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Vistazos
"En tiempos de paz, el labor de un científico es para el mundo. En tiempos de guerra, es para su país".
—Investigador de la EGRISIEWA.
"Alguien dijo que el mal triunfa cuando los buenos no hacen nada, pero en mi caso, el mal triunfo por que fracase en evitarlo".
—Paix Brise de Mer.
El Paso.
Es así como llamaban el pequeño territorio que estaba al Sur del Dominio de Baltimare y el norte de Las Pegasus, entre el este de Fillydelphia y el oeste de las Montañas de Canterlot. Dominado por la Policía del Yermo, era una serie de fuertes y bases militares, colonias agrícolas, ciudades emergentes y prisiones del Dominio.
Desde su balcón, podía observarlo todo. Podía mirar a la distancia como montaban diques para crear nuevos campos de irrigación. Podía mirar los cimientos de una nueva ciudad que se formaría con el tiempo. Nuevos monasterios para las Hermanas Nobles, nuevos fuertes para el servicio de su real majestad, la Emperatriz Bella Rex III ¡Bendito sea su nombre! Todo bajo la atenta y cuidadosa mirada del Gobernador-Militar Sword Edge.
El unicornio, ya en sus cuarentas, de color verde claro y melena blanca, usando la capa de hilo de oro con un sol sobre su uniforme militar, símbolo de su rango. Asintiendo lentamente mientras veía el progreso para una nueva Equestria. Una al servicio de su majestad.
— Si tan solo no tuviéramos esa maldita Horda encima. — Murmuro el Gobernador Militar. Luego escupió hacia el Balcón. No había nada, solo el jardín.
Durante días, la horda se había mantenido en el pueblo de Littlespring, y eso le asustaba. Había pasado noches en vela por tratar de adivinar el siguiente movimiento de la Horda. "Odio cuando un enemigo poderoso se queda quieto, no sabes a donde va a atacar." Pensaba a menudo. Al menos estaba al tanto de reportes de que grupos de guerrilla y escaramuza estaban atacando de vez en cuando. Con frecuencia eran rechazados, pero no podrían hacer mucho si había un asalto directo contra alguna localidad.
— Ojala el Norte nos permitiera replicar esos trenes que tienen. — Volvió a murmurar. — No puedo confiar en que la Horda se quede quieta por un largo rato. Debo preparar mis fuerzas y pedir refuerzos.
Estuvo meditando, mirando el paisaje, cuando fue interrumpido por la puerta. Su secretario, uno de esos burócratas de la Capital, le paso un mensaje, quien se apresuro a venir. No vio cuando su asistente salió.
— ¡No lo puedo creer! ¡El Comecorazones viene hacia acá!
Nadie se atrevía a llamarlo por ese apodo. Siempre lo reservaban cuando no estaba, usando el más formal: El Tigre de Baltimare. El gobernador militar quedo atónito por un rato, y una sacudida de energía lo saco para empezar a preparar la estancia para la ocasión. Meter libros en la estantería, acomodar las cortinas, preparar vasos para un buen vino. Valía la pena convertirse en limpiador ante la presencia de él.
— Debo recibir al Comecorazones como si fuera a recibir a Lord Triarius. Se lo merece. — Volvió a decir, mientras acomodaba los lápices y esperaba en el Balcón.
No paso mucho cuando vio un regimiento motorizado entrar a la ciudad. Soldados cargados en camiones, saltaron a los lados del mismo y formaban mientras que un vehículo militar, similar a un camión pero más blindado, portando la bandera del regimiento, se acercaba a las instalaciones de la gubernatura. El Gobernador-Militar no tuvo el valor para ver a esta figura bajarse del mismo. Se sentó, se sirvió vino y apuro el vaso, mientras miraba atento por la puerta.
"En algún momento va a cruzar ese pedazo de madera. Y ahora vienen a avisarme, teniendo esto como un chiquero. Triarius me hubiese mandado a azotar al frente de todos. Pero es el Comecorazones." El gobernador se lo imaginaba entrando con el pecho lleno de medallas, con fuste y la gorra adornada. No era un héroe de la Gran Guerra Tribal por nada. "Por suerte los Khundryl nos ayudaron, de cierta forma."
Los segundos le parecían eternos, y cuando entro, se sorprendió. Cubría su cabeza y su cara con una gorra militar vieja, se le veían costuras recientes. Se había dejado la banda, símbolo del rango de general, pero ninguna medalla encima. También traía la capa, pero estaba desgastada. Aun así, tenía a un pony terrestre alto, con los músculos marcados, la cara llena de cicatrices con los labios apretados, la melena y cola encanecida, y una postura erguida. Era de color oliva, con ojos negros.
— Sea bienvenido, General Biest "El Tigre" Grimmig. Comandante del 7mo regimiento motorizado, Barón de Wasser. — Dijo el Gobernador, le hizo un gesto para que se sentase. — ¿Le puedo servir un poco de vino? Es una buena cosecha, de Wasser, antes de que tuviera el titulo.
— Gracias. — Le dijo Biest con su voz gruesa. Tomo el vino con un trago. — Gobernador, vengo por orden del Magno Canciller. Mi regimiento, el 5to motorizado y el 4to de caballería se alojaran en El Paso.
"¡Por fin!" Pensó el Gobernador. No solo tenían a cuerpos conocidos, sino a comandantes excepcionales. Solo el que tenía presente, le pudiese dar la vuelta a la crisis con esos maníacos de la Horda. Le sirvió de nuevo antes de continuar.
— Es un placer ver al héroe del Rio Negro luchar en este lugar. He oído cosas de usted, señor. Y será un honor luchar a su lado, si debo hacerlo. — Iba a hablar más, pero el general lo detuvo con el casco, termino su vaso y miro por el balcón. El gobernador se sentía mal.
— ¿Oyó cosas de mi? Estoy al tanto de que me llaman Comecorazones tanto como El tigre. Y me gane esos apodos durante la guerra. ¿Quiere saber cómo?
El gobernador sentía que había dicho algo mal, pero asintió de todas formas. La curiosidad lo carcomía por dentro.
— Como sabe, ¿Ve estas bellezas? Estos no son más que un par de guanteletes mecánicos, con garras de acero retractiles. Dele las gracias a la Rueda por inventarlas, y a nuestros ciudadanos por replicarlas ¿Sabe? A riesgo de que me caigan las hermanas, agradecemos mucho a la Emperatriz y a las Diosas, mientras que el pony común sufre en el frente nacional para surtir a las fuerzas armadas.
— Todo es por el bien de la ponidad, general.
— Claro, me enfrente a las Hermanas Nobles por herejía en una ocasión. Y por el resultado me ve aquí. Pero eso es una historia para otro rato. Estaba en el Rio Negro ¿Cierto? Lo que la propaganda no dice es que el 45to. y el 46to. De infantería estaban en retirada, siendo pisado por los talones por los Gral y sus bestias. Mi regimiento estaba luchando al norte del Rio, manteniendo la línea ¿Me puedes servir más de ese vino? Por favor. — El gobernador se apuró en llenarle la copa. — Muchas gracias.
El gobernador vio como el general Biest se sentaba frente a él.
— Me solicitaron en ese vado, desprotegido por la incompetencia que causo la retirada en el frente oriental. Pero no podía mover a todos a la vez. Por lo que tuve que dirigirme, junto con quinientos de mi cuerpo, a proteger la retirada de esos cuerpos del ejército.
De repente, y sin notarlo, tenía al General a sus espaldas. Increíble que alguien de su tamaño y volumen se haya movido tan deprisa. Le rodeo el cuello con su musculoso casco, y Biest continuo hablando.
— Los Gral son tan monstruosos que ni la propaganda se atreve a retratarlos como tal porque desmoralizarían al país ¿Por qué enfrentarse a semejantes guerreros? Y aun así lo hicimos. Resistimos la embestida de grifos de tamaño descomunal, fieros como manticoras, resistentes como la piedra, aterradores como Tenebrarum. Mantuvimos la línea por al menos tres días. Ponys que yo mismo entrene, cayendo sin el brillo de la vida en sus ojos. Y mantuvimos la línea por tres días. Hasta que quedaron cincuenta de los quinientos que me acompañaron.
Biest tomo un trago de vino, se limpió con el casco y continuo su cuento.
— ¿Le temo a los sobrenombres? En mi infancia si les temí, me llamaban gigantón y fenómeno por mi tamaño. Pero ya no. Al tercer día de combate, se presentó el líder de la banda de asalto Gral. Mantuvimos la línea, y por fin pude tener un combate singular. Y a veces me pregunto si fue una buena idea, incluso si hubiese sobrevivido. Combatimos, ninguno cediendo, ninguno haciendo algo arriesgado, pero el acero choco. Caímos, nos levantamos, nos empujamos, el metal echando chispas con cada golpe. Luego, me tumbo.
El general se tomó un momento de silencio.
— Sentí el agua en mis labios, empapándome por debajo del uniforme y revitalizándome de alguna forma. Sentí el olor a casa, a mi esposa preparando pan, a mi hija cuidado de mi nieta. Mi yerno arando el campo. Sentí el suave vino que nunca iba a tomar, el amor que nunca iba a disfrutar, ver a mi nieta crecer, a mi esposa decir "te amo". Y me negué a morir. Detuve el arma antes de que me rematara. Combatí con furia hasta que le abrí el pecho a mi oponente con mis garras. Es ahí donde entra la parte controversial. Los Gral son guerreros, son saqueadores, son gente que apenas siente el miedo ¿Cómo hacer que un enemigo tan formidable te tema? Tienes que encarnar al horror. Le atravesé por debajo del mentón, para que no sufriera. Le saque a mi oponente su corazón de una mordida, luego lo tire hacia el resto de su pandilla.
El gobernador no sabía que pensar, se preguntaba cuántos más sabían la historia que salía de sus labios. Había servido, pero tenía un puesto menor como intendente de suministros, eso fue en su juventud. Siempre creyente de la propaganda, hasta este día. Lo único que hizo fue servirle otro trago, pero el General se negó.
— No sé que pensaran los Gral, pero en el aniversario de la Batalla del Rio Negro, bebo el agua de ese rio y dejo comida para el alma de los fallecidos ahí. Luego tomo un trago de licor en honor de mi enemigo, pensando si también llego a sentir lo mismo. Después de que terminase la guerra, me retire a las tierras que me dieron, moví a mi familia de una vivienda en ruinas en las afueras de la ciudad a esa casa de campo que tenemos ahora. Y me negué a servir, a pesar de las insistencias y honores que me dio Triarius, hasta que la Horda reapareció. "Solo en la muerte termina el deber". Mi lema personal se convirtió en el lema de mi regimiento. Y porta orgullosa un tigre en su bandera.
Hubo otro silencio. Nada de vino. Solo dos altos jerarcas rumiando sus pensamientos. Vio como el imponente Biest se levantó, se quitó algo de polvo en el uniforme y camino hacia la salida.
— Moveré el 3er Batallón a su mando, con órdenes de proteger este establecimiento. También me ordenaron mover una compañía hacia la frontera sur. Mañana, junto a los otros generales y las Inquisidoras de las Hermanas para planificar la defensa del Sector. Mientras tanto, descanse, gobernador. El pobre de Bein no podrá descansar hoy.
Primer día en los yermos.
Es raro que me anime a empezar un diario personal. Tengo bastos volúmenes, escritos con mi casco y letra, de diversas áreas científicas, anatómicas, biológicas y químicas, ¿y esta es la primera entrada que hago sobre mi? Pensaba que sería mas fácil, pero no. Me gusta expresarme.
He pasado al menos veinte años con la Rueda. Es lo que conozco, me formaron para estudiar, recopilar información para nuestro beneficio. Siempre he crecido con la mentalidad de que lo que es beneficioso para la Rueda, lo es para la ponidad. Pero con el paso del tiempo, y como al menos las dos terceras partes de mis sujetos han sido parejas de todo índole (mismo o contrario sexo, igual o diferente raza), algo lleno mi mente. Quizás mi corazón.
Insight y yo nos conocimos desde que nos instruyeron de pequeños. El era un estupendo matemático, usaba funciones y ecuaciones para predecir el comportamiento de los sujetos de experimento. Trabajamos juntos, midiendo y viendo cómo funcionaban los órganos ajenos. Con el paso del tiempo, y las emociones acumuladas, empezamos a amarnos en secreto. Luego me di cuenta que era una serie de reacciones hormonales.
Pero se sentía bien.
Verán, la reproducción es obligatoria mientras tengas tus miembros activos. Vas perdiendo tus miembros a medida que avanzas en la jerarquía de la Rueda, siendo nuestros jefes mas maquinas que ponys. Los de la base, estamos obligados a dar generaciones de nuevos unicornios para nuestra Orden. No importa con quien, tenias que hacerlo. Era una lotería reproductiva. Muchas veces justificaba mi ausencia en esas sesiones con trabajo, y hacia uno fenomenal. Otras veces, ayudando a Insight. Una de dos sesiones de esas terminaban con una experimentación mutua, pero cumplíamos con nuestra excusa.
¿Que motivo ese cambio en mi? Perdí lo que fue mi hogar, la nave que regresaba a Las Pegasus y la misma ciudad. Aunque muchos decían que era una ciudad de lujo y pobreza al mismo tiempo, pero (lo que me importaba) donde te llevaban a nuevos puntos de placer con el debido pago. Lo otro, fue ese grupito peculiar. Pensaban que morirían con el experimento del tutor de Insight, pero las Diosas les sonrieron. Incluso casi me da algo cuando los vi en la carrera que nos sacó de las instalaciones.
No pude soportar más, por ti Insight, hare lo que nunca pensé que haría: Escapar y vivir por mí misma, de una vez. El yermo era lo que me esperaba: cruel. Pero ¿Que es la vida sin un poco de riesgo? La experimentación es aceptar esa variable para conseguir un resultado.
Ese grupo va a hacer que conozca lo que los libros ni las enciclopedias holográficas pueden. Una vida de verdad.
Alguien muy especial me dijo una vez: "La mejor forma de entender un experimento, es por medio de la experiencia propia". Quizá sea hora de poner a prueba su teoría.
La arena rugía a las afueras de la casa.
Estaban protegidos, eso sí. Los antiguos moradores trancaron ventanas y puertas con tablas o una capa de un material transparente. Por suerte, uno de los motociclistas de Strider tenía un hacha. Montaron su refugio en un hogar abandonado y empezaron a acomodarse: encendieron una fogata, luego montaron la fogata en la chimenea y prepararon una sopa para todos. Pero se mantuvieron callados por un largo rato, dando miradas rápidas a la unicornio gris, quien escribía en un cuadernito pequeño. A veces se rascaba la cabeza con su brazo mecánico, causando risas a uno o a dos.
—Mind, ¿Puedes contarnos cómo sobreviviste en el Yermo? —pregunto Nyota. Le esbozo una sonrisa amable, que la unicornio no vio. Esta guardo su diario y la pluma que usaba. Luego miró a la cebra.
— Bien, la suerte me favoreció hasta que llegaron ustedes. Cuando perdimos la apuesta, me separé de mi grupo y hui tan lejos como mis patas lo permitieron. Me lleve comida deshidratada, con un poco de agua se vuelve algo real, mucha agua y viaje ligero. Tambien tengo un mapa. — Mind paso una tabla, bajo una palanca y el mapa de Equestria se formo. Todos se sorprendieron un rato, hasta que ella guardo la tabla.
—Momentito momentito, ¿Comida deshidratada? — Pregunto Compass, con interés. Incluso se saboreó los labios. La unicornio gris le demostró: saco un plato de madera, vacío un sobre, que contenía un polvo amarillento, vertió agua en el mismo y, en segundos, tenían un plato de abundantes verduras. Tanto Compass como Kristin, estaban babeando por comer algo.
—Espera, ¿Estabas en Las Pegasus? —preguntó Nyota. La unicornio se le quedo mirando por un buen rato, tenía un aire de nostalgia y de tristeza encima.
— La nave cayó cerca ¿Por qué estaría en una instalación más lejana? — Dijo ella, encogiéndose de hombros, mientras le entregó el plato a Compass y Kristin. Ambos comenzaron a devorárselo. Sorpresivamente no se pelearon por el plato. — La más cercana está en la frontera entre Filly y Mane ¿Por qué hicieron algo tan arriesgado?
— Teníamos una buena razón para hacer esa apuesta —dijo Nyota sintiéndose culpable por obligarla a desplazarse. La unicornio vio el gesto y volvió a encogerse los hombros.
— Casi me dio un infarto cuando los vi en las Holo pantallas. — Dijo ella, riéndose y dándole un golpe amigable a Compass, quien se inmuto, estaba comiendo. — Pensé que habían muerto.
— Hemos estado muy cerca —dijo Nyota, riendo un poco.
— Demasiado cerca. - Dijo Kristin, de manera casi divertida y haciendo gestos con el pico. - Muchas veces. Luego se devoró un brócoli de un bocado.
Duraron un rato en silencio. La tormenta rugía a sus alrededores, arena se metía dentro de la habitación, pero era poca. Mind se levantó, estiro las piernas y miro a todos de manera decidida; a cada uno.
— Abandone a mi Cábala para tener una vida. — Dijo ella, mostrándose algo apenada. Incluso bajo las orejas.
— ¿Cómo así? — Preguntó Compass, Mind se sonrojo. — Pensé que eras feliz en la Rueda, digo ¿No naciste ahí y te criaron para apoyarlos?
—¿Sabes reparar motos? —Preguntó Strider con rapidez—. De ser así, tienes futuro con los Sons of Anarchy.
— No. Insight sabía, le interesaba la mecánica. Yo me intereso por el cuerpo. — Dijo ella, negándoles con la cabeza. — Junto a otras ramas, pero la reparación de motos no es lo mismo. La rueda es, muy mecánica, carente de vida. Quería expresarme más, buscar algo que me llenase.
—Que basura —gruñó Strider, y procedió a recargar su escopeta con una mueca amarga.
— También necesito su ayuda para otra tarea más difícil. — Dijo ella, sentándose. Luego se quedó pensando, como si estuviera calculando algo; quizás los riesgos y consecuencias.
—¿Qué clase de tarea? —preguntó Nyota. Vio el gesto de la unicornio, como apartaba la cara; no le gustaba.
— Es algo importante. Este pueblo posee conocimientos antiguos, revisando algunos documentos, siempre se menciona una gran "R", junto a otros proyectos más oscuros. — Empezó a explicar ella, mirándola de manera seria.
—¿Una "R"? ¿Y qué significa? — Nyota era la más atenta a lo que decía la unicornio.
— Ni idea. Durante la Gran Guerra, muchos proyectos eran encriptados para evitar su descubrimiento, y solo los altos cargos del gobierno sabían de su existencia.— Dijo ella, dando un suspiro triste. — Estamos hablando de cosas serias, armas, químicos, autómatas. — Peor aún, no sé por dónde empezar. Pero tengo un presentimiento. — Dijo ella, sintiendo que el corazón se le achicaba con los ejemplo que decía ella.
—¿Por qué quieres descubrir esos secretos? —pregunto Nyota, si Mind estaba asustada, entonces ella estaba aterrada por dentro. Estaba contando cosas que no comprendía y, aun así, sentía que eran macabras.
— Si alguien con no-tan-buenas intenciones llega a poner un solo casco en, al menos, una pista de un proyecto secreto, podría generar desastres en la superficie. Soy nueva acá, pero no necesito años para saber eso. — Dijo ella, tratando de sonreír. — ¿Lo estoy haciendo bien?
—Eso creo —dijo algo confundida Nyota. La sonrisa de Mind rayaba en lo absurdo, pero a ella le importaba más la misión que les encomendaba.
— No tienes una buena sonrisa. — Le dijo con sinceridad Compass. Mind bajó las orejas y borro el gesto de su boca.
— ¡No seas malo con ella! — Dijo Kristin, regañando a Compass y levantándole el puño. Luego fue a abrazar al unicornio. — Primera vez en la superficie, debe sentirse muy confundida de por sí.
Mind se sonrojó por el tacto de las grifa. Le dio las gracias de manera inaudible. Nyota se rio al ver la reacción de Mind. Algo cómico por lo menos. Strider comenzó a revisar los posibles daños en su vehículo.
— Deberíamos descansar. Por muy negro que sea el proyecto, no podemos hacer mucho con la tormenta de arena encima. — Dijo Compass, levantándose y recogiendo sus cosas.
—¿Hacia dónde planeas ir? —le preguntó Nyota a Mind
— Ni idea. — Dijo ella, de una manera algo triste. — Dejé lo que conocía desde hace veinte y un años. No conozco el yermo.
— Si quieres puedes viajar con nosotros —le dijo la cebra.
Mind se quedó impactada, abrió los ojos hasta que quedaron como platos. Miraba a la cebra fijamente.
— No tengo problema con ello, puede ser el cerebrito del grupo. — Dijo Compass, encogiéndose de hombros.
— ¿Incluso después de usarlos como conejillos para los experimentos? — Dijo ella, igual de atónita.
— Ahora no puedes hacernos nada —dijo riendo la cebra.
— Tengo que pensarlo bien. — Dijo ella, roja e intranquila. — Déjenme consultarlo con la almohada. —Luego de eso, se fue a meter a una pieza, cerró la puerta atrás de ella, y no se supo más.
—Espero que esta estúpida tormenta se haya calmado para mañana —susurró Nyota, recostándose cerca de una pared.
El resto del grupo fue a sus respectivos rincones a dormir. Compass se recostó a su lado y la abrazó, Nyota sonrió y se apegó a él.
La tormenta rugía. Pero ahora mismo ya no le importaba.
Mind daba vueltas en la habitación donde se encerró. No podía dormir, le dolía la cabeza. A menudo usaba su brazo mecánico para rascarse la nuca, a ver si eso le ayudase a pensar. Pero nada. Había experimentado con ellos, y estos la habían perdonado de la manera más simple. Sin embargo, tenía frente a ella seres complejos en el área emocional.
Era la primera vez que se sentía confundida.
"Los trate muy mal en la nave. Me aproveche de ellos para intentar escapar. Incluso mate a mi maestro ¿Ahora quieren que me una a ellos? ¡Imposible! ¡Con que piensan los ponys aquí!"
Seguía dando vueltas, con la cabeza y las orejas abajo. Aumentaba el paso. Luego se detuvo.
"Quizás una caminata me ayude a pensar" La casa no era muy grande. Dos pisos y algunas habitaciones. No sería un paseo largo, pero sería placentero.
"Nunca había dado un paseo al aire libre. Ni algo que se acercase." Dijo mientras caminaba en un paso lento, muy lento.
— ¿Qué opinas de ella? — Escucho una voz masculina en otra habitación. "¡Es Compass! Seguro estará hablando de mí." Mind se acercó a la puerta donde venia el ruido. Trataba de estar callada pues, aunque útil, su pata mecánica podía alertar a más de uno.
— ¿Crees que podremos confiar en ella? Tengo un presentimiento de que una vez se nos una, cuando menos lo esperemos, nos robará y marchará con nuestros víveres.— Dijo Kristin, en un tono bastante bajo.
—¿Adónde? Ella ni siquiera sabía sonreír, seguro ni siquiera sabe recolectar comida en el Yermo. —Volvió a decir Compass.
Hubo un silencio de unos segundos.
— Buen punto.
— Apenas ha de saber diferenciar las ciudades-estado —Prosiguió Nyota—. Es más ignorante que yo. Démosle una oportunidad.
"Que la santa calculadora bendiga a esa cebra. Aunque me siento insultada, está a mi favor. Bueno, al menos se de anatomía, rayada"
— En la nave se comportó como una manipuladora audaz. Pero ese era su mundo y ahora está en el nuestro. Lo que no me gusta es su petición. — Compass hablo de manera neutra.
— No creo que sea tanto, Compass, hemos hecho y sufrido cosas peores.— Dijo la grifa, tomándose a la ligera la situación.
— ... ¿O será que le tienes miedo a una pequeña investigación?—
— Tener miedo te puede salvar algunas veces ¿De verdad crees que si desenterramos eso, y son cosas peligrosas, no vamos a sufrir las consecuencias? — Compass hablo un poco molesto.
— Es Mind, no la conoceremos del todo, pero acaba de renunciar a la Rueda, además mató a su maestro, lo vimos como lo hizo. Sin duda no volverá allá, por ningún motivo— Kristin intentó defenderla, aunque fuera un poco.
—Creo que Compass tiene razón —dijo Nyota— ¿Qué tal si liberamos a un Tenebrarum?
Kristin se hecho a reír a carcajadas, pero luego bajó el volumen, no quería llamar la atención de todo el mundo.
— Buena esa Rayitas, buena esa.
"No puedo soportarlo más."
Mind abrió de golpe la puerta. Quizás no sabía sonreír, más si sabía cómo estar molesta.
— ¡Cualquier condenado demonio no es tan peligroso como esto! — Dijo ella, enseñando los dientes. Les saco un cubo con unas líneas iluminadas. Mind dio algunas vueltas al mismo, pero le costaba. — Disculpen, fallas técnicas.
— Que.— Dijo Kristin. Sin comentarios.
Ella, después de mucho gruñir, de forzar el cubo e incluso usar los dientes, por fin dio algunas vueltas al aparato. Luego lo lanzo hacia el medio de la habitación.
El cubo, lejos de caer, se quedó suspendido en el aire. Y con un gran brillo, seguido de un pitido. Luego, una gran pantalla negra apareció en los alrededores del cubo.
Nyota retrocedió unos pasos, asustada.
Pronto vieron que la oscuridad se iba abriendo por el medio, hacia arriba y hacia abajo. Luego vieron una gran ciudad, con industrias y sus chimeneas, líneas de tren y tranvías, vehículos de cuatro ruedas rondando por las calles, y sementales y yeguas de toda índole, en su rutina diaria.
— Me dijo que necesitaba mover libros ¿No es así? Dígame ¿Vale la pena? ¿Todo ese proyecto que hace la EGRISIEWA lo vale? Le cuesta recursos al país. — La de la ciudad venia una voz elegante, un poco prepotente. La ciudad fue apartándose, lentamente de lado, hacia el interior de lo parecía una oficina, atendiendo a alguien. — ¿Lo vale?
— Ahora tienes mi interés.— Dijo Kristin, interrumpiendo de por medio.
Compass parecía que iba a darle un infarto. Era alucinante, de otro mundo lo que estaba viendo. Nyota estaba aterrada, se agazapó como queriendo escapar de la visión que mostraba el cubo. Pensó por un momento que le chuparía el alma.
Podían ver el interior de lo que parecía una biblioteca, una unicornio color crema y crin rojiza con franjas moradas, ella anotaba en cuaderno mientras observaba como un grupo de ponis que transportaban paquetes, se podía observar como algunos ponis los habrían y acomodaban los libros en los estantes de la biblioteca.
— Buenos días Moon Dancer, veo que los libros ya llegaron – dijo un unicornio de crin blanca como la nieve y pelaje azul claro.
— Hola señor Brise de Mer, me alegra su entusiasmo – Moon Dancer se veía animada.
— Me alegra poder ver que esta extensa colección de libros este finamente aquí, la princesa Twilight debe de estar bastante alegre por la reconstrucción de la biblioteca.
— Por lo que escuche usted fue el de la iniciativa – dijo la unicornio observando al refinado pony.
— Esta biblioteca la visite hace años, lamente cuando escuché que fue destruida, por eso me encargue de volverla a ver, el conocimiento es algo de incalculable valor, por eso debe de estar al alcance de todos – el señor Brise de Mer levito un libro ojeándolo, — por ejemplo este, adoro las novelas de aventuras, soñaba con el hecho de poder algún día navegar y explorar el mundo en un barco – el pony sonaba nostálgico.
— Si, los libros son fabulosos, yo leo bastante – ella parecía sonrojarse al percatarse que sonaba demasiado entusiasmada.
El elegante unicornio empezó a reír – me alegra conocer a mas ponis amantes de la lectura, pero quería dale las gracias por ayudarme con este proyecto, el surtir esta colección de libros será solo el inicio, quiero que cada biblioteca de Equestria este actualizada con la más basta selección de libros.
El se acercó a la unicornio, — Por cierto señorita Dancer, ¿le gustaría tomar el té conmigo en la tarde? — el señor Brise de Mer observo a los ojos de la unicornio.
El observador se acercó a ambas figuras, con un paso lento y frio.
— Señor Mer, que interesante volverlo a ver después del Consejo. — Dijo el observador de manera punzante. Podían imaginarse una sonrisa forzada. — Señorita Moon Dancer, es un placer verla.
— Hola, es igualmente un placer verlo — El señor Brise de Mer parecía disgustado e igualmente forzaba su sonrisa.
— ¿Que es esto? — El libro que tenia Brise fue levitado hacia el observador, vio la portada y rio un poco — ¡Oh! ¡Aventuras! Barcos, viajes a través del mar, piratas, tesoros, doncellas.
El observador suspiro nostálgico, casi parecía una burla.
— Si busca emociones fuertes, le puedo decir dónde queda una oficina de reclutamiento. Necesitamos a todo pony para conocer una parte del mundo, sobre todo las partes donde los turistas no van. Señorita Moon Dancer, necesito un libro de química y ciencias aplicadas ¿Me puede sugerir uno?
— S-si — ella busco entre las cajas que estaban acomodadas en el suelo y le entrego un libro al observador.
— Señor, discúlpeme pero no planeo luchar en una guerra sin sentido, nadie merece esa clase de... Sufrimiento, el mundo necesita menos violencia — dijo el refinado pony con una clara muestra de disgusto que le era imposible de ocultar.
— ¿Menos violencia? Señor Brise, mientras los enemigos de Equestria sigan respirando, no habrá paz. — El observador abrió el libro y hojeo algunas páginas. — Esto es lo mío. Formulas, mezclas, este tipo de cosas ayudaran al esfuerzo.
— La vía diplomática, por medio del uso del dialogo y la razón se puede conseguir la paz, el construir armas y seguir con las agresiones solo culminaran en más muertes innecesarias.
— Dígalo en Phoenix Mountain, en Widow's Peak, en Star Summit, en cada trinchera, en cada cuartel, en cada cementerio. Ellos buscaron la guerra y nosotros vamos a continuarla. Si no estoy en esta Ciudad, búsqueme en el Pueblo de Shaky Dunes, donde estaré desarrollando "instrumentos de paz". Buenas tardes.
Brise de Mer miro con desprecio al observador antes de perderle de vista.
Lentamente, la visión empezó a volverse negra, y la pantalla fue desvaneciéndose. Cuando el cubo dejo de estar iluminado, levito hacia el casco de Mind.
— Y este es el pueblo de Shaky Dunes. — Dijo ella de manera seria. Todos se quedaron atónitos, con la vista fija en ella.
—¿Q-qué rayos es eso? —susurró asustada Nyota. Tenía miedo de acercarse, creía que el demonio que habitaba el cubo la consumiría. Daba pasos hacia atrás.
— Es un cubo de Recuerdos, aloja un recuerdo en específico de alguien concreto, siendo el observador. Ten, míralo por ti misma. — Mind levito el aparato hacia la cebra.
—Prefiero no acercarme a eso —dijo asustada la cebra. Señalándolo con la punta del casco con rechazo.
— El observador era el Coronel Red Scheme, director del Departamento de Recursos y Logística del Ejercito Real de Equestria, en más, una ocasión los sacerdotes de la Rueda lo honraban. Fue un gran inventor militar y este era su Laboratorio. Todo el pueblo. — Mind extendió sus cascos y dio una vuelta. — ¿Ya me entienden?
—Sí, ya comprendo —dijo Nyota. Esta vio como Compass aun trataba de asimilarlo todo. Kristin se rascaba la cabeza, pero se le notaba el pavor por la visión.
— No es fácil ingresar a una investigación del mundo antiguo. Pero incluso el mejor sistema no puede aguantar a alguien perseverante. Y prefiero no arriesgarme a que un arma antigua caiga en cascos o garras equivocadas.
—Tienes razón —dijo la cebra— Pero ¿Sabes dónde comenzar a buscar?
Ella quedo dubitativa por un rato.
— Hay varios edificios imponentes. Pero destacan el viejo manicomio y la mansión. Creo que esos son los lugares donde debemos empezar. — Dijo Mind, con el casco en el mentón.
—No me acercaría al manicomio —dijo Nyota dudosa—. De seguro hay Tenebrarum. La mansión parece más segura.
— Entonces será la mansión. — Dijo Mind. Quizás no sabía sonreír, pero si sabía cómo estar seria.
— La tormenta está pasando —dijo Nyota, mientras pegaba su oreja al muro para oír el golpeteo de la arena—. Seguramente se reavivará dentro de poco, busquemos la mansión.
— Esta al otro lado de donde estamos, encima de una colina, mirando al pueblo. — Dijo Mind, luego vio a Compass, quien estaba en la ventana. — ¿La puedes ver?
— Si. Santa Celestia, desde aquí se ve enorme. — Dijo Compass, alternando la vista entre el interior y la mansión.
— Corramos —dijo Nyota—. Antes de que la tormenta se reanude. Kristin fue a dar aviso a Strider y su pandilla.
— Vámonos —dijo Strider—. Chicos, preparen sus escopetas.
— ¡Voy en punta! ¡Síganme! — Dijo Compass, cubriéndose la boca y saliendo por la puerta.
Salieron. Había arena, la tormenta se agolpaba en el horizonte como amenazando con volver a golpearlos con su ira; pero al menos podían la longitud de las calles. Sin embargo, a Nyota no dejaba de incomodarla aquellas dunas en el aire que formaban el horizonte. El pueblo se veía deprimente. Ventanas rotas, oscuras, las casas vacías, rotas y la madera fosilizada. Años y años agolpándose sobre un pueblo seco como un esqueleto. Miraron, y la ciudad los miró a través de los cristales rotos. Mind salió detrás de ella, trataba de cubrirse la cara con un intento de mascara, como la que tenía Compass. Usaba su cuerno para iluminar, serviría como referencia si alguien se perdía.
"Debo demostrar que no soy tan inútil."
— Uff, ¿Cuánto más falta para llegar?— Dijo Kristin, mientras se cubría la cara, parecía tener un poco de problemas.
Los Sons of Anarchy se subieron a sus motos, sus rostros cubiertos por pasamontañas.
—¡Suban! —gritó Strider, cuando la tormenta comenzó a desbordarse una vez más en pesadas cortinas de arena.
Compass así lo hizo, incluso les señalo el camino. Mind miro, dio un suspiro nostálgico y se montó en una de esas motos, agarrándose fuerte mientras seguía iluminando.
— ¡Adelante! ¡Llegaremos en nada, el suelo esta pavimentado y solo tiene arena encima! — Dijo Compass, haciendo gestos vigorosos con el casco.
"Este no sabe de la mella y el desgaste de los materiales." Pensó Mind, pero dentro de sí misma estaba aterrada.
Strider simplemente derribó la puerta con su máquina, permitiendo que entrara el grupo y la arena. Los saqueadores se apresuraron a levantarla y asegurarla de nuevo.
En el interior de la mansión, también había pasado el tiempo. La puerta daba a un salón circular, y una docena de puertas se abría como un abanico. La mayoría de las puertas se habían caído. La oscuridad los acechaba desde el límite de la luz de Mind, y no le gustaba a Nyota. Aprovechando la escasa luz, trató de hallar madera para hacer una fogata.
— Todo huele a húmedo, a abandono. Me da escalofríos. — Dijo Compass, desenfundando su daga y manteniéndose alerta.
— Podría ser peor. Agradezco que no sea así aún...— Dijo la grifa, a un costado de Strider.
— Podría haberse caído hace años —dijo Strider, preparando su escopeta—. Estén alerta, pueden haber vagabundos.
—En este sitio no hay nada —dijo Nyota, tras revisar en busca de madera—. Voyager, Mind, acompáñenme por un pasillo.
— Claro, vayan ustedes por allá, acá me quedaré yo, esperándolos.— Dijo la Grifa, mientras preparaba un tubo de cañería como arma.
— Vas a quedarte con nosotros, no tengas miedo —dijo riendo Strider—. Quédate cerca.
Kristin se sonrojó, intentó evitarlo cubriendose. Extrañamente se sentía segura con él.
Se adentraron por el primer pasillo de la derecha. No hallaron mucho más que ratas y humedad. Pudieron ver los restos de una puerta, y más allá, una habitación oscura. Y así hasta donde alcanzaba la vista
— Esto me da una mala espina. — Dijo la unicornio, entre ambos, iluminando el camino. Veía como el pony gris gruñía a la oscuridad.
— Necesitamos la madera —dijo Nyota, algo asustada—. Vamos los tres juntos.
Pudieron oír un leve rasguño tras la pared. Posiblemente ratas.
— ¿Qué fue eso? — Dijo Compass, volteando hacia la dirección del rasguño.
— No lo sé —dijo Nyota—. Ratas, tal vez insectos. Mind, por favor ilumíname.
— ¡Ah sí! — Dijo ella nerviosa, apuntando su cuerno hacia donde ella le indicase.
Parecía una sala de espera para visitantes, aunque estaba tan desgastada que no podían identificarse los muebles. Había un olor acre, aire encerrado, orina de ratón, alguna planta ornamental podrida hace años.
—¿Por qué este sitio está tan desgastado? —dijo Nyota, sus ojos parecían brillar en la oscuridad—. Hemos estado en lugares igual de antiguos que estaban en buenas condiciones.
— Ni idea. — Dijo Mind, con un hilo de voz.
Nyota caminó hacia un pequeño mueble y lo golpeó. La madera se hizo añicos, y notó que había algo en su interior, algo que la hizo retroceder espantada.
Otro cubo.
— ¿Qué demonios? ¡Otra de esas cosas! — Dijo Compass, en una mezcla de miedo y curiosidad.
— M-Mind, ¿Estás son las cosas que buscas?
— Tenemos que averiguarlo. — Dijo Mind, empezando a girar el cubo, con dificultad.
— ¿Lo vas a ver aquí? —Preguntó asustada Nyota—. Creo que mejor voy con Kristin.
— Al fin. — Dijo la unicornio, hizo como la otra vez: lanzo el cubo al aire y este no cayo, empezó la proyección del recuerdo.
Parecía ser la misma sala donde estaban, pero en buen estado. Un pequeño mueble, sofás de piel que se veían muy cómodos. Un helecho junto a la puerta, y una luz en el techo. Las paredes blancas y el suelo rojo oscuro.
La vista del observador paso de mirar la sala a levitar unos documentos. Luego un marcador negro. Se veían muchas letras, pero se tapó con el marcador lo siguiente:
"LOS EXPERIMENTOS FUERON EXITOSOS. A CUALQUIER MATERIAL HECHO DE CARBONO FUE DESINTEGRADO EN SU TOTALIDAD. NO QUEDO NADA MAS QUE UNA MANCHA ROJA O VERDE"
Y luego.
"LOS CUERPOS FUERON DESPACHADOS, CREMADOS Y OCULTADO SEGUN SUS INDICACIONES."
El observador soltó un gran suspiro. Luego dejo esos mismos documentos, pasándolos a rato y censurando. Cosas controvertidas desaparecían tras trazos negros.
—¿Qué pasó? —preguntó Nyota, asustada. Si antes no entendía nada, ahora sólo se confundía más y más.
— Luego te explico. — Le dijo Compass, con un hilo de voz. — Esto apenas empieza y ya me da escalofríos.
— ¡Hola caramelo! — El observador se dirigió a una voz jovial, con un acento campirano mezclado con elegante. Vio a una yegua terrestre, de color amarillo pálido, ojos verdes, una marca de belleza en la mejilla, y una larga y bien peinada melena de dos franjas escarlatas, una más clara que la otra. Miro al observador con una amplia sonrisa, pero luego lo miro con preocupación. — ¿Otra vez trabajando? Deberías parar por un rato. Vamos a cuidar los jardines.
— Jubilee, mi amor, mientras la guerra ruja no puedo parar. — Le dijo la voz del observador anterior, era el mismo. — Mañana ¿Si?
Por el acercamiento y el sonido, el observador le beso la mejilla a la yegua.
— Te prometo que cuando acabe la guerra, trabajare en tu huerto tanto que querrás sacarme de ahí. — Dijo el observador de manera burlona. Jubilee rio y se cubrió la boca con el casco.
— ¿Tu? Si cuando sembraste cebollín, metiste el tallo en la tierra y las raíces encima de esta. Te morirías de hambre. — EL observador se levantó y ambos caminaron. Siempre estaba detrás de ella para observar sus dotes. Se vio su Cutie Mark, un par de cerezas con tallo — Nononono, caramelo. Dedícate a tus libros y yo en mis cerezas ¿Si?
— Esta bien. Tanto trabajar me ha dado hambre ¿Que hay para comer? — Dijo el observador de manera inocente, pero la yegua se rio de manera burlona. — ¿No me crees?
Pudieron oír cómo golpeaban la puerta. De manera tan violenta y repentina que hasta Nyota tuvo un sobresalto.
— No espero visitas. — Dijo la yegua, igual de asustada. — Yo abriré.
— Tampoco, pero iré a recibirlas. — EL observador se acercó a la puerta, dio un largo respiro, miro a la yegua para agarrar valor, y abrió la puerta.
Era pleno día, pero pareció nublarse cuando la puerta se abrió. Una figura negra, chaqueta negra, sombrero negro, de pie en el umbral. La figura levantó la vista, ojos dorados que parecían hundirse en el corazón. No sonreía pero tampoco parecía estar serio.
— Querías verme. Aquí estoy.
— Señor Metal Gears. No lo esperaba. — Dijo, se le oyó nervioso. Volteo para ver a Cherry, mientras tomaba su gabardina. — Volveré para cenar, amor.
Jubilee suspiro, pero le sonrió de manera tierna.
— Diviértete. — Dijo ella, de manera alta y continua mientras desaparecía de la vista del observador.
Este centro su atención en la figura negra.
El pelaje de Metal Gears era negro, su crin era roja y asomaba algunos mechones bajo el sombrero. Retrocedió para permitir pasar al hablante.
— Sé que solicite su atención, pero su augusta presencia fue repentina, señor. — Dijo el observador, mientras caminaban por la calle.
El pueblo era como cualquier otro. Ponys haciendo fila para ser reclutados, yeguas barriendo la acera en frente de sus casas, potros regresando de la escuela, algunos carromatos pasando. El cartel de "Los labios sueltos tumban naves" le devolvía la mirada.
—A diferencia de otros, no pierdo el tiempo —dijo el poni oscuro—. Imagino que ya tienes resultados.
— No me gustaría discutirlo en público, señor. Pero la versión corta es que Cyan resulto exitosa. — Dijo el observador, con una mezcla de orgullo, miedo y respeto.
—Defíneme "exitosa", por favor —dijo Metal Gears, hizo variar mucho su tono de voz. Daba la impresión incluso de estar apresurado.
— Señor, tengo órdenes de arriba de no hablar de esto en un lugar público. Esperemos llegar a un lugar seguro para luego definirle con exactitud. — Dijo el observador, temeroso.
—Lo sé —dijo Metal Gears—. Una orden de las Princesas, seguro. La pregunta real es ¿Dónde podemos hablar? ¿Cuál es el sitio en el que confías?
— Los centros de investigación, en el manicomio. En los niveles inferiores están las instalaciones de prueba. — Dijo el observador, empezando a guiar a la figura negra. — Por aquí, no queda muy lejos.
—No confiaría en un lugar donde yo mismo pude colar elementos —dijo él, y rio un poco—. Pero servirá.
El observador trago saliva, se sintió el gesto. Caminaron de manera apresurada, con un silencio intimidante. Hasta que levanto la mirada a la entrada del Manicomio, este se mantuvo inexpresivo.
Se le sentía la rabia.
— Brise. — Dijo el observador, sin quitarle la vista.
En la entrada estaba un elegante pony que era el objeto de su rabia.
— Hola caballeros, que los trae a este triste lugar? — dijo el señor Brise de Mer.
—Otra vez no —dijo Metal Gears golpeándose la frente con el casco. — Dinos que buscas y luego vete.
— Vine para ver a unos conocidos, víctimas de esta terrible guerra. No sé si lo sepan, pero algunos soldados padecen de terribles trastornos consecuencia de la guerra.
— Están bajo cuidado profesional, Brise. Pero si tu familia puede permitírselo, llévatelos. — Dijo el observador, pasándole por un lado y entrando.
— De hecho, recomiendo que se los lleven —dijo Metal Gears—. Así darán sitio a nuevos pacientes.
— Esos soldados amigos míos sufrieron bastante, difícilmente serán los mismos — dijo Brise de Mer con tristeza.
— Sí, la guerra ha sido cruel. Ahora, si me lo permite, debo cumplir con mi trabajo.
— Bien, como la orden viene de usted, hable con el encargado. Señor Gears dará la autorización. Mientras, quisiera que me acompañase al patio. — Dijo el observador, guio al ponys negro a un patio con fuente y arbustos. — No es el mejor lugar, pero sirve. Señor, el proyecto Cyan es un éxito. Toda forma biológica donde la nube llega es desintegrado. Es como un ácido en forma de nube.
— ¿Por qué está de acuerdo con un aristócrata como él? He perdido tantos o más amigos, he luchado antes de llegar a mi cargo. Es más, dudo de su posición en el Consejo, solo quiere la paz cuando no trajimos la guerra. — El observador hablaba con indignación, agitando los cascos con violencia. — Nadie quiso esta guerra, pero debemos acabarla. He recibido noticias.
— Yo me encargaré del fin de la guerra —dijo Metal Gears—. Yo y mi hermano. Así que dígame todo lo que sabe.
— Liberado al Aire, el elemento Cyan consume y desintegra a toda forma de vida orgánica que encuentre. Es notable, pero de acción rápida. Se disipa pasado el tiempo, pero estoy trabajando en protectores. Así no se perderá la iniciativa.
—Podemos empezar a utilizarlo así —dijo el poni—. Necesito la fórmula.
— Está en fase de prototipo. — Dijo el observador, se notaba incomodo al observar a Metal Gears.
— Sé de alguien que puede refinarla —dijo él—. ¿Los otros proyectos han avanzado?
— Usamos a unicornios como una fuente de energía, Extraen magia del cuerno y la refinamos. Creative Future y su director financiaron este en particular. El resto ha tenido resultados tolerables.
—Perfecto —dijo el poni—. Sigue trabajando en esto, yo pasaré por aquí de vez en cuando.
— Me honra con su presencia, señor. Continuare con mi trabajo. — Dijo el observador, hizo una reverencia y acompaño al pony de pelaje negro a la salida. — Espere resultados en dos semanas.
—Tomare tu palabra —dijo el poni llamado Metal Gears—. En dos semanas espero resultados.
El observador salió del manicomio, con paso lento. Miraba las caras de los ocupantes, caras que nunca habían conocido la guerra, ahora era la realidad del día a día. Este entro a una panadería, compro varias piezas saladas y dulces, y volvió a la calle, comiendo de a ratos.
Una vez dijo aquello, se alejó.
Repentinamente él fue jalado por un aura mágica hacia un callejón oscuro, antes de darse cuenta estaba cara a cara con el señor Brise de Mer. El observador le gruñido. Rompió el aura, pero se quedó en el suelo, mirando fijamente.
— Me preguntaba cuando seria el día que harías algo así. Que apropiado, en un callejón oscuro ¿Temes manchar tu reputación? — Le dijo de manera burlona.
— Por lo regular preferiría dejarte en paz con tu trabajo manchado de sangre, pero tengo tiempo que algo de ti es especialmente desagradable, no sé lo que haces, pero me encargare de detenerlo — dijo el elegante pony con una mirada realmente severa contrario a lo que había visto de él anteriormente.
— Todos estamos manchados, y en algún momento tu también lo estarás. Estamos en guerra, por si no lo sabías, y mientras los que combatimos desarrollan ¿Quieres impedir mi trabajo? AL parecer no sabes nada. Oye, y ese pan no era gratis. — Por como hablo, el observador parecía estar sonriendo.
— Juro por todo lo que considero sagrado que descubriré en lo que estás trabajando y te detendré, no dejare que más vidas se desperdicien por esta maldita guerra, y disculpa las molestias — Brise de Mer empezó a alejarse pero repentinamente regreso — y esto es por el pan — levitando y entregándole unas monedas, una vez hecho eso se retiró definitivamente.
La imagen desapareció, había terminado el recuerdo.
-Algo entendí, pero no mucho —susurró Nyota, asustada—. Tengo un mal presentimiento, Voyager, uno muy malo.
— ¿Y que es lo que sientes? — Dijo Compass, mirando por la puerta.
— ¿Has visto los horrores de la ciencia? Son más aterradores que un cuento para potros. — dijo Mind, finalizando tragando saliva.
Nyota se acercó más a Compass, como si quisiera abrazarlo y esconderse en su piel.
La oscuridad se hizo opresiva como el abrazo de una anaconda.
— La ciencia puede impulsarnos a alcanzar las estrellas, o reflejar la oscuridad que tenemos en nuestro corazón. Y lo último es lo que les pido, no poder dormir tranquila mientras alguien sea capaz de poner sus cascos en algo tan peligroso como ese proyecto. — Mind señalo el cubo de recuerdos.
— Aun así, hay más puntos que pueden tener más de esa cosa. — Dijo Compass, mirándola fijamente.
— Pero están controlados. Este punto no lo está. — Dijo de manera tajante la unicornio.
—Este sitio ha estado abandonado por muchos años —dijo Nyota— ¿Qué tal si ya fue saqueado?
— Estamos hablando de secretos y proyectos militares del viejo mundo. La seguridad es extrema y no creo que un saqueador corriente puede. Pero si un grupo decidido y organizado.
—Mejor esperemos a que amanezca. Cuando haya luz, revisaremos esta mansión —dijo Nyota temerosa.
Compass asintió y esperó la respuesta de la unicornio. Tras un suspiro, esta accedió, aunque se notaba su desaprobación.
La hoguera que pudo encender Nyota no tardó en apagarse, sumiéndolos de regreso a la oscuridad. Mind tuvo que volver a iluminarlos con su cuerno.
— ¿Acaso este condenado pueblo no cede? — Dijo Compass, miro a los lados, viendo si podía convertir algo en leña. — No le es suficiente que estemos pasando miedo.
Mind se apresuró en poner una chispa en la hoguera.
—Vamos, he estado en pueblos peores —dijo Strider riendo—. ¿Han estado en Ponyville?
— No quiero acercarme a ese lugar maldito. — Le dijo Compass de reojo.
Mind se esforzaba por hacer que las chispas rehicieran el fuego. Pego un grito frustrada, le quito la gota de licor que tenía Kristin y arrojo el preciado líquido, creando una gran llamarada que se convirtió en hoguera de nuevo. La grifa se amurró.
— No es tan malo —dijo Strider, mirando las llamas en la hoguera—. Bueno, sí lo es, pero al menos no es una pirámide de la Garra.
— Oí que el Everfree está lleno de Tenebrarum —dijo Nyota.
— ¿Qué es un Tenebrarum? Lo mencionan muy a menudo. — Dijo Mind, mirando a los dos con interés.
— Almas en pena —dijo Nyota—. Seres que no tienen piedad y que provienen de otras realidades.
— Son demonios —dijo Strider—. Simplemente eso
— Debe haber una explicación científica. — Dijo Mind con un casco en el mentón.
— No puedes explicar algo que no pertenece a este mundo .— Le dijo Compass de manera sombría.
— Es cierto —dijo Nyota—. Su propia existencia es contrario a la naturaleza de este mundo. Contrarios a la ciencia, si quieres verlo así.
— La ciencia lo es todo. — Dijo Mind, de manera molesta.
— Solo los tontos están seguros, por muy científicos que sean. — Dijo Compass, serio, mirando las llamas.
— Voyager tiene razón —dijo Nyota—. Hay cosas que simplemente no se pueden entender, menos explicar.
—Todo puede explicarse si se investiga lo suficiente. —Volvió a insistir Mind.
Así duraron, en silencio viendo el fuego. Cada quien rumeando sus pensamientos. El viento movía una ventana. De repente, Compass volvió a oír un sonido tras los muros. Un sonido pequeño, un eco como el de alguien rascando la madera. Como ratas tras las paredes.
— ¿Escucharon algo? — Dijo Compass, volteándose hacia la dirección del sonido. Puso su casco cerca de su daga para sentirse seguro.
— Sólo son ratas —dijo Strider—. Aunque podríamos matar algunas y comerlas.
— Yo sugiero asarlas con romero para que sepan bien. — Compass se lamia los labios, empezando a babear.
Mind lo miraba con asco y repulsión, echaba las orejas hacia atrás y abría la boca. Nyota se rio al ver la cara de Mind, quien se apresuró en quitar el gesto.
— Tendrás que acostumbrarte a comer cosas cuando estemos en el Yermo.
— Ojala sea rápido. Las latas no me van a durar para siempre. — Dijo la unicornio, manteniendo la cara mientras miraba el fuego. Se podía notar que temblaba.
— ¿Tienes frío, Mind? —preguntó Nyota mirándola.
Compass sintió que el ruido se hacía más intenso. Como si las ratas se hubiesen movido hacia las paredes que lo rodeaban.
— En la nave siempre teníamos temperatura ambiente. Sude como cerdo cuando salí y aquí tengo mucho frio. — Dijo, tratando de acercarse al fuego. Hasta ella miro la dirección del ruido. Hubo otro silencio incómodo.
— Ah, alguien tiene que hacerlo. — Kristin giro los ojos y abrazo a Mind mientras reía. —Aunque me debes una botella de ron.
Mind se sonrojo. Nyota se rio, y también abrazó a Kristin y a Mind. A pesar de la penumbra, Compass podía notar a Strider sonrojarse. Le causo gracias y le dio unos codazos amigables en el costado.
— No se ve a tanta belleza junta en estos tiempos ¿No? — Le susurró Compass al motero. Luego rio.
— Dioses, sólo quisiera que hubiera más luz —dijo riendo Strider—. Tú vas con la cebra, ¿Cierto? ¿Puedo quedarme con la grifo?
— Así es, voy con la cebra. Habría que preguntarle ¿No? Aunque tiene un carácter duro. — Dijo este, empezó a rascarse por detrás de la oreja y a lamerse.
— Me gustan las hembras así —dijo riendo Strider, estirándose.
— Vuelve con una gran bolsa de oro e intenciones de montar un negocio, y así captarás su atención. — Le dijo Compass, dándole un golpe amistoso.
— ¡Ya, que me asfixian! — Dijo Mind, con esfuerzo. En verdad se le veía apenada, y daba débiles empujones a ambas para que se alejaran. Su esfuerzo era, a duras penas, notable en el cuerpo de ambas.
Nyota se rio y se alejó un poco de ella. Miró a Compass y le guiño cómplice un ojo.
— ¿Ya te sientes mejor, Mind?
— Si, mucho mejor. Santa máquina, tardaré bastante para acostumbrarme. — Dijo ella, respirando con pesadez, luego suspirando aliviada.
Compass se sonrojó por el guiño, aparto la mirada por un rato, específicamente hacia donde creyó oír las ratas. El sonido parecía haberse extendido, como si todo el lugar hirviera de ratas, y estas estuviesen corriendo tras las paredes hacia las profundidades de la mansión. Compass bajó las orejas. Se levantó.
— Voy a investigar un poco. — Dijo con un hilo de voz, algo alterado. — Quizás no sea nada.
—Espera —dijo Nyota— ¿Qué quieres investigar?
El la miró sin creérselo. Luego señaló hacia donde venía el ruido. Terminó rascándose por detrás de la oreja.
—¿Las ratas? Es más seguro quedarnos cerca de la entrada —dijo ella—. Si te adentras en la mansión, fácilmente pueden rodearte.
El bajó las orejas, no le gustaba el sonido. Pero así lo hizo, volvió a quedarse en el suelo. La cebra lo miró y se sintió mal. A ella también le molestaba el sonido tras las paredes.
Se sentó a su lado, mientras Strider se movía para quedar junto a Kristin.
— ¿Qué pensaste cuando me viste? — Le dijo Compass a Nyota, casi de manera inocente. Vio como Kristin le prestaba más atención a una botella de whiskey
— Pensé que ibas a matarme —contestó ella, y luego rio un poco
— Me pasé un poco cuando intenté degollarte. Te diré la verdad, aunque aquel Loco no hubiese aparecido, no te hubiese matado.
—¿Por qué? No tenías forma de saber que podías confiar en mí —preguntó mirándolo.
— Tu tampoco en mi.— Se apresuró a decirle, le sonrió al fuego. — Podíamos convivir hasta cierto punto, o tardar más en tener esto.
Kristin terminó su botella y empezó a buscar otra, mientras que Mind la miraba con repulsión. La unicornio se centraba en buscar algo que leer o algún problema no violento que resolver.
—Fui muy afortunada —dijo la cebra, sonriendo—. No pensé que terminaríamos siendo una pareja, pero ya no quiero vivir sin ti.
— No digas así ¿Quieres? Si me pasa algo, quiero que seas feliz. — Compass la rodeó con el casco. — Si llegase algo así, cásate, ten muchos hijos y se feliz.
—Yo quiero ser feliz contigo. Si tengo hijos, quiero que sean también tus hijos —Nyota correspondió al abrazo, y miró a Compass a los ojos—. Tú también mereces ser feliz.
— Agh, búsquense una habitación, me van a enfermar. — Dijo Kristin a la pareja, luego pegó el pico en la botella.
—Me caes muy bien, Kristin —dijo riendo Strider, al ver cómo Nyota se sonrojaba—. ¿De verdad no quieres venir conmigo? Serías una buena Daughter of Anarchy.
— Me encantaría, pero tengo que acompañar a estos tortolitos. Sin mí son nadie. — Kristin les guiñó a ambos. Mind por su cuenta, suspiró exasperada y empezó a buscar entre las estanterías de la habitación.
— Debe de haber algo para leer. — Dijo ella, un poco molesta.
—¿Con esta oscuridad? —rio Strider, y se acercó un poco a Kristin—. Bien, pero recuerda que puedes contar conmigo.
— Te llamaré si necesito a gente para seguridad. Estoy en la quiebra, pero espero resurgir. — Kristin tenía un brillo de esperanza en sus ojos.
Mind vio un libro de cocina, se encogió de hombros y usó su cuerno para leer.
—Me parece perfecto. Si necesitas una pareja, también estoy disponible —dijo riendo Strider.
Hubo otro silencio incomodo entre ambos.
Kristin se quedó mirando al fuego, luego sonrió.
—Lo tendré en cuenta.
Cuando amaneció, la tormenta ya había pasado.
Pero la luz revelaba una casa muerta. El suelo cubierto por polvo, costra dura de varias capas de arena, aserrín y tiempo. Las paredes, agrietadas, rotas, y montones de basura tan descompuesta que era difícil precisar qué era.
Y las paredes estaban salpicadas con un lema: Abandonado por Metal Gears.
Aquella frase se repetía en casi todas las paredes del lugar. Mind miraba sin parpadear ese nombre. Metal Gears, de seguro lo había oído en algún registro.
—Este sitio es una basura —dijo Strider, revisando el lugar— Me sorprende que no se haya desmoronado.
—La tormenta ya pasó, vámonos de aquí —dijo Nyota nerviosa.
— Vamos. — Dijo Compass, manteniéndose cerca de ella. Buscaba seguridad con su daga. Mind estaba cerca, iluminando.
Las calles eran desoladas, destrozadas. Las puertas de los edificios estaban marcados, ya sean clausurados por ese tal Metal Gears o por símbolos de Parasprites. Aun iluminado por el Sol, el lugar se veía oscuro.
—Podemos dejarlos cerca de alguna aldea —dijo Strider subiendo a su máquina—. ¿Hacia dónde quieren ir?
— No podemos irnos. Debemos quedarnos y destrozar los proyectos que están ocultos. Lo siento chicos. — Dijo Mind, mirando con tristeza al grupo.
—Estoy segura de que no quedan proyectos —dijo Nyota, ya quería irse de ese lugar.
— No hemos descubierto nada, así que, por lo tanto, aún no sabemos si hay o no hay. — Dijo Mind con una lógica fría, pero lógica.
—Está bien, ¿Adónde quieres buscar ahora? —dijo Nyota, se notaba la molestia en su voz.
— Queda el Manicomio. — Dijo Compass, cruzando las patas y mirando con preocupación la sombra del edificio. Le daba escalofríos.
—Ese sitio debe estar lleno de Tenebrarum —dijo Nyota asustada—. Da por pérdida cualquier cosa que esté ahí dentro.
— Vamos, mi maestro siempre dice que la investigación te dará la respuesta. — Dijo la unicornio, un tanto molesta, avanzando hacia el edificio.
—Está bien —susurró resignada la cebra. Tenía un mal presentimiento, se apegó a Compass.
El manicomio no era muy diferente a la mansión. El piso lleno de escombros, suciedad, tristeza y polvo. Las paredes estaban llenas con el mismo lema: Abandonado por Metal Gears.
—¿Puedo esperarlos afuera? —preguntó la grifo. No le hacía nada de gracia entrar a aquel lugar.
— ¿Alguna vez han estado en un lugar así? — Dijo Compass, mirando el interior. Quería aminorar la tensión. Volteó a ver a Mind y esta seguía inexpresiva.
—Yo sí, por eso temo a los Tenebrarum —dijo Nyota vigilando cada porción del terreno.
— Yo una vez estuve en un asilo, pero para enfermos de Tuberculosis. La peor entrega que tuve que hacer. — Dijo Compass, yendo detrás de la cebra.
Mind se apresuró para iluminar, les iría mejor.
La ausencia de ventanas no permitía que la luz entrara a gran parte del edificio, más los pasillos interiores estaban completamente oscuros.
Nyota casi podía ver los ojos rojos abrirse en la oscuridad
— ¿Cómo es un Tenebrarum? — Se atrevió a decir Mind, mientras tocaba los restos de una mesa.
—Es horrible —dijo Nyota, recordando el encuentro en la cabaña que tuvo con Compass.
— No querrás verlo, Mind. No dormirías por algunas noches. — Dijo Compass, le sabía amargo el recuerdo.
Eso no le llegó a la unicornio, quien se encogió de hombros y siguió iluminando al grupo.
los pasillos eran blancos, y parecían el largo esófago de una serpiente. Sólo se notaban las escrituras en las paredes, algunos sin significado aparente.
Mientras más avanzaban, la escritura se volvía más y más borrosa, hasta que simplemente eran líneas y trazos negros.
— No debe de estar lejos la oficina del jefe. De ahí podremos saber lo que ha pasado. Quizás en la próxima esquina. — Dijo Mind, temerosa. Siempre caminaba cerca de la pared.
—¿Crees que haya alguno de esos cubos? —preguntó asustada Nyota.
Al girar, hallaron efectivamente la oficina, totalmente destruida. Lo que más alarmó a Nyota eran las huellas de multitud de ratas en el piso. Mind, sin embargo, pudo ver otro cubo medio enterrado entre la materia vegetal de lo que antes fue una mesa.
— ¿Están listos? Este puede ser decisivo. — Dijo Mind, levitando el cubo y mirando al grupo. Listos para ver el contenido.
— Preferiría que no, pero adelante —dijo Nyota, resignándose al terror.
Mind suspiró, y empezó a activar el cubo. Todos esperaron lo mejor.
Que no hubiese nada.
Nyota se acercó a Compass y esperó, con el corazón golpeando su pecho.
Mind volvió a hacer la misma maniobra, y el cubo comenzó a transmitir:
Era el observador, miraba por una ventana hacia una habitación. No se imaginaron lo que estaban viendo.
Tenía la forma equina, eso no se le negaba. Pero era negro en su totalidad, un poco más grande que el pony promedio, con una corta melena verde acuoso, ojos normales de color rosa, un cuerno curveo y agujereado, y alas de insecto. Era como una versión evolucionada de la figura que vieron en el poster. Y estaba triste. Sentado en el suelo.
—¿Q-qué es eso? —susurró asustada Nyota, aferrándose más a Compass.
— ¡En mi vida he visto eso! — Dijo igual de impactado. Miro a Mind en busca de respuesta.
— Es un Changeling. — Se apresuró a decir Mind, respondiendo a la pregunta. Lo hacía de manera seria. — Responsables de la casi desastrosa Boda Real hasta que fueron expulsados. Con el tiempo evolucionaron, sus ojos empezaron a tener pupilas como las nuestras, el sexo se diferenciaba y se agrandaron
La figura vio a sus alrededores, tenía un grupo vestido con protectores químicos, gafas industriales y máscaras con respiradores, escribiendo en tablas de apoyo. El observador miro con indecisión un botón rojo que tenían al frente, poso su casco sobre el mismo, pero no lo presionaba.
—Se ven horribles —dijo Nyota asustada. Recordó el afiche y un fuerte escalofrío recorrió su espalda.
—No creo que sean tan horribles la verdad, ¿Has visto a los cultistas de la Luna? Esos tipos no tienen ni sentido de apariencia con sus lunitas pintadas por todos lados. — Dijo Kristin, lo que hizo reír a Compass y Nyota.
— Consumían amor, hasta que empezaron a amarse a sí mismos. No era potente, pero los ayudo a evolucionar. — Dijo Mind, sin dejar de estar seria.
Por fin el observador presiono el botón, miro la ventana. El Changeling miró a través de la ventana, directo al observador. Y terminó con cerrando los ojos y levantando la cabeza con dignidad antes de desaparecer en una nube Cyan.
—Qué extrañas criaturas —susurró Nyota asustada—. ¿Qué es ese vapor extraño?
— Observa. — Se limitó a decir la unicornio.
Vieron como la habitación se llenaba de ese humo, sin rastros del changeling adentro. El observador dio una señal al equipo y estos empezaron a mover una válvula. Lentamente, el humo empezó a desaparecer. Donde había estado el equino insectoide, se encontraba nada más que una mancha verdosa en el suelo. Compass comprendió, pero le dio terror explicar.
Nyota no pudo reprimir un grito, que resonó como un hueso roto en el silencio del edificio.
—¡Eso fue horrible!
— Envíen los datos al ministerio de guerra y manden algunas muestras. Pruébenlas en los sujetos que tengamos. Tenemos que poner estas armas en servicio cuanto antes. La guerra se está tornando en nuestra contra. — Dijo el observador. El equipo saludo al mismo y empezó a moverse.
—¿Informamos al señor Metal Gears? —preguntó uno de los científicos.
Otra vez ese nombre.
Nyota gruñó y prestó mayor atención a lo que mostraba el cubo.
— Sobre todo a él. Dijo que quería resultados, entonces le daremos resultados. Necesito su aprobación para su uso masivo. Pero como están las cosas, no tardaremos mucho. — Dijo el Observador, terminando con un atice de maldad.
— No será necesario —dijo una voz muy conocida por ellos. El poni conocido como Metal Gears.
— ¿Señor? — Dijo El observador, viendo la figura negra de hace un momento.
— Comienza a producirlo a escala masiva —dijo uno de los científicos, quitándose la bata y removiéndose el maquillaje que disimulaba el color de su rostro—. Cualquier material que necesites lo tendrás en abundancia.
— Así se hará, señor. — Dijo el observador, terminando en una reverencia.
—Ahora continúa con tus investigaciones. Tal vez me pase por aquí de vez en cuando —dijo el imponente poni alejándose.
— Así lo hare, mi señor. —Dijo el observador, inclinándose hacia la figura.
— Tenemos que ir al sótano. Normalmente, estos edificios tienen una caldera de vapor. Encendamos el aparato, de lo cual yo me encargo de eso, metamos presión y escapemos. — Dijo Mind, de manera sombría y ocultando su vista con su melena.
— Ese Metal Gears es un monstruo —dijo Nyota, presa de una extraña mezcla de ira, indignación y miedo.
La cebra escupió, mientras la visión que proyectaba el extraño cubo dejaba de verse.
— Puedo destruir este endemoniado lugar sobrecalentando la caldera. Los sistemas están viejos, por lo que tendremos que bajar al sótano. Luego de eso, hasta me puede dar una patada. — Dijo Mind, compartía los sentimientos de la cebra.
—Vámonos, este sitio es un cementerio maldito —dijo indignada la cebra
El sótano era un sitio oscuro, dañado, aún más destruido que el resto del manicomio, carcomido por la humedad y el tiempo.
La iluminación que proporcionaba el cuerno de Mind apenas iluminaba un pequeño trecho.
— Este lugar se vuelve más y más loco. — Dijo Compass, observando las fisuras de humedad y los bichos que huían de la luz. Caminaba con cascos de plomo.
Vieron algunos cuartos. Más bien celdas. Tan oscuras que parecían que los consumirían si entraran.
Y en las paredes estaba escrito, al igual que en el resto del lugar, las palabras "Abandonado por Metal Gears".
— Este sitio me da miedo —dijo asustada Nyota.
— Mientras más pronto nos marchemos de aquí, mejor digo yo.— Dijo Kristin, mirando de ojeada las celdas, tenía las plumas de la cabeza engrifadas del susto.
— Estoy de acuerdo, acabemos rápido y marchémonos —dijo Nyota
Siguieron avanzando. Finalmente la escalera acabó, y pudieron ver que el piso estaba húmedo, como la tierra en la mañana.
— Aparentemente el plomero no ha pasado más por acá.— Dijo Compass, para romper el hielo. Pero solo logró que todos lo miraran feo.
— Tus chistes me dieron tanto cáncer, que ahora es terminal.— Dijo la grifa.
— Eso no es divertido —dijo Nyota—. Busquemos la caldera y hagámosla estallar.
— A mí me causó gracia lo del cáncer.— Dijo Mind, soltando una pequeña y única carcajada. A Nyota siguió sin causarle gracia.
— Vuelvo a decir que no me parece divertido —Dijo molesta la cebra.
— ¿Y qué les resulta divertido? — Se quejó Compass, quiso mirarlas, pero era mejor estar de frente con la daga desenfundada.
— No lo sé, es muy estúpido —dijo Nyota molesta.
Compass gruñía. Mind si se reía de la escenita.
No alcanzaron a avanzar ni dos pasos, cuando oyeron un ruido más adelante. Un ruido pequeño, como de ratas corriendo tras las paredes.
Compass se detuvo, mirando al frente y preparándose para lo que sea. Si lo miraban de cerca, verían que estaba temblando.
—Cuando volemos la caldera, las ratas también morirán.
—Y lo que sea que haya dentro también.— Dijo Kristin, en un estado de alerta.
El grupo avanzó, asediado por el sonido de las ratas, que se hacía más y más intenso a medida que avanzaban.
Los roedores parecían avanzar en su misma dirección, como si los fueran guiando hacia la profundidad oscura.
Oscuridad era lo que tenían al frente. Concreto derruido y humedad en el aire los acompañaban todo este tiempo. Pero lo aterrador era el pasado del edificio. Cada vez que pasaban una puerta sellada, casi oían los gritos de sus antiguos moradores.
—¿Cómo sabes cuál es la caldera? —preguntó Nyota.
— Una gran estructura metálica con muchos tubos, lo sabrás cuando la veas. — Dijo ella, encogiéndose de hombros.
Podían oír los viejos pasos de los celadores e investigadores. Los murmullos y el sonido de escritura. Incluso se encontraron un cartel propagandístico. El de "los labios sueltos tumban naves". EL efecto de la pony siendo callada que te seguía con los ojos, solo añadía mas terror al sótano.
Kristin estaba que se hacía del miedo.
Y un poco más allá, una puerta consumida por los hongos y el moho. Dentro podían ver tuberías dirigiéndose a un gran conglomerado central.
Mind suspiro, murmuro algo inentendible; casi era una plegaria. Señalo el conglomerado y luego la puerta.
— Es aquí, muchachos. — Se limitó a decir.
— Terminemos con este lugar. — Compass suspiro hondamente y se atrevió a abrir la puerta con sumo cuidado.
Al más mínimo movimiento la puerta cedió y cayó, volviéndose una pasta asquerosa al golpearse con el suelo.
Ellos entraron: el piso parecía succionarlos con cada paso que daban. El dulce hedor de la humedad, como heces y fruta podrida, casi asfixiaban a Nyota
Era, como dijo Mind, una gran estructura metálica y cilíndrica, donde varios tubos oxidados lo tenían como fuente en común. La humedad y el óxido impregnaba el aire.
Sin perder el tiempo, la unicornio avanzo hacia la estructura. Sacudió el polvo que había y pasó el casco sobre un lugar en específico. Era la ranura, como las que vieron en las grabadoras. Mind empezó a presionar botones, a jalar palancas y a rodar manivelas, y la estructura empezaba a ronronear.
—Vaya, ella es buena.— Se limitó a decir Kristin.
Un pitido sobresaltó a Nyota, y sintió un roce en sus patas, como el de una rata escabulléndose entre sus cascos
Y un murmullo pudo oír, como si viniera de la habitación superior:
—Querías verme, aquí estoy.
—¿Dijiste algo, Ny?— Preguntó Compass
—Yo no he dicho nada —dijo Nyota, sintiéndose súbitamente aterrada. Apenas podía ver lo que pálidamente iluminaba Mind, y le daba la impresión de que mil ojos la observaban detrás del rango de la luz.
— ¡Hagan algo útil! ¡Este sistema no se ha usado en más de cien años! — Dijo Molesta la unicornio. Fue a una estantería, tirando tarjetas perforadas al suelo.
Compass se encogió de hombros, quizás Ny no dijo nada. Trataba de ver donde pudiese ayudar. Hasta que vio una válvula chiquita, del tamaño de la garra de un polluelo grifo. Una pieza de metal muy tierna.
Nyota siguió a Compass, y contempló la válvula. Apenas distinguía su silueta, y el ruido de las ratas tras las paredes parecía hacerse más fuerte.
Kristin Se quedó parada sin hacer nada, no sabía qué hacer, no sabía cómo ayudar, así que prefirió irse con Nyota.
Mind alzó triunfal una tarjeta perforada. Se movía con rapidez, y así metió la tarjeta en la ranura. Apartó al grupo con un poco de violencia y giró la válvula pequeña con tanta violencia, que luego levitó la misma.
Mirando que la había despegado.
El grupo miró la palanca por un momento, esperando la reacción de Mind, que esperaban fuera furia.
Compass empezó a notar, con temor, como las demás válvulas se abrían. De cómo la caldera empezaba a hacer ruidos extraños, como soplidos. Notó que empezó a inflarse de a poco.
Bajó las orejas.
— C-creo que tenemos que irnos. — Dijo asustado.
—Espere tanto a que dijeran eso —susurró Nyota retrocediendo.
—¡Pues ahora o nunca digo yo! — Dijo la grifa, adelantándose hacia fuera a un paso acelerado.
— ¡La tarjeta causará la mayor presión y la válvula distribuirá la explosión por todo el lugar! ¡Tenemos alrededor de diez minutos para escapar! — Dijo Mind, empezando a correr. Compass la seguía.
Nyota igual, pero frenó en seco y giró para mirar los pasillos que continuaban detrás.
Dos ojos. Ojos brillantes como puntos de luz en medio de la oscuridad.
Compass corría adelante de Nyota, pero sintió algo, como si algo lo mirase a través de él, sintió un horrible escalofrío que fue del cuello hasta el flanco. Se sintió forzado a mirar hacia atrás, como si le voltearan el cuello.
Y miró esos ojos, con un brillo estremecedor, y una mirada demoniaca, algo que le puso los pelos de punta, sabía que esto no era bueno, pero por sobre cualquier cosa:
Temía por Nyota.
—¡NYOTA! —Compass la sacudió bruscamente, haciéndola volver en sí, miraron el par de ojos, y corrieron como nunca lo hubieran pensado hacer.
Corrían con el corazón pegado a la garganta. Temerosos de que la oscuridad y su morador los atrapasen. Las puertas se les cerraban a sus alrededores. Cuando estuvieron en el punto de partida, tuvieron que subir las escaleras de manera violenta, casi a trompicones.
Pero la oscuridad y su morador igual los seguían.
Entraron a lo que parecía el recinto para los médicos. Junto a lo tétrico, había moho y hongos en lo que parecía estanterías o encimeras de cocina.
En la pared podía ver otra vez la odiosa frase de "Abandonado por Metal Gears".
Un sonido, leve, pero que iba incrementándose.
Era el sonido de una conversación amable, en lo que eran las mesas del recinto. Figuras equinas de colores espectrales empezaron a rodearlos, pero ignoraban al grupo. Solo seguían sus rutinas. Unos conversaban, otros tomaban tazas de café, o simplemente charlaban y reían.
Al principio, vieron una caja rectangular destruida, que se convertía en un fino objeto de madera, luces, bocinas y pantallas. Una figura espectral lo tocó y vieron como de este salía música. Trompetas alegres, seguidas de percusión vivaz y guitarra melodiosa. Fuera de la habitación, veían mas figuras espectrales.
Nyota alzó sus orejas, y retrocedió, sorprendida más que asustada.
— No se asusten, es sólo un thrinos —dijo ella, mirando al lugar cobrar vida desde ultratumba.
— ¿Almas en pena? — Dijo Compass, este si estaba asustado. Ni hablar de Mind.
— Algo más. Almas atrapadas —dijo seria Nyota—. Aquí pasaron cosas muy crueles, Compass, y de la misma forma que un hacha deja una marca en un árbol, esos hechos horribles dejaron su marca en este sitio para toda la eternidad.
Su voz se fue quebrando mientras explicaba.
— Esto no tiene explicación. — Dijo Mind. Miraba las almas con ojos como platos. — El mundo está loco.
— Bienvenida a la superficie. — Le dijo Compass, fue el primero en caminar, con cuidado para no perturbar a las almas.
— Quizás algún día puedas explicarme la ciencia detrás de esto —dijo Nyota a Mind, sin ánimo de ofenderla.
— Vamos, el lugar no va a esperar por nosotros.— Se apresuró a decir Compass.
Las almas seguían con sus rutinas. Algunas temblaban, o se golpeaban la cabeza contra una pared. Pero hubo un grupo que, con paso decidido, iba hacia ellos. Algunas almas miraron a aquellas, dejando a un lado sus labores.
Pudieron ver una explosión, y figuras negras como siluetas rompían los ventanales y abrían fuego con sus armas.
Nyota olvido que sólo era un recuerdo de las paredes y se agachó para esquivar las balas.
Las figuras oscuras avanzaban, disparando sin detenerse a todo lo que hallaban, y a los caídos les propinaban un tiro de gracia.
— ¡Andando! ¡La caldera no va a esperar por nosotros! — Compass levantó a la cebra de un tirón y empezó a galopar.
Mind vio como hacían la marca de clausurado antes de empezar a correr. Las mismas figuras negras escribían lo que estaban bien en el presente.
Nyota se levantó, y vio rodar una granada, estallando a su lado varios años en el pasado.
El sonido de un hueso quebrándose, y el piso bajo ella se quebró, cayéndose estrepitosamente.
— ¡Nyota! — Sabia que estaba contra el reloj, pero a Compass no le importo. Regreso a donde estaba la cebra y la ayudo a levantarse. La encontró, parada pero en estado de shock, mirando la oscuridad del suelo. La levanto con ambos cascos delanteros y empezaron a galopar.
Las almas que no eran las agresoras empezaron a correr de los disparos, gritando, tropezándose. Vieron también como las demás almas, las perdidas en su mente, eran asesinadas de manera fría.
Pero siguieron corriendo.
Ellos consiguieron salir del edificio, y las llamas fantasmales comenzaron a consumirlo desde adentro.
Con un gran grito de Mind, el grupo la siguió. No importaba quedarse sin aliento, no importaba bañarse en sudor, ni que los cascos te doliesen. Se necesito una frase de la unicornio para motivarlos a galopar.
— ¡EL GAS SALDRA DESPUES DE LA EXPLOSION! ¡TENEMOS QUE ALEJARNOS!
Afuera, los moteros se acercaron a ellos, para alejarse de ahí con el grupo a horcajadas.
— ¡Móntense! ¡Llévenos a donde sea! ¡Vamos!
Mind gritaba como histérica, se montó de un salto en la primera moto que encontró y señalo cualquier lugar.
Los moteros aceleraron y se alejaron, mientras las explosiones fantasmales se confundían con las explosiones reales que el manicomio sufría.
Fue irreal el momento. Primero, una serie de ráfagas luminosas se alzaron hacia el cielo, cubriendo al manicomio con una gran explosión. Otras ráfagas, pero de color violeta se alzaron, cubriendo el mismo edificio de un humo Cyan, que se iba expandiendo por todo el lugar.
Por suerte para el grupo, ya estaban lejos de ahí. Pero las explosiones y el gas se seguían expandiendo. Con el viento en sus caras, se alejaron.
Las motos aceleraban a todo lo que daba el motor, alejándose más y más de aquel maldito pueblo fantasma.
Tenían frente a ellos una fogata, con una olla montada con sopa enlatada que tenía Mind. Veían el crepitar de la leña y las llamas danzar en la oscuridad. Parpadeando de vez en cuando.
—Eso fue horrible —Dijo nerviosa Kristin—. Si hallamos más casas abandonadas en el camino, no entremos a ellas.
Compass seguía inexpresivo, mirando el fuego al lado de la cebra.
— Lo abandonado es como una cueva con riquezas adentro y bestias mirándote. — Dijo Mind, mirando las llamas. — Lo leí en un libro. "Diálogos antiguos." En donde una anciana aconseja a un joven vigoroso.
Mind rio, pero de manera deprimida.
Hubo otro silencio.
— …Era el favorito de Insight.
— Habían cráneos —susurro Nyota, en un tono casi inaudible—. Cuando se rompió el piso, pude ver abajo de las tablas. Estaba lleno de esqueletos.
— La destrucción no se limitó al Manicomio. También se extendió a la ciudad. — Dijo Mind de manera sombría. — Quien sabe que habrá pasado con los habitantes, corceles, yeguas y potros por igual.
— No quiero pensar en eso —dijo Nyota, contemplando el fuego—. No hay nada más triste que la muerte de un potro.
— No te imaginas lo que he visto con mis ojos. — Dijo Mind, con un tono triste y bajando la cabeza.
— Realmente, no —dijo con tristeza Nyota—. Pero me gustaría poder ayudarte.
— Durante años, te entrenan para contribuir al desarrollo científico de la Rueda. Sea lo que sea que estés haciendo, es para ello; sin importar las éticas científicas. Por esto Insight me enseñaron que el mundo estaba más allá de nuestras instalaciones.
Mind sonreía con tristeza, una lagrima sola empezó a brillar desde su mejilla.
— ¿Saben? En todos los experimentos que él los veía, siempre me hablaba con pasión. Cada detalle, cada rasgo, era un disfrute para él. No compartía su creencia, pero me alegraban. Muy adentro de mí, llenaba mi corazón con una extraña alegría. — Mind mantenía la sonrisa, pero la lagrima bajaba lentamente. — El me enseñó a conocer el mundo exterior.
— ¿Y qué te ha parecido lo que has visto del Yermo hasta ahora? —preguntó Kristin.
— Muy loco. — Dijo de manera divertida.
Notaron pronto que Mind estaba sonriendo mejor. Casi igual como Nyota. Kristin sonrió un poco al verla más calmada.
— ¿Hay algún otro sitio donde quieras ir a destruir inventos antiguos? —dijo Nyota.
— Hay muchos lugares donde hay sitios antiguos, algunos mejor guardados que este. Arsenales, factorías secretas, complejos subterráneos. Mi formación en la Rueda permite acceder a estos, pero no fui sacerdotisa para conocer lugares exactos. — Mind uso su brazo hidráulico para sacar la sopa y servirla de manera equitativa. — Pero creo que ni el sacerdocio me hubiese dado tal información.
— ¿Sabes quién era Metal Gears? —preguntó Kristin
— No tengo información, la Rueda borro o borra la que encuentra. Pero era un alto oficial del Gobierno de Equestria. Quizás relacionado con la EGRISIEWA. — Dijo Mind de manera sombría.
— Secretos. Estoy empezando a odiar los secretos. — Dijo Compass, igual de sombrío.
— Yo igual, son una basura —dijo molesta Kristin—. Sobre todo los secretos de la antigüedad.
—¿Que es la EGRISIEWA? —preguntó Nyota.
— Son las siglas en Medio Equestriano: Equestrian Government Resolution In Scientific, Industrial, Economical and Warfare Affairs. Resolución del Gobierno de Equestria para Asuntos Científicos, Industriales, Económicos y Bélicos. Una cúpula dentro del gobierno de Equestria. — Dijo Mind de manera aterradora.
— ¿Y dices que Metal Gears lo controlaba? —dijo aterrada Nyota.
— Los miembros de la EGRISIEWA eran secretos. Quizás hubiese alguien por encima de él. — Dijo Mind. Bostezaba. — Si tengo orígenes de esa organización, entonces soy alguien cuyos antepasados cometieron crueldades en el nombre del progreso.
—¿Quién podría haber estado sobre él? ¿Steel Gears, la Dama Gris? —insistió Nyota
— La Dama Gris era una figura militar ascendiente durante las fases intermedias y tardías de la Gran Guerra, aparte de que era de origen humilde. Steel Gears. — Mind cerró los ojos, luego los abrió pero mostro gestos de estar confundida. — Si Metal era incognito, Steel era aún más.
— Pero has oído sobre él —dijo Nyota. Ahí había pistas, y quería seguirlas.
— Es casi el santo patrón de los inventores, por lo poco que se. — Dijo Mind, mirando a la cebra con mucho miedo.
— ¿Quieres decir que los sacerdotes lo honran? —preguntó Nyota
— Creo que es suficiente —dijo Kristin. No le agradaba oír esa conversación.
— SI, Kristin tiene razón. Si vamos a indagar en el pasado turbio, mejor hagámoslo en otra ocasión. Ya tuvimos suficiente con esa casa de locos y ese inventor militar. — Compass escupió al pronunciar lo último. — Tenemos un largo trayecto y no sabemos en donde estamos.
De pronto, en el horizonte, varios destellos de luz repentinos.
Cañones.
—Lo que faltaba —gruñó molesta Kristin.
— Eso es la provincia de EL Paso. — Dijo Compass sorprendido, pelando los ojos. — La Horda Omega comenzó a avanzar, de nuevo.
— Habían demorado su avance —dijo Nyota asustada—. Tal vez esperaban ver qué pasaba en Las Pegasus.
— Sólo alejémonos —dijo aterrada Kristin. Recordó su villa, Littlesprings, siendo arrasada por la Horda.
— El Paso es Difícil de Tomar. Es más, es más fácil invadir otros frentes de Baltimare que el Paso. Pero de tomarlo, causarían graves problemas para el resto del yermo. — Compass miraba con atención las explosiones.
Pronto, más luces. En par y se acercaban. El sonido metálico y el ronroneo de un motor se les acercaban hasta que se detuvo. Todos estaban alertas.
— ¡Séptimo Regimiento Motorizado de Baltimare! ¡Compañía de Bein! ¡A todos los que estén por ahí, salgan con cascos libres y sin ningún truco! — Dijo una voz militar, proveniente desde los camiones.
Nyota y Kristin alzaron sus miembros, asustadas, aunque Nyota en realidad estaba molesta. Mind siguió al resto y alzo sus cascos, incluso su brazo mecánico. Compass se adelantó para hablar, pero el sonido de armas preparándose y apuntándolo, le negó la audiencia.
— Mi general quiere verlos. — Dijo la misma voz. Ya más calmada.
