NOTA: Debí subir este capi junto con el anterior de Los cazadores pero no tuve el tiempo y quería arrogarle unos detalles. Siento mucho la demora, perdonenmeeeee!. Por otro lado, ¡AHORA SÍ, CHICAS (OS)! : TARATATAAAANNNN… ¡ADVERTENCIA DE LEMON PARA ESTE CAPÍTULO! XD, uy mi madre, este es el primer lemon que hago entre dos chicos así que espero que esté a la altura, déjenme saber sus opiniones porfis. Y antes de que lean también advierto de una pequeña escenita con Ikki, que ya explicaré más adelante, no lo hago ahorita porque sería Spoiler. Ahora, se me cuidan y para que me perdonen por la tardanza con este lemon, subiré el siguiente capi de los cazadores XD.
NOCHE Nº 10. DE REGRESO
Cuatro horas después Shun despertó sobresaltado. De pronto sintió esa ansiedad, los nervios recorriéndole el cuerpo que sólo podía indicarle una cosa: estaba llegando Japón, cada vez estaba más cerca de Hyoga.
Se levantó de la cama y se dirigió hasta el pequeño baño donde se lavó la cara y se examinó las heridas, estas comenzaban a sangrar un poco de nuevo, pero esta vez usaría la cura definitiva. Sonrió al sentir el descenso del avión, con sus sentidos vampíricos era capaz percibir cualquier cambio en el ambiente antes que cualquier humano. Kirei despertó cuando el tren de aterrizaje chocó contra la pista un par de veces antes de dejar que la nave rodara libremente por el asfalto.
-Dios mío, voy a tener problemas- exclamó Kirei.
La pelinegra se levantó y salió corriendo al baño expulsando a Shun de éste para acomodarse la ropa y el cabello y lavarse la cara. Mientras, él se puso una camiseta negra que sacó del pequeño bolso de viaje, acomodó la laptop, el USB y la muestra de sangre y mirando por la ventana advirtió que el avión se detenía. Cada vez faltaba menos tiempo y la ansiedad comenzaba a hacer mella en él. En Tokio ya estaba anocheciendo.
Kirei lo distrajo saliendo del baño con una marcada expresión de preocupación en un lindo rostro. Leyó su mente claramente y asintió.
-No te preocupes, hablaré con la gente de la Fundación.
Un par de minutos después ambos salieron de la habitación y los pensamientos groseros del resto de la tripulación molestaron a Shun. Cuando bajaron a la pista, el peliverde olió la humedad en el aire, signo de que llovería pronto. Kirei vio el auto de Shun esperando, un Aston Martin V12, color negro plomo, uno de los autos más rápidos del mundo. La tripulación se dirigió hacia la salida de la pista y Shun metió las cosas en el asiento trasero y se volteó hacia Kirei.
-¿A dónde vas ahora?
-A la Fundación, yo también tengo un reporte que hacer.
-Muy bien- dijo Shun, abriendo la puerta del copiloto- yo pensaba ir mas tarde, pero te llevo, así no tengo que ir después.
-No, no te preocupes, quieres ir a ver a tu compañero ¿no? Tranquilo, yo tomaré un taxi.
-No estaba preguntando, Kirei- dijo Shun, encendiendo el auto.
Kirei bufó y caminó hasta el otro lado, mientras refunfuñaba en voz baja, aunque Shun podía escucharla perfectamente
-Ustedes…vampiros, todos son iguales, debes ser de familia- dijo la pelinegra, dando un portazo y cruzándose de brazos.
-¿Por qué dices eso?- preguntó Shun, mientras salía de la pista directo hacia la Fundación.
-Porque tienen complejo de macho alfa. Son todos unos mandones.
Shun se echó a reír ante el comentario.
-Déjame adivinar con quien más has viajado. ¿Será tal vez un tipo alto, muy fuerte, de ojos azules y muy mala actitud?
-Ese mismo, ese Ikki, cómo le gusta dar órdenes, por Dios- dijo ella, aún refunfuñando- Lo conoces, supongo.
-¡Es mi hermano!- dijo Shun, riendo.
-¡Tu hermano!... ¿de sangre?
-Técnicamente sí, de sangre- dijo Shun, disfrutando de su broma privada.
-Pues no se parecen en nada. Bueno, en lo mandones sí se parecen. Y en el gusto por la velocidad también, por lo que veo- dijo Kirei, mirando el tablero de velocidad, marcaba 120km por hora.-llegaremos en dos minutos a este paso.
-No estás asustada.
-No, me gusta la velocidad. Por cierto, hablando de órdenes, ¿Por qué me dijiste que te pidiera detenerte? Creo que tú podías solo ¿No?
-Técnicamente los humanos tienen un método de defensa contra el vampiro, que es ése, la orden. Cuando un humano ordena algo, funciona como una especie de hechizo que repele al vampiro. No es que sea muy exitoso, ningún humano sabe cómo negarse a nosotros, nuestra belleza es un problema para ustedes, los atrae demasiado.
-mmm… entiendo- dijo ella.
Efectivamente dos minutos después, Shun estaba entrando al estacionamiento del enorme edificio. Cada vez estaba más ansioso, pero debía ocultarlo muy bien si quería evitar tener problemas con el vampiro al que acababa de enviarle un mensaje telepáticamente. Además aún tenía algo que hacer con la Fundación y no quería que por absolutamente ningún motivo lo interrumpieran cuando saliera volando de ahí directo a los brazos del rubio.
-Bueno, supongo que…-musitó Kirei, con intención de despedirse.
-No te bajes todavía- dijo Shun, mirando hacia las escaleras.
-Es que ya debo irme… ¿No?
-No. Quédate.
Kirei volvió a cruzar los brazos mostrando su molestia.
-Sí, señor- respondió con sarcasmo.
Shun sonrió
-Por cierto, realmente disfrute el viaje contigo. Sobre todo en la habitación. Eres muy buena, más siendo virgen.
Shun no dijo nada más. Kirei sintió como se le subía la sangre al rostro. El peliverde percibió el olor de la sangre de la pelinegra, pero desvió su atención al sentir al otro bajar por las escaleras por lo que se bajó del auto y se recostó en la puerta mientras cruzaba los brazos.
-Mas te vale que tengas una muy buena razón para pedirme que baje cuando tan cariñosamente me enviaste al…
Ikki se detuvo a mitad de las escaleras. Peleaba con Shun, aún cuando no lo había visto porque sabía que podía escucharlo, pero el olor de su sangre lo golpeó como si se hubiera estrellado contra un muro de concreto.
Ese olor tan delicioso, sintió el ardor en la garganta. Ikki siempre podía percibir el aroma de Shun, pero sentirlo tan rápidamente sólo podía indicarle que su hermano estaba herido. En menos de dos segundos recorrió los veinte metros que lo separaban del peliverde. Cuando lo tuvo en frente el olor lo golpeó más fuerte, se le hizo agua la boca y sintió el ardor en la garganta como si lo estuviesen quemando. Shun permanecía de brazos cruzados, sintiéndose mal por hacer sentir a Ikki de aquella manera.
-Me dijiste que te buscara cada vez que regresara de un viaje ¿no? Aquí estoy- dijo Shun suavemente.
-Sí, pero no estás bien, ¿Qué diablos te pasó?
-Todo el viaje fue un desastre, Ikki, se suponía que sólo era un vampiro y terminé matando a dos de clase 4.
-Pero esos vampiros no son rivales para ti…
-Tenía un ejército de Ghouls.
-¿Un ejército, dices?
-Sí, la maldita vieja venia con un montón de ellos, no me di cuenta hasta que me rodearon. Aunque sólo era de clase 4 era muy fuerte, pudo ser uno de los generales. Ella me causó esto.
Shun se levantó la camiseta hasta la boca del estómago y le mostró las vendas. Ikki puso su mano sobre las heridas y su palma se llenó de la sangre del peliverde.
-Está todo detallado en el informe.- dijo Shun, bajándose la camisa-El último vampiro era una erética. La fundación debería confirmar qué tan buenas son las fuentes de información y necesito saber quien autorizó que me pasaran un caso a última hora y sin ninguna clase de preparación. ¿Fuiste tú?
-No. Fue el consejo de nuevo, pasaron por encima de mí, el maldito ancianato ese, armé un lío que todavía les deben doler los oídos, pero ya sabes por qué lo hacen, no soportan no poder controlarte.
-A ti tampoco te controlan- dijo Shun.
-Ni a Hyoga ni a Esme. Eso los mata- dijo Ikki. Una media sonrisa llena de malicia apareció en el rostro perfecto del moreno haciéndolo ver tan hermoso como peligroso.
-Esto que hicieron sólo empeora las cosas. Necesito que te lleves el informe- dijo Shun, abriendo la puerta del auto y sacando la muestra de sangre y el USB-Aquí hay una muestra de sangre de la vieja, que se la cenen, no me interesa qué harán con eso. Y necesito pedirte un favor.
-Dime.
-Enviaron a una chica al avión, para que me ayudara por si necesitaba algo. Una azafata. El caso es que la secuestré en mi habitación durante todo el viaje, usé su sangre.
-¿La mataste?- preguntó Ikki con total naturalidad.
Kirei lo escuchó y se sintió ofendida. Ikki percibió el humor ajeno y se inclinó para encontrarse con la chica que lo miraba con cara de poco amigos desde la ventanilla del auto.
-Ah, eres tú, la chica que no le gusta recibir órdenes- dijo Ikki, sonriendo sensualmente. Le guiño un ojo y volvió a enfocarse en Shun-Está viva, ¿Qué hago con ella?
Shun trató de no reírse porque sabía que Kirei estaba molesta y comenzaban a dolerle las heridas.
-El resto de la tripulación va a denunciar su "mala conducta", leí sus mentes. No quiero que la despidan.
-Entiendo, hablaré, no te preocupes.
Shun asintió y una punzada de dolor cruzó su pecho provocándole una pequeña mueca que no pasó desapercibida para el moreno. Éste, siempre fiel a su actitud de "hago lo que me da la gana y me importa una mierda lo que pienses" se mordió la lengua provocando que su boca se llenara de sangre, se acercó hasta el peliverde, tomó su rostro entre sus manos y lo besó para pasarle parte de su sangre. Shun tembló ligeramente con el contacto, bebió de los labios de su hermano y el dolor cesó inmediatamente. Luego Ikki se apartó un poco de él.
-Vete de una vez- dijo Ikki acariciando las mejillas de Shun - no quiero ver esas heridas mañana. Cénatelo, ¿Está bien?
Shun asintió, sonriendo dulcemente.
-Dale mi amor a Esme-chan.
Ikki asintió sonriendo, liberó al peliverde y se inclinó de nuevo.
-Baja del auto, Kirei, vendrás conmigo y no estoy preguntándolo- dijo Ikki, leyendo sus pensamientos.
Luego se levantó de nuevo, sonrió y le guiñó un ojo al peliverde, el cual se acercó hasta la puerta del copiloto y dejó salir a la chica, quien le dedicó una mirada de basilisco. Entonces Shun tomó su mano y la besó a forma de despedida, haciéndola sonrojar. Lugo, se reunió con Ikki a quien ni miró, mientras Shun se montaba en el auto.
Una vez que los dos se perdieron de vista el peliverde pisó el acelerador a fondo pasando de 0 a 100kmpor hora en menos de cuatro segundos y tardó otros cuatro más en ir a 160km por hora. Sólo tenía un destino en mente y estaba a menos de cinco minutos de llegar ahí.
Mientras tanto en el departamento, Hyoga estaba sentado en la cama, con los codos apoyados en los muslos y mirando hacia la puerta. Su corazón latía salvajemente, su cuerpo le gritaba que su compañero estaba cada vez más cerca y la ansiedad lo estaba carcomiendo por dentro, la necesidad de tocarlo, de verlo de nuevo lo estaba enloqueciendo.
Shun estacionó el auto en el estacionamiento y voló como un rayo por las escaleras, mientras Hyoga sentía el retumbar de los latidos de su corazón perforándole los oídos hasta que casi se detuvo por completo cuando percibió el olor de la sangre.
Dos segundos después Shun estaba frente a él, jadeando, abrumado por la potente emoción del rubio. El olor lo golpeó tan fuerte que no pudo ni moverse de su sitio, pero antes de que el peliverde caminara hacia él Hyoga salió de su estupor y arrinconó a Shun contra la peinadora que estaba detrás de éste. Se acercó hasta su cuello y siguió el rastro de sangre inclinándose hasta su cintura, donde levantó la camisa y vio parte de las vendas. A partir de este momento ambos perderían cualquier capacidad para razonar y se volverían criaturas completamente guiadas por el instinto y el deseo.
Hyoga se levantó, le quitó el abrigo y la camisa y descubrió el fuerte pecho vendado del peliverde. Ver las cuatro líneas rojas cruzando de un extremo a otro mató la pasión que emanaba del rubio y fue sustituida por el miedo y la ira. Rozó suavemente las vendas, casi no podía tocarlas. Shun llamó su atención tomando su rostro entre sus manos.
-No estoy ni cerca de morir, lo sabes, sólo es una herida- dijo.
Hyoga hundió el rostro en la palma derecha para intensificar la caricia. Luego cortó la distancia entre ellos, él peliverde puso las manos en el duro pecho del ruso y le quitó la camisa.
Luego Hyoga hundió el rostro en su cuello, aspiró su aroma, pero el olor a sangre lo estaba volviendo loco, encendiendo cada célula de su cuerpo que clamaba por Shun.
Le quitó las vendas con facilidad librando el pecho del amarre y dejando las finas cortadas al aire. Miró a Shun y se acercó hasta sus labios. Los rozó suavemente, mientras el peliverde cerraba los ojos. Luego, Hyoga se mordió la lengua y la pasó por los labios de Shun excitándolo con el roce y el olor de la sangre del rubio. Se lamió los labios buscando la dichosa sangre, pero no tuvo tiempo de reaccionar cuando Hyoga lo besó profundamente, abrazándolo con fuerza, mientras Shun rodeaba su cuello con los brazos para acrecentar la cercanía entre ambos.
Sus lenguas se encontraron y ambos gimieron de placer, pudiendo tocarse por fin aunque cada roce les parecía insuficiente. Hyoga bajó las manos y recorrió la espalda del peliverde con la punta de los dedos haciéndolo gemir y temblar por el contacto.
-Te extrañé tanto…- dijo Hyoga entre jadeos.
Luego entre besos apasionados ambos cayeron al piso. El peliverde atrapó las muñecas de Hyoga en el suelo inmovilizándolo por completo, aun con lo débil que estaba su fuerza era brutal y eso excitaba mucho más al rubio. Atacó el cuello de Hyoga para beber de su sangre y provocándole un gemido tanto de dolor como de placer que llegó hasta los oídos de Shun y le provocaron un brusco desborde de excitación. Los ojos de ambos se encendieron y brillaron con un fulgor dorado, mientras las heridas de Shun se cerraban por completo, dejando sólo cuatro finas líneas rojas que más tarde desaparecerían.
El hambre que sentía por su sangre rivalizaba sólo por la que le provocaba el resto fuerte y absolutamente perfecto del rubio, por lo que, dejando libre su garganta, bajó y comenzó a besar y morder el pecho de Hyoga, recorriendo su piel bronceada, sus músculos duros como la piedra y claramente marcados. Llegó hasta los abdominales los cuales lamió suavemente hasta llegar hasta la línea del pantalón. Hyoga jadeaba fuertemente, temblaba totalmente controlado por la excitación.
El peliverde buscó desabrochar el pantalón, pero Hyoga usó su fuerza para voltearse quedando sobre Shun, se acomodó entre sus piernas y lo besó profundamente saboreando su propia sangre mientras jugaban con sus lenguas. Luego, Shun desabrochó el pantalón y metió la mano hasta alcanzar el miembro endurecido del rubio. Obedeciendo por completo a su cuerpo y sus instintos animales, comenzó a masturbarlo suavemente provocando un fuerte temblor en el cuerpo de Hyoga quien jadeó ronca y fuertemente, invadido por la enorme excitación, encendiendo al máximo cada fibra del peliverde cuyos ojos brillaron con más intensidad, de ser posible.
Cada célula de su cuerpo sudaba deseo y hambre, anhelaba cada centímetro de la piel dorada del ruso. Shun podía sentir los espasmos en los músculos del cuerpo del rubio, ambos jadeaban, buscaban sus bocas, su sangre y él aumentaba la velocidad con la que acariciaba el miembro de Hyoga. Éste estaba completamente fuera de sí, al punto que tuvo que agarrar la muñeca del peliverde con mucha fuerza para detenerlo y soltar el amarre que tenia. Shun no tenia ánimos de obedecer, un gutural y, si se quiere amenazante, gruñido salió de su garganta. Sin embargo, Hyoga no se dejó intimidar y respondió con la misma amenaza, exaltando los ya encendidos ánimos de ambos.
Shun volvió a besarlo, logrando así que Hyoga se concentrara en esos deliciosos labios que lo devoraban y soltando sus manos, movimiento que el peliverde aprovechó para, en la posición en la que estaba, utilizar primero las manos y luego las piernas para bajar completamente el pantalón de Hyoga. Éste lo ayudó moviendo un poco las caderas y pronto quedaron al descubierto los encantos del vampiro ruso: las duras, musculosas, largas y perfectas piernas junto con el miembro completamente erecto.
Hyoga terminó por deshacerse del la pieza de ropa, besó profundamente a Shun y lo tomó de la cintura para que éste se aferrara a la suya y haciendo gala de su descomunal fuerza utilizó el brazo libre para ponerlo sobre el piso y levantar ambos cuerpos y llegar finalmente a la cama.
El pantalón de Shun estorbaba horriblemente a Hyoga por lo que lo desabrochó y se lo quitó y fue él esta vez quien admiró las perfectas piernas blancas del peliverde, tan musculosas y firmes como las de él y su miembro en igual estado. Volvió a hundir el rostro en el cuello para aspirar el aroma que lo enloquecía y que extrañó cada segundo que Shun estuvo lejos.
-¡Maldición, te extrañé tanto…!-repitió Hyoga.
Luego se besaron lenta y suavemente. Sus movimientos, caricias intensas, derrame de excitación y locura se había calmado, pero sólo por breves momentos.
Sólo estaban en el ojo del huracán.
Shun rodeó de nuevo la cintura del rubio con sus piernas y con los brazos, mientras seguían besándose. Hyoga regresó al cuello del peliverde y le susurró al oído.
-Te amo.
Sus ojos volvieron a encenderse, no sólo de deseo sino del más profundo amor y devoción por el otro.
-Te amo- repitió Shun.
El peliverde cerró los ojos y sintió la ola de calor invadir su cuerpo cuando el rubio se introdujo en él lenta y suavemente. Hyoga pudo sentir como temblaba de excitación, la lentitud de sus movimientos los enloquecía a ambos.
Sintió como las fuerzas en las piernas lo abandonaban por lo poderoso de su acto. Siempre había sido así, desde que le perteneciera a Shun, aquel era el único momento en que sentía que perdía su enorme fuerza, ante el abrumador hecho de estar tan conectado con él, de ser tan suyo y de saber que el peliverde le pertenecía de la misma manera.
Así siguió besándolo, mientras se movía lentamente dentro de él, en contraste con la tremenda necesidad que sentía aumentar la velocidad y entregarse a la descarga de placer que le brindaba el perfecto y adorado cuerpo de Shun. Éste abrió los ojos mirando directamente a Hyoga sobre él. El contacto de las miradas encendidas de los vampiros, elevó los niveles de excitación al tope, al punto de que ambos comenzaron a gemir al mismo tiempo, con la misma intensidad.
-Ya…no puedo…más-dijo Hyoga.
Empezó a moverse más rápidamente mientras Shun lo atraía más hacia sí y gemía más cerca del oído de Hyoga, lo que lo excitaba aun más haciendo que embistiera con más fuerza y rapidez. De pronto, los muebles en la habitación comenzaron a moverse cuando una corriente de aire caliente, producto de los poderes de los vampiros que se estaban desatando, dejándose llevar por la pasión del momento.
Ambos mordieron sus lenguas para llevar de sangre sus bocas y unirse en un beso, mientras Hyoga sentía a Shun estremecerse entre sus brazos. Luego rompió el beso y volvió al cuello de Shun el cual mordió suavemente, succionado la sangre y duplicando la excitación. El peliverde sentía su sangre arder como la lava, todo su cuerpo perfectamente sincronizado con el de Hyoga se entregaba ciegamente a la fuerza y el poderío del rubio.
-Te amo…-dijo Hyoga.
Como agregando leña al fuego Hyoga repitió aquel mantra mientras entraba y salía del cuerpo del peliverde,
-Te amo….-repitió Shun.
Fueron aumentando el ritmo de las embestidas, jadeando hasta que ambos llegaron al punto de no retorno, mas animales que nunca, momento en que sus cuerpos no pudieron unirse más, en que la piel misma les estorbaba.
Shun volvió a hacer contacto visual y ambos pudieron sentir la sobredosis de éxtasis cuando la conexión psíquica se abrió al máximo permitiéndoles sentir ambos orgasmos al mismo tiempo.
La descarga de energía fue brutal, las fuerzas los abandonaron a ambos. Hyoga cayó pesadamente sobre Shun mientras éste lo abrazaba y trataban de controlar su acelerada respiración. Hyoga sintió los espasmos musculares en todo el cuerpo producto del extremo esfuerzo físico que acababa de hacer.
Si bien dicen algunas culturas, el sexo entre vampiros es de los más intensos, pero también es increíblemente agotador.
Luego, Hyoga tomó el rostro de Shun entre sus manos y apartó los mechones rebeldes que estaban pegados a su frente. Vio que las heridas de Shun desaparecieron completamente, de nuevo su pecho era perfecto, sin ninguna cicatriz que mermara la belleza del príncipe.
El rubio salió con cuidado del cuerpo de Shun y bajó hasta su pecho para besar delicadamente donde antes estaba abierta la piel.
El peliverde sonrió con ternura y acarició las mejillas de su compañero.
-¿Ves?, Te dije que no estaba ni cerca de morir- dijo Shun.
Hyoga sonrió, pero su mirada era seria. Tocó la frente de Shun con la suya.
-Si vuelvo a verte así te remataré yo mismo-dijo el rubio.
Shun sonrió. Sabía que eso no era lo Hyoga realmente quería decir. Era algo así como "No quiero volver a verte así, por favor, me asustaste muchísimo" pero el rubio era demasiado rudo para eso. Tampoco podía esconderlo, sus sentimientos expresaban lo que sus labios no hacían y estos llegaban hasta Shun dóciles y suaves sin nada que pudiese detenerlos.
Hyoga, sin decir más cerró los ojos y se recostó en el pecho del peliverde.
-Lo sé, lo siento mucho- respondió Shun, abrazándolo.
Ambos cerraron los ojos y sus cuerpos los sumieron en un profundo sueño para recuperar las fuerzas perdidas.
