas cerradas del armario donde los del club de teatro guardaban sus disfraces femeninos, pasaba las páginas del álbum de fotos que tenía entre las manos. Allí podía ver las fotografías que se habían tomado durante la representación de "Alicia en el País de las Maravillas" en el festival cultural de la universidad. Pudo reconocer varios pasajes de la novela de Lewis Carroll, como la primera escena de la protagonista con su hermana, la caída de la primera por la madriguera de conejo, la escena con el Dodo y otros animales, con la Oruga Azul, el Gato de Chesire, el croquet de la Reina de Corazones o la fiesta del té con la Liebre de Marzo y el Sombrerero. Sobre esta última, encontró cierto encanto en la imagen de Alice con el profesor Tetch, ella vestida de Alicia, él con su indumentaria de Sombrerero Loco, sentados el uno al lado del otro en la larga mesa repleta de platos y tazas, y con sillas a su alrededor de diversos tamaños y estilos, ambos en posición de intercambiar sus frases de diálogo. Luego llegaban las fotografías en que los diversos participantes de la obra posaban vestidos con sus respectivos disfraces del personaje que interpretaban. En una de ellas se encontraban de cuerpo entero el Sombrerero Loco con Alicia, en un decorado de fondo en que había pintada una casa de campo de estilo antiguo. El uno estaba al lado del otro, entrelazando el brazo, con el profesor alzando a la altura de su rostro y entre los dedos de su otra mano una tarjeta donde estaba escrita la fracción 10/6. Ambos, con el ceño ligeramente fruncido, parecían sonreír de una forma algo malévola, él mostrando su dentadura, ella con una suave sonrisa. Una imagen de la cual a Jessica le pareció notar que desprendía un cierto e inquietante aire onírico-oscuro. A continuación llegaban las fotos de la celebración que llevó a cabo el club en una pizzería tras el éxito de la función. Se podía ver a unos quince estudiantes junto al coordinador, sentados alrededor de una mesa, comiendo, sonriendo y haciendo ademanes de entusiasmo, ya fueran imágenes de grupo, individuales o de pareja. Entre ellas había un par en que aparecían juntos Alice y el profesor Tetch, ya vestidos con su ropa de calle, ahora sonriendo de forma más normal y animada.

Jessica alzó la vista del álbum y contempló delante de ella a Alice, quien, de pie e inclinada hacia el espejo de uno de los tocadores, se pintaba los labios mientras tarareaba una canción. Iba en bragas y sujetador, mostrando una figura sensual y sexy, realzada por su cuerpo delgado, su pecho de tamaño medio, sus movimientos que desprendían un delicioso encanto, sus brillantes ojos azules y sus cabellos rubios y largos.

-¿Dónde tenéis pensado ir hoy?- preguntó Jessica mientras dejaba el álbum encima de la mesa del tocador.

Alice apretó los labios y luego envió un beso a su imagen reflejada mientras guiñaba un ojo a esta.

-Iremos a la ciudad a comprar unos regalos que quiero hacerles a mis padres para Acción de Gracias- respondió al tiempo que se contemplaba en el espejo desde todos los ángulos-. Bueno, más bien me llevará en su coche y me los comprará él.

-¿Y qué recibirá el profesor a cambio?- preguntó Jessica.

-¿A cambio? Pues la inestimable compañía de una chica tan atractiva y simpática como yo- alardeó Alice. Sobre una silla plegable que tenía detrás, había bien dobladas y unas encima de otras, una falda larga, una blusa y una chaqueta, con las que la joven empezó a vestirse-. Ello bien merece cualquier sacrificio, ¿no?- añadió guiñando un ojo a su compañera mientras sonreía.

Jessica no compartía el entusiasmo de la otra rubia, mostrando una expresión seria.

-¿Sabes? En un principio sí que me resultaba divertido y hasta reconfortador tener a un chico que estuviera por mis caprichos, a base de darle esperanzas, pero creo que tendríamos que empezar a pensárnoslo- comentó-. Tal vez Harley tiene razón en que no está muy bien jugar así con los sentimientos ajenos.

-Nosotros no les prometemos nada- argumentó Alice-. Si ellos nos malinterpretan es problema suyo- entonces perdió la sonrisa y entornó los ojos-. Vaya, vaya, no me digas que te estás encariñando de tu Eddie.

-¿Yo? Qué va- exclamó Jessica-. Solo digo que ellos no se lo merecen. Estamos siendo unas manipuladoras y...

-Y tú te estás dejando manipular por Harleen- objetó Alice ya plenamente seria-. Fíjate en ella: tan enamorada como desgraciada, dejando que el tipo por el que bebe los vientos y que no le hace ni puñetero caso la maneje a su antojo. ¿Es eso lo que quieres que Eddie haga contigo?

-Bueno, no, pero…- balbuceó Jessica confundida.

-Los hombres solo sirven para follar y para que te compren cosas- sentenció Alice, mientras se ponía la chaqueta-. Yo, como de momento no me siento preparada para lo primero, me centro en lo segundo. Si te confías y les dejas hacer más te acaban lastimando. Más vale hacerles daño tú a ellos antes de que te lo hagan a ti.

Jessica miraba a su amiga un poco descolocada. Se preguntó si esta alguna vez debió sufrir un desengaño sentimental lo bastante serio como para que la llevara a pensar de esa manera.

-Bueno, ¿nos vamos?- interrumpió sus pensamientos Alice. Esta consultó su reloj de pulsera, y sonrió con satisfacción-. Ya pasan quince minutos de la hora en que había quedado con el profesor Tetch. Es el momento justo para acudir a la cita.

-No me digas que vas a llegar tarde a propósito- se desconcertó Jessica.

-Claro, aún se creería que lo he dejado todo para estar lo antes posible con él. A los hombres hay que hacerles dudar sobre la importancia que les damos- explicó Alice como quien menciona una ley importante-. Si no, nos toman por su conquista y su pertenencia. ¿Tú a qué hora habías quedado con Eddie?

-Bueno, yo llego con tiempo, y no tengo intención de hacerle esperar expresamente- respondió Jessica-. No estaría bien.

Alice iba a contestarle, pero una voz femenina distrajo a ambas:

-Ey, chicas, ¿habéis acabado con el álbum de fotografías?

Las dos jóvenes tuvieron que descender la mirada para percatarse que tenían delante a Mary Dahl, con la cabeza un poco alzada hacia ellas, mostrándoles su sonrisa amable y candorosa.

-Ah, sí, ya hemos acabado- respondió Jessica-. Lo he dejado encima del tocador.

-Gracias- dijo Mary, y se dirigió al lugar indicado, donde cogió el álbum-. Voy a enseñarle a mi cocodrilo las fotos del festival cultural. Dice que quedo preciosa con el vestido de hermana de Alicia, y que quiere tener la fotografía en que poso con dicho vestido. ¿No es un encanto?- dijo suspirando, con la mirada perdida y abrazando el álbum.

Mientras la joven con aspecto de niña se dirigía a la puerta, Alice y Jessica la contemplaron, inmóviles. Entonces la segunda miró a su compañera.

-Tu colega de club está encariñada, y parece feliz- le dijo- ¿Cuánto tiempo lleva con su "cocodrilo"?

-Unos dos años, creo- respondió Alice sin mirarla, siguiendo con la vista hacia delante-. Pero tiempo al tiempo. En un momento u otro él la hará sufrir, y Mary verá que todo no era más que un espejismo.

-Claro.


Dentro de aquel pequeño habitáculo transparente, la rana contempló cómo retiraban la cortina que tenía delante, y ante ella apareció, al otro lado del vidrio, el cuerpo alargado de una serpiente enorme en proporción con ella. El anfibio, aterrado, se mantuvo inmóvil ante aquella visión, teniendo claro que no contaba con ninguna posibilidad de escape, ni hacia los lados ni hacia atrás, atrapada en aquella prisión de cristal con su mortal enemiga. La serpiente finalmente estableció contacto visual con ella y la miró fijamente, mientras iba alzando el cuello, elevando lentamente su cabeza. Mientras tanto, sentada al otro lado del cristal del habitáculo, Becky Albright, vestida con una bata blanca, contemplaba desde arriba la escena con una gélida mirada, mientras en una mano tenía un bolígrafo y en la otra una carpeta con un test, en posición de escribir. Al tiempo que veía las desesperadas reacciones de la rana, en sus labios se formaba un esbozo de sonrisa. Tenía que reconocerlo: aunque en un principio le resultaban un tanto angustiosos, ahora les estaba empezando a encontrar el gustillo a los experimentos sobre el miedo del profesor Crane. Pero decidió que no era cuestión de entretenerse mirando, así que con el bolígrafo empezó a marcar determinadas casillas del test. Sin embargo, la conversación que estaban manteniendo Jonathan con la profesora Al Ghul le distrajeron de su trabajo. Como ella, estaban en el laboratorio de psicología, a poca distancia de donde se encontraba la joven, delante de la puerta.

-Me alegro que te haya gustado el libro- decía el profesor-. Ya sabes que si quieres otro no tienes más que pedírmelo.

-Gracias, lo tendré en cuenta- respondió Talia amablemente.

-Oye, me gustaría invitarte a comer en Acción de Gracias- dijo Jonathan decidido-. Me imagino que es algo más adulto que ir al cine y tomar un helado.

-Sí, algo más adulto sí lo es- concedió Talia-. Pero siento decirte que no me apetece. Además, ya tengo un compromiso para comer ese día.

-Pues puedo venir- improvisó Jonathan-. Ya sabes, para salvar las apariencias. Tal vez resultaría un poco extraño que si estamos saliendo, no comiéramos juntos en Acción de Gracias.

-No te preocupes por eso, sabré arreglármelas- dijo Talia tratando de no ser desagradable-. Jonathan, ya te dije que no te hicieras ilusiones. No es una buena idea que pierdas tiempo ideando razones para estar conmigo, pues podrías emplearlo para buscar una chica que te correspondiera- sonrió maternalmente-. Venga, espero que pases un feliz día de Acción de Gracias.

-Vale. Igualmente- respondió Jonathan con una mirada triste.

Una vez Talia dejó el laboratorio, Becky bajó la cortina sobre el cristal que había entre la rana y la serpiente, dejó la carpeta y el bolígrafo sobre el habitáculo, y se levantó de la silla. Con paso lento se dirigió hacia el profesor, quien se había quedado absorto apoyado sobre la puerta cerrada. Algún pensamiento fugaz pasó por la mente de la joven sobre la posibilidad de sustituir a la rana del experimento por una profesora Al Ghul reducida convenientemente en tamaño.

-¿Una mujer difícil, profesor?

-Ya ves- respondió este recuperando la compostura, mientras se ajustaba su bata blanca-. No tengo mucha suerte con las mujeres, ¿verdad?

-Vamos, anímese- dijo Becky con cierto fervor-. Estoy segura que al final conseguirá la manera para que ella se rinda ante usted.

-Gracias por consolarme- le respondió Jonathan esbozándosele una sonrisa, no esperando aquellas palabras de su ayudante.

-Y ahora que la profesora le ha dicho que no, ¿qué va a hacer en Acción de Gracias?

-Pues nada en especial- respondió el otro encogiéndose de hombros-. Seguramente me pasaré el día en mi apartamento de la residencia de profesores.

-¿Quiere venir a mi casa a celebrar la fiesta?- se le escapó a Becky- Seguramente se le subirán los ánimos si lo pasa en compañía.

-Oh, no quisiera molestar…- repuso Jonathan ante la propuesta.

-No es molestia. Yo no tengo familia y apenas amigos, y en principio mi intención era pasar la fiesta sola.

Pasaron unos tres segundos antes de la respuesta del profesor.

-Bueno, de acuerdo, más vale estar bien acompañado que solo- se convenció Jonathan.

-Entonces, decidido- dijo Becky sin poder evitar un poco de emoción-. Pero pongo en su conocimiento que cocinar no es precisamente mi fuerte.

-No pasa nada, el mío sí- respondió Jonathan-. Pero ya hablaremos de los detalles luego. Ahora, a trabajar- exclamó con nuevos bríos.

-Sin problema.

Ambos volvieron a sus respectivos quehaceres, tal vez con mayor motivación que antes.


En la Universidad de Gotham no era habitual, incluso podríamos decir que era insólito, ver vehículos particulares. La gran mayoría de estudiantes y docentes se desplazaban a pie y en el tren que recorría el recinto, siendo raras las personas que utilizaban coches, motos o bicicletas para ir de un lugar a otro de aquella gran universidad. Así que a Selina le sorprendió un poco que Oswald la invitara a subir a su automóvil para ir hasta la clínica. Aunque le sorprendió aún más el vehículo que se gastaba su compañero: un extraño coche aerodinámico de marca desconocida, de color negro y descapotable, biplaza y con la figura de un pingüino delante del capó.

-¿Hemos de ir montados en esto?- preguntó la joven dando un paso hacia atrás.

-No te asustes- dijo Oswald sonriendo ante la reacción de Selina, mientras dejaba sus mochilas y carpetas en el maletero-. Puedo afirmar que es cien por cien seguro. Es una de las creaciones de las que estoy más orgulloso. Estuve unos cinco meses construyéndolo y ha pasado todos los tests. Yo le llamo Pingüino Móvil.

-No sé… ¿No te sientes un poco ridículo yendo en un coche tan extravagante?- preguntó Selina mientras abría la puerta del copiloto.

-¿Te gustaría más un coche con forma de gato?- preguntó Oswald sin dejar de sonreír al tiempo que se sentaba ante el volante.

-Yo soy de motos.

Metidos ambos en el vehículo, Oswald le dio a la llave de contacto y un sonido estridente hizo acto de presencia, lo que alteró algo a Selina. El ruido fue descendiendo hasta que finalmente desapareció.

-Este petardeo inicial aún no he conseguido hacerlo desaparecer- comentó el joven mientras el coche se deslizaba silenciosamente y empezaba a tomar velocidad-. Por cierto, me temo que nos hemos entretenido demasiado en la biblioteca, y se me va a hacer tarde para mi reunión. Sintiéndolo mucho, no podré acompañarte en la entrevista a la doctora Thompkins. ¿Sabrás manejarlo tú sola?

Selina le miró de reojo. ¿Qué quería decir con eso de que si sabría manejarlo sola? ¿Es que no la consideraba capaz? ¿Porque era una emo? ¿Porque no pertenecía a su clase social? ¿O porque era una chica?

-¿A qué viene esa actitud paternal?- le preguntó, lanzándole su mirada impasible.

-Lo siento, no quería ofenderte- se disculpó Oswald-. Pero a primera vista pareces una persona introvertida, de esas a quienes les cuesta relacionarse con gente con la que no tiene confianza. Por lo que he pensado que tal vez te resulte un poco difícil tener una conversación con la doctora, a la que no conoces de nada, sin nadie que te apoye.

A Selina no le gustaba reconocerlo, pero aquel chico tenía razón en lo que decía. La verdad era que había tenido intención de que él hiciera toda la entrevista a la doctora, mientras ella se limitara a hacer acto de presencia, y, si acaso, a tomar algunas notas. Pero ahora sentía cierta angustia al saber que tenía que enfrentarse a la situación sola, y además tratándose de una responsabilidad. En todo caso, se sintió alagada que Oswald se preocupara. Quizás no era tan arrogante y estirado como daba a entender.

-Bueno, no te preocupes, haré de tripas corazón- dijo la joven mostrándole una pequeña sonrisa, lo que llegó a sorprender a Oswald-. Además, solo tengo que leer las preguntas que apuntamos, y ya está. Tampoco tiene mucho más secreto.

-Me alegra oír eso- dijo Oswald-. Hay que ser decidido en la vida. Si vas con inseguridad te perderás muchas oportunidades de ser feliz. Y hablando de todo, ¿votarás en las elecciones para el cuerpo de estudiantes?

-No sé, no creo. La política no es algo que me interese.

-A mí tampoco. Pero es un buen entretenimiento.

Selina ya no se sintió con ánimos de seguir la conversación, y en vista de ello, Oswald no quiso insistir, así que se mantuvieron en silencio durante los siguientes siete minutos, hasta que llegaron ante la puerta de la clínica de la universidad.

-Bueno, que te vaya bien- dijo Oswald una vez Selina estuvo en la acera, tras entregarle su mochila y su carpeta, y montar de nuevo en el Pingüino Móvil-. Barbara y yo te apoyamos con el pensamiento.

-Gracias- respondió la joven alzando las cejas.

Una vez hubo marchado Oswald, Selina se giró hacia la entrada de la clínica, con su carpeta agarrada fuertemente entre sus brazos. Suspiró y se dirigió hacia las puertas automáticas.


La clínica de la Universidad de Gotham consistía por lo general en un lugar tranquilo. Más que nada era donde hacían sus prácticas algunos de los estudiantes de enfermería, medicina y veterinaria, y dichas prácticas no empezaban hasta pasados dos tercios del curso, por lo que su personal, unos pocos médicos y auxiliares, podían tomarse con calma su trabajo. Sin embargo, en raras ocasiones, pongamos una media de una o dos veces cada dos cursos, ocurría algún accidente grave en la universidad que obligaba a ingresar a los afectados en la clínica, lo que no hacía mucha gracia al personal, pues se rompía la dulce y apacible monotonía a la que estaban habituados. Y no porque tuvieran que encargarse de sanar a quienes se hubiesen roto algunos huesos, hubieran recibido unas serias quemaduras o comido algo en mal estado, sino porque habían de aguantar a las visitas de los pacientes. Debido a la escasa presencia de enfermos, no se había establecido un horario de visitas ni ninguna otra clase de protocolo, por lo que los alumnos que iban a ver a sus amigos convalecientes venían y se iban cuando querían, algunas veces formando grupos que causaban jaleo. Y cuando ya habían pasado muchos meses desde la última vez que hubo un enfermo en la clínica, de repente aparecía uno nuevo, una nueva en este caso. Y es que al doctor Ferris Boyle, encargado de la rehabilitación de Nora Casado, no le hacía mucha gracia tener que ver a tanto crío entrando y saliendo, alterando la paz y tranquilidad de la clínica. Afortunadamente, en ese momento la cosa parecía tranquila, pero temía que en cualquier momento empezaran a desfilar de nuevo los amigos de Nora. Mientras se tomaba un café delante de la máquina, tratando de asimilar la situación, oyó a una voz masculina y joven pronunciar "Hola, doctor Boyle". Empezaba el desfile.

Se giró, pero vio que no se trataba de ninguno de los habituales, sino de Dick Grayson, quien no tenía ninguna relación que él conociera con Nora.

-Hola, señor Grayson, hacía tiempo que no le veía por aquí- dijo mientras tiraba el vaso de plástico vacío a la papelera.

-Sí, he venido a ver a la doctora Thompkins- explicó el recién llegado en tono amable-. Tengo una consulta para hacerle.

-Ah, pues la encontrarás en el laboratorio de la primera planta- explicó el doctor-. Esta con la estudiante que trabaja con ella como ayudante.

-Bien- dijo el joven con su entusiasmo habitual.

Entonces oyeron abrirse las puertas automáticas y vieron entrar a una chica morena de pelo corto y vestida de negro.

-Ey, Selina- exclamó Dick al reconocerla-. ¿Cómo tú por aquí?

-Señor Grayson, haga el favor de no gritar- le amonestó el doctor Boyle.

-Vaya, disculpe.

La recién llegada vio a quien le había llamado y se sintió aliviada al ver a una cara conocida. Se dirigió hacia ellos, y saludó tímidamente.

-¿Has venido a hacer algún trabajo de tus estudios?- preguntó Dick, al ver la carpeta que llevaba.

-Sí, bueno, venía a hacer una pequeña entrevista a uno de los médicos, la doctora Thompkins, sobre el trabajo que estoy haciendo del curso, si no es molestia- explicó con un poco de nerviosismo.

-¿Tienes cita?- preguntó el doctor Boyle.

-Pues no…

-Entonces tienes que pedir primero una, y luego…

-No te preocupes por eso, Selina- interrumpió Dick- La doctora y yo nos conocemos desde hace tiempo y nos tenemos confianza, y estoy seguro que si vas conmigo no se negará a atenderte. Además, yo también quiero preguntarle algo. ¿Le parece bien, doctor?- dijo mirando a este.

-Bueno, si la doctora no tiene inconveniente, yo tampoco- respondió el doctor Boyle.

-Pues ya está todo dicho- dijo Dick sonriendo-. ¿Vamos, Selina?

-Ehm… Sí.

De nuevo las puertas de la entrada se abrieron y ahora apareció un chico calvo, de piel pálida y con gafas oscuras, quien se dirigió hacia ellos.

-Hola, Selina- saludó Victor-. No sabía que venías a ver a Nora.

-Sí, después vendré a verla, pero antes tengo que algo que hacer- explicó la chica.

-Bien, pues luego nos vemos- confirmó Victor, y marchó hacia la puerta que daba al pasillo.

-Ahora sí. Empieza el desfile- murmuró el doctor Boyle resignado.


-Hola, Harvey.

-Hola, Pam.

La subdirectora Montoya, sentada detrás de su mesa, suspiró con paciencia. "No, por favor, otra vez no", pensó.

-Veo que has decidido seguir mi consejo y llevar el traje de corbata que vestiste en Halloween- dijo Pamela formándosele una pequeña sonrisa en su rostro serio-. Estás muy elegante, como un verdadero presidente del cuerpo estudiantil.

-Gracias, tú también lo estás con ese vestido- correspondió Harvey.

La subdirectora y Oswald, quien también estaba en el despacho, miraron asombrados a la pareja.

-¿Ocurre algo?- preguntó Pamela.

-No, nada- respondió la señora Montoya-. Me alegra ver que hayan apartado sus diferencias, al menos en los momentos importantes. Bien, tomen asiento y empecemos.


-¿Conoces a la doctora Thompkins?- le preguntó con curiosidad Selina a Dick, mientras avanzaban por uno de los pasillos de la clínica.

-Sí, era una buena amiga de los padres de Bruce, y estudió medicina con el padre de él- explicó Dick-. Incluso diría que trata a Bruce como si fuera su hijo. La doctora dice que, teniendo en cuenta los pocos amigos que tiene Bruce, hay que ser amables con ellos para que no se vayan, por lo que con Barbara y conmigo se comporta como si fuéramos de la familia.

Llegaron al laboratorio que buscaban y, tras llamar Dick a la puerta, entraron. Sentada en la mesa destinada al profesor cuando se hacían las prácticas, había una mujer mayor, de cabello blanco y corto, llevando un bata de médico y escribiendo a bolígrafo, mientras una joven vestida con un uniforme de enfermera estaba inclinada a su lado, viendo lo que escribía.

-Buenas tardes, doctora, ¿interrumpimos?- dijo Dick.

-Dick Grayson- exclamó la mujer sonriendo contenta-. No, adelante, adelante. Tomad asiento.

Los dos jóvenes hicieron lo indicado, sentándose en un par de sillas que habían tomado prestadas de las mesas largas y rectangulares que formaban un par de filas.

-Bueno, ¿no me presentas a tu amiga?- le pidió la doctora a Dick.

-Sí, esta es Selina Kyle, una de mis compañeras del club de gimnasia. Ha venido porque quiere hacerle unas preguntas relacionadas con el trabajo que está haciendo para el curso.

-Ah, pues si es algo que tenga que ver con mi especialidad no tendré ningún inconveniente- dijo la doctora mirando a Selina con una expresión amable. Aquella mujer empezaba a caer bien a la joven.

-Pero antes yo tengo una cuestión que usted quizá podría responderme, ya que trata el tema de las drogas y todo eso- dijo Dick-. ¿Sabe lo que es el "venom"?

Tanto la chica con el uniforme de enfermera como Selina miraron a Dick.

-¿"Venom"?- preguntó la doctora- Sí, me suena, creo que he leído algo en alguna parte- hizo memoria-. Si no recuerdo mal, en un libro llamado "Magia caribeña". Es el nombre de le dan a una droga que según se dice utilizaban los nativos de la república de Santa Prisca para aumentar su fuerza física. Pero todo eso entra dentro del campo de los mitos. Parece que no hay pruebas históricas de su existencia. ¿Cómo es que quieres saberlo?

-Simple curiosidad- dijo Dick encogiéndose de hombros-. Me he encontrado con alguien que toma unas pastillas con ese nombre escrito, y me preguntaba de qué se trataba. Pero no debe consistir más que en la marca de una empresa de caramelos. En todo caso, ¿tiene ese libro que dice, "Magia caribeña"?

-No, es un libro que fue editado hace muchos años, y ya prácticamente es imposible de encontrar.

-Lástima- se decepcionó Dick.

-Pero conozco a alguien que tiene un ejemplar- dijo la doctora-. ¿Conoces al profesor Jonathan Crane?

-Disculpe, doctora- intervino entonces la enfermera-. Voy un momento al baño.

-Ah, sí, adelante- concedió la doctora Thompkins.

Tras dejar el laboratorio, la enfermera, con una expresión de preocupación, anduvo con paso rápido por el pasillo, hasta que llegó a unos aseos femeninos. Una vez allí, se quitó la cofia del uniforme y con una mano se revolvió su pelo corto y plateado. Sacó de un bolsillo un pequeño tubo de plástico cerrado, lo abrió y de él cogió una pastilla azul que se llevó a la boca con algo de nerviosismo. Luego sacó un móvil y marcó un número, poniéndose seguidamente el aparato al oído.

-Soy Pix- respondió a la voz del otro lado de la línea-. Sí, ya lo sé, pero esto es una emergencia.


Pamela contempló el papeleo que tenía entre las manos, y lanzó un suspiro de resignación. Se preguntó cómo podía haberse metido en todo eso. Hasta ahora, luchar para evitar que el ayuntamiento o la universidad echara abajo algún espacio verde o convencer a una empresa para que usara sistemas ecológicos había sido relativamente fácil, y nunca había tenido que enfrentarse a la administración para conseguir sus propósitos, pues siempre había conseguido convencer a la opinión pública y logrado que la presión popular hiciera ceder a la burocracia. Pero con todo el tema de presentarse a las elecciones del cuerpo estudiantil vio que la cosa se hacía bastante complicada. Organizar la campaña electoral, realizar un programa político (cuando ella solo tenía el único propósito de evitar que eliminaran el jardín botánico), convencer a un grupo de voluntarios que la ayudaran… Se sintió algo desanimada y agobiada.

-Vamos, Pam, no pongas esa cara- le dijo Harvey sonriéndole, mientras abría la puerta del despacho de la subdirectora-. Ya verás como todo esto te apasiona, como a mí. Será una sana competición entre tú y yo. Bueno, entre los tres.

-Sí, me va a recordar un poco a los viejos tiempos…- comentó Pamela, saliendo los dos del despacho-. ¿Te acuerdas cuando hicimos aquella carrera de atletismo en secundaria?

Harvey iba a responder, pero unas voces enérgicas hicieron que ambos miraran hacia delante y pusieran cara de circunstancias. Allí, en el vestíbulo, de pie enfrente el uno al otro, estaban Jason Woodrue y Peyton Riley lanzándose sus respectivas puyas:

-Pues me parece que contigo en el equipo vais a tener cero votos- exclamaba Jason.

-Te estás pasando, amigo- habló Peyton a través de Scarface, el cual mantenía en su mano derecha-. Vas a obligarme a mandarte a mis matones.

-¿Sí? Pues antes yo te convertiré en abono para las plantas- contestó el novio de Pamela.

-Bueno, yo ya me voy- dijo Oswald dirigiéndose a la salida-. Que os sea leve.

Mientras tanto, Harvey sacó su moneda de la suerte.

-Cara, les separamos. Cruz, dejamos que discutan hasta que se harten.

-Adelante.

El joven de media cara pálida lanzó la moneda al aire para luego atraparla mientras caía y situarla sobre su palma. Luego de ver el resultado, tanto él como Pamela se dirigieron a sus respectivas parejas.

-Venga, Jason, nos vamos- dijo la joven pelirroja mientras pasaba impasible por el lado de los dos que discutían, sin mirarles.

-Bien, esto no ha hecho más que empezar, ventrílocua- se le dirigió Jason a Peyton, y se fue detrás de Pamela.

-Lo mismo digo, hombre florónico- exclamó la otra, sin intervención de Scarface. Luego se giró hacia Harvey- ¿Has visto que tipo más…?- entonces vio extrañada que su pareja se ponía unas gafas oscuras- Vaya, ¿desde cuándo usas gafas de sol? ¿Y aquí dentro?

-No, es que…

-A ver, trae.

Peyton le cogió los lentes con su mano libre e iba a ponérselas, pero antes se las quitó Harvey.

-No te las pongas- dijo mientras se las guardaba en un bolsillo de su chaqueta, en vista que Pamela ya había desaparecido-. Son unas gafas especiales que me ha recetado el médico. Dice que mi ojo malo necesita que le bajen el nivel de luz.

-No me habías dicho nada- comentó Peyton un poco decepcionada, mientras se quitaba a Scarface de la mano.

-Bueno, ya te lo digo ahora- respondió Harvey sonriéndole.


Sondra, sentada en la taza de wáter, con sus pantalones y bragas bajados, contemplaba con los ojos llorosos el test de embarazo que sostenía en una mano. De repente le sobresaltaron unos golpes de nudillos en la puerta cerrada del cubículo donde se encontraba.

-Cariño, ¿estás ahí?- oyó preguntar a la voz de Preston al otro lado de la puerta.

-Sí, estoy aquí- respondió la chica castaña tratando de que su voz no se notara alterada.

-¿Va todo bien? Ya llevas más de un cuarto de hora ahí metida.

-Sí, va todo bien. Ahora salgo. Ve yendo para el taller.

-De acuerdo.

Una vez hubo oído cerrarse la puerta de los lavabos femeninos, Sondra se puso de pie, se subió la ropa y se guardó la prueba de embarazo en un bolsillo. Luego se lavó la cara, tragó saliva y salió del lugar.

-Caramba, señorita Fuller, sí que se lo ha tomado con calma- comentó el profesor Hagen cuando Sondra entró en el taller del club de bellas artes, donde en sus respectivas mesas también se encontraban Preston y Basil Karlo trabajando la arcilla-. ¿Se encuentra bien?

-Sí, ya me encuentro mejor- respondió con una sonrisa postiza, mientras se sentaba en el taburete que había delante de su mesa. Una pequeña figura femenina de arcilla posaba sobre esta.

Preston la vio tomar más arcilla y seguir modelando la figura, así que, en vista que su novia no mostraba tener ningún problema, continuó dando forma a la suya, la cual consistía en un hombre y una mujer sonrientes y cogidos de la mano, en actitud de pasear. Al cabo de un rato, cuando hubo acabado, miró la obra que había formado con satisfacción y luego se giró hacia Sondra. Le sorprendió ver que la figura de mujer que ella había creado era diferente a la de antes. Ahora también eran un hombre y una mujer, pero la forma femenina destacaba por poseer un vientre altamente pronunciado, mientras que la masculina estaba agachada delante de ella, con la cara apoyada en dicho vientre.

-Curiosa obra- dijo el profesor Hagen, quien se encontraba de pie al lado de la joven, mirándose la estatuilla con interés-. ¿Qué es lo que representa?

-Una mujer embarazada, con su pareja escuchando las pataditas que da el bebé- respondió Sondra sin levantar la vista de la figura.


-Me da la sensación que tu amiga te ha plantado, Enigma- concluyó Bertha mientras se ponía su chaqueta.

-A mí me da la misma sensación- afirmó Jennifer, apoyada en una de las mesas- ¿Tienes intención de esperarla mucho rato?

Eddie, sentado delante del ordenador encendido de la sala de audiovisuales, se dio la vuelta hacia las chicas. Estas vieron que mantenía un rostro serio con trazos de melancolía.

-Veinte minutos más- respondió el chico pelirrojo-. Y si por entonces no ha llegado…- hizo una pausa- Entonces esperaré otros veinte minutos.

Hubo un pequeño silencio, en el que las dos chicas le miraron con cierta lástima.

-¿Por qué no la llamas?- sugirió Jennifer.

-No tengo su número.

Bertha y Jennifer suspiraron al unísono. En ese momento su compañero de club les pareció ya directamente patético. Y eso que en un principio su relación con aquella chica llamada Jessica Duchamp parecía que funcionaba bien. Ella, aunque se había mostrado como una persona algo seca, los dos habían congeniado sin fisuras. Pero luego se dieron cuenta que la tal Jessica más bien se dedicaba a hacer pasar a Eddie por el aro y a hacerle víctima de sus caprichos. Si bien últimamente daba la sensación que había suavizado su actitud respecto al joven, eso de que ahora se estuviera retrasando más de quince minutos tras haber quedado con Eddie no hacía que ganara muchos puntos a la vista de las compañeras del joven.

-Sin duda que esa chica es la respuesta a un acertijo que nadie ha planteado- dijo Bertha, mientras abría la puerta de la sala del club, dispuesta a salir junto con Jennifer.

-Ah, y hablando de acertijos- exclamó la otra chica, acordándose de algo de repente-. Nos hemos entretenido con lo de la vida sentimental de Eddie, y al final no hemos decidido qué hacer con Selina. Se suponía que era la profesora Al Ghul la que tenía que interesarse por aquellas adivinanzas.

-Sí, las cosas no han salido como estaban previstas- respondió Eddie-. Pero ya que Kitty es la que se ha interesado, la dejaremos ir a su ritmo. Conociendo sus antecedentes, esto puede ser interesante.

-El señor Acertijo sabe cómo manipular a la gente, pero eso no impide que lo manipulen a él, sobre todo cuando se trata de cierta chica rubia- soltó Bertha.

-Hola, ¿puedo entrar?

Bertha y Jennifer miraron hacia la puerta abierta, y ahí se encontraron con Jessica, quien les miraba con una expresión que denotaba que estaba ofendida.

-Sí, adelante, nuestro club es tu club- le ofreció Bertha, abriendo la puerta de par en par.

La joven pasó entre las dos sin mirarlas.

-Hola, Eddie, perdona el retraso- se excusó Jessica mostrando sinceridad-. Mi amiga Alice me ha entretenido un poco.

-No pasa nada- dijo el joven, sonriéndole amablemente.

Bertha y Jennifer miraron la escena y volvieron a suspirar.

-Nosotras nos abrimos- dijo la segunda-. Que os vaya bien...

Una vez hubieron marchado, Eddie volvió a centrarse en el ordenador.

-Déjame apagar aquí y nos vamos- dijo.

Becky, por su parte, dirigió una mirada a su alrededor. Solo había estado otra vez en el club de audiovisuales, pero había sido poco rato y no se había fijado en aquella sala. Ahora que le echaba un mejor vistazo, vio unas de pantallas de televisión colocadas en tres filas de cuatro columnas en una pared, junto a aparatos de vídeo y de DVD, y alguna videocámara. Una estantería llena de cintas de VHS y de CD's se encontraba en la pared del fondo y varias mesas y sillas se repartían por la sala. Aunque lo que le resultó curioso era un cuadro colgado en lo más alto, tocando al techo, en el cual había representado un signo de interrogación de color verde claro en fondo oscuro.

-¿Y ese cuadro?- preguntó con curiosidad.

-¿Eso?- se le dirigió Eddie. En su rostro apareció su sonrisa dominante- Digamos que es una manera de impedir que el Gran Hermano nos vigile.

Jessica no estaba en ese momento para discernir qué había querido decir el joven con aquello, sino para otras cuestiones.

-Oye, Eddie, quiero dejar las cosas claras.

-¿Las cosas claras?- preguntó este mientras se levantaba del asiento, y recogía su chaqueta del respaldo de este.

-Sé que desde que nos hemos conocido no he parado de hacerte ir y venir con mis compras, me has pagado muchas cosas y hemos ido siempre a donde yo he querido, tratándote como mi criado- se explicó Jessica.

-No tiene importancia- respondió Eddie-. A mí me gusta estar por lo tú que quieras.

-Pero no está bien que me aproveche de ti y de tus sentimientos- objetó la joven, mientras se acercaba a él, poniéndose cara a cara-. A partir de ahora pienso ser más amable contigo y tratarte mejor- exclamó- ¿Alguna objeción? ¿Alguna pregunta?

-Solo una- dijo el chico mirándola a los ojos- ¿Cuál es la solución a un acertijo que nadie ha planteado?

Jessica le miró un poco perpleja, pero entonces dejó que se le formara una pequeña sonrisa.

-Esta.

La joven, cerrando lentamente los ojos, acercó sus labios a los de Eddie y los unió en un suave beso. El pelirrojo, en principio sorprendido, enseguida mostró, como ella, una expresión de placentera tranquilidad, y dejó que sus ojos también se cerraran, mientras los brazos de uno se acoplaban al cuerpo del otro.


-Así que tú conoces al profesor Crane- dijo Dick mientras él y Selina se dirigían hacia la sala de espera-. Entonces, ¿le pedirás si puede dejarte "Magia caribeña"?

-Claro- respondió ella, mientras no dejaba su expresión abstraída-. Esto está resultando tan curioso como extraño. Me pregunto si eso de "venom" debe tener alguna relación con las cabezas de los demonios.

-¿Con el qué?

-Oye, ¿qué te parece si apuntamos también en la búsqueda de lo que es el "venom" a Barbara?- sugirió de repente Selina- Eso es algo que le falta a su base de datos, y seguramente le encantaría participar.

-Oh, pues, vale- dijo Dick un poco sorprendido, para luego mostrar una pequeña sonrisa de contento.

Dicho esto, ambos entraron en la sala de espera, y, ante la sorpresa de Selina, la joven se encontró frente a frente con Talia al Ghul.

-Señorita Kyle- dijo la profesora, sin ocultar su también visible sorpresa-. ¿Qué hace aquí? Creía que estaba ocupada en su trabajo del curso.

-Sí, bueno, ahora venía de…- masculló Selina, hasta que se dio cuenta que no tenía que darle explicaciones, y además, ¿cómo sabía lo que estaba haciendo? Pero entonces su mirada se cruzó con la de Bruce Wayne.

-Hola, Selina, cuánto tiempo.

-Hola- respondió la joven. Se sintió descentrada ante la presencia de Bruce, quien había aparecido por detrás de Talia.

-Caramba, Selina, Dick. No esperaba encontraros aquí- intervino entonces Barbara, apareciendo también con Bruce-. ¿Habéis venido juntos a ver a Nora?

-No, Dick me acompañaba a hacerle unas preguntas a una doctora de la clínica, por lo del trabajo del curso- explicó Selina tratando de situarse.

-Ah, pues yo ya he venido con Bane- dijo Barbara- ¿Y dónde se ha metido?

La joven miró a su alrededor y vio al fondo a su tutelado hablando con una enfermera de cabellos plateados.

-Volviendo a la conversación, señorita Gordon- se le dirigió Talia-, ¿nos decía cómo pasará el día de Acción de Gracias?

-Ah, sí. Bueno, no es nada extraordinario- contestó Barbara-. Lo pasaré con mi familia. Usted estará con el profesor Crane, ¿verdad?

-Oh, no, el profesor Crane está ocupado ese día con sus experimentos- aclaró la profesora-. Yo, como todos los años, pasaré la fiesta en la Mansión Wayne.

Selina vio en la mirada de Talia que esta le dirigió un trasfondo de soberbia que le hizo sentir una sensación de impotencia. Desde luego que conocer a aquella mujer le estaba haciendo percibir muchos sentimientos que antes pocas veces había experimentado.

-Pero, es extraño eso que dices, Talia- habló entonces Bruce-. ¿No te han comunicado nada?

-¿Qué tendrían que comunicarme?- preguntó la profesora Al Ghul sin comprender.

-Según me comentó Jason Todd, ha habido una baja en la clínica de tu padre, y este te ha asignado a ti para hacer la sustitución, por lo que no estarás libre en Acción de Gracias- le explicó Bruce.

-¿Qué? ¿De qué hablas?- exclamó Talia- Nadie me había dicho nada. ¿Y ese Jason cómo lo sabe?

-Bueno, pidieron un voluntario que te hiciera de auxiliar y Jason fue el único que aceptó- dijo Bruce con toda naturalidad-. Puedes estar contenta que haya alguien que quiera trabajar y hacerte de ayudante en Acción de Gracias.

-Sí, muy contenta- murmuró Talia. Sacó su móvil, marcó unas teclas y se puso el aparato al oído-. Mi padre me va a oír.

Selina vio a la profesora marcharse hacia un rincón esperando impaciente que respondieran a su llamada. Más sensaciones que la morena había experimentado muy poco hasta entonces, estas más agradables.

-Oye, Selina, estoy pensando…- dijo entonces Barbara- Ya que parece que Bruce no tiene con quien pasar Acción de Gracias, ¿qué te parecería si fuera él quien te llevara a tu casa? Como decías que tu padre no podía venir a buscarte… Tengo entendido que Bruce tiene coche, y con chófer y todo. ¿Verdad, Bruce?

El joven y Selina se miraron, sin que ninguno de los dos se atreviera a decir nada. Barbara les miró a ambos, sin comprender a qué venía aquel silencio.

-Oye, Barbara, ¿qué te parece si vamos a ver a tu amiga convaleciente?- intervino entonces Dick- Dicen que está sumergida en una campana de agua o algo así. Eso tengo que verlo.

-Ah, sí, pero antes quisiera hablar con Bruce a solas…

-Ya hablarás luego- dijo Dick con unos trazos de seguridad poco habituales en él, al menos con las chicas-. Además, me parece que ahora estará un poco ocupado hablando con Selina sobre cómo se organizarán para lo del viaje a casa de ella.

-Bueno, está bien- concedió Barbara sonriéndole, lo que quizá intimidó un poco a Dick, y los dos se marcharon hacia el pasillo.

Mientras tanto, Bruce y Selina desviaron sus miradas el uno del otro a la vez, y se vieron apresados por una sensación de timidez.

-¿Qué te parece la propuesta de Barbara?- habló primero Bruce. Los dos continuaron sin mirarse a los ojos- Si quieres puedo llevarte a tu casa si no tienes otro modo de ir. Creo que eras de Seattle, ¿verdad?

-Sí. ¿Tú no tienes ningún compromiso en Acción de Gracias?

-No, iba a comer y pasar el día con Talia. Pero parece que no podrá ser.

-Bueno, en ese caso no me importará que me lleves.

-Vale.

Los dos jóvenes, de cabellos cortos y morenos, él más alto que ella, ambos vestidos con ropas de color oscuro y con unas expresiones serias en sus rostros, permanecieron durante un rato el uno al lado del otro, sin mirarse, sin hablarse, cada uno sumergido en sus pensamientos.