Vaya mesesito, espero les este yendo bien en los últimos días de escuela, no sé si alguien haya salido de vacaciones (¿)

Antes quiero dar una pequeña propaganda: Este mes del 21 al 27 de junio se está celebrando la "hijack week" en tumblr. No están tan activos como antes pero han subido muy buenos dibujos que pueden encontrar fácilmente o incluso de semanas anteriores ;)

Dicha y hecha la propaganda viene el capitulo 3 algo que quería subir después para poner actualización doble pero aún tardare con la otra y ya es mucho tiempo los amo.

Aclaraciones: AU, narrado en pasado primera persona.

Advertencias: Ninguna, por ahora.


Nadie debe saber que soy un bebé llorón

—Vamos, Jack, estoy seguro de que puedes hacerlo mejor que eso.

Había perdido la cuenta sobre cuántas veces Hiccup había intentado elevar mi entusiasmo en el entrenamiento.

¿En cuál entrenamiento? Bueno, cuando eres el único que tiene habilidades pobres en el campo de batalla y lo más útil que cargas es el conocimiento sobre criaturas sobrenaturales, con algo te tienes que defender y yo ya estaba harto de tener que depender de los demás para librarme de las situaciones delicadas.

—Sí, sí.

No quería sonar grosero... bueno, en realidad no me interesaba la forma en que me podía escuchar. Llevábamos más de cinco días entrenando con pequeños descansos de no menos de quince minutos y Hiccup se veía tan fresco como una lechuga mientras a mí me costaba coordinar mis piernas y manos para hacer un movimiento decente con el mazo.

A esas alturas había probado más de un arma: mazos, hachas, espadas, dagas e incluso guantes con pinchos, pero ninguna se "amoldaba" a mí y no quería ser descortés, pero lo único que buscaba era saber usar alguna para defenderme y atacar al primer incordio que se atreviera a ponerme la mano encima de nuevo.

Pero no, Hiccup había optado por descubrir primero con cuál era más afín y saber que no podía controlar ninguna de las que me presentaba no representaba la mejor motivación que pudiera tener para ese momento.

—Bueno, vamos a tomar un pequeño descanso.

Intenté disimular mi entusiasmo lo mejor que pude. La idea de entrenar había sido obra mía y no se vería muy bien que el primero en declinar o hartarse fuera yo.

¡Pero era imposible mantenerse optimista cuando apestaba con cualquier arma que tomara!

Con un pequeño descanso a mi disposición, tuve tiempo suficiente para ir a tomar agua, arreglar unas cuantas cajas que parecían ansiosas por abrirse a mitad de camino con el golpeteo de la carroza tirada por caballos y, cuando calculé que no había tanta gente alrededor, tomé de forma discreta las riendas de Ventisca y con la excusa de conseguir más agua potable, me dirigí a uno de los riachuelos que se encontraba cerca del campamento que armamos ese día.

Era un día soleado, algo que empezaba a frustrarme al no aguantar la temperatura templada de la tarde y eso sólo empeoraba mi humor cuando tenía que sumar los comentarios sarcásticos de algunos compañeros de Hiccup que formaban parte de su equipo, las burlas de otros esclavos... bueno, de otros plebeyos y, como cereza al pastel, Er comenzaba a ser un dolor de muelas terrible cuando pasaba más tiempo de lo normal hablando con Hiccup.

"Así que vas a jugar con su espada, interesante."

"¿Entrenar? ¿No se te ocurrió una mejor excusa para pasar tiempo con él?"

"¿No tienes súbditos o lacayos que te ayuden a eso?"

Eran chistes, no los decía en serio, pero yo había llegado a un punto en que me afectaban, me caían como piedras a la garganta, porque él tenía razón. Yo no estaba acostumbrado a pelear. Una cosa era saber escapar, abrir cerraduras o saber liberarte de una llave como él me había enseñado. Pero otra cosa totalmente distinta era tomar la iniciativa y empezar un golpe por mi parte con la mera intención de dañar a la otra persona.

Ese era el verdadero problema. Siempre que Hiccup me ponía un arma en las manos, me daba miedo.

Temía no poder manejarla correctamente, cometer un error y que eso le causara más que un simple corte o moretón. Que él, Astrid, Brutacio o Patán sufrieran por mis pésimas habilidades motrices o que en su intento por ayudarme les ocasionara un daño irreparable.

—Esto apesta— hablé para mí mismo una vez alcanzamos la corriente de agua y bajé para dejar que Ventisca explorara a libertad el terreno y se dedicara a beber en paz sin preocuparse porque fuera a caerme o no.

¿Siquiera sabía empuñar de forma correcta algo? No podía ni manejar mis emociones, mis pensamientos ni el curso que estaba tomando mi vida y yo estaba aspirando a controlar un objeto que podía afectar todos esos aspectos en otra persona.

Era difícil mantenerse optimista, incluso debía admitir que pasar tiempo con Hiccup me ayudaba a distraerme. Podía olvidarme unas horas la forma en que nos conocimos, la razón de que viajáramos o las voces de la gente que nos rodeaba. Era fácil sólo concentrarme en lo que me decía.

—¿Jack?

Escuchar que alguien pronunciaba mi nombre con una alegría y dulzura que no podía pertenecer a nadie del campamento me extrañó lo suficiente para distraerme de ese pequeño agujero depresivo en el que solía quedarme cuando no tenía a nadie con quien hablar. Y claro, grande fue mi sorpresa al toparme con dos hermosos ojos tan azules como el río que estaba frente a mí.

— ¿Por qué estas llorando?

Su pregunta limpió mi negatividad, pero dejó la vergüenza en mí. Era penoso escuchar a una pequeña niña preguntar porqué un chico de mi edad lloraba a las orillas del lago.

—Por nada, Crys, ¿Qué haces tú aquí?

Me concentré en ella, tenía qué. Podía ver de reojo que había otro cuerpo de agua cerca de nosotros, pero no podía ponerme a la defensiva cuando el que estaba invadiendo propiedad ajena era yo.

—Estamos de paso. Vamos a un hermoso río que se encuentra en los dientes de la luna.

—... ¿En los qué? — sonreí con ternura y, aunque la criatura comenzó a acercarse a nosotros, tuve que controlar todo mi cuerpo para no voltear de forma abrupta en su dirección.

—Pequeña, ¿este es el humano que te salvó?

Claro, no soy tan poderoso. Terminé volteando y estoy seguro de que abrí mi boca por la sorpresa que me cayó al sentir que había visto antes a la mujer que nos veía oculta en el agua como si fuera un arbusto.

—¡Sí! Él es mi amigo, Jack. Él tampoco ha ido al mar, pero si va antes que nosotros me va a traer algo. Y si yo voy antes, le traeré algo también.

—Oh... lo siento.

Su disculpa me tomó desprevenido, pero no la interrumpí.

—Si hubiera sabido qué harías eso por ella... lamento haber intentado ahogarte.

Fruncí el ceño mientras Crys se adelantaba a exigir una explicación detallada y mi mente se alejaba de ellas.

¿Me había intentado ahogar? ¿Cuándo?

Comencé a hacer memoria, retrocediendo las noches, los días, todo lo que había estado ocurriendo durante aquel viaje sin poder encontrar nada. Tuve que retroceder más de la cuenta hasta encontrar el momento exacto donde los sentidos me habían fallado y poco me faltó para entrar al río como sonámbulo si Hiccup no hubiese intervenido al romper la cuerda que Er y yo le habíamos puesto.

—¿En ese entonces fuiste tú? — Alcé ambas cejas sin contener mi sorpresa y esto pareció sólo aumentar la pena que cargaba la nayade.

—En serio, lo siento.

—Pero... ¿Por qué…?

La pena se convirtió en un enojo que estuvo a poco de convertir en un grito, algo que detuvo al haber recordado de que estábamos hablando.

—¿Por qué no?

—Pues...

—Ustedes humanos no se molestan en dar explicaciones sobre las presas que construyen, las casas y castillos que terminan siendo jaulas para muchos de mis hermanos y hermanas ¿Por qué no ahogar a uno de los hijos del invierno?

En realidad era un excelente punto. Mis padres era exactamente como ella acababa de pintar a toda la gente, eran de lo peor y yo ¿Qué había hecho para ser diferente?

—¡No! — Gritó Crys, sorprendiéndome —Jack podrá ser humano y un hijo del invierno, pero él no es como los demás. Me ofreció ayuda antes de saber qué era y cuando lo supo no le importó y me ayudó de todas formas aún cuando se podía meter en problemas. Me cargo hasta el río cuando me pudo dejar ahí para que me las arreglara sola, él me llevó, me protegió— mientras iba hablando las lágrimas comenzaron a caer y a pesar de que no eran de tristeza, no pude evitar sentir como mi pecho se oprimía por sus palabras y la forma en que defendía su punto de vista con tanta convicción.

—Pero no me conoces lo suficiente, Crys— y era la verdad —no soy tan heroico como me pintas. Sólo fui un tonto, pude haberte metido en prob-

—¡NO! — sus lágrimas cayeron mientras apretaba su vestido que se iba deshaciendo hasta ser pura agua solida —No... tú no eres malo... él piensa igual. Siempre habla de ti.

Si bien me sentía sorprendido porque hablara con alguien más aparte de mí, también me parecía preocupante saber quién era la persona que podía saber sobre nosotros dos.

— ¿Quién?

Y la mujer parecía tan curiosa como yo por saber a qué se refería.

—E-El chico de los dragones... siempre que va a darles de tomar agua o a llenar sus sacos, les habla a los dragones... y yo lo escucho... porque me gusta estar en la orilla. Siempre me regañan, pero ahí se escucha mejor— mientras hablaba el llanto interrumpía sus palabras, pero yo no me atrevía ni siquiera a respirar de forma ruidosa. De todo lo que pudo haber dicho, eso era lo único que no me esperaba, de pronto me sentía como un tempano de hielo que sólo estaba dispuesto a oír las horas que fueran necesarias para enterarme del relato entero que ella estuviese guardando en su interior. —E-El otro día estaba contento porque dijiste que querías defenderte y el anterior a ese estaba triste porque no sabía cómo ayudarte, y el anterior a ese les contó de cómo siempre estas al pendiente de unos humanos y de que los caballos estén bien...

Si sus palabras fueron suficientes para congelarme, el abrazo que se lanzó a darme al cuello fue el golpe de realidad que empapo mi ropa y dejó caer el peso directo de seriedad a todo lo que acababa de decir.

—Pero... — parpadeé varias veces sin saber qué hacer o decir. Le di señas a quien parecía ser su tutora para pedirle permiso a regresarle el abrazo e intentar calmar el llanto que ahora formaba una pequeña cascada sobre mi hombro. —Está bien, lo siento. No soy tan malo como creo entonces.

—No, no lo eres— repitió como si el niño fuera yo —Así que no vuelvas a decir eso o me voy a enojar contigo.

Su amenaza sólo me hizo sonreír.

—Ya la oíste. Yo la tomaría en serio si fuera tú— y aunque seguía algo avergonzada por el pequeño engaño que me había hecho anteriormente, su guardiana me sonrió con más confianza, o al menos sin tanto odio como antes.

—Está bien...Y lo siento, mi nombre es Jack Overland.

—Irene— se presentó de forma corta.

—Mucho gusto— La saludé mientras Crys se acomodaba mejor para peinar mi peluca con el agua que tenía en las manos —Y disculpa mi indiscreción pero... cuando estaba en ese río ¿Qué hiciste? Es... es que recuerdo que todo pareció más grande, más ruidoso...pero no supe en qué momento me levanté y camine al agua.

—Canté— a pesar de que no esperaba que respondiera realmente mi pregunta, cuando lo hizo me emocioné demasiado —Todas las hadas cantamos. Las sirenas también, pero ellas son unas copias baratas de lo que podemos hacer nosotros.

— ¿Tenía nombre? — pregunté sin medir mis palabras ni tener tiempo para arrepentirme. Siquiera parecía que a Irene le agradaba que preguntaran por eso pues no se ofendió.

—No, nuestras canciones no tienen nombre, pero creo que puedes asociarlo con sonidos o sensaciones. Cuando canté ¿Qué escuchaste?

—Pues... — hice memoria de nuevo —Recuerdo que el ruido de las hojas con el viento era más fuerte, podía escuchar las ramas chocando o el pasto bailando. Como si todo guardara silencio menos eso.

Ella asintió con una sonrisa.

—Hay cantos que te dejan escuchar sólo la corriente del agua, las cascadas, o que omiten eso. La que canté fue junto con una ninfa del bosque. Ustedes pueden llamarlo "dueto". Mientras mi voz silenciaba la corriente, la de ella intensificaba el sonido del bosque... Respira un poco, parece que te vas a desmayar.

Irene soltó una carcajada y sólo entonces caí en cuenta de la forma en la que contenía la respiración. Pero ¿Cómo no hacerlo cuando te invade tanta emoción que no sabes la manera de expresarla o demostrarla? Ahí estaba yo, un chico fuera de su palacio, lejos de sus libros e ilustraciones que nunca habían podido transmitirle aquella tranquilidad y que sabía estaba obteniendo en ese momento. ¿Cómo no sentirme emocionado cuando estaba cayendo en la cuenta de que era la tercera criatura mágica con la que hablaba?

—Lo siento, es que... desde que tengo memoria había querido saber, bueno no saber, conocer. Al menos entender...

—... ¿A nosotros? — completó ella al ver que no podía ensamblar lo que quería decir con mi lenguaje. Asentí y ella se acercó más, dándome una caricia en la cabeza con una sonrisa que sólo pude relacionar al cariño que mi hermana Elsa me demostraba. —Es lindo escuchar eso de un humano.

—Te dije que Jack era una buena persona, por eso es mi amigo.

—Sí, Crys, ya entendí. Prometo no intentar ahogarlo de nuevo— levantó su mano de forma solemne mientras la pequeña hacía un mohín y yo me soltaba en una risa sencilla.

Ahí, a orillas del río frente a náyades riendo, y el sonido del bosque a mi alrededor, me pareció sencillo olvidar la razón que me había llevado a ese lugar, los problemas que cargaba o la rebelión que aún dudaba en unirme o no.

Porque no era algo que podía decidir tan fácilmente como ver a donde me iba, tenía que tomar en cuenta lo que conllevaba, las consecuencias, las responsabilidades que podía cargar al decidir unirme a la rebelión junto a Hiccup.

Si rechazaba la oferta...bueno, en realidad nunca me ofrecieron unirme a ellos, simplemente me ofrecieron un lugar para viajar de manera segura hasta nuestro destino. El cual, era otro problema.

¿A dónde iba? Podía aceptar su invitación tal cual, seguir con ellos hasta llegar al reino de Aster y luego cada uno se iría por su cuenta. Probablemente conseguiría un lugar decente para quedarme, un cuarto donde protegerme del clima y... ¿Y qué? ¿Dónde estaba Elsa? ¿Y mis padres que estaban haciendo en ese momento?

Er era otro punto que tomaba en cuenta a pesar de que él seguía insistiendo en que lo dejara fuera de mis planes. Fue claro al decirme que buscaba la cordillera del diablo, una cadena de montañas enormes que ningún ser humano podía atravesar a menos que pudiera aguantar la respiración e ir por los ríos subterráneos, atravesara las duras rocas o fuera capaz de volar por encima del lugar. Entendía que quisiera vivir el resto de su vida ahí, pero la forma en la que lo había dicho... bueno, dejaba claro que él no me estaba contando en sus planes.

¿Qué era lo más viable en ese momento?

¿Qué puedo hacer ahora?

Esa era la pregunta más grande que tenía y aún cuando disfrutaba el pequeño momento de paz junto a Irene y Crys, no podía dejar de pensar en eso.

¿Qué podía hacer?

—Creo que es tiempo de marcharnos. Hemos estado aquí más de la cuenta.

Quiza si Irene no hubiera retomado la conversación, me habría hundido de nuevo en las preocupaciones de las que lograron sacarme.

—¿Ya?

—Sí, los dientes de la luna no esperan y nuestros hermanos ya deben estar allá.

—Es un lugar hermoso— aclaró Crys sin dejar que su "hermana" acaparara mi atención. La verdad, se me hizo un poco lindo ver que ella no era muy diferente a un niño normal —Es enorme, tiene un lago grandísimo que parece un pequeño mar. Nunca he ido, pero dicen mis padres y hermanos que es un lugar mágico donde todo tiene vida, incluso las rocas. Todos estamos en armonía y hay muchos seres sobrenaturales ahí. Hay náyades, sátiros, hadas, hijos de la noche e incluso arpías y muchos, muchos más que no recuerdo en este momento.

Tomó mi mano como si intentara tomar valor para hablar.

—Irene, ¿Jack puede ir con nosotros?

Por un momento me miró como si quisiera ahogarme en ese momento y eso sólo apagó cualquier luz que su inocente pregunta pudo encender.

—No puedo, Crys. El lugar que dices nosotros lo conocemos como "la cordillera del diablo" porque ningún humano ha podido entrar y salir con vida. Sólo ustedes, es su lugar especial.

Miré de reojo a Irene que me daba la razón y llamaba a su hermana para que se apurara.

—Sí y no, hijo del invierno— pronunció las palabras con cuidado, lento y hasta un poco más bajo de lo normal. —No es imposible para un humano, es improbable. Alguien como tú podría ir con los conocimientos suficientes. Por supuesto, no me ofrezco como transporte, pero si algún día vas de visita... — me sonrió de forma más relajada. Quizá porque su invitación me había llamado la atención y no tenía idea de que cara estaba haciendo en ese momento. Pero eso pareció conmoverla —Nos aseguraremos de que nadie te ahogue.

—¡Mis amigos son amigos de Irene! — exclamó Crys con una sonrisa más grande —Ahora ya tienes...¿Siete? ¡Tienes siete amigos ahora!

Levantó sus brazos por encima de su cabeza, formando un arco del agua con diminutas gotas que formaron un arcoíris del tamaño de mi cabeza.

—¡Y estoy segura de que la cuenta irá aumentando!

Antes de que se fueran, tuve que tener cuidado de no pisar las piedras del río para evitar resbalarme cuando quise llamar su atención.

—Espera un momento Irene... ¿A qué te refieres con alguien como yo?

Ella frunció el ceño y me señaló de cuerpo entero.

—Pues eso.

—No soy fuerte y tampoco muy listo— le aclaré sin querer ser modesto, pero sus palabras y expresión sólo me dejaron más dudas —Exactamente a qué...

—Mira, no tenemos tiempo y yo no soy la persona indicada para explicarte todo. ¿Has oído hablar de Merlín? — el que pronunciara ese nombre me dejó helado porque sí, sabía quién era —Bien, él puede tener tiempo suficiente para instruir a un igual. En serio, vamos con el tiempo corto, pero Crys quería pasar a saludar.

—Así es— afirmó con orgullo la mencionada y ambas se despidieron de forma rápida. —¡Nos vemos, Jack! ¡Prometo traerte algo de los dientes de la luna y luego del mar!

—Espera ¿A qué te refieres con un "igual"? — a pesar de que me daban la espalda y se disolvían en el río, corrí tras ellas.

Podía sentir mi pulso retumbando en mis oídos mientras mi voz buscaba levantarse por encima del ruido del agua y mi propio ritmo cardiaco.

—¡Irene! ¡¿A qué te refieres con eso?! ¡¿Por ser personas?! ¡¿Es por ser humanos?! ¡¿ES PORQUE ES UN MAGO?! — grité, seguí moviéndome dentro del lago hasta que las piedras dejaron de ser aptas para apoyarse y me hicieron resbalar más de una vez. Tragué agua unas cuantas veces, pero quería ver por debajo del río e intentar buscarlas aunque en mi interior sabía que era algo inútil.

Las náyades podían recorrer los ríos con la misma agilidad que un ave emprende vuelo o un caballo galopa en el campo. Ahí, con el agua llegándome por encima de la cintura, mis esfuerzos eran como los de un pescado queriendo caminar en tierra firme.

Tuve que rendirme cuando sentí que la peluca ya no estaba sobre mi cabeza y los ojos comenzaban a arder por la tierra que levantaba y mis pulmones se quejaban ruidosamente por toda el líquido que había tragado. Me arrastré a la orilla, agotado por los golpes que había recibido de las rocas y el esfuerzo de querer tomar agua con la mano.

¿Por qué Irene había dicho eso? Yo no podía usar la magia, mi madre lo dijo hasta el cansancio. Yo era una falla, no tuve que haber nacido, no tenía nada que pudiera hacerla sentir orgullosa. No era poderoso como Elsa, tampoco fuerte y valiente como mi padre, mucho menos inteligente y hábil como ella.

Entonces ¿Por qué Irene, una náyade sin filtro para hablar y pocos modales había dicho eso? ¿Por qué una criatura que acababa de conocer y podía ser capaz de percibir la magia, había dicho eso?

No tuve noción del tiempo que duré tumbado ahí mientras pensaba en los diferentes significados que sus palabras pudieron tener. Cuando tocas fondo, es difícil que el menor rayo de esperanza parezca verdadero, porque si eran imaginaciones mías, iba a terminar peor.

Fue estúpido e irresponsable no levantarme e ir al campamento, lo sé. Pero fue un alivio que al querer levantarme, la primera criatura en ir por mi fuera Ventisca y no Hiccup o Er. Lo que menos quería en ese momento era ver ceños preocupados y caras enojadas por haberme saltado lo restante del entrenamiento por ir a "chapotear" un poco en el agua.

—Hola, linda— saludé a mi fiel compañera que pareció más a gusto al verme sin la peluca en la cabeza —Lo sé, no se ve tan bello como mi cabello natural, pero tengo que ir por otra o me meteré en problemas.

Ella relinchó, se recostó a mi lado y yo entendí el gesto para subirme en su lomo sin mayor trabajo. Una vez con sus riendas en mano, dejé que me guiara al campamento a paso ligero, tomándome un poco de tiempo para exprimir la orilla de mi ropa y enfriar un poco mi cabeza. Respiraba hondo y exhalaba lento, admirando los árboles que nos rodeaban, las figuras que los rayos de sol formaban en las hojas o las estelas de luz que pintaban a través de las hojas.

Y fue ahí, mientras buscaba calma, que pude notar algunos rostros desconocidos observándome desde la corteza de los arboles, por encima de matorrales o viendo a través de las hojas.

El bosque nunca estaba sólo.

—Lo siento— hablé en voz alta pues realmente estaba apenado por no haberme dado cuenta antes de su presencia —sólo estamos de paso. Me separé de mi campamento.

Uno de los rostros, apenas visibles en la madera, se separó ligeramente de su escondite para tomar asiento en las ramas del sauce que parecía ser su hogar.

Me costó no caerme de Ventisca cuando se movió para evitar que la joven la tocara. No la culpaba, era la primera vez que veíamos a una dríade tan cerca.

—Sí, lo notamos— al hablar, su voz fue más una combinación de sonidos, como si el crujido de la madera o el rozar de las hojas se combinaran para imitar los sonidos de nuestro lenguaje. —Desde que fuiste al río.

Quería preguntarle si me habían seguido o solían vigilar a los forasteros, pero ella no parecía tan dispuesta a seguir mi conversación como Irene.

—Si cortas camino por ahí— señaló unas enredaderas que se separaron como si fuera su única tarea, el de abrir una puerta secreta —Llegaras más rápido. Si sigues derecho— ahora señaló el camino que Ventisca tomaba —Hay tres bandidos que se dirigen al este.

—... Muchas gracias— asentí con la cabeza sin querer quedarme mucho tiempo. Era impresionante pero intimidante que una dríade te hablara mientras su árbol se inclinaba a intentar percibir mejor con quien hablaba y algunos otros parecían querer involucrarse en la plática al ser envalentonados por ella.

—No hay de qué. Aléjate de nuestro bosque lo más rápido que puedas.

Y no era una advertencia, era una amenaza. Era claro que no les gustaba la presencia de humanos ahí, pero que se molestara en darme indicaciones...bueno, era un gesto increíble.

—Muchas gracias— repetí sin querer voltear atrás y espoleando a Ventisca para que apurara el paso hasta atravesar las enredaderas y un túnel hecho con puras raíces que se iban encogiendo hasta que sólo podíamos caminar en línea recta.

Cuando las raíces dejaron de rodearnos y se abrieron en una compuerta de hojas y enormes ramas secas separadas de sus respectivos árboles, pegué un grito (masculino) al pasar encima de Hiccup y evitar por poco, que los cascos de Ventisca le dieran en la cabeza cuando le indique que saltara para no arrollarlo.

Debía disculparme por casi arrojarle mi caballo encima.

—¿Qué diablos hacías ahí?

Pero las palabras no siempre salen como uno quiere y cuando bajé de la montura para asegurarme que no hubiese recibido un golpe, sus brazos me envolvieron en un abrazo sofocante, cálido y reconfortante que me costó trabajo rechazar.

Me costó porque no quería hacerlo. En mi interior quería quedarme de esa manera, con Hiccup envolviéndome de esa forma sin curiosos a la vista.

Pero yo estaba empapado y por el color del cielo, no era bueno tomarme muchas libertades.

— ¿Qué hacía? ¿Tú dónde estabas? ¿Te encuentras bien? — me tomó de los hombros a pesar de que tuve cuidado de poner distancia para evitar que mis orejas se pusieran rojas. —No sabíamos dónde estabas y Er también se fue, dijeron que pudieron haberse ido pero dejaste a Ventisca y, dioses, Jack, estás empapado.

Hablaba rápido y movía mucho las manos, como si dudara de sus propias acciones, como si intentara decidir que hacer: volverme a abrazar, guiarme al campamento por un cambio de ropa o sermonearme por irme sin más.

—Relájate, sólo fui a dar una vuelta. Necesitaba... espacio— me encogí de hombros mientras comenzaba a quitarme los cordones de la camisa y la retiraba para exprimirla mientras hablábamos. —Necesitaba descansar un poco y aproveché para ir por agua al río que está cerca. Estando allá me encontré con la náyade que me intentó ahogar la última vez.

Volteé a verlo para ver qué cara ponía, estaba seguro de que vería al menos sorpresa pero por un segundo, pude notar que me veía fijamente y al chocar miradas desvió su atención tan rápido como yo puedo decir "ash".

Sus orejas estaban coloradas, quizá por la preocupación contenida. No tuve mucho tiempo para considerar a que se debía su expresión pues mis palabras parecieron caer de lleno en su cabeza y sus manos me sostuvieron por unos segundos de nuevo.

Sus dedos rasposos y cálidos sobre mis hombros helados fue repentino, tanto que sentí como mi rostro entero pareció tomar la misma temperatura corporal que su piel, y Hiccup me soltó como si mi piel quemara al tacto.

—Lo siento, me... sorprendí. ¿Si te encontraste con ella fue porque intentó ahogarte de nuevo?

—No, no. En realidad se disculpó, al parecer su hermana es mi fan porque la salvé en uno de los pueblos que visitamos y prometió no volver a hacer lo mismo de nuevo.

— ¿En serio? — dejó de verme y yo maldije internamente por perder la oportunidad de leer que tipo de expresión tenía en ese momento —Qué coincidencias tiene la vida. Yo... bueno, dioses. Sé que no soy nadie para decirlo, Jack, pero la próxima vez que vayas a caminar solo, por favor, avísame. ¿Qué hubieras hecho si alguien te descubre y estas lejos del campamento?

Y ahí estaba el sermón.

—Pues... no lo sé.

Quise aclarar que no creía que hubiera alguien ahí que le importara si quiera ese punto, pero me lo guardé. Ahora que Hiccup parecía ordenar sus palabras, no se mostraba dispuesto a aceptar palabras negativas de mi parte. Menos cuando se quitaba su propia capa para ponérmela en los hombros y la ajustaba mientras yo sopesaba la culpa que merecía.

—Ten más cuidado, por favor, no estás solo. Para mí eres importante y no me gustaría que se repitiera lo que te sucedió cuando te hicieron prisionero.

Fruncí el ceño con sorpresa y confusión.

—¿Cómo...?

—Te estuvimos buscando, somos rebeldes, no bárbaros. No tuviste porque involucrarte y en el camino me encontré con el sujeto que tenía esclavos en el sótano y las jaulas… lo siento, no es algo que debas recordar. Pero-

—Ya, ese imbécil— le corté la palabra al recordar la forma en que me había tocado en su sala —Ya entendí, Hiccup.

—Sí, él— recalcó con una dureza que no aplicó en ninguna conversación anterior a esa —Nadie te volverá a hacer eso, Jack. Fue mi culpa que terminaras en ese lugar.

Me encogí de hombros sin querer admitir que me parecía un poco halagador que se molestara por mi causa.

—Lo bueno es que no pasó a mayores.

—¡¿No?! — Salté un poco sorprendido por el enojo que parecía tener en los ojos —¡Jack! ¡Eso es algo que puede considerarse como algo mayor! Que te haya obligado a tener sexo con él fue horrible, nadie debería pasar po-

—Wow, wow, WOW. Espera un segundo, no sigas— estiré mi brazo para que mi mano alcanzara su pecho y dar una pausa momentánea a sus palabras. —¡¿YO?! ¡Eso ni siquiera paso! ¡Sí, me tocó y qué asco, guacala, pero no abuso de mí!

Hiccup parpadeó varias veces, notablemente desorientado.

—Pero los esclavos de ahí dijeron...

—No, Hiccup, mintieron. Si alguien fue abusado en esa jaula fue Er. Él es la víctima, no yo.

Pude ver sorpresa, enojo y al final alivio en sus ojos. Todo en una fracción de segundo que terminó en una sonrisa.

—Qué alivio.

Algo que no agradecí.

—¿Qué alivio?

Alcé las cejas sin aprobar su reacción y él pareció corregir enseguida sus palabras.

—¡No! No me refiero a eso, Jack, no me alivia que lo haya hecho con Er, ni que él haya sufrido, a lo que me refiero es que... bueno, yo creí que tú... cuando lo golpee creí que fue… bueno, él. Tú sabes, entiendes ¿No? En serio, no lo dije con esa intención.

Claro que lo sabía, pero era divertido verlo tener dificultades para expresarse de forma correcta.

—Entonces te alegra ¿no?

—¡NO!

Sonreí a pesar de que Hiccup parecía más consternado por no encontrar las palabras correctas. Me hacía pensar que yo tenía algún efecto en él, aún si era por amistad o aprecio, era lindo que se alterara de esa manera por algo que me involucraba.

—Por cierto…

—¿Qué? — me preguntó aún lidiando con su propia forma de hablar.

—¿Hay algún arma de madera? Hay algo que quiero probar.

Me miró con sorpresa y yo sólo pude sonreír más.

Malentendido o no, valía la pena intentarlo. No me quedaba nada por perder y siendo sinceros, quería centrarme en cualquier otra cosa que no tuviera que ver con el futuro.

En ese momento únicamente tenía claro una cosa: la madera era muy buena conductora.

Por algo uno va al bosque por calma, a conectar su alma, su ser y su propia energía vital con el corazón de la naturaleza; y la madera bien tratada aún ayudaba a muchos magos de nuestra época. Por eso valía la pena intentarlo