Capítulo 10 : Confesiones y confusiones.
Hermione entró, con paso vacilante, en el cuarto donde Ron descansaba. De camino hacia la cama del herido, tomó una de las sillas que había en el cuarto y la acercó a ella; demasiado despacio para su impetuoso carácter, de un modo demasiado… extraño para ella; podría decirse que tímido y reservado. En cambio, Ron la observaba con una cándida sonrisa, embelesado.
Cuando la chica se hubo sentado junto a él, y al darse cuenta de que ella no se decidía a hablar, le tomó una mano y la acarició con ternura, sin apartar sus enamorados ojos de los suyos.
- Cariño… comenzó, con voz suave, casi suplicante. – Sé que nuestra relación últimamente no está pasando por su mejor momento, precisamente… - sonrió con dulzura – Sé que tienes sobrados motivos para dudar de nuestro amor… Pero también sé que yo te amo – dijo con pasión, - que no puedo vivir sin ti, y que, si tú me dejas, voy a dar hasta mi último aliento para lograr hacerte feliz.
Las lágrimas resbalaron por las mejillas de la castaña, aún más incapaz de decir ni una sola palabra. Antes de volver a entrar en el cuarto para enfrentarse con la extraña amnesia de Ron, Hermione había decidido no mantener una farsa como aquella, aunque su corazón se destrozase por ello. Tenía bien claro que ninguna relación que pretenda llegar a buen término, puede basarse en una gran mentira.
Pero ahí estaba él, con esa sonrisa enamorada, inocente y llena de esperanza, ofreciéndole un amor incondicional, a manos llenas, dispuesto a darlo todo por mejorar su relación – esa relación que ambos habían asegurado ya no existir -, para amarla, abrazarla, consolarla, llenarla de besos… para darle todo lo que ella más deseaba en el mundo. ¿Cómo rechazar aquello que más ansiaba, cuando el amor de su vida se lo estaba ofreciendo en bandeja de plata?
Quizá seguir la corriente a Ron no estaba bien; no, seguro que no estaba bien. Pero ella haría que sí lo estuviera – se dijo con la misma pasión que hace unos segundos, él había empleado para llenarla de promesas y esperanzas. Haría que cuando él volviese a recordar su pasada ruptura, esta hubiese quedado ya tan lejana, que en absoluto importase. Sí, ella podía hacerlo – se aseguró una vez más, convencida – Si él podía esforzarse por salvar su relación, ella también lo haría; y juntos lo lograrían. Porque se amaban.
- Temía que pudieses llegar a morir – declaró, por fin, abrazándolo con todas sus fuerzas.
Una amplísima sonrisa de triunfo se perfiló en los labios de Ron.
- Vamos, cariño… - le acarició el cabello suavemente, con movimientos aún torpes debido a su convalecencia. - ¿Cómo iba a morir, por un golpecito de nada? Además, tenía a Harry a mi lado – sentenció, como si aquello lo explicase todo, y volvió a sonreír, mientras le secaba las lágrimas con una mano.
Ella soltó una risita nerviosa, aún un poco incómoda con la nueva situación. No podía olvidar que hacía tan sólo dos noches, él la había alejado completamente de su lado, negándole, incluso, su amistad. Y ahora, para el pelirrojo nada de aquello había sucedido… pero sí para ella.
De pronto, sintió el suave calor de los labios de Ron rozando los suyos: abrió los ojos como platos, sorprendida, y todo pensamiento, toda duda, se esfumaron de su mente como el humo. Sus labios, anhelantes, se dejaron acariciar por aquel beso dulce y entregado, lleno de promesas; y su corazón se embriagó de dicha.
Cerró los ojos, totalmente entregada a su dulce traición.
~~O&o&O~~
Harry y Ginny despidieron con un cálido ademán a David y a Aroa, quienes habían decidido seguir el consejo del moreno, y tomarse un tranquilo día de descanso para reponer fuerzas, y de paso permitir que, mientras tanto, los ánimos se calmasen y Ron se recuperase, para poder, todos ellos, retomar su actividad profesional.
Cuando ambos se hubieron marchado, la joven pelirroja tomó de la mano a su novio y lo arrastró hacia la cocina sin contemplaciones; le hizo sentar en una de las sillas, y en un visto y no visto plantó ante él un sabroso y completo desayuno, que casi le obligó a tomar. En contra de lo que esperaba, él no replicó, en absoluto: dio buena cuenta de todo ello con sorprendente voracidad.
- Podría llegar a acostumbrarme a tantas atenciones – declaró, satisfecho, repantigándose en la silla, una vez hubo terminado de desayunar.- Y si eso pasa, cuidado, porque nadie en el mundo será capaz de librarte de mí.
- ¿Me estás diciendo que tan sólo me quieres para que te cocine y limpie la casa? – Ginny fingió reprocharle, con los brazos en jarras.
- ¿Para qué, si no? – el moreno respondió con una sonrisa arrogante.
- ¡Harry James Potter! ¡Eres un…!
No pudo terminar la frase, pues él se alzó con rapidez, la tomó en brazos y volvió a sentarse; buscó sus labios, y los selló con un beso tan dulce como apasionado.
- Un seductor – ella continuó, cuando se vio capaz de hacerlo.
- Mentira… - él respondió, con voz insinuante, clavando sus profundos ojos verdes en los de ella.
- Un sinvergüenza.
- Mentira.
- Un embaucador… - sentía que estaba apunto de derretirse en aquellos fuertes brazos.
- Mientes.
Ginny lo miró sin comprender, suspicaz, a lo que él volvió a sonreírle, confiado.
- Soy TU seductor… TU sinvergüenza… y TU embaucador – declaró, susurrándole al oído. – Te amo, Ginevra Molly Weasley.
Ginny suspiró con fuerza, completamente rendida a sus encantos; y él le besó el cuello cariñosamente.
- Anoche fue… maravilloso – ella recordó, soñadora, acurrucándose en su pecho.
- Fue único Ginny – él respondió, enamorado. – Pero hoy estoy que casi no puedo tenerme en pie. Eso me pasa por liarme con una jovenzuela. Ya estoy viejo para esto – declaró, entre risas.
- ¿Serás payaso? ¡Pero si tan sólo me llevas un año! – al mirarlo, halló en él una sonrisa radiante, satisfecha, y ella sonrió también. – Ya estamos como en Hogwarts: mi hermano, el súper protector, y su amigo, el súper responsable. Me hacíais sentir como una niñata, con tan sólo un año menos que vosotros – recordó, enfurruñada.
Él mostró sorpresa; nunca lo había visto de aquel modo. Y luego acarició su cabello, enternecido.
- Bueno… Para mí siempre serás mi adorada niña, a quien me muero por mimar y proteger. No me reprocharás eso también…
Ella acarició su rostro con infinito amor.
- ¿Por qué con cada mirada, con cada palabra, con cada gesto que haces, me haces sentir la mujer más feliz de este mundo? – le preguntó, enamorada.
- Será porque tú eres la mejor parte de mí mismo.
Volvieron a unir sus labios, juguetones, dedicándose el uno al otro todo el tiempo del mundo.
Inesperadamente, el sonido del timbre detuvo sus anhelos.
- Yo abriré – Harry se ofreció, solícito.
Ginny hubiera querido negarse, pero ya él se había puesto en pie y la había depositado con cuidado sobre la silla que, hasta hace un segundo, ambos ocupaban. Así que hubo de conformarse con ver su sexy anatomía alejarse hacia la puerta de entrada.
Antes de abrir, Harry observó por la mirilla de la puerta, y al ver quién era el sorpresivo visitante, sonrió, satisfecho. Inmediatamente abrió, y ofreció a quien halló ante él, la más amable de sus sonrisas.
- Buenos días, Harry – Edward Snows lo saludó con seriedad, evitando su mirada, y le ofreció una gran cesta, cubierta por una coqueta servilleta de cuadros rojos y blancos. – La señora Romilda os envía esta comida, para que hoy no tengáis que salir de casa si no lo deseáis, y todos podáis descansar. – Titubeó, antes de continuar, avergonzado. – Nos sentimos culpables por haberos llenado la cabeza de tonterías, con lo de las leyendas, y las cuevas…
Harry enarcó una ceja, suspicaz.
- Si nosotros no os hubiésemos enviado allí, no os habríamos puesto en peligro.
- Nadie nos envió allí, Edward. Ya os dijimos ayer que teníamos muchas ganas de aventuras; nosotros mismos nos metimos en esa cueva.
- Ya, pero… - el rostro del chico se mostraba tan culpable, que hizo conmover a Harry.
- No ha sido culpa de nadie. Son cosas que pasan – le palmeó la espalda amistosamente. – Además, ¿quién iba a imaginar que habría un derrumbe en la cueva, justamente cuando nosotros íbamos a explorarla?
- Eso es cierto – Snow pareció tranquilizarse, viendo que Harry no le culpaba, a lo que este asintió, zanjando el tema.
- Dale las gracias a Romilda de nuestra parte. Pasa si quieres, y siéntate un rato a conversar.
- N-no. Debo volver al hostal cuanto antes, lo he prometido.
- Claro. Ella es muy hermonsa, ¿eh? – dio un codazo de complicidad al chico, guiñándole un ojo.
- ¿E-ella? ¿Quién? – el otro lo miró, asustado. – Ya te pedí perdón por haberle tirado los trastos a tu novia. No quería hacerlo, pero…
- Pero Abby os estaba observando, y tú querías parecer un hombre seguro de sí mismo, viril y conquistador. No me refiero a Ginny, Don Juan.
- ¿Cómo sabes que estoy loco por Abby? – Snow lo miró con ojos desorbitados, enrojeciendo hasta las puntas de las orejas.
- He visto cómo la miras, conquistador…
- Por favor, no me avergüences más.
Harry sonrió, conciliador.
- Es normal que estés enamorado de ella, tiene los bellos ojos de su padre – afirmó, como quien no quiere la cosa.
- ¿Tú también te has dado cuenta de que es la hija no reconocida del reverendo Campbell? Guau… no se te escapa ni una – el joven declaró, admirado.
Pero ahora fue el turno de Harry de mirarle con los ojos como platos.
- ¿De Campbell, dices? ¿No de Carmichael?
- Por supuesto. Es un secreto a voces en la villa – Harry aún no daba crédito a sus oídos. – Creo que la única que no tiene ni idea de la verdad es Abby. Por favor, no se lo digas.
- Tranquilo, no lo haré.
- ¿Pensabas que era hija de Carmichael?
- No me hagas caso – Harry zanjó el tema rápidamente. – Por favor, no te olvides de dar las gracias a Romilda por la comida. Y gracias a ti, por ser tan amable de haberla traído. No te entretengo más, que debes estar muy ocupado.
El chico sonrió con candidez, volviendo a recordar sus quehaceres. Estrechó con fuerza la mano de Harry, y se marchó a al carrera de vuelta al hostal.
Pero el moreno permaneció en la puerta, con la mente en ebullición.
~~O&o&O~~
Minutos después, y con la cabeza apunto de estallarle, Harry decidió ir a hacer compañía a Ron, para que Hermione pudiese darse un poco de descanso. Pensó en decírselo a Ginny primero, pero supo que la castaña lo haría por él, en cuanto saliese del cuarto y fuese a desayunar también, así que no lo pensó más y subió las escaleras en pos de la habitación donde descansaba su mejor amigo.
Al entrar con sigilo, por si hallaba al pelirrojo durmiendo, en cambio lo encontró abrazado a Hermione, quien se había rendido al sueño en sus brazos, aún sentada en la silla. El chico le sonrió, encantado.
Suavemente, Harry sacudió a Hermione por un brazo, haciéndola despertar. Ron le dedicó una mirada de profundo reproche, que él ignoró.
- ¿Uhm…? – ella lo miró con ojos somnolientos, cansada.
- Debes descansar – él le respondió sin más, suavemente. – Yo me quedaré con él hasta que tú hayas desayunado y dormido, al menos un rato.
- Eso es lo que estaba haciendo – Ron le reprochó a su amigo, enfurruñado.
Por un momento, Harry lo miró con enfado. Tomó a su mejor amiga por ambos brazos y la ayudó a ponerse en pie.
- Ve tranquila. Te prometo que no lo dejaré solo ni por un momento – le aseguró.
Ella le sonrió, agradecida, y en cuanto se hubo despejado lo suficiente como para marcharse, abandonó el cuarto, con ademán cansado.
- A veces alucino con lo cabeza hueca que puedes llegar a ser – Harry amonestó a Ron, traspasándolo con una mirada indignada. – Ella ha pasado toda la noche en vela, muerta de miedo por si tú no conseguías superar la gravedad de la herida, y agotada por los nervios y la falta de sueño. Y ahora tú la tienes aquí, sin haber comido y durmiendo de mala manera, sentada en una incómoda silla y abrazada a ti en una incómoda postura.
- Lo siento – el pelirrojo se disculpó, avergonzado.
Harry notó que el otro no había dejado de esquivar que sus ojos se encontrasen, una y otra vez, algo que le pareció sumamente preocupante, por no calificarlo de sospechoso. Traspasó a su mejor amigo con una mirada cortante, que el otro bien conocía, y permaneció en silencio, a la espera. Ron no pudo abstraerse a la realidad por mucho tiempo, aunque intentó disimular por todos los medios, pero finalmente se rindió a la mirada inquisitorial del moreno.
- H-he de confesarte algo, Harry – bajó la vista, compungido.
- Eso ya lo sé. ¿Qué demonios es, Ron? Cuando intentas ocultarme algo de esa manera, sé que te sientes culpable por alguna animalada que has hecho. No habrás hecho daño a Hermione…
- Intento no hacérselo – se defendió.
- Suéltalo ya, Ron. Ya no somos adolescentes, para andar con tonterías.
- Vale. Pero prométeme que no me juzgarás.
- Y una mierda. Te juzgaré, igual que tú me juzgas a mí cuando meto la pata hasta el fondo. Para eso soy tu mejor amigo.
El chico suspiró, rendido, y encaró finalmente la mirada de su amigo.
- Lo recuerdo todo – dejó caer, pero Harry lo miró con desconcierto – TODO, TODO, Harry. Lo recuerdo TODO.
Por un momento, el otro continuó sin comprender, pero de pronto abrió la boca de forma desmesurada, y una cara de pasmo dominó su semblante. Ron se estremeció.
- N-no puede ser. Dime que no es verdad. Ron, no lo has hecho, dime que no lo has hecho – Harry comenzó a hablar, descontrolado. – Dime que no has engañado a Hermione, tu mejor amiga, mi mejor amiga, con eso de tu amnesia selectiva – lo acusó, intentando no gritar para no alertar a las chicas, pero completamente furioso.
- ¿Y qué podía hacer? ¡Vamos, dime!
- ¿No mentirle, quizá? – el auror alzó los brazos y los dejó caer con obviedad, mirando al chico como si no lo conociera.
- ¡Yo no intentaba mentirle! – Harry hizo un gesto brusco con las manos, pidiéndole que bajara la voz, alarmado. – No intentaba mentirle, Harry. Ha sido un flash, me ha venido a la cabeza de pronto, y cuando me he dado cuenta, ¡pluf!, ya estaba fingiendo que nada malo había sucedido entre nosotros.
A Harry le entraron ganas de darle un buen puñetazo para ver si, de una vez, le entraba el sentido común en la cabeza; pero en vez de eso, comenzó a caminar adelante y atrás por la habitación, lleno de nervios.
- Va a matarnos – declaró, por fin, deteniéndose ante Ron y asesinándolo él mismo con la mirada.
- ¿Matarnos? – Ron lo observó, atónito.
- Matarnos, maldición. ¿Crees que voy a dejarte solo en esto? – casi le gritó, con indignación. – Algún día, Hermione se dará cuenta de que le hemos estado mintiendo, y entonces, nos matará. – Intentó tranquilizarse y recuperar el control. – Vale, ha sido un arrebato. Yo sé mucho de arrebatos – declaró, con una extraña voz. – Pero piensa en cómo contárselo, Ron, por lo que más quieras – le ordenó, y volvió a caminar por el cuarto, con paso nervioso.
Ron lo observó con detenimiento, también pensativo. Al igual que su mejor amigo era capaz de leer en lo más profundo de su alma como en un libro abierto, también él podía hacerlo a la inversa.
- Se te ve preocupado… También tú tienes algo que ocultar. ¿Hay algún problema entre Ginny y tú? – preguntó a su vez, suspicaz.
Harry se detuvo bruscamente, y buscó su mirada, aún enfadado.
- No es un problema… o al menos, no debería serlo. Pero también es un secreto, que yo debería revelarle a ella cuanto antes – declaró. – Me gustaría contárselo… después de que acepte casarse conmigo.
- ¿Casaros? Pero si apenas lleváis unos días juntos – Ron alucinó.
- Pero llevamos media vida queriéndonos, por amor de Merlín – Harry respondió, perdiendo la paciencia. Apretó los puños con fuerza, para controlarse. – Y no sería ahora, por supuesto. Ginny puede ser mi prometida todo el tiempo que ella quiera. Y mientras tanto, sé que mi regalo la hará feliz.
- No entiendo nada de nada, Harry. Me hablas de un regalo, pero parece como si tuvieras miedo de darle ese… "regalo". ¿Qué es? ¿Un anillo? ¿Un mega viaje carísimo al otro lado del mundo?
- Es su piso, Ron: su piso – Harry confesó, mirándole fijamente a los ojos. – Yo he comprado su piso, y lo he puesto a su nombre.
- ¿Serás capullo? – el pelirrojo lo acusó con ojos desorbitados por la sorpresa y la indignación. - ¿Has sido tú quien la ha desalojado de su piso, sólo para conquistarla?
- El capullo eres tú, imbécil. Y baja la voz, si no quieres que ella y Hermione nos oigan. Me vi obligado a hacerlo, si quería que ella no lo perdiera – comenzó a explicar, indignado. – Cuando su casero le comunicó que alguien iba a comprar ese piso, yo corrí a averiguar quién estaba gestionando esa venta, y ofrecí dinero sin parar hasta que el dueño accedió a vendérmelo a mí, y no al otro comprador. He tenido que pagar tres veces su valor para podérselo comprar. ¡Maldita sea! – se pasó la mano por el cabello, excitado, mientras su mejor amigo lo miraba, sin dejar de alucinar. – He comprado su piso, y lo he puesto a su nombre. Pero no tenía ninguna excusa para hacerlo, ella y yo no éramos nada hace unos días, Ron. ¿Cómo iba a explicarle mis motivos para hacer algo así, sin contarle lo que siento? Podría haberle dicho que lo hacía porque os quiero a todos los Weasley como si fueseis mi auténtica familia, de hecho lo sois; que podría devolverme el dinero en mil años, si quería, lo que fuera... Pero tú ya sabes lo independiente que es, lo poco que le gusta que nadie le haga favores, ni siquiera su familia; y yo creía que ella no sentía nada por mí, ¿lo entiendes? Pero aún así, tenía que hacerlo. Sabía lo que significa ese piso para ella; no podía permitir que lo perdiera.
- Vaya…
- Y ahora temo que ella se enfade conmigo por no habérselo confesado antes, por haberla dejado pensar que lo había perdido para siempre; o por haberme metido donde nadie me había llamado – terminó, desolado.
- ¿Enfadarse contigo? ¿Enfadarse, dices? Eres un imbécil, pero no por haberle hecho daño, sino por ser demasiado bueno. Si se enfadase contigo por algo así… ¡Vamos! ¡Es que dejo de ser su hermano! – declaró con pasión.
Súbitamente, la vista del pelirrojo se nubló, obligándole a recostarse en el acogedor y mullido almohadón.
- ¿Qué te pasa? – Harry corrió a socorrerlo, preocupado.
- No es nada, te lo juro. Es sólo que me siento muy cansado, y algo mareado…
- Ahora yo estoy siendo el desconsiderado. Duérmete, Ron, y no te preocupes por nada.
- ¿Esperarás a que yo me recupere para ir a la caza de ese lobo? – el otro le pidió, muy serio.
- Si nada precipita los acontecimientos, esperaré, te lo prometo – Harry le aseguró. – Sana cuanto antes, Ron, pues de ahora en adelante, este asunto se va a poner muy, pero que muy interesante.
El chico sonrió, complacido, y cerró los ojos para atraer el sueño reparador, que tanto necesitaba.
Harry se sentó en la silla donde antes había intentado descansar Hermione, en silencio, y observó a su amigo, volviéndose a perder en sus propios pensamientos.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Bueno, aquí me tenéis de nuevo - tras más de un mes sin actualizar - con un capítulo cortito, pero no así ligerito, como habréis podido comprobar, jeje.
El frenético ritmo de trabajo no me ha permitido actualizar hasta ahora, y he preferido hacerlo con un capítulo más bien corto, para que os vayais entonando de nuevo, pero con mucha información, y crucial para el desarrollo de la historia.
Os adelanto que, a partir de aquí, no digo que ya vaya a enfilar la recta final de este relato, pero los acontecimientos comenzarán a "precipitarse", como tanto teme Harry. Así que podéis considerar este capítulo como el último de transición.
Os envío un fuerte abrazo a todos los que seguís este fic, pero especialmente a quienes me comentáis vuestras impresiones a través de esos maravillosos reviews que me dejais, y a quienes lo habéis añadido a vuestros favoritos.
Y espero con ilusión vuestros comentarios.
Hasta muy pronto, espero.
Rose.
