MI DECISIÓN


TERRENCE

Estuve con Tom en el Coliseum viendo cada una de los enfrentamientos. Cada uno de ellos captaba por completo mi atención, había personas de ambos géneros buscando colocarse como los favoritos en las diferentes categorías.

Eran luchas verdaderamente sangrientas, nada era ficticio, el dolor que los rostros reflejaban llenaban mis pupilas captando toda mi atención.

Los chicos más o menos de mi edad tenían mejor físico que yo, con las camisetas sin mangas sus músculos eran notables, eran marcados y definidos, cada uno trabajado con esfuerzo y dedicación; cada golpe que daban o recibían estaba cargado de adrenalina y perseguían un blanco perfecto al cual no querían errar.

-Terry, no veo por ningún lado a Candy y tampoco creo que luche aquí, si nos apresuramos tal vez podamos llegar al Paradisse y verla en su debut.

-¿Has visto a los peleadores? –Mi voz emotiva ignoró las palabras de mi mejor amigo –Yo seré mejor que cada uno de ellos y ganaré cada combate al que me enfrente. –Mis ojos fijos en el cuadrilátero guardaban las imágenes que comenzaban a filtrarse en mis neuronas para nunca salir, serían ellas las que me sostendrían en cualquier momento de flaqueza.

-Terry, es mejor que nos vayamos porque el servicio en la capilla ya debe estar por concluir. –Mi amigo tiró de mi cazadora intentando moverme en dirección de la salida, pero el sentido de mi vista reconoció una figura que ya era familiar para mí.

-Dame un segundo Tom, ya vuelvo –Caminé en dirección a mi entrenador que estaba de brazos cruzados junto a otro muchacho más o menos de su edad que se veía igual o más fornido que Alfred. –¡Hey! –Saludé chocando mi mano con cada uno de ellos.

-Terrence ¡qué gusto verte! Me alegra que te animaras a venir.

-Estoy completamente sorprendido. –Tenía mucha curiosidad por todo el ambiente que me rodeaba. Tom se apresuró para posicionarse junto a mí e insistir que nos retiráramos –Alfred ¿Cuánto tiempo me llevará forjarme físicamente como ustedes?

-Con esfuerzo y dedicación, más pronto de lo que te imaginas. –Miró a su compañero y me lo presentó –Terry, él es Bob y es entrenador de los grandes, él me ha entrenado a mí también.

Tenía muchos ánimos de quedar bien entre ellos y ser uno del grupo de los grandes -¿Te interesaría integrarte?

-Es del chico que te he mencionado –Comentó Alfred sin mirar a Bob, sus ojos estaban centrados en los míos, su mirada color miel estaba fija en mis pupilas –Tiene mucho interés y eso le hará llegar lejos.

-Acompáñame, quiero hablar contigo de esto.

-Ok, -Me dirigí a mi amigo que insistía que nos retiráramos –Sólo un segundo más Tom, no demoro y llegaremos a tiempo –Sabía que mi amigo no podía irse sin mí ya que era mi chofer quien nos esperaba en la entrada del Coliseum.

Al ingresar a las oficinas de Gimnasio "Coliseum" me sentí diferente, sabía que mi deseo era ingresar a este mundo para poder ayudar a la chica de mis sueños, a mi hermosa novia Candy Andréu. Mientras tomaba mi lugar en el asiento que Bob me señaló pensé en la desesperación en la mirada de mi amigo Thomas, por un instante consideré que estaba perdiendo la verdadera intensión de mi estancia en este lugar. Por su parte Tom me insistía en que nos retiráramos ya que no habíamos visto a Candy o a sus hermanas y por mi parte había retrasado nuestra salida de este lugar sin ningún argumento a mi favor.

Escuché atentamente la propuesta de Bob y no me pareció nada absurda su idea, así que sin chistar la acepté comprometiéndome casi de por vida con Bob y Alfred.

Al salir de la oficina de Bob apresuré mi paso para alcanzar a mi amigo que estaba hecho una furia en mi contra -¡Vamos, amigo! No es para tanto, con lo que acabo de lograr ayudaré más a Candy… alégrate, ya estoy dentro. –Realmente estaba muy motivado con el acuerdo al que había llegado con Bob, prometí también no descuidar mis estudios, ya que por ser menor de edad necesitaba la autorización de mis padres y eso no lo obtendría por nada del mundo.

La sugerencia de Alfred fue que entrenaría por las tardes tal y como habíamos acordado, un tanto en el Club y otro tanto en el Coliseum. Si no descuidaba mis estudios mi padre no tendría ninguna objeción y Bob se encargaría de conseguirme la mejor lucha en cuanto yo cumpliera los 18 años.

-Te meterás en un gran problema con tus padres Terrence, y lo que te dolerá más es que, como este es el mundo de Candy, te prohibirán cualquier relación con ella.

-No seas así Tom, mis padres no se oponen a que tenga algo que ver con Candy, al contrario, me apoyan.

-Porque no saben que te estás exponiendo por ella…

-Y espero que me sigas apoyando con el secreto

-Terry, eres mi mejor amigo y creo conveniente pedirte que tengas cuidado.

-Tom, tú también eres mi mejor amigo, eres como un hermano para mí y te agradezco tu preocupación, si te hace sentir más tranquilo no voy a pelear –Me miró con incredulidad y terminé mi frase casi entre dientes –Por ahora, lo haré hasta que cumpla los 18 años.

-Terry… debes pensar muy bien las cosas antes de decidir …

-Amigo, lo único en lo que quiero pensar es en Candy

-Pues si ella fuera tu único pensamiento, desde hace más de una hora que debimos retirarnos…

-Iremos al Paradisse –Le indiqué a Charlie que nos llevara al sur de la ciudad

-Es tarde Terry, el servicio debe estar por concluir…

-¿Qué propones?

-Directo a la capilla…

No podía objetar más porque metería en un gran lío a mi amigo y sería una noche arruinada –Ok, -Le respondí con mucho desgano e indiqué a Charlie que nos llevara a la capilla.

Charlie se aparcó a la entrada de la misma, Tom estaba en lo cierto, el servicio había concluido, mucha gente que había acudido se estrechaban deseándose lo mejor para estas fiestas decembrinas.

Al descender caminamos rápido para encontrarnos con nuestras familias y esperar la bien merecida reprimenda, yo respondería como el único responsable. Entre el trayecto del auto a nuestros padres nos encontramos con algunos amigos y nos entretuvimos con las respectivas felicitaciones.

La gente comenzó a retirarse dejando despoblado el atrio de la iglesia, saludamos a algunos más cuando vimos un pequeño alboroto. Como era de esperarse no hicimos caso de ello para no involucrarnos en nada más que nos metiera en serios problemas con nuestros padres.

Eso fue un error, porque cuando llegamos en dónde se encontraban nuestras familias, mi madre consolaba a Elizabeth Ardley quien gritaba y agitaba sus brazos –Era mi Nathalie… esa niña es mi Nathalie.

Intentando no llamar la atención de nuestros padres, aprovechamos que estaban distraídos con la situación de Elizabeth –Por favor, Elizabeth, intenta calmarte –Mi madre le sostenía la mano mientras parecía colapsar gritando con desespero.

-Tom, me alegra que hayan llegado –Lo tomó por aparte su padre y tiró también de mí.

-Nos encontrábamos saludando a algunos amigos y vimos un pequeño alboroto, pero nunca nos imaginamos que tenían algo qué ver ustedes.

-Vino a buscarte tu amiga de la infancia –Tomo frunció el ceño y me miró, yo en respuesta levanté mis cejas –Candy, vino y preguntó por ustedes dos. Tu madre se alegró tanto de verla y la presentó a Richard y Eleonor, como estaban presentes los Ardley y Elizabeth la sujetó del brazo…-No podía creer lo que estaba escuchando, mi novia vino a buscarme y yo no estaba para apoyarla cuando más lo necesitó, me sentí tan vil y miserable porque ella es muy susceptible a huir cuando se siente en peligro.

No me imaginaba a mi princesa corriendo sin control por intentar ponerse a salvo de los policías, me sentí culpable.

-Terry, hijo conocí a tu novia –Mi padre parecía muy tranquilo y optimista con lo acontecido –Es enérgica y muy bonita-Logró sacarme una sonrisa de los labios. –Iré a la delegación para saber si lograron darle alcance, ya que huyó y le prometí ayudarle en todo.

-Gracias papá. –Mi padre es único y tenemos buena relación, me siento un poco con la moral baja por la decisión que tomé sin consultarle y sin hacerlo parte –Te acompaño

Nos subimos a su auto y mamá regresó con Charlie a casa –Terry, Candy venía con buena… emmm… ropa y recuerdo que me comentaste que no era de nuestra posición económica.

-La adoptó la familia del profesor Albert Andréu.

-Entonces, es huérfana.

-Sí, ha vivido casi toda su vida en compañía de sus hermanas… -Sin dar muchas explicaciones contesté cada una de las interrogantes de mi padre.

-Me gustaría que Elizabeth tuviera razón y tu novia fuera su hija, así se acabaría el dolor de esa familia.

-también a mí me gustaría que eso fuera realidad, así mi chica ya no desconocería sus orígenes.

Sin demorar mucho en la delegación y por la gran influencia que es mi padre nos enteramos que Candy había escapado de los policías, mi padre solicitó que, en caso, de verse involucrada en algún altercado se le notificara primero a él e inmediatamente.

Pasamos una cena agradable olvidando todo lo acontecido y mi padre no preguntó mi demora, Charlie tampoco le comentó a mi madre a dónde me llevó, esta sería mi último año que usaría el servicio de Charlie o de mamá ya que mi padre me había sacado un permiso especial para conducir y mi regalo de navidad fue un lujoso auto convertible color negro mate con interiores azules.

Al siguiente día muy temprano fui a buscar a mi novia al apartamento del profesor Andréu, mi corazón palpitaba por verla de nuevo.

Al estar frente a su puerta y tocar el timbre me arrepentí por la hora, ya que era muy temprano y seguramente estarían tan desvelados como yo. –Terry, ¡Qué bueno que viniste! – Candy se arrojó a mis brazos y me apretó muy fuerte, -Te invitaría a pasar pero no sé si esté bien, ¿sabes? Mejor dame un segundo-No dije ninguna palabra ante su emoción y le esperé como todo un caballero a que saliera.

Al abrir la puerta traía una portátil y una pequeña cajita entre su pecho y la computadora, nos sentamos en las escalinatas, ella un peldaño más abajo que yo, entre mis piernas que usó en todo tiempo como su punto de apoyo.

-Quiero que seas el primero que agregaré en mi mail-Me hizo sentir especial porque seguramente pudo haber agregado a otras personas antes que a mí, Albert sería un buen ejemplo de ello pero no lo hizo. Le di mi dirección electrónica y miré su habilidad y rapidez al teclear cada dígito.

-¿Esto es tu móvil? –Tomé de entre sus muslos la caja color blanco con la imagen de un móvil.

-Sí, me lo regalaron mis padres para estar en constante comunicación con ellos.

-¿Puedo sacarlo?

-Claro, tiene muchas aplicaciones que no sé aun utilizarlas.

Saqué de su empaque el móvil y marqué mi número, después de guardar su número le envié un mensaje con palabras de amor.

-¿Qué me mandaste?

-En cuanto me vaya a casa lo lees y luego guardas mi número.

Candy y sus hermanas se quedaron a vivir en ese apartamento por solicitud de Albert, Annie y Patty ingresaron al plan semi escolarizado de apoyo de parte del gobierno para matricularse, por muchos intentos de la familia Andréu no lograron hacerlas cambiar de opinión y Albert se valía del apoyo de los sobrinos de la madre de Candy, Stear y Archie, quienes se mudaron aquí para iniciar sus estudios universitarios.

Las escalinatas fueron nuestro lugar, ahí Candy y yo platicamos muchas cosas, la mayoría de los habitantes de la unidad departamental usaban el ascensor permitiéndonos una gran libertad para nuestro noviazgo.

Besé la coronilla de mi hermosa novia mientras permanecía entre mis muslos, ella giró su cabeza apoyando su espalda en mis piernas –Es tan increíble, pasando el verano seremos residentes en el hospital.

-Tres años cariño, tres años juntos.

-Eres mi único amor Terry.

-Y tú el mío mi preciosa-Besé sus labios, esos labios hermosos que se movían a la perfección cuando me decían que me amaba, cuando pronunciaba mi nombre.

-Esto era un sueño inalcanzable para mí, cada día estoy más cerca de hacerlo realidad, estoy muy agradecida con Albert por apoyarme incondicionalmente y con mis padres por sostener mi sueño, pero estoy más agradecida contigo por estar conmigo y ayudarme a soportar a Susana, por amarme y respetarme.

-Te amé desde aquella noche en que te vi pasar fuera del Swenson-La abracé, Candy es el verdadero amor de mi vida, es el amor inocente de la adolescencia y el amor que madura junto a ti en todo tiempo.

-¿Nunca te aburrí?

-Jamás vida mía, nunca me aburriría de ti.

-Has soportado tanto por causa mía, por la condición de mis hermanas hacia mí, agradezco que nunca me hayas visto pelear.

-Te confieso que me muero de ganas de verte, pero respeto tu decisión, reconozco que me ha costado mucho hacerlo, quisiera verte y apoyarte…

-No ha sido fácil para mí, Annie ha firmado algunos contratos por mí, y agradezco que Albert siempre esté junto a mí porque ha sido de mucho apoyo en esos momentos en los que he necesitado atención médica, por golpes y más…

-¿Nunca me dejarás verte pelear?

-El 24 de julio pelearé a lo grande en una arena que está en el centro, una cadena de productos etílicos me está patrocinando y si quieres ir me harás mucho bien…

Mi sentido del oído había captado bien la invitación de Candy, ese día yo también debutaría como peleador, ella ya tenía una trayectoria que se había ganado a pulso y muchos no creían que ella era mi chica. Con la ayuda y entrenamiento de Bob y Alfred yo pelearía contra un chico también con tayectoria.

-No lo dudes princesa, iré a verte pelear. - Se puso de pie y yo con ella, descendí dos peldaños y la abracé por su cintura, sus bien torneados senos se posicionaron a la altura de mi mentón, apoyó sus codos sobre mis hombros y con sus manos acarició mi cabello introduciendo sus deditos en él. –Te amo Candy, y por ti soy capaz de todo.

Al igual que con papá no sentí la confianza de confesarle a Candy que también pelearía. Muchas noches pasaba en vela porque me sentía confundido, Tom decía que había perdido la brújula desde el principio y ya no tenía la misma motivación.

En estos tres años mis músculos habían casi cuadriplicado su tamaño comparado a cuando comencé con mi entrenamiento, Bob se había encargado de ayudarme a fortalecer y tornear los músculos inferiores y Alfred a desarrollar los superiores y entre los dos me habían forjado la rudeza para golpear.

No sé si será una sorpresa grata para Candy verme en su mundo, yo anhelo que así sea porque aunque ella se ha desarrollado por tres años en el mío se mantiene siempre al margen, cuando la he llevado a casa es tan introvertida, le da temor decir algo inapropiado; en clases es la mejor, siempre estudiosa y dedicada; con sus hermanas es demasiado extrovertida, con ellas no tienen límites y conmigo ella es tan linda, sin reservas, entregada por completo. En algunas ocasiones hemos sentido nuestro deseo de darle rienda suelta a nuestra pasión juvenil pero ella no merece esto, yo no merezco esto, ambos merecemos la pureza y lealtad de nuestro amor y pasará en el mejor momento cuando los dos estemos completamente de acuerdo.

-Me encanta tu físico amor, serás un médico muy atractivo y serás solamente mío.

-Tú serás mi médico favorito, Candy, serás la única que tendrá la cura para cualquier necesidad que yo tenga.

-Te amo cielo.

Candy sabía que iba al gimnasio por las tardes sin faltar una, ella también lo hacía, yo entrenaba en el Paradisse y ella en el Coliseum, eran los mejores gimnasios y ambos tenían lo que los dos necesitábamos. Para ella era su destino, para mí se había convertido en un reto.


LINDA TARDE AMIGAS

AQUÍ EN LA CD. DE MÉXICO HACE FRÍO, PERO SE SIENTE RICO =)

ABBY