Hola c0m0 podrán ver ahora si n0 tarde mucho ^v^ yeha¡! jejeje ok me emoci0ne y buen0 aquí les traig0 el siguiente capi de su fic C0raz0n traicionado xD, que espero sea de su agrado.
Naru y sus personajes son de Kishi-san y la historia es de Car0l T.
Naruto alcanzó a la novicia antes de que hubiera decidido qué iba a decirle. Vio una capa de color azul delante de él, avanzando por el camino del cementerio.
-Al menos no sale huyendo, como su hermana.- pensó él, y parte de la tensión que tenía acumulada se disipó. No quería perderla, y al oír de sus admiradores el enojo en él aumento levemente.
Diablos, eso no estaba bien, lo que no quería perder era la oportunidad de utilizarla. Si le dejaba libertad, ella lo ayudaría a eliminar a la resistencia del lord Mizukage. Sí, eso era… el planeaba utilizarla…
Naruto negó con la cabeza al pensar en cómo aquella mujer de rostro inocente afectaba a su persona. Aceleró el paso y acortó la distancia que había entre ambos. Sin duda, ella confiaba en que nadie la hubiera visto dirigirse a Golde Street.
Apretando los dientes, Naruto se dirigió a su capitán en voz baja.
-Preparad los caballos y reunid a la tropa. Marcharemos hacia Konoha dentro de media hora.
-Sí, señor.
Caminó hasta la novicia y la agarró del hombro.
-¿Lady Hinata?
-¡Naruto!- se sobresaltó. –Yo… me preguntaba dónde estabas.
-Seguro que sí.-pensó él, percatándose de su sonrisa nerviosa y de su rostro de culpable.
-¿Dónde has estado?
-Yo… decidí ir a dar una vuelta por el pueblo. Ha pasado mucho tiempo desde que estuve aquí la última vez.
Naruto le agarró la mano y se la colocó sobre el brazo, dirigiéndole hasta el cuartel.
-¿Dónde está Rock Lee? Debería haberte acompañado.
-No pensé que llegaría tan lejos.- dijo ella. –Le dije que iba a la catedral, pero después… decidí que me gustaría ver el convento de Nunnaminster.
-Mentirosa.- pensó Naruto.
-¿Y cómo era?- disimuló.
-¿El convento?
-¿Si no, el qué?- se fijó en un mechón azulado que se escapaba de su griñón y miró a otro lado para no acariciárselo. Recordó lo que debía hacer. Nada, sólo esperar y ver cómo actuaba ella.
-No pude encontrar el convento.- dijo ella. –Me perdí en la parte alta de Marquet Street y regresé.
Era una pésima mentirosa. No, era más que eso, no le gustaba mentirle. Incompresiblemente, Naruto se sintió aliviado. Le cubrió la mano con la suya y continuaron hacia Old palace, aparentando ser un caballero suno en compañía de su prometida. ¿Y en realidad? A ella le temblaban las manos y no lo miraba a los ojos. Quizá, Naruto tratara de engañarse, pero no consideraba que todo estuviera perdido si a ella no le gustaba mentirle.
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Naruto había pedido prestado un caballo del cuartel para que Hinata pudiera montar hasta casa. El animal era un poco terco y a Hinata le costaba manejarlo, lo que ayudaba a que no pudiera pensar en la inquietante conversación que había mantenido con Naruto fuera del palacio.
No estaba segura de por qué aquella conversación la había inquietado, pero tampoco podía olvidarla. Era cierto que no conocía bien a Naruto Uzumaki pero, fuera del palacio había notado…
¿Habría descubierto Naruto que había ido a la casa de Shikamaru? Sin duda, era una posibilidad, pero él no le había dicho nada. En todo momento, se había comportado de manera cortés, aunque observadora. Y quizá supiera más de lo que le había comentado.
Hinata no tenía ni idea de cuánto habían avanzado. Aparte de Rock Lee, quien montaba a su lado en silencio, Naruto y el resto de la tropa estaban por delante. Suspirando, Hinata golpeó al animal con los talones.
Al cabo de un rato pasaron junto a un hito cubierto de musgo. En él estaba grabado el nombre de Konoha, y ella se alegro al ver que casi había llegado a casa.
A casa… la idea le provoco que se le formara un nudo en el estómago. ¿Qué encontraría en Konoha? ¿Quedaría alguien allí que pudiera reconocerla? ¿Sería capaz de mantener a salvo a su hermana?
Hinata golpeó de nuevo con los talones al animal y el caballo estiró las orejas, pero la bestia debía de ser terca como una mula, porque su paso era inalterable. Lento, lento, lento.
Delante de ellos, Naruto se volvió con la mano apoyada en la parte trasera de la silla de montar.
-Rock Lee, tomad las riendas del caballo de lady Hinata. Es evidente que tiene problemas, y es peligroso ir así en un camino cómo esté.
Sin esperar una respuesta, se volvió de nuevo hacia delante.
El hombre con él que había decidido casarse no le había dedicado una mirada desde que habían regresado al palacio. Él debía de saber que había ido a visitar a Shikamaru. El hombre atractivo, cariñoso y considerado que la había besado por la mañana se había convertido en un guerrero frío y distante. ¿Era la misma persona?
Y además, pretendía humillarla delante de su escudero, ella suspiró. No tenía problemas, todo era culpa del caballo que le habían dado.
Rock Lee se acerco y le agarró las riendas.
-No soy yo.- murmuró Hinata, mirando hacia la espalda de Naruto.
Rock Lee apremió a su caballo y provocó que el de Hinata lo siguiera.
-Lo sé.- dijo Rock Lee. –Y sir Naruto también lo sabe.
-Entonces, ¿por qué ha elegido este caballo para mí?
-Sir Naruto tuvo suerte de conseguir un caballo. Era el último que quedaba en los establos.
-¿El último? ¿Me preguntó por qué? Imaginaba que los hombres del Mizukage habrían luchado a muerte por este animal.
Rock Lee esbozo una sonrisa.
-Más o menos, lady Hinata. Pero debe de ser mejor que montar con sir Naruto.
-Oh, sí, Rock Lee. Al menos, eso lo he evitado.
Trotando junto a Rock Lee, Hinata ignoró la mirada que le echo el escudero de Naruto y se concentró en mantener al caballo al ritmo.
El paisaje de Zurungakure le resultaba cada vez más familiar. La carretera comenzaba a descender hacia un valle arbolado. En los prados había rebaños de ovejas y el río Konoha llevaba bastante agua.
Durante varias generaciones la familia de Hinata había vivido cerca del río Konoha. Con su agua habían cultivado maíz, habían criado peces y…
-¿Todo esto os resulta familiar, lady Hinata?- preguntó Rock Lee.
-Sí, Konoha.- se aclaro la garganta. –está muy cerca.
-Yo continuaré desde aquí, Rock Lee.- dijo Naruto, y le quito las riendas a su escudero. Se quitó el yelmo y lo ató a la perilla de la silla. –Controlad a los caballos, ¿queréis?
-Sí, señor.- Rock Lee se adelantó.
Naruto tenía una expresión adusta. Y entonces la miró y sonrió. Pero parecía que Hinata empezaba a conocerlo. Su sonrisa era falsa, lo cierto era que desde que empezó a notar el ambiente ameno que se formaba entre su escudero y su prometida, no podía estar tranquilo y menos con la información recibida por parte de su capitán, así que decidió hacer algo al respecto.
-¿Señor?
-¿Serás mi guía? Cuando tomamos posesión no entendíamos muchas palabras. A mí me gustaría saber el nombre y la condición de cada persona de este lugar. Prometiste ser mi guía, ¿recuerdas? Y quiero que me enseñes japonés.
-Cuando tomamos posesión.- resonó en la cabeza de Hinata, la cual trago saliva y asintió, agachando la cabeza para ocultar su rabia.
Pero al instante, su rabia se difuminó al ver los alrededores de Konoha. Los campos estaban cosechados, los cerdos atados y revolcándose en el lodo.
Hinata frunció el ceño.
-¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?- preguntó Naruto.
-Hay demasiados animales.- dijo ella. –demasiados, y no han cortado la paja para el invierno.
-Explícamelo, por favor.
Hinata lo miró fijamente, preguntándose por qué estaba interesado. ¿Su intención era despojar a Konoha de todas las riquezas que poseía, de forma que el pueblo no pudiera mantenerse por sí solo? ¿O tenía intención de administrar las tierras de su padre con cuidado?
-Necesito saberlo.- dijo él. –Soy un soldado, no un agricultor, crecí en una ciudad, hay muchas cosas que tengo que aprender.
Ella asintió y decidió darle el benefició de la duda.
-Estamos en noviembre.- dijo ella. –Es difícil mantener a más de un puñado de animales vivos durante el invierno. Y hay demasiados. Se morirán de hambre. Deberían de haber elegido a los mejores animales y al resto deberían de haberlos sacrificado. Mira esas casas. En enero la gente se congelará. A nadie le importa si la mitad del pueblo muere de fiebre.
Naruto esbozó una sonrisa.
-Hinata, eso podía haberlo deducido yo…
-No sé que está pensando Ebizo…
-¿Ebizo?
-El alguacil, al menos hace siete años era el alguacil. Entonces, ya era un hombre algo mayor. Quizá esté enfermo.- lo miró frunciendo el ceño. –O quizá, también se haya muerto.
-¿Quién vive en esa casa?
-¿La que no tiene tejado? Ichi e Inaho.
-¿Y en ésa?
-Izaga, el pobre Izaga perdió a su esposa cuando dio a luz a su hijo Zet. Zet es de mi edad.- -Y Zet es retrasado.- pensó, pero no le dijo nada a Naruto. La casa de Izaga parecía abandonada. ¿Qué le habría sucedido? Y si le había sucedido algo, ¿quién estaría cuidando de Zet?
Enseguida llegaron al molino. Naruto lo miro y le preguntó.
-¿Cómo llamáis a esto en japonés?
-Es un molino.
-Molino.- repitió Naruto, tratando de pronunciar la palabra. –Molino.
-El molinero se llama Mattatsu, está casado con Ibara, y cuando me marché tenían una niña que se llamaba Matsuri, y dos niños, Ittetsu y Sein. Matsuri debe tener unos 17 años y los niños 14 y 15.
Naruto asintió.
-Molino.- repitió.
Continuaron avanzando y llegaron a la iglesia.
-¿Y esté edificio? ¿Cómo se llama en japonés?
-Iglesia.
-Iglesia.- murmuró Naruto. –Iglesia.- continuó hablando en japonés. –Es de madera, como las casas y el molino, no hay edificios de piedra en Konoha. En Sunagakure es igual, sólo los castillos y las catedrales son de piedra.
Hinata asintió. Miró hacia el cementerio que estaba junto a la iglesia y encontró lo que estaba buscando, una corona de flores sobre un montón de tierra recién removida. ¿La tumba de su madre?
Agarró las riendas con fuerza y sintió que los ojos se llenaban de lágrimas. Tratando de contenerlas, miró hacia el cura y hacia su pueblo Konoha. Las lágrimas comenzaron a correr pos sus mejillas, con un nudo en la garganta, trató de hablar con normalidad.
-Como puedes imaginar, la casa que está junto a la zona de cultivo de la iglesia pertenece al cura. Él vive de los diezmos que todo el mundo le da. El padre Danzou…
Naruto soltó una carcajada.
-Eh conocido al padre Danzou. Y a su esposa.
Hinata lo miró, olvidándose de las lágrimas que caían por sus mejillas.
-No sabía que el padre Danzou se hubiera casado.
Al ver sus ojos perla humedecidos, Naruto se puso serio.
-Ah, Hinata, qué tonto soy.- estiró la mano y le secó una lágrima. –Tú madre… lo siento mucho.
Hinata retiró el rostro y le apartó la mano.
-No, por favor. Aquí no. Ahora no.- sabía que sí él le mostraba compasión se derrumbaría, y no quería quedar en ridículo delante de sus hombres y de todo el pueblo. Era la hija de su madre.
Naruto agarró las riendas de nuevo y decidió continuar con la conversación.
-El padre Danzou tiene dos niños pequeños.
Hinata se secó las lágrimas con la manga.
-¿Sí?
-¿En el país del fuego es común que los curas se casen?- preguntó Naruto.
-A veces se casan.
-El Mizukage no da su aprobación a ese tipo de cosas.
Hinata se encogió de hombros. Se preguntaba con quien se habría casado Danzou. Siempre le había gustado Reiko, y a ella…
Konoha. Por fin estaba en casa.
La casa era un edificio más grande y mejor conservado que los demás y estaba situado frente a la iglesia.
Al llegar, Rock Lee e Idate llevaron a los caballos a los establos. Dentro, junto al fuego, sir Gaara le entregaba la capa a uno de sus hombres, riéndose. Una multitud de personas se movían en el interior de la casa del padre de Hinata. Del agua, sunos. Conquistadores.
Ella podía oír el murmullo de las conversaciones, el graznido de un ganso, el relinchar de un caballo. ¿Dónde estaba Hanabi? ¿Dónde estaba su hermanita? Mirando alrededor, se sintió vacía. La casa de su padre estaba en manos de los conquistadores.
En mitad del pasto, bajo las ramas de un roble centenario, se encontraba la picota. Naruto frunció el ceño y señalo hacia allí.
-En Sunagakure tenemos una cosa igual. ¿Cómo se llama en japonés?
-La picota. Mi padre a veces la utilizaba para dar palizas.- contesto ella, recordando los castigos que su padre aplicaba a los siervos. Una vez, a uno le amputó una mano por robar. Y, de vez en cuando, empleaba un hierro candente para escarmentarlos.
Pero Hanabi… ¿Dónde estaba Hanabi? Miró hacia la casa del alguacil y vio que alguien se acercaba a ellos con muletas.
-¡Kiba!
Kiba era otro amigo de ella y uno de los guardaespaldas de su padre.
-¿Hinata?
Hinata bajó del caballo y corrió hasta el.
-Oh Kiba, ¡me alegro de veros! Temía que también os hubierais marchado.
Kiba se acomodó en las muletas y miró a Naruto con frialdad.
-Calma, Hinata.- dijo él en japonés. –Aquí me tenéis.
-¿Hablad chino, queréis?- le pidió Naruto, el nuevo señor de Konoha.
-No sabe. Lo siento. Oh, Kiba, me alegro tanto de veros.- ella sonrió, ignorando durante un instante al hombre con el que había aceptado casarse. -¿Qué os ha pasado en la pierna?- le preguntó ella al ver que la tenía entablillada.
-Me caí del caballo. Una mala rotura, o eso me dijo vuestra madre, de otro modo, habría ido a Ganamakure con vuestro padre. Todos los guardaespaldas lo acompañaron, menos yo.- soltó una amarga carajada. –Incluso Izaga fue.
-¿Cómo defensores de nuestro pueblo?
-Sí.- dijo él. –ninguno regresó.
Incapaz de contestar, Hinata asintió.
-Kurenai me entablillo la pierna.
-¿Kurenai?
-Bajo la supervisión de vuestra madre.- Kiba la miró a los ojos. –Hinata, siento mucho lo de lady Hanabinaru. Todos los sentimos. El día que ella falleció…
Rápidamente, antes de que Kiba dijera nada que Naruto pudiera entender sobre su hermanita, Hinata se acercó a él y lo besó en los labios agarrándolo con fuerza e ignorando la mirada de Naruto el cuál después de ver esto bien podía competir con un muro de piedra, entonces Hinata le dijo a Kiba.
-Hablaremos más tarde. Tenemos que ponernos al día. Pero me alegro de verte con vida.- se volvió hacia la casa de su padre. -¿Kurenai?
Kiba la miró a los ojos.
-Dentro, con vuestra… con la nueva bebé. Lo sabéis, ¿verdad?
-Shion me dio las nuevas.
Kiba se movió con las muletas y, al cargar el peso sobre la pierna herida, puso una mueca de dolor.
-¡Santo cielo! No está curándose como debería.
-Le echaré un vistazo antes de cenar.- le prometió Hinata. –Antes de que oscurezca.
-Os lo agradezco, he oído que tenéis tanto talento como vuestra madre.
Mirando a Naruto con incertidumbre, Hinata pasó a su lado y se dirigió a la casa de su padre.
Una vez dentro, Hinata ni se fijo en los caballeros sunos que no sabían hablar japonés. Solo tenía ojos para Kurenai. La encontró sentada en un banco con un velo alrededor de los hombros. Discretamente, estaba amamantando a un bebé.
¡Hanabi! Hinata se apresuró para acercarse, tratando de disimular su emoción. Hanabi era más pequeña de lo que había imaginado. Tenía el rostro arrugado y una capa de cabello castaño. Estaba mamando con fuerza, con los ojos cerrados. Su hermana, la heredera de Konoha.
-¡Lady Hinata!- Kurenai exclamó con una sonrisa. –Ésta es Hanabi.
Hinata se arrodilló y acarició la cabeza de la niña.
-Oh Kurenai, es preciosa.
-¿A que sí?
Había otro bebé dormido en el canasto, a los pies de Kurenai. Con cuidado, Hinata le acarició un pie que asomaba por debajo de la mantilla.
-¿Y éste? ¿Quién es?- preguntó mientras lo tapaba mejor.
-Es Asuma.- sonrió Kurenai.
Hinata volvió a mirar a su hermana y sintió que se le humedecían los ojos. Kurenai se dirigió a ella en voz baja.
-Me alegro que hayáis venido, Asuma y yo temíamos a estos…- miró hacia donde estaba Sir Gaara y el resto de los hombres. –Temíamos lo que podrían hacer. No sabíamos que sería mejor para esta pequeñina… sí que se quedara aquí, o que se marchara con vuestra hermana. Pero con vos en casa… vos sabréis lo que hacer. Os quedaréis, ¿verdad?
-Sí, voy a casarme con Sir Naruto.
Kurenai se fijo en su hábito y en la cruz de madera que colgaba sobre su pecho.
-¿De veras, cariño?
Hinata tuvo que sonreír. Kurenai no había cambiado. A veces se acordaba y llamaba a Hinata por su titulo pero, a menudo, simplemente la llamaba cariño.
Una sombra apareció en la entrada, Naruto. Se había quitado la espada y la cota de malla y sólo llevaba una túnica verde con un cinturón plateado. Se acerco al fuego y extendió las manos frente a la llama.
-No lo sé.- Kurenai continuaba hablando. –Pensé que estabais comprometida con Dios. Pero puesto que vuestra hermana no va a casarse con él, quizá sea lo mejor.
-Sí, eso creo yo. Contadme cómo están las cosas en Konoha.
Kurenai comenzó a relatare cómo se encontraba la gente del pueblo. Entre tanto, Hinata miraba a su alrededor para ver si la casa había sufrido algún cambio. No parecía que nada estuviera fuera de su lugar y nada parecía dañado.
-¿Kurenai?- Hinata la interrumpió
-¿Sí, cariño?
-No parece que hayan saqueado nada.
-No.- convino ella. –Es cierto, temía que eso sucediera, pero…- miró hacia Naruto. –Él mantiene a sus hombres en orden.
-¿Y qué hay de los perros lobo de mi padre? ¿Dónde están? ¿Fueron con él a Ganamakure? ¿Bouke sigue con nosotros?
-No, cariño, Bouke murió el pasado invierno. Pero Hiashi Hyuga dejó a sus perros aquí, para que cuidaran de tu madre. Y lo habrían hecho, si todavía siguiera con vida. Deberías haberlos visto cuanto entraron los invasores. Entonces, aprendí cómo un perro lobo puede convertirse en lobo.
-¿Y no mataron a los perros?
-No, cariño. El nuevo señor los ató en la parte trasera del jardín, junto a los establos.- Kurenai esbozo una sonrisa. –No imagináis como gruñían, le hubieran arrancado el cuello, si hubieran tenido oportunidad.
Mirando a los hombres que estaban junto al fuego, Hinata se puso en pie.
-Será mejor que vaya a ver si necesitan algo.
-¿Quién, cariño? ¿Los hombres o los perros?
-Ambos.- dijo Hinata, y se rió. –Oh, Kurenai, me alegro de veros.
-Yo también, cariño. Ahora, marchaos antes de que aquel señor se pregunte porqué una simple sirvienta requiere tanto vuestra atención. Pero tratadlos bien y guardad bien nuestro secreto.
-Sí. Nadie les ha servido algo de beber. ¿Dónde está Asuma? Si no encuentro a Hana, el podrá ayudarme.
-Oh, no, cariño. Una de las ruedas de la carreta tambaleaba, así que Asuma la ha llevado al herrero. Regresará en cualquier momento.
-Entonces, Sari. ¿Ella podrá ayudarme?
-No la he visto. Mirad en la iglesia. Desde que vuestra madre se marchó, descanse en paz, Sari pasa allí mucho tiempo.- le guiñó un ojo. –Supongo que Reiko se alegrará si la sacas de allí.
-¿Kurenai?
-¿Sí, cariño?
-Mi poni… Cloud…
Kurenai sonrió.
-Está aquí, vuestro padre pensaba venderlo, pero vuestra madre no quería ni oír hablar del tema. Lo encontrarás en el prado.
Bueno hasta aquí jejeje okis esperare ansiosa los comentarios de todos ^^ recuerden que entre mas rr, más feliz estoy jejeje y por supuesto mas rapid0 escribo los capis :p.
Pd: Los quiere αnα-gααrα ^^ bye.
