CAPÍTULO 10. Brindis de Nochebuena.
Al poco rato de que llegaran los gemelos, la señora Weasley los llamó para comer y los cuatro dejaron la decoración para más tarde. Fleur y Charlie estaban sentados a la mesa junto con Arthur, Ron y Percy, que acababan de llegar del Ministerio. Los gemelos empezaron a olfatear el aire nada más entrar en la cocina.
- Mmm...
- Huele que alimenta, mamá.
George intentó robar algunas patatas fritas del bol que estaba sobre la mesa, pero su madre fue más rápida y le golpeó en la mano para impedírselo.
- ¡Espera a que nos sentemos todos en la mesa!
George se sentó junto a su gemelo murmurando palabras inteligibles contra su madre, provocando la risa de Fred, Charlie y Ron. Este último echó un vistazo a su alrededor y luego miró a su madre.
- ¿Hermione aún no ha llegado? –preguntó.
- Es cierto –murmuró la señora Weasley mirando también a su alrededor-, aún no ha llegado. Que raro.
- Bill también se está guetgasando –apuntó Fleur-. Habgá pasado algo en Guingotts.
En ese momento se oyó cerrarse la puerta de la calle y un instante después Hermione y Bill entraron en la cocina.
- Sentimos llegar tarde –se excusó Hermione-. Tuvimos un problema en Gringotts.
- ¿Qué pasó?
- Un dragón problemático –contestó Bill.
- Pudisteis haberme avisado –intervino Charlie.
- Ya tenemos gente en Gringotts para este tipo de problemas –dijo Hermione.
- ¿Y entonces para qué os tuvisteis que quedar vosotros? –preguntó Ron.
- Para supervisar. Pura rutina –contestó su hermano.
- Para asegurarnos de que nadie se aproveche de la situación como "maniobra de distracción" –especificó Hermione.
La comida transcurrió con normalidad y después Fred, George, Bill y Hermione volvieron al trabajo. El señor Weasley también regresó al Ministerio a terminar algunas tareas pendientes. La señora Weasley se puso a preparar todo para la cena de aquella noche y Fleur se retiró discretamente a un dormitorio para acostar a Mark para su siesta. Ron, Charlie y Percy decidieron ayudar a su hermana pequeña con la decoración navideña de la casa. Sirius aprovechó que había bastante gente enfrascada en esa tarea para secuestrar disimuladamente el ordenador del salón y refugiarse en su dormitorio.
Ya habían pasado un par de horas desde que habían terminado de decorar la casa. La cena estaba casi lista y ya habían vuelto todos del trabajo para pasar la Nochebuena en familia. Fleur y Hermione bajaron a la cocina para echarle una mano a la señora Weasley, mientras que el resto de la familia había decidido matar el tiempo hasta la hora de la cena. Bill y Arthur observaban como Fred, George y Charlie jugaban a los snap explosivos y Percy (siempre tan intelectual) jugaba al ajedrez mágico contra Ron, pero no le estaba yendo nada bien. Ron era buen jugador.
Ginny (que se suponía que debía ayudar a su madre) se escabulló escaleras arriba en busca de Sirius, al cual no había visto en toda la tarde. Lo encontró en su dormitorio, enfrascado en el ordenador. Él ni siquiera la escuchó entrar. Ginny cogió un cojín de la cama y le golpeó con el en la cabeza, dándole un susto de muerte.
- So-traidor. Me has abandonado toda la tarde.
- Es que se te veía tan entretenida... –comentó Sirius mientras se recolocaba el pelo con la mano.
- "Ocupada", querrás decir –objetó Ginny torciendo el gesto-. Y no hace falta que te peines tanto, que ya estás muy guapo.
- Buff, guapísimo. Ya no soy nada comparado con lo que era antes –comentó Sirius distraídamente sin apartar la vista del ordenador.
- ¿Por qué lo dices? ¿Tanto has cambiado en estos años o qué? –el moreno seguía a lo suyo y no parecía estar escuchado a Ginny-. Sirius... ¡Sirius! ¿Me estás escuchando?
- Eh ¿Qué me decías?
- ¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo? –Ginny se inclinó sobre el monitor y puso los ojos en blanco-. Tú y tus motos. ¿Vas a comprarte una?
- De momento no. Solo estaba viendo –Sirius apagó el ordenador y se volvió hacia Ginny-. Perdona. ¿Qué me decías?
- Estábamos hablando de lo feo que eras hace unos años –dijo Ginny con sarcasmo.
- Pues que sepas que cuando tenía tu edad tenía a todas las chicas de Hogwarts a mis pies.
- "Que baje Modesto, que sube Sirius". Bah. No será para tanto, exagerado.
- Pregúntaselo a Remus si no me crees. Y si te dice lo contrario es que te está mintiendo porque la envidia todavía le corroe.
- Serás chulo.
Sirius rió y se acercó a una estantería de la cual cogió una fotografía que luego le tendió a Ginny.
- Compruébalo tu misma. Mira lo feísimo que era. En esta tendríamos dieciséis o diecisiete años.
Ginny cogió la foto y la observó con detenimiento. El chico de la izquierda era Lupin. Aunque estaba muchísimo más joven y tenía el pelo más oscuro no cabía duda de que era él. Observó entonces al muchacho del centro y sintió como si le pincharan en el corazón. No cabía duda de que Harry había sido la viva imagen de su padre. Ginny observó a James Potter, que le devolvía una sonrisa idéntica a la de su hijo y que tanto daño le hacía. Apartó los ojos de él y los clavó en el joven y apuesto muchacho de la derecha. Su corazón dio un vuelco cuando reconoció los ojos grises que le sonreían desde la fotografía.
- Es.. Es... ¿Este eres tú? Joder, qué guapo... ¡Y qué bueno estás! –Ginny no puso evitar que se le escapara tal comentario. Era la pura verdad-. Bueno. Lupin y Potter también eran guapos –añadió, para quitarle hierro al asunto-, pero tú les dejas atrás con diferencia.
- Gracias, mujer –sonrió Sirius-. Si no fuera por mi larga estancia en Azkaban, estaría casi igual.
- No digas eso. Estás genial. Tampoco has cambiado tanto, sigues siendo muy atractivo.
Sirius enarcó una ceja con escepticismo.
- ¿Tú crees?
Ginny enrojeció un poco y agradeció que su melena le tapara la única mejilla que él podía ver desde su posición.
- Claro que sí –contestó mientras le entregaba la foto, que Sirius colocó de nuevo en su sitio-. Será mejor que bajemos. La cena ya debe de estar lista.
Se levantaron y salieron de la habitación.
- ¿Entonces tuviste muchas novias en el colegio? –preguntó Ginny.
- Pues no muchas, la verdad.
- ¿Cuántas?
- Ah, pues... Novias, "novias", de decir "somos novios"... Dos, creo. Tres como mucho. Ya no me acuerdo.
- ¿Solo? ¿No dijiste que tenías a todas las chicas de Hogwarts a tus pies? ¿O era un farol?
- Claro que las tenía a todas a mis pies –aseguró él, herido en su orgullo.
- ¿Entonces?
- "Estar", estuve con muchas chicas. Demasiadas diría yo –dijo Sirius haciendo memoria-. Pero con la mayoría de ellas no salía.
- ¿Por qué no?
- Pero que maruja eres. ¿Desde cuándo te interesa tanto mi vida sentimental?
Ginny puso morritos.
- Ahora me ha picado la curiosidad. Anda, cuéntame –Ginny le tiró del brazo como si fuese una niña pequeña.
- Siempre he sido una persona muy independiente. No me gusta atarme a nadie –reconoció-. Me gusta sentirme libre. Ir a donde me dé la gana y hacer lo que quiero cuando quiero sin tener que rendirle cuentas a nadie.
- Todo un rebelde ¿eh?
Sirius sonrió.
- En el fondo nunca he dejado de serlo.
Entraron en la cocina, atestada de gente a punto de sentarse para cenar. Sirius se encaminó hacia la mesa pero Ginny lo detuvo, cogiéndole de la mano y tirando de él hacia atrás.
- Por favor, siéntate a mi lado –le suplicó en un susurro, para que nadie más pudiera oírle.
Él le guiñó un ojo como respuesta y Ginny sonrió aliviada.
Sirius (muy a su pesar) se colocó a la cabecera de la mesa como buen anfitrión, con Arthur de frente, en la otra cabecera. Ginny se apresuró a sentarse a la derecha de Sirius antes de que lo hiciese ningún otro, junto (para alivio suyo) a Ron y Hermione. Cuanto más lejos de Percy y su madre, mucho mejor. Frente a Ginny estaban Bill y Fleur, y al lado de estos se acomodaron Fred y George. Al otro lado de Ron estaba Charlie, del cual los gemelos no dejaban de reírse disimuladamente porque, a parte de tener que compartir habitación con Percy esa noche, le había tocado sentarse a su lado durante la cena. El pobre Charlie no hacía más que echarle miradas recelosas a su madre (la cual hacía como que no veía nada) y arrimarse a Ron todo lo que podía.
- Pobre Charlie... –se compadeció en coña Bill en voz baja, ganándose un codazo de su mujer.
La cena transcurrió con una normalidad que Ginny no se había esperado, pero lo que se temía acabó llegando junto con los postres y los respectivos brindis navideños. El rostro de la señora Weasley se entristeció cuando vio a su marido ponerse en pie con una copa en la mano y aclararse la garganta para hablar.
- Ejem. Bien. Estas son unas Navidades muy especiales. Después de tres años de miedo e incertidumbre podemos volver a respirar tranquilos y sentarnos con nuestras familias en un día como hoy para celebrar estas cálidas y hermosas fiestas. Pero no por ello olvidamos a todos aquellos seres queridos que nos han sido arrebatados a lo largo de estos años y a los que llevaremos siempre en el corazón –los ojos del señor Weasley comenzaron a brillar y este hizo una pausa antes de continuar. Reunió algo más de fuerzas y, levantando la copa, continuó-. Brindemos por todos aquellos que, con nosotros, lucharon valerosamente hasta la muerte o la demencia por defender sus libertades y que han hecho posible que cientos de personas en la Comunidad Mágica puedan estar reunidas en estas fiestas con sus familias. Un brindis, por valientes personas como lo fueron en su tiempo los McKinnon o...
- Los Bones –interrumpió Percy acordándose de Amelia Bones y alzando también su copa.
- Por los Longbottom –dijo Hermione, que en aquellos momentos pensaba en Neville, el cual debía de estar en aquellos momentos celebrando la Nochebuena con su abuela, porque sus padres habían sido torturados hasta la demencia por Bellatrix Lestrange y sus mortífagos.
Charlie levantó su copa con decisión.
- Por Albus Dumbledore y Emmeline Vance.
- Por Kingsley –dijo Bill.
- Por Cedric Diggory –Fred y George no habían olvidado a su antiguo compañero de clase y levantaron las copas en su honor.
- Por James y Lily –se oyó decir a Sirius.
La señora Weasley se puso en pie junto a su marido y, tras enjuagarse una lágrima, levantó su copa.
- Por mis queridos hermanos: Fabian y Gideon Prewett.
Las manos de Ginny temblaban violentamente sobre su regazo y era incapaz de levantar la vista de su plato. Solo una persona había ocupado su mente durante todo aquel brindis. Una persona cuyo nombre todos deseaban oír pero que nadie se atrevía a pronunciar: "Harry Potter".
Algo acarició la mano izquierda de Ginny, haciendo que esta despertara de su trance. Miró a su izquierda y sus ojos se encontraron con los de Sirius. Entrelazaron sus dedos y él le apretó cariñosamente la mano por debajo de la mesa, dándole fuerzas. Se miraron de nuevo y, por un instante, sus corazones latieron como si fueran uno solo.
- Por Harry –proclamaron al unísono.
Los ojos de Hermione se humedecieron y una expresión de orgullo y satisfacción cruzó por su rostro al oír aquel nombre de labios de Sirius y Ginny.
Todos los presentes levantaron sus copas y dijeron antes de beber:
- ¡Por Harry!
- Ja, ja, ja. Esto era... Je, je ¡No, espera! Estaba un Basilisco... jeje... de copas en un bar con una borrachera tremenda –Ron, bastante pasado de copas ya, intentaba contarle a Bill un chiste malísimo- y le dice al camarero: "¡Póngame otra!". El camarero se acerca y le dice: "Pero... ¿No ha bebido bastante ya? Mire que es tarde y después tiene que volver a casa..." "Eso no importa" le dice el Basilisco "Un copa más o una copa menos, voy a ir haciendo eses igual". Ja, ja, ja.
Bill, bastante calcado también, comenzó a desternillarse.
- Ja, ja, ja ¡Qué malo! ¿De dónde lo has sacado?
- ¡Me lo contó una gárgola parlante! Ja, ja, ja ¿Te lo puedes creer?
Ginny, que apenas se movía de su sitio, miraba estupefacta como sus dos hermanos se desternillaban de risa en el suelo, cerca de ella, y apuraban otra copa de Whisky de fuego. Hermione, sentada a su lado, contemplaba la escena con desagrado. Ambas cruzaron una mirada y pusieron los ojos en blanco. Ginny dejó de prestarles atención a Bill y Ron y contempló al resto de su familia, que no estaban mucho más serenos. Sus padres tenían las mejillas ligeramente sonrosadas y charlaban con Sirius al otro lado de la mesa. Más próximo a Hermione y a ella se encontraba Charlie, al cual Percy (muy colorado a causa de la bebida) palmeaba en el hombro con efusividad mientras decía con voz tomada:
- ... ¡Y claro!, los precios suben... suben y suben y suben... suben por las nuebes, digo nubes. Y así no hay manera de entablillar digo, entablar relaciones...
Charlie bebió un largo trago de su copa mientras miraba a Percy fijamente (sin pestañear siquiera) y asentía varias veces. "No se está enterando de nada" rió Ginny interiormente. Percy volvió a golpear el hombro de su hermano con fuerza (haciendo que este se atragantara con la bebida) y bebió de un trago el contenido de su propia copa.
- Ay. Sí... Bill, digo Charlie. Tú y yo nos entendemos bien.
Charlie hizo una extraña mueca sin que Percy se percatara. Frente a ellos, los gemelos se partían de risa al ver al pobre Charlie intentando aguantar a un borracho Percy al mismo tiempo que reprimía sus ganas de sacudirle. ¿Qué podía haber peor en el mundo? Fred se inclinó sobre la mesa a causa de la risa y sin querer volcó una de las botellas, que empezó a derramar su contenido por todas partes.
- ¡NO! –chilló George al ver la bebida desparramándose por la mesa-. ¡Qué se va! ¡Qué se va!
Bill y Ron quisieron acudir en ayuda de George, pero al levantarse del suelo al mismo tiempo chocaron el uno con el otro y volvieron a caer, provocando la risa de Charlie, Percy y hasta de las propias Ginny y Hermione, que estaban completamente sobrias. George cogió la botella y la tapó con el dedo. Cuando la hubo posado sobre la mesa intentó retirar el dedo, pero fue imposible. Este se había quedado atascado y tanto a Fred como a George les entró un ataque de risa al ver la botella colgando del dedo del segundo. Fred y Charlie acabaron retorciéndose en el suelo cuando vieron a su madre tirando con todas sus fuerzas de la botella hacia un lado y a George tirando hacia el otro.
- ¡Heeermyyy!
- Déjame, Ron. Estás borracho.
- ¿No quiere mi princesita un besiitoo?
- Sácate de aquí. ¡El aliento te huele a Whisky! –dijo Hermione apartando la cara de su novio.
- ¿Quieres un traguito? –dijo Ron meneando su copa bajo la nariz de Hermione. Esta se tapó la nariz y la boca. Parecía que el solo olor de la bebida le había producido arcadas-. Ah, ¡es verdad! Se me había olvidado.
- ¿Qué es lo que ha olvidado? –le preguntó Ginny a Hermione alzando las cejas con interés.
Parecía que Ron iba a decir algo pero Hermione se levantó de golpe y le interrumpió.
- Me parece que me voy a la cama –dijo y después le dirigió una mirada reprobatoria a su novio-. ¿Tú te vienes o piensas quedarte y seguir bebiendo como un vulgar borracho?
Hermione se despidió de Ginny y salió de la cocina antes de que Ron hubiera tomado una decisión. Pero, aunque a rastras, optó por seguirla.
Sirius se acercó a Ginny y se sentó a su lado.
- Parece que te han dejado sola.
- Parece que sí –suspiró. Miró a Sirius y vio que también llevaba una copa en la mano. Aunque se le veía bastante bien, Ginny no pudo evitar mirarle con la misma mirada reprobatoria con la que Hermione había mirado a Ron-. Oh, no. ¿Tú también?
Sirius se encogió de hombros. Miró hacia donde estaban los demás. Habían conseguido liberar el dedo de George y ahora la señora Weasley estaba examinando la etiqueta de la botella: "¿Johnny Walker? ¿Qué narices es esto?"
Sirius miró a Ginny y señaló a sus hermanos.
- Algunos beben por diversión o para celebrar algo –dijo. Luego miró su propia copa-. Y otros, a veces, bebemos para olvidar las penas y hacer que lo pasamos bien. ¿Recuerdas?
- Fingir que lo pasamos bien –dijo Ginny, recordando el día que habían ido al parque de atracciones y habían acabado pasándolo bien de verdad. Cogió la copa que Ron había dejado sobre la mesa y la llenó de Whisky de fuego-. Por un amigo como tú –le dijo a Sirius y ambos bebieron el Whisky de sus respectivas copas de un solo trago.
- Te rrreto a una paltida de Gobstones –le dijo Bill a Fred entrecerrando los ojos y señalándole con el dedo.
- Trato exo –contestó su hermano, abaneándose de un lado para otro, mientras su gemelo intentaba mantenerlo derecho, cosa un poco difícil puesto que George se balanceaba más que él.
Al otro lado de la cocina, Ginny y Sirius se reían de algo que el segundo estaba contando.
- ... ¡No teníamos ni idea! Una vez, durante un examen de Adivinación, James, como no veía nada en la bola de cristal, se lo inventó todo... ¡Y aprobó!
- Ja, ja, ja... ¿En serio? Harry hizo lo mismo con la profesora Trelawney... ¡Pero estuvo a punto de suspender!
Ambos tenían las mejillas encendidas a causa de la bebida y reían con anécdotas que se iban contando. Sirius miró a su alrededor y se sorprendió al ver la cocina desierta.
- ¿Dónde se ha metido todo el mundo?
- Mis padres, Ron, Hermione y Fleur ya se han ido a dormir. Y el resto creo que se han ido al salón.
- ¿Para qué?
- Creo que a jugar a los Gobstones. Como aquí no hay sitio... Ja, ja, ja. Qué tontos. Si ni siquiera se pueden ver la cara los unos a los otros... ¿Cómo van a ver las bolas? –preguntó Ginny.
Se oyó un fuerte estruendo en el piso de arriba: indicio de que alguien se había cargado el árbol de Navidad. Sirius y Ginny rompieron a reír.
- No me importa que tus hermanos acaben demoliendo el salón –dijo Sirius-. Pero si alguno despierta a mi madre no se lo perdono.
Ginny rió mientras llenaba las copas y ambos bebieron un largo trago.
- ¿Sabes? Yo soy muy buena adivinando el futuro.
- ¿A sí?
- Sí –aseguró Ginny-. Lo digo en serio. ¿Quieres que te lo demuestre?
- Lo siento, pero no llevo ninguna bola de cristal en el bolsillo –dijo Sirius con sarcasmo.
- Con quiromancia, tonto. Dame tu mano –Ginny acercó su silla a la de él. Cogió su mano izquierda entre las suyas y la examinó con minuciosidad.
- Puedo ver... Puedo ver... –bromeó Sirius.
- Sshhh ¡Qué me desconcentras! –le reprendió Ginny fingiendo seriedad e indignación. Miró la mano de Sirius y recorrió suavemente con el dedo una de las líneas de la palma de su mano, haciendo que un cosquilleo recorriera toda la espina dorsal del moreno.
- Esta es la línea del dinero ¡Vaya! ¡Qué rico eres! –Ginny fingió sorprenderse.
Sirius rió.
- Vaya un descubrimiento del futuro. Ese es mi presente y no es un secreto para nadie.
- Tú siempre poniéndole "peros" a todo –refunfuñó Ginny. Su dedo se deslizó sobre una línea que partía de entre el índice y el pulgar en dirección a la muñeca-. Esta es la línea de la vida. La tuya es muy larga, pero se corta en varios tramos. Eso señala algunos hechos que marcaron o marcarán tu vida de manera importante.
- Hay tantas cosas que han marcado mi vida... –dijo Sirius en voz baja.
Ginny no dijo nada en esta ocasión y continuó con su examen. Su dedo acarició una línea que atravesaba la palma de la mano de Sirius de un lado a otro.
- Esta es la línea del amor. La tienes muy larga también, y bastante marcada y sin cortes. Muestra en tu vida un único amor. Fuerte, sincero y duradero.
- ¿A sí? –preguntó Sirius frunciendo el ceño y juntando su cabeza con la de la pelirroja para ver la palma de su mano-. ¿Seguro que no tienes que graduarte la vista, Ginny?
Ella sonrió.
- ¿No crees en la posibilidad de que aparezca alguien especial en tu vida?
- Nunca he estado enamorado –dijo Sirius por toda respuesta.
- ¿Nunca? –se sorprendió Ginny. Él negó con la cabeza-. Bueno. Nunca es tarde. Además... –Ginny observó detenidamente su mano y luego levantó la vista-, tu línea del amor se une con la de la vida en este punto ¿ves? –dijo señalándolo.
- ¿Y eso qué significa?
Ginny le dedicó una cálida sonrisa antes de contestar.
- Que tu mano dice que vas a casarte.
- ¿Casarme? –Sirius parpadeó varias veces, estupefacto-. ¿Casarme yo?
Ginny rió.
- Qué raro, ¿verdad? Eso rompe todas las expectativas, puesto que me dijiste que nunca te atarías a nadie.
- No, no lo haría –dijo él mirándola a los ojos, muy seguro de sí mismo.
- Claro que –continuó Ginny, devolviéndole la misma intensa mirada-, puede aparecer alguien especial en tu vida que te haga cambiar de idea.
Se quedaron en silencio, Ginny perdida en los ojos grises de Sirius y Sirius en los castaños de Ginny, todavía con el Whisky de fuego martilleándoles en la cabeza. Y entonces, simplemente... ocurrió.
Nunca supieron cómo, ni quién de los dos fue el que empezó a acercarse primero. Lo único que ambos recordaron fue haber cerrado los ojos, mientras sus manos se acariciaban la una a la otra y el contacto cálido de sus labios al encontrarse. Y el tiempo pareció detenerse en aquél instante.
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