hola hola espero disfruten jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 10

-Creo que sería lo mejor, doctora Denaly.

No tuvo que fingir terror, pero justo cuando la mente amenazaba con paralizársele, recordó sus instrucciones. Debía ganar el máximo tiempo posible para que Garrett pudiera nivelar las probabilidades.

-No entiendo.

-Ya se le explicará. Su hermano le envía recuerdos.

-Eleazar -ajena al cuchillo, agarró al hombre por la pechera-. Tienen a Eleazar y a Caitlin. Dígame si están bien. Por favor.

-Su hermano y su sobrina se encuentran en perfecto estado de salud y seguirán así mientras tengamos cooperación -le rodeó los hombros con el brazo izquierdo y comenzó a caminar.

-Le daré lo que quiera si me promete no hacerles daño. Tengo algo de dinero. ¿Cuánto...?

-No nos interesa el dinero -el cuchillo la instó a caminar. Sin importar lo amable que había sido su cara, la mano sobre el cuchillo era implacable-. Está la cuestión de los experimentos y las notas perdidas.

-Se las daré. Las tengo aquí mismo -aferró la tira del bolso-. Por favor, no me haga daño, no le haga daño a mi familia.

-Es para su provecho que se la pueda convencer con más facilidad que a su hermano.

-¿Dónde está Eleazar? Por favor, dígame dónde lo retienen.

-Pronto estará con él.

Garrett encontró al segundo hombre detrás del Palacio del Gobernador. Pasó por allí sacando fotos y luego pegó la cara del hombre contra una de las veinte mil piedras de complejas tallas.

-Es fascinante, ¿verdad? -tenía la mano alrededor del cuello del tipo en lo que parecería un abrazo fraternal-. Si quieres mantener el uso del brazo derecho, no mires alrededor. Hagámoslo rápido mientras tenemos un poco de intimidad. ¿Dónde retenéis a Eleazar Denaly?

-No conozco a nadie llamado Eleazar Denaly.

-Me haces perder el tiempo -subió el brazo del hombre unos centímetros más. Oyó que los huesos crujían. Miró alrededor, sacó su cuchillo de caza y lo apoyó donde la oreja se unía al cráneo-. ¿Has oído hablar de Van Gogh? Solo hacen falta unos segundos para cercenar una oreja. No te matará... a menos que te desangres. Lo repetiré... Eleazar Denaly.

-No nos dijeron adónde lo llevaban -el acero pinchó la carne-. ¡Lo juro! Nuestras órdenes eran llevarlo con la niña hasta el aeropuerto. Nos enviaron de vuelta en busca de la mujer, su hermana.

-¿Y qué órdenes teníais para ella?

-Un avión privado en el aeropuerto de Cancún. No nos informaron del destino final.

-¿Quién mató a Forrester?

-Abdul.

Debido a que el tiempo apremiaba, tuvo que abandonar el placer de hacerlo sufrir.

-Vete a dormir -dijo, y le empotró la cabeza contra la piedra.

« ¿Dónde está Garrett?», pensó Kate al acercarse a un pequeño utilitario blanco. Si no aparecía pronto, ella y las notas modificadas irían camino de... Ni siquiera sabía dónde.

-Por favor, dígame adónde me lleva -trastabilló y el cuchillo cortó el algodón de la blusa y llegó hasta la piel-. Me siento mareada. Necesito un momento -al apoyarse en el capó del coche, el hombre se relajó lo suficiente para apartarle el cuchillo del costado.

-Puede descansar en el coche.

-Voy a vomitar.

El otro emitió un sonido de disgusto y la irguió por el pelo. El puño de Garrett lo hizo retroceder un metro.

-Puede que sea un poco estrecha -comentó con voz suave-, pero no soporto que se maltrate a una mujer. Oye, encanto, solo quería tenerte desnuda. Nada más.

Kate dejó que el bolso se le escurriera de las manos y huyó.

-Vaya mujer. Ni siquiera me lo agradece -le sonrió al hombre, cuya boca sangraba-. Que tengas mejor suerte la próxima vez.

El otro maldijo. Garrett conocía bastante árabe como para captar el sentido. Cuando vio el cuchillo, estaba preparado. Tuvo muchas ganas de sacar el suyo, de encargarse de ese hombre que sabía que había matado a su mejor amigo. Pero no era el momento ni el lugar. No solo quería el instrumento, sino al hombre que había dado la orden. Sin apartar la vista del acero, levantó las dos manos y se puso a retroceder.

-Escucha, si te importa tanto, es tuya. Por lo que a mí respecta, todas las mujeres son iguales -cuando el hombre le escupió a los pies, Garrett se agachó como para limpiarse el zapato. Se incorporó con una automática del cuarenta y cinco plateada-. Abdul, ¿verdad? -la expresión medio divertida en sus ojos se había vuelto mortífera-. Ya me he ocupado de tus dos amigos. El único motivo por el que no te voy a abrir un agujero en la cabeza es porque quiero que le lleves un mensaje a tu jefe. Dile que II Gatto va a hacerle una visita -vio cómo el otro abría mucho los ojos y sonrió-. Reconoces el nombre. Eso está bien. Porque quiero que sepas quién te mata. Transmite el mensaje, Abdul, y pon en orden tus cosas. No te queda mucho tiempo.

Abdul aún tenía el cuchillo en la mano, pero era consciente de que una bala era más rápida que una hoja de acero. También de que II Gatto era más rápido que la mayoría.

-La suerte de II Gatto se agotará, igual que la de su amo.

Garrett apuntó el arma a un punto justo por debajo del mentón de Abdul.

-Sí, pero la tuya se evapora en este mismo instante. Mi dedo empieza a sudar, Abdul. Será mejor que te muevas.

Aguardó hasta que el tipo se puso detrás del volante y se marchó antes de bajar el arma. Al guardarla en la pistolera supo que había estado cerca de ejecutar su venganza allí mismo. Volvió a erguirse. Cuando tuviera la sangre fría y la mente despejada, la venganza sería mucho más dulce.

Giró con rapidez al oír unas pisadas a su espalda.

Kate ya había visto esa expresión... cuando le había dicho que a Forrester lo habían asesinado. Creyó verla también cuando el hombre la había sujetado por el pelo. Pero incluso en ese instante en que la veía por tercera vez, sintió que se le helaba la sangre.

-Pensé que te había dicho que permanecieras con la gente.

-Lo vi -comenzó, luego se acercó para recoger el bolso. Sonaría estúpido decir que se había quedado cerca por si él hubiera necesitado su ayuda-. No sabía que tenías un arma.

-¿Creíste que iba a rescatar a tu hermano con labia y una sonrisa encantadora?

-No -no fue capaz de mirarlo a los ojos. El hombre extenuado y desaliñado que había visto por primera vez le había desagradado, aunque lo había comprendido. El hombre arrogante y bocazas con el que había desayunado había estado a punto de gustarle, y también lo había entendido. Pero ese extraño de mirada dura que llevaba la muerte cerca, a ese no lo comprendía en absoluto-. ¿Has... los otros dos hombres... los has...?

-¿Matado? -preguntó con sencillez mientras la guiaba del brazo hacia el jeep. Había visto miedo y repulsión en sus ojos-. No, a veces es mejor dejar vivas a las personas, en particular cuando sabes que lo que queda de esa vida va a ser un infierno. No conseguí gran cosa de ninguno. Dejaron a tu hermano y a la niña en el aeropuerto, donde recibieron la orden de venir por ti. No sabían dónde lo retenían.

-¿Cómo sabes que te decían la verdad?

-Porque son el último eslabón de la cadena. No tienen cerebro para mentir, menos cuando saben que los vas a descuartizar si lo hacen.

-Dios -sintió que se quedaba sin adrenalina-, entonces, ¿cómo los vamos a encontrar?

-Tengo algunas pistas. Y la palabra es voy, no vamos. En cuanto encontremos una casa segura para ti, vas a desaparecer de la escena.

-Te equivocas -se detuvo delante del jeep. Tenía el rostro perlado de sudor, pero ya no estaba pálido.

-Claro, lo hablaremos luego. Ahora mismo quiero una copa.

-Y mientras trabajes para mí, vas a beber con moderación.

Él soltó una maldición, pero de mejor humor del que ella había esperado.

-Nómbrame a diez irlandeses que conozcas que beban con moderación.

-Tú, para empezar -fue hacia su lado del vehículo, pero Garrett volvió a jurar y la sujetó. Estaba a punto de replicarle cuando él le sacó la blusa de la cintura de los pantalones-. ¿Qué diablos crees que estás haciendo?

-Estás sangrando -antes de que ella pudiera protestar, le bajó los pantalones lo suficiente para revelar la cadera. El corte no en muy profundo, pero sí un poco largo. La sangre se había filtrado hasta manchar la camisa. Durante un instante, la furia obnubiló su visión-. ¿Por qué no me dijiste que te había hecho daño?

-No me di cuenta -se inclinó para examinar la herida con ojos clínicos-. Intentaba frenarlo y tropecé. Me pinchó, creo que para estimularme. No es serio. Ya casi ha dejado de sangrar.

-Cállate -en ese momento no pareció importar que el corte hiera superficial. Era la piel y la sangre de ella. La metió en el jeep y abrió la guantera-. Quédate quieta -ordenó mientras abría un botiquín de primeros auxilios-. Te dije que no corrieras ningún riesgo, maldita sea.

-Solo... Por el amor del cielo, eso duele más que el corte. ¿Cuándo vas a acabar?

-Lo estoy limpiando, maldita sea, y vas a callarte -trabajó deprisa y con poca delicadeza hasta que la limpió y vendó.

-Felicidades, doctor -dijo ella con sarcasmo y sonrió cuando él la miró con ojos furiosos-. Jamás esperé que un hombre se agitara tanto al ver tan poca sangre. De hecho, habría apostado...

Tuvo que callar por completo en el instante en que Garrett le cerró la boca con los labios. Aturdida, no movió ni un músculo cuando él subió las manos hasta su cuello y luego al pelo. Esa era la promesa, o la amenaza, que había vislumbrado en lo alto de la pirámide.

La boca de él, dura y hambrienta, no persuadió con gentileza, sino que poseyó con firmeza. La independencia que era parte innata de Kate podría haber protestado, pero la necesidad, el deseo y el deleite se impusieron.

Él no supo por qué lo había empezado. Parecía que su boca había estado sobre la de ella antes siquiera de haber pensado en besarla. Se había asustado al verla sangrar. Y no estaba acostumbrado a sentir miedo... ni por otra persona. Había querido acariciarla y tranquilizarla, y se había opuesto a esa necedad con manos duras y órdenes.

Cuando los labios de ella se entreabrieron, dejó de cuestionarse por qué la besaba.

Kate sabía a praderas y a flores silvestres, a los primeros rayos de sol sobre el rocío de una mañana fresca. No había nada exótico allí, todo era suave y real. Su sabor era el del hogar y hacía que lo anhelara.

Lo que había sentido en lo alto de la pirámide regresó multiplicado por cien. Fascinación, dulzura, desconcierto. Lo recubrió todo con una pasión intensa que sí entendía.

Ella no huyó. Levantó una mano para tocarle la cara. El eco de los latidos de su corazón resultaba tan sonoro en su cabeza que no le permitía oír nada más. El beso de Garrett era tan exigente que no podía sentir otra cosa. Cuando se separó de ella con la misma brusquedad con que se había acercado, tuvo que parpadear hasta que se le aclaró la visión borrosa.

Garrett metió unas manos poco firmes en los bolsillos y pensó que iba a tener que deshacerse pronto de ella.

-Te dije que te callaras -expuso antes de rodear el vehículo.

Kate abrió la boca, luego volvió a cerrarla. Hasta que pudiera pensar con claridad, quizá lo mejor era seguir ese consejo.


hola ola espero esten bien jeje...

que tal vamos que les parece la historia ? se esta poniendo interesante noo? jejeje

algun review?