Capítulo 09

Me enfermas en sábado noche

Hermione y sus amigos se situaban en una mesa pegada a la pared y cerca de la puerta de los servicios. No muy distanciados de ellos se encontraban Draco y Theodore, éste último en un regocijo interior superior a cualquier otro.

-Espero que no tarde mucho más en llegar la pizza -comentó impaciente Hermione.

Ron estaba sentado a su lado y Elena y Ginny en frente de ellos. Luna era la que se encontraba en el asiento del lateral, presidiendo aquella rectangular mesa de madera.

-Hermione, supongo que ya lo sabrás pero ese chico de antes no te quita el ojo de encima -informó Ginny-. ¿Quién es?

Ron fijó su atención en la futura respuesta de la chica.

-Es un estúpido -respondió-. Un niño de mamá de mi instituto. No le hagáis caso. Se alimenta de la atención de la gente. Es la fuente de su poder.

Luna dejó escapar una risilla y Hermione se alegró, pues notaba que la rubia se sentía incómoda ante la presencia de Nott en el local.

-Pues creo que la atención que necesita es la tuya -sentenció Elena.

En aquel momento llegó la camarera con la comanda de cada uno.

-Pues no lo creo -dijo ella una vez que la camarera se hubo marchado.

Fue a agarrar una porción de su cena cuando la siempre impertinente voz de Malfoy la detuvo.

-¡¿Vas a cogerlo con las manos, salvaje?! -Dejó escapar él.

Hermione puso los ojos en blanco.

-¿De dónde ha salido este extraterrestre? -Preguntó en voz baja Ron.

-Tú lo has dicho, es un extraterrestre -le susurró Hermione.

-¿No me vas a responder, maleducada? -Gimoteó indignado Draco.

La chica bufó y se giró hacia él.

-¿Me dejas cenar? Gracias -vaciló.

La barra donde Draco acumulaba su rabia comenzaba a llenarse poco a poco.

-Esa chica me irrita... -murmuró Draco.

Nott era incapaz de borrar de su cara una sonrisa. Le encantaba aquella situación. Era mejor de lo que creía. Además, estaba Luna. Parecía un espectáculo montado para él.

Un trozo de pizza se acercaba a la boca de Hermione sin poderlo evitar y Draco observaba el acto como si se tratara de una gran película. La mejilla de la chica había quedado manchada por tomate, pero ella ni se había percatado. Al pelirrojo aquello le hizo gracia. Sin embargo, cuando Ron limpió sonriente, con la ayuda de un pedazo de papel, la mancha de la mejilla de Hermione, el sentimiento que sintió Draco en su interior no era de gracia precisamente.

-Mira a la boba... No se le da bien comer con las manos tampoco... -escupió con retintín Malfoy.

Esta vez fue Luna la que replicó a Draco.

-Theodore -mencionó-. ¿Puedes decirle a tu amigo que se calle un rato?

A Hermione le sorprendió sobremanera que Luna le hablara así y al instante pudo ver como la cara de Draco se enrojecía. Éste hizo un amago de levantarse pero Theodore le agarró potentemente del brazo.

-Draco, con Luna no te metas -habló en un tono de voz tan bajo que sólo lo pudo oír Malfoy.

Draco se le quedó mirando con interés. Apoyó la cara sobre su mano y dibujó una mueca similar a una sonrisa en su rostro.

-Con que soy yo el obsesionado, ¿eh? -Comentó.

Luna sentía en la mirada de Hermione el asombro de ésta.

-Así se hace -animó Ginny.

-Dime una cosa, Ron -comenzó a decir Hermione-. ¿Sigues tocando la guitarra? La última vez que te oí tocar fue el verano pasado...

El chico le sonrió. La calidez de su sonrisa era perfecta en su pecosa imagen. Era muy diferente a Malfoy. Eso fue lo que pensó Hermione y se maldijo por ello. Por comparar a su mejor amigo con un déspota.

-Sí, claro -respondió él.

-Además está empezando a componer -informaron Ginny y Elena.

Hermione abrió la boca en señal de fascinación.

-Pero eso es genial -dijo.

-Sí, bueno. Ya sabes que lo mío es la acústica -explicó ruborizado. Carraspeó y miró a la morena más seriamente-. Cuando sea famoso podrás venir a todos mis conciertos gratis. Tú serás la invitada especial.

Ella rio y se rascó la oreja con sofoco, pero no respondió.

Una vez terminada la cena y pagada la cuenta, el grupo se puso en pie. Estaban decididos a salir a una de las discotecas de Londres.

Cuando Malfoy advirtió que había movimiento alrededor de Granger, él también se puso en pie, dándole un codazo a Nott para que hiciera lo propio.

-¿A dónde vas? -Preguntó a su objetivo.

-No te importa -respondió Hermione tajante.

Ginny se acercó a él.

-Vamos a alguna discoteca. ¿Te vienes? -Invitó.

-¿Pero te has vuelto loca? -Cuestionó Hermione acercándose a los dos.

-Está bien. Iré -manifestó su falsa molestia-. Pero iremos a donde yo diga -Hermione veía como se aproximaba una disparatada proposición-. Vamos al Black Bird Club.

-Eso es un club privado, idiota -enunció Hermione.

-¿Y qué?

-Que nosotros no somos socios ni tenemos dinero para serlo.

-Había olvidado que comías en la basura, pero no te preocupes -la cara de Granger enfurecía por momentos-. Mi familia es la dueña por lo que si vais conmigo os dejarán pasar -sonrió con triunfo.

La chica se resignó. Estaba harta de no poder librarse de él ni un fin de semana.

-Oye -esta vez fue Ron quien se dirigió a Malfoy-, el Black Bird Club está muy lejos de aquí.

En el momento en que Draco vio como aquel chico tuvo la insolencia de dirigirse a él con total calma, su sangre comenzó a hervir. Ese individuo no contribuía a que aumentase su buen humor. Lo que hizo fue posarse frente a él, como si estuviera plantándole cara, y fijó su mirada de gradiente gris en él. Parecía que lo estaba acuchillando con su imponente mirada.

-No te preocupes -respondió Draco con su característica mueca y arrastrando las palabras-. Llamaré a mi limusina.

La imagen de Ron era de pasmo y Hermione apreció como todos sus amigos, salvo Luna, estaban estupefactos. Por supuesto, ellos eran de clase media como ella, no estaban acostumbrados a tales lujos ni a tratar a gente con tales desequilibrios como Malfoy, algo a lo que ella se estaba comenzando a habituar.

Ella se vio obligada a ceder, pero notó que tanto Elena como Ginny estaban emocionadas por subir a una limusina. Al estar en el interior de ésta, el trayecto fue aún más incómodo que la cena en el Big Piece, y sentía que estar en el Black Bird sería el colmo de lo surrealista.

Hermione estaba flanqueada, en el asiento del vehículo, por Ron a un lado y Draco al otro. En frente de ella estaban Elena, Luna y Theodore. Lo mirara por donde la mirara, se trataba de una situación absolutamente incómoda. Por si fuera poco, Ginny se encontraba al otro lado de Malfoy.

Apreciaba como Theodore y Luna no intercambiaban palabra, pero como él se quedaba absorto mirando a la rubia, la cual no levantaba la vista del suelo. Hermione sentía como Draco estaba muy pegado a ella. Sus brazos estaban chocándose y podía sentir como su perfume narcisista era captado por su olfato. Entonces miró al otro lado, y vio como Ron la contemplaba. Se sintió extraña, el brazo de Malfoy hizo más presión sobre el suyo y su corazón dio un vuelco de sorpresa. Su rostro era de circunstancias.

-¿Estás bien? -Le preguntó Ron-. Estás muy roja...

La chica tenía la boca entreabierta y no había reparado en ello.

-Sí, estoy bien... -tranquilizó una vez que fue consciente de su cara de bobalicona.

-Oye, Granger... -llamó silencioso Malfoy-. Tu amiga no se despega de mí...

Hermione se asomó con disimulo hacia el lado donde estaba situada Ginny, la cual estaba estrechando el brazo de Draco. La idea de que su amiga pudiera querer ligar con Malfoy no se trataba sino de un mal presagio. Cuando Ginny quería poner sus zarpas sobre su presa, lo hacía. Y no paraba hasta cazarla.

Cuanto más abrazaba ella el brazo del chico, más podía apreciar Granger una mueca de horror en la cara de Draco que le resultaba terriblemente divertida.

No quedaba mucho trayecto para llegar al Black Bird Club. En aquel momento, Hermione reparó en su ropa. Iban a ir a un club privado, perteneciente al Imperio de la familia Malfoy y donde acude la gente con más estatus y poderío de la ciudad de Londres. Malfoy y Nott iban arreglados. Incluso Luna. Esas vestimentas formaban parte de su rutina aristocrática. Sin embargo, ella y sus amigos estaban relativamente arreglados. Lo suficiente como para ir a un lugar normal para la clase media. Cuanto deseaba que en el local a donde se dirigían no estuviera la gente vestida con ropas de gala.

Se giró hacia el pelirrojo y descubrió que la estaba mirando completamente serio. Tuvo la sensación de que sabía lo que estaba pensando y lo que le preocupaba.

-Eh -le dijo él-. Ya tendrás otras ocasiones para arreglarte más.

Aquello la desconcertó. No tenía la menor idea de a qué se refería con "otras ocasiones".

Antes de poder parpadear, la limusina frenó frente a la puerta del club y Sebastian abrió la puerta de la limusina.

-Y te parecerá correcto que Sebastian siga abriendo la puerta -recriminó Hermione.

-Oh, por favor, Granger. No se va a morir.

Al entrar al club, Hermione vio como todos sus pensamientos eran completamente ciertos. Aquello era de lujo. Sonaba música clásica y parecía más un hotel de cinco estrellas que un club.

-Chicos, seguidme, la sala que corresponde a la discoteca está por aquí -guió Draco, que iba saludando a todas las personas que se acercaban a él conforme avanzaba.

El grupo de Hermione suspiró de alivio. Se sentían fuera de lugar.

-Dime, ¿tú estás acostumbrada a esto? -preguntó Ron.

-Créeme que nunca te acostumbras -respondió ella-. Y esto también es nuevo para mí.

Hermione reparó en que Nott estaba muy cerca de Luna y que ésta imploraba ayuda con la mirada. Después de saber el tipo de relación que mantenían, a Hermione le era muy enrevesado fingir que lo ignoraba.

-¡Luna! -Reclamó repentinamente-. Ven. ¿Has visto esto? -Trató de buscar una excusa ante la astucia de Theodore, puesto que debía continuar aparentando desconocer su relación.

Draco les condujo hacia una gran puerta negra custodiada por dos hombres bien trajeados.

-Van conmigo -expresó.

Los hombres hicieron una cortés reverencia dedicada a Malfoy y abrieron la puerta. Tras ella había una enorme pista de baile con un par de tarimas, al fondo se hallaba una barra de bar y una zona para sentarse a los costados. Era un lugar con una organización perfecta. La música que decoraba la sala era música disco y Hermione sintió que se encontraba en los años ochenta, pero no le desagradaba y estaba convencida de que a sus amigos tampoco.

Había un número moderado de gente, lo cual era de agradecer. Hermione no resistía las aglomeraciones de personas: le agobiaban y no podía disfrutar.

-¡Es increíble! -Exclamó Elena. Agarró del brazo a Ginny y a Ron-. Venga, vamos a bailar -miró a Hermione-. ¿Vienes?

Hermione simuló una sonrisa.

-Creo que me voy a sentar un rato. Ahora voy -se giró hacia Luna-. ¿Tú vas a bailar?

-Sí -respondió Theodore en lugar de Luna-. Va a bailar conmigo -posó su mano en el hombro de la chica-. ¿A qué sí?

Luna asintió con la cabeza.

-Si quieres sentarte -dijo Theodore-, nosotros nos sentamos allí -señaló con el dedo una mesa ligeramente más apartada que el resto-. Es la reservada para Draco.

-Vale...

Antes de ir a la pista con Luna, le guiñó un ojo a Hermione, lo cual la desorientó. Nott, aunque quizá de otro modo, seguía siendo tan misterioso como el primer día.

Hermione tomó asiento en la mesa que indicó Theodore. Desde ese lugar se veía a la perfección a sus amigos bailar, comenzó a reír al verles hacer el tonto al ritmo de música disco. Pronto, la característica voz de Malfoy la sacó de sus pensamientos.

-¿Tú no bailas? -Preguntó sentándose frente a ella, en los acolchados sofás que ejercían de asiento.

-Ahora mismo no.

-¿No te va la música disco? -Investigó-. Venga, si quieres bailo yo contigo. Seré tu John Travolta en Fiebre en sábado noche.

Hermione rió.

-Contigo sería más bien Me enfermas en sábado noche -paró de reír cuando se dio cuenta de que lo hacía: de que se estaba riendo con Malfoy-. No, no es por la música disco, es simplemente porque no me siento cómoda en este lugar.

-¿Por qué?

-Porque es incluso más lujoso que Hogwarts -alegó.

-Entonces será mejor que no veas mi casa -alardeó él.

Ambos se quedaron unos instantes en silencio, sin pensar en nada, sólo mirándose, y Hermione sintió que quería saber más acerca de la persona que tenía frente a ella.

-¿A ti sí que te va este tipo de música? -Preguntó.

-Bueno, no es fruto de mi devoción, pero me gusta -respondió mirando de reojo la pista.

-Entonces, ¿qué te gusta? -Interpeló casi sin darse cuenta.

Él fijó la vista en ella.

-La música clásica... Chopin, Beethoven, Stravinsky, Bach... Es lo que realmente me llena y lo único que me entiende.

Aquellas últimas palabras, "lo único que me entiende", hicieron ver a Hermione que aquello que dijo Theodore tiempo atrás, a pesar de que le costara aceptarlo, era cierto. Y que Malfoy era una persona atormentada a pesar de su apariencia. Ella sabía que él había bajado la guardia, y que aquello lo había dicho sin pensar, pero no diría nada que pudiera hacer más extraña aquella situación de lo que ya era de por sí.

Pero Draco fue consciente de su desliz con ella y trató de disimular como siempre.

-¿A qué viene tanto interés, Granger? -Consultó-. No me digas que te has enamorado de mí -dijo en un tono de voz descarado a juego con su sonrisa.

Hermione sólo tenía una respuesta en la cabeza: "No lo sé". Pero en lugar de ser franca con él y consigo misma, puso los ojos en blanco y dijo:

-¿De ti? No me hagas reír -hubo un silencio entre ellos, ambientado por la música. Un silencio nervioso que alguno debía romper-. A veces no te entiendo... -continuó hablando ella con la vista fija en la mesa.

-¿Qué? -Gesticuló Draco.

-Unas veces me repudias y otras te sientas a hablar conmigo como si me considerases una persona normal -explicó-. Y soy una persona normal, pero no sé en que piensa tu retorcida mente.

En aquel momento, Ron apareció ante ellos.

-Las chicas y yo te reclamamos -dijo con su cálida sonrisa extendiéndole una mano a Hermione.

Ella le dio su mano sin decir nada, únicamente su mirada volvió a chocarse con la de Draco una última vez.

-Me das asco -dijo Draco mientras la chica se ponía en pie.

Hermione lo escuchó perfectamente. Parpadeo fuertemente dos veces. Era cierto, aquello iba a ser así siempre. Su vida en el Hogwarts será siempre un enfrentamiento constante con el rompecabezas Draco Malfoy.

Una vez en mitad de la pista se vio acorralada por una oleada de preguntas insistentes por parte de Ginny y la mirada espectante de Elena.

-¿De qué habéis hablado? -Interrogó Ginny.

-De nada...

-Se os veía con mucha confianza -continuó hablando.

-Ginny, no te pongas pesada -dijo Ron con su mano en el hombro de Hermione.

El sonido de la música era más molesto en aquella zona que donde se encontraba antes con Malfoy, por lo que tenían que levantar más la voz para entenderse.

-¡No la molesto! Sólo me parece un chico muy interesante -admitió.

-Tampoco os recomiendo hablar con él -advirtió Hermione haciendo una seña a Ron para ir en dirección de Luna y Nott.

Observaba el panorama que se cernía en sus dos únicos amigos, o especie de amigos, en Hogwarts. Estudió el comportamiento de Nott, el cual hacía bromas a Luna. Ésta sonreía a veces. Fue entonces cuando Hermione se percató de que en la mirada que Theodore le dedicaba a la rubia, había algo más de lo que Luna había captado.

Fue entonces cuando Ron puso su mano sobre los ojos de Hermione.

-Estás muy rara hoy. ¡Despierta!

Luego pellizcó su mejilla y ella echó a reír.

-Te reto a un baile estúpido -Desafió Ron-. A ver quien es más personaje.

-A mí no me ganas -dijo Hermione sonriente.

Comenzaron a bailar de un modo que resultaba cómico. Luna y Theodore les observaban con jolgorio. No podían ver a la gente comportándose como lo hacían ellos todos los días.

Draco les contemplaba desde la mesa, tomándose un Martini. Experimentaba una rabia ciega hacia el amigo de Granger. No le gustaba. Sentía como si llevara todo el tiempo que ha estado juntos desafiándole. En especial cuando se la ha llevado estando con él. ¿Cómo se atrevía? ¿No veía que era superior a ambos? Tan sólo eran una panda de maleducados ignorantes.

-Te veo serio -comentó Parkinson, la cual había aparecido al lado de Draco-. Pareces un hombre fracasado bebiendo así de serio.

-¿Qué haces tú aquí? -Preguntó Draco.

-Creo que tengo toda la libertad para venir aquí -miró hacia donde se dirigía la vista de Malfoy-. Deja de mirarla así. Rozas el acoso.

-No la miro de ninguna manera.

-Ya, claro. Y yo uso peluquín... -dijo Parkinson con mofa-. Será mejor que no te encariñes con ella. Ni con ella ni con nadie. Ya sabes lo que te toca -advirtió.

-Yo no decidí eso -replicó él.

-Yo tampoco -se limitó a decir ella-. Bueno, ¿no quieres bailar un poco?

Malfoy se puso en pie a regañadientes y ambos se dirigieron hacia el resto.

-Hola, Granger -saludó Parkinson mientras Hermione se encontraba en plena carcajada.

Ella cambió su cara de repente.

-Hola, Parkinson -respondió.

-¿Quién es? -Quiso saber Ron.

-Una chica de mi clase -explicó-. No he hablado mucho con ella, en realidad.

En cuanto las amigas de Hermione vieron a Malfoy, se acercaron a él. Era evidente la fijación que había desarrollado Ginny con él. Y no era de extrañar teniendo en cuenta el indudable atractivo que poseía el pelirrojo.

-¿Quieres algo de beber? -Preguntó Parkinson a Hermione.

-No, gracias -dijo ella educada-. Además, yo no bebo.

-Venga, mujer, invito yo -insistió.

-Bueno...

-¡Bien! -Exclamó antes de que Hermione pudiera objetar algo y fue directa a la barra del bar.

No entendía cuales eran las intenciones de Parkinson. Esa chica suponía un misterio. Nunca se había dirigido a ella de malas maneras como la mayoría de los estudiantes del Hogwarts pero si que habían tenido encuentros que resultaban de lo más singular.

Cuando vio que sus amigas estaban acechando a Draco, fue hacia ellas con la intención de rescatarlas.

-¡Eh! -Voceó.

-Hermione -habló Ginny-, estamos bromeando con tu amigo Malfoy.

Draco y ella se miraron.

-¿Amigo? -Inquirió agarrando del brazo a Ginny y apartándola de él, dejando atrás a Elena-. No somos amigos. Todo lo contrario. No habléis con él. Es de las personas más egoístas y malvadas que puedes conocer.

Ginny miró a Hermione con represión.

-Pues antes hablabais como si fuerais íntimos -replicó.

-¿Cuándo? -Se defendió Hermione.

-Hace un momento. No lo niegues otra vez. No quieres que hablemos con él no porque sea enemigo tuyo. Y lo sabes.

Hermione la miró con el ceño ligeramente fruncido. Como si no entendiera a que se refería su amiga.

-¿Qué quieres decir?

Ginny cogió aire.

-¿Te gusta verdad? -Averiguó-. Sé sincera contigo misma.

El rostro de Hermione era puro desconcierto.

-Yo...

-¿Quieres que hable con él? -Preguntó con su mejor intención.

-¿Eh? -Fue lo único que pudo gesticular antes de que Ginny la cogiera de la mano y la llevara consigo de vuelta hacia donde se encontraban Elena y Malfoy.

-¡Malfoy! -Llamó Ginny.

Él enarcó una ceja cuando ambas se acercaron de aquel modo tan decidido. Aunque realmente Hermione portaba cara de circunstancias.

-¿Qué ocurre?

-¿Qué piensas de Hermione? -Soltó repentinamente.

La pregunta sorprendió al chico. Y de ello se percataron tanto Ginny como Elena, sin olvidar a la propia Hermione.

-Pues... -empezó a decir Draco.

En aquel momento Hermione recordó aquel "me das asco" que le había dirigido Draco pensando que ella no había sido consciente de ello.

-Le doy asco -escupió ella.

Cuando Draco quiso replicar, un suceso se lo impidió. Pansy había tropezado con Granger y había derramado toda la bebida que había comprado sobre ella.

-¡Lo siento! -Se disculpó Parkinson. Hermione tenía toda la camiseta y parte del pantalón manchado-. Ven, acompáñame al servicio. Limpiaremos el estropicio.

Granger siguió a Parkinson hacia el aseo y no pudo evitar quedar con la boca abierta. Era un baño enorme, muy cuidado, limpio y nuevo. Estaba alucinando. Además, no había nadie en su interior, y eso es algo que llamó también su atención.

-Este es el servicio privado. Sólo lo pueden usar la familia Malfoy y los amigos de ésta -explicó Pansy.

Aquel comentario despertó el interés de Hermione. Desconocía que Parkinson y Malfoy mantuvieran una relación de amistad.

-Oh, vaya. Con esta luz se aprecia mejor -comentó Pansy-. Estás más ensuciada de lo que creí.

-No pasa nada, lo limpiaré con agua -calmó.

-Te dejaré yo algo de ropa -ofreció Parkinson velozmente-. Siempre tengo recambio en mi vehículo.

-No es necesario. De verdad. No te preocupes...

-Insisto, mujer -perseveró-. Ve quitándote esa camiseta. No tardaré en volver pero puedes entrar a uno de los baños individuales si no quieres que nadie que entre aquí te vea, aunque dudo que entre nadie.

Hermione asintió sin convicción y entró a uno se los retretes, cerró la puerta y comenzó a desvestirse. Se sentía como una ameba. Estaba siendo el peor sábado de su vida. Y por si fuera poco, había dejado a Elena y a Ginny a solas con Malfoy.

Una firme mano sujetó el brazo de Pansy cuando estaba andando por la discoteca. Se trataba de Ron.

-Disculpa... -dijo él-. Soy Ron, el amigo de Hermione -se introdujo-. ¿Sabes dónde está?

La mirada de Pansy se iluminó al ver a aquel chico. Alto, guapo... Una sonrisa maliciosa, propia de Malfoy, se reflejó en ella. Una idea había atravesado su mente como una estrella fugaz. Era el momento de actuar. Transformó su cara en preocupación.

-Eres tú... -anunció-. Está en el baño, no sé que le sucede pero está muy rara. Me pidió que te llamara.

Ron se sorprendió.

-¿A mí? -Dudó.

-Sí. Está en el servicio del fondo. Es privado. Si alguien te pregunta di que eres amigo de Pansy Parkinson o de Draco Malfoy -informó.

El chico seguía sin estar convencido con aquello pero, finalmente, hizo caso, y fue hacia el servicio a ver que sucedía.

Pansy vio como marchó y en cuanto pudo fue a un rincón apartado de la multitud y donde la música no incordiaba mucho. Sacó el teléfono móvil y llamó a dos personas.

Hermione se encontraba en ropa interior en un baño. Estaba deseando que Parkinson regresara. Aquella situación la estaba matando. El sonido de la puerta del servicio la sacó de su suplicio. Al fin había llegado. Abrió la puerta del baño imprudentemente y se encontró con la persona que menos esperaba.

-¡Ron! -Profirió con sorpresa.

-Me ha dicho Parkinson que me estabas buscando-justificó su presencia en el lugar.

-Yo no...

-¿Por qué estás semidesnuda? -Interrogó él mirándola fijamente.

Lo único que pudo sentir Hermione en aquellos instantes fue un intenso deseo de desaparecer del planeta Tierra.

-Necesitaba cambiarme. Me he manchado la ropa -aclaró. Aquella situación podría malinterpretarse con facilidad-. Pu-puedes irte.

Él se acercó a ella.

-Oye, Hermione... Estás muy rara.

-¿Yo? ¡No! -Comenzaba a ponerse nerviosa. A alterarse. Estaba confundida. No entendía que sucedía. No tenía la más remota idea de lo que le sucedía desde que conoció a Malfoy.

-¿Es por ese chico? -Interpeló.

-¿Qué? -Articuló ella con dificultad.

-Vi como le mirabas. Estabas absorta -alegó-. Jamás había visto esa mirada en ti.

-¿Qué estás diciendo? -Preguntó con la voz entrecortada-. No tienes ni idea... Él me odia.

La cara de Hermione comenzaba a transformarse en sufrimiento. Al pensar en Malfoy, su corazón se estremeció. Después de todo, después de como la ha tratado, de como la ha humillado, no ha podido evitar sentir como se estaba enamorando lentamente de él. No quería reconocerlo. Pero aquella situación la estaba acuchillando. Sólo faltaba que todos sus amigos la interrogasen con ello. No podía ser peor.

Ron apreció como le estaba afectando a Hermione sus palabras y se arrepintió de haberle dicho aquello súbitamente.

-Eh... Tranquila... No te pongas nerviosa, tonta... -sosegó posando una mano sobre la cabeza de ella, como si se tratara de un perrito.

-Ron yo... Soy una estúpida -lamentó.

Su amigo la abrazó con la intención de ofrecerle consuelo, y frotaba su espalda mientras le dedicaba palabras de aliento.

-Escucha, Ron -nombró-. Esta circunstancia es un poco errónea para quien nos vea.

Él sonrió.

-Sí. Me voy. Te dejo vestirte tranquila -dijo él.

Al poco tiempo de volver a estar sola, alguien entró al aseo. Era Parkinson.

-Ten -extendió una bolsa con ropa-. He encontrado una camisa blanca y unas mallas negras. Pruébatelo.

-Muchas gracias -dijo Hermione.

Se sintió muy extraña con la ropa de Pansy puesta. Un sentimiento como diferente. Apostaba todo a que la ropa que llevaba valía más que su casa.

La noche pasó sin ningún tipo de molestia más. Draco había desaparecido y Nott se había despedido de ella y de Luna. Su amiga no parecía muy desanimada. Estaba convencida de que en el fondo ella y Theodore eran auténticos amigos.

En un callejón cerca del Black Bird, la sombra de tres chicas se proyectaba en la pared.

-Tomad chicas -dijo una chica de ojos negros, a juego con su corto cabello, mientras realizaba una acción con su móvil.

-Uaaah... Estas fotos valen oro... Será un escándalo -afirmó otra.

-Ya sabéis lo que tenéis que hacer -comentó la morena.

-No es necesario decirlo, Parkinson -respondió la tercera-. Estoy deseando que llegue el lunes.


*Si contempláis algo raro no dudéis en avisarme. Mil gracias!