Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia obedece a un artículo que leí hace poco en una revista. La trama se me hizo muy tierna, y aquí me tienen, haciendo esta adaptación.
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¡Chicas! Me siento mal por haberles puesto esa nota, pero es que miren, tengo tantas personas en Alert y otras tantas en Favoritos, y sin embargo apenas si me llegaron unos cuantos reviews. Así que les insto a que escriban reviews. No lo digo sólo por mi historia, sino en general. A los autores nos encanta recibir sus lindos comentarios, o aunque sea críticas constructivas. ¿O no?
En fin. Este es un capítulo diferente. Cuando lo lean, entenderán por qué lo digo. Tenía muchas ganas de subirlo, y espero que les impacte tanto como a mí.
Un especial saludo a Kahia-chan. Gracias por tu incondicional apoyo. Créeme que tú fuiste la que me decidió completamente a subir pronto. Y también a –Steph-Midnight-. Eres la mejor.
Y de paso, como no sé si voy a actualizar pronto, le envío un súper abrazo a mi querida amiga Mony, que cumple su mayoría de edad el viernes. ¡Cariño! Muchísimas felicidades, linda.
Ahora, por sus lindos reviews en el capítulo pasado, les agradezco a:
-Steph-Midnight-
Disastro
Victoria Everglott
Fran Ktrin Black
christti
3llis Cullen Black
Kahia-chan
LadySophieBlack
alicia
loizaa
Lilly Starlight
mrz jonaz-pattinso0n
fany de cullen
camii granger
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Alice POV
Era la chica más feliz de la tierra, antes o después. No podía creer que fuera posible tener tanta alegría en apenas un par de días. Estando en la sala, bailando entre los brazos de Jasper, sabía que todo era perfecto. En cuestión de días me casaría con el hombre más maravilloso que jamás conociera, tenía una preciosa hija que dormía plácidamente en su habitación, y contaba con la amistad de los mejores amigos que se pudiera desear: Bella y Edward, mis casi hermanos. Sí, sin duda había pocas personas, o ninguna, que estuvieran más dichosas que yo en ese instante.
Perdimos completamente la noción de tiempo, y en lo que nos pareció apenas un pequeño momento, en realidad habían transcurrido algunas horas; ya pasaba de la medianoche. Viéndolo de manera infantil, mi ensueño de Cenicienta había terminado, o tal vez no. Yo seguía aún entre los brazos de mi príncipe azul, no como la pobre chica, que había tenido que huir al darse las doce campanadas. Jasper y yo nos quedamos en medio de la sala, inmóviles y abrazados mientras la música continuaba tocándose en el reproductor. Enterré mi cara en su pecho, aspirando su aroma y escuchando claramente como los latidos de su corazón se sincronizaban con los míos, y él escondió su rostro entre mi corto cabello y mi cuello, provocándome con su tibio aliento un delicioso cosquilleo que me erizaba la piel. Por mi columna vertebral pasaron infinitas descargas.
-Alice -susurró-, creo que es hora de retirarme. Ya es muy tarde -solté un pequeño gruñido y lo abracé con más fuerza.
-No quiero que te vayas.
-No quiero irme, pequeña -supe que estaba sonriendo, lo sentí.
-Pues no lo hagas -levanté mi rostro y lo miré fijamente a los ojos, con una mirada en la que le decía con todas mis fuerzas que lo necesitaba-. Quédate conmigo.
-Alice... Yo... -vi claramente la duda en sus ojos. La duda y la indecisión. Claro que sabía en qué estaba pensando: él creía que yo me refería a que él y yo estuviéramos juntos esa noche. Supe que quería decirme que sí, que sí quería quedarse, pero era lo suficientemente caballero para aceptar. Jasper quería guardar ese momento especial, lo sabía, y yo también. A lo que me refería al invitarlo a quedarse conmigo era solamente que se quedara a dormir conmigo, él y yo, acostados en mi cama, abrazados y nada más. Anhelaba despertarme y ver su rostro junto al mío. Sólo eso.
-Tranquilo Jasper -le acaricié tiernamente el rostro, trazando con la yema de mi dedo sus rasgos desde la sien hasta la barbilla-. Sólo vamos a dormir.
Su rostro se tornó enseguida aliviado. Lo besé en la mejilla y le pedí que me bajara. Me colocó con suavidad en el piso y tomó mi mano en la suya. Apagamos el equipo de sonido y las luces de la sala y el comedor. Luego me acompañó al cuarto de Lizzie para asegurarme de que estuviera bien. Mi bebé dormía tranquilamente. Con una de sus manitas sujetaba su peluche de ovejita, un regalo que le había hecho Bella, y una media sonrisa adornaba su hermosa carita. La besé en la frente, cuidando de no despertarla, y sin que lo viera venir, Jasper también la besó tiernamente en una de sus tersas mejillas rosadas.
-Buenas noches Lizzie -le susurró con suavidad. Al ver la ternura del gesto, los ojos se me inundaron de lágrimas. Jasper lo notó y me pasó un brazo por los hombros, mientras salimos de la habitación de mi hija y nos dirigimos al mío.
-Dijiste que Lizzie me adoraba -me besó la nariz-. Pues yo también la adoro.
Le sonreí, y entramos a mi recámara. Sin decir una palabra, me detuvo frente a él y me desabrochó el collar y el vestido, depositando un cálido beso en mi cuello. Coloqué el collar con el dije de J en mi alhajero, donde siempre lo guardaba con cariño y me encaminé al clóset a quitarme el vestido y ponerme mi camisón de dormir, una especie de vestido corto y de tirantes de seda, de color lila muy tenue. Cuando salí, Jasper se había despojado de sus pantalones y su camisa, quedando tan sólo en bóxer y playera interior, la cual le quedaba ajustada, mostrando a través de la tela su bien formado pecho. Suspiré beatíficamente.
Colocamos los cojines en el canapé que estaba junto a mi ventana, levantamos las sábanas y colchas y nos acostamos debajo de ellas. Quedamos de frente, mirándonos a los ojos. No me cansaba de observar su rostro, el rostro que había añorado ver por bastante tiempo, y de pronto me vi perdida en el mar azul de sus dulces ojos. Jasper no sonreía, pero tenía el rostro relajado y se mostraba tan en paz, que sabía que era tan feliz como yo.
-Buenas noches -susurró. Me besó en la frente, en los párpados y en la nariz-, mi adorada pequeña -terminó besándome, uniendo dulcemente sus labios con los míos. Fue tan suave y tan apasionado a la vez, que ninguno de los dos quería terminarlo. Pero llegó un punto en que el aliento se nos terminó y tuvimos que finalizarlo para buscar aire. Me acomodé en su pecho, rodeándolo con mis brazos y piernas, y él me envolvió en sus brazos.
-Buenas noches Jasper. Te amo.
-Yo también te amo, Alice.
El ritmo de sus respiraciones me arrulló, y así, abrazados y felices, pronto nos quedamos dormidos.
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Jasper POV
Ya era de mañana. Lo supe porque la claridad del nuevo día entraba por la ventana de la habitación. Alice aún estaba entre mis brazos, quieta, pero sentía que ya estaba despierta. Creo que ella creía que yo todavía estaba dormido, así que nos quedamos un rato más así, simplemente acostados. Luego, cuidando de no despertarme, se soltó suavemente de mis brazos y se separó de mí; se sentó en la cama, bostezando quedamente. Un momento después se levantó y salió de la habitación. Sin duda iba a ver a Lizzie. En cuanto ella salió, me desperecé y me senté en la cama, recargándome en la cabecera. Sonriendo, esperé que mi pequeña llegara con la bebé en brazos. Pasaron algunos minutos y mis chicas no llegaban. Me extrañé, pero decidí esperarlas un poco más. Me puse a pensar.
En menos de una semana sería Navidad, y por primera vez en años, sería para mí una verdadera ocasión de regocijo. Ya tenía en mente qué les regalaría a las mujeres de mi vida: a Alice y Lizzie, e incluso le había comprado un detalle a Ann, quien después de todo, era mi amiga. Esperaba que les gustara. También pensaba en dónde pasaríamos la Navidad, y con quiénes. Sería agradable que Edward y Bella nos acompañaran, ya que aunque no los conocía muy bien, Alice me había hablado tan bien de ellos, que ya me agradaban; pero si James y Victoria también asistían, seria algo extraño. Todavía me incomodaba la presencia de él. Al verlo, no podía dejar de recordar la vez que los vi, tomados de la mano y besándose él día que por fin había averiguado la dirección de Alice, o cuando estaba embarazada y él le acariciaba con mucha ternura el vientre en el centro comercial. Sabía que mi pequeña sólo lo consideraba por ser el padre de Elizabeth, pero aún así no podía evitar sentirme un poco celoso con su presencia.
Miré el reloj y me di cuenta que ya había pasado bastante tiempo y Alice no volvía, así que me levanté de la cama, tomé mi camisa y me la puse mientras iba a la habitación de Elizabeth. Había un silencio absoluto en la casa, sólo interrumpido por el tic tac del reloj de la sala. La puerta de la habitación estaba abierta. Entré, pero me quedé ahí, mirando. Aunque la luz de la mañana entraba por la ventana, aún así me parecía que la habitación estaba oscura. Alice estaba inclinada sobre la cuna, con una mano en el barandal y la otra sobre Lizzie, supuse. Se veía muy pálida, y si no fuera porque noté su débil respiración y el leve movimiento que hacia con el brazo que estaba en la cuna, podía haber dicho que estaba muerta. Alarmado y preocupado, proseguí mi camino hacia ella, quedando al otro lado de la cuna. No levantó su vista, seguía con la vista perdida en su hija; era como si no notara mi presencia. Su rostro estaba ceniciento y no había expresión alguna en él, sus labios formaban una línea. Vi una lágrima escapar de sus ojos y recorrer su mejilla, cayendo finalmente sobre las mantas. Me incliné sobre la cuna, con la piel erizada por el temor, para mirar lo que ella estuviera viendo adentro. Ahí estaba ella, con sus ojitos cerrados como en la noche, cuando habíamos venido a verla, y una expresión de paz y tranquilidad persistía en su rostro a pesar del movimiento que Alice le aplicaba con su mano, intentando despertarla. Con su manita seguía aferrada a la ovejita de peluche.
Coloqué con suavidad mi mano sobre la de Alice, la que estaba en el barandal; estaba fría. Se estremeció ligeramente y por fin levantó su rostro hacia mí.
-Jasper, Elizabeth no despierta -no parecía ser su voz.
Al pronunciar estas palabras, el aire me pareció más denso y difícil de respirar. Con renuencia, acerqué mi otra mano al cuello de Lizzie para tomar su pulso y asegurarme de que solamente estuviera en un muy profundo sueño. Pero no era así. La bebé estaba un poco más fría que tibia y no había pulso. Elizabeth estaba...
No podía pensar siquiera en la palabra. No podía ser cierto. La saqué de la cuna y la llevé a la repisa donde Alice solía cambiarla para tratar de reanimarla. Puse en práctica todas las técnicas de reanimación que había aprendido en el curso de primero auxilios que nos habían dado en la escuela. Pero todo fue inútil. La pequeña Elizabeth nos había dejado. La vi con mayor detenimiento, y efectivamente, ella ya no estaba. Lucía pálida y sus labios tenían un ligero tono morado.
Levanté mi vista para mirar a Alice, y con lágrimas corriendo por mis mejillas, negué con la cabeza. Ella se acercó lentamente, en shock. Su rostro estaba lívido y sus ojos estaban apagados. Tomó a Lizzie en brazos, envolviéndola en una manta, y la meció. Comenzó a llorar.
-No... No... No... -susurraba en medio de su llanto, apretando el cuerpo sin vida de la niña. Me desgarraba el corazón verla así. Horas antes éramos los más felices, los tres, y ahora llorábamos la pérdida de la pequeña. Envolví a Alice en mis brazos y lloramos un rato juntos. Nos lamentamos por la pérdida de Elizabeth.
Cuando fui un poco más dueño de mí mismo, dejé a Alice sentada en la mecedora, con la bebé en el regazo, y fui a la cocina a llamar al 911. Les expliqué lo sucedido, aunque mis palabras apenas fueron comprensibles, ya que la pena me cerraba la garganta. Me regresé a la habitación de Alice, a ponerme el pantalón para cuando llegaran las personas; también busqué el móvil de Alice. Tenía que llamar a James. Lo encontré en uno de los burós y marqué el número. Contestó al tercer tono. Por alguna razón, deseaba que no me respondiera.
-¿Alice? -su voz sonaba adormilada. Reprimí un sollozo antes de hablar.
-¿James? Soy Jasper.
-¿Qué pasa? -preguntó alarmado, seguramente por mi tono de voz, ahogado y triste.
-Lizzie... -se me quebró la voz-. Ven de inmediato.
-¿Qué tiene Lizzie? ¿Qué le pasó a mi hija? -se escuchaba claramente alterado-. ¿Y Alice?
-James, Lizzie murió -por fin lo había expresado con palabras, y dolió bastante; el decirlas lo hacía real. No resistí más y solté de nuevo el llanto. No me importó que él me escuchara.
-¿Qué? -sonó incrédulo. Era razonable su incapacidad de entenderlo. ¿Quién se esperaba que esa dulce bebé falleciera? Era imposible, era como una pesadilla.
No. Era una pesadilla.
-Ven pronto -fue lo único que pude decir y colgué.
Regresé con Alice, y con delicadeza le retiré a la bebé de los brazos para colocarla de nuevo en la cuna. Seguía llorando; las lágrimas no se detenían en su camino por sus cenicientas y heladas mejillas. Tomé una toalla pequeña para secarle el rostro y después le puse una abrigadora bata de dormir que estaba en el respaldo de la mecedora. Luego la tomé en brazos y nos fuimos a la sala a esperar a la ambulancia y a James. No dejó de llorar, pero se calmó un poco; ahora sólo eran sollozos que la hacían estremecerse levemente. La mecí en mi regazo hasta que llegaron los paramédicos.
Dejé a Alice en el sofá para abrir la puerta. Entraron dos hombres jóvenes, más o menos de mi edad, que traían una camilla con el equipo de emergencias. Los conduje a la habitación de Lizzie, aunque no había nada qué hacer, excepto que confirmaran el deceso y tomaran su pequeño cuerpecito. Los dejé ahí en lo que fui a atender a los agentes que llegaron después de ellos. Nos hicieron unas preguntas a Alice y a mí. Ella desde luego no pudo contestar de manera coherente ninguno de los cuestionamientos; el nudo en su garganta y los accesos de llanto que la asaltaban no le permitían completar las palabras. Yo respondí por ella.
-¿A qué horas la vieron por última vez?
-Anoche, un poco después de medianoche. Sí, aún estaba viva. Dormía tranquilamente.
-¿A qué horas descubrieron...?
-En la mañana, alrededor de las siete y media. Alice fue por ella para llevarla con nosotros a la habitación, pero Lizzie no despertaba. Cuando fui por ellas, ya no tenía pulso.
-¿Intentó auxiliarla?
-Por supuesto. Le apliqué primeros auxilios, pero ya no había nada más qué hacer.
-¿Usted es el padre de la niña?
-No, no soy su padre biológico, aunque próximamente sería su papá. Su padre está por llegar.
-¿Llevaban a la bebé regularmente con el pediatra?
-Por supuesto. Puede llamarlo si quiere. Y Alice la trataba muy bien. Es... era una excelente madre con Elizabeth.
El interrogatorio del agente estaba a punto de concluir cuando James y Victoria se presentaron. Ambos venían llorando, y se veían igual de destrozados que nosotros. Victoria se dirigió con Alice, y la consoló, sentadas en el sofá; James corrió a la habitación de su hija justo en el momento en que los paramédicos sacaban la camilla con el cuerpo de Lizzie cubierto con una manta de color lila con estrellas estampadas. James se acercó a ella, y con cuidado le descubrió el rostro. Gimió de dolor.
-¡Mi bebé! ¡Mi Lizzie! -se lamentaba.
Me acerqué a él para retirarlo en lo que los paramédicos salían del departamento. Otro agente, que se presentó a sí mismo como el médico forense, se aproximó a nosotros para informarnos, con un dejo de disculpa en su voz, que tendrían que realizarle una autopsia a Elizabeth para establecer la causa de su prematuro fallecimiento, y que en la tarde nos llamarían para decirnos si podríamos disponer del cuerpo esa misma tarde o al día siguiente. Según creía él, al parecer había sido un extraño caso de muerte súbita, ya que no había alguna otra causa probable, pero de cualquier manera tenían que asegurarse. Por último, el primer agente regresó y nos pidió firmar algunos papeles para su informe, y luego de expresar sus condolencias, se retiraron.
James se calmó un poco y fue con Alice. Mi pequeña lucía destrozada, y al abrazar a James, el llanto la asaltó de nuevo. A ambos. Eran los padres, y por más que yo hubiera querido a Elizabeth, nunca se aproximaría a lo que ellos estaban sintiendo, tanto el amor que le tenían como el dolor que les provocaba su muerte. Alice no paraba de pedirle disculpas, sintiéndose responsable de lo ocurrido, pero él la acallaba, diciéndole que no era su culpa.
-Lo siento, James. Fue mi culpa. Si yo...
-Shhh, No es tu culpa, Alice. No es culpa de nadie.
El resto del día fue terriblemente triste. Me dediqué a realizar las llamadas correspondientes para preparar el funeral, lo cual me frustró bastante. ¿Cómo podían las personas que me atendieron por teléfono negociar con paquetes de diferentes precios, comentarme los bondades de elegir tal o cual tipo de féretro y el tipo de sala que elegiría para el servicio como si estuviera de compras en el supermercado, cuando yo sólo pensaba en el espantoso giro que había tomado nuestras vidas con la partida de Elizabeth? Tuve que dejar mi molestia atrás y arreglarlo de la mejor manera, aunque de un momento a otro me vi a punto de insultar a la voz en el teléfono. También tuve que aparentar que era fuerte para poder consolar a Alice, ya que lo que ella necesitaba en ese momento era algo fuerte donde sostenerse, alguien con la fortaleza necesaria para mantenerla a flote, y ese alguien quería ser yo, aunque por dentro mi corazón estaba destrozado por la pérdida de Lizzie y por ver a mi pobre pequeña sufriendo. Y lo que más me dolía es que no había a quien culpar por su tristeza, no había persona alguna a quien yo pudiera ir a golpear o amenazar para que dejara de molestarnos y nuestra pena se fuera. Lo único que nos quedaba por hacer era encarar la adversidad de la mejor manera posible, y rogar porque este dolor pasara pronto.
A media tarde, poco después de la hora de comida (aunque ninguno de nosotros pensó siquiera en comer algo) Alice salió de una de sus ensoñaciones, uno de esos letargos en los que se había mantenido a lo largo del día, cuando ya sus ojos ya se habían cansado de llorar.
-Jasper -me llamó con una voz apenas audible. Me acerqué de inmediato a ella, y tomé una de sus manos entre las mías, acercándola a mis labios para depositar un pequeño beso en ella.
-Dime, cariño.
-¿Puedes hablar con Bella y decirle...? -su voz se cortó con un sollozo. Supe a qué se refería, y asentí. Le di un suave abrazo antes de volver al teléfono, y Victoria se la llevó a la cocina, para darle un té de manzanilla que le había preparado. James estaba en la habitación de la bebé, contemplando cada uno de los recuerdos.
Marqué el número de Bella y Edward. Les informé lo sucedido, y acudieron pronto al departamento. No dejaban de llorar, y eso hizo que Alice comenzara a llorar de nuevo. En medio de lágrimas nos presentamos.
-Ojala nos hubiéramos conocido en otras circunstancias -le dije a Edward.
-Si -asintió y se dirigió a consolar a Alice.
Como ella me había dicho anteriormente, parecían hermanos. Parecía que Edward y Bella eran sus hermanos, y como tales, sufrían también con la noticia. Como también eran conocidos de James y Victoria, llegó un momento en que me sentí casi como un intruso, como si no tuviera derecho a sentir lo mismo que ellos, como si les hubiera tomado parte indignamente de esa pena. Pero entonces lo recordé. Si bien había llegado a sus vidas apenas tres días atrás, Alice había sido siempre parte de mi vida, y su alegría era mi alegría, y su dolor, mi dolor.
Casi al caer la noche, recibimos la llamada del médico forense. Nos pidió ir al departamento forense a recibir la información de la autopsia, y para indicar de qué forma dispondríamos del cuerpo. Sólo James y yo fuimos. Según nos dijo el encargado, efectivamente Elizabeth había fallecido a los ocho meses de edad por muerte súbita, un extraño padecimiento que terminaba con la vida de infantes mientras dormían. Firmamos unas formas más y esperamos a que la agencia funeraria recogiera a Lizzie. Sólo entonces, luego de que nos dijeran a qué horas podríamos ir a la funeraria, nos retiramos y regresamos a casa.
Bella y Edward se despidieron de nosotros, prometiéndonos estar con nosotros a primera hora. James y Victoria también se fueron. Sólo quedamos Alice y yo. Ella estaba agotada y tan triste que parecía estar moviéndose simplemente por una aletargada inercia. La insté a que comiera algo, y le preparé incluso un pan tostado con mermelada, pero no quiso.
-Alice, pequeña, tienes que comer algo o enfermarás -le rogué. Le acerqué la tostada a los labios, sin embargo ella giró el rostro, rechazándola.
-No puedo, Jasper. De verdad no puedo.
Suspiró entrecortadamente. Dejé la tostada en el plato y finalmente la obligué a que tomara un poco de té, y eso fue todo, no aceptó más.
Nos dirigimos al cuarto a dormir, o intentar dormir, ya que mañana seria un día más pesado y triste. Pero al pasar por la habitación de Elizabeth, Alice no resistió más y su llanto volvió. Entró a la habitación y tomó el peluche de ovejita. Lo abrazó y lloró, estremeciéndose violentamente. Los gemidos de llanto la ahogaban y cayó al suelo, a un lado de la cuna, aferrándose con todas sus fuerzas al peluche. Con los ojos húmedos, la tomé en brazos y me senté con ella en la mecedora. La dejé llorar, expresar su dolor, pero no dejé de abrazarla, de acariciarle el cabello, y de mecernos suavemente.
-¿Por qué mi bebé se fue? -logró articular. El sentimiento era palpable en su voz. La apreté más a mí, y le besé la , me duele. Me duele mucho.
-Yo sé que duele, mi amor. Pero estoy aquí contigo, y nos vamos a sobreponer -su llanto siguió.
-Prométeme que nunca me dejarás -me pidió un momento después.
-Claro que nunca te dejaré, pequeña. Ya no me separaré de ti, te lo prometo.
Seguimos meciéndonos, y poco a poco Alice se calmó y se quedó dormida en mis brazos. En su rostro se reflejaba el dolor, y estaba húmedo por todas sus lágrimas. Con cuidado, tratando de no despertarla, le sequé la cara con la manga de mi camisa. La miré, esperando que su sueño se hiciera más profundo para llevarla a la cama de su habitación. Pero supongo que en la espera fue cuando yo también me quedé dormido.
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Sí, lo sé, soy una maldita, pero no pude resistir la tentación de escribirlo.
Sobre la muerte súbita, les dejo unos links:
http : // pediatraldia . cl / Que_es_muerte_Subita . htm
http : // www . guiainfantil . com/salud/cuidadosespeciales/muertesubita . htm
No se olviden de dejarme sus comentarios, opiniones o críticas.
Y chicas, a las que son de México, cuídense mucho con eso de la influenza. Recuerden las medidas de prevención, y no olviden usar su cubreboca. Por cierto, les dejo este dato curioso:
La gripe española, la epidemia en que se supone que falleció Edward Cullen, era influencia A del tipo H1N1. La gripe porcina que ahora se está extendiendo es también influenza A del tipo H1N1.
Chicas, a sacar sus conclusiones, y conste que no me tomo a la ligera esta enfermedad, si no que le veo el lado positivo.
¡Por cierto! Este fin de semana descubrí un fic JxA precioso. Se los recomiendo.
Mi corazón en tus manos, por riona25
http : // www . fanfiction . net/s/4885484/1/Mi_Corazon_en_tus_Manos
Bueno, creo que es todo. Ya saben, entre más reviews, actualización más pronto.
Ci vediamo dopo, bellas ragazzas!
