Cambiare o moriré en el intento ...

Capítulo 10 - Cartas

La tan ansiada carta de respuesta le llego a la rubia. Quien estaba literalmente saltando de alegría en el comedor. Las demás chicas la miraban algo extrañadas. Paty le jalo del brazo para que se sentara en la silla, antes de ganarse un reto.

-¡Señorita Candy!-decía la profesora, algo impaciente.-Es normal que le alegre recibir correspondencia, pero no es manera de ir saltando como si fuera un conejo en primavera.

Las muchachas se rieron por lo que dijo la maestra. La rubia solo cerró un ojo, y se toco la cabeza.

-Es que…Es que. En verdad esperaba estas cartas, hermana...-decía la rubia, jugando con sus manos.-Lo siento…No volverá a pasar…

Las demás chicas veían con algo de simpatía a la rubia. Desde que había llegado ella a su clase. Pues no pasaban momentos aburridos. Esa niña rubia, era un cumulo de energía inagotable.

-De seguro que iba a nacer como niño…-decían algunas chicas, al ver que era enérgica.

Cuando acabaron de desayunar ese día, cada quien se fue a su clase. La rubia se adelanto, corría por los pasillos. Estaba tan feliz, miro por todos lados. Como no observo a nadie. Iba saltando de alegría y tarareando una canción alegre.

-Lalalalalalaaala…-tarareaba la rubia.-Tatatarartataratara...jajaja…¡Al fin noticias de América! ¡Te extrañe, América! –decía animada la niña.

No supo como, pero se tropezó cuando iba saltando. Rodo por el suelo, soltando sus cartas. Que se alejaban con el viento fuerte.

-¡Esperen!-decía la rubia, mientras se levantaba y corrían a alcanzarlas.-No se vayan…-decía corriendo tras las cartas. Atrapo una, las demás seguían alejándose. Ella al ver que el viento aumentaba su fuerza, se lanzo contra los papeles. Quedando de barriga en el suelo.

Unos tres muchachos que estaban sentados conversando cerca de ahí la veían riéndose. Les parecía graciosa, la forma como la niña se había aventado contra esas cartas.

-No se rían…Podrían haberme echado una mano…-se quejaba la rubia, quien seguía en el suelo.

Pero eso solo les hizo más gracia a esos muchachos. Quienes le silbaban de manera divertida.

-Ya , niña…-decía el mas alto de ellos.-No seas llorona…-decía burlándose.

La rubia le saco la lengua. El viento volvió con fuerza. Llevándose una de sus cartas.

Un chico detuvo la carta con el pie. Lo recogió y leyó el remitente.

-¿Eres de América?-preguntó el chico, tras leer aquello. Era del mismo tamaño que la rubia.

-Si, soy de allá. –decía la rubia, quien ya se había acercado a esos jóvenes. -¿Ustedes son de Londres?

-Si, la mayoría somos de aquí.-decía el chico, tranquilamente.-Toma. Tu carta… ¡Que suerte! Tienes muchas cartas, niña.-decía el chico, extendiéndole el sobre a la rubia. Quien lo tomo con cuidado.

-Gracias, pero mi nombre no es niña…-decía la rubia.

-¿Entonces?-preguntaban los muchachos. Eran tres muchachos que estaban sentados en una banca.

-¡Candy! ¡Date prisa!-gritaba Paty, de lejos a la rubia.-Llegaras tarde a clase… ¡Apresúrate, Candy!

-Debo irme, chicos. ¡Gracias por recoger mi carta!-decía la rubia, mientras se alejaba y se despedía con la mano.

Los tres muchachos solo agitaron la mano.

-¡Adiós, Candy! ían ellos.- ¡Que chica! ¡Es algo alocada! Parece que nunca se aburre.

Se rieron al ver que estaban hablando al mismo tiempo.

-¡Bah! Solo es una niña….-decían, sin darle demasiada importancia.- ¿Creen que la podamos ver otro día?

-¿Te estaban molestando esos chicos, Candy?-pregunto Paty. Cuando la rubia se le acerco a ella.

-¿Qué? No, no me molestaban.-decía la rubia.

-Estabas en el suelo, Candy. Pensé que le había lanzado.-decía Paty.

-Yo me lance, o sino habría perdido todas mis cartas.-decía la rubia, alzando sus sobres.

-Parece qué estarás ocupada leyendo y contestando muchas cartas, Candy.-decía Paty, sonriendo por su amiga. Pues sabía que había esperado ansiosa. Sabía que había contado cada día, y que literalmente pedía que el tiempo pasara más rápido.

-Parece que si…-decía la rubia, mientras se acomodaba un rizo que cubría su rostro.

-¿Todas son de tus amigos, Candy?-pregunto Paty, con curiosidad.

-¿Eh? Si, son de mis amigos…Esta de aquí es de mis dos madres…-decía mostrando otro sobre la rubia.

-¿No tienes amigas en América?-pregunto la castaña. La rubia pensó en Annie, pero lo descarto. "Ella no quiere que se sepa…Así que es como si no fuera…" pensó la rubia.

-Si, digo no…No tengo amigas en América. Solo amigos…-decía la rubia.-Tú eres mi única amiga, Paty.

-No entiendo porque es así. Tú me caes bien, y todas las chicas de la clase te quieren. –decía la castaña.

-Dirás que les causo risa y por eso les parezco simpática…Pero no importa…-decía la rubia.

-¡Que suerte tienes! ¡Tienes muchas cartas!-decía la castaña.

-Si, aunque…Estoy impaciente por leerlas…-decía la rubia, mientras caminaba con la chica de anteojos.

-¿Quién es Anthony, Candy?-preguntó Paty.

-¿Anthony? ¿Por qué, Paty? ¿Qué pasa con el?-decía la rubia, algo preocupada.- ¿Sabes si esta mal?

-Lo mencionas a veces en voz baja…-decía la castaña.

-¡Ah! ¿De verdad? No lo había notado...-decía la rubia, sonrojándose un poco. Paty se rio por ello.

-Ya entiendo…Es tu mejor amigo….-decía la castaña.

-Si, algo así...-decía la rubia.

-¿Algo así?-preguntó Paty, sin entender.

-Si, es que el…

-¿Te gusta, Candy?

-¿Que? No digas esas cosas, Paty. El es mi amigo….-decía la rubia.

-Bueno, no te enfades, amiga.-decía la castaña, de manera graciosa.

-No le estoy.-decía la rubia.-Ahora démonos prisa o nos castigaran.

-Si, Candy…-decía la castaña.

-En verdad, Paty. Es solo mi amigo.-decía Candy, mirando el cielo, y recordando esos ojos color cielo que le traían calma.

-¿Pero te gustaría que fuera algo mas?-preguntó Paty.

-Si, digo no…No lo se…Ahora eso no es tan importante…-decía la rubia.-Vine con el fin de convertirme en una dama…Por el momento otra cosa no es importante…

-¿El te pidió que te convirtieras en una "dama"?-pregunto Paty.

-No, pero se que así le gustaría que fuera yo…-decía la rubia.

-¿Pero si te quiere por que quieres que tu cambies?-decía la castaña.

-¿Ah? Pues no sabría que decir a eso…-decía la rubia.

-Creo que si te quiere tanto como dice…Pues te debe querer seas o no una "dama".-decía la castaña, con seriedad. La rubia la miro asombrada.

"¿Si no lograra cambiar tu aun así me querrías, Anthony? ¿Aun así seria buena para ti? Yo…No lo se…Pero pondré todo de mi parte… ¡Ya verán! No me rendiré. No puedo y no debo…" pensó la rubia.

Luego asistieron a sus clases. A la hora del descanso. La rubia se fue y busco un árbol alto donde treparse para leer tranquila. Después de no mucha caminata, encontró un árbol, que estaba en una especie de colina.

-Se parece a la colina de Pony...Me gusta…-decía la rubia, corriendo a treparlo con agilidad. Luego cuando se pudo acomodar en una rama. Balanceaba sus piernas. Sentía correr el viento, una de sus cintas se soltó y cayó del árbol.

-¡Que mala suerte!- decía la rubia, mirando como su cinta era arrastrada por los aires.-Pero no pienso bajar. Conseguiré otra después…-decía la rubia, que ahora solo tenia una coleta.

El castaño abría estado acostado en el césped, estaba tan quieto que ni parecía que estaba ahí. Alzo la vista al escuchar unas voces cerca a ese árbol, que era a veces su lugar preferido para leer o para esconderse cuando faltaba a clases.

La cinta voló al lado del castaño. Cayendo cerca de su mano. Lo recogió rápido, y miro la cinta. Dirigió su vista al árbol, y observo a la niña pecosa, trepada en una rama. La rubia balanceaba sus piernas. No se había dado cuenta que el muchacho estaba abajo.

"¿Cómo llego ahí arriba? ¡Esta muy alto! En verdad es… como una ardilla. No, no es una ardilla…Sino mas bien es como…Como…Se parece a…" pensó el castaño, mirando a la rubia. Quien ni cuenta se daba de su presencia.

-¡Que bien! La primera es del Hogar de Pony…veamos que dice…Querida Candy…Nos alegra saber que llegaste con bien. Fuimos informadas por tus tres amigos que tú habías sido enviada a Londres, con el propósito de ir a estudiar al colegio. No estés triste, Candy .Todos los niños del hogar y la señorita Pony y yo, también te extrañamos bastante. Pero no te preocupes por nosotros, estamos bien. Supimos lo de tu injusta acusación, sabemos que tú eres una buena niña. Nunca te comportarías de esa forma. Estamos orgullosas de ti, por ser responsable. No olvides que siempre puedes volver a tu Hogar. Esta siempre será tu casa, pequeña. Cuídate mucho, y no hagas demasiadas travesuras. Aun si las hicieras, sabríamos que no lo haces de mala intención. Por favor baja con cuidado del árbol donde debes estar leyendo esto. Te queremos, la señorita Pony y la hermana María.-terminaba de leer la rubia.

-Yo también los extraños, señorita Pony, y hermana María…-decía la rubia, quien miraba el cielo, imaginando sus rostros alegres.-Pero seré fuerte… ¡Candy White no se rinde!

-En verdad te gusta tu nombre…-decía el castaño. La rubia recién se fijo en el.

-¡No me gusta que me estén espiando!-decía la rubia, algo irritada.

-En ese caso…Tú eres la que me estaba espiando. Pues llegue antes que tú aquí.-decía el castaño, tranquilamente.

-Esta bien…Me iré y te daré tu espacio.-decía la rubia, bajando del árbol rápido.

-No te estaba echando, Pecosa.-decía el castaño, al ver que parecía dispuesta a retirarse.-Se te cayo esto.-decía mostrándole su cinta en su mano.

La rubia lo tomo. Y soltó un suspiro. El castaño se había sentado en el césped.

-Gracias…-decía la rubia, quien aun pensaba irse.

-¿Es del Hogar de Pony?-pregunto el castaño a la rubia. Quien asintió y le extendió la carta.

-Si, esta es del Hogar. ¿Quieres verla?-preguntó la rubia, extendiéndole el sobre.

-No tienes que mostrármela….-decía el castaño.-Pero ya que deseas que la vea.-decía tomándola en sus manos.

-¿No tienes clase, Terry? -pregunto la rubia.

-Si, pero es mi descanso al igual que tu, Pecosa.-decía el castaño. La rubia se rio por lo que dijo.

-Pensé que odiabas que te dijera Pecosa.-decía el muchacho, algo extrañado.

-Es que así solo me llama un amigo…-decía la rubia, imaginando al aludido.

-¿Pecosa? Pues claro, cualquiera con dos ojos que funcionen bien se daría cuenta de ello, señorita Pecas.-decía el castaño, mientras leía la carta que le había mostrado la rubia.

-Estas más alegre, Terry. Es bueno verte así.-decía la rubia. El castaño solo siguió con su lectura silenciosa.

-Te extrañan…Hasta dicen que saben que harás travesuras…-decía el castaño.- ¿Así que ya sabias trepar de mas antes, Pecas?

-Si, trepo desde que era pequeña. Creo que primero aprendí a trepar que antes de caminar…-decía la rubia, de manera graciosa.

-Yo aprendí a trepar buscando un lugar de escaparme de los regaños de mi madre.-decía el castaño, pero se dio cuenta que lo había dicho en voz alta. La rubia se dio cuenta de su incomodidad, así que trato de hacer algo para aliviarlo.

-Si, me pasaba igual a mí, Terry…Como es muy alto nada ni nadie te puede alcanzar...-decía la rubia.

-¿Todas son cartas del Hogar de Pony?-pregunto al ver las demás cartas el muchacho.

-No, las demás son de mis amigos.-decía la rubia.-Se que te llevarías bien con ellos, Terry.

-¿Tu crees, Candy?-preguntó el castaño, pero estaba atento a su mención.

-Si, te llevarías bien con ellos. Son buenos chicos…Sus nombres son Alister, Archibald y Anthony…-decía la rubia.-Pero les digo Stear y Archie, a Anthony, solo le digo Anthony. –decía la rubia.

El castaño notaba que decía el nombre de Anthony con un tono más dulce, y con alegría. Esto le irrito, puso un gesto de disgusto. Pero no dijo nada. No sabia bien quien, ni como era ese chico. Pensó que no tenia caso enfadarse por alguien que no conocía en persona. Aunque era claro que la niña les tenía mucha estima.

Aunque luego sonrió de lado. "Me conocerán…Así como yo los conozco a ustedes…Por las cartas de la Pecosa...No me importa así tenga cien amigos…Me basta conque sea mi amiga….Con eso me basta…" pensó el castaño, mirando a la rubia. Quien se había echado a un lado. Después de acomodarse la otra coleta.

-Bueno leeré la siguiente…-decía la rubia.- ¿Te molesta si las leo en voz alta, Terry?-mientras se sentaba apoyada en el troco del árbol.

-No, no me molesta, Candy.-decía el castaño. Quien estaba feliz, de ser incluido en ese momento privado.

Mientras escuchaba atento la lectura de las demás cartas. Se reían de algunas partes de la carta que les parecieron graciosas.

Como la parte donde decía que Stear había reconstruido el bote en forma de cisne, pero que al probarlo solo duro poco, pues se volvió a hundir. Mojando a Archie, quien había sido el voluntario obligado, al no estar Candy.

O la parte donde decía que Elisa la extrañaba. Esta parte solo le causo gracia a la rubia, pues no lo creía. El castaño guardaba en su memoria lo que la rubia le decía, cuando le explicaba su relación con los hermanos Legan.

"Son un par de idiotas…No saben la buena amiga que se pierden por envidiosos…" pensó el castaño.

En otra parte de las cartas mencionaba que le habían enviado chocolates. Pero que los enviarían como si fuera un libro, porque sabían que estaba prohibido.

-Ahora entiendo porque me enviaron un libro.-decía la rubia.-Y yo lo deje en mi cuarto…

-Te apuesto que ni siquiera lo sabrías, Pecas. De no ser porque leíste esta carta. Si no tus pobres chocolates seguirían abandonados en esa caja en forma de libro.-decía el castaño, riéndose de la rubia. Quien miraba a otro lado, y le saco la lengua.

-Solo por eso solo te invitare uno.-decida la rubia.-Pensaba invitarte dos, pero solo te daré uno.-decía la rubia, mientras se iba al escuchar que sonó la campana.-Gracias por acompañarme a leer mis cartas, Terry. Me divertí.

El castaño la miraba alejarse, sonreía sin darse cuenta.

-Pecas…-decía al verla irse. La rubia se volteo antes de irse y le dijo:

-No te preocupes, Terry. Te invitare dos chocolates, o tres. Nos vemos.-decía la rubia, antes de desaparecer por el camino.

Continuará ...