Los personajes no son míos son de la maravillosa S.M la historia es una AD
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Bella había salido a correr aquella mañana. Cuando metió la tarjeta para abrir la puerta, estaba sudando. La fresca mañana y la amplia playa le habían dado una nueva perspectiva. Todo había sido una locura. Los dos se habían visto presos de la magia sensual de la isla. Sin embargo, aquel era un nuevo día. Se daría una ducha bien caliente y entonces, su amigo y ella tomarían el desayuno y pensarían en un nuevo plan. Aquel sería el día en el que las cosas volverían a la normalidad con Edward.
Se sentía segura, decidida… Hasta que entró en la habitación y vio a Edward saliendo del cuarto de baño, vestido solo con los pantalones del pijama y una toalla alrededor del cuello.
—¿Qué tal te ha ido? —preguntó, mientras se mesaba los caballos. Aquel movimiento hizo que los músculos del vientre se le fruncieran, lo que provocó una reacción en Bella que estuvo a punto de terminar con su resolución.
—Bien. Estoy muy sudada, así que me voy a meter en la ducha —replicó, decidida a no prestar atención al deseo que despertaba en ella Edward. Estaba decidida a tratarlo solo como un amigo. No obstante, cuando entró en el cuarto de baño, él la siguió—. He dicho que me iba a duchar.
—Yo estaba a punto de afeitarme. ¿Te importa si lo hago mientras te duchas? —le dijo, a modo de desafío.
—Claro —replicó ella—. No hay problema. Solo déjame que me meta primero.
Podía hacerlo. Estaba segura. Entonces, se acercó y abrió el grifo para que corriera el agua. A continuación, se desabrochó las deportivas y se las quitó. Era mucho más productivo que contemplar el torso desnudo de Edward. El único problema era que le colocaba la vista a la altura del ombligo y de la entrepierna. Se irguió secamente, reprimiendo un suspiro. Se quitó los calcetines con mucho cuidado de no doblarse en aquella ocasión. Cada vez le costaba más ignorar el deseo que se iba despertando en ella.
—Date la vuelta para que me pueda desnudar.
Edward se giró. Su espalda ofrecía un estudio completo de simetría y elegancia. El fino algodón del pijama le destacaba el trasero. Bella se desnudó rápidamente y se metió en la ducha.
—¿Estás ya dentro?
—Sí.
—¿Cómo está el agua?
—Bien.
Desesperadamente, Bella trató de recordar algo desagradable sobre Edward para así poder ignorar el estado de extrema excitación en el que se encontraba.
Desgraciadamente, no se le ocurrió nada más que lo erótico que era hablar con él mientras el agua cálida le resbalaba por los hombros, la espalda y el trasero y las piernas. ¿Acaso estaba destinada a pasarse todas aquellas vacaciones húmeda, de un modo u otro, y desnuda o casi desnuda?
Lo mejor era terminar lo antes posible con la ducha. Buscó el jabón, pero se dio cuenta de que estaba en el lavabo, al lado de Edward.
—¿Te importa pasarme el jabón, por favor?
—¿Necesitas algo más?
—No, solo el jabón.
Le entregó la pastilla desde el otro lado de la mampara de cristal, poniendo cuidado de no mirar. Bella le rozó los dedos cuando agarró el jabón y aquel ligero contacto fue suficiente como para que se le convirtieran los pezones en lanzas erectas.
—Gracias.
La frustración, la exasperación y la confusión se apoderaron de ella. Sentía que la base de su amistad estaba desapareciendo ante sus propios ojos, destruida por la atracción que palpitaba entre ellos. Incluso en aquel momento, en el silencio que los separaba, la tensión sexual establecía un vínculo muy fuerte entre ellos.
El deseo pareció hacer mucho más sensible su piel. Contuvo el aliento mientras se pasaba la esponja por los hombros. La tensión se apoderó de ella. Una tensión caliente y húmeda…
—Bella, esto no funciona.
—¿No?
—No. Tú ahí dentro, desnuda y húmeda. Y yo aquí fuera.
—Pero…
Edward se dio la vuelta, interrumpiendo las palabras de Bella. Ella vio el deseo dibujado en las facciones de su amigo. A través del cristal de la ducha, la estaba devorando con la mirada.
—Te deseo tanto que me duele…
Bella sintió que se le aceleraban los latidos del corazón. Sabía que estaba nadando contra corriente, enfrentándose a una marea de necesidad sexual que amenazaba por llevársela por delante. Francamente, no sabía si podría encontrar el camino de vuelta a donde había empezado. En aquellos momentos, se veía en un peligro desesperado de ahogarse.
Abrió la puerta de la ducha y tiró de él, cansada de luchar contra corriente, aferrándose a Edward como si solo él pudiera salvarla. Él entró con los pantalones del pijama y todo. Inmediatamente, la besó, empujándola bajo la ducha hasta que la espalda y el trasero chocaron contra la pared de mármol. Entonces, se abrazó a él, desesperada por sentir su piel.
—Oh, Bella… —gimió Edward, como si compartiera la misma desesperación.
Le atrapó las muñecas con la mano izquierda y se las colocó encima de la cabeza, sujetándoselas contra la pared. Era una posición muy erótica y que le hacía sentirse muy vulnerable. El agua les caía a borbotones por la cabeza, entre ellos. Entonces, Edward agarró la pastilla de jabón y la frotó entre las manos hasta que consiguió sacar mucha espuma. Cuando terminó, la dejó caer al fondo de la ducha.
Bella jadeaba profundamente. Con exquisito cuidado, Edward comenzó a frotarle el cuello con la mano llena de jabón. En vez de satisfacerla, aquellas caricias acicatearon más el hambre que la atenazaba.
Cuando le acarició la axila, ella se echó a temblar. Aquellos dedos ágiles y ligeros bajaron entonces para acariciar la tierna carne de un pecho. Lo enjabonó por todas partes, haciendo que el pezón se irguiera ansioso para recibir jabón y agua y para esperar más caricias. Cuando la tocó con la palma de la mano, la sensación que Bella sintió se hizo eco por todo el cuerpo. Cerró los ojos y bajó la cabeza, entregándose a las sensaciones que la embargaban. Edward repitió las caricias que le había dado al pecho izquierdo en el derecho y luego empezó a bajar poco a poco, enjabonándole la cintura y el vientre.
—Tienes el vientre más sexy que he visto nunca —susurró Edward, sin soltarle las muñecas.
A continuación, centró toda su atención en las caderas. Instintivamente, Bella separó los pies, abriéndose para él. Edward le frotó la parte interna de los muslos, dejando que el reverso de la mano le rozara el vello. Ella no pudo reprimir un gemido. Solo con que moviera ligeramente la mano…
—Date la vuelta y déjame que te enjabone por atrás.
—Pero…
—Todo a su debido tiempo. Ten paciencia. ¿Confías en mí?
—Sí, claro que sí.
—¿Se te cansan los brazos?
—No. Me gusta…
—A mí también. Ahora, date la vuelta.
Bella obedeció lo que él le había pedido. Apretó la mejilla y el pecho contra la pared. Entonces, se mordió los labios. Edward comenzó a masajearle la espalda y los tensos músculos de los hombros. Con cada caricia, el deseo que ardía en el interior del cuerpo de la joven se iba haciendo cada vez más fuerte.
De repente, él giró las manos y le tomó en ellas los carrillos del trasero. Sin poder evitarlo, Bella se le ofreció aún más y separó otro poco los pies. Los dedos de Edward se introdujeron en los pliegues más íntimos, llevándola más allá de todo razonamiento.
Ella empezó a gemir de placer contra el frío mármol. Por fin, le separó con dos dedos los labios de su feminidad. Una caricia, ligera como una pluma. El dedo resbaladizo de Edward contra la cálida humedad de su cuerpo. Bella tembló
placer. Su cuerpo entero se convulsionó con una sola caricia. Sin embargo, no era suficiente.
—Quédate como estás —dijo él, tras soltarle las muñecas.
Ella esperó durante lo que seguramente solo fueron segundos, pero que le parecieron horas. Entonces, sintió que Edward se arrodillaba tras ella, apretándole el trasero, separándoselo.
—Quiero saborearte, Bella —susurró. Entonces, la lengua acarició el mismo lugar que antes había tocado el dedo. Las sensaciones fueron de un indescriptible placer—. Delicioso…
—Ed… por favor… no pares…
La boca de él la besaba muy íntimamente. Labios, lengua, acariciaban, mordisqueaban, besaban… Una abrumadora sensación de gozo se apoderó de ella y la atravesó, haciendo que se tambaleara de puro placer. Entonces, poco a poco, se deslizó por la pared de mármol, mientras sentía que los fuertes brazos de Edward la agarraban para evitar que se cayera.
—Eso es, nena… Yo te sujeto… Tú relájate…
Como una marioneta, Bella se plegó en el suelo, entre las piernas de Edward. Él se sentó, apoyando la espalda contra la otra pared y tomó a Bella entre sus brazos. Empezó a acariciarle los pechos, dejando que el agua se llevara todos los restos de jabón y que refrescara sus sensibles pezones. A través de la fina tela de algodón, su potente erección se apretaba contra ella.
—Eres increíble, Bella. Tan caliente… Tan sexy… Tan dulce…
Cuando volvió a tomar sus labios, ella sintió que algo volvía a despertarse en su interior, algo más allá de lo físico… Debía de ser una ninfómana, porque, cuanto mejor era el sexo, más quería. Acababa de experimentar uno de los orgasmos para satisfactorios de su vida y volvía a sentir que el deseo se despertaba en ella. Sabía que no podía seguir cayendo en aquellas situaciones con Edward, pero quería darle el placer que él le había entregado.
Extendió las manos y le tocó a través del pijama.
—Creo que a ti también te vendría bien un poco de terapia en la ducha.
—Parece interesante…
—Creo que te gustará —susurró. Entonces, se apartó un poco de él y se arrodilló, dejando que el agua le salpicara la espalda y los hombros—. Sin embargo, para que te beneficies al máximo, debes ayudarme para que te pueda quitar los pantalones —añadió. Edward trató de levantarse, pero ella se lo impidió—. Quédate donde estás. Solo levanta un poco las caderas.
Le bajó los pantalones. Al ver cómo la erección que él tenía creaba un efecto de tienda de campaña con la tela del pijama, Bella se echó a reír.
—Ríete. ¿Sabes lo que ocurre cuando una hermosa mujer se ríe de un hombre desnudo?
Sin dejar de reír, ella le terminó de bajar el pijama.
—Ahora estás completamente desnudo. Y te aseguro… —murmuró, tocándole de arriba abajo con un dedo—… que no me río.
—Yo tampoco.
Dejó los pantalones en una esquina de la ducha. Entonces, tomó la pastilla de jabón y la frotó hasta crear espuma. A continuación, se colocó encima de él, a horcajadas y le empezó a acariciar los hombros. Los duros y firmes músculos se flexionaron suavemente.
—Tocarte es un placer…
—Entonces, tócame todo lo que desees… Eres estupenda. Tienes unas manos mágicas —susurró Edward, gozando con el masaje—. No tenía ni idea de que supieras hacer esto…
—Ya veo que lo estoy haciendo bien —dijo ella, sonriendo al ver la expresión de placer que tenía en el rostro.
—Sí…
—Hay muchas cosas que sé hacer de las que tú no tienes ni idea.
—Me muero de ganas porque me las muestres.
Entonces, Bella pasó a frotarle el brazo y el torso. Sin poder evitarlo, Edward se inclinó sobre ella y le atrapó un pezón entre los labios. La joven se aferró a él y lanzó un gemido de placer al sentir aquella caricia tan placentera.
—Sí… —susurró.
Edward la soltó y dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Ese es uno de los placeres que se consiguen cuando te baña una mujer desnuda.
—Y aquí está el segundo —musitó ella, ofreciéndole el otro pecho.
Sin poder negarse, él le chupó el pezón, mordiéndolo suavemente. Bella cerró los ojos y lanzó un profundo gemido que rebotó entre las paredes de mármol. Cuando Edward la soltó, ella volvió a abrir lentamente los ojos. Entonces, le acarició los pezones a él.
—Me parece que descubrirás que los beneficios se van haciendo cada vez más interesantes.
—Espero vivir lo suficiente, nena, porque me estás matando…
Le acarició el vientre con suaves movimientos circulares. Entonces, poco a poco, fue bajando más y más hacia la entrepierna. Cuanto más se acercaba a la erección, más se le aceleraba la respiración a Edward. La excitación que él sentía alimentaba la de ella.
Lentamente, Bella comenzó a enjuagarlo.
—Te gustaría mucho que te tocara, ¿verdad?
—Sí, me gustaría mucho —admitió Edward. La respiración se le había acelerado aún más y la erección parecía palpitar ante aquella sugerencia.
Bella quería darle el mismo placer que él le había entregando a ella. Por eso, se acercó a él a cuatro patas. El agua le caía por la cabeza y los hombros. Delicadamente, lo acarició desde la punta hasta la base. Edward cerró los ojos y apretó los dientes.
—Oh, Bella… Nena…
Ella se acercó un poco más y le tocó la punta con la lengua. En aquel momento, Edward abrió los ojos de par en par.
—Me gusta tocarte, Edward, pero lo que realmente quiero hacer es saborearte —susurró, mientras le lamía suavemente, deteniéndose especialmente en la punta. Entonces, abrió la boca, lista para introducirse en ella tanta masculinidad.
Edward se aferró a la dicha y sonrió de pura felicidad.
Lo prometido es deuda… debo decirles desde ya que bella es demasiado dramática, independientemente de que tenga razón… se viene drama aunque no durara mucho… nos leemos apenas pueda… si no publico el jueves prometo que el viernes subo 2 capítulos
