MI NEURONA JOROBADA AGRADECE EL ALIMENTO DE SUS COMENTRIOS Y SE HA ESFORZADO MUCHO POR USTEDES!
INUYASHA ES PROPIEDAD DE RUMIKO T. YO SOLO HAGO ESTO POR PURITITO GUSTO
CAPITULO DIEZ
- Entonces… ¿Sesshomaru viene hacia acá?
- Así es mi señor. Los tres herederos de Inu no Taisho vienen directo hacia nosotros.
- ¿Tres? El mestizo viene con ellos – Taro se incorporó un poco del lecho, el rostro una máscara mientras contenía el gemido involuntario que este simple movimiento le provocaba. Las tropas de Sesshomaru le habían dado un duro revés en la frontera Norte. Y ahora se encontraba en una posición totalmente desventajosa. Con todo el clan Inu en pleno frente a él. Las tierras del sur se mostraban reacias a colaborar tomando en cuenta que su heredera se uniría al Señor del Oeste. Incluso su intento de capturar a la concubina humana había fracasado.
- Mi Señor…creo que debemos regresar al reino del norte. Es imposible ganar en este territorio
- Nunca…
- Comandante Taro…
- Llama a mis generales, hay que planear la estrategia
- Si…Señor
Sesshomaru y su comitiva aterrizaron en la linde de un bosquecillo medio aplastado por los recientes combates, el sol comenzaba a declinar, habían volado durante varias horas.
Se acercaban ahora a la tienda del general Tenma. Aome las encontraba similares a las tiendas de enormes proporciones que solían montar los beduinos en el desierto. Un youkai guardaba la entrada. Se movió de inmediato franqueando el paso a su Señor y el sequito que lo acompañaba.
Dentro de la tienda, había una reunión de generales, tenían evidentes muestras de lucha y algo de sangre fresca goteando entre los vendajes. Todos saludaron a Sesshomaru y Aeshi en cuanto entraron, aunque comenzaron a hacer comentarios desagradables respecto a la presencia de Inuyasha en aquella habitación, comentarios que cesaron para dar paso a una verdadera lluvia de protestas cuando Aome apareció tras ellos.
Sesshomaru levanto la mano exigiendo silencio.
- Solo diré esto una vez. Inuyasha es mi medio hermano, por sus venas corre sangre de Inu no Taisho y tienen que respetar eso. – Los murmullos seguían, aunque en voz cada vez más sutil. - Si no están conformes pueden retarme cuando gusten para abolir mi decreto. – El silencio se estableció por completo en la sala, Sesshomaru contuvo la sonrisa que tiraba de las orillas de su boca- Siendo así…
- Mi Señor, entiendo que vuestro hermano tenga derecho de sangre para estar en esta sala…pero ninguna mujer ha participado jamás de una reunión de guerra –Tenma se tambaleaba visiblemente al ponerse en pie frente al Daiyoukai y expresar su opinión respecto a la presencia de Aome; cada vez más pálido, se desplomo antes de escuchar la respuesta de un atónito Sesshomaru. Aome se lanzó sobre el general. Haciendo una rápida revisión de las heridas.
- ¿Tienen un médico en el campamento? – Aome luchaba por desatar la estorbosa armadura del anciano, para poder evaluar mejor las lesiones, mientras hablaba con Sesshomaru
- Un sanador y algunas hechiceras, nunca es necesario atenderlos… youkai sanamos rápido sabes.- Aeshi se acercaba mas a la joven observando cualquier intención de ataque por parte de aquellos machos.
- Taro está empleando venenos sobre sus espadas, por eso el cierre de sus heridas tarda más. Este hombre ha sido herido muchas veces, necesito atenderlo o morirá.- Aome revisaba rápidamente el abdomen y pecho del Inuyoukai tendido en el suelo.
- ¡Ninguna humana insignificante va a tocar a nuestro general!- La voz de uno de los generales más jóvenes se pronunciaba en nombre de los demás. Aeshi se adelantó a Sesshomaru al poner la espada contra la garganta del general.
- Esta humana es la hembra elegida de mi hermano; tu Señor. Eso la vuelve Tu Señora. Sabes muy bien que cualquier falta a tus señores se considera traición. – Aeshi hablaba en voz cada vez más baja, seguro de que todos en la tienda escuchaban sus palabras.
- ¡Oh en serio!- Aome se puso en pie frente a Aeshi, colocando una mano sobre el brazo que sostenía la espada contra el cuello del general. – Agradezco profundamente el respaldo que nos das Aeshi, y créeme cuando te digo que en cualquier otro momento yo misma le enseñaría a este caballero cuan "insignificante" puedo ser, pero ahora tengo la vida de Tenma en las manos y eso es más importante que lidiar con los prejuicios arcaicos de un montón de machos, demasiado llenos de testosterona. La ceja fina de Aeshi se elevó con sorpresa mientras enfundaba la espada y levantaba al youkai tendido en el suelo. Aome se acercó a Sesshomaru, que seguía silencioso, solo un levísimo fruncimiento entre las cejas delataba su malestar y lo cerca que había estado de lastimar a su general. – Necesito un lugar para atenderlo, hierbas, instrumentos quirúrgicos, si los tienen, agua y lienzos limpios.
- Dadle lo que necesite - Sesshomaru hablo sin apartar la mirada de la menuda mujer frente a él, que se veía completamente en su elemento dando órdenes - ¿Algo más?
- Envíen todos los heridos a la tienda que me asignen y al sanador, voy a necesitar ayuda. - Aome decía esto mientras salía tras de Tenma, que ya era llevado en brazos por dos youkai, Sesshomaru veía a Inuyasha y Aeshi. Confiaba en ambos, pero Aeshi era su embajador y lo necesitaba un momento más con él.
- Inuyasha, ve con ella. – Esperaba un comentario de parte de su hermano, tal vez una sarta de palabrotas o mínimo un gesto de desacuerdo. El hanyou lo único que hizo fue asentir a su orden y salir tras Aome.
- En un momento estoy contigo hermano – Aeshi había hablado sin pensar, dejando salir las palabras de forma natural, Inuyasha se detuvo brevemente, mirando asombrado al youkai de ojos azules y luego hacia Sesshomaru que lo observaba con una mirada indiferente, como si no fuera totalmente fuera de contexto el que aquel youkai lo llamara hermano.
- Khe, puedo manejarla yo solo…por un rato. – Inuyasha salió dispuesto a alcanzar a Aome.
Dejando atrás las intrigas de la guerra para los otros.
Aome se sentía tan cansada, no hacía mucho que había estado haciendo esto mismo, cerrando heridas, y purificando el veneno de los pobres soldados de Sesshomaru, que la veían primero con algo de desdén y luego con evidente asombro.
Incluso Inuyasha estaba trabajando con ella, después de todo su vida estaba demasiado ligada con humanas sacerdotisas, era obvio que ya conocía las plantas curativas, por lo que Aome lo enviaba a la búsqueda de suplementos en cuanto se le agotaban.
Toda la tarde había pasado, la noche los había alcanzado y ella solo se había dado un descanso para comer algo antes de volver a revisar a los heridos. Le preocupaba la calma que rodeaba al campamento, la sensación de escozor en su pecho, sabía que algo andaba muy mal.
Sesshomaru, Aeshi y los generales se habían dado a la tarea de reajustar posiciones para cercar el campamento de Taro, y en cualquier momento se lanzarían en la ofensiva. Tal vez eso era lo que la tenía tan tensa.
Tenma observaba de reojo a la pequeña mujer junto a él. Era impresionante la cantidad de poder contenido en el diminuto cuerpo mortal, en especial ahora que compartía un sello de tres lunas con su joven señor. No podía decir que estaba asombrado, Sesshomaru siempre se salía con la suya. Una vez que se fijaba una meta no había poder sobre la Tierra que lo alejara de lo que quería.
Y él quería a la miko. Por tanto el tenía a la miko. Y en un giro curioso del destino, sabía que la joven también tenía a su Señor, había visto la delgada cicatriz en el cuello de Sesshomaru, una marca de posesión.
La joven se levantó para revisar a sus pacientes, retirando vendajes de los que ya se habían curado, dando algún remedio para el dolor, acomodando las mantas sobre los youkai heridos.
Al final se acercó nuevamente a él, revisando los vendajes apenas rozando la piel, procurando no lastimarlo más. Aquella mujer era muy peculiar. Poderosa, gentil, valiente; muchas cualidades que podrían en un momento dado, equilibrar la situación con el Sur. Sobre todo con el sello de tres lunas puesto en su nuca, nadie iría contra eso. ¿Sabría ella que la vida de Sesshomaru estaba en sus manos?
- Te agradezco lo que haces miko- su voz había sonado titubeante por el cansancio, la pequeña mujer apenas lo miro un momento antes de seguir revisando sus heridas, colocando un ungüento de olor espantoso.
- Es mi deber, y mi nombre es Kagome, general Tenma.
- ¿Tu deber? Tu deber es para tu raza, nosotros somos youkai…Kagome
-Como miko, mi deber es proteger la vida; bajo cualquier forma que se presente. Como médico, es mi privilegio servir a quien me necesita.- Kagome seguía aplicando el ungüento en el pecho del viejo youkai, colocando las vendas de nuevo en cuanto termino.
- Te agradezco entonces, y te pido que guardes tu vida, sobre todo ahora que es también la de mi Señor. No me gustaría perderlo por tu causa.
- ¿No lo entiendo general? – Aome se sentó lentamente a un lado del general, la mirada del youkai le decía que dudaba entre decirle algo que obviamente su amo no había querido confiarle, o arriesgarse a que ella fuera imprudente consigo misma.
- El sello, ahora tu vida y la de Él están unidas, vivirás tanto como el, si tu mueres él te seguirá, si el muere tú lo seguirás. No pueden permanecer alejados el uno del otro por mucho tiempo o la energía generada por el sello se volverá en su contra y morirán. Esto es más peligroso para mi amo, youkai somos muy posesivos con nuestras parejas. Dicen que cuando la hembra muere el macho se deja envolver completamente por su lado demoniaco, hasta que lo consume por completo. La mujer simplemente languidece hasta morir de tristeza. No lo sabemos muy bien, no es un ritual común.
- No lo sabía- Aome temblaba ligeramente al escuchar al general. Su querido y loco youkai se había arriesgado demasiado…sin consultarlo con ella. Tal vez debía aclararlo con él en cuanto todo este asunto de la guerra se terminara. – Gracias general. Tratare de no lesionarme. Ahora sería bueno que descansara un momento.
El anciano youkai asintió en silencio mientras la joven salía de la tienda. Andando rumbo a los límites del campamento.
Una sombra se deslizo tras ella cubriéndole la boca y levantándola por la cintura. En respuesta ella libero una carga de su energía, obligando a su atacante a liberarla rápidamente.
- ¿Estás loca mujer? Sesshomaru veía sus manos ligeramente enrojecidas y se enfrentaba con la humana frente a el
- No soy yo la que va por ahí tratando de sorprender a alguien en medio de la noche ¡Estamos en guerra!
- Hn – Sesshomaru se limitó a enredar los brazos en torno a la cintura antes de besarla suavemente.
- ¿Cuándo pensabas hablarme del poder del sello? Aome lo miraba serena.
-¿Quién te lo dijo?
- Responder una pregunta con otra pregunta…no muy propio de ti realmente. Aome se separaba del youkai cruzando los brazos y esperando una respuesta
- No ha ido todo como yo esperaba. – Sesshomaru se acercó a ella acariciando el rostro con el dorso de la mano, ambos se veían cansados.- Lo hablaremos después, ahora me podrías decir ¿Qué haces fuera sin el hanyou?
- Inuyasha está consiguiendo algunas plantas junto con el sanador, yo solo quise estirar las piernas. ¿Van a esperar al amanecer para atacar?
-Eso es lo honorable, tal vez Taro es un bastardo sin honor, pero yo no lo soy. Vendré a verte en unas horas.
- Cuídate.
Sesshomaru atrapo los labios de Aome, presionándolos suavemente entre sus colmillos, la suavidad de sus labios lo sacaba de control poco a poco, sentía como el calor de ella se elevaba y ya sentía el dulce pulso de su excitación. Con gusto la habría tomado en medio del bosque en plena noche, pero las circunstancias no eran las mejores. Con un enorme esfuerzo, libero la boca femenina, jadeando ante el rostro de puro placer de la joven sacerdotisa. Le dio un último beso fugaz antes de perderse de nuevo entre las sombras.
Aome comenzó a andar hacia la tienda, sumida en sus pensamientos. No presto atención a la mano que se elevaba contra ella desde las sombras.
Un rvw mantiene a mi querida y solitaria neurona trabajando y muy feliz!
