-Por el amor de Dios, Tomoyo. ¿De verdad tengo que ponerme…esto?
-¡Por supuestísimo que sí! ¡Estás divina!-exclamó Tomoyo con los ojos azules muy abiertos. Sakura juraría que veía estrellitas en ellos- Espera, voy a coger mi cámara. Esto se merece una grabación en trescientos sesenta grados.
-Ay…
Naoko, Chiharu y Rika terminaban de vestirse junto a Sakura, que llevaba puesto un modelito que Tomoyo había confeccionado especialmente para ella. Se trataba de mono de color burdeos, de media manga y escote de barco. El pantalón del mono era largo y ajustado y un enorme escote por detrás dejaba ver su espalda, haciéndola parecer sensual. Acompañado del mono, Sakura llevaba puestos unos tacones de seis centímetros y medio de color negro, con tiras que se ajustaban a sus tobillos y conseguían que no se cayera de boca. Como toque final, Tomoyo le había recogido el pelo corto a Sakura, dejándole unos mechones sueltos alrededor de la cara. Rika se había encargado de maquillarla con un look ahumado en tonos marrones que resaltaba el verde de sus ojos. En definitiva, estaba guapísima. Ni la propia Sakura se reconocía ante el espejo de pie de la habitación de Tomoyo.
Tomoyo regresó con su cámara y enfocó a todas sus amigas, cada una vestida con un modelo diferente confeccionado en exclusiva por la productora de la película.
-Estáis maravillosas-babeaba Tomoyo-. No habrá chico que se os resista esta noche. Ni siquiera a ti, Rika, aunque ya estés pillada.
La aludida se sonrojó y Sakura le dedicó una sonrisa.
-Bueno-intervino Chiharu, dándole un último toque a sus rizos-, ¿nos vamos o hacemos la fiesta aquí?
Todas asintieron y, en medio de grititos, salieron de la habitación de Tomoyo y se montaron en dos taxis, tres en uno y las otras dos en otro. En cuanto llegaron a la discoteca, las chicas se pusieron a la cola a esperar. Cuando les llegó el turno, entraron ansiosas y se sumergieron en la música, que sonaba a todo volumen por los altavoces y los equipos de sonido, distribuidos a lo largo de todo el local. Sakura, medio acostumbrada al ambiente, sonrió, aunque seguía sintiéndose demasiado expuesta con aquellos tacones y aquel escote tan enorme en la espalda. Tomoyo intuyó la incomodidad de su amiga y se acercó a ella.
-Estás preciosa, deja de encogerte tanto-tiró de los hombros de su amiga hacia atrás y le levantó la barbilla con suavidad-. ¿Ves? Así estás mejor.
Sakura sonrió y la abrazo.
-Gracias-murmuró.
-Joder, Eriol. ¿Quieres dejarme la chaqueta en paz?
-Si no vas bien vestido, no nos dejarán entrar-suspiró Eriol en medio de la cola de entrada a la discoteca.
-Yo ni siquiera quería venir aquí-masculló Shaoran, observando a todas las personas que se arremolinaban tras ellos para hacer cola, sobre todo las chicas.
-¿Y por qué lo has hecho?-sonrió Eriol, volviendo a tirarle del hombro derecho de la chaqueta.
Shaoran hizo un aspaviento y volvió a quitárselo de encima por enésima vez.
-Eres un pesado y no hay quien te aguante cuando nadie te hace caso.
-Cada uno tiene sus métodos para conseguir las cosas, amigo-repuso Eriol sin perder el ánimo ante la mala uva de Shaoran-. Además, no podrás negarme que necesitabas salir de una vez.
Shaoran le fulminó con la mirada. Desde que Sakura había salido corriendo de su apartamento, no había habido un solo día en que no quisiera: 1) ir tras ella y rogarle que le perdonara por ser un bestia y un gilipollas integral; 2) ir al local y acosarla hasta que le hiciera caso; o 3) cortarse las venas. Le parecía que la última opción sería la que mejor resultado le daría. Tan deprimido estaba que Eriol había tomado la decisión de intervenir en aquel drama y había movido sus hilos. Sin saber cómo, había conseguido convencer a Shaoran para que fuera a aquella discoteca y allí estaban, esperando a que el gorila de la entrada les dejara pasar.
Finalmente, y tras una larga media hora, entraron a la una de la madrugada en el enorme local, plagado de luces, música electrizante y gente. Mucha gente. Demasiada, para el gusto de Shaoran. Ni siquiera en el 'Vogue' había tantas personas. Shaoran se removió incómodo y siguió a su amigo hasta la barra, donde pidieron sendas bebidas.
-Este es el mejor sitio para que te despejes un poco y lo veas todo con otra perspectiva-le animó Eriol al ver el semblante serio de Shaoran…, más serio de lo normal.
-Menuda elección…-comentó Shaoran, dándole un trago a su ginebra con limón.
-Venga, hombre, anímate. Hay más Sakuras por ahí.
-No hay ninguna como ella, Eriol-repuso Shaoran, cogiendo de nuevo su vaso.
Shaoran se terminó de un segundo y único trago el resto de su copa y pidió otra. Eriol lo miró con las cejas arqueadas y los ojos muy abiertos.
-Joder, tío, contrólate.
-Estoy harto…
Shaoran se llevó la nueva copa a los labios y tragó todo su contenido hasta que no quedó nada en el nuevo vaso. Se volvió hacia la camarera que lo había atendido las dos veces y pidió nueva copa, solo que ésta iba embadurnada de vodka caramelizado. La camarera le sirvió, a petición suya, cuatro chupitos. En cuanto los tuvo por delante, Shaoran fue cogiendo uno por uno hasta vaciarlos todos, sin apenas respirar entre uno y otro.
-Shaoran-intervino Eriol, empezando a preocuparse-, creo que te estás pasando un poco, amigo…
-Me da igual…-respondió Shaoran con voz pastosa.
Sentía la lengua lacia, como si la hubiese pegado a un poste eléctrico y le hubiesen pasado electricidad por ella.
-Estoy harto, ¿sabes?-balbuceó Shaoran, algo mareado- Estoy harto de tener que controlar las malditas empresas de mi padre. Estoy harto de tener que lamerle el culo al gilipollas de mi jefe. Y estoy harto de ser un cabrón con Sakura.
-Bueno, pues creo que deberías…
-Eriol-Shaoran le echó el brazo por encima a su amigo-, algún día encontrarás a alguien que te atraviese de parte a parte y te deje hecho un trapo. Como a mí. Sa…-Shaoran contuvo un hipido y se llevó la mano a la boca- Sakura me ha atravesado, ¿sabes? Ella ha sido la única-alzó un dedo, tambaleante- que me ha visto cómo soy por dentro.
-Ya… Shaoran, creo que…-trató de calmarlo Eriol, aguantando su peso sobre la barra.
-Ella-seguía hablando Shaoran, ignorando a su amigo-, ella… Ojalá hubiese estado yo dentro de ella-esbozó una sonrisa boba-, no sé si me entiendes.
-Perfectamente, Shaoran, pero creo que…
-¿Qué, Eriol? ¿Qué? ¿No crees que ella me vaya a perdonar? No… En realidad no lo crees… Y yo tampoco. Ella no me perdonará…-negó con la cabeza, que le pesaba como mil demonios- Soy un imbécil… Le he fallado, Eriol. La eché de mi casa, amigo… Y le grité, oh, sí, le grité… Le grité que se largara de mi puta vida…
Justo en ese instante, Shaoran levantó la cabeza con esfuerzo y la vio. De entre toda la gente, jamás podría obviar su cabello rubio, su rostro y la forma en que se movía, bailaba y reía con sus amigas. Y con un chico que la estaba tanteando. Vio cómo él la invitaba a bailar, ofreciéndole su mano…, tal y como él habría hecho. Vio cómo Sakura se separaba unos metros de sus amigas y comenzaba a contonearse junto a aquel hombre desconocido, que la sujetaba por la cintura y se la comía con los ojos…, tal y como él habría hecho. Ver que estaba allí, bailando y disfrutando, y que no lo estaba haciendo con él, le provocó unas ganas tremendas de salir a la pista de baile y romper las manos al tipo que intentaba pasearlas por donde no debía. Sakura era suya. Nadie más podía tocarla de esa forma. Nadie más debía obtener de ella su sonrisa, su afabilidad y su calor. Nadie excepto él.
-Es preciosa…-comentó Shaoran, enredando la lengua entre los dientes- Mírala. Está allí-alzó una mano con pesadez-, bailando con ese gilipollas. ¿No lo ves? Está intentando sobrepasarse con ella…-sonrió, al ver la reacción de Sakura cuando sintió las manos de su acompañante sobre su trasero- Lo sabía, no le dejará tocarla…
Eriol ya no soportaba más el peso de su amigo, pero aquello no era lo peor. Lo peor fue ver que también Tomoyo estaba allí con sus amigas. Había planeado un reencuentro, pero no que Shaoran se pusiera de aquella guisa. Él no solía beber demasiado, y menos aún mezclaba diferentes formas de alcohol. Viendo cómo estaba el panorama, le hizo una señal a Tomoyo. Ella lo vio y asintió. Sin embargo, algo falló en el canal de comunicación, porque en lugar de alejarse, Tomoyo se acercaba con Sakura cogida del brazo.
-Mierda…-masculló Eriol, sosteniendo a Shaoran.
Cuando Tomoyo se quiso dar cuenta del estado de ebriedad de Shaoran, ya era demasiado tarde. Sakura le estaba mirando fijamente y se había quedado blanca como la leche.
