Lo prometido es deuda y acá les dejo la historia. Faltan 30 minutos para media noche, así que aún vale, espero que les guste y recuerden dejar reviews!


Acto 1: Primer Error: Enamorarnos

Escena 10: La tranquilidad que me da tu vida


Hermione POV

Oh Dios... Malfoy me vio el pijama. La verdad no me esperaba eso, para nada. Y mientras caminaba a mi clase de Herbología con Ravenclaw, pensaba en lo que había sucedido. Por lo general Malfoy organiza su horario para tener la primera hora de clase libre, y así poder desayunar más tarde que todos los mortales. Pero no puedo evitar estar confundida y feliz al mismo tiempo, era extraño. Recuerdo todos los acontecimientos de esta mañana y aún no me explico lo que sucedió.

Mi rutina normal era bajar en pijama desayunar tranquilamente, regresar y cambiarme para ir a mi clase, pero al salir de mi cuarto y verlo ahí sentado sonriéndome por estar con mi pijama, y luego por intentarlo ayudar, de ahí de hablar del tema se esfumó y me senté a desayunar con él. Bueno, él solo desayunó.

Luego de terminar de leer la edición del Profeta que cuyo artículo de primera plana me dejó tremendamente indignada, pero no consideré necesario mencionarle a Malfoy, por obvias razones. En todo caso regresé a mi cuarto para ponerme medio decente, y en todo eso pensaba en Malfoy... Pero una pregunta resonaba en mi mente, y la cual ni me atrevo a volver a pensar, si debía cortar un poco mi falda para verme más atractiva.

Salgo de la ducha y me pongo mi uniforme muy rápido, decido por cortarla unos centímetros que no se notarán por las medias oscuras de lana que uso para el frío que hace por la época. Voy a desayunar tranquilamente, me siento observada por Malfoy cuando estoy bajando por las escaleras, mientras bajo mis libros que están en mi mochila y unos cuantos que tengo en los brazos.

Voy directo a las cocinas por mi desayuno que se los pido amablemente a los algo ocupados elfos, he descubierto que si el cambio se da de manera más gradual posiblemente ellos se encuentren más cómodos con la idea de un mejor estilo de vida, al saber que pueden ser tratador amablemente.

Salgo con mi desayuno y me siento en la pequeña mesa que rara vez comparto con Malfoy, veo que está leyendo el artículo de la primera plana, intento no ponerme nerviosa ni mirar su antebrazo izquierdo donde sé que reposa la tinta negra, con la marca tenebrosa. Veo como al momento de sentarme él dobla el periódico, casi convirtiéndolo en una bola. Me siento un poco mal por él y decido no hacer ningún comentario de su condición, el silencio me lo agradece y me siento un poco mejor por estar mejorando en mi tolerancia.

Termino de desayunar y dejo los platos encima de la mesa sabiendo que los elfos detestan que los lleve a la cocina, entonces mis progresos se desmoronarían y otras veces estarían reacios a hablar conmigo. Tomo mis libros y mi mochila del sofá, Malfoy parece seguir en su mundo y alguna extraña sensación me lleva a querer consolarlo.

Caigo en ese extraño sentimiento, antes de poder reaccionar me encuentro abrazándolo casi sin tocarlo. Se siente un poco incómodo abrazarlo, tener tanto contacto... Espero que me grite y que me diga algo, pero nada sucede... Siento su cuerpo frío debajo de toda mi ropa y su ropa, casi puedo sentir la frialdad de su corazón, y me aterra. Me aterra porque quiero seguir abrazándolo hasta que su corazón sea tan cálido, poder darle algo de calor que siento que le ha faltado.

Luego me llama, casi como si le costara como si en verdad lo hubiera aturdido y me da las gracias, nada más. Siendo algo tan raro, de escuchar a Malfoy decirlo, sobre todo a mí. Siento mis mejillas un poco rojas y le sonrío alegre, me siento de esa manera... Me siento feliz de darle un poco de felicidad a esos ojos grises, tan fríos como el hielo, que me están mirando con un poco de calidez y no odio, no desprecio, no desafío. Solamente agradecidos y un poco cálidos.

Llego a la clase con unos minutos de antelación y veo a la profesora Sprout organizado los materiales de la clase con una sonrisa. Le sonrío de vuelta, espero a que los alumnos de Ravenclaw terminen de entrar para comenzar la clase.

Al terminar la clase tengo transformaciones, casi todo mi día está ocupado y solamente tengo una hora libre. Suspiro cansada y me dispongo a ir a todas mis clases.


La hora de almuerzo y barajo la idea de ir a almorzar a la sala común, pero me queda demasiado lejos. Al entrar al comedor no veo a Malfoy, e intento relajarme pensando en que se fue a la sala común a comer, el ataque de ayer me tiene un poco descolgada, por la noche luego de la cena hablaré con él, intentaré buscar una solución y hablaré con McGonagall sobre que no quiero tomar responsabilidades sobre Malfoy, que ella es la directora y eso no me corresponde a mí...

La culpa me carcome en lo que queda del día, no soy capaz de decirle nada a McGonagall, ella me pide un favor de todas las veces que me ha apoyado y no soy capaz de hacerlo. Me muero el labio por la culpa, tengo un conflicto de intereses.

Por un lado está mi sentido de lealtad a mi profesora y ahora Directora de Hogwarts, debido a las veces que me ha apoyado, ayudado y dado consejo. Por otro lado esta Malfoy, el Malfoy de la Torre de los Premios Anuales, un poco sarcástico, irónico, bastante petulante, pero roto por la guerra que está enfermo y no tengo idea de qué. Ese Malfoy que contrasta con el Malfoy abusivo, consentido, mimado, prepotente y purista, que esta mañana me dio las gracias por abrazarlo.


Me quejo un poco en mi mente, y terminó mi última clase de Pociones. En las mazmorras hace frío, y agradezco haberme puesto tanta ropa por el frío.

Entro al salón de pociones y veo a algunos estudiantes entrando, todos de diferentes casas. La mayoría son de Ravenclaw y Slytherin, muy pocos Gryffindor toman la clase y los Hufflepuff a duras penas se acercan. Suspiro y me siento en el puesto de enfrente mientras un Ravenclaw se hace al lado mío.

Casi puedo sentir la presencia de Malfoy al entrar con su cabellera platinada y su caminar aristocrático para entrar al salón. Volteo mi cabeza y lo veo sentado desinteresadamente en el último puesto del salón.

El profesor comenzó a explicar rápidamente como se tenía que hacer la poción Mopsus, y que en la siguiente clase probaríamos nuestra propia poción para ver que tan bien quedó y si podíamos realizar movimientos por medio de telequinesis con ella. La poción era muy difícil de realizar, pero logré hacerla perfecta. Recogí todos mis instrumentos y deje la poción a fuego lento como indicaban las instrucciones.

Deambulo por los pasillos de Hogwarts, no quiero ir a cenar, hoy es uno de esos días especialmente pesados, solo tuve una hora libre. Deseo ir a la cama y quedarme ahí hasta no poder más, pero mi sentido de responsabilidad resuena en mi cabeza.

Decido no pasar por el comedor, no quiero oír los gritos y los murmullos de los niños de primero ya sea por mi sola presencia o por algún rumor que corre, no tengo ganas de socializar. Me voy directo a la Torre de Premios Anuales y con un simple hechizo no verbal y sin varita hago que mi maleta y mis libros floten detrás de mí.

Hace relativamente poco dominé la magia sin varita y la combine con un poco de magia no verbal, aunque tenga que mover un poco la mano para lograrla y cansa un poco más que la normal, con varita y verbal.

Cerebrito, una y mil veces una sabelotodo... Suspiro e intento que las lágrimas no escapen de mis ojos, los recuerdos que tanto intento reprimir en mi memoria con Ron salen a flote, las veces que le explicaba entre clases, cuando estudiábamos para los exámenes, le ayudaba a hacer tareas. Intento comprenderlo, que su rechazo no verbal no duela, que su distanciamiento sea por el entrenamiento, por la muerte de su hermano, que no sea porque no se siente capaz de estar junto a mí por ser una enciclopedia andante, con pelo poco atractivo, curvas a penas definidas y la piel tal vez demasiado blanca por no salir a tomar el sol a que tome su usual tono moreno.

Me recuesto contra el cuadro de la Torre, tomando grandes bocanadas de aire. Mando mis cuadernos y libros a la sala común y lloro amargamente por ese chico pelirrojo con pecas que se robó mi corazón, que pensé que yo había tomado el suyo, pero cada día dudo mucho más. Lo quiero demasiado, muchísimo y ese beso que compartimos significó tanto para mí, fue demasiado. Pero supongo que mi nula experiencia en besos lo arruinó todo, teniendo en cuenta que se besuqueo con Lavander hasta que se le agrietaron los labios y yo... Un casto beso.

Un sonido lastimero sale de lo más profundo de mi garganta y comienzo a tener hipo entre cada respiración, pero soy incapaz de que salgan lágrimas a pesar de que se acumulan con gran rapidez en mi ojos, solo unas cuentas se escapan. Intento que no duela, decirme que soy más fuerte que eso, que soy más fuerte que un chico, que soy la bruja más brillante de mi generación, tal vez de la década, del siglo y no me dejaré vencer por un idiota que no es capaz de apreciarme, de ver que valgo más que un cerebro, que soy más. Recuerdo el Cromo y me limpio las lágrimas algo brusco, me subo las mangas de la túnica hasta los hombros, soy más que cerebro, soy Hermione Jean Granger y ningún idiota que no se decide por mí, tendrá mis lágrimas.

Le digo la contraseña al retrato con la voz poderosa y con las mejillas aún marcadas con lágrimas inexistentes y mi pelo alborotado, pero me siento un poco mejor conmigo misma. Respiro profundo y me armo de valor, veo la Sala Común bastante tranquila. Me encuentro bien.

Comienzo a hacer las tareas en la Sala Común, para poder esperar y Malfoy y así hablar de lo que sucede con su adicción a las pociones rehabilitadoras, y también de los ataques. Alrededor de las 8:30 pm voy a la cocina y les pido a los elfos que si me daban un té con galletas de chocolate para cenar, les agradezco y a los minutos la humeante taza de té está servida en la mesa del desayuno a la cual miro con curiosidad.

Malfoy entra a la Sala Común alrededor de las 9 pm, viéndose bastante cansado y desmejorado. No llevo túnica debido a que estoy al lado de la chimenea, las mangas remangadas y me doy cuenta que es la primera vez que lo hago en mucho tiempo, desde el día que me marcaron...

Lo miro, se ve bastante mal y parece un zombie andante, sin conciencia, que solo vino por labor de su subconsciente más que cualquier cosa. Parece perdido y su mano se contrae en lo que parece ser que es una garra, y luego descubro que intenta simular un vaso, lo lleva constantemente a la boca, logra sentarse en una silla y maldice a quien la cambio de puesto, concluyo que cree que esta en su casa.

Lo único que le oigo decir es que espera que hayan salido bien parados, que el escape haya funcionado y que se enteren que él no es todo el malo de la historia, que solo sigue órdenes, pero la mayoría son susurros inentendibles, casi hablando en un siseo. Da vuelta y supongo que cree que lo llaman, pero luego observo como grita, grita sin cesar y parece ser que se encuentra sometido a alguna maldición.

Pero él no ruega, no habla, no hace nada más que gritar pero es casi un grito silencioso, como si le doliera tanto que no pudiera gritar bien. Continua así por algunos minutos, me encuentro en shock y mi cara esta deformada en una extraña mueca de desesperación, pero soy incapaz de tocarlo. Siento que han pasado horas, y el sigue gritando en silencio, con su cuerpo retorciéndose en el silla y parece que se va a caer al suelo. Abre los ojos después de un largo tiempo, son grises son como el acero, no demuestra ninguna emoción ningún brillo además del odio que siente en su interior.

Con esa mirada soy capaz de descubrir que jamás me odio, porque esa mirada tan llena de rencor y odio era demasiado pura, el odio en su más grande estado y sonreía tan macabramente que me dio un escalofrío. Tal vez me despreciaba, y nos peleábamos... Pero no me odio. Nunca había visto una mirada tan llena de odio y lo peor, es que no sabía para quien era.

Se cae de la silla, y eso me hace reaccionar, su cabeza se pega contra la mesa del centro en un sonido sordo, es aterrador. Voy a paso lento a él, temiendo que por algún ruido brusco recupere la conciencia y no me permita acercarme. Su rostro se encuentra deformado por una expresión de constante dolor.

Tomo su cabeza en mis manos, y tanteo donde creo que se dio el golpe. Mi corazón palpita demasiado rápido, y muchísimos hechizos vienen a mi cabeza. Intento recordar todos los libros de mediano que he leído. La tensión aumenta, no veo sangre pero me da miedo que se coagule la sangre y que ese coagulo lo mate...

-Merlín, no... Hoy no Malfoy, hoy no te mueres- Mi voz sale algo entre cortada y rota, pero igual autoritaria, esbozando una sonrisa.

Intento acomodarlo mejor y tenerlo encima de mis piernas y me culpo por todo... Por no hablar con él esta mañana sobre sus ataques y Merlín... Puede que esté muerto ahora. Tomo su muñeca y busco su vena, logro encontrar el pulso de su corazón, algo débil pero me da tranquilidad y me respiro profundo. Tengo miedo de moverlo debido a que puede que le haga más daño, y puede que la herida no sea tan grave, si para mañana no despierta lo llevaré a la enfermería.

Los recuerdos de las muertes en el la Batalla de Hogwarts, en toda la guerra, todos los cadáveres que habían ese día en el Gran Comedor, me perturban, me hostigan para que no deje pasar otra muerte. Me digo a mi misma que no soportaría una muerte más, que no necesito otra muerte en mi vida, que tuve suficiente de la guerra. Con mi varita en mi mano derecha, decidida a no permitir al cretino que tengo como compañero de cuarto muera, y con lágrimas cayendo sobre mi rostro, comienzo a recitar hechizos sanadores y siento su pulso más fuerte, que estoy tomando con mi mano izquierda.

Su expresión de dolor se relaja y parece ser que está durmiendo, aún tiene el ceño fruncido pero se va relajando a medida que disminuyo el dolor por medio de hechizos. Toco su rostro con una sonrisa, me siento aliviada y me doy la libertad de llorar aun sonriendo.

-Por favor... No te vayas, por favor.-Le digo acariciando su rostro reseco y su cabello que aún conserva suavidad pero se encuentra descuidado y quebradizo. Parece tener una convulsión pero al parecer solamente se acomoda mejor en mis piernas, solamente lo dejo acomodarse y que descanse un poco. Sigo acariciando su cabello, sus hebras platinadas se enredan entre mis dedos y me pregunto qué tanto tuvo que sufrir en la guerra para llegar a ese estado.

Estoy tranquila, porque Malfoy está vivo, para seguir peleando conmigo, desafiándome, burlándose de mí y yo para defenderme, decirle comentarios llenos de veneno y hacerme hervir la sangre de la ira. Necesito a Malfoy para que le dé variedad y emoción a mi vida, para que lo encuentre por las noches y nos fastidiemos. Verlo entre clase con su andar elegante y mirada indiferente, que ni siquiera repara en mi... Porque no soportaría despertar en una Sala Común sola, sin alguien que me desafiara y me encuentro feliz de que este vivo... Tal vez, pero solo tal vez no sea tan malo.

Decido que fue suficiente, y lo levito a su cuarto, por lo visto la habitación reconoció a su dueño y sus deseos: Un lugar para descansar. Dejo a Malfoy en la cama sin reparar demasiado en la habitación que se encuentra bastante oscura.

Bajo a la Sala Común, recojo todas mis cosas y veo que van a hacer las 11, me resigno y agradezco mañana tener dos horas libres. Termino de recoger mis cosas y me voy a mi habitación, las dejo en mi pequeña sala, y subo a mi cuarto cansada.

Ya dentro de mi cama, con mi pijama inmensa, y 4 cobijas por encima, me doy cuenta de algo espeluznante, algo tan extraño como la magia misma...

Malfoy me importa, como ser humano, como una persona... No solamente como un estudiante más de Hogwarts, sino por lo que es él.


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