Hola a todos. Aquí traigo el capítulo, se que he tardado un poco pero al menos espero que haya valido la pena. Disfrútenlo.

Antes de iniciar quiero hacerles una aclaración, todo lo que está entre comillas y es cursiva son recuerdos o mejor dicho Flash Backs. Espero no se confundan. Bien, aquí está.


Capítulo 9.

"Tifa se encontraba apartada de la gente, del ruido de los cielos. El paraíso era realmente encantador sin embargo a veces la joven ángel también necesitaba tiempo para sí misma. Desde pequeña el mundo mortal le había despertado una gran curiosidad. Muchas veces se escabullía a ese sitio, desde aquel apartado rincón era capaz de escuchar los poemas de amor que los mortales escribían. Podía escuchar la música que ellos componían, no era perfecta, no podía compararse a la música celestial sin embargo cada vez que la pelinegra se dejaba envolver por las notas imperfectas sentía cómo su corazón latía con más fuerza.

Con cada palabra recitada por los bardos a su mente llegaban proezas que tal vez nunca se llevaron a cabo, ella no podía saberlo, era muy joven para desmentir las historias sobre guerreros incansables que día a día intentaban alcanzar el cielo. La imaginación le dejaba conocer todos aquellos paisajes terrenales que era imposible ver desde las alturas. Gracias a las palabras humanas conoció los bosques, las playas y las praderas donde cientos de flores adornaban el paisaje. Se preguntaba cómo podía existir eso en el mundo mortal pero no en las alturas dónde el único paisaje era la inmensa capa de nubes que les servía como piso.

Ella quería mojarse los pies en el agua salada del mar o bañarse en la corriente cristalina de un río. Deseaba escuchar el cantar de los pájaros al amanecer y el aullido de los lobos mientras le cantaban a la luna. Quería aprender a vivir y a disfrutar de la vida. Aparentemente todos los ángeles eran felices, riendo y cantando sin preocupaciones. En las alturas jamás faltaba el pan o el vino pero faltaba la esencia de la vida. Para un humano ascender a los cielos sería el más grande privilegio. Un reconocimiento que solamente era otorgado a aquellos que habían sido honestos, trabajadores y de un corazón completamente puro.

Aquella era una buena recompensa para los hombres y mujeres que durante toda una vida habían caminado con pies descalzos por el terreno pedregoso, para aquellos que habían trabajado tan arduamente que sus manos habían quedado marcadas con cicatrices y ampollas. Los humanos eran quizá más fuertes que los mismos Dioses ya que sin fuerza extraordinaria o un par de alas eran capaces de construir no sólo una casa sino un hogar. Los no tan simples mortales eran capaces de sobrevivir al frío, al hambre y a la pobreza.

Era cierto que en los cielos llovía pero nunca de forma tan intensa como lo hacía en la Tierra. Los cielos no se habían inundado ni los terremotos habían destruido las casas o separado las nubes. El frío jamás había matado a nadie y las enfermedades no eran nada comparadas a las sufridas por los humanos.

Y aún así los habitantes del mundo mortal eran capaces de sonreír y de amar incondicionalmente. Eran capaces de cantar disfrutando cada palabra, cada sonido producido por los instrumentos hechos a mano. Los bardos eran capaces de contar historias que no presenciaron sin embargo volvían cada palabra una realidad. Quizá solamente supieran una pero la hacían tan suya que todos creían en las palabras.

Los poetas y poetisas creaban más que sólo arte. Creaban emociones, en un poema podían transmitir amor, alegría pero también tristeza y desolación. Incluso sus poemas se alzaban sonoros como cánticos a los Dioses y Tifa deseaba desde lo más profundo de su alma que un día algún humano elevara sus palabras dedicándole un poema, una canción, o una historia sólo a ella. Quería sentir por un instante la emoción de ser amada. Quería sentir por un segundo la felicidad que un poema podía darle a su corazón.

El cielo debería ser perfecto pero Tifa sentía que todo estaba vacío. Las canciones aunque perfectas no transmitían emoción. Eran hermosas, de eso no cabía duda, eran tan maravillosas que a veces carecían de sentido. Se escuchaban lejanas cuando no había un sentimiento impulsándolas. Los poemas eran adornados con tantas palabras que las emociones se perdían entre las metáforas y las rimas.

La pelinegra suspiró cansada de ser un ángel. Con paso lento regresó a su casa. Iba tan sumida en sus pensamientos que no se dio cuenta del momento en el que la lluvia comenzó a caer. No le importó demasiado mojarse puesto que la sensación del agua cayendo sobre su cuerpo le hacía sentirse más ligera. A lo lejos pudo escuchar un canto. Bufó con hastío dispuesta a seguir su camino sin embargo algo en esa voz le impidió seguir caminando. Aquella melodía no era uno más de los cantos celestiales. Esa voz era dulce, armoniosa y cálida. Por primera vez en los cielos, la piel de Tifa se erizó ante la emoción que sentía.

Sin pensarlo por más de un segundo empezó a correr. Sus acelerados pasos le hacían seguir ese maravilloso sonido intentando asegurarse de que esa sensación no era simplemente un sueño. No se percató del momento en el que su padre la observó por la ventana. Ella simplemente quería llegar junto a ese ángel que de un momento a otro había despertado miles de emociones en su interior con aquella melodía.

-¡Tifa! – Incluso ante la llamada de su padre ella no se detuvo. No podría explicarle a su padre algo que nadie más podría entender. - ¿A dónde vas? – Por un instante volteó para observar al hombre que le había dado la vida. La expresión en el rostro de Vincent era de completa preocupación. Quiso responder algo, cualquier cosa sin embargo las palabras se negaron a salir de su boca. Estaba siguiendo un sentimiento.

Al volver la vista al frente observó cuán cerca estaba de una hermosa chica de cabellos castaños. Intentó frenarse sin embargo la distancia que les separaba era mínima por lo cual el contacto se produjo sin más contratiempos. Ambas cayeron al piso. Sus labios se unieron en un beso involuntario. Tifa quiso alejarse sin embargo su cuerpo parecía no querer responder. De manera inexplicable se sentía bien, se sentía como si fuese lo correcto. Entonces de forma casi inconsciente la ojirubí movió ligeramente sus labios prolongando el contacto. Esperaba una acción de rechazo pero la joven debajo de ella correspondió a su atrevimiento.

Aquel accidente le había devuelto la vida a Tifa. En ese beso había sentido un escalofrío recorriéndole la espalda y éste no se debía al frío que comenzaba a sentir. En su corazón se había encendido una llama que le inundaba lentamente cada espacio del espíritu y el alma. No quería dejar de sentirse tan bien.

Al separarse ambas mantuvieron los ojos cerrados temiendo la reacción de la otra. Los ojos verdes se abrieron primero llenándose de lágrimas al instante. No sabía por qué aquel fino rostro le resultaba tan conocido. La castaña no entendía por qué su corazón se había llenado de dolor al recorrer los rasgos de Tifa.

La pelinegra abrió los ojos al sentir la intensa mirada recorrer su tez y al ver las lágrimas en la ojiverde no pudo evitar que las suyas corrieran libres por el rostro propio. Una sensación extraña, confusa y aún así maravillosa. Se quedaron sin palabras por largos minutos en los cuales se limitaron a observarse. Realmente no se conocían pero sentían como si desde su nacimiento estuviesen buscando a la otra. Se unieron en un abrazo desesperado intentando encontrar en ese acto un poco de la verdad escondida tras las sensaciones.

-Así que por esto llevabas tanta prisa. – La voz de Vincent las llevó de nuevo a la realidad. Se observaron por un segundo más antes de llevar su atención al hombre que les miraba con una sonrisa de complicidad. Sin poder evitarlo las dos bellas jóvenes se sonrojaron. Aquello se había enredado de un momento a otro.

-No…yo, yo sólo…- Tifa no podía aclarar sus pensamientos y su confusión solamente alimentaba la imaginación de su padre. Al fin se rindió bajando la mirada en un signo claro de vergüenza.

-Es mejor que te levantes. Hay sitios menos públicos para hacer lo que sea que estén haciendo. – Tifa no comprendió aquellas palabras hasta que observó nuevamente a la castaña y a sí misma. Ella seguía sobre el esbelto cuerpo de la ojiverde. Sus ropas estaban húmedas y comenzaban a hacerse ligeramente transparentes pues la lluvia seguía cayendo sobre ellas. La sangre se agolpó nuevamente en sus mejillas.

-Lo lamento. – La ojirubí se incorporó ayudando a la otra a hacer lo mismo. La castaña observó a su alrededor buscando algo. A unos cuantos metros de ellas se encontraba un pequeño cesto. Aeris los recogió con un suspiro aliviado aunque dentro de la canasta no había ningún otro objeto. Tifa recorrió el lugar con la mirada intentando divisar algo que pudiese pertenecer a la otra joven. Por todos lados había esparcidas flores de colores. Ella no recordaba haber visto eso en un principio aunque realmente no recordaba demasiado de su alrededor aparte de la lluvia. Comprendió que las flores si pertenecían a la castaña y bajo la mirada arrepentida. Si tan sólo hubiese tenido un poco más de cuidado no se hubiesen esparcido por todo el lugar aunque pensándolo bien si no hubiese sido por un momento de distracción aquel beso tampoco se hubiese producido. De forma inconsciente se llevó los dedos a los labios acariciándolos por un breve instante.

-No te preocupes por eso. Mañana podré ir a recoger más. – Se miraron por un instante y se sonrieron la una a la otra. Había algo verdaderamente extraño en esa conexión pero era un misterio que las llamaba.

-Pero he arruinado el trabajo que has hecho durante horas. – La ojiverde se rió suavemente.

-La verdad es que no me ha llevado más que un par de minutos pero si te sientes tan mal por eso tal vez podrías ayudarme a recoger algunas mañana. – Tifa asintió con entusiasmo pues ahora que se había topado de frente con esos ojos verdes no quería alejarse de aquella persona. – Por cierto soy Aeris Gainsborough.

Al escuchar ese nombre la morena tembló pues en su mente, en sus recuerdos ese nombre le resultaba ligeramente conocido. Dejando de lado su aturdimiento la ojirubí también se presentó.

-Tifa, Tifa Lockhart. – Tal vez ellas aún no se conocían pero llevaban amándose toda una vida."

Los ojos rubíes se abrieron encontrándose con el techo de su habitación en el castillo de las sombras. Seguía cansada pero era una fatiga mental y no física. Se levantó con pesadez sin poder borrar de su memoria la imagen de esa mirada verde. Extrañaba verle incluso aunque ella le hubiese arrancado las alas. Se estiró dejando que todos sus músculos se estiraran. Caminó fuera de su habitación encaminándose hacia el gran salón dónde se encontraba el trono de Hades. En medio se encontraba el Dios del infierno quién le sonrió sin embargo ella sólo pudo contestar con una sonrisa triste. Se recargó en una pared deslizándose hasta sentarse en el suelo. ¿Por qué de un momento a otro seguir se volvió complicado?

La imagen de Cloud apareció en su mente. La mirada de terror que el hombre le había mostrado le había causado un gran placer en ese instante pero ahora que miraba hacia atrás todo perdía sentido. Quizá anteriormente había matado a su propio padre pero era consciente de que el verdadero Vincent, el Zeus real e incluso Rufus ShinRa, todos ellos estaban aún en el cielo disfrutando la vida como ángeles. Matar a Bahamut no supuso ningún problema ya que fue por defensa propia pero matar a Ares ahora le parecía diferente. Cloud Strife había sido el primer ser humano en perder la vida en sus manos. Aunque pareciese irónico tenía remordimientos acerca de matar a un hombre. Ella no era mala, no quería convertirse en una asesina sin piedad. Tifa simplemente quería regresar al lado de Aeris, no le importaba Zeus ni heredar los cielos simplemente quería volver a ver la sonrisa en los labios de la castaña y escuchar su voz una vez más.

-¿Te encuentras bien? – La voz de Zack la sacó del remolino de remordimientos en el que se había hundido.

-No lo sé. – Su respuesta fue un simple susurro que poco a poco se perdió en la distancia. El ojiazul se sentó a su lado observándole con preocupación. Intentó hallar signos de heridas físicas sin embargo no encontró rastros de sangre o cualquier otro indicio de daño sobre la blanca piel. Acarició el rostro de la joven obligándole a verle a los ojos. Necesitaba saber qué pasaba por la mente de Tifa pues tal vez ya no pudiese seguir. El camino no sería más fácil y si ella no confiaba en sí misma el sexto infierno acabaría rápidamente con su camino. El averno del olvido la consumiría como el fuego consume al papel, en una llama efímera.

-¿Qué sucede? – Los ojos de la pelinegra estaban llenos de un inmenso dolor, de una gran tristeza que Zack no había visto jamás en la mirada de nadie. Era un dolor ajeno que rápidamente se volvía propio.

-¿Por qué me siento así después de matarle? – Luego de la pregunta el peliazul comprendió todo. Culpa. Esa era la emoción que se había instalado en el joven corazón. Él suspiro mientras buscaba una respuesta que pudiese darle consuelo a la hija de Zeus. A pesar de saber su destino no estaba completamente lista para enfrentarlo. Quizá le había enseñado cómo luchar físicamente sin embargo no la había preparado para aceptar las consecuencias de sus actos. En las alturas Tifa Lockhart había sido la mejor de los ángeles y eso no se debía a su herencia sino a su buen corazón. En cada oportunidad que tenía para ayudar a los demás lo hacía sin dudarlo un segundo. Siempre pensando en los demás antes que en ella misma.

-Era necesario. Si lo dejabas vivir él te hubiese asesinado y entonces todo el camino que hubieses recorrido, todo el sufrimiento por el que hubieses pasado no hubiese valido la pena. – Aquellas palabras no hicieron sentir mejor a la reina de los Dioses quien simplemente negó con la cabeza con desesperación.

-¿Por qué tiene que ser así? – El Dios del infierno comenzaba a sentirse incómodo pues Tifa aún no sabía lo que le esperaba. No en el sexto infierno, no en el séptimo sino más allá cuando llegara la hora de enfrentarse al mundo y a los grandes Olímpicos. Era hora de enseñarle a ser cruel, despiadada y a no sentir remordimientos ni siquiera al matar al ser más puro de los cielos y del mundo mortal.

Ella no lo pidió así, ella jamás quiso convertirse en una bestia pero ya no era simplemente su felicidad lo que dependía de sus decisiones sino también lo hacía el equilibrio entre luz y oscuridad.

-Tifa debes saber que pase lo que pase nada de esto es tu culpa. A veces debemos seguir un camino que no queremos seguir pero es necesario para salir adelante y cumplir nuestros objetivos. Nadie dijo que sería fácil y a veces sufrimos más de lo que deberíamos. Estás aquí de forma injusta pero es la única forma para que regreses al cielo y estés siempre al lado de Aeris sin que nadie pueda arrebatarte ese lugar. – Los ojos rubíes se llenaron de lágrimas. Ella no quería matar, quería ser libre y disfrutar de la felicidad que la castaña le brindaba con tan sólo una mirada. Quería ser libre para viajar al mundo mortal y conocer el mar. La morena se arrojó a los brazos del hombre intentando encontrar en ese abrazo un poco del consuelo que necesitaba.

-La extraño. – Aquella fue una frase entrecortada por los sollozos. Cuando el hombre sintió las lágrimas de la joven no pudo evitar ser invadido por una profunda tristeza. Él no era la persona capaz de darle fuerza a la ojirubí. Aeris Gainsborough tendría que abrazar a la joven hija de Zeus para regresarle la fuerza.

-Hagamos un trato. – Tifa no se movió simplemente se limitó a escuchar. – Tienes que ser fuerte, tienes que ir al sexto infierno con toda la confianza puesta en ti misma. Tienes que superar este obstáculo y cuando lo hagas te ayudaré a verla. No sé cómo pero te prometo que si sales avante del próximo infierno verás nuevamente a Aeris. – Los rojos orbes se llenaron de esperanza y la seguridad regresó a ellos. - ¿Qué dices entonces? ¿Aceptas mi trato? – Ella asintió concentrándose nuevamente en el futuro.

-¿Cuál es el siguiente infierno? – El dolor se había esfumado de la cálida voz. Las dudas parecían haber desaparecido aunque aún vivían ocultas en lo más profunda del alma de Tifa. Zack se incorporó ayudando a la morena a hacer lo mismo. Ambos sacudieron el poco polvo de sus ropas y se miraron el uno al otro.

-No puedo llevarte a él aún. El sexto es el del olvido. Quizá el más complicado de todos. Muchos de los pisos anteriores intentaron destruir tu alma y tu cuerpo pero gracias a tu convicción has podido llegar hasta este punto sin embargo el infierno del olvido no atacará tu cuerpo, no atacará tu alma sino que intentará despojarte del único motivo que tienes para seguir luchando. – Un escalofrío recorrió el cuerpo de la pelinegra. – Tienes que saber antes de entrar que nada de lo que veas o escuches es verdad. Ten fe en tus recuerdos, no olvides lo que te ha traído hasta aquí. Solamente tú sabes la verdad de aquellos que te aman y a quienes amas. – Él rey del inframundo sonrió ligeramente. Tifa no estaba completamente lista para continuar pero no podía perderse más tiempo. – Quisiera que hicieras algo más antes de llevarte escaleras abajo.

-¿Qué es? – El peliazul se acercó nuevamente a ella y se colocó a sus espaldas.

-Cierra los ojos. – Así lo hiso. – Observa en tu pasado, busca en tus recuerdos y encuentra el momento más feliz de tu vida. Siéntelo una vez más. Hazlo real. Si llueve siente las gotas mojando tu piel, si hay Sol siente su calor abrazando todo tu cuerpo y si hay viento déjalo mover tu cabello.

"Tifa escuchó una suave risa que le hiso abrir los ojos. Estaba en medio de un campo de flores y Aeris estaba extremadamente cerca de ella por lo cual se sonrojó sin poder evitarlo. Los ojos verdes la observaban con gran intensidad haciéndola sentir nerviosa aunque no hubiese hecho nada malo. La castaña le sonrió.

-¿Te habías quedado dormida?- El tono escarlata de sus mejillas no hiso nada más que incrementarse ante la acusación incluso si aquella pregunta fuese completamente contraria a la realidad.

-No, yo sólo estaba…pensando. – La presencia de la joven florista le hacía sentir intimidada. La ojiverde rió nuevamente y la envolvió en un fuerte abrazo que la morena no rechazó. Se sentía bien en la compañía de la otra por lo que jamás haría algo como ceder ante el cansancio. Ella tenía un millón de razones para disfrutar cada segundo al lado de aquella joven de dulce voz y no desperdiciaría ni un instante de tiempo.

-¿Y en qué pensabas? – Tifa observó nuevamente a su alrededor y suspiró mientras contemplaba el amanecer. Aeris espero paciente una respuesta, sabía que la tendría pero quizá no era fácil contestar.

-Me gustaría que hubiese más sitios como éste en los cielos. Me gustaría que hubiese playas y bosques con grandes ríos cruzándolos. Quisiera que el paraíso fuera similar al mundo mortal. – La mayor suspiró pues ella también deseaba lo mismo. En las alturas todo era realmente monótono, rutinario, aburrido. De vez en cuando existía algo que realmente valía la pena ver. Mientras la castaña se encontraba sumida en sus pensamientos, Tifa cortó una pequeña flor rosada y la colocó en el ondulado cabello castaño. – Ahí luce mejor.

-Gracias. – Ahora el sonrojó se adueñó de la ojiverde quién lentamente se incorporó ayudando a su acompañante. La pelinegra había cumplido su promesa de ayudarle a recolectar las flores que por tan inesperado choque habían quedado esparcidas por las nubes y era momento de recompensarle por su ayuda. – Ven, hay algo que quiero mostrarte. – Ambas mujeres se alejaron del campo de flores y sus pasos las llevaron a un extremo de las nubes. Un rincón desde dónde podía apreciarse un sonido desconocido para la ojirubí quién no tuvo oportunidad de preguntar. – Cierra los ojos. – La hija de Vincent así lo hiso, no tenía motivos para desconfiar de la castaña, algo en su interior le decía que confiase plenamente. - ¿Escuchas?

-Sí pero no sé lo que es. – Tifa intentó abrir los ojos pero una mano se colocó sobre ellos impidiéndoselo.

-Es el mar. Imagina una extensión de agua tan grande que llega hasta dónde tu mirada pueda alcanzar. El mar se extiende incluso más allá del horizonte. Millones de peces nadando en el agua salada. Hermosos peces de colores inimaginables. Los humanos dicen que incluso existen seres mágicos, las llaman sirenas. Son hermosas mujeres pero no tienen piernas, en su lugar tienes una cola parecida a la de un pez. Y el sonido que escuchas es de las olas cuando llegan a la orilla. Dejan un rastro de espuma blanca sobra la arena. Ahora el mar está tranquilo y puede sentirse la paz que transmite sin embargo hay ocasiones en las que se llena de rabia y azota con fuerza todo aquello que se atraviese en su camino. Los humanos creen que es una gran cantidad de agua llena de vida por las plantas y animales que habitan en ella sin embargo yo creo que es algo más grande. Creo que el mar propio tiene vida y no sólo por los animales que habitan en él.

-¿Cómo un perro con pulgas? – La mirada de Aeris se llenó de confusión y la pelinegra decidió que era mejor explicarse. – Quiero decir, si a un perro le quitas las pulgas sigo teniendo vida. – Ante esa no tan lógica explicación la castaña no pudo evitar reírse libremente causando un nuevo sonrojo a la menor.

-No exactamente. – Sus palabras apenas fueron entendibles pues su risa aún no había cesado.

-Deja de reírte. – Tifa se sentía más avergonzada a cada instante. La castaña estaba intentando controlarse con toda su fuerza pero sus intentos estaban fallando uno tras otro. Colocó una mano sobre sus labios provocando que su risa fuese inaudible pero aún era perfectamente visible que seguía riendo. - ¡Aeris!

-Lo siento. – Ante el tono medio molesto de la morena la ojiverde por fin consiguió calmarse sin embargo al ver el rostro sonrojado de la menor volvió a estallar en carcajadas que ya no pudo reprimir.

-¡Aeris! – El enojo fue creciendo en aquella voz pero esa vez ya no funcionó. - ¡Aeris!

-No te enojes. – Algunos minutos después la ojiverde logró dejar de lado su risa ya que la pelinegra le había dado la espalda en un signo claro de molestia. Aeris se acercó despacio y la abrazó por la cintura recargando su barbilla en el hombro de la otra. - ¿Puedes perdonarme? – Tifa se volteó sin romper el abrazo.

-Está bien pero no te rías de nuevo. – La mayor asintió aceptando el trato. La ojirubí no quería ver a la otra pues seguía sintiéndose apenada por su comentario anterior. Era obvio que el mar no podía compararse con un perro, era algo mucho más grande. Algo como un elefante. La castaña se llenó de ternura al ver el rostro de la otra tan cerca. No entendía el por qué pero sentía la necesidad de proteger a la menor.

Iba a depositar un suave beso en la mejilla de Tifa sin que ésta última se diese cuenta sin embargo una décima de segundo antes de que el contacto se produjese la pelinegra giró el rostro produciendo que el destino del beso fuesen sus labios. La joven Gainsborough se alejó rápidamente sin embargo la hija de Vincent la tomó del brazo impidiendo que se alejara demasiado. Con un poco de temor la ojirubí posó sus labios sobre los de la otra pero por primera vez lo hiso de forma completamente consciente. Luego de unos segundos se separaron sin saber que decir o cómo actuar así que simplemente unieron sus labios una vez más. Era una necesidad que habían esperado satisfacer desde mucho tiempo atrás.

-¿Quién eres? – La ojiverde tenía la misma pregunta en la mente pero la pelinegra le había ganado.

-No estoy segura pero siento como si ya te conociera. – Luego de esas palabras la ojirubí lloró. No tenía miedo, no se sentía triste. En los brazos de Aeris se sentía completamente en casa, era como regresar a su hogar. Era un pequeño espacio en el tiempo y en las nubes donde se sentí realmente feliz."

Tifa respiró profundamente dejando que el aire saliese lentamente de sus pulmones. Abrió los ojos sin sentir más la tristeza y el peso del remordimiento había abandonado sus hombros. Su rostro tampoco reflejaba una inmensa felicidad simplemente mostraba la paz interna que aquel recuerdo le había transmitido.

-¿Consideras estar preparada? – La hija de Zeus se limitó a asentir con la cabeza. – Entonces vamos.

Los dos bajaron las escaleras ya que por primera vez Génesis no les acompañaría. Ambos se mantuvieron en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Descendieron nuevamente por el ya conocido camino escaleras abajo. Aquel pasillo oscuro y en un principio tenebroso ya no lo parecía tanto.

La entrada al sexto infierno no era más especial que una simple puerta de madera. No tenía nada de especial, era una enorme tabla clavada a la pared sin ningún grabado o algo que le aportara color. Tifa cerró los ojos llevando a su mente la mirada de Aeris. En un breve instante recordó su voz, su mirada y su sonrisa. Luego se introdujo en el averno del olvido sin observar atrás. No había cabida para las dudas, era hora de actuar.

Apenas la puerta se cerró tras ella la oscuridad se hiso presente. Ahí no había ruido sino más bien un silencio perturbador. Tampoco había niebla ni un camino que seguir. Era literalmente la nada pues ni siquiera se podía observar una superficie por la que pudiese caminar. Una mano la tomó del hombro con rudeza empujándola hacia abajo pero no en un intento de tirarle pero si de hacer que se sentara.

Tifa se sorprendió de que una silla ya se encontrara tras de ella. En contra de su voluntad tomó asiento y no tuvo tiempo de formular si quiera una pregunta cuando un par de grilletes la aprisionaron contra la silla metálica. Se estaba cansando de tener siempre cadenas. Por un instante quiso romperlos pero un instante después comprendió que eso era parte de su prueba. Necesitaba calmarse y esperar los hechos venideros.

-¿Cuál es tu nombre? – Una voz gentil se escuchó frente a ella. No podía observar a nadie sin embargo luego de unos segundos un anciano de larga barba blanca se presentó con una pequeña reverencia.

-Tifa Lockhart. – El hombre le regaló una sonrisa que le hiso sentirse un poco mejor pero no se dejó llevar por la apariencia del anciano ya que después de todo en los infiernos hasta lo más inocente podía acabar con su vida. - ¿Quién es usted? – El hombre la observó por un segundo mientras se rascaba la barba.

-Tengo muchos nombres. Algunos me llaman destino, otros creen que soy simplemente el pasado, muchos otros me ven como la esperanza de un futuro brillante. Todos han deseado que me detenga en algún momento pero por más grandes que sean sus anhelos no detengo mi marcha pues yo soy el tiempo.

La ojirubí se mantuvo en silencio pues no tenía nada qué preguntar. Tiempo atrás habría dudado de que ese anciano fuese el tiempo en persona sin embargo dadas las cosas extrañas sucedidas en los infiernos ya nada podía sorprenderle. Había luchado contra su padre y matado a un dragón con una naranja e igualmente había conocido al Dios de la Guerra derrotándolo con valentía. Conocer al tiempo ya no era tan irracional.

-Lamento lo precario de la situación pero debo asegurarme de que escuches cosas que probablemente no serán de tu agrado. – La morena bufó ligeramente fastidiada pero no se molestó en responder. – Siempre se ha dicho que el tiempo cura las heridas, que con el tiempo todo volverá a la normalidad y es verdad aunque muchas veces ese suceso nos excluya. – Tifa arqueó una ceja. – Muchas veces creemos que la normalidad gira en torno a nosotros por ejemplo, la normalidad para ti significa regresar al cielo, amar a Aeris y que tu amor sea correspondido para luego tomar el lugar que te corresponde como la reina del paraíso pero ¿te has puesto a pensar en el tiempo que llevas aquí? Algo que no sabías es que por cada mes que has pasado en este lugar en los cielos ha transcurrido un año. Así que ¿crees que tu padre aún te recuerda?

-Por supuesto. No importa cuánto tiempo pase siempre me verá como su hija. Sé que él jamás me olvidaría.

-¿Por qué estás tan segura? – El hombre le regalo una sonrisa que ya no parecía tan benévola.

Frente a ella apareció un espejo que no le devolvía su reflejo sino que la llevaba a los cielos. De hecho la imagen en aquel objeto era la sala de su casa. Podía ver la chimenea y a su padre conversando con un hombre desconocido para ella. Vincent Valentine se reía libremente, la risa de su padre era una de las cosas que Tifa jamás había conocido durante sus veintiún años en los cielos. ¿Realmente podría haberse olvidado de su hija? La morena negó con la cabeza intentando desechar esa idea. Vincent la amaba.

-Quieres regresar a los cielos pero tal vez ellos tuvieron razón en expulsarte. Tal vez tu alma no es tan pura como crees. Después de todo has matado a un Dios, tal vez su sangre no bañó tus manos pero sí mancho tu alma. ¿Cómo puedes ser la máxima expresión de amor y respeto al prójimo cuando ya has matado?

-Yo… no quería. – La imagen del rubio la atacó nuevamente. Las lágrimas llegaron a sus ojos e intentó controlarlas. Se había visto obligada a hacerlo. Estuvo en una situación de matar o morir y ella optó por salvar su vida. Tal vez ese momento jamás la abandonaría sin embargo tendría que aprender a vivir con eso.

-Y aún así lo hiciste. – El anciano la observó con dureza haciendo que la bella joven desviara la mirada. – Dime ¿por qué alguien cómo tú merece ser recordada? – Tifa no contestó, no tenía una respuesta. - ¿Por qué mereces ser feliz y no ser condenada al olvido? – La morena tembló al sentir la frialdad de aquellas palabras.

-No lo sé. – El tiempo sonrió casi con crueldad antes de hablar nuevamente.

-Tú eres la hija de Zeus pero tu padre te dejó caer. Tal vez con un motivo mayor al que todos creen sin embargo luego de dos años ¿él creerá que sigues con vida? Ha sido un largo tiempo sin saber de ti. Probablemente ya se haya olvidado de ti al igual que los demás. – El corazón de la nueva Deidad se encogió con dolor. ¿Aeris sería capaz de olvidarle también? – Todos y cada uno de los seres que viven en los cielos se han olvidado de ti. Los hombres a los que ayudaste cada día olvidaron incluso tu nombre. Sé lo que piensas. Crees que el amor de Aeris es tan grande como para seguir viviendo a través del tiempo y la distancia sin embargo es mi deber mostrarte la realidad. – En el espejo apareció una nueva imagen.

Aeris estaba sentada cerca de una ventana. El paisaje cotidiano se extendía tras los cristales abiertos. Los labios de la ojiverde estaban curvados en una sonrisa mientras la misma Deidad del Olimpo que un día le dio vida a Tifa peinaba los castaños cabellos. La expresión de Hera mostraba suma tranquilidad; al parecer ni siquiera su madre lamentaba su muerte o su desaparición. Todo indicaba que el viejo hombre tenía razón.

-Esto no puede ser verdad. – La voz de Tifa se perdió en la oscuridad de aquel lugar.

-Lamentablemente lo es. – A la ojirubí le costó un segundo entender la escena que se desarrollaba frente a ella. En un principio no consiguió entender el motivo por el cual ellas dos se encontraban en el mismo lugar. Fue hasta que las alas de la castaña se extendieron que todo tomó su lugar. Aeris Gainsborough se había convertido en la nueva heredera del cielo o al menos eso era lo que todos creían.

-¿Qué estás haciendo? – Esa voz no pertenecía al tiempo, era más grave, más profunda y mucho más joven. En un instante la pelinegra comprendió que Zack estaba ahí aunque no terminaba de entender la razón.

-Le muestro la verdad. – La aparición del Dios del inframundo sorprendió a la hija de Zeus sin embargo no apartó la mirada del espejo. Había algo extraño en los ojos de Aeris, un brillo que ella había visto anteriormente pero que no lograba recordar a la perfección. No lograba identificar la emoción en ellos.

-Lo único que le estás mostrando son verdades a medias. Eso es igual a mentirle. – Aquellas palabras capturaron la atención de la morena quien seguía viendo el espejo y la imagen en él.

-¿Verdades a medias? ¿Qué parte es verdad? – Su voz se elevó con poca fuerza. Zack desvió la mirada arrepintiéndose de sus palabras y por ende no pudo contestar. Ante esa acción la ojirubí entendió que todo lo que había visto en el espejo era el reflejo de la realidad en los cielos. Apartó la mirada de aquel objeto casi dejándose llevar por el dolor pero entonces recordó aquel momento que marcó su vida. El instante cuando sus alas fueron arrancadas. La mirada de Aeris le pidió a gritos silenciosos el perdón. Comprendió en ese mismo instante que el dolor seguía presente en los ojos esmeraldas. Oculto bajo una sonrisa falsa y un brillo de fingida emoción aún existía el arrepentimiento. La nueva Diosa seguía pensando en ella.

-La verdad, querida Tifa es que ellos ya te han olvidado por completo. ¿Qué caso tiene regresar a un lugar dónde ya nadie piensa en ti? – Cuando el anciano se giró para observarla se sorprendió de ver una sonrisa en los rosados labios. La mirada rubí adoptó nuevamente la seguridad característica en la pelinegra.

-Ella aún me recuerda. Ella ha sido el único motivo para mantenerme con vida durante todo este tiempo. Lo que siento es la razón más grande para seguir y realmente no voy a dejarme vencer por el tiempo. Quizá no lograré recuperar mi vida pero al menos puedo intentarlo. – La mirada del anciano se endureció.

-No vas a conseguirlo. – Por primera vez desde que Tifa había pisado el infierno pudo observar como Zack perdió los estribos quien de un movimiento acabó con el anciano. Los grilletes desaparecieron junto con el tiempo. La pelinegra se levantó observando al Dios del inframundo. Zack dio un paso al costado dejando al sexto caballo llegar hasta su nueva dueña sin embargo ella observó fríamente al ojiazul.

-¿Zack? – El peliazul agachó la cabeza sabiendo lo que seguía.

-¿Sí? – Sabía que no debía haber intervenido sin embargo la nube de recuerdos le llegó de golpe haciéndolo actuar por impulso. Era tiempo de que la hija de Zeus supiera parte de su historia.

-Quiero una explicación de todo esto, ahora. – El peliazul asintió.

-Sé que no debería haberte ayudado. Ese no es mi deber. El motivo de mis actos impulsivos es debido a mi pasado, a mi historia y a mi poca fuerza de voluntad. Cuando yo pise este infierno no pude salir victorioso. Desde el principio fui el heredero del infierno, la reencarnación de Hades por eso el infierno no me condenó a la muerte. El sexto infierno no me llevó a ser olvidado, me condené a mi mismo cuando me rendí. – El ojiazul sonrió tristemente. – No soporté verte en donde estuve alguna vez. Olvido quién eres y cuán fuerte eres. Antes de entrar a éste infierno mencioné que nada de lo que escuchases o vieses sería verdad, al menos no completamente… - La mirada rubí se suavizó al comprender los motivos del hombre.

-Explícame esa última parte. – Zack asintió mientras se acercaba al espejo.

-Primero debes saber que un mes en el inframundo no es un año en las alturas. El tiempo transcurre con la misma velocidad en ambos lugares. Lo segundo es que el anciano de antes no es tiempo ya que como él dijo: el tiempo no se detiene. Estar en este lugar significa detener su marcha. Sobre esto… - En el cristal apareció nuevamente la imagen de Vincent riéndose libremente. – Jamás conociste su risa y el sonido que escuchas no es su risa real. Es tan fingida como la felicidad que inunda la escena. Él te extraña como tú a él.

-Entiendo que Aeris es la nueva Deidad pero ¿Qué hacía Hera con ella?

-Ambas pensaban en ti. – El espejo proyectó nuevamente a Hera y a la castaña. – Aeris tomará el lugar que las alas doradas le otorgan pero ese sitio no será el tuyo. No olvides que ella también es la reencarnación de una Deidad. Si quieres saber el resto de esa historia tendrás que preguntárselo personalmente. – Zack le sonrió dándole a entender que le ayudaría a ver nuevamente a la ojiverde.

-Gracias. – Al fin ambos salieron de aquel horrible infierno con el último de los caballos pues el siguiente infierno le daría a la pelinegra al legendario Pegaso de la Muerte.


utau-mizuki: Sé que la guerra consiste en mucho más que las armas y el miedo a ellas, no he olvidado todo lo que le rodea y no lo dejaré pasar, es algo que tengo contemplado para los siguientes capítulos. La verdad es que no aprecio nada a Cloud, lo detesto y sin embargo como me dijeron antes está presente en todos mis fics de este universo T_T Quería hacer su muerte más cruel y despiadada sin embargo Tifa no es así incluso estando en un infierno. Espero que algunas dudas sobre la relación de ellas hayan quedado resueltas. Si no pregunten y más adelante pondré más sobre ellas.

The Brightness of An Angel: Primero que nada, gracias por seguir aquí. Después tenemos que si tenías razón pero ya sabes por qué tiene que sufrir. Sobre el guardián, ya lo sabrán al final o al menos eso espero. Intentaré ser clara cuando llegue el momento. Las frases ya están agregadas a los capítulos faltantes. El regalo... - termina de ponerle el moño a cierta chica de cabellos rosas, general del ejército cuyo nombre empieza por Claire y termina por Farron - Ya te había presentado a mi esposa anteriormente pero es difícil dejarla con alguien más en Navidad. xD De todas maneras espero que disfrutes la compañía de Lightning, no te preocupes, es tuya por tiempo indefinido. xD Tengo otro regalo pero ese será después, te adelantó que será un fic de Navidad que probablemente sea publicado para Año Nuevo. O_o Pues nada, espero estés lista para el último infierno.


Bien damas y caballeros, haciendo cuentas creo que ya sólo me quedan tres capítulos por escribir además del epílogo así que abiertamente puedo asegurar que ya estamos en la fase final de éste fic.

Sin más que decirles, me despido. Si les ha gustado dejádmelo saber en un RR.


"Quien entra al sexto infierno queda por siempre abatido pues todo lo vivido se pierde en el olvido".