-¡Corre mamá, date prisa! Le dije a mi madre mientras iba conduciendo.
-Sora, no puedo correr más. No te preocupes, son las seis y cinco. Llegas de sobra. Me tranquilizó.
Acababa de salir del médico. Me habían quitado el vendaje del tobillo. Intenté convencer a mi madre para ir otro día, pero ella tenía razón, cuánto antes me la quitasen, antes podría empezar a jugar al tenis de nuevo. Tenía tantas ganas de jugar…
De camino al campo de fútbol, pusimos la radio. Tai y su equipo habían empezado peor de lo que me imaginaba. En el minuto diez, ya les habían metido un gol.
¿Tai? Pero qué te pasa...
Mi madre me dejó en la puerta del estadio. Me despedí de ella, saque mi entrada y subí corriendo a las gradas. El tobillo respondía bien. Genial.
No me costó mucho encontrar a todos estos, y a los familiares de Tai. Había estado en un estadio de fútbol muchísimas veces y me las apañaba bastante bien ahí dentro.
Cuando llegué a donde estaban todos, Japón había encajado otro gol.
-¡Ey Sora. Por aquí! Me chillaron Mimi y Kari.
-¡Hola chicos! Les salude a todos con mi mejor sonrisa, pero preocupada por el partido.
-¡Sora! ¿Cómo ha ido el médico? Me preguntó Joe. Quería que le explicase que me había dicho exactamente. Joe.. jajaja
Me senté al lado de Izzy y de Kari, no sin antes haber saludado a los padres y abuelos de Tai.
-¿Tai está jugando mal? Pregunté preocupada.
-Eso parece. En realidad todo el equipo. Me soltó Izzy mientras seguía haciendo cosas con su ordenador. Izz… jaja, tú tampoco cambiarás.
-No te preocupes, Sora. Estoy segura de que mi hermanito... ¡remontará! Me animo Kari.
¿Cómo iban a remontar? Tai tenía al equipo completamente roto. Por no hablar de que el balón no pasaba de medio campo. Así no iban a poder hacer ninguna jugada ensayada.
Ojalá pudiese chillarle a Tai, que reaccionase. ¡Qué jugase al fútbol!
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Genial. Otro gol de Rusia. Japón estaba completamente roto. Lo mejor que les podía pasar es que llegase el descanso. En ese momento Tai miró al reloj del estadio. Estoy segura de que él también estaba pensando lo mismo…
¿Cómo puede hacerme esto, Tai? Después de todo lo que le he apoyado…de todos los desplantes que he tenido que aguantar por el estúpido fútbol… Tai, ¡eres idiota!
Estaba deseando que pitasen el final de la primera parte. Estaba decidida a buscarle y a echarle la bronca, al menos para que reaccionase. Había estado más veces en este estadio, sabía cómo llegar al túnel de vestuarios. Era mi única oportunidad para decirle todo lo que pensaba antes de que volviese a salir al campo.
-Sora, ¿a dónde vas? Me preguntó Kari.
No me había dado cuenta de que ya estaba de pie.
-Oh, pues… iba… iba al baño. Le mentí con mi mejor sonrisa.
-¡Ah, pues te acompaño! Me soltó.
Genial…
-Tranquila Kari, no hace falta. Le dije mientras me alejaba corriendo.
Fui corriendo dirección al túnel del vestuario. ¿Cómo me iba a colar? No iba a ser nada fácil… espera un momento, ese de ahí es… ¿es Davis?
-¡Davis! Le grité.
-Oh, hola Sora. Me dijo algo deprimido.
-¿Qué haces aquí? Llevaba una especie de tarjeta identificativa, un chaleco reflectante, una gorra y un walky talky. Debía de ser unos de los encargados de seguridad.
-Pues verás, quería ver a Tai jugar al fútbol, pero ahora trabajo como seguridad de vez en cuando para sacarme un dinerillo. Así que les pedí a mis jefes si me podían trasladar hoy aquí. Así al menos le podría ver.
Davis. Era un buen chico después de todo. Y mi oportunidad para hablar con Tai.
-Escucha Davis, tengo que pedirte un favor. Van a salir ahora los jugadores al túnel de vestuario. Sí pudieses dejarme entrar un momento para hablar con Tai, te lo agradecería muchísimo…
Intente poner la mejor de mis caras inocentes.
-Pero Sora, ¿para qué quieres hablar con Tai? ¡Le desconcentrarías! Me recriminó.
-¿Más de lo que ya está? Solo quiero provocar el efecto contrario Davis.
Hice que Davis se callase. En el fondo él sabía que tenía razón.
-Mmmm, de acuerdo, pero si te pilla alguien, yo no he visto nada ¿de acuerdo? Me dijo mientras me guiñaba el ojo y me sacaba la lengua.
-¡Gracias Davis! Le dije mientras iba corriendo hacia el túnel de vestuarios.
Ahí estaba. Bueno, con todo el equipo ¿cómo podría hablar con él? En cuanto me viesen, me iban a echar a patadas… ¡lo tengo!
Acababa de encontrar como un especie de cuarto de basuras. El lugar perfecto para hablar. No lo pensé más. Me acerqué a Tai, me cercioré de que nadie miraba, le agarré de la camiseta y lo metí en aquel cuarto sin que pudiese verme la cara.
Oh, oh. Seguro que en cuanto me viese, se iba a cabrear. Estaba centrada pensando en mi cabreo, que se había olvidado por completo el suyo.
-Sora, ¿qué coño haces aquí? No puedes estar aquí. Me recriminó cabreado. Lo sabía…
¿Qué, qué estaba haciendo ahí? Buena pregunta… y ¿ahora qué le digo?
-Me iré cuando me digas qué es lo que te pasa. Le dije. Yo también sonaba muy cabreada.
-¿A qué te refieres? Me preguntó.
-A tu juego. No das una. No ves las jugadas que os van a hacer. No organizas al equipo ni les indicas su posición. Por no mencionar que no das ni una. ¡Tendrías que haber metido cuatro goles por lo menos!
Vale, acababa de salir mi vena de capitana. Cuando estaba en el equipo femenino de fútbol yo también era capitana. Se me daba bien mandar al parecer :P
-¿Cómo sabes cómo he jugado si ni siquiera has estado aquí para verlo? Me soltó.
Tai… ¿podría ser que por eso hayas jugado así de mal?
No que va. Imposible.
-Es verdad que no llevo desde el minuto uno, pero he venido en cuanto he podido. Tenía médico. Hoy me han quitado la venda del tobillo. Le confesé.
Podía ver la expresión de culpabilidad en los ojos de Tai.
-Pero llevo aquí desde el minuto quince y no has dado ni una Tai. ¿Qué coño te pasa? No voy a dejar que tires por la borda todo lo que has sacrificado por este momento, y mucho menos voy a dejar que ahora no hagas nada para evitarlo.
-No sé qué me pasa. No soy perfecto Sora. No puedo ser el que todos esperáis. Siento defraudaros.
Así que sí era eso. No quería defraudarnos. No quería defraudarme. Después de todo… aún sigue pensando en mí.
En ese momento me giro la cara. Sabía que se sentía culpable. No podía mirarme a los ojos.
-Tai. No. No me defraudas. Le dije mientras le giraba la cara, obligándole a que me mirase a los ojos. No te estoy diciendo todo esto porque me sienta defraudad. Te lo digo porque me importas Tai. Sé que puedes dar mucho más de lo que estás dando. Y yo creo que cuando alguien tiene un potencial, como el que tú tienes, está en la obligación de utilizarlo, Tai.
Tai… ¿qué puedo hacer para que lo entiendas? Pensé mientras nos mirábamos a los ojos en silencio.
No me preguntéis cómo pasó. Yo simplemente seguí a mi corazón.
Me puse de puntillas, le agarré la cara con mis dos manos, le acerqué a mis labios y le besé.
¿Sora? ¿Estabas besando a Tai? ¡Sí, le estabas besando! Después de tantos años, de tantos problemas…ahí estaba, dándole a Tai nuestro primer beso en un cuarto de basuras. Muy romántico, pensé, irónicamente.
A partir de ahí, yo me deje llevar. Fue un beso tierno, pero a la vez cálido. Un beso que nos reconfortó a los dos.
-Sal, y juega al fútbol. Le dije cuando acabamos de parar de besarnos.
Pude ver la expresión de felicidad en los ojos de Tai. Siempre eran sinceros conmigo.
-Está bien. Jugaré al fútbol. Dijo sonriéndome.
Y de repente, se agachó y me besó. Me había correspondido. ¡Tai, me había correspondido!
Bien hecho, Sora :D
El corazón me iba a mil
Después de aquel beso, los dos salimos del cuarto de basuras rápidamente. A mí no podían verme, y a Tai le podrían sancionar por lo que acababa de pasar.
Pero yo estaba feliz. Muy feliz. Esperaba que mi beso, hubiese hecho efecto, y le hubiese llenado de valor y energías a Tai para remontar el partido.
De camino a las gradas me volví a encontrar a Davis.
-Muchas gracias por todo Davis, de verdad. Le chillé mientras iba corriendo.
-¡De nada Sora! ¡Espero que lo hayas espabilado! Me dijo.
No sabes cuánto…Pensé.
Cuando llegué a la grada Mimi me hizo como una especie de interrogatorio de por qué había tardado tanto. Así era Mimi jajaja.
Y… la segunda parte empezó.
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
No sé si fue mi beso pero, Tai volvió a ser el jugador que yo siempre conocí. Japón consiguió empatar el partido. Estaban jugando muy bien. Tai pensaba antes de actuar o de mandar cualquier instrucción.
¡Ese era mi chico!
-¡Vamos Tai! Gritaron los padres de Tai.
Toda la grada estaba eufórica. Solo quedaban dos minutos y Tai tenía que conseguir marcar, sino, en la prórroga no iban a poder ganarles. Yo lo sabía, y estoy segura de que Tai también lo sabía.
Entonces sonreí. Estaban haciendo una jugada ensayada. Tai iba a forzar un penalti, y así ganarían el partido. Estaba tan nerviosa, que a lo que me quise dar cuenta, estaba cuatro filas más abajo de mi asiento. Quería ver la jugada más de cerca.
Le pitaron penalti a Tai.
¡Por favor que lo marque, por favor que lo marque!
Entonces Tai me buscó en las gradas (espero que fuese a mí), y tiró.
Metió gol.
Habían ganado. Ganado. Habían eliminado a Rusia y habían pasado la eliminatoria, y lo que es mejor, Tai había conseguido remontar el partido.
Estoy segura de que si Biyomon estuviese aquí, mi emblema del amor reaccionaría. ¡Vamos que sí reaccionaría!
Subí donde estaban el resto de mis amigos. Todos estábamos igual de felices, sobretodo, los familiares de Tai. En las gradas no paraban de aplaudir, y de gritar el nombre de Tai. Yo estaba tan excitada.
Decidimos salir a esperarle por la puerta en la que salían. Todos querían abrazarlo, y darle la enhorabuena (especialmente yo). Quería saber que habían significado esos besos. Seguramente los habría olvidado… está tan contento con que hayan ganado, que no podrá pensar en nadie más.
Entonces salieron. Y todo el mundo empezó a echarse encima de ellos y a pedirles autógrafos.
Aún no me acostumbraba a todo aquello. Tai, ¿famoso? A mí me gustaba el Tai de siempre.
En cuanto nos vio, vino hacia nosotros. Nos saludó a todos nosotros y a su familia. Todos le dieron la enhorabuena y enseguida empezaron a soltar bromas acerca del famoseo de Tai.
Ya se iba a ir cuando, de repente, puso en mi mano una hoja de papel. Me guiñó el ojo, me sonrío, y se marchó. Sabía que tenía que irse en el autobús con el resto de compañeros de equipo.
Leí la nota lo más rápido posible sin que nadie pudiese leerla:
Sora,
Te espero dentro de una hora en el parque en el que solemos quedar cuando nos reunimos todos.
Con amor, Tai.
"Con amor"… Sonreí. Estoy segura que esa nota significaba que ya me había perdonado y que no había olvidado lo que acababa de pasar en aquel cuarto de basuras.
Está bien Tai. Allí nos vemos. Pensé.
Era como una especie de desafío, y yo siempre aceptaba los desafíos, y más si venían por parte de Tai.
