Capítulo 9
ASCENSOR
Levine y Roland entran por la puerta. El interior sigue oscuro. Roland alumbra con la linterna y ven una puerta, con un botón rojo a su lado. Intentan abrir la puerta, pero no tiene manilla: se cierra mecánicamente.
-Debe ser el botón –dice Levine apretándolo.
Cuando lo pulsa, unos números se iluminan sobre la puerta: 3, 2, 1... Y la puerta se abre con un "ding".
-Es un ascensor –exclama Roland.
Entran y ven el panel: 0.- Puente, jaula de los pteros; 1.- Planta baja; 2.- Comedor y cocina; 3.- Terraza.
Pulsan el 3. El ascensor comienza a subir. Al llegar arriba, la puerta se abre, y la luz del día les ciega los ojos: están en la superficie.
Un suelo adosado se extiende frente a ellos, hasta una barandilla. Salen y los recorren. Tras la barandilla solo está la jungla. De pronto, Roland tira a Levine al suelo.
-¡Pero qué demonios...! –grita Levine.
Pero Roland le manda a callar:
-¡Ssssssssssssssh! Los deinos están ahí fuera.
Un deino sale de la vegetación (la cámara le sigue), y salta la barandilla... Pero allí no hay nadie. El deino parpadea y mira la puerta abierta del ascensor. Se acerca sigilosamente y salta al interior... Pero allí tampoco hay nadie.
El deino sale del ascensor confuso y le cae desde arriba una bola metálica: una granada. El deino mira hacia arriba. Sobre el tejado, Roland y Levine le sonríen antes de ocultarse. El deino se inclina a oler la granada...
¡Boom!
Una doce de deinos asoman la cabeza sobre la barandilla del suelo adosado. Miran asombrados al animal herido, despedazado en el suelo. Saltan y se acercan al tejado.
Arriba, Levine y Roland se preparan para lanzar otra granada... Pero cinco deinos saltan de forma atlética sobre el tejado donde están ellos. Los dos empiezan a correr al lado opuesto del tejado... Los deinos la siguen. Llegan al otro lado. Miran abajo y la altura es de siete metros. A unos metros de la pared del edificio sobre el cual están ellos, ven una piscina.
Roland mira a Levine, que dice:
-No pienso hacerlo.
Un siseo de serpiente les hace mirar atrás. Los deinos se abren en abanico, solo a unos metros de ellos.
Roland salta, y Levine también. En el aire, Levine puede ver como Roland entra en el agua... y después él.
(cámara bajo el agua para que se vea el chapuzón).
Roland y Levine nadan en la piscina y miran hacia arriba: los deinos le miran desde el tejado.
-¿No saben nadar? –pregunta Roland.
Los deinos desaparecen...
-Parece que no –afirma Levine.
De repente, los deinos saltan desde el tejado a la piscina.
Roland y Levine empiezan a nadar hacia el lado opuesto de la piscina.
-¡Estaban cogiendo carrerilla! –dice Levine mientras nada.
-¿De verdad? –dice Roland irónicamente.
Los deinos le siguen, nadando con rapidez y de manera similar a la de los cocodrilos. Levine y Roland llegan al otro lado de la piscina y se aúpan para subir. Cuando están fuera, miran a los deinos: también salen de la piscina...
Roland y Levine miran hacia su derecha: unas naves industriales y construcciones...
-Vamos –dice Roland, y se encaminan hacia allá.
Pero los siete deinos restantes se interponen en su camino, de manera inesperada.
Roland y Levine corren hacia el otro lado. Ven una caseta hecha de ladrillos, con tejas rojas y una puerta metálica. Los deinos están detrás de ellos, así que corren y entran con rapidez, cerrando la puerta tras ellos.
El interior está oscuro: no hay ventanas. Se oye un traqueteo, como de pistones. Huele a algo extraño en el aire. Roland y Levine olfatean.
-Azufre –dice Levine.
Pueden ver en el interior de la sala una especie de aureola brillante...
-Busquemos el interruptor –ordena Levine.
Palpan por las paredes, junto a la puerta...
-Aquí está –dice Roland, y lo enciende.
Molestos por la luz, pueden ver en el centro de la habitación una especie de pozo, del que sale un tubo grueso de metal, de más de un metro de diámetro. El tubo llega hasta una especie de motor, que es lo que hace el ruido. Del motor salen otros tubos más pequeños, que se reparten en todas direcciones bajo tierra.
-¡Eso es! –exclama Levine.
-¿Qué?
-¡Energía geotérmica! Eso es lo que usaban para abastecer las instalaciones de control de la isla... Las placas solares y los molinos de viento han sido destruidos, pero esto no... Utilizaban el calor de un volcán interno que tiene la isla para abastecerse...
-Muy bonito –dice Roland irónicamente-, pero ahora déjame que llame a los demás y les diga dónde estamos...
PROBLEMAS
El helicóptero sobrevuela ya la zona de control de la isla... En la cabina, Thorne pilota junto a Billy. La radio suena, es la voz de Roland...
-¿Thorne?
-¿Roland? Sí, soy yo.
-Escuchad...
-Roland, sobrevolamos la zona de control, pero no os vemos... ¿Dónde estáis?
-Tenemos problemas... Busca una piscina... ¿La ves?
-Sí, la vemos.
-Cerca hay una cabaña de ladrillo, de unos 16 metros cuadrados, con tejas rojas...
-La vemos...
-Pues dentro estamos nosotros.
-¡Pero si está rodeada de deinos!
-Esos son los problemas.
-No os preocupéis, buscaremos el modo de sacaros de ahí... ¿Estáis bien los tres?
-Los... los dos –dice Roland dudando.
-¿Quién...? –pregunta Thorne extrañado.
-Henry Wu... Él... no lo consiguió.
Thorne permanece un momento en silencio...
-¡Maldita sea! –exclama luego-. Roland, no os preocupéis, os sacaremos de ahí...
-Podemos usar el Nepal –comenta Billy-, como con los compis...
-Roland –dice Thorne-, bombardearemos los deinos con Nepal... ¿Estáis seguros ahí dentro?
Levine mira el motor y exclama:
-¡No, volaremos por los aires!
-Creo que no es buena idea –dice Roland por radio.
-Entiendo... –afirma Thorne-. No os preocupéis, vamos a por ustedes. Os sacaremos de ahí.
Y Thorne corta la comunicación.
El helicóptero avanza un poco más, y Thorne ve un helipuerto sobre un edificio cercano.
-Está bien –dice-, tomaremos tierra allí e iremos por ellos.
El helicóptero desciende y toma tierra. Thorne y Billy baja y abren la puerta de pasajeros.
-Dadnos dos fusiles, vamos a por Roland y Levine.
-Pero es peligro –dice Sarah-. Voy con ustedes...
-Ni hablar –dice Thorne-. Grant y Steven necesitan vuestra ayuda...
Toman los fusiles y bajan del tejado por unas estrecha escaleras metálicas... Una vez abajo, ven un edificio con cristaleras en la parte delantera y un porche sostenido por columnas. En el interior, estanterías vacías y cajas de cartón se apilan al azar.
-¿Eso era un supermercado? –pregunta Thorne.
-Eso parece –confirma Billy-. ¡Vaya! Estaban montando un buen parque aquí.
Comienzan a andar de columna a columna, ocultándose. Desde donde están pueden ver a los deinos y la cabaña. Los animales esperan sentados como las aves. Parecen grande avestruces empollando sus huevos.
-Escucha –dice Thorne-, yo iré disparando, y tú me cubres...
Pero un rugido aterrador interrumpe su frase.
-¿Qué demonios es eso? –exclama Thorne.
Los deinos también se han alterado y se han puesto de pie.
-Es el Spino –dice Billy susurrando y de forma entrecortada-. Si está furioso nos encontrará: tiene un buen olfato...
-¿Cuánto tardará en llegar hasta aquí?
-Se mueve muy rápido por la jungla... Puede llegar en cualquier momento.
De repente, los deinos se van corriendo.
-¿Qué les pasa? –pregunta Roland; y los dos se asoman por la columna.
(la cámara los toma de frente, para que se vea lo que hay detrás de ellos). Detrás de ellos, una figura alargada y marrón surge poco a poco. Un rugido. Los dos se giran: es la cabeza del Spino. Vuelve a rugir y avanza hacia ellos.
-¡Mierda! –exclama Thorne, y corren hacia la cabaña.
Los dos entran y cierran la puerta.
La radio suena en el helicóptero...
