Adaptación "Sasusaku" de la novela Pasión y Olvido de Annette Brondrick

Naruto no me pertenece, le pertenece a Masashi Kishimoto

Pasion y Olvido

Capitulo 9

Esa no era la manera en que había planeado regresar a casa, pensaba Sasuke, tendido como un inválido en la parte trasera de la furgoneta de Suigetsu.

Aunque tenía que estarle agradecido por hacer un viaje de cuatro horas desde Forth Worth al condado de San Saba. Era mil veces más económico de lo que hubiera costado una ambulancia.

—¿Vas bien ahí?

—Preferiría ir en el asiento del acompañante —replicó Sasuke sin ocultar su disgusto.

—El médico dijo que debías mantener la pierna en alto para evitar una inflamación —dijo Suigetsu, mirándolo por el espejo retrovisor.

—Lo haré. En cualquier caso, es bueno ir de camino a casa —admitió Sasuke.

Como la conversación decaía, cerró los ojos. «Sólo un par de minutos», pensó.

De pronto abrió los ojos, sobresaltado. Lo primero que vio fue la sonrisa de Suigetsu.

—Despierta, vaquero, ya estás en casa —dijo al tiempo que abría la puerta de la furgoneta.

Tras incorporarse penosamente, miró alrededor. El sol comenzaba ocultarse tras las colinas del oeste, por lo tanto debió haber dormido muchas horas.

En ese momento, Sakura y Karin salieron por la puerta de la cocina y lo esperaron en la escalinata del porche.

Con la ayuda de Suigetsu y de las muletas, Sasuke salió del vehículo y comenzó a

andar lentamente hacia la entrada.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Karin con simpatía.

Sakura lo miraba con los ojos muy abiertos.

—Estoy bien. Muy contento de haber salido del hospital —dijo.

—Tu cama está preparada —dijo Sakura cuando hubo entrado.

—No pienso acostarme. He pasado mucho tiempo en cama —regañó, sin dirigirse a nadie en particular.

Acto seguido pasó por la cocina y se dirigió al vestíbulo.

—¿Por qué no te acomodas en el sofá de la sala de estar? Es bastante largo como para que puedas estirarte. Recuerda que debes mantener la pierna en alto —sugirió Suigetsu.

Sakura no se había movido. Realmente no sabía cómo abordar a Sasuke.

—Créeme que no te envidio. No será fácil soportar su malhumor —comentó Karin, apesadumbrada.

Sakura apreció el oportuno comentario que le ayudaba a recordar que el malhumor de Sasuke no tenía nada que ver con ella.

—Comprendo que no es fácil para él —dijo.

—Detesto ser un aguafiestas, cariño, pero tenemos que ponernos en marcha de inmediato si queremos llegar a casa esta noche —dijo Suigetsu tras reunirse con ellas en la cocina.

—¿Estás segura que podrás cuidarlo sola, Sakura? —preguntó Karin.

—Realmente no estoy sola. Puedo llamar a uno de sus ayudantes en caso de necesidad.

—Bueno, voy a decirle a ese gruñón que nos marchamos. Te harás merecedora de una medalla si puedes soportarlo veinticuatro horas seguidas, Sakura —comentó Suigetsu con una sonrisa.

Sakura se volvió a Karin cuando Suigetsu había salido de la cocina.

—No sé cómo empezar a agradeceros toda la ayuda que me habéis prestado desde el día del accidente.

—Lo hicimos con mucho gusto, Sakura. Aunque no seamos de la misma sangre, Sasuke es como un hermano para nosotros. Además, hemos tenido la oportunidad de conocerte. Francamente, admiro tu valentía al quedarte aquí. No es fácil convivir con alguien que no has visto durante años, y aún es peor si no se acuerda de ti.

—Ya es suficiente con que haya aceptado la excusa de mis estudios para haberlo dejado solo tanto tiempo.

Se sintió contenta al oír que su voz sonaba tan serena. No quería que nadie advirtiera la agitación que se había desencadenado en su interior desde que Sasuke había entrado otra vez en su vida, de manera tan abrupta.

—Empieza a recordar muchas cosas. Creo que eso es un buen síntoma —dijo Karin.

—Sí, y la mayoría respecto a su infancia en Agua Verde. Aunque es cierto que la semana pasada mencionó el rancho. Eso me hace pensar que en cualquier momento

puede recobrar la memoria de su vida actual.

En ese momento, Suigetsu entró en la cocina y se despidieron con un abrazo y buenos deseos.

Al cabo de unos minutos, la pareja se alejaban por el camino de entrada. Sakura se quedó unos minutos en el porche. A pesar de su aparente fortaleza, se sentía un poco abandonada. Se suponía que tendría que velar y comprender a ese ser un tanto salvaje que la esperaba adentro. Si se lo permitía, desde luego. No quería pelear con él, al menos no de la manera en que lo había hecho cuatro años atrás. En cambio, quería mostrarle cuánto había madurado desde entonces. Muy lejos había quedado la muchachita de dieciocho años que se acercó una noche a implorar su ayuda.

Con un hondo suspiro, entró en la casa. Desde la cocina pudo oír el sonido del televisor que transmitía un programa informativo.

Sasuke apartó la mirada de la pantalla al verla apoyada en el marco de la puerta.

—Así que nos hemos quedado solos. No muerdo, así que puedes acercarte con toda confianza.

Sakura se sentó junto a él.

—¿Quieres que te traiga algo? —preguntó tras un largo silencio.

—Eres mi mujer, no mi sirvienta, Sakura — murmuró irritado.

—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó después de contar hasta diez.

Estaba decidida a mantener la conversación como fuera.

—Dormí casi todo el trayecto —respondió más animado, como si hubiera leído el pensamiento de Sakura.

— Eso está muy bien. Ahora, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es descansar —comentó con una sonrisa.

— Odio sentirme como un inútil —dijo moviendo la pierna escayolada con dificultad.

—Eso no es ninguna novedad —replicó Sakura.

—Háblame del colegio. ¿Cómo van tus estudios?

Debía tener presente que Sasuke no se acordaba de nada respecto a ella. También se sentía culpable por no decirle que en los últimos cuatro años sólo habían vivido juntos unas cuantas semanas. Sin embargo, por una razón que no lograba comprender del todo, Suigetsu le había dicho que Sasuke se sentiría mejor si creía que estaban casados. Pensaba que no le haría ningún bien saber que prácticamente eran unos completos desconocidos.

Si supiera la verdad, tal vez se negaría a tenerla en su casa.

Desde el accidente, era la primera vez que pasaban más de quince minutos a solas, así que era natural que él quisiera hacerle algunas preguntas.

—Muy bien. La semana pasada acabé los dos años de estudios preparatorios —se decidió por fin a responder—. Así que, este otoño ingreso en la Facultad de Medicina Veterinaria, en el College Station.

— Siento haberme perdido tu graduación. Era un acontecimiento digno de celebrar —dijo Sasuke con simpatía.

— No te preocupes porque yo tampoco fui. Expliqué que había una emergencia en la familia y quedaron en mandarme el diploma por correo.

—Ya habrá tiempo para celebrarlo.

Sakura se sintió más relajada por la voluntad que Sasuke ponía en mantener una conversación normal y corriente. Confiaba en que poco a poco la tensión entre ellos se desvanecería.

—Claro que sí, Sasuke. Bueno, se me ocurre que debes sentirte un poco raro casado con una extraña, ¿verdad? —comentó con cautela.

Pero al notar que fruncía el ceño, cambió de conversación y se puso a contarle uno de los muchos chistes que circulaban por el colegio a costa de los profesores.

Se sintió recompensada cuando él se echó a reír a carcajadas.

—Ay, esto sí que duele —dijo interrumpiendo la risa mientras se frotaba un costado.

De un saltó, Sakura se arrodilló junto a él.

—Oh, lo siento, Sasuke. Olvidé que tenías un par de costillas rotas.

—No importa. No tardarán en soldarse —dijo mirándola un tanto inseguro—. Es un poco extraño para mí verte a mi lado. Pero quiero que sepas que estoy muy contento de tenerte aquí — murmuró acariciando suavemente el cabello de la joven.

—Gracias, Sasuke.

El corazón de Sakura retumbaba en su pecho. Al alzar los ojos, notó que la miraba intensamente.

—Te siento intranquila a mi lado —dijo suavemente—. ¿Es por alguna razón especial?

—A estas alturas no tiene ninguna importancia. Ahora estoy aquí, y eso es lo que verdaderamente importa, ¿no te parece?

Él se inclinó y la besó suavemente en los labios.

—Me parece.

Sakura se puso en pie de un salto.

—Tengo que vigilar el guiso que estoy preparando. Si quieres cenamos aquí, para que no te muevas —dijo precipitadamente al tiempo que se marchaba a la cocina, sin darle tiempo a responder.

Él se quedó mirando la pantalla del televisor sin verla. ¿Por qué Sakura no tocaba el tema de su matrimonio?

Tampoco podía pasar por alto el cambio que se había operado en ella. En cuatro años, su talante había cambiado considerablemente. Le complacía enormemente verla más segura de sí misma, y más pacífica. Pero lo más importante es que lo encendía, como ninguna mujer que hubiera conocido en su vida.

A pesar de todos sus achaques, deseaba intensamente hacer el amor con ella.

Era una idea estúpida ciertamente. Ya era más que suficiente que estuviera en su hogar, fingiendo ser la esposa que él fingía no recordar.

¡Vaya lío! Algún día tendría que hablarle de su verdadera situación legal. Ella tenía que creer que ya no estaban casados, y mientras permaneciera en la ignorancia,

él podría controlar la situación.

A pesar de su intenso deseo hacia ella, no se aprovecharía de la buena voluntad de Sakura.

Aunque no había nada de malo en besarla de vez en cuando, ¿verdad?

Incluso en su estado actual, Sasuke no recordaba haber sido más feliz en su vida. Y era gracias a Sakura. Con cierto temor, empezaba a albergar la esperanza de que todo resultaría bien para ellos.

Pero fueran cuales fueran los resultados, estaba firmemente decidido a hacer lo imposible por conservarla a su lado toda la vida.