Hola, hola! aquí esta el siguiente capítulo, espero les guste!
Capítulo 10
- No Candy, regrésame a su lado – le suplica el chico desde la cama donde Candy y el doctor le han puesto aún en contra de su voluntad, con la intensión de que descanse.
- Lo siento Stear, pero tienes que descansar
- Estoy bien – responde él con voz llena de suplica y la rubia lo sufre en el alma
- Paty está bien, necesita descansar igual que tú
- Quiero estar a su lado – le dice en un último intento
Candy termina de acomodar las sabanas y dándole un tierno beso en la frente le mira a los ojos tratando de decirle lo feliz que está aún a pesar de la situación. Por fin su amigo ha buscado a Paty, por fin quiere estar con ella.
- En cuanto despierte Paty te avisaré, lo prometo – concluye la rubia saliendo de la habitación con una sonrisa.
Afuera se encuentra con la abuela Martha quien la recibe rodeándola con sus brazos y feliz de tener a Candy en su casa en estos momentos de angustia. También se alegra de saber que Stear está vivo.
- Creo que tienes una larga historia que contarme – le dice la anciana mientras caminan hacia la habitación de Paty – mi nieta dormirá el resto de la tarde y por lo visto tu primo también, así que tenemos todo el tiempo del mundo.
Las mujeres se sientan en unos sillones cercanos a la cama de Paty, con un té y pastelillos en la mesa en medio de ellas para conversar durante largo rato.
Candy le cuenta todo lo que sabe con respecto a la desaparición y confusión de la muerte de Stear. Le cuenta como la familia se enteró hace unos cuantos meses, en los cuales Albert le ha pedido que cuide de él.
- Tú no has de haber dudado ni un instante – le sonríe la anciana
- Cuidar a los seres más importantes en mi vida – dice refiriéndose a Albert en su momento y ahora a Stear – ha sido la satisfacción más grande de mi vida
Candy le sigue contando de la decisión del chico de no decirle nada a Paty, de lo difícil de su recuperación y su estado actual.
- Lo entiendo – dice con tristeza la anciana, pues no le gusta saber que su nieta ha sufrido más tiempo del debido
- ¡¿cómo?! – exclama la rubia pensando que lo que recibiría sería desaprobación. La misma que ella tiene con respecto a esa estúpida decisión de su primo de no decirle nada a la morena
- Entiendo lo que siente Stear, no es fácil estar cerca de los seres queridos y sentirse una carga
- ¡Ni usted ni Stear son una carga! – exclama la chica levantando la voz y apenándose inmediatamente al darse cuenta que pueden perturbar el descanso de la enferma.
La anciana se levanta y guiñe el ojo a la rubia, camina hacia la cama y comprueba que su nieta sigue dormida. Regresa a los sillones, pensando las palabras que le ayuden a explicarse.
- Estar enfermo, estar viejo – comienza la anciana – no contar con todas tus capacidades, es difícil. Ver como modificas la vida de los demás debido a esto es aún más difícil.
- Pero lo hacemos por amor – dice la rubia
- No lo dudo. – la anciana medita unos instantes antes de continuar – pero aún así es difícil. Además, estar en una guerra… vivir una guerra, ver muerte y destrucción, no debe de ser fácil. No podemos juzgar a nadie que haya pasado por eso. No sabemos lo que Stear ha vivido en la guerra.
Candy comprende perfectamente lo que la abuela ha querido decir, ella ha estado al lado del chico en los últimos meses y aunque poco a poco ha recuperado su alegría, todas las noches, sin excepción, ha tenido que estar al lado de su amigo. Algunas veces solo despierta una vez en medio de gritos de desesperación, otras, han sido varias veces durante la noche; recuerda, también la mirada de Stear, esos ojos llenos de… miedo.
- Voy a ver a Stear – dice después de un rato de plática saliendo de la habitación al recordar que lo ha dejado para que duerma un rato y que podría necesitarla en cualquier momento.
- ¿Está bien? – pregunta el chico con desesperación en cuanto ve que es su amiga quien entra a la habitación
- Tranquilo Stear, ella sigue dormida y así estará un largo rato. Tu también debes descansar
- No puedo – dice tomando la mano de Candy y mirándola con suplica – quiero ir a su lado
- No es prudente – le responde Candy sentándose a su lado y alegrándose de haber dejado la silla de ruedas y las muletas en otra habitación. «de haberlos dejado aquí, Stear se hubiera levantado de la cama» piensa la rubia.
Candy le repite como el doctor no recomienda que este ahí cuando despierte y reciba un nuevo shock. Stear no quiere pero termina por dar la razón a su amiga, solo con la condición de que ella esté cuando su amada Paty despierte y le avise de inmediato.
La rubia regresa a la habitación de su amiga y come una cena ligera al lado de la abuela Martha. Paty no tarda en despertar.
- Paty – exclama la abuela Martha feliz de ver despertar a su nieta
- Abuela – susurra tomándose la cabeza con la mano
- Tranquila Paty – le dice Candy – no trates de levantarte, has tenido un accidente
Entre las dos le explican lo sucedido y Paty les asegura que se encuentra bien, solo con un pequeño dolor general en todo el cuerpo debido a la caída. Pero en su mente no deja de preguntarse si lo que vio, fue real y duda en preguntar a las mujeres que están con ella. Aprovecha que su abuela y amiga la dejan descansar y cierra los ojos para pensar en lo que ha pasado, por un momento piensa que todo ha sido un sueño, pero la caída ha sido real, así que no tarda en pensar que lo que vio, también es real. Pero… «es real lo que vi o solo estoy imaginando lo que mi corazón desea. Mil veces he pensado que Stear está a mi lado, que me anima a seguir adelante… muchas veces me he asegurado que escucho su voz…»
Paty vuelve a abrir los ojos y nota a su amiga y su abuela distraídas y silenciosas. «Hay algo raro en ellas» piensa la joven, y decide preguntar «Total, si me consideran loca, puedo decir que es debido a la caída».
- ¿Quieren saber porque me caí del caballo? – pregunta Paty incorporándose un poco para sentarse en la cama y tomar sus anteojos de la mesilla de noche para mirar a las mujeres frente a ella.
La mirada que se dan entre ellas le convence de que algo le están ocultando.
- Distracción, querida, pura distracción – responde la abuela
- No, abuela. Caí porque vi a Stear entre la gente.
Las mujeres se miran y miran a la enferma sin saber que decir. Paty confirma que no está loca y les exige que le digan que sucede. La abuela Martha se acerca a ella, la rodea abrazándola con fuerza, buscando darle fortaleza. Candy trata de explicarle de la mejor manera.
- Sé que no me equivoco. ¡Lo vi! Estoy segura.
- Es cierto pequeña – le dice la anciana con dulzura
- ¡Stear! – exclama Paty y sus ojos se llenan de lágrimas – Stear está vivo.
