CAPÍTULO 10 Disparando hacia un corazón roto

Capítulo beteado por Melina Aragón, FFAD. www.

/groups/ betasffaddiction/

Canciones.

Camila – Decidiste dejarme

Queen – Somebody To Love

Un sonido molesto pero persistente me sacó de mi relajante sueño.

Parpadeé rápidamente para aclarar mi vista, el techo blanco con unas tenues luces blancas me encandiló, cerré los ojos y respiré profundo para salir de la bruma.

—¿Bella, cariño? —Abrí mis ojos para dirigirlos hacia la voz.

—¿Esme? —Mi garganta reseca hizo que mi voz saliera ronca.

—Toma un poco de agua, cielo. —Tomó un vaso para acercarlo a mi boca, levanté un poco la cabeza para beber. El agua refrescó mi garganta.

—Gracias —le dije volviendo a recostarme. Cerré los ojos cuando todas las imágenes de lo sucedido en el sótano, y en la iglesia invadieron mi mente.

—¿Te sientes bien? —preguntó con voz suave.

—¿Qué ha sucedido después de que me durmiera? —Ignoré su pregunta. Necesitaba saber que había pasado con mi familia después de que Charlie se volviera loco—. ¿Cuánto tiempo he estado inconsciente? —pregunté.

—Un día completo cariño —su respuesta me dejó aturdida.

—¿Dónde está Renée?, ¿Max?, ¿Charlie? —Mi respiración aumentó, poniendo nerviosa a Esme.

—Cielo, tranquilízate por favor, no le hará bien al bebé. —Me congelé al escucharla. Calmé mi respiración.

—¿Lo sabes? —susurré.

—Sí, Bella. —Las lágrimas volvieron a mis ojos—. ¿Por qué no nos contaste? —Su tono maternal me hizo soltar un sollozo.

—Lo siento. —Envolvió sus brazos a mi alrededor, haciéndome llorar desconsoladamente.

—No tienes por qué llorar cariño, traer una vida al mundo es lo más bello que puede sucederle a una mujer. —Sus palabras me fueron tranquilizando.

—Tenía mucho miedo —admití secándome las lágrimas. Sonrió dulcemente.

—Entiendo cómo te sentías cariño, pero debiste habernos contado —me reprendió suavemente, mientras acariciaba mi cabello.

—No quería que las personas que tanto quiero salieran dañadas —me defendí. Asintió sentándose en una silla a mi lado y tomando mi mano.

—Necesito que me respondas algo —dijo muy seria, asentí—. ¿Quién es el padre de tu bebé?

—Eso es algo privado —contesté, mirando hacia otro lado.

—¿Es Edward verdad?

—No.

—Cariño, no tienes por qué mentirme. —Volví a mirarla. Su mirada comprensiva terminó por romperme.

—Lo siento mucho. —Sentí las lágrimas volver a mis ojos.

—No tienes que disculparte por las actitudes de mi hijo, parece que no críe a un buen hombre, me lo está demostrando al no hacerse responsable de sus actos —gruñó enfadada.

—Esme, él decidió otro camino y yo no lo obligaré a nada —cuestioné.

—¿Bella no puedes estar hablando en serio? —preguntó incrédula.

—No pienso obligarlo a asumir la paternidad de un bebé que él no desea — dije suavemente—. No quiero ver su mirada de desprecio, cuando no pueda estudiar por cuidar de un bebé, del cual desde un principio renegó.

Suspiró ruidosamente.

—¿Qué piensas hacer entonces? —interrogó.

—No lo sé todavía, pero mi principal objetivo es promover un futuro para mi bebé, mantenerlo seguro y feliz —aseguré firmemente.

—Hablas como una verdadera madre —dijo haciendo que me sonrojara.

—Espero serlo. Aunque con todo lo que pasó, y mis descuidos ya no lo creo mucho.

—No puedes culparte cariño, nunca te ibas a imaginar que tu padre es un desequilibrado mental. —Apretó mi mano.

—No me has respondido, ¿qué pasó con mis padres? —Suspiró acomodándose mejor en la silla.

—No sé mucho cielo, pero sé que tu padre fue detenido por el FBI. —Le di una mirada interrogante.

—¿FBI?, ¿por qué? —Unos golpes en la puerta nos distrajeron. Miramos hacia la puerta para ver entrar al detective que había llegado a la iglesia, en el momento justo, para aprehender a mi padre.

—Veo que ya despertó, señorita Isabella, necesito de su cooperación contestando algunas preguntas, si es tan amable. —El detective entró a la habitación cerrando la puerta tras él.

—¿Isabella, necesitas que me quede? —preguntó Esme.

—Tranquila Esme, estaré bien —afirmé. Asintió despidiéndose del detective y salió de la habitación.

—Me presento, soy el detective Nahuel Sams del FBI, estoy a cargo del caso en contra de tu padre, Charlie Swan, por cargos caratulados: secuestros e intento de asesinatos. —Se sentó en una silla libre y sacó una libreta.

—No entiendo, ¿por qué el FBI se hace cargo de una persona enferma?

—El FBI tiene muchos contactos e influencias, cuando el hijo del capitán desapareció de su casa, se movilizó a toda la policía para encontrarlo —explicó.

—Espere un momento… ¿hijo, capitán? —Antes de que él pudiera responder una sola palabra, pregunté asombrada nuevamente—. ¿Max es hijo del capitán?

—Sí, señorita Isabella, él fue sacado de la casa del capitán por la madre del pequeño, que es de este pueblo y a la cual le faltaban varios tornillos. —Hizo una mueca.

—¿Cómo está él? —interrogué, sentándome bien la cama.

—Muy bien, pronto vendrá. —Asentí más tranquila—. Ahora, necesito que me diga específicamente, ¿en qué fecha vio las actitudes sospechosas de su padre?

Le relaté mis experiencias vividas en casa, en especial cuando la conducta de Charlie se volvió extraña, las famosas ''juntas'' con sus vecinos.

—Sabemos que sucedía en cada sesión que se realizaba en su casa, su madre fue de mucha ayuda. —Abrí los ojos en grande.

—¿Mi madre?, ¿está seguro que hablamos de la misma mujer?

—Claro, señorita Isabella, su madre ha sido de mucha ayuda en ésta investigación, en especial buscando pruebas contra él. —No podía creer lo que me decía, ¿mi madre estaba ayudando a la policía?

—¿Es posible que hable con ella? —pregunté viéndolo escribir en su libreta.

—En un momento podrá hablar con ella, sólo termine de relatar qué fue lo que pasó en el sótano. —Asentí, mientras comenzaba a explicar con todos los detalles mis recuerdos.

—El joven, Edward Cullen, ¿es algo suyo? —indagó, esa parte del interrogatorio me desestabilizó.

—Sólo un amigo. —Asintió conforme a mi respuesta— Bien, terminamos por ahora señorita, si necesitamos más preguntas sabremos donde ubicarla. —Se comenzó a despedir—. Que tenga un buen descanso.

—Disculpe, antes que se vaya, me puede decir qué va a pasar con mi padre —pregunté.

—Él está siendo formalizado ahora, mañana será trasladado a una prisión en Seattle, donde permanecerá por un período de seis meses, hasta que concluya la investigación, y se defina su sentencia.

—Gracias —agradecí porque me aclaró varias de mis dudas. Se despidió para salir definitivamente de la habitación.

Me acomodé mejor en la cama, descansé mi cabeza sobre la almohada cerrando los ojos y lanzando un suspiró.

¿Quién iba a pensar, que mi vida se convertiría en una telenovela? Mi padre un loco religioso, su esposa la espía, la hija embarazada del novio que no deseaba un hijo, ¿qué más me faltaría para completar el cuadro?, ¿estar embarazada de trillizos, quintillizos? Sonreí imaginándome acostada en una cama con cinco bebés alrededor.

—Veo que estas de buen humor. —Abrí los ojos asustada por no haber escuchado la puerta abrirse. Mi ginecóloga, la doctora Jeannette Mors estaba parada a mi lado, escribiendo algo en mi expediente, mientras veía la máquina.

—Doctora, me asustó. —exclamé, poniendo una mano en mi pecho para tranquilizar los movimientos desenfrenados de mi corazón.

—Lo siento Bella, no era mi intensión asustarte, pero es que te veías tan pacífica y me imaginé que estabas dormida —explicó con voz suave.

—Sólo estaba pensando. —Ella me regaló una sonrisa, mientras seguía escribiendo.

—¿Cómo te has sentido?, el detective me contó lo que pasaste en esa casa, así que ahora que has despertado, necesito algo más de información para ayudarte.

—Me gustaría saber, cómo se encuentra de salud mi bebé. —Acaricié mi pequeño bulto.

—En un momento iré a buscar el ecógrafo para verlo, por ahora te tomaré la presión y cambiaré tu botella de suero para mantenerte hidratada, ya que llegaste con signos de deshidratación —argumentó. No quise mirar hacia mi mano derecha, donde se encontraba la aguja que traspasaba el suero.

—¿Esto que tengo en la mano, ayudará a mantenerme saludable para el bebé? —indagué asustada.

—Claro, y si sigues mis indicaciones, todo será óptimo para el desarrollo de tu hijo. —Asentí, no haría nada para arriesgar su salud.

—¿Cuánto tiempo estaré hospitalizada? —interrogué, viendo cómo me tomaba la presión.

—Te mantendremos bajo observación, para controlar la deshidratación y vigilar al pequeño. —Guardó sus utensilios en un carrito que traía—. Ahora debes descansar solamente Bella, en un rato traeré la máquina para revisar al bebé.

—Gracias. —Me emocionaba poder escucharlo.

—De nada linda, ahora descansa y nada de tensiones —reiteró, apuntándome con el dedo, asentí con una sonrisa.

Unos golpes en la puerta me distrajeron, y me sacaron de esa nube feliz que me rodeaba, con la imagen de un futuro junto a lo mejor que me había pasado: mi hijo.

—Hola Bella. —Esa voz hizo que mis pelos se erizaran, vi que lo primero que ingresó a mi habitación fue un ramo de flores rojas, y luego Edward salió detrás de ellas, y me regaló una sonrisa avergonzada.

—¿Qué haces tú aquí?, ¿no deberías estar con tu novia? —La ira en mi voz era muy clara.

—Sé que tienes derecho a estar enojada, pero por favor, ¿podrías no estar tan a la defensiva? —Su pedido hizo que la rabia subiera a niveles mayores.

—¿Qué no esté a la defensiva?, ¿cómo quieres que esté, feliz y exuberante por tu visita?, después de lo que vi, no esperes que te reciba con los brazos abiertos —siseé con rabia, viendo como cerraba la puerta y caminaba para sentarse en la silla, que habían usado Esme y el detective. Esperé que hablara, pero sólo apoyó los codos en la cama tomándose la cabeza con las manos, no me iba a dejar engañar por su angustia, bastante dolor había pasado cada vez que confié en él.

—No sé qué decir o pensar en este momento Bella, mi mente es un enredo de cosas —murmuró tratando de tomar mi mano, se dio por vencido cuando vio que no quería que me tocara.

—Entonces, ve con Tanya y que ella te aclare las ideas —comenté sarcásticamente.

—Tanya sólo estaba viendo cómo estaba mi herida. —Enmudecí, al darme cuenta que por dejarme llevar por la ira, no recordé el golpe que recibió de Charlie.

—¿Cómo está tu herida? —pregunté mirando hacía su cabeza.

—Está bien, fue un pequeño golpe, eso no interesa, tenemos algo muy importante que conversar —su respuesta prendió mis alarmas.

—¿De qué quieres hablar?

—De tu embarazo. —Sus palabras me congelaron. Tragué el nudo que tenía en la garganta.

—¿Por qué quieres hablar de eso? —Me hice la desentendida, no quería tocar el tema de mi embarazo, y menos con Edward.

—Me mentiste Bella, dijiste que habías abortado. —Su voz destilaba angustia. Vi como sus ojos estaban repletos de dolor.

—No tenía otra opción Edward, no quería que me presionaras a hacer algo de lo que me arrepentiría el resto de mi vida. —Las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.

—¿Sabes cuántas noches estuve despierto, sintiendo el dolor y la culpa inundando mi cuerpo, sin dejar de atormentarme? Te amo sobre todas las cosas, pero debes saber que sólo pensaba en nuestro futuro al sugerirte el aborto. —Negué al escucharlo, no quería volver a escuchar sus tontas ideas.

—Si viniste a verme para reiterar que aborte, puedes irte por donde viniste —demandé, apuntando a la puerta.

—Sólo quiero que te pongas en mi posición —rogó en voz baja.

—Estoy cansada de todo esto, vienes acá y me pides que me ponga en tus zapatos para entenderte, ¿pero tú lo has hecho?, ¿te has puesto en mis zapatos?, ¿has pensado en lo rechazada que me sentí cuando te veía con Tanya?, ¿cuándo decidiste por los dos con respecto al bebé? Tú exiges pero nunca das, sólo quieres que todo se haga como tú lo pides o pretendes, pero ya estoy cansada de esperar a que recapacites y decidas formar una familia conmigo, simplemente estoy harta.

—Sólo quiero que entiendas que sin esa beca mi futuro se volverá negro — argumento. Negué secándome las lágrimas.

—Lo que me duele es que me diste la espalda cuando te necesitaba, no esperaba que te pusieras feliz por mi embarazo, pero hubiera ayudado que me dijeras que me apoyabas, que lucharíamos contra la adversidad juntos, que nos mantendríamos unidos para atravesar todos los problemas, parece que idealicé demasiado nuestro amor, quizás no es nuestro destino estar juntos. —Cuando terminé con esa frase, Edward negó fuertemente agarrando mi mano.

—No puedes decir eso Bella, quizás me comporté como un imbécil con respecto al bebé, pero nosotros viviremos nuestra vida juntos, ese es nuestro destino —dijo con fervor.

—Rompiste mi corazón en muchas oportunidades, ahora ya no pienso en mis sentimientos Edward, mi atención está dirigida a los sentimientos de mi hijo, y no pienso aceptar que en un futuro le rompas el corazón a él. —Todo esto me estaba agotando física y mentalmente.

—Quiero tener esperanzas que no te voy a perder Bella. —Apretó mi mano mirándome con dolor.

—No hay esperanzas para nosotros Edward. —Su rostro se comenzó a desmoronar.

—Te amo, a pesar de todo —declaró en un murmullo.

—Llegó el ecógrafo para ver cómo sigue ese pequeñito revoltoso. —La doctora entró hablando sin percatarse de nuestra situación, Edward se levantó secándose la cara para caminar a la ventana y detenerse para mirar hacia fuera—. ¡Oh! ¿Interrumpo algo? —Se detuvo para preguntar al vernos.

—No doctora, sólo es un amigo que venía a visitarme —aclaré ansiosa al ver que preparaba la máquina.

—Bueno, quizás puedas quedarte para darle un poco de apoyo a Bella. —Esperé a que Edward se negara y saliera despavorido, pero hizo todo lo contrario, se acercó lentamente para volver a sentarse en la silla.

—Me quedaré —aceptó mirándome. Iba a protestar pero la doctora habló primero.

—¡Eso me gusta! Ahora Bella, levántate la blusa y acomódate en la cama. —Seguí sus instrucciones, levanté la blusa para revelar mi vientre, que ya no era plano, el bulto se podía distinguir. Escuché una inspiración a mi lado, Edward miraba fijamente mi vientre—. Muy bien linda. —Aplicó el gel, éste estaba tibio —. Comencemos.

Presionó el transductor por mi vientre, y enseguida apareció mi porotito por la pantalla, me emocioné al ver su pequeñita figura.

—Por lo que veo este pequeño o pequeña es muy fuerte, a pesar de todo el susto que pasaste, se encuentra muy bien. —Presionó algunos botones haciendo que se escuchara su corazón. El jadeo de Edward me llamó la atención, vi que tenía una mano tapando su boca, sin despegar su mirada de la pantalla. ¿Qué estará pensando?—. Su corazón late con una frecuencia normal, comenzaré a medir sus huesos. —Volvió a presionar los botones—. Su cráneo y espina dorsal tienen una medida perfecta, ahora trataré de ver su sexo.

La doctora movía el transductor por mi vientre, no podía despegar mi mirada de la pantalla donde mi pequeñín movía los brazos, estaba hipnotizada y sentía que ya nada podía importarme más.

—Es un pequeño revoltoso o revoltosa, que no deja que pueda ver entre sus piernas. —Soltó una risita mientras movía el transductor—. Es imposible con este rebelde, esperaremos hasta el próximo control para ver su sexo. —Finalizó la doctora, pasándome un papel para limpiar mi estómago.

—Gracias. —Le di mi mejor sonrisa. Giré mi cabeza para mirar a Edward, pero él estaba con la cabeza cabizbaja, y una mano agarraba su cabello con fuerza.

—¿Edward? —pregunté, tratando de ver su cara para saber cómo reaccionó cuando vio por primera vez a nuestro hijo, pero el maldito negó con la cabeza y escondió su cara.

Se levantó abruptamente haciendo chirriar la silla, girándose y dirigiéndose hacia la puerta.

No podía creer que estuviera por volver a hacerlo, siempre huyendo.

—Si sales por esa puerta, saldrás de nuestras vidas, no tienes permitido regresar porque no te aceptaré nuevamente —amenacé con voz fría.

Ya no podía seguir esperando como una chica enamorada que su novio recapacite. Eran demasiados los errores que hacían difícil que lo perdonara una y otra vez. Tenía en sus manos la última oportunidad de quedarse y comportarse como un hombre, no como un niño asustado.

Su espalda estaba rígida y de pronto el ambiente se hizo tenso, todos estábamos congelados en nuestros sitios, incluso la doctora, que estaba en su sitio mirando hacia Edward. En un instante sus hombros bajaron junto con su cabeza, y abrió la puerta para salir.

En ese momento el nudo que tenía en la garganta subió con rapidez, haciendo que los sollozos de dolor se escucharan por toda la sala. Nunca me hubiera imaginado que después de todo lo vivido, Edward tomaría la opción de dejarnos atrás, quizás la esperanza que siempre tuve en mi corazón me volvía ciega y no podía aceptar la triste realidad, él nunca querrá ser padre. Esa era la triste y penosa verdad.

Sentí una mano presionar mi hombro, mientras seguía llorando, tapándome la cara con mis manos.

—Shhh Bella shhh, recuerda que la tensión te hace mal. —Sus palabras me hicieron reaccionar, ahora debía enfocarme en mi bebé. Traté de controlar mi respiración y apagar mis lágrimas, pero el dolor en mi pecho era tan grande que no podía evitar llorar por la decepción.

Ya más tranquila, acepté el pañuelo de papel que me entregó para secar mis ojos.

—Gracias. —Sus ojos azules me dieron la compasión que no quería producir en la gente.

—Con lo que he visto recién puedo justificar tu actitud, sólo te daré un consejo. —Asentí a sus palabras—. A lo largo de mi carrera he visto muchas parejas mostrando diferentes emociones, desde el amor más puro hasta el odio arraigado, ese joven que salió demuestra algo que no quiere, pero le falta superar sus miedos para estar en paz. Ahora sólo piensa que en unos meses tendrás a ese hermoso bebé en tus brazos, el cual te causará la felicidad más grande que una mujer puede pasar.

—Nunca pensé que se comportaría como lo hace, quería a un hombre que me tomara de la mano cuando viéramos a su hijo jugar, o me diera una mirada de felicidad y amor para sentirme amada, pero al contrario obtengo indiferencia por la persona que amo, y en especial por mis padres quienes se suponen que te protegen —confesé mis sentimientos entre lágrimas—. Creo que soy una gran idiota, siempre esperando lo mismo, una y otra vez, esperando que cambie, pero sólo encuentro una mirada de indiferencia. Ya estoy harta, ¿sabe?, cansada de lo mismo, siempre, cansada de ser tan estúpida.

—Pronto tendrás luz en tu camino, siempre después de una tormenta sale el sol. —Con esas palabras tomo su maletín y se retiró de la sala dejándome acompañada de mis tristezas y con quien sería mi pequeña alegría.

—Disculpe, señorita Isabella… —Me asusté al no escuchar la puerta abrirse—. Lo siento, no era mi intensión asustarla. —Un hombre adulto con cabellera rubia y ojos azules, entró disculpándose.

—Está bien, no lo sentí entrar —dije mientras me acomodaba.

—Me vuelvo a disculpar —comentó avergonzado—. Quería agradecerle en persona lo que hizo por mi hijo. —No alcancé a hablar cuando la puerta se abrió mostrando a Max.

—¡Max! —grité emocionada. Sonrió en grande y corrió a mis brazos abiertos.

—Bella —murmuró abrazándome fuerte. Besé sus cabellos rubios.

—Me alegro de verte a salvo —comenté soltándolo. Me regaló su sonrisa con ojos brillantes.

—Yo también me alegro que estés bien. —Se detuvo al lado del hombre que claramente era su padre, eran idénticos.

—No sabe lo agradecido que estoy con usted señorita Isabe… —Max detuvo a su padre haciendo que se agachara para susurrarle algo en el oído, el hombre asintió sonriendo─. Me vuelvo a disculpar señorita Bella, pero agradezco de corazón la protección que le brindo a mi enano.

—No tiene que agradecerme, señor…

—¡Oh!, lo siento, mi nombre es Andrew Drannel y soy el padre del enano parlanchín. —Max le sacó la lengua en respuesta—. Max me contó todo lo que pasó en esa casa, y lo protegido que se sintió con su presencia —dijo acariciando el cabello de Max.

—No fue nada, hice lo que cualquier persona haría.

—Nunca me imaginé que mi ex esposa pudiera hacer lo que hizo con nuestro hijo. —Se lamentó.

—¿Por qué lo hizo entonces? —pregunté curiosa.

—Max padece del Síndrome Asperger, en un nivel menor, por lo que a veces su actitud era diferente a la de los demás niños. Diana viene de una familia muy creyente, por lo que pensó que Max se curaría con alguna de sus sesiones de oración, a lo que claramente me opuse —explicó—. Lo que tuvo como resultado el divorcio, y ella obteniendo la custodia de Max, no podía vigilarla constantemente con la separación y cuando tuve que viajar por trabajo, Max desapareció misteriosamente, estaba desesperado buscándolo por semanas, cuando fui llamado por uno de los detectives de mi comisaria para informarme sobre el paradero de mi hijo.

—Siento mucho la angustia que mi padre le hizo pasar —declaré.

—No quiero que se sienta responsable por la actitud de su padre, señorita Bella, nunca imaginamos lo que pasa en nuestras casas y en especial yo, quien le confió lo más preciado que tengo en la vida, a una mujer loca —explicó con voz contenida—. Pero ahora le vuelvo a agradecer por todo y siempre estaré cuando me necesite, me siento en deuda con usted —reiteró.

—Muchas gracias por su ofrecimiento, me siento feliz que Max se encuentre bien después de todo. —Sonreí a Max, quien estaba trazando figuras imaginarias en mi vientre.

—Gracias por todo, ahora debemos retirarnos para que descanse como es debido, y felicitaciones por su bebé. —Me dio una sonrisa, para luego llamar a Max—. Despídete Max.

—Adiós Bella, te quiero mucho. —El pequeño me dio un abrazo que me llenó de calor el corazón.

—Igual te quiero mucho, cariño —susurré en su oído. Sonrió de manera tierna para luego correr con su padre, darle la mano y salir de la habitación.

Suspiré de manera ruidosa, después de un día de grandes revelaciones. Me acomodé mejor para recostarme al sentir dolor en mi espalda.

—¡Hey, pequeño!, pensé que estabas dormido. —Solté una risita al sentir el suave rose en mi vientre. Acaricié mi abultado vientre, viendo que era más prominente que hace unos días—. ¿Qué pasa adentro pequeño?, ¿te estas estirando? —Mi pequeñito debió haber sentido que ya era hora de crecer y hacer saber al mundo su existencia—. Es hora de descansar mi cielo, tenemos que recuperar energías para pelear cuando sea necesario, ahora seré imparable cariño, nadie decidirá sobre ti, primero tendrán que pasar por sobre mi cadáver. —Con esa pequeña confesión, cerré los ojos y caí en la inconciencia.

Un movimiento en mi mano me hizo abrir los ojos asustada, una cara desconocida apareció en mi visión.

—Lo siento si la desperté, pero debo tomar sus signos vitales. —Una joven pelirroja, con pecas y traje de enfermera estaba a mi lado con unos instrumentos—. Mi nombre es Marcia y seré la enfermera que cuide de usted en su estadía aquí.

—Está bien, sólo me asustó un poco —admití un poco avergonzada.

—Me disculpo de nuevo, no era mi intensión —aclaró tomando mi presión.

—¿Cuándo podré irme? —pregunté.

—La doctora le dará la información que necesita, ella vendrá en una hora para ver cómo sigue —asentí viendo como tomaba sus cosas y se retiraba.

Moví las sábanas de mi cuerpo para poder sentarme y levantarme, necesitaba estirar un poco las piernas. Caminé al baño para aliviar mis necesidades, estaba lavándome las manos, cuando sentí que la puerta de mi habitación se abría.

—¿Dónde está esa niñita? —La atronadora voz de Emmett me hizo salir rápido del baño, para verlo parado en la puerta con Rosalie a su lado, y la pequeña Ayelén en sus brazos.

—Emmett —susurré con lágrimas en los ojos. Él sonrió, abrió sus brazos y en dos zancadas me encerró en su cárcel de carne.

—Niñita tonta —murmuró en mi pelo, no pude evitar llorar por alguna vez en la vida sentir una muestra de cariño desinteresado.

—¿Por qué no confiaste en mí? —preguntó al soltarme un poco y secar mis lágrimas.

—Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir —expliqué.

—Bueno, ahora todo lo malo pasó, así que espero que nos tengas confianza —habló Rosalie. Asentí de acuerdo.

—Gracias por su apoyo. —Abracé a Rosalie, teniendo cuidado con Ayelén.

—Hola, pequeñita hermosa. —Ayelén sonrió mostrando sus dos adorables dientes.

—¿Quieres sostenerla? —Acepté gustosa a la pequeña, caminé hasta la cama para sentarme y sostener a Ayelén en mi regazo—. Ahora, me vas a explicar por qué no me dijiste que iba a tener un sobrino. —Mantuve mi vista puesta en la niña, quien trataba de meter mis dedos a su boca, para retrasar mi respuesta.

—Era algo que quería mantener oculto, mientras podía —contesté.

—Entiendo tu punto niñita, pero soy el hermano del padre del bebé, lo mínimo que esperaba es que a la hermanita que vi crecer, me concediera el honor de saber que seré tío. —Levanté la vista para ver a Emmett sentado con Rosalie en sus piernas, sonriendo como niño pequeño.

—Edward no tiene cabida en la vida de mi hijo —afirmé. Cuando su sonrisa se acentuó un poco bajé la vista para seguir jugando con la bebé.

—Bella, no debes ser tan severa. —Solté una risa seca a las palabras de Rosalie.

—¿Severa? Tú por lo menos tuviste el apoyo de Emmett en tu embarazo, ¿Yo qué obtengo de Edward?, sólo respuestas negativas —respondí.

—Edward tiene motivos para ser tan estúpido. —Lo defendió Emmett.

—Hasta ayer, todavía tenía la esperanza que Edward cambiara de opinión viendo a su hijo, pero prefirió salir por la puerta sin mirar atrás —alegué con voz estrangulada. Tragué saliva para pasar el nudo en la garganta. Acaricié la cabecita rubia de Ayelén para relajarme.

—Mi hermano es un tonto que no sabe lo que está perdiendo. —Miré a Emmett pasar su mano por su cara.

—Él sí sabe lo que está perdiendo oso, otra cosa muy distinta es aceptarlo, y seguir adelante como si yo y mi bebé no fuéramos más que un simple estorbo.

—Nunca pensé que se comportaría como lo hizo, cuando le anuncié mi embarazo, Emmett pensé que tendría su apoyo como tú apoyabas a Rosalie en todo, pero cuando me pidió que abortara porque sus estudios eran más importantes… nunca me imaginé que la persona que decía amarme haría algo así, el daño es demasiado grande para sanarlo —confesé con todo el dolor de mi corazón.

—Llevaré a Ayelén a cambiar el pañal al baño. —Pude ver como Rosalie se levantaba con lágrimas en los ojos, tomaba a la pequeña y salía de la habitación.

—Por lo que escucho, mi hermano quedó más dañado de lo que pensé. —Las palabras de Emmett me llamaron la atención.

—¿Qué?

—¿Alguna vez Edward te contó lo que vivimos de pequeños? —La pregunta de Emmett me confundió.

—No, sólo me contó que Esme y Carlisle no son sus padres biológicos —contesté.

—Me lo imaginaba, Edward es bastante reservado con el pasado.

—¿Qué vas a contarme Emmett? —pregunté alzando una ceja.

—Te contaré un poco del ¿por qué? de la actitud de Edward. —Caminó hacia la cama para sentarse frente a mí y tomar mis manos—. La historia de nuestros padres es como una novela. Nuestra madre Elizabeth Masen era una joven de diecisiete años, de bajos recursos económicos, trabajaba en una cafetería de día y en una empresa de limpieza de noche, para poder ayudar a nuestros abuelos en sus gastos médicos. Nuestro padre se enamoró completamente de nuestra madre, un día de otoño, cuando entró a tomar un café y por su arrogancia mi madre volcó una soda sobre él.

»Pero las diferencias sociales eran muchas, nuestro padre venía de la gran y renombrada familia Cullen, dueña de una cadena de clínicas dirigidas por Anthony Cullen. Nuestro abuelo Anthony, nunca aceptó que su hijo adolecente se fugara con una chica "pobre'', que se embarazó a los dos meses de conocer a su hijo, despreció todo intento de contacto cuando nací, no le importaba conocer a sus nietos, su orgullo manejaba su vida, recuerdo que cuando Edward nació mi padre lo mecía por toda la casa al ritmo de las canciones de Queen. —Soltó una risita con los ojos aguados—. Yo me sentaba en el sillón para verlo cantarle a Edward, con voz desafinada, pero a mi pequeño hermano parecía gustarle, porque siempre paraba de llorar y sonreía.

»Años después cuando Edward cumplió tres años, mamá comenzó a enfermarse en reiteradas ocasiones, pasábamos noches enteras en hospitales esperando que mamá saliera, viendo a nuestro padre sufrir porque a pesar de ser hijo del dueño de clínicas, no pudo darle una mejor atención médica a la mujer que amaba. —Su voz se rompió—. Cuando le diagnosticaron cáncer en el estómago a nuestra madre, nuestra vida tranquila se convirtió en un infierno, papá se pasaba días enteros cuidando a mamá en el hospital dejando a mi cuidado a Edward, así pasaron tres meses, la agonía de mamá terminó cuando falleció. Papá se volvió loco, lo escuchaba llorar todas las noches en su cama, pero aun así trató de ser fuerte por nosotros dos, tenía dos niños que criar. »Comenzó a trabajar lo que más podía para darnos una buena vida y pagar las facturas del hospital, quienes amenazaban con quitarnos todas nuestras cosas, lo peor fue que por la falta de dinero nuestro padre tuvo que conseguir dos trabajos, lo que hizo que tuviera que quedarme en casa cuidando a mi hermanito pequeño, cuando los de servicios sociales llegaron a nuestra puerta para sacarnos de casa acusando a papá de irresponsabilidad por dejar a sus hijos solos, yo fui llevado con Carlisle, quien es hermano de papá para que me cuidara. —Sequé las lágrimas que corrían por mis mejillas al escuchar la trágica historia.

—¿Y Edward? ¿Dijiste que sólo tú fuiste con Carlisle, y él? —pregunté, provocando que me diera una sonrisa triste.

—Mi pobre hermanito pequeño fue entregado a nuestro abuelo, Anthony, Carlisle trató de pelear su custodia pero pasaron alrededor de cuatro años, cuando Edward llegó con nosotros —respondió.

—¿Y su padre? ¿Qué sucedió con él?

—Mi padre falleció dos meses después, en un accidente de trabajo, él trataba de juntar dinero para pagar una niñera para poder recuperarnos, por lo que tomó dos trabajos y uno de ellos era una construcción con penosas medidas de precaución —habló en voz baja. Ahogué un sollozo por la tragedia vivida de Emmett y Edward—. Quizás está mal que justifique la actitud de Edward con respecto a ti, pero a pesar de todo él es mi hermano y no espero que lo perdones de un día para otro, sólo deseo que pienses bien las cosas sobre él bebé.

Negué con la cabeza.

—Estoy harta de ser la que le de oportunidades Emmett, no me pidas algo que sabes que no funcionará, no voy a dejar que en unos años dañé lo más preciado que tengo. —Tomé un pañuelo para sonarme.

—No quiero imaginarme el futuro que mi hermanito tendrá. Veo oscuridad y vacío para él. —Agarró mi mano para besarla—. Quiero agradecerte por ser una mujer de hierro, por proteger a mi pequeño sobrinito de todo.

Sonreí entre lágrimas.

—Este pequeño es lo único que me mantiene viva y con los brazos arriba. —Toqué mi abultado vientre.

—Te entiendo Bella, mi hermosa hija también hace que mis brazos siempre estén arriba para ella. —Sonreí pensando en Ayelén.

—Creo que debo retirarme para reunirme con mis mujeres, puedo venir a quedarme y hacerte compañía, ¿si quieres? —Se ofreció.

—No Emmett, ve a descansar, yo esperaré a la doctora para ver cuando me dan de alta. —Lo tranquilicé, asintió despidiéndose con un beso en la frente.

—Cualquier cosa me llamas. —Asentí con una sonrisa.

—Ve con tus mujeres gran oso. —Sonrió como niño al cerrar la puerta.

.

.

—¿Está rico? —Asentí con la boca llena a la pregunta de Esme. Cuando desperté de una siesta encontré a Esme sacando comida de un contenedor, el atrayente olor de la lasagna abrió mi apetito, y no pude negarme.

—Muchas gracias Esme, no debiste molestarte —aclaré avergonzada.

—Cariño, esto no es nada, sé de buena fuente lo mala que es la comida aquí en el hospital. —Me guiñó un ojo—. Aparte, quiero que mi nieto crezca saludable y para eso debes alimentarte bien.

—Gracias —dije nuevamente, antes de dar otro bocado a la comida.

—De nada cielo, ¿cuéntame cuando te darán de alta? —preguntó.

—Realmente no lo sé, la doctora dijo que debo quedarme dos o tres días para controlar mi presión que estaba elevada a causa de lo sucedido —me quejé.

—Es lo mejor Bella, no es bueno tener la presión alta durante un embarazo, porque puedes desarrollar alguna enfermedad que te afecte a ti y al bebé. —Me limpié la boca con la servilleta al terminar de comer.

—Lo sé Esme, sólo que odio los hospitales.

—Yo en cambio los amo. —Salté al escuchar la voz de Carlisle. Entró a la habitación con su bata blanca y unos papeles en las manos, sonriendo haciéndolo parecer mucho más joven de lo que es.

—Mi vida, es de mala educación escuchar conversaciones ajenas —regañó dulcemente Esme.

—No pude evitarlo. —Sonrió dirigiéndose a mí—. Muy bien Bella, tus últimos exámenes han salido bien, tu doctora pasará a verte mañana en la mañana para darte el alta. —Aplaudí emocionada. Carlisle y Esme rieron al verme tan feliz—. Todavía tenemos que tratar un asunto Bella —habló Carlisle—. ¿Dónde te quedarás al salir de acá?

La pregunta me dejó muda, en realidad no había pensado qué haría al salir, mis pensamientos estaban concentrados en el bienestar de mi hijo, por lo que me sorprendí al darme cuenta que no tenía donde ir.

—Renée llamó hace un rato y dijo que pasaría más tarde a verte. —Esa información atrajo mi atención.

—¿Mi mamá llamó? ¿Cuándo? —pregunté, viendo cómo se daban miradas entre ellos—. ¿Qué sucede?

—Tu madre ha estado algo ocupada con el arresto de tu padre y posible internación, por lo ha estado llamando para saber de tu salud, avisó que te vendría a visitar lo más pronto posible —informó Esme.

"Me doy cuenta lo importante que soy para ti mamá, dos días en un maldito hospital y tú ni siquiera has hablado directamente conmigo", pensé melancólica.

—No te pongas triste Bella, Renée está haciendo todo lo posible para que después no tengan problemas, ahora mismo tu casa no puede ser habitada por que está siendo investigada y queríamos saber si quisieras quedarte con nosotros hasta que todo esté solucionado. —Comencé a negar rápidamente.

—Les agradezco mucho la invitación, pero mi respuesta es no —respondí tajante. Me sentí mal al ver la sonrisa de Esme decaer.

—¿Puedo preguntar la razón? —Preguntó Carlisle.

—No pienso vivir bajo el mismo techo que Edward, es demasiado el daño que me ha hecho para tener que ver su mirada de indiferencia hacia mi hijo, no pienso aguantar viendo como desprecia al bebé que muchas veces rechazo, por motivos egoístas. —Pestañeé rápidamente para evitar que las lágrimas aparecieran. Carlisle Suspiró profundamente dándole una mirada a Esme.

—Creo que ese jovencito se merece una buena paliza. —Las palabras de Esme me hicieron sonreír.

—Bella piénsalo, en nuestra casa no te hará falta nada, me tendrás a mí para cualquier pregunta o problema sobre tu embarazo —razonó Carlisle.

—Me encantaría poder mimarte en casa cariño, ver crecer a mi nieto es lo único que pido —intervino Esme, evité su mirada porque sabía que terminaría aceptando a su pedido.

—Te pedimos que pienses y consideres nuestra petición, nos haría tremendamente feliz tenerte en casa. —Las palabras suaves de Carlisle me estaban haciendo flaquear en mi decisión.

—Voy a pensarlo. —Cerré el tema. Asintieron conformes. No quería más momentos tensos en mi vida.

—¿Puedo tocar?—Carlisle apuntó a mi barriga. Consentí con una sonrisa—. Me enteré por algunos rumores que este pequeñito o pequeñita no quiere dejarse ver —comentó jocoso al sentir mi abultado vientre, Esme se acomodó a su lado mirando como su esposo acariciaba mi vientre.

—Es un rebelde que siempre cambia de posición cuando la doctora lo revisa. —Reí cuando sentí que se movió hacia donde estaba la mano de Carlisle—. Te dice ''hola abuelo''.

La mirada y sonrisa de Carlisle eran tan luminosas y cargadas de sentimientos que daban ganas de sacarle una foto y guardarla para siempre.

—No sabes lo impaciente que estoy por conocerte. —Las palabras de Carlisle dieron la impresión de que estimularon a mi bebé, porque se movió con más fuerza.

—Me toca. —Esme quitó la mano de su marido para poner la suya. Mi bebé se movió para el deleite de su abuela—. ¡Que inquieta! —Sonreí cuando la vi reír al sentir los movimientos. Aunque eran suaves, los golpecitos me hacían imaginar que mi bebé sería muy hiperactivo—. ¿Quieres algo más cariño?, ¿necesitas comida?, ¿ropa? —Negué a sus preguntas, no necesitaba nada, sólo un poco de paz.

—Toc- toc. —Una voz nos interrumpió desde la puerta.

—¡Alice! —grité al identificar la pequeña cabeza que apareció por la puerta. Esme y Carlisle se apartaron cuando mi amiga entró rápidamente y me sepultó en uno de sus abrazos.

—Lo siento mucho por no venir antes, pero estaba ayudando al detective con algunas preguntas. —Asentí a su explicación, no quería saber sobre lo que estaba pasando afuera mientras yo estaba acá.

—Tranquila, te entiendo amiga, me alegro mucho que estés aquí —aseguré apretando mi agarre.

—¿Estás bien, cierto? ¿No le pasó nada malo al bebé? —preguntó ansiosa. Negué suavemente cuando me soltó y se sentó en la silla a mi lado.

—Estamos bien —confirmé tocando mi vientre—. Me dejaron internada para vigilar que no tenga ningún problema luego.

—Me alegro mucho, no sabes lo angustiada que me sentí cuando Charlie se volvió loco. —Puso su mano en su pecho—. Rezaba para que todo pasara y tu salieras bien.

—Estoy bien Alice, fue un susto —reiteré tomando su mano.

—¿Dónde está el idiota ese? —preguntó enojada, miró alrededor de la habitación para tensarse al ver a los padres del "idiota''.

—Siendo la madre del idiota, pienso que tiene varias explicaciones que darme, por ejemplo, por qué no se encuentra acompañando a la madre de su hijo. —Le hice señas a Alice para que cerrara la boca, no quería enojar a Esme con Edward.

—Bueno, bueno, no quiero que mi sobrina o sobrina sienta tensiones antes de conocer el mundo, así que ahora háblame de cómo está el enano. —Sonreí sin poder evitarlo.

—Comencé a explicarle con detalles lo que la doctora había dicho, sobre la ecografía que me habían realizado y a que a pesar de tener cuatro meses y medio mi pequeño ya había hecho algunos movimientos. Carlisle y Esme se incluyeron en la conversación, el resto de la tarde fue amena gracias a la grata compañía.

.

.

Me removí un poco al sentir un peso sobre mi cabeza, mi sueño se estaba disolviendo, abrí un poco los ojos pestañeando rápidamente al ver la oscuridad de la habitación.

—Shhh, vuelve a dormir hija. —Contuve el grito al escuchar la voz de mi madre.

—¿Mamá? —Mi voz ronca por el sueño y las lágrimas que amenazaban por salir.

—Sí mi niña, mamá está contigo. —Juntó su frente a la mía y comencé a llorar.

—Lo siento mucho, mamá. —Mis sollozos se mezclaban con los de ella.

—No tienes por qué disculparte hija, la culpable soy yo, debí haberte sacado de esa casa cuando todo comenzó, pensé estúpidamente que podría hacer cambiar a tu padre, pero me equivoqué y tu pagaste las consecuencias. —Su mano siguió acariciando mi cabello, mientras con la otra secaba mis lágrimas.

—Estoy embarazada —dije.

—Lo se hija, no creas que no me daba cuenta que usabas ropa holgada o que a veces ciertos olores te daban asco, esperaba que tu padre no se diera cuenta hasta que pudiera sacarte de esa casa, por eso llamé al detective para comenzar a juntar pruebas para detener a tu padre. —Soltó un suspiro tembloroso—. Juro por Dios que no sabía del pequeño en el sótano, nunca imaginé que tu padre había llegado a tal extremo de mantener cautivo a un niño, culpa de sus locas y malditas creencias.

—¿Nunca te diste cuenta? —pregunté incrédula.

—Hace semanas, tu padre comenzó a darse cuenta que algo escondía, por lo que dejó de contarme las cosas que estaba haciendo, muchas veces cuando me juntaba con el detective para hablar sobre como atrapar con pruebas a tu padre, al llegar a casa me encontraba con tu padre esperando sentado y haciendo preguntas, temía que me pillara e hiciera algo peor, pero te lo juro cariño que nunca pensé que el viaje que tuve que hacer por tu tía Sally fuera la oportunidad para que te hiciera daño. —Lloró mientras me explicaba.

—Está bien, ya no llores. —La consolé. Estuvimos abrazadas por un tiempo, cuando estábamos ya tranquilas después de tantas lágrimas, levantó la cabeza y me sonrió con ternura.

—¿Así que abuelita?, ¿no crees que estoy muy joven para ser abuela? —Reí cuando trató de estirar su cara para parecer joven.

—Tendrás que acostumbrarte a que te llame abuela. —Sonreí cuando hizo una mueca. Seguimos conversando, hasta que el cansancio me alcanzó.

—Bella, ¿me perdonas por todo?, ¿por no ser una buena madre? —Sus palabras me hicieron pensar y quedarme en silencio.

—Ninguna madre es perfecta, cometen errores porque son personas comunes y corrientes, pero valoro que siempre tratan de arreglar las cosas, el amor que demuestran por sus hijos puede ser el mayor tesoro que existe, y por eso creo que eres una buena madre, cometiste un error y ahora sólo espero que lo repares. —Puse una mano en mi vientre al decir esas palabras.

—Lo haré, mi pequeña beba de ojos cafés. —Asentí sonriendo a sus dulces palabras y cerrando los ojos.

¡Chan chan! ¿Les gustó? ¿Lo odiaron? Me gustaría saber sus opiniones, todas las teorías que tengan, también acepto las palabras de odio hacia Edward.

Muchas gracias a las chicas que me escriben, de a poco comenzaré a responder los mensajes, no he tenido mucho tiempo pero espero hacerlo pronto.

Quiero aclarar algo, nunca dejaré mi historia, sé que me demoro en subir los caps pero había tenido problemas con la computadora pero ahora estoy avanzando más rápido.

¡Muchas gracias chicas! ¡Besos!