El día que tu corazón me encuentre
por MissKaro
Diez
Lo que restó la semana después de la reunión en la casa de los Irie y la siguiente, antes de la llegada del viernes donde le darían su premio, Kotoko tuvo la oportunidad de no cruzarse mucho con Irie-san, especialmente porque Noriko-san tomó como meta principal hacerla de su muñequita el fin de semana, y llevarla de compras y a darle tratamiento en un spa, para su inminente visita al escenario.
Que dijera eso sirvió para ponerla más ansiosa de lo que ya estaba, de pensar que habría de subir y dar unas pocas palabras, se sentía enferma. No creía que podría con todas las miradas atentas a ella, con su torpeza esperando hacer su aparición en cualquier momento. Noriko-san tenía mucha fe en ella, pero no la compartía.
Habría deseado invitarla, mas solo tenía dos boletos para su padre y Saori-san, proporcionados por su editora. Satomi estaría presente con su esposo, así como Jinko con el suyo.
Y como rechazó llevar pareja de compañía, ya no podía recuperar ese lugar.
Suspiró, al día siguiente sería la entrega y los nervios recorrían todo su cuerpo, aumentando en intensidad. Estaba muriéndose por dentro…
Le habría gustado tener la confianza que Irie-san presentaba todas las veces que le correspondía hablar frente a un grupo, aprendiéndose sus largos discursos y pronunciándolos majestuosamente, ganándose entero a su público, tal como lo hizo con ella en primer grado de preparatoria, alentando un enamoramiento adolescente. Era imposible que ella lo hiciera tan bien, por supuesto, pero deseaba una ínfima parte de su seguridad, para afrontar esa dura prueba.
Solo le había tocado estar al frente de una clase, y para eso no había demostrado ser muy buena. Y con los jóvenes del F se sintió un poco en confianza, por ser algo como ella en su momento, pero ahora eran personas exitosas y adultas con las que no sentía afinidad.
—Si te convences que el público está lleno de perritos, lo harás bien, Aihara —dijo Matsumoto, antes de llevar un poco de vegetales a su boca.
Arrugó la nariz. —No me gustan los perros. Me dan miedo —admitió en un susurro. Y los Irie tenían uno de semejante tamaño, que pensar en ellos le recordaban a ese San Bernardo, el cual no fue perezoso para lanzarse a ella el domingo por la mañana —día que, gracias a los espíritus de sus ancestros, Irie-san tenía una salida al golf y no se hallaba en casa—. Solo Yuuki-kun, aun con gracia, lo presenció.
Y, afortunadamente, la auxilió. Le agradaba; era reservado y arrogante, pero dulce. Bastante listo, sí, hasta para ella que era mayor, aunque eso no suponía motivo de burla de parte del joven, sino un simple "para algo debía ser buena", lo que se podría haber tomado como consideración y no condescendencia negativa.
Matsumoto tronó sus dedos. —Entonces, algún animalito tierno e inofensivo —ofreció, con una sonrisa burlona.
Se encogió de hombros y lo tomó en cuenta. Ya alguien le había dicho payasos —Chris—, o pensarse superior —Saori-san—, la opción de hablar ante pequeños animales, que no la entenderían y le provocarían ternura, ni se burlarían, sonaba más cómoda.
—Gracias.
—Sí, sí. Sería penoso que lo hicieras mal y no quisieras salir de casa; no tendría a quién molestar en el trabajo.
Típico de ella querer disimular.
—Eh, sí. Lo lamentarías.
Matsumoto rió y continuaron en su almuerzo.
[…]
Kotoko nunca se había vestido tan elegante como esa vez; ni al graduarse. Razón por la cual se sintió extraña en el vestido azul oscuro hasta el piso, sin mangas ni tirantes, y maquillada en sombras oscuras que hacían resaltar sus ojos y darle una apariencia mayor.
Se sentía como una celebridad, y según Saori-san y Noriko-san podía sentirse como una, porque lucía "perfecta".
Eso solo sirvió para colorear más sus pómulos, ya rojos por el rubor del maquillaje.
Al menos, no se hallaba fuera de lugar con los demás asistentes, vestidos de gala para la cena que se llevaba a cabo en un importante hotel de la ciudad; el salón estaba repleto, pero ni tenía caso buscar rostros familiares, ni tenía ánimos para hacerlo, ansiosa como estaba —cómo sería si se tratara de anunciar un ganador, no quería saber—, Jinko y Satomi, con sus respectivos esposos, ya la habían saludado, y tenía a su padre y Saori-san en su mesa, junto a su agente, así que nadie más importante debía estar.
Faltaba poco por ser nombrada, según su agente, quien tenía conocimiento del programa, y ella sentía las manos sudorosas. De su corazón, hacía mucho que había dejado de contar sus latidos.
Entonces la llamaron, y se puso en pie, esperando no caminar con demasiada rigidez al escenario, como Chris y Ayako le habían enseñado no hacer, tratando de andar a paso lento, pero no mucho.
Subió e hizo una reverencia de agradecimiento al presentador, recibiendo la estatuilla de vidrio con una imagen de un niño.
Respiró y se acercó al micrófono. E hizo lo primero que no debía, escaneó el público. Y hubo una fuerza que le llevó a la primera mesa al escenario.
Irie-san.
Él estaba allí.
Sorprendentemente, eso le sirvió para tener las fuerzas y hablar las pocas palabras que tenía preparadas, animalillos olvidados. En lugar de provocarle ansias por hablar ante alguien exitoso, le inspiró calma, y pudo mirar a los demás asistentes, que no le parecieron tan amenazadores como lo habrían sido antes.
Después, volvió a su asiento y la premiación continuó, mientras ella se preguntaba cómo era que estaba en aquel lugar.
Aunque lo agradecía, porque había sido su amuleto de la buena suerte.
[…]
La velada siguió avanzando y Kotoko disfrutó observando el transcurso del evento, pasado su momento, tratando de ignorar que allí estaba su grandioso jefe, de quien sentía un poco de inquietud porque se acercara a saludarla, principalmente si se había dado cuenta de que lo miró durante unos momentos antes de dirigirse a los demás.
Él no estaba obligado a encontrarse con ella, pero sabía que era lo bastante educado como para no ignorarla, cuando ella era consciente de su presencia en el lugar.
Más la ponía inquieta su actual apariencia, solo porque deseaba unas palabras de apreciación de alguien tan distinguido. Tal vez no había superado eso de querer ser reconocida por una persona importante, por arriba de los mortales como ella.
Suspiró, mejor se daba una escapada para recibir aire.
Con eso, se excusó con sus conocidos y abandonó el salón, decidida a respirar en el patio del hotel, al que llegó siguiendo las indicaciones de un diligente empleado.
Fue a sentarse a unos columpios, observando a unos niños extranjeros correteando a lo lejos, en lo que parecía ser "tú las traes".
Rió, cuando una niña pequeña cayó, recordándose a sí misma. Dos niños idénticos que parecían más grandes, corrieron a auxiliarla y la abrazaron, haciéndola soltar carcajadas. El que más la abrazaba era uno en camisa rosa, que el de la azul.
—Un poco diferente a nuestra infancia, ¿no es así?
Dio un respingo y miró a su derecha, donde Irie-san observaba también a los niños.
—No lo sé, Irie-san, no es mi caso —contestó. —La niña me recordó a mí. Aunque habría sido extraño recibir abrazos de los niños.
Irie-san suspiró, sentándose junto a ella.
—Felicidades por tu premio, Aihara.
Ella sonrió. —Gracias.
—No fue mucha sorpresa que te lo dieran —manifestó él, sin mirarla. Sintió una calidez en su pecho, ante eso.
Decidió que, si él actuaba tan normal a partir de su último encuentro, ella tampoco lo haría. No parecía que quisiera abochornarla o reprenderla de nuevo.
—¿Por qué está aquí?
—Me invitan a muchos de estos eventos —explicó Irie-san—. Estuve a punto de declinar la invitación, hasta que supe de los premiados. —Él hizo una pausa—. Sentí curiosidad por si cometerías algún accidente durante la ceremonia. Fue una sorpresa que no.
Ella se sonrojó, bajando la mirada.
—Yuuki lo encontrará curioso, con lo que oji-san ha platicado.
¿Se había acercado para burlarse de ella?
—Pero es bueno que se distraiga mientras estudia tanto para Todai.
—Él quiere entrar a la empresa, ¿no?
Irie-san asintió.
—Desde pequeño hacía grandes dibujos y diseños que quería implementar en Pandai. Tiene talento.
A ella le entró mucho entusiasmo con lo que Yuuki-kun podría hacer en el futuro para la empresa; especialmente si era igual que su hermano, y éste admitía que tenía habilidad. Y el menor de los Irie buscaba entrar a Tokio.
Algo le decía que el también estirado, pero más amable, hermanito de Irie-san, lo lograría. Aunque, según su jefe, éste necesitaba distracción.
Y su cabeza lo derivó al romance.
Sería una pareja estupenda para su pequeña amiga; alguien tímida, mas de buen corazón, sería la indicada para distraer y suavizar más al otro Irie.
Y Konomi estudiaría artes, con enfoque en dibujo y pintura… aunque tenía una afición por la confección con bordados y tejido, y por los videojuegos que desarrollaban en Pandai. Un juguete hecho con lana sería un modo muy curioso de atraer la atención del hermano de Irie-san, que le caía bien, a pesar de todo.
Dos personas que le caían bien, que se verían muy bien juntas, podían ser emparejadas por ella. Si bien no tenía éxito en su propia vida amorosa, podría ser buena con la de alguien más, como con Chris y Kin-chan —y ellos estaban casados ya.
—…estás escuchando?
Parpadeó mirando a su jefe, con la boca abierta y los ojos explorando su cara.
—¿Qué tanto piensas? —preguntó Irie-san con una nota extraña en la voz.
—Cuando mencionó a Yuuki-kun, pensé en una joven que sería perfecta para él.
—Eso suena a que te meterás donde no te llamen, Aihara. Y problemas, de los que deberías apartarte.
—No. A Konomi-chan le encantan los videojuegos de Pandai y ha dibujado muchos de ellos, incluso los ha tejido… y lo hace muy bien. Estudia en Tonan y espera pasar a la universidad para estudiar dibujo y pintura. Yuuki-kun también estudia en Tonan, donde nosotros, ¿no?
Muy tarde se dio cuenta de lo que había dicho y quiso que la tierra se abriera y la tragara.
—Sí —respondió Irie-san, sin cambiarle la expresión del rostro.
Y ella pensó que él no debía recordar eso de nueve años atrás; para ella había sido un momento importante, a alguien como él no debió ser sobresaliente.
Él suspiró y se levantó. —No creo que cambies de idea.
Luego se fue.
Ella se encogió de hombros, y lo imitó.
NA: ¿Qué habría estado diciendo Irie? ¿Mucha coincidencia que estuviera en el patio?
Es muy gracioso pensar que Kotoko en su despiste se pierda de cosas (y que se frustren pensando en qué pasa por la cabeza de Naoki :P). Disfruto con eso, pero pasa muchas veces que no tenemos el punto de vista de alguien más ja,ja.
En fin, espero que les gustara, nos vemos el miércoles.
Karo.
