Ya era domingo, pronto regresarían todos los estudiantes para reanudar las clases, pero mientras los que se encontraban ahí aprovecharían su último día de descanso, o eso era lo que creían.
-No lo puedo creer- iba Haruka caminando, arrastrando los pies y jorobado con un gran pesar.
-Es domingo, tenemos que ir- respondió Michiru con una actitud fresca y alegre.
-¡Es inhumano que nos despierten a las 8 de la mañana para ir a misa!- una pequeña nube negra, tormentosa, se posaba sobre la cabeza del muchacho.
-Eres un exagerado- respondió la chica volteando a verlo con una linda sonrisa. El joven respondió la sonrisa al verla tan radiante, en verdad ese día se veía particularmente linda, con esa gran sonrisa, un vestido primaveral blanco con flores como acuarelas, una diadema azul y esa hipnótica sonrisa que lo obligaba a hacer lo que ella quería. Se paró erguido y la vio alejarse unos pasos frente a él -¿Qué pasa?- preguntó la chica deteniéndose, notando que su acompañante había quedado atrás.
-Nada- respondió simplemente –Hoy estás particularmente animada- hizo notoria la alegría de su hermana.
-¿Cómo no estarlo? Ya en la noche regresan nuestros amigos- dio un par de pasos para pararse frente a su hermano y verlo a los ojos –Además, mi caballero me hizo un fantástico regalo anoche- le dio un pequeño toque en la nariz con el dedo a lo que él respondió con una ligera risa. De repente escucharon las campanadas anunciando el inicio de la misa. –¡Hay que apurarnos!- la chica dijo apurada, tomando la mano de su hermano y corriendo hacia la entrada del templo. Llegaron justo a tiempo para que las monjas no los vieran con sus miradas acusadoras, que para Haruka era más bien inquisidoras.
Ya era el medio día, el sol estaba brillando en todo su esplendor. Haruka se encontraba acostado en el pasto del jardín, debajo de un árbol para evitar quemarse con el sol. En ocasiones una brisa cálida soplaba de manera confortante, y lo arrullaba. Estaba soñando, se notaba por la expresión de su rostro un poco serio. Una pequeña figura se encontraba sentada en la playa, las olas estaban embravecidas por la tormenta que se avecinaba. Las nubes negras se aproximaban por los fuertes vientos que estaban soplando, se lograba ver a lo lejos una cortina gris que hacía pensar que en esa área ya estaba lloviendo. El niño tenía las piernas encogidas y rodeadas por sus pequeños brazos, en la mejilla tenía la marca de un fuerte golpe y en el labio una cortada. Su ropa estaba algo maltratada y manchada de sangre. Algunas gotas comenzaron a caer, mientras el mar rompía cada vez más cerca de la orilla, provocando que entrara el agua hasta donde se encontraba el muchacho, quien parecía no importarle mojarse. Pasaron unos minutos antes de que se pusiera de pie, tomando una piedra que estaba cerca de él. Se paró erguido frente al mar, como retándolo, observó las olas que se acercaban y se alejaban cada vez más cerca, y súbitamente aventó la piedra con todas sus fuerzas, al grado que el impulso lo hizo perder el equilibrio cayendo fuertemente sobre sus rodillas.
-¡Maldición!- se dijo a si mismo en voz queda pero con rabia, agachando la cabeza. Se quedó ahí mientras las gotas de lluvia escurrían por su rostro, pero no parecía importarle, su frustración era mucho más grande que cualquier otra cosa en el mundo.
-¡Haruka!- escuchó una voz familiar llamándolo con un tono de preocupación, volteó hacia atrás y vio a una niña de cabello aguamarina, sosteniendo una pequeña sombrilla, parada a unos metros detrás de él –Que bueno que te encontré, hermano- escuchó alivio en la expresión. La pequeña corrió hacia donde él se encontraba mientras se ponía de pie. –Estaba preocupada por ti, te saliste de repente- la chica puso la sombrilla en medio de los dos para taparlos –Mira nada más, estás todo empapado- acercó su mano al rostro del niño –Tenemos que curarte esto- dijo acariciando la mejilla lastimada. El muchacho volteó ligeramente el rostro para evitar cruzar la mirada con su hermanita. -¿Te molestaste por el regaño de mamá?- preguntó la chica con una expresión de preocupación. Tardó unos segundos en recibir una respuesta.
-Ella tiene razón- dijo finalmente cerrando los puños con todas sus fuerzas –sólo me estoy metiendo en problemas y esta vez te arrastré conmigo- dijo cerrando fuertemente los ojos. De repente sintió un abrazo y abrió los ojos sorprendido, la niña lo rodeó con sus brazos para confortarlo.
-No fue tu culpa- dijo la chica con un tono angustiado –ellos nos provocaron primero, sólo nos defendiste. El muchacho volteó a verla para encontrarse con un par de ojos azules profundos llenos de cariño y preocupación.
-No me perdonaría si te pasara algo…- respondió el niño con un tono desesperado. La niña puso un dedo sobre sus labios para silenciarlo.
-Lo importante es que estamos bien, gracias a ti- dijo la niña con una sonrisa tierna y sincera –Y sé que siempre vas a estar conmigo para cuidarme- el niño asintió la cabeza de manera afirmativa.
-Despierta dormilón- escuchó una voz familiar que lo regresó a la realidad. Entre abrió los ojos con dificultad y vio el rostro de su hermana sobre el suyo. Se incorporó, quedando sentado mientras se frotaba la cara con la mano derecha para despabilarse.
-¿Qué pasa?- preguntó todavía adormilado y medio confundido.
-No lo sé, tu dime- respondió la chica sentándose frente a él, viéndolo curiosamente. El muchacho se talló un ojo ligeramente.
-Estaba soñando- respondió un poco desganado.
-No te ves muy contento- dijo viéndolo detenidamente –¿Un mal sueño?- preguntó entre preocupada y curiosa.
-No, en realidad no- respondió el muchacho recuperando su actitud despreocupada y cool de siempre. La chica hizo una pequeña mueca de disgusto porque no quería contarle. –No te enojes, la verdad ni me acuerdo qué estaba soñando- le dijo con una sonrisa, pero ella no cambiaba su expresión de frustración. En ese momento el rubio se puso de pie y le extendió una mano –Mejor vamos a ver qué encontramos de comer, ya hace hambre- se sobaba el estómago con una expresión de niño. Michiru sonrió y tomó la mano para ponerse de pie y después ser guiada por su acompañante.
Era de tarde, los alumnos todavía no regresaban pero en cualquier momento el pasillo se convertiría en un enjambre de gente pasando, yendo y viniendo con maletas. Querían aprovechar la paz que todavía existía, así que Haruka acompañó a Michiru a su cuarto, quien le tenía una sorpresa. La chica abrió la habitación e inmediatamente entraron, cerrando la puerta detrás de ellos para evitar que los vieran. Haruka dio unos pasos hacia dentro, y se acercó a la mesa de noche junto a la cama de su hermana, donde había un pequeño portarretratos con una fotografía de ellos de niños y sus padres. La tomó con una mano y se la acercó para verla mejor. Se veían contentos, su padre cargaba en los hombros a su hermana, su madre abrazaba al pequeño rubio con una sonrisa maternal.
-Es una linda foto familiar- escuchó a la chica quien ahora se encontraba parada a su lado, recargando su cabeza en el brazo del joven para poder ver la fotografía mejor.
-Me veo algo tonto- respondió el muchacho con una mueca de desagrado.
-¡O vamos!- le dio una pequeña palmada sobre el brazo en muestra de enfado –Sólo dices eso porque quieres que te diga que te ves muy guapo- dijo la chica molestándolo un poco. Él respondió riendo ligeramente y dejando la fotografía donde la encontró. La joven se hincó frente a la cama y de abajo sacó un baúl con la cerradura puesta, del bolsillo de su vestido sacó una llave y la abrió. –Esto te va a encantar- dijo con una sonrisa maliciosa, no permitiendo que su acompañante viera lo que había dentro.
-Déjame ver, anda, anda- empezó a implorar como un niño chiquito hincado atrás de ella, tratando de asomarse.
-Está bien, espera- ella se puso de pie y luego se sentó en la cama, acción que su acompañante imitó. El rubio veía con curiosidad el baúl, qué podría contener que le gustaría tanto. Michiru por fin lo abrió y el rostro de Haruka se iluminó al ver lo que había dentro.
-¡No lo puedo creer!- dijo con una expresión de inminente sorpresa -¿de dónde los sacaste?
-Yo si raciono- dijo con un tono algo burlón sacándole un poco la lengua. La chica sacó una caja roja del baúl, era de dulces Pocky, y se la entregó al muchacho, cuyos ojos se tornaron como un par de estrellas brillantes.
-Los atesoraré como mi vida- dijo Haruka abrazando la caja como un niño chiquito a un oso de peluche. Michiru no pudo evitar reír por la expresión tan infantil y tierna que hizo su hermano, hubiera dado cualquier cosa por tener una cámara fotográfica para capturar ese momento. Después de eso, el rubio rápidamente abrió la caja y se metió un puñado en la boca.
-Lo bueno es que los ibas a atesorar- dijo Michiru un poco sarcástica. Su hermano la volteó a ver con los cachetes inflados por los dulces que contenían con una expresión de de ¡ups!.
-Los estoy atesorando…- dijo con la boca llena antes de tragar –en mi estómago- rió malévolamente mientras una gota de sudor aparecía en la nuca de la joven.
-Nunca vas a aprender- respondió la chica negando ligeramente con la cabeza en señal de desaprobación. En ese momento la puerta de la habitación se abrió de golpe.
-¡Cariño, llegué a casa!- vieron a Shiori entrar con una gran sonrisa y una pose de "tan tan aparecí" estirando los brazos. La chica volteó a ver a su amiga quien tenía una cara de susto y a su lado estaba su hermano con la misma expresión -¿Este qué hace aquí?- preguntó señalando a Haruka inquisidoramente.
-¡SHHHH!- Michiru se abalanzó sobre la chica y le tapó la boca –No grites, nos van a cachar… sólo me está acompañando- dijo tratando de calmar a su amiga. Después de eso quitó su mano del rostro de Shiori quien le arrojó una mirada asesina al muchacho.
-Que gusto de verte- respondió Haruka con sarcasmo.
-Lo sé, no pueden vivir sin mi- respondió la joven con una sonrisa sarcástica viendo directamente al rubio. De repente se le acercó al rostro, él la vio extrañado haciéndose ligeramente hacia atrás. -¿Qué es esto?- preguntó la chica limpiando con un dedo la mejilla del muchacho que tenía algunas migajas, después volteó a un lado de él y vio la caja roja vacía. – ¿Tenías Pockys y no me guardaste ni uno solito?- preguntó indignada jalando al muchacho del cuello de la playera, la cabeza del rubio se zangoloteaba de atrás para delante mientras lo movía bruscamente.
-Tranquila, yo se los di- dijo Michiru tratando de tranquilizarla y evitando que se le zafara el cuello a su hermano.
-¿Por qué?- preguntó con lágrimas en los ojos volteando a verla –Soy tu mejor amiga, debiste guardarme uno- una gota de sudor apareció en la nuca de la chica de cabello aguamarina.
-Todavía queda uno- dijo Haruka viendo hacia dentro de la caja, metiendo dos dedos y sacando un palito cubierto de chocolate. La chica de lentes se lo arrebató y se lo comió rápidamente. Una gota gigante apareció el las nucas de los otros dos jóvenes. Después de eso el rubio se puso de pie –Será mejor que me vaya, seguramente afuera ya empezará a aparecer gente y no quiero que me vean aquí- metió una mano en el bolsillo, se despidió con un ademán y al llegar a la puerta para abrirla vio algo que le llamó la atención, un saco del uniforme de varones. Su expresión se volvió un poco seria y levantó una ceja extrañado. -¿Y esto?- preguntó como al aire y sin darse cuenta.
-Es de Ren- dijo Shiori con una sonrisa orgullosa, ella sabía que al muchacho no le agradaba mucho el sujeto y no podía desaprovechar la oportunidad para molestarlo, era como un deporte para ella.
-Me lo prestó el otro día porque tenía frío y yo torpemente olvidé sacar algo para cubrirme- dijo rápidamente Michiru con un tono un poquito nervioso, no quería que su hermano se molestara.
-¿A poco no es romántico?- dijo Shiori con una mirada perdida, juntando sus manos haciendo una expresión exagerada de princesa enamorada de cuentos de hadas –Ren es todo un caballero… no… es como un príncipe, guapo y galante- terminó la chica dando vueltas con corazoncitos flotando a su alrededor por la memoria del chico que describía.
-Si, me imagino- respondió el rubio con un tono sarcástico y molesto, entrecerrando los ojos y girándolos hacia el saco, que lo veía como si lo quisiera calcinar con la mirada. –Voy a ver si ya llegó Tetsu- dijo serio abriendo la puerta y cerrándola con fuerza detrás de él pero sin azotarla.
-¿Por qué le dijiste eso?- preguntó Michiru molesta volteando a ver a su amiga quien seguía dando vueltas como bailando.
-¿Qué tiene?- preguntó inocentemente deteniéndose para quedar frente a su amiga -¿No le habías contado de tu galán?
-No es mi galán- dijo Michiru cruzándose de brazos molesta –Aparte, tu sabes que no quería contarle todavía a Haruka.
-No me digas que tu hermano salió celoso- dijo la chica de lentes con un tono molestoso –Seguramente ahorita está verde- se rió burlonamente al pensar cómo estaría el muchacho aventando cosas por toda la habitación.
-No es eso, tú sabes que no se agradan mucho, por alguna razón, que no sé cuál sea, tienen esa tonta fricción- dijo un poco triste.
-Tranquila- dijo su amiga tratando de animarla –Algún día tus dos hermosos galanes lo aceptarán y se llevarán bien- dijo con una sonrisa maliciosa. Michiru la vio sorprendida y al registrar lo que le acababa de decir le aventó una almohada.
-Deja de molestarme- dijo molesta pero con una sonrisa – ¡no son mis galanes!
En una de las habitaciones de los hombres se escuchó un portazo, Haruka entró hecho una fiera.
-Hola, ¿cómo estás querido compañero de cuarto?- dijo Takuma un poco sarcástico al ver que no lo había notado –Yo muy bien, gracias Haruka, ¿y tu?- seguía su monólogo burlón –Pues molesto con la vida pero no te preocupes, contigo no- el joven seguía en su actividad de sacar su ropa de la maleta en su cama colocándolas sobre la cama. Haruka volteó a verlo un poco apenado por no haberlo saludado al entrar.
-Perdón, es que… es que… ¡aaaaaah!- trató de disculparse pero estaba aún enojado por la imagen que se formaba en su cabeza, su hermana y su peor enemigo juntos, era el verdadero horror para él. Daba vueltas como león enjaulado.
-Supongo que todo esto tiene que ver con tu hermanita- dijo el joven de cabello negro con una sonrisa confidente, casi siempre cuando llegaba en ese estado era por algo que tenía que ver con ella. El rubio volteó a verlo un poco extrañado, levantando una ceja.-Y cierta plaga que la ronda- terminó con un tono de misterio, aunque ambos sabían perfectamente de quién se trataba.
-¿Lo sabías?- preguntó sorprendido volteando a verlo con los ojos bien abiertos. Su compañero asintió con la cabeza -¿Cómo lo supiste? ¿Por qué no me dijiste?- preguntó con una expresión entre incrédula y molesta, tomando a su amigo de los hombros.
-Shiori me contó que Ren ha estado pasando mucho tiempo con Michiru…- el pelinegro se encogió ligeramente de hombros –No sabía que no te había contado…- ahora tartamudeaba un poco preocupado de que su amigo lo golpeara en cualquier momento –Aunque entiendo por qué no lo hizo- dijo haciendo una mueca de preocupación. Haruka lo soltó entendiendo que estaban preocupados de su reacción irracional.
-Lo siento- respondió un poco apenado, posteriormente tomó su chamarra que se encontraba sobre la cama y salió de la habitación rápidamente. Takuma dio un fuerte suspiro de alivio, pero al mismo tiempo se quedó preocupado por la repentina desaparición de su amigo.
-Esto no está bien- se dijo a si mismo llevándose una mano a la frente, preocupado.
Por uno de los pasillos del edificio de varones una chica de cabello aguamarina caminaba sigilosamente para no ser detectada por algún centinela nocturno. Se volteó al escuchar un ruido pero no había nada.
-Estoy paranoica- se dijo a si misma en voz queda mientras volteaba para seguir adelante, pero algo la detuvo dándose un golpe de frente.
-¡Genial! Viniste a recibirme- escuchó una voz familiar y al abrir los ojos y subir la mirada reconoció al dueño.
-¡Ren!- dijo sorprendida al ver a su amigo parado frente a ella, después de unos segundos recuperó la compostura –Este… que bueno que regresaste- estaba un poco nerviosa todavía por el susto.
-Te extrañaba- respondió con una sonrisa de galán de telenovela, acercándose a ella, la chica dio un paso para atrás pero estaba la pared y quedó aprisionada. Se ruborizó un poco al notar la cercanía del muchacho. -¿Me extrañaste?
-Este… si… emmm…- no sabía que responder estaba demasiado nerviosa. En ese momento la puerta de la habitación contigua se abrió revelando a un pelinegro conocido.
-Michiru, que bueno que estás aquí- dijo Takuma con una sonrisa, en ese instante Ren se separó –Tengo que hablar contigo urgentemente sobre una tarea- dijo el muchacho tomándola de la mano.
-Nos vemos luego Ren- dijo la chica despidiéndose con un ademán antes de que su amigo la metiera a la recámara. El otro joven se quedó parado, sorprendido de lo que había ocurrido, se encogió de hombros y resignado se marchó a su habitación. Ya dentro del cuarto de Takuma, ambos dieron un fuerte suspiro de alivio.
-Gracias- dijo la chica con una sonrisa de alivio llevándose la mano derecha al pecho para tranquilizarse.
-Cuando gustes- respondió el muchacho con una sonrisa –Eres la hermana de mi mejor amigo, debo protegerte de todo o me mata- dijo riendo ligeramente. Ella sonrió por el comentario.
-Hablando de mi hermano, ¿dónde está?, lo estoy buscando- preguntó volteando a ver a todos lados con una expresión de angustia.
-Se salió un poquito enojado- le hizo un gesto con los dedos como midiendo algo pequeño, hablando con un tono algo sarcástico. –Creo que se molestó por lo de Ren y tú….
-No existe ningún "Ren y tú"- respondió la joven un poco molesta, no le agradaba que le levantaran falsos –y eso es lo que quiero aclararle- El muchacho levantó los hombros no sabiendo qué contestarle, aunque era su mejor amigo realmente no sabía dónde se pudo haber metido a esa hora. La joven se quedó parada pensando unos momentos, ¿dónde podría estar? -¡Ya sé!- dijo triunfal –Voy a buscarlo- salió de la habitación rápidamente. El muchacho se quedó con cara de incógnita rascándose la cabeza, realmente ese par lo confundía mucho.
Un chico rubio se encontraba en la parte del jardín más alejada, recostado en el pasto con sus manos sobre su estómago q se entrelazaban por los dedos, viendo las estrellas tiritando. Dio un fuerte suspiro y cerró los ojos momentáneamente, ¿por qué estaba tan molesto? Se preguntaba una y otra vez.
-No pensé encontrarte aquí- escuchó una voz familiar que lo despertó, abrió los ojos y vio a una hermosa chica de cabello negro y ojos verdes intensos sentada junto a él viéndolo con curiosidad.
-Ni yo tampoco- respondió simplemente, un poco desganado, algo que no era habitual en él.
-¿Qué pasa? ¿Estás molesto?- preguntó la chica un poco curiosa. El muchacho contestó encogiendo ligeramente los hombros, como desinteresado. –Deberías confiar en alguien para desahogarte- le dijo la chica con una sonrisa, el joven giró ligeramente la cabeza para verla y le sonrió ligeramente. Posteriormente se incorporó quedando sentado con las piernas extendidas sobre el pasto.
-Supongo que tienes razón- dijo resignado, sabía que tenía que contarle a alguien o explotaría. La chica asintió con la cabeza y colocó su mano sobre la que él usaba para recargarse.
-Confía en mí- le dio una mirada confidente con tintes seductores, tenía que convencerlo de cualquier forma posible. El rubio dio un fuerte suspiro antes de comenzar.
-Es que…- dudó un poco si contarle, pero ella apretó un poco su mano para darle ánimo –bueno… creo que Ren y mi hermana tienen algo- finalmente dijo sintiendo como cada fibra de su ser se encrespaba con solo mencionarlo.
-¿Eso es todo?- preguntó la chica algo incrédula, y hasta divertida –No sabía que eras un hermano celoso.
-No lo soy- respondió rápidamente el joven tratando de defenderse –lo que pasa es que no soporto a ese tipo…
-¿Cuál es el problema?- preguntó la pelinegra con una expresión de confusión.
-Es un engreído, un cazanova que seguramente debe estar jugando con ella- dijo en un tono preocupado –No puedo permitir que….
-Que el hombre malvado ponga sus garras sobre mi inocente y delicada hermana- la chica lo interrumpió para completar la frase con una voz grave que trataba de imitarlo. Él la vio con una expresión graciosa y ella empezó a reír.
-Pues aunque te burles así es- dijo molesto cruzándose de brazos haciendo un ligero puchero. Emi no pudo resistirse a abrazarlo para confortarlo, realmente se veía muy tierno.
-No te enfades- dijo la chica con un tono comprensivo –Ella no es una niña, deberías darle más crédito- Haruka le dio una mirada de preocupación, realmente no estaba convencido de esa relación, o ¿sería algo más? No, sólo era el hecho de que ese tipo se acercara a ella, seguramente. De repente sintió un beso en la mejilla y se sorprendió –Eres un buen hermano y una buena persona- le dijo la chica con una sonrisa –por eso me gustas.
Michiru caminaba por el pasto del jardín buscando a su hermano cuando vio a dos figuras sentadas y abrazadas. Su expresión cambió de preocupación a una de molestia al reconocer a su hermano y a la chica que se colgaba de su cuello. Quedó sorprendida al ver cuando la pelinegra daba un beso en la mejilla del rubio y le susurraba algo. Sintió como si un violento fuego se encendiera dentro de ella y decidió interrumpir esa escena, pero antes de llegar la chica se separó de él y se puso de pie. Vio cuando se despidió de él y caminó hacia donde estaba ella. Intercambiaron una mirada, Emi sonrió confidentemente mientras Michiru hizo un gesto de molestia. La chica de cabello negro desapareció y la de cabello aguamarina caminó hacia donde estaba el rubio, quien se puso de pie rápidamente al verla acercarse.
-Veo que estabas muy bien acompañado- dijo la chica con un tono sarcástico y molesto, cruzada de brazos viéndolo con un poco de desdén. El muchacho levantó una ceja extrañado por la actitud.
-¿Por qué estás molesta?- preguntó el rubio un poco confundido.
-No estoy molesta- respondió la chica con un tono de enojo.
-Nooooo- dijo sarcásticamente –sólo te sale humo de las orejas porque conseguiste trabajo de chimenea- Su hermana levantó una ceja incrédula de lo que acababa de escuchar. –Ok… fue un comentario muy malo- complementó el rubio rascándose la cabeza. –Pero no sé por qué te enojas, Emi es una amiga y vino a saludarme- dijo molestándose un poco por la actitud infantil de su hermana –Además, quien debería estar molesto soy yo- le respondió volteándosela.
-¿Ahora por qué?- preguntó la chica haciéndose la que no sabía de qué le hablaba.
-No te hagas- respondió molesto cruzándose de brazos –Por no contarme lo tuyo con Ren- La chica abrió los ojos en sorpresa.
-¿Por qué nadie entiende que no hay nada entre Ren y yo?- preguntó al aire la joven frustrada.
-No hay nada… ¿y sus paseitos? ¿Y su saco en tu cuarto? ¿Eso no es nada?- el rubio empezaba a subir un poco el tono pero no al grado de gritar.
-No seas infantil- respondió Michiru exasperada.
-No soy infantil- respondió Haruka frustrado –Sabes muy bien lo que opino de ese tipo.
-Y por eso no quería decirte, ya sabía que ibas a hacer un escándalo por nada- lo vio directamente a los ojos, ambos se veían molestos y desafiantes. Se quedaron así por unos segundos, no entendían por qué se sentían tan molestos, no había una razón aparentemente razonable para ello. –Lo siento- dijo finalmente la chica bajando la mirada al suelo.
-No, creo que fui yo quien sobreactuó- respondió el rubio también agachando la cabeza, un poco avergonzado por su reacción tan tonta –Tu puedes hacer lo que quieras, ser amiga de quien quieras y andar con quien quieras, ya eres mayor- dijo con un tono de resignación, pero no de aceptación, todavía sentía un piquete en el pecho con la simple idea de imaginarlos juntos. Michiru no estaba muy convencida, además tampoco le agradaba la idea de que su hermano se hiciera tan amigo de esa chica.
-Será mejor que nos vayamos, ya es tarde- dijo la chica de cabello aguamarina haciendo notar lo tarde que era, probablemente al otro día podrían terminar de aclarar las cosas, ya que estén más tranquilos y descansados.
Ren se encontraba recostado en su cama, poniendo la alarma de su celular cuando escuchó que tocaban a su puerta. Se extrañó por la hora y se levantó para abrir. Se encontró a Emi parada con una gran sonrisa de satisfacción.
-Todo está saliendo a la perfección- dijo la chica pasando junto al joven, quien cerró la puerta detrás de él, posteriormente se colgó del cuello del chico rodeándolo con sus brazos dándole un beso apasionado –Pronto tendremos lo que queremos- sonrió malévolamente mientras el chico asentaba con la cabeza comprendiendo de qué estaba hablando.
Agosto-Septiembre2012
