Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^


Notitas…

Aaaayyyy esto es el poder de los reviews jejeje, asi que no os podeis quejar de la espera porque ha sido cortita, cortita.

Weno al tema, ya sé que os gusta mucho la acción pero siento decir que este capi vuelve a ser pastelón jejej, eso si, mezclado con algo de intriga. A ver que os parece.

Y os recuerdo que tiene una Booooooooonita ilustración en deviantart, k por cierto gracias por pasaros por allí, me alegra que os hayan gustado los dibus.

nanashi: Pues bienvenida XD. Es un placer tenerte por aquí y mil gracias por dejar review, espero que te siga gustando la historia ^^

Nancyriny:Pues sip, pobre Rinoa la tengo machacadita jejej, pero no te preocupes porque siempre esta el comandante para ayudarla y en cuanto a él puedes empezar a preocuparte jejej y no digo mas. Espero que te guste el capi porque tiene un montón de amorcito XD

PauHardy: Empezó la acción pero se ha detenido momentáneamente jejeje. Toca capi lleno de amor por toas partes. Y gracias por pasarte por deviantart, me alegra un montonazo que te hayan gustado los dibus poque asi me los he imaginado yo para esta historia. Ale a leer, a leer ^^

tsuki-lulu: No, no, gracias a ti por apoyarme con tus reviews, en una nube me tienes jejeje. Y sip, Squall esta demasiado buenorro, como para no acalorarse, quien pudiese estar too el dia cerquita de él XD. Ooohh y gracias a ti tambien por ver mi ilustraciones, ves? No puedo evitar dibujarlo a todos buenorros jejeje. Y por último me alegra de que te haya gustado mi otra historia con lo que me costo acabarla jeje años y años, asi que Gracias^^

oryxyro: Me alegra de que te gustase el anterior capitulo. Y si, Rinoa empieza a darse cuenta de lo que siente pero el aunque le cuesta volver a su lado, a nadie le gusta que le hagan daño por segunda vez. Y gracias por leer "El sacrifico" ya sé que los primeros capítulos están horriblemente mal redactados pero era el empiece y ya se sabe jejej. Supongo que ahora tengo las cosas mas claras y por eso me sale todo mas fluido. Y en cuanto a deviantart, no te preocupes, de alli no me marcho jeje así que cuando tengas tiempo, si quieres le hechas un vistacillo, haber que te parece ^^.

Vaya chapa que os he pegado eee? Ahora sip, a disfrutar del capi.


DIEZ

Cuando Squall y su equipo llegaron al jardín Edea los estaba esperando. De camino habían informado a Cid de lo ocurrido, aunque la verdad es que tampoco habían dado demasiados detalles ya que ni ellos mismo sabían exactamente lo que había ocurrido.

Squall estuvo todo el camino observando a Rinoa. Desde que se había montado en la furgoneta no había dicho una palabra, tan solo para explicar muy por encima y con cierta incoherencia lo que había sucedido.

Zell, por su parte, revisó algunos datos e intentó sacar algo en claro, Aun no entendía como era posible que la comunicación se hubiese perdido de aquella manera.

Cuando Edea los vio entrar por la puerta principal, notó enseguida el desánimo en sus caras.

- ¡Chicos!, ¿cómo estáis? –preguntó acercándose a ellos-. ¿Rinoa? –dijo mas tarde cogiendo la cara de la joven entre sus manos y analizándola-.

- Estoy bien, de verdad –contestó con una sonrisa cansada-.

Edea desvió la mirada hacia Squall intentado saber si aquello era cierto, pero Squall tan solo pudo hacer una mueca de ignorancia.

Minutos mas tarde apareció por las escaleras del hall Quistis, quien no tardó ni medio segundo en correr hacia Seifer y abalanzarse a su cuello. Éste la recibió rodeándola con sus brazos y sonrió ante la repentina aparición de la rubia.

- ¿Estas bien? –preguntó con voz melosa mientras se refugiaba en su cuello-.

- Si, aunque podía estar mucho mejor –contestó cogiendo la cintura de ella entre sus manos y acercándola al máximo a su cuerpo-.

- Seifer… -se quejó falsamente-. Oye y Rinoa, ¿se encuentra bien? –preguntó observando como ésta pasaba por su lado en dirección al despacho-.

- Si, supongo –contestó siguiéndola con la mirada-.

Seifer deshizo el agarre y cogiendo a Quistis de la mano anduvieron tras los demás, que se dirigían al despacho de Kramer.

Irvine se encontraba sentado en el sofá de piel esperando a que sus compañeros llegase, A juzgar por el movimiento continuo de sus piernas y brazos se podría decir que estaba mas que nervioso.

- ¿Porque no te calmas Irvine? –aconsejó Cid tras su mesa-.

Irvine giró su cabeza hasta Kramer y justo cuando sus palabras iban a salir de su boca, el resto entró por la puerta. El vaquero se levantó rápidamente y tras comprobar que todos estaban bien, buscó aquella pequeña chica de pelo despuntado. Ésta apareció tras Rinoa y le brindó al vaquera una de sus mejores sonrisas. Irvine la abrazó e intentó saber que había ocurrido pero la voz del director los interrumpió.

- Bien chicos, veo que estáis todos bien –comenzó a hablar levantándose de su asiento-. ¿Qué ha ocurrido?, ¿Rinoa? –preguntó intentando que la joven levantase la mirada-.

Esta tardó unos segundos en asimilar que la voz del director iba dirigida a ella y tras una pausa contestó.

- Realmente no lo sé, perdí la comunicación con Squall y los demás y me desorienté. Tras aquello comencé a escuchar ruidos y me asusté. Después me encontraba huyendo de algo que aun no soy capaz de identificar. –dijo fijando una mirada penetrante en la de Kramer-.

- Algo te atacó pero no puedes identificarlo –repitió paseándose por el despacho-. ¿Squall?, tu la rescataste –preguntó girándose para enfrentar al comandante-.

- Así es, aunque tampoco sabría decir con exactitud de que se trataba. Cuando llegue vi a lo lejos que algo la iba a atacar. Mi posición era muy alejada como para atacar con mi arma así que ataqué con un hechizo de fuego. Tras la explosión, lo que quiera que fuese, desapareció rápidamente. Ni siquiera me dio tiempo a verlo huir –explicó con toda la templanza de la que disponía-.

- Estaba claro que no era ninguna especie de monstruo conocida ya que el radar fue incapaz de detectarlo. Eso si, corría demasiado rápido –explicó Zell-.

- Bien… -suspiró viendo que no tenían nada claro-.

Entonces Selphie se levantó de golpe y se acercó hasta Kramer.

- Seifer y yo hemos encontrado esto –dijo dándole un pequeño aparatito-.

El artilugio entraba en la palma de la mano y era como una especia de esfera plana por debajo, de color azul intenso y con unos pequeños orificios en sus lados.

Shu y Edea se aceraron hasta Kramer y observaron con detenimiento el aparato sin poder decir que demonios era eso.

- ¿Dónde habéis encontrado esto? –preguntó Shu-.

- Hemos estado patrullando las cercanías del bosque y en una de las áreas, entre la vegetación, cerca de un árbol, estaba eso –explicó Seifer con algo de desgana-.

- Creo que lo mandaremos a Esthar haber si son capaces de decirnos algo –comentó mirando el aparato por encima de sus gafas-. Bien chicos creo que deberíais descansar –dijo despidiéndose de ellos-.

Antes de que Squall desapareciese por la puerta, le recordó que quería el informe de la misión lo antes posible. Éste asintió de manera seria y se marchó.

Los chicos bajaron por las escaleras desganados, creían que yendo a ese bosque sacarían algo en claro pero no había sido así. Además Irvine y Quistis tan solo habían conseguido hablar con dos personas y ninguna de ellas fue capaz de decirles nada acerca de Squall.

- ¿Por qué no comemos algo? –dijo Irvine señalando el camino a la cafetería-.

- Si, porque estoy muerto de hambre –contestó Zell palpándose le estomago-.

- Que raro –se quejó Selphie sacándole la lengua-.

Zell salió corriendo detrás de la pequeña chica intentando atraparla y Quistis tan solo pudo suspirar viendo que a pesar de la edad que tenían, muchas veces su comportamiento era como el de unos niños.

Seifer se percató entonces del comportamiento de Rinoa, desde que había hablado en el despacho no había soltado una sola palabra y su mirada parecía perdida.

- Oye ¿de verdad estas bien? porque tienes cara de lechuga rancia –bromeó intentando animarla-.

- Si, claro –sonrió-.

Seifer se preocupó aun mas cuando la joven sonrió de aquella forma, en cualquier otra situación ese comentario la hubiese hecho enfurruñarse y posiblemente le hubiese propinado uno de sus golpes.

- Ven con nosotros, anda –dijo cogiéndola de la mano para llevarla hasta la cafetería-.

- No, creo que me iré a mi habitación, necesito una ducha –contestó soltándose de la mano del rubio-.

Squall, que se encontraba junto a Quistis e Irvine, observó la escena y supo al instante que algo la pasaba.

El joven castaño, quien había decidido irse a su casa, vio como los chicos se alejaban y como Rinoa arrastraba sus pies quedándose rezagada. Tras unos segundos de incertidumbre, no pudo evitarlo y corrió tras ella, hasta que consiguió cogerla de la mano y girarla de manera algo brusca.

La chica se sobresaltó al notar el fuerte agarre en su muñeca y rápidamente se deshizo de el sin saber siquiera de quien provenía.

- ¡Oh!, Squall eres tú –dijo sorprendida masajeando su muñeca-.

- Lo siento, no quería…

- No te preocupes, es solo que me has asustado –explicó sin darle mas importancia-.

- ¿Te pasa algo? –preguntó sin rodeos-.

- No

- Mientes, se te nota –dijo acercándose mas a ella-.

Rinoa reculó unos pasos ante el repentino acercamiento del chico y sonrió falsamente para tranquilizarlo.

- De verdad que estoy bien –dijo posando una mano en el pecho del joven-. Solo necesito descansar –sonrió de nuevo-.

Tras aquella conversación Rinoa se alejo hasta desaparecer de la vista de Squall.

El muchacho no se había quedado tranquilo, sabía que algo la pasaba, así que decidió que ya hablaría con ella mañana más tranquilamente.


Laboratorios LideCorp, 20:45 h

Arzhul se encontraba de nuevo en aquella habitación acristalado, observaba con detenimiento aquel ser que volvía a descansar en la camilla de metal. La verdad es que al mirarlo detenidamente, un escalofrío lo recorría. Su aspecto era bastante tenebroso y a simple vista daba un miedo atroz.

- ¿Te diviertes? –dijo una voz a su lado-.

- ¡Oh!, eres tu

Ahí estaba ese muchacho de mirada clara. Su físico casi perfecto y su tez blanca le daban un aspecto inquietante y a pesar de que sus ojos eran de un azul casi cristalino, inspiraban una gran desconfianza.

- Mi intención no era que tuviera ese aspecto, pero esas malditas mutaciones –explicó con ademán tranquilo-. Espero que a los demás no les ocurra lo mismo, ahora que tenemos la sangre…

- Y que importa el aspecto, su comportamiento es el deseado ¿no?, es mas ágil que cualquier Seed existente y sus ansias de matar insaciables –dijo aquel muchacho con media sonrisa en su cara-.

De pronto irrumpió en la pequeña habitación la mujer de curvas extremas y aspecto despampanante.

- ¿Por qué has dado la señal de atacar? –preguntó enfadada acercándose hasta Arzhul y encarándolo-.

Éste sonrió de manera burlesca y la cogió violentamente del brazo.

- Porque soy el jefe y hago lo que me da la gana ¿entendido? –dijo sin soltarla-.

- Ese bosque es tu lugar de recreo ¿verdad?, disfrutas probando tus malditos experimentos con gente inocente ¿hasta donde pretendes llegar? –dijo exasperada soltándose bruscamente del corpulento hombre-

- No sé de que te quejas, tu querido principito no ha sufrido ningún daño, de hecho casi acaba con la vida de esa maldita bruja –explicó poniéndose a la altura de la mujer-. Ha sido divertido ver como perdía ese gran poder que posee, estoy seguro que hace mucho tiempo que no experimentaba tanto miedo –rió exageradamente-.

- Seguro que no –se le unió el muchacho de mirada indescifrable-.

- Sois patéticos –dijo dándose media vuelta para marcharse de allí-.

- Sabes por lo que estas aquí ¿no? tu querida familia te necesita mas que nunca –volvió a burlarse de su situación-.

- Te dije que yo me encargaría de traértelo de nuevo pero si sigues jugando a los cazadores…

- Hay que probar la mercancía –interrumpió vacilón-.

La mujer hizo un gesto de molestia y salió de allí antes de que esos dos hombres le provocasen mas nauseas.

Los dos hombre rieron a la par, sabían que tenían a esa mujer acorralada y podían hacer con ella lo que se les antojase y aquello les resultaba realmente entretenido.

- Y tu, ya sabes –dijo haciéndole un gesto para que abandonase la habitación-.

- Mañana sin falta –contestó-.

Tras aquel gesto ensayado que todo el personal hacia cuando veían a Arzhul, desapareció de allí.


Habitación de Rinoa, 21:12 h

La joven de melena fue directa a la ducha, necesitaba notar el agua tibia resbalar por su cuerpo, creyendo que eso la calmaría.

Cuando el agua rozó su cuerpo un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Después intentó relajarse, así que cerró sus ojos y se dejó adormecer por el calor del agua.

Sabía lo que había visto en el bosque aunque seguía sin saber que demonios era. Squall había dicho que el no pudo ver nada aunque Rinoa no había creído del todo al chico. ¿Era esa cosa una de las que los atacaron hacia seis meses?

Rinoa abrió los ojos y observó sus manos, aun podía notar el temblor que le había provocado el miedo ante aquel ser. Aun no se lo había dicho a nadie pero había sido incapaz de defenderse porque su poder de bruja desapareció en aquel momento.

Tuvo miedo de que no volviese pero aquello no había pasado. Cuando montó en la furgoneta, enseguida sintió como ese poder volvía a recorrer su cuerpo.

Squall había notado su preocupación pero no podía decirle que su poder falló, no quería que nadie mas se preocupase por ella y el miedo de verse de nuevo tan vulnerable la hacia rechazar a Squall una y otra vez, a pesar de que su corazón deseaba tenerlo tan cerca que no hubiese un milímetro de separación entre sus cuerpos.

Tras secar su cuerpo se puso una camiseta y miró la cama con algo de pena. Sabía que tras lo ocurrido le costaría conciliar el sueño y entonces no pudo evitar imaginarse en los brazos de Squall, estaba segura que estando con el podría dormir tranquila.

Sacudió su cabeza intentando eliminar cualquier pensamiento del chico y convenciéndose a si misma de que no le necesitaba. Así que simplemente se acurrucó entre las sabanas e intentó dormir.


Apartamento de Squall, 10:56 h

Squall se despertó sudando. Su respiración era agitada y aquella sensación de desesperación lo invadía de nuevo. Notó que le faltaba el aliento, como si una fuerza invisible oprimiese su pecho hasta tal punto de cortar su respiración. Otra vez esas malditas pesadillas, desde que había regresado no recordaba haber dormido una noche del tirón.

Intentó tranquilizarse, sabía que estaba en su cama, no había peligro, nadie iba hacerle nada, repetía una y otra vez en su mente.

Por fin su respiración recuperó su ritmo habitual y se giró encendiendo la lamparita de la mesilla y comprobando que eran las once de la noche.

Ahora lo recordaba, se había quedado dormido intentando redactar el informe que debía entregarle a Kramer.

Dejando los papeles sobre la mesilla se movió despacio hasta el borde de la cama, con el inconfundible sabor de la sangre en su boca. Pasó sus manos sobre el pelo de manera angustiada y tras un sonoro suspiro, en el cual, llenó sus pulmones de aire para luego expulsarlo, se levantó de la cama en dirección al baño.

Anduvo los pocos metros que separaban la puerta del baño de su cama con paso lento y pesado pero un leve mareo le obligó a recostarse en le marco de la puerta.

El muchacho maldijo para sus adentros y por fin consiguió llegar hasta el lavabo. Observó su aspecto algo demacrado en el espejo, parecía que había estado un fin de semana entero de juerga, pero no era así, un mal sueño era el culpable de su aspecto.

Con cuidado, abrió el grifo y mojó su cara y nuca. Una sensación agradable lo envolvió al notar el agua helada contra su piel. Después cogió la toalla de la derecha y secó su piel. De pronto, en el momento que dejaba la toalla en su sitio, una creciente confusión, lo invadió. Apoyó sus manos sobre la encimera del lavabo e intentó tranquilizarse de nuevo. Respiró hondo pero aquella sensación de mareo no desapareció, nauseas se agolparon en su garganta y de repente una punzada de dolor atravesó su cráneo.

El joven gritó de dolor y se llevó la mano hasta su cabeza en un acto reflejo. Tras aquel intenso dolor, otros se sucedieron.

Squall cayó de rodillas al suelo mientras sujetaba la cabeza entre sus manos, intentando aliviar aquella sensación, que parecía no darle tregua.

Creía que perdería la consciencia, cuando una serie de flashes cruzaron su mente, una tras otro. Primero una habitación, después varios hombres, otra habitación, tubos de ensayo y una sucesión de artilugios extraños recorrían su mente como si del trailer de una película se tratase. El dolor empezaba a ser insoportable y Squall no aguantaría consciente mucho tiempo.

Pero de repente desaparecieron, aquellas punzadas que taladraban su cerebro, se esfumaron, dejando al muchacho hecho polvo. Se levantó con dificultad del suelo, llegando como pudo al lavabo. Allí abrió el grifo de nuevo y bebió agua, intentando no perder la cordura.

Cuando su corazón comenzó a bombear sangre de manera natural, su mirada se desvió hasta el espejo, de pronto, un destello rojizo cruzó sus ojos, haciendo que Squall retrocediese unos pasos hacia atrás, asustado por lo que acababa de ver. Con paso lento avanzó de nuevo hasta la encimera y analizó de nuevo sus ojos, no había rastro alguno de aquel destello que juraría haber visto en su mirada.

Resopló agobiado y dejó caer su cabeza mientras la meneaba de forma negativa, posiblemente su mente le había jugado una mala pasada.

Prestando de nuevo atención a su reflejo, levantó la cabeza despacio, con miedo de ver al otro lado alguien que no fuese el mismo, pero aquello no ocurrió, simplemente observó como restos de lagrimas, que el ni siquiera recordaba haber derramado, empapaban sus pestañas. Aun le dolía la cabeza y no podía quitarse aquellos flashes de la mente.

De nuevo aquel sentimiento oprimiendo su pecho y cortándole la respiración y de nuevo, una lágrima solitaria recorriendo su rostro que con orgullo limpió.

Algo mas tranquilo pero no mas relajado, salió del baño, golpeando el marco de la puerta con frustración. Arrastró los pies hasta la cama y se dejó caer como un muñeco viejo, recostó su espalda sobre las almohadas y respiró hondo, ¿que demonios acababa de pasar? No entendía nada y por primera vez en su vida no encontraba la salida, no sabía que hacer, se sentía solo, como si nadie supiera que el existía. Inquieto, cogió su móvil, solo habían pasado veinte minutos. Aquel sentimiento de vacío consiguió que en su garganta se formase un nudo que solo desaparecería cuando Squall dejase salir aquellas lagrimas que con tanto orgullo retenía.

De manera brusca se levantó de la cama y comenzó a pasearse por la habitación, no lloraría, no debía llorar, porque no encontraba motivo alguno para hacerlo. Aun así, aquel molesto nudo no desaparecía y tampoco aquella ansiedad que revolvía su estomago hasta crearle nauseas. ¿Cuánto más iba a durar aquello?


Habitación de Rinoa, 23:55 h

Rinoa se removió entre sus sabanas de manera inquieta, algo la estaba turbando su sueño y no la dejaba descansar. De pronto se incorporó en la cama y sus ojos fueron a parar directamente hasta su móvil,

El molesto vibrador retumbaba contra la madera de la mesilla y emitía un molesto ruido. Con la mente mas clara, Rinoa se giró y cogió el móvil de mala gana. Abrió la tapa y comprobó quien estaba llamando a las doce de la noche.

- ¿Squall? –preguntó confusa a la vez que sorprendida-.

Tan solo se escuchó silencio.

- Squall, ¿eres tú?, ¿te encuentras bien?, ¿ha pasado algo? –preguntó inquieta ante el silencio-.

- Si, soy yo, lo siento, no debí llamar a estas horas, estarías dormida- ayó Rinoa al otro lado del teléfono-.

La muchacha al escuchar aquella voz grave y serena, tan inconfundible para ella, se levantó de un salto de la cama.

- Squall ¿qué te pasa? –preguntó de nuevo intentando que el nerviosismo no se apoderase de su voz-.

- No es nada de verdad, mañana te veo.

Rinoa escuchó esas últimas palabras antes de oír como colgaba el teléfono, sin darla tiempo a nada mas. La voz del muchacho era entrecortada y Rinoa se había percatado también de la falta de aliento en sus últimas palabras.

Tras dejar su teléfono móvil sobre la mesa, se dejó caer en la cama, las palabras de Squall no dejaban de resonar en su mente. Tras unos minutos se encogió en la cama y se tapó por completo con el edredón. Sin duda, no pegaría ojo.


Apartamento de Squall, 00:50 h

El joven comandante anduvo por casa como un fantasma, con el leve dolor que aun recorría su cabeza. Se acercó hasta un armario que había en el salón y agachándose, abrió una puerta en la parte inferior. Rebuscó entre una serie de cajas de médicamente y por fin dio con las pastillas que Kadowaki le había recetado. Necesitaba tomar algo para ese maldito dolor, sino no pegaría ojo en toda la noche.

Con una de esas pastillas en su mano, cruzó el salón hasta llegar a la cocina, donde cogió un vaso y llenándolo de agua, tragó aquel remedio para el dolor. Después se recostó en la encimera y los remordimiento de haber llamado a Rinoa aparecieron. No debía haber hecho algo así y menos para no decirle nada en absoluto, tan solo había conseguido preocupar a la muchacha.

Cuando se disponía a volver a su habitación, el timbre lo hizo detenerse a mitad de camino, extrañado por las horas que eran, esperó, pero volvió a sonar. Con paso decidido se acercó hasta el telefonillo de la puerta y contestó.

- ¿Si?

- Squall soy yo –habló una voz femenina de manera agitada-.

El muchacho sorprendido abrió sin vacilar y tras colgar el telefonillo cogió las llaves del un mueblecito cercano y abrió la puerta de casa.

La mujer que apareció ante el, intentaba recuperar el aliento como podía, mientras apoyaba las manos sobre sus rodillas algo flexionadas.

- ¿Rinoa? –preguntó mas que sorprendido-.

La joven se coló dentro sin tan siquiera esperar a que aquel hombre le diese permiso.

- ¿Se pude saber que te pasa? –preguntó ahora mas calmada pero enfadada-.

- Te he dicho que no te preocupases –dijo sin mayor interés mientras cerraba de nuevo la puerta-.

- Estabas llorando –afirmó acercándose a el-.

- No estaba llorando –contestó de manera orgullosa-.

- Si, que lo hacías –rebatió con sus brazos en jarras-.

- Te digo que no –volvió a contestar tranquilo-.

Squall caminó por el pasillo hasta su habitación y se sentó con desgana en el borde de la cama.

Rinoa lo miró caminar y colocando sus manos en las caderas resopló malhumorada.

- Nadie llama en mitad de la noche si no le pasa nada –recalcó siguiendo los pasos del joven y sentándose junto él-.

- Pues lo siento ¿vale?, no debí llamarte –dijo de manera ruda mirando hacia otro lado-.

Y de nuevo aquel nudo en la garganta.

Rinoa lo miró con furia y antes de decir ninguna barbaridad se mordió su labio inferior y se contuvo.

- ¡Paso! ¿vale?, ya esta, ¡he salido en mitad de la noche, y he venido desde el jardín hasta aquí, creyendo que te había pasado algo… algo malo… y ¿nada?, no tienes nada que decir.

Silencio.

Rinoa se levantó mas que furiosa mientras escupía todas aquellas palabras sobre el muchacho, que en ningún momento se dignó a mirarla a la cara. Tras unos segundos, Rinoa no encontró respuesta por parte de el, tan solo observó como movía una de sus piernas de manera nerviosa.

- Me voy y no vuelvas a pedirme nada ¿me oyes? ¡nada! –dijo girándose para marcharse de allí-.

Pero antes de que pudiese dar un solo paso, notó como una fuerte mano la arrastraba obligándola a sentarse. En pocos segundos se encontraba enredada entre los brazos de Squall, que se aferraban a su cintura con fuerza, mientras la cara del joven se refugiaba en su hombro.

- Lo siento… lo siento, lo siento, los siento… -repitió el muchacho mientras Rinoa notaba como sus lagrimas humedecían su cuello-.

El cuerpo de Rinoa parecía el de una estatua, rígido sin poder mover un solo músculo. Hace tan solo unos segundos estaba gritándole furiosa y ahora se encontraba acorralada por el muchacho. Tras aquellos segundos de confusión, reaccionó y su cuerpo se movió de manera casi inconsciente. Se sentó encima del chico y sus brazos rodearon el cuerpo de Squall.

Rinoa sintió como el chico estrechaba aun mas ese abrazo, apretándola con fuerza y ella simplemente no pudo decir nada, no quiso decir nada, solo dejó que el se desahogase.


La mañana se abría paso poco apoco en aquel apartamento y los rayos de sol comenzaban a filtrase a través de los estores que cubrían los ventanales.

Otro día soleado en Balamb.

Rinoa abrió los ojos despacio, sus párpados le pesaban por la falta de sueño y su cuerpo pedía a gritos alargar aquel descanso. Cuando su mente estuvo mas claro fue consciente de donde estaba, al parecer se habían quedado dormidos en la cama.

Sin moverse, sus ojos hicieron un rápido recorrido hasta donde alcanzaban, que no era mucho, tan solo podía ver el cuerpo de Squall.

El se encontraba boca arriba con uno de sus brazos flexionados bajo la almohada y el otro reposaba con delicadeza sobre la cabeza de Rinoa. Se percató entonces de que el chico ya no llevaba la camiseta de la noche anterior puesta pero, ¿en que momento se había desecho de ella?

Un nerviosismo que aumentaba por momentos, recorrió el cuerpo de la joven, pero luego se dio cuenta de lo cómoda que estaba. La respiración pausada del chico conseguía tranquilizarla y por supuesto había olvidado lo cómodo que resultaba dormir enredada entre los brazos de aquel muchacho. Hacia muchas noche que no dormía tan profundamente.

Cerró de nuevo los ojos, no sabía porque pero no quería que aquel momento se terminase, sabía que no debía sentir algo así, pero ahora nadie iba a darse cuenta.

Minutos mas tarde, sintió como Squall se removía un poco y un suspiro de placer salió de su garganta al estirarse por completo. Rinoa se incorporó entonces y le dejó espacio.

- Al final nos quedamos dormidos –dijo de manera timida dando unos golpecitos en el hombro del muchacho-.

- Eso parece –contestó clavando sus ojos azules en los de ella-.

Un silencio un tanto extraño se apoderó de la pareja, hasta que Squall se incorporó sobre uno de sus brazos.

- Viniste en mitad de la noche solo porque creíste que estaba llorando –dijo mientras colocaba un mechón de la joven tras su oreja-.

- Me preocupé… ¿te pasó algo? ¿no? –preguntó colocándose de rodillas para tener una mejor visión de su acompañante-.

Squall se quedó callado durante unos segundos y después se levantó de la cama ágilmente.

- ¿Por qué no desayunamos algo antes? –dijo cambiando de tema-.

Pero antes de que abandonase la habitación le chico empezó a pasearse por ella recogiendo alguna cosas.

Rinoa comenzó a observar sus pasos en silencio. Su mirada se clavó inevitablemente en la espalda desnuda del castaño, cada músculo en su sitio, marcándose a la perfección y con esa anchura perfecta que se estrechaba en una simetría impecable hasta llegar a la cintura, en la cual no había ni un solo gramo de grasa.

Al momento un calor insoportable se apoderó de Rinoa y agitando la cabeza de forma negativa intentó quitarse aquellos pensamientos de su mente, ¿desde cuando se había convertido en una pervertida empedernida? Tras aquellos segundos de rubor, vio como el chico desaparecía por la puerta de la habitación diciéndole algo a lo que no pudo poner atención.

- ¿Zumo o café? –oyó hablar al joven-.

Rinoa reaccionó ante la voz y calzándose salió corriendo en dirección a la cocina.

- Eh… zumo, gracias –contestó sin pensar mucho en lo que realmente quería-.

Cundo llegó hasta donde se encontraba Squall observó que el chico volvía a tener su camiseta puesta, algo que agradecía porque tal y como se había levantado hubiese sido un suplicio desayunar con el torso de aquel muchacho al desnudo.

- ¿Sabes? Hace tiempo que no dormía tan bien –dijo el chico levantándose para dejar su baso sobre la encimera-.

Rinoa se sorprendió al oír aquellas palabras y levantándose de su asiento se colocó tras el chico.

- La verdad, que yo también he dormido bien –dijo con algo de timidez-.

- Me alegro –dijo girándose y sonriendo de aquella manera que solo el sabía hacer-.

Rinoa miró aquella sonrisa y se quedó sin habla. Su corazón se aceleraba por momentos. Hasta ahora no había reparado en lo que realmente había pasado. Había pasado la noche con Squall, abrazada a el y le sorprendía que todo hubiese sido de manera tan natural. Tal vez por eso había estado tan tranquila porque las cosas no se habían forzado en absoluto.

Rápidamente recobró la compostura y se pegó algo mas al cuerpo de Squall.

- ¿Me vas a contar lo que pasó anoche? –preguntó levantando la vista hasta el chico y apoyando sus manos en el pecho de este-.

- Y tú ¿me vas a decir lo que te ocurrió? –rebatió cogiéndola por la cintura y arrastrándola hasta acorralarla contra la columna de la cocina-.

- Yo he preguntado antes –dijo con un tono de voz algo juguetón-.

- Te equivocas, yo te lo pregunté a la tarde –dijo el esta vez apretando algo mas su cintura-.

La chica abrió sus ojos sorprendida al notar aquellas manos ciñéndola al máximo y se quedó muda. Squall encorvó su espalda hasta quedar a la altura de la mujer y cambio sus manos de sitio para colocarlas contra la pared, una a cada lado de la cabeza de ella.

- Sé que algo te pasó ¿me los vas a contar? –susurró en su oído-.

¿A que venía ese coqueteo al que Rinoa era incapaz de resistirse? Estaba claro que el chico comenzaba a notar lo que Rinoa despertaba en el y a ésta, por su parte, no le molestaba en absoluto ese tonteo, era como si ambos estuviesen enamorándose de nuevo, poco a poco.

- Como quieras, date prisa si no quieres llegar tarde al jardín –dijo de pronto apartándose de ella-.

- ¡Espera! –dijo agarrando la mano del chico para que no se marchase-.

Squall paró en seco y sintió como la mano de ella se entrelazaba con fuerza en la suya propia.

- Me quedé sin poder –dijo por fin agachando la cabeza-.

- ¿Cómo? –preguntó sorprendido acercándose de nuevo-.

Squall esperó paciente a que contestase porque no sabía si había entendido bien pero su mirada seguía pegada al suelo. El chico, impaciente cogió la cara de ella entre sus manos y la obligó a mirarlo.

- Rinoa…

- Mi poder… desapareció frente a esa criatura –repitió dolida-.

- Pero… como es posible

- No lo sé ¿vale? –dijo exasperada apartándose bruscamente del chico-.

- Oye, no pasa nada ¿vale? –intentó calmarla cogiéndola por los hombros-.

- ¡Si, si que pasa! –dijo enfadada-. Sin mi poder, que me queda ¿eh?, volveré a ser débil, sin el no soy nada –explicó al borde del llanto-.

- Eso no es verdad y lo sabes y tu poder no desaparecerá –dijo atrayéndola hacia si y rodeándola con sus brazos-.

- ¿Cómo lo sabes? –preguntó dejándose reconfortar-.

- Porque lo sé –se limitó a decir-.

Con aquellas simples palabras había conseguido calmar los nervios de la chica. Y Rinoa seguía preguntándose como podía ser tan agradable estar rodeada por aquellos brazos.


Fiiiiiiiiiiiin.

Aaaaiiisss ¿Quién pudiera estar entre los brazos de este hombre? Jejeje.

Bueno pues he tenido que cortar el capi aquí que sino quedaba extralargo y no quiero que muráis leyendo.

El siguiente capi pues no se, algo ya tengo de el, pero nunca se sabe, espero k sigais por aquí.

Hasta la próxima ^^


Ilustraciones: riny-san(.)deviantart(.)com