Capítulo 10
De entre todos los caballeros, el más hermético era el de Virgo.
Rara vez abandonaba su templo, ya que prefería mantenerse recluido en sus aposentos meditando día y noche.
Muchas veces ni sus propios compañeros se percataban de su presencia, ya que permanecía estático en la enorme flor de loto dorada, sin decir ni hacer nada, concentrado en sus ejercicios.
—¿No estará muerto?— preguntó una vez Kanon a Milo, al cruzar el templo de Virgo y verle tan quieto.
—No estoy muerto, pero tú sí lo estarás como no te calles— soltó de improviso Shaka, sin abrir los ojos ni mover un solo pelo.
El gemelo dio un bote del susto y apuró el paso, seguido del caballero de Escorpio que a duras penas podía aguantar la risa.
Y así pasaban los días, uno tras otro, con el indio sentado permanentemente en su puesto de control, de donde sólo se movía para tareas derivadas de la naturaleza misma.
Hasta que una tarde, Kanon, esta vez a solas, fue a cruzar el templo de Virgo en una de sus múltiples correrías, ya que iba en busca de su compañero de fatigas, Milo.
Al ver a Shaka tan quieto, se acercó de puntillas hasta quedar frente al indio.
—¿Qué quieres?— preguntó el caballero de Virgo—. Si buscas a Milo, está en el templo de Acuario en estos momentos.
—¿Pero cómo narices lo haces?— preguntó el griego sorprendido.
—¿Qué cómo hago el qué?— devolvió la pregunta Shaka, sin inmutarse.
Kanon se rascó la cabeza confuso y parpadeó un par de veces.
—Pues…eso, lo de saber que estoy frente a ti si no he hecho ruido o que sepas dónde está Milo si no ha pasado por tu templo— soltó el gemelo—. ¿Pones micrófonos en todos los templos o qué?
El caballero de Virgo inspiró profundamente y exhaló.
—Si en lugar de vagabundear sin rumbo por el Santuario, incordiando a todos, te pusieras a entrenar en serio, seguro que tú serías capaz de sentir lo mismo que siento yo— respondió el indio—. Por algo soy el guardián del Santuario, y el Sumo Sacerdote me ha encargado su seguridad. Me entero de todo, sin necesidad de abrir los ojos. Percibo los cosmos de todos y cada uno de los habitantes, sus fluctuaciones y localizaciones.
Sentándose en el suelo frente a él, el caballero suplente de Géminis se mesó la barbilla.
—¿Y puedes saber qué andan haciendo?— preguntó con malicia.
Shaka hizo amago de fruncir el ceño y permaneció callado unos instantes.
—Puedo sentir si están peleando, como ahora mismo algunos caballeros de plata en el Coliseo o entrenando, como caballeros de bronce en la palestra— informó—, pero exactamente qué ejercicios o si están comprando pan en Rodorio, no.
Kanon compuso un puchero y suspiró contrariado.
—Entonces no me interesa aprender lo que haces— soltó, provocando que el indio alzara una ceja—. ¿Y no deberías abrir en algún momento los ojos?— preguntó de nuevo, al ver algo extraño en las pestañas largas del rubio.
Shaka se revolvió incómodo en la flor de loto, cuando sintió que el gemelo se incorporaba del suelo y se acercaba hasta quedar los dos cara a cara.
—¿Qué haces?— preguntó el indio, poniéndose nervioso—. ¡Déjame tranquilo ya, que me desconcentras!
Pero el griego no dio su brazo a torcer y sus dedos acariciaron las rubias pestañas, pegadas entre sí.
—Me parece estupendo que para concentrarte cierres los ojos Shaka— indicó Kanon—, pero de vez en cuando deberías dejar respirar a tus ojos.
—Por última vez, déjame— protestó el caballero de Virgo encendiendo su cosmos.
—¡Pero si es que tienes una costra de legañas tremenda!— argumentó el griego—. ¡No abres los ojos porque no quieres, sino porque no puedes!
Los dos hombres se tambalearon en la flor de loto, mientras Kanon trataba de estirar los párpados de Shaka, que estaban pegados gracias a las secreciones de los ojos.
El indio se revolvía molesto, pidiendo encarecidamente que le dejara en paz, por lo que el griego decidió dejarle tranquilo.
Shaka frunció los labios disgustado y trató de frotarse los ojos.
—Agua tibia y una gasa— aconsejó Kanon—. Y deberías ir al oftalmólogo, que igual tienes una infección o una conjuntivitis.
Nota:
Gracias al guest que me ha dejado varios comentarios en el fic. ¡Espero que te siga gustando!
