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Utopía

X

Solamente era consciente de un constante murmullo, supuso que debía tratarse de la voz de su profesor. Era imposible poder concentrarse en la monótona voz del maestro, explicando la función de los diferentes sistemas que constituían el cuerpo, pues su mente se encontraba a varios metros lejos de aquel lugar. Tal vez en una sala abandonada y destrozada, fruto de las travesuras de unos inmaduros estudiantes, rememorando lo vivido tan sólo unas horas atrás.

Aún se le hacía extraño que Fred fuese capaz de generar esa clase de sentimientos, que la agitaban a niveles imprevisibles, dejándola en un estado de sopor que aturdía cada uno de sus sentidos, manteniéndola en una inamovilidad que le causaba un persistente debate en su mente, recriminándole la estupidez y el azoramiento del que era presa. No obstante, las sensaciones placenteras que embargaban su cuerpo cada que era besada, acariciada o simplemente observada por los profundos e intensos zafiros, todas las cosas que rodeaban su mundo, o las emociones que no estuvieren ligadas al chico, quedaban en un segundo plano, el cual era insultantemente fácil de olvidar.

Ni que decir del (ya habitual) monstruo que a cada oportunidad alteraba las reacciones comunes de su cuerpo, ya sea el latir de su corazón, la capacidad de pensar (que era nula cuando Fred estaba con ella), o el mero acto de respirar le era una acción demasiado complicada de efectuar.

—Señorita Granger, ya conozco sus ansias de conocer. Sin embargo, le rogaría, que sólo por ahora, se retirare del salón, pues como puede observar es la única que está aún en el aula —Avisó el profesor Flitwick con cierto humor.

Enojada, por haber perdido una importante clase en el día, por distraerse continuamente, por ser insultada por Ronald y con Fred, por provocarle tantos problemas, se despidió del maestro y se marchó a paso rápido del salón, rumbo al estacionamiento del castillo.

Al recordar la pelea que había protagonizado con Ron, en el Gran Comedor, mientras esperaban que las próximas clases dieran comienzo, no pudo evitar el sentirse triste y frustrada, pues después de todo, Harry y Ronald se habían convertido en preciadas personas para ella.

Ronald estaba insoportable, y no encontraba una razón que fuese bastante razonable para explicar su desagradable y tosco comportamiento. La sospechaba, pero prefería ignorarla, sino tendría serios problemas con Albus Dumbledore, ya que dejaría sin un estudiante a Hogwarts.

No estaba en sus planes convertirse en una prematura asesina de pelirrojos y pecosos muchachos.

Cuando llegó a clases, después de despedirse de Fred, su no novio, se encontró con un confundido Harry y Ron; tuvo la obligación de justificarse, más por una emoción romántica que la embargó al recordar las confesiones que se suscitaron momentos atrás que por otro motivo, y se embargó en un detallado relato que provocó reacciones extrañas: En primer lugar, sus rostros estaban completamente divertidos, pues las hazañas de Los Merodeadores también constituían hitos históricos para sus amigos, en especial a Harry, por motivo que su padre era parte de aquel grupo de benignos delincuentes. En segundo lugar, Harry se había demostrado sobreprotector con el hecho de que tenía una pseudorelación con su travieso y bromista vecino, transmitiéndole un sentimiento de cariño y estima, inimaginables. Por último estaba la inusual e insólita reacción de Ron, frente a la nueva información. Fue una especie de erupción volcánica; gradual y devastadora.

Se había estremecido cuando mencionó que estuvo casi dos horas con Fred en una sala abandona en un recóndito rincón del gigante castillo; luego, al explicar las razones por las cuales se habían saltado las clases, había fruncido gravemente el ceño, después de reír por la magistral proeza de destrozar un salón estudiantil. Cuando relató la escena de Brown y McLaggen había tensado la mandíbula de un modo alarmante, pues amenazaba con romper sus dientes por la fuerza que ejercía. Finalmente, en el momento en que había narrado el momento en que ambos se habían besado (Intentó no sonrojarse en aquel instante, pero le fue imposible) éste había pasado por una gama de tonalidades en su rostro que por un momento dudó en seguir, ya que se estaba preocupando; se lo hizo saber, pero él le ladró un "Estoy bien, continúa". Después de estar pálido, su cara mutó a un rojo furioso, camuflándolo con su cabello. Se mantuvo callado unos minutos y cuando creyó que Hermione estaría completamente muerta con la mirada fulminante que le mandó, se marchó indignado y mascullando palabras ininteligibles.

Fred es un jodi… —Fue lo único que logró entender, antes de perder de vista la ancha espalda de su amigo.

¿Qué rayos acaba de pasar? Pensó, contrariada.

Miró a Harry buscando alguna explicación, pero él estaba concentrado en observar penosamente al chico que se alejaba por los transitados pasillos del castillo. Volteó buscando alguna explicación, tal vez las estatuas o los cuadros podrían ilustrarla en aquél momento.

Bufó hastiada por la tontería que había pensado, y sin más caminó junto a Harry a las próximas clases.

Suspiró, sabiendo de antemano que debía hablar con Ron cuanto antes si no quería que todo se tergiversare de un modo que después no tendría solución alguna.

Y perder a alguien, definitivamente, no estaba en sus planes.


Cualquier persona que conociera a cabalidad al chico que caminaba silbando despreocupadamente por los pasillos del castillo, sabría que no era una pose de serenidad tal como se mostraba.

Si supiera que cuando sus manos no estaban dentro de sus bolsillos, y en cambio, estas se encontraban inertes en los costados del cuerpo masculino, notaría que no todo estaba tan bien como aparentaba estar. Si entornaba la mirada y se fijaba, a conciencia, en la mueca que formaban sus labios cuando no tarareaba alguna canción, advertiría que un mohín provocaba que su mandíbula se tensara, causando que el apuesto de Fred Weasley no se manifestara tan calmo como él deseaba.

Y George Weasley, el individuo que había compartido útero y óvulo con el muchacho en cuestión durante nueve meses, el que había participado en las travesuras que a su gemelo menor se le ocurrían (Y en las cuales él también aportaba ideas), con quien durmió en la misma habitación durante toda su infancia y parte de su adolescencia; era totalmente capaz de captar hasta el más nimio detalle en su hermano.

Por lo que comprendió, en cuanto sus ojos se posaron sobre la figura del joven, que el mundo no estaba aceptable, como era lo normal; si fuese así, Fred estaría sonriendo después de fugarse de clases sólo por estar con Hermione, la castaña que le había robado el corazón.

—Una libra por tus pensamientos, guapo —Bromeó con un sensual y afeminado tono, después de que llegó al lado de su hermano, y advertir que su presencia no fue notada.

La risa del chico y ver cómo sus ojos volvían a enfocar, le dieron pase libre para que sus dudas fueran disipadas.

—¿Cómo te fue con Mione?

Una sonrisa se dibujó en los labios masculinos, de esas que te contagian de una alegría y dicha inigualables, que prometen un sinfín de buenos momentos y risas varias. Y el efecto de ésta, acompañada de unos cielos brillantes, que su hermano tenía por ojos, le dieron la señal de que la preocupación que abarcaba los pensamientos de su hermano no era tan grave como él creía.

—Bien. Más que bien. Me confesó que me amaba —Contó, gesticulando exageradamente con sus manos —. Creo que se me olvidó respirar en ese momento, hubieras visto su rostro cuando se le escapó que le gustaba.

—¿Qué te dijo, exactamente?

—Que estaba incrustado en su Sistema Límbico, o algo así. No sé qué rayos me quiso decir con eso, pero de todos modos adoro cuando se pone en modo sabelotodo. Es excitante.

—Entonces supongo que ya son novios. ¿Le molestará que la llame cuñada? —Cuestionó divertido —. Bueno, algún sobrenombre gracioso se me va a ocurrir. Uno que la moleste cada vez que lo mencione estará bien.

Notó que su hermano volvía a perderse en su reflexión, por lo que con delicadeza masculina golpeó salvajemente su nuca.

—¿Qué demonios?, ¿Por qué me golpeaste, animal? —Reprochó Fred irritado.

—Deja de ignorarme, zopenco.

Fred suspiró angustiado cuando le devolvió la mirada.

—No lo hice.

Parpadeó perdido durante unos segundos, pero al comprender la mirada de su hermano, y por los años de conversaciones telepáticas, se alarmó.

—¿Por qué no se lo pediste? —Exclamó con los zafiros abiertos como platos —. ¿Eres imbécil o sólo retrasado?

—Hey, tampoco es para que me trates así. Es que no creí que fuese el momento.

—Demonios, y todos saben que eres mi hermano. ¿Crees que si me cambio el nombre, dejarán de saber que somos hermanos? Digo, tampoco es como si fuésemos parecidos, yo soy guapo. Tú tienes serios problemas morfológicos.

—Deja ya, Georgie —Reclamó con los labios temblando por la risa que estaba conteniendo —. Ahora tengo serios problemas. Mione estará esperando a que le pregunte, y para entonces debo estar preparado. Quiero que ese momento sea inolvidable para ella.

—Tienes suerte de tener a una persona como yo cerca, Gred. La creatividad en las bromas es lo tuyo, déjame a mí las emociones de la gente. Puedo ser encantador cuando me lo propongo.

—Supongo que a eso se debe que Angie aún esté contigo —Soltó una risotada al recibir la fulminante mirada del pelirrojo.

—Bien, lo merezco.

Planeando cómo sería la propuesta, cuando la ocasión se presentara, se dirigieron a los camerinos. Ignorando que llevaban media hora de retraso y que probablemente el capitán, Oliver Wood les diera un sermón sólo comparable con los de su madre; pero no era problema para ellos. Después de todo, se trataba de los gemelos Weasley.


Ya estaba próxima a cruzar el umbral del edificio, cuando fue interceptada por un sobreexcitado Neville, quien estaba con un traje de esponja, simulando ser el cuerpo de un león (Aunque más bien parecía un perro sarnoso, debido al modo en que estaba pintado).

—Hermione, no te puedes marchar. El partido pronto comenzará.

—Lo sé, Neville. Sólo voy a buscar a mis amigos.

—Oh. Bien, entonces. Nos vemos.

Y tal como llegó, el chico desapareció, gritando cánticos sobre leones y rugidos; negando con la cabeza y una alegre sonrisa pintando sus labios, se alejó del bullicioso gentío, queriendo que sus amigos fuesen partícipes del efervescente ambiente que podía percibirse en Hogwarts.

Cuando estaba por llegar a su auto, se encontró con una alta silueta recostada en su auto, por la anchura de los hombros podía asumir que se trataba de un hombre, quien por la gorra y el bajo semblante, le imposibilitaba identificar la identidad del individuo.

Sin embargo, cuando estuvo a sólo unos pocos pasos distanciada del hombre, pudo apreciar el reflexivo semblante del muchacho pelirrojo de ojos azules, los cuales la miraron una seriedad inusitada en ellos.

Le mantuvo el contacto visual tanto como le fue posible, no obstante fue el chico quien desvió la mirada ofuscado por la intensidad con la que era mirado por los inteligentes ojos marrones, que estudiaban cada reacción que pudiera delatar y dejar al descubierto la verdadera razón por la cual buscaba a la castaña que estaba parada en frente, con las manos en los costados, como si le sobrasen, el ceño fruncido, sopesando las variables que provocaron el encuentro y el labio inferior siendo presa de los dientes superiores.

—¿Qué se te ofrece, Ronald?

Se removió incómodo en su puesto, e inclusive intentó alzar el mentón para estudiarla con mayor detalle aquel cautivante rostro que lo hechizó en cuanto le dirigió una sonrisa. Pero sabía que no podía hacerlo, si quería ocultar el moretón que probablemente se estaría formando en su cara, justo bajo el ojo. En el pómulo.

Caminaba a grandes zancadas por los pasillos del castillo, queriendo olvidar la desgarradora confesión de la que tuvo que ser testigo.

No era justo.

Harry le había prohibido hacer idioteces, cuando era su hermano quien estaba involucrado. Pero antes de enterarse que la castaña estaba enamorada de Fred, el pelinegro bien que lo alentaba a demostrar la evidente atracción que sentía hacia la chica. Era, a pesar de todo, lógico que no quisiese que Hermione saliera herida en un posible triángulo amoroso, si es que realmente se formaba uno, pues por su parte estaba toda la intención de formar una posible relación con la vecina de su hermano. O su amiga.

Harry Potter, el traidor, como le convenía llamarlo para sentirse mejor consigo mismo, se había encariñado rápidamente con la muchacha, pues ambos compartían la falta de padres y una soledad que sólo era sentida por aquellos que habían sufrido una pérdida difícil en cierto momento de su vida.

La comprensión y complicidad que experimentaban sus amigos cuando estaban los tres provocaba que se sintiere fuera de lugar. Un sobrante en una conexión que no permitía la entrada de intrusos que no fuesen capaces de ocupar su lugar tan sólo una vez, como aquellos violinistas que tenían que ser testigos del acaramelado amor que se profesaban unos amantes, quienes tal vez pensaban que no había mañana y que toda su desbordante pasión debía ser expresada en su total auge, con tal de no derrochar ninguna oportunidad.

Por ese extraño vínculo del que Harry y Hermione era partícipes, era que la chica se había vuelto sagrada para ambos, pero en mayor medida para el pelinegro, quien cada vez que veía a la melenuda perdida en sus pensamientos era cuestionada por los motivos de aquello y demandaba las pertinentes explicaciones.

Eso había desencadeno una serie de problemas entre ambos amigos, pues ninguno daba su brazo a torcer, queriendo ganar en las continuas disputas de la que eran protagonistas, causando escenas incómodas y divertidas en igual grado. Ambos defendiendo las opuestas posturas. Pues uno quería ser capaz de expresar lo que sentía con total libertas. En cambio, el otro sólo protegía a la chica de lo que sería una segura catástrofe al más puro estilo de Romeo y Julieta.

Cuando estaba por llegar a un aula vacía en donde poder desahogarse sin penas, fue alcanzado por el muchacho en quien pensaba, no de una manera amable.

Por tu bien, más vale que te controles y comiences a canalizar los celos.

Esa acusación fue el detonante de la ira que bullía a grandes temperaturas en sus venas. Se sentía arder, veía todo absolutamente rojo. Sangre correría si no se controlaba.

Era tú el que me impulsaba a cortejarla. Quería verme con una chica para no tener que cargar conmigo, y cuando al fin la encuentro, resulta que el imbécil de mi hermano ya la marcó como suya.

El grito, suponía, hubiese sido escuchado por todo el pasillo de no ser porque la puerta fue pateada con total brutalidad por el pelirrojo, amortiguando el sonido estridente que desgarró su garganta.

Todo cambió cuando ella comenzó a sentir cosas por Fred. No puedes hacerle esto. Sabes por todo lo que ha pasado.

—¿Y qué hay de mí, eh? Nadie ha sido capaz de ponerse en mi lugar y preguntarme qué opino de toda esta situación.

Sus miradas se encontraron en cuanto las últimas palabras escaparon de los labios masculinos. Sabía que estaba escenificando un culebrón barato, pero eso no quería decir que no le dolía de todas maneras.

¿Qué es lo que quieres, Ronald? ¿Qué opinas tú de toda esta mierda?

Suspiró frustrado al pensar en esas preguntas, formulárselas por primera vez y no ser capaz de poner en palabras todo lo que sentía. Cuando finalmente lo tomaban en cuenta, tendía a empeorar todo al no poder expresarse con total claridad y confundir aún más las cosas.

No intentes ser condescendiente conmigo, porque ahora no lo necesito.

Entonces no te lamentes tanto y mejor busca soluciones. Así nadie se lamentará de la deprimente situación en la que voluntariamente te encuentras.

La voz de su hermano, seria y ronca, sin ningún matiz de la alegría que lo caracterizaba, ni del permanente tono socarrón que teñía la voz del gemelo, lo alteró profundamente. Sólo una vez había oído aquel tono, y no fue una experiencia que quisiere volver a repetir.

Se giró para observar que George se encontraba tras su hermano, conteniéndolo con un firme agarrón en el hombro. Desvió la mirada hasta chocar con la fulminante mirada del joven.

Unos potentes ojos azules, oscurecidos por la furia que seguramente sentía, le perforaron el alma, acribillándolo con lacerantes agujeros que invadieron su cuerpo y su alma.

Todo estaba tan jodidamente mal.

Eres mi hermano, y te amo. Pero no toleraré que intentes sabotear lo que me hace feliz en estos momentos.

¡Es que a nadie le importo, maldición! Todos están tan concentrados en tu felicidad que ignoran por completo que hay alguien más que está saliendo herido.

El centelleo que invadió el cielo en los ojos de Fred, le dio a entender que estaba tan obnubilado con su miseria que no se enteraba de que con sus lamentaciones sólo imposibilitaba una búsqueda rápida de la solución que la situación requería.

¡Deja de creer que eres el puto centro del universo, imbécil, y date cuenta que hay personas aparte de ti! Su paciencia tenía límites y su hermano no estaba en la labor de ayudar a que este no fuese traspasado. Cuando cruzaba aquella línea que limitaba su control, era mejor mantenerse alejado de Fred Weasley.

George, conociendo ambos temperamentos de los hermanos pelirrojos, previno que nada bueno podría resultar de la discusión; sin embargo no podía cortar algo que en esos momentos era la única solución para que se pudiese volver a una normalidad aceptable. Dirigió un decisivo asentamiento hacia el moreno que, con la espalda tensa por si había que intervenir, miraba atento el enfrentamiento. Al percatarse del sutil movimiento del gemelo mayor, con ligereza se deslizó hasta estar próximo a su mejor amigo.

No puedes hacer un berrinche cada vez que eres ignorado por una chica. Si no te resulta, déjalo. Hay más mujeres en el mundo.

Vas a mancharla. Como lo has hecho con todas. Eres un canalla, no te importa que sea tu hermano y la quiera; ya la viste y te crees con el derecho de utilizarla como te venga en gana.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente, intentado convencerse de que aquel no era su hermanito, de que era una especia de posesión demoniaca y que esas palabras salían en contra de la voluntad del pelirrojo. Pero el tono ácido con el que fueron acompañadas aquellas palabras y la mirada hiriente que le desgarraba el corazón, fueron claras pruebas de que su sangre quería herirlo hasta que pagara por cada ocasión que había sufrido.

—¡Ronald! Fueron las recriminaciones que los testigos pudieron decir, pues al igual que el atacado, estaban completamente sorprendidos de las aberraciones que huían de su viperina lengua.

Una triste sonrisa adornó el semblante del contrincante, empañando el apuesto rostro que siempre tenía una alegre para regalarle al mundo. Se enderezó, después de sentir que el aire abandonaba de golpe sus pulmones, como si una patada hubiese sido asestada en un pecho; con paso decidido, y consiguiendo que los chicos que no participaban del debate se pusieren en guarida, se acercó a su hermano.

Espero, realmente, que pronto esta mierda acabe. Porque sé que Hermione estaría muy decepcionada de tu actitud si se enterase de lo que acabas de decir Se encogió de hombros, intentando aparentar indolencia —. No te preocupes, de mis labios no saldrá nada. Pero no creas que conseguirás arruinar la relación que tengo con ella, porque va más en serio de lo que te imaginas.

La engatusaste exitosamente, veo. Resultó ser una cualquiera, si cayó en tus gar…

El golpe en su rostro, por parte de su hermano, sólo lo descolocó a él; sus actitudes claramente no eran las correctas, y él lo reconocía. Pero nunca esperó que fuese atacado violentamente por su hermano, menos por una chica. Molly siempre se jactaba de la fraternal relación que tenían sus hermanos, exceptuando las bromas que se hacían entre ellos; por ello el puñetazo que cayó directo en su mejilla, fue inesperado.

Fred, respiraba agitadamente, tenía las mejillas y orejas rojas, evidencia del estado de ánimo del que era víctima. Era sujetado con fuerza por su gemelo, quien estaba furioso y decepcionado con su pequeño hermano, pero aún así no permitiría que Molly sufriera por la pérdida de su bebé.

Puedes decirme lo que se te venga en gana, Ron. Pero a ella no la toques Murmuró entre dientes —. Ella no.

Un silencio avasallador irrumpió en la estancia como si fuese el dueño de la incómoda situación, consiguiendo que la tensión fuese más palpable. Sólo era perceptible el repiqueteo de uno pasos, apresurados, acercándose al aula. Al advertir los pasos, decidió que era mejor apresurarse y terminar cuanto antes.

Eres tú quien debe cortar esto de raíz. Empieza disculpándote con ella; ya me enteré de tu berrinche hoy Y dando por terminada la discusión, se marchó del lugar con un amargo sabor en la boca, siendo seguido por su hermano, quien le lanzó un significativo vistazo al joven pelirrojo, que sobaba la parte dañada.

Volviendo al presente, miró con determinación a la muchacha. Sabía que había actuado mal, que no debía haber sido tan impulsivo ni dañar de ese modo a personas que apreciaba; por lo que esperaba que aún estuviere a tiempo de poder enmendar el grave error que había cometido.

—Debo hablar contigo.

Sólo esperaba que no fuese tarde.


¡Hola a todas!

Primero que todo, muchas gracias por las alertas, los reviews, los PM's y a la gente que lee entre las sombras. (Yo, debo admitir, soy una de esas)

Lamento muchísimo la tardanza, pero no iba a traerles cualquier caca de capítulo. Y aquí, como se habrán dado cuenta, hay drama y material suficiente para extender un poco la historia, después de todo, aunque se llame Utopía, no todo es perfecto.

Sí, como cualquier historia, debía tener un conflicto. Y Ronald Weasley fue el personaje que utilicé para mi conveniencia en el fic. No lo odien, por favor. El chico es humano, y como tal mete la pata a niveles exorbitantes.

No se confundan, como les dije antes, lo amo. Es uno de mis personajes favoritos, por lo que intentaré que su existencia no sea tan miserable como se pinta.

Otro punto, no he olvidado sus peticiones, en este capítulo me era imposible utilizarlos, por lo que intentaré hacerlo en los próximos que vengan. Pero es seguro que saldrá en el fic.

En el próximo capítulo hay una sorpresitaaa! Jijiji. Prepárense.

Intentaré no tardar tanto, pero mi musa es una perra que trabaja cuando quiere.

Bueno, eso es todo por ahora.

Saludos, chicas.

Lizzie!

P.S: Para tí, perra. Así no me cobrarás sentimientos después y tus burlas se reducirán lentamente. Espero. Unicuernos y Yeyunos para ti.