¡Hola! Se ha hecho esperar más de lo normal, pero aquí está por fin el décimo cap. Y como el título indica, habrá problemas, y gordos...

Disclaimer: ¡Que no, leches! ¡Que nosotras no hemos creado a Harry! xD

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10

Problemas gigantes

El fin de semana tras el partido contra Ravenclaw no había ido demasiado bien. Por un lado, haber abusado del whisky de fuego en la fiesta que se organizó en la sala común no había tenido muy buenas consecuencias. Harry había sentido durante todo el domingo que la cabeza le estallaría en cualquier momento. Por otro lado, temía que hubiese metido la pata de algún modo con Ginny, ya que según lo que Neville le había contado, Harry había charlado con la pelirroja durante casi toda la noche. Y por último estaba Ron, cuyos comentarios durante la celebración debían haber hecho mella en Hermione, aunque Harry no había llegado a enterarse de qué era lo que había ocurrido. Lo único que sabía era que el pelirrojo era incapaz de recordar nada, y aunque se había disculpado con su amiga, ésta mantenía una actitud algo distante con el chico.

El lunes por la mañana, Harry se despertó completamente recuperado, pero después de analizar el desastroso fin de semana y consultar en su horario que a primera hora tenía clase de Pociones, pensó que la semana no comenzaba nada bien. Y mucho no se equivocaba, pensó Harry después de salir de las mazmorras. Snape había escrito en la pizarra las instrucciones para elaborar la poción envejecedora y Harry estaba seguro de que había seguido todos los pasos necesarios. Sin embargo, Snape se las ingenió para quitarle puntos a Gryffindor, criticar duramente el trabajo de Seamus y Harry e insinuar que la poción de éste último no alcanzaría siquiera un Suficiente. Tras dos horas horribles en el aula de Pociones, Harry se alegró de salir al aire libre durante el recreo. Lo peor era que después tendrían Transformaciones, una de las materias más duras y difíciles, especialmente durante las últimas semanas, en las que Harry no había conseguido transformar un gato en unas zapatillas: después del cambio las zapatillas seguían bufando a cualquiera que se les acercara demasiado.

El resto de la semana no fue mucho mejor. Para la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas del martes, Hagrid había conseguido algunos crups, una criatura con cola bífida.

-Son fieles a los magos, aunque feroces con los muggles –explicó Hagrid-. Normalmente no dan problemas. El único inconveniente está en su cola bífida. El dueño de un crup debe cortarle la cola a su mascota mediante un encantamiento seccionador indoloro –el guardabosques finalizó la explicación-. Así que formaréis grupos de dos y os daré a cada cual un crup. Lo que quiero que hagáis es cortarle la cola a vuestro crup e intentar calmarle para que no se ponga muy nervioso.

De modo que Hagrid repartió los cachorros de crup y mientras Ron le susurraba palabras de consuelo al animal, Harry cogió su varita y se preparo para lo que se avecinaba. Aunque no demasiado. El encantamiento salió bien, lo malo fue que no resultó tan "indoloro" como Hagrid había dicho y el crup, enfurecido, persiguió a Harry intentando morderle. Todo esto sucedió entre las risas de los Slytherin, hasta que Hagrid pudo atrapar al crup.

Por si eso fuera poco, la clase de Oclumancia del miércoles fue un total desastre. A pesar de encontrarse aún a mitad de la semana, Harry se sentía agotado y no logró impedir ni una sola vez que Snape hurgara en sus pensamientos, haciéndole revivir de nuevo la experiencia con el crup.

-¡Llevo meses diciéndotelo, Potter! –gritó Snape al finalizar la clase de Oclumancia-. ¡No te concentras! Eres un holgazán y si no te esfuerzas más no conseguiremos progresos. Practica todas las noches. Ahora ya puedes irte. La semana que viene, mismo día, misma hora. Espero mejores resultados.

Cuando Harry se dirigía hacia la sala común, no se encontraba muy bien, y para colmo tenía que escuchar que Snape dijese que era un holgazán. Finalmente, cuando se derrumbó exhausto en su cama acabó soñando que un crup trataba de cortarle a él la cola bífida mediante un encantamiento seccionador "indoloro".

Pero lo peor estaba aún por llegar. Dado que Harry, Ron y Hermione se veían desbordados por la inmensa cantidad de deberes que les habían mandado esa misma semana, el sábado por la noche se quedaron hasta tarde en la sala común y fueron los últimos en marcharse a los dormitorios. Harry estaba terminando su trabajo sobre Transformaciones, cuando sintió que la cicatriz le ardía, como si la cabeza se le fuera a partir por la mitad. Harry tuvo que sujetársela con ambas manos, y con los ojos cerrados trató de soportar el dolor.

-Harry, ¿qué te pasa? –preguntó Hermione, cuya voz sonaba angustiada, aunque Harry no podía ver su cara.

Cuando el dolor cesó, Harry pudo abrir los ojos y se encontró con los rostros de sus amigos muy cerca de él, con la preocupación reflejada en su semblante.

-La cicatriz... –susurró Harry con voz temblorosa.

-¿Has visto algo? –preguntó Ron a su lado.

-Más bien ha sido... he sentido su alegría, estaba eufórico. Muy pocas veces se había sentido así, lo recordaría –Harry se sentía muy raro, escuchándose a sí mismo decir aquellas palabras que no era capaz de explicar.

-¿Qué crees que puede haber ocurrido? –preguntó Ron asustado.

-No lo sé... –dijo Harry pensativo-. Hacía mucho tiempo que no sentía su estado de ánimo. Supongo que se debe a la Oclumancia.

-Entonces, eso significa que estás mejorando, ¿no? –dijo Hermione-. Quiero decir, que como tú has dicho, antes te ocurría con más frecuencia.

Harry asintió con la mirada perdida, sin dejar de pensar que seguramente encontrarían la respuesta a lo ocurrido al día siguiente, en la primera plana de El Profeta.

-0o0o0o0o0o0-

El domingo amaneció nuboso, prometía ser un día encapotado. Harry, Ron y Hermione bajaron al Gran Comedor y se sentaron a la mesa de Gryffindor junto a sus compañeros. El habitual ejemplar de El Profeta, que normalmente una lechuza portaba hasta Hermione, no había llegado aún; los domingos, por ser día festivo, el periódico llegaba más tarde.

-Me parece que hoy vamos a tener que quedarnos todo el día en la sala común –comentó Ron mirando el oscuro techo encantado del Gran Comedor-, haciendo los deberes –terminó desalentado.

-Mejor –dijo Hermione divertida ante la expresión de Ron-, así nos pondremos al día.

Tras el desayuno, los tres amigos se dirigieron a la torre de Gryffindor. Allí, se acomodaron en una mesa junto a la ventana, por la que se vislumbraba la lluvia caer.

Harry decidió comenzar por una redacción de Pociones, Las diferentes utilidades de las plumas de jobberknoll. Durante el desayuno se habían encontrado con Hagrid, y Harry había aprovechado la ocasión para preguntarle que era un jobberknoll, porque no tenía ni idea de por donde empezar. Hagrid le dijo que estudiarían los jobberknolls en Cuidado de Criaturas Mágicas y le recomendó un libro. De modo que de camino a la sala común, habían pasado por la biblioteca. Por otro lado, Hermione hacía su tarea de Encantamientos y Ron terminaba un ensayo sobre Herbología.

Harry se encontraba leyendo la información que había recogido sobre el jobberknoll, que había resultado ser un pájaro cuyas plumas se utilizaban para elaborar Veritaserum, cuando el retrato de la Señora Gorda se abrió con gran estrépito. Harry levantó la vista del libro y reconoció a un alumno de cuarto.

-¡Pero bueno! ¡Se puede saber qué forma es esa de irrumpir en la torre como un perturbado y sin siquiera...! –Harry escuchó como la Señora Gorda reprendía al chico.

-¡Mortífagos! –gritó el chico-. ¡Mortífagos!

El muchacho hacía grandes aspavientos con las manos. Muchos de los alumnos que se encontraban en la sala común se aproximaron a él. Hermione se acercó con curiosidad, y Ron y Harry intercambiaron una mirada de asombro detrás de su amiga.

-¿Qué quieres decir? –preguntó un alumno de séptimo.

El muchacho tomó aire y se tranquilizó para poder decir:

-Los mortífagos han escapado de Azkaban.

Hubo murmullos de miedo y sorpresa entre los presentes.

-¿Cómo sabes que han escapado? –preguntó Hermione con escepticismo. Desde el regreso de Voldemort corrían los rumores más absurdos.

-Después del desayuno me encontré con algunos chicos de Slytherin junto al Gran Comedor. Comentaban algo sobre una fuga de Azkaban con un número de El Profeta en las manos y... –el chico fue interrumpido por un fuerte picoteo en el cristal de una ventana. Hermione se apresuró a abrirla y dejar pasar al ave, que portaba su número de El Profeta, tras lo que desprendió el periódico de la pata del animal y metió un knut en la bolsita de cuero que este llevaba atada a la pata. Desplegó el ejemplar y con la mirada sombría se fijo en la primera plana. A continuación, levantó la vista y dijo con voz temblorosa, ante todos los expectantes alumnos:

-Es cierto. Han escapado de Azkaban.

Todos a una, los ocupantes de la sala común se agruparon a su alrededor, esperando que leyera el artículo. Harry y Ron se encontraban junto a ella. Harry pudo ver entonces la primera página: las fotos de diez magos copaban la portada, cada una de ellas llevaba un pie de foto con sus respectivos nombres. Se trataban de los mortífagos que habían sido apresados en el Departamento de Misterios. Entre ellos se encontraba Lucius Malfoy, el padre de Draco, cuya melena rubia enmarcaba su pálido rostro. Hermione se aclaró la garganta y se dispuso a leer:

HUIDA MASIVA DE AZKABAN

Anoche, informa nuestra enviada Rita Skeeter, diez de los mortífagos más peligrosos escaparon de la prisión de Azkaban, ahora custodiada por magos.

Cerca de la medianoche, El-que-no-debe-ser-nombrado, junto con todo su ejército, asaltó la fortaleza de Azkaban con intención de liberar a varios prisioneros. Los mortífagos apresados el pasado mes de junio en el Departamento de Misterios se encuentran actualmente en búsqueda y captura: Lucius Malfoy, Adolfus Nott, Julius Jugson, Rodolphus y Rabastan Lestrange, Rainus Crabbe, Antonin Dolohov, Augustus Rookwood, Rudolf Avery y Walden Mcnair.

El señor Tenebroso logró liberar a todos sus vasallos gracias a la ayuda de los dementores y gigantes. Hay muy pocos testigos oculares de los hechos, puesto que la mayoría de los magos responsables de la prisión fueron asesinados (doce magos perdieron la vida durante el ataque).

Ésta es, hasta la fecha, la mayor masacre llevada a cabo en esta segunda guerra. Azkaban ha quedado reducida a escombros, por lo que el Ministerio deberá encargarse de la ubicación de una nueva prisión, de mayor seguridad.

Mientras tanto...

-¡Es increíble! –Katie Bell interrumpió la lectura de Hermione-. No puedo creer que hayan conseguido entrar en Azkaban con tanta facilidad...

La sala común de Gryffindor estaba completamente silenciosa, pero poco a poco los murmullos se empezaban a escuchar. Hermione hojeó durante unos segundos más el artículo y acabó diciendo:

-No hay nada más que merezca la pena... –tiró el periódico sobre la mesa y se sentó en la butaca. Harry y Ron la imitaron-. Ahora ya sabemos por qué anoche estaba tan contento –dijo mirando a Harry.

-No me lo puedo creer –murmuró Ron.

-No sé por qué te sorprendes tanto –comentó Harry-. Sabíamos que llegaría el día en que atacarían Azkaban para liberar a los mortífagos...

-Tal vez... pero no deja de ser... aterrador –dijo Hermione.

Aquella tarde en la sala común, no se hablaba de otra cosa. Harry, Ron y Hermione apenas podían concentrarse en sus tareas y las conversaciones siempre iban dirigidas en el mismo sentido.

-Apuesto a que Malfoy ya estará pavoneándose por los pasillos... –dijo Ron con rabia-. Creyéndose el dueño del colegio sólo porque el desgraciado de su padre anda suelto...

Esa misma noche, a Harry le fue imposible vaciar la mente en su dormitorio. No paraba de darle vueltas a lo sucedido. Era incapaz de evitar pensar dónde estarían Voldemort y sus seguidores y qué era lo que planeaban, las vidas de quiénes estaban en peligro y quiénes serían sus próximas víctimas.

-0o0o0o0o0o0-

Al día siguiente, el tema principal en el Gran Comedor no era otro que el de la huida en masa de Azkaban. Los alumnos cuchicheaban excitados, con el periódico bajo el brazo, y a menudo lanzaban inquietantes miradas hacia la mesa de Slytherin, donde ocupaban sus respectivos sitios los hijos de los mortífagos huidos.

Por otro lado, la preocupación del profesorado era palpable en el ambiente y las clases se vieron interrumpidas aquel día por las inusitadas visitas de los profesores. Durante la clase de Transformaciones, mientras Harry intentaba convertir un terrón de azúcar en una pluma de ganso, la profesora Sprout se presentó en el aula y se aproximó a la profesora McGonagall, con lo que ambas mantuvieron una ininterrumpida charla hasta que el timbre que anunciaba el final de la clase sonó. Además, había grupos numerosos de alumnos que se reunían en los pasillos en torno a El Profeta, ansiosos de nuevas noticias.

Por lo demás, el día transcurrió como uno más. Durante la comida, las conversaciones giraron en torno a las clases, la próxima salida a Hogsmeade o el quidditch.

-... Así que los Chudley Cannons no consiguieron llegar a la final –explicaba Ron a Harry y Dean-. ¡Mi hermano Bill me dijo que el partido fue increíble! Sus jugadas fueron espectaculares, pero al final venció el Pride of Portree... Es una pena... Si no hubiese sido por el gol definitivo de Smither, el cazador del Portree, habrían tenido posibilidades de pasar a los cuartos de final...

-¡Una lastima no ver el partido! La liga de quidditch ha terminado, pero la de fútbol comienza –Dean se frotó las manos con excitación. Dean, perteneciente a una familia muggle, era fiel seguidor de ese deporte del mismo origen.

-¿Fútbol? ¡Anda ya! –bufó Ron-. ¿Te refieres a ese póster que tienes en la habitación? ¿Ese deporte en el que los jugadores corren detrás de una pelota? –dijo burlonamente-. ¿Y que tiene eso de emocionante?

Fue entonces cuando comenzó la polémica entre Ron, que argumentaba que el fútbol era un deporte insubstancial y aburrido, y Dean, que opinaba que Ron no sabía de lo que hablaba. Harry intentó detener la discusión desviando la conversación hacia otro punto:

-Eh... ¿Dónde está Seamus?

El chico aún no había llegado al Gran Comedor, y a Harry le resultaba extraño, ya que la hora de la comida estaba a punto de acabar. La pregunta de Harry fue respondida casi al instante.

-Ahí lo tienes –dijo Dean, señalando con la cabeza la entrada del comedor.

Ron dio por terminado el debate y, al igual que Harry, giró la cabeza en aquella dirección. Seamus acababa de traspasar las enormes puertas del salón y no iba solo: el chico llevaba de la mano a Lavender.

-¿Y eso? –preguntó Ron sorprendido y con las cejas arqueadas, una vez Seamus hubo llegado junto a ellos y Lavender hubo ocupado su sitio al lado de Parvati.

-Seamus sale con Lavender –dijo Dean con una maliciosa sonrisa en los labios.

-Sí, y tú sales con... –Seamus sonrió burlón, pero calló al instante. Harry sabía exactamente qué era lo que había estado a punto de decir su compañero, pero rectificó al darse cuenta de la presencia de Ron.

-¿Con quién? –preguntó Ron, curioso, con picardía.

-Con nadie –respondió Dean inmediatamente.

-Pero si Seamus acaba de decir que... –insistió el pelirrojo.

-No le hagas caso. Ya lo conoces; es un bromista. Seamus tenemos que irnos –dijo Dean dirigiéndose a su amigo con una esclarecedora mirada.

-¿Qué? ¿Adónde? –Seamus no había captado la indirecta.

-Tenemos que... ¿No lo recuerdas? Tenemos que... bueno... ya sabes... –Dean parecía nervioso, y ya que Seamus no acababa de comprender la situación, pisó fuertemente y con disimulo el pie de su compañero. La cara del chico adquirió una mueca de dolor.

-Eh... Sí, ahora que lo dices... –contestó Seamus-. ¡Pero espera! ¡Yo aún no he comid...! –no tuvo oportunidad de acabar la frase, ya que Dean agarró de la túnica a su amigo y lo arrastró hasta la salida del Gran Comedor.

-¿Tú entiendes algo? –preguntó Ron con el ceño fruncido a Harry.

Lo único que pudo hacer Harry fue negar con la cabeza y encogerse de hombros. Seamus había enmendado el error a tiempo, pero había faltado muy poco para que Ron supiera lo que realmente ocurría. A decir verdad, Harry no entendía el porqué de esa actitud. Tarde o temprano, Ron acabaría enterándose de que Ginny salía con Dean, y Harry pensaba que lo más adecuado era que ella misma se lo contase, ya que si el pelirrojo terminaba por descubrirlo en boca de otros, su reacción no sería nada buena. Sin embargo, tampoco veía oportuno hablar con Ginny de ello e intentar que de una vez por todas hablara con Ron, ya que la sola mención de la relación "Dean/Ginny" hacía que Harry tuviese ganas de golpear a alguien.

Mientras tanto, todo seguía igual en el castillo: las acostumbradas peleas entre Ron y Hermione, la inmensa cantidad de deberes, la dificultad de las clases, los duros entrenamientos de quidditch y la incesante lluvia y el frío helador, signo inequívoco de que el invierno se acercaba con sus heladas nevadas. Pero como Harry sabía, la normalidad en Hogwarts no podía durar mucho, y nuevos quebraderos de cabeza se presentaron en la tarde del último día de noviembre.

Harry levantó la vista de su ejemplar de Pociones, Venenos, antídotos y demás pociones, y observó a Ron, que en aquel momento estaba construyendo un castillo con los naipes explosivos. A su lado, Hermione consultaba unas complejas tablas numéricas de Aritmancia.

Era la tarde del martes y la sala común estaba a rebosar porque fuera estaba nevando. La temperatura había bajado de tal modo que ningún alumno se decidía a salir del castillo, salvo si era necesario; y en aquellas ocasiones nadie olvidaba enfundarse en la capa y ponerse los guantes, la bufanda y el gorro bien calado hasta las orejas.

Ron colocó las últimas cartas y miró satisfecho su obra cuando alguien se detuvo junto a su mesa y dejó caer un libro sobre ella, sobresaltándolos a todos y haciendo que el castillo de naipes se desmoronara. Ron lanzó una mirada furibunda al culpable:

-¡Ya te vale, Ginny! Podías tener más cuidado.

-Lo siento, Ron –se disculpó la recién llegada-. Tampoco te pongas así, ni que lo fueras a llevar a un museo.

Harry y Hermione sonrieron ante el comentario de la chica y Ron recogió las cartas, que habían quedado esparcidas por toda la mesa.

-¿Puedo hablar contigo? –le preguntó Ginny a su hermano.

-Espera que consulte mi agenda –masculló Ron con sarcasmo.

-¡Ron! –protestó la chica.

-¡Vale, vale! –accedió Ron-. ¿Qué quieres?

-Vamos fuera a... al jardín –Ginny cruzó una mirada fugaz con Hermione, que asintió levemente con la cabeza.

-¿Al jardín? –Ron enarcó las cejas sorprendido-. ¿Con este frío? Más te vale que sea algo importante.

Ron se puso la capa y siguió a su hermana a través del retrato de la Señora Gorda. Harry se quedó mirando inquisitivamente a Hermione.

-Tú sabes lo que pasa, ¿verdad?

Hermione le miró con fingida inocencia, pero no logró engañar a Harry, que la siguió observando con suspicacia.

-Va a contarle lo de Dean, ¿no es cierto? –insistió.

La chica no pudo evitar quedarse boquiabierta, no se esperaba que Harry estuviera al tanto de aquello. Recuperándose de la sorpresa inicial acertó a preguntar:

-¡¿Lo sabias?!

-Les vi en Halloween y hablé con Ginny –explicó Harry encogiéndose de hombros.

-¿Se lo dijiste a Ron?

Harry no pudo evitar una sonrisa: todo el mundo conocía la relación "Dean/Ginny" excepto su amigo y todo el mundo parecía querer ocultárselo, como si al saberlo Ron fuera a comportarse como un energúmeno y hacer pedacitos a Dean. Aunque... pensándolo fríamente, esa sería su reacción más inmediata.

-No –dijo negando con la cabeza-. Ron está en Babia con respecto a ese tema. Ni se lo imagina. Pero –añadió- creo que estáis exagerando con el tema. Se lo podía haber contado aquí, en la sala común.

-Bueno –murmuró Hermione con cautela-, ya conoces a Ron. Supongo que Ginny no quería que su hermano asesinara a su novio en medio de la torre de Gryffindor –haciendo un gesto con la cabeza la chica señaló una mesa al otro lado de la sala, en la que Dean hablaba tranquilamente con Seamus.

Harry no pudo evitar una mueca al oír lo de "su novio", pero comprendió que Hermione tenía razón respecto a la reacción de Ron. Posiblemente, si Ron hubiera tenido cerca a Dean al conocer la noticia, le habría estampado contra la pared para pedirle explicaciones. Y, curiosamente, eso era lo mismo que Harry deseaba hacer en aquel momento.

Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando vio que Hermione se levantaba de la silla y se apresuraba a abrir una ventana (entre las protestas de un chico de séptimo que apretaba contra la nariz un pañuelo) para dejar pasar una enorme lechuza parda.

El ave revoloteó hasta posarse en la mesa en la que estaban los dos amigos, y Harry le quitó el sobre que llevaba atado en la pata. En cuanto se vio despojada de la carta, la lechuza se fue por el mismo camino por el que había venido. Tras cerrar la ventana, Hermione se sentó junto a Harry y le hizo un gesto para que abriera la carta que tenía entre las manos.

Harry la leyó y soltó un resoplido.

-¿De quién es? –preguntó Hermione intrigada.

-De Hagrid. Dice que vayamos esta tarde a la cabaña para echarle una mano con Grawp –explicó Harry con un tono de voz sombrío que demostraba lo poco que le agradaba la idea.

-¡¿Echarle una mano?! –la voz de Hermione sonaba irritada y con un deje de desesperación-. ¿A qué se refiere exactamente con "echarle una mano"?

Harry negó con la cabeza y miró a la chica directamente a los ojos:

-Habrá que ir, ¿no?

Hermione frunció el ceño, pero aún así contestó con un débil "Supongo que sí". La chica miró el reloj que había colgado de la pared junto a la mesa en la que estaban sentados.

-Van a dar las siete dentro de poco y está anocheciendo, cuanto antes vayamos, mejor –dijo a la vez que recogía con rapidez sus gráficos y libros-. ¿Dónde dijo Ginny que iban a ir ella y Ron?

-Comentó algo sobre el jardín.

-Creo que Ginny ya habrá tenido tiempo de decirle a Ron todo lo que quería, así que les buscaremos para que él venga con nosotros.

Estaban a punto de salir por el retrato cuando Harry recordó algo y agarró a Hermione del brazo.

-¿Llevo la capa invisible? –preguntó en un susurro para que nadie más les oyera. Hermione asintió y esperó a que su amigo subiera a la habitación y bajara con la capa que había pertenecido a su padre escondida bajo el jersey.

Salieron de la torre de Gryffindor e iban a ir a buscar a Ron, cuando le vieron aparecer por un recodo solo, sin Ginny. Iba inmerso en sus pensamientos, porque no les vio hasta que estuvieron frente a frente.

-¿Qué hacéis aquí? –les preguntó sorprendido.

-Vamos a ver a Hagrid –le informó Hermione haciéndole dar media vuelta-, y tú vienes con nosotros.

-Nos ha pedido que le echemos una mano con Grawp –añadió Harry.

-¿A que se refiere exactamente con "echarle una mano"? –soltó Ron con aire acusador. Harry se percató de que aquella era la misma reacción que había tenido Hermione minutos atrás.

-Ni idea, pero tenemos que ir.

Cuando salieron del castillo una ráfaga de viento los golpeó en la cara y los tres se resguardaron en sus bufandas.

-¿Dónde está Ginny? –le preguntó Hermione a Ron, cuya voz se oía ahogada a causa de la bufanda, intentando encauzar con tacto la conversación hacia la charla que habían mantenido Ron y Ginny.

-Ha ido a no sé dónde a hacer no sé qué –contestó él sin ganas.

-¿De qué habéis estado hablando? –volvió a preguntar ella.

-Pues de... oye, que cotilla eres, ¿no? Bueno, da igual, seguro que tú ya lo sabías –Ron cogió aire, como si todavía no se creyera lo que estaba a punto de decir-. Ginny me ha dicho que está saliendo con Dean.

Si Ron esperaba que sus dos amigos se escandalizaran ante la noticia, quedó defraudado, porque estos más bien parecían indiferentes.

-¿No decís nada? –exclamó Ron con indignación-. Tú ya lo sabias –dijo señalando a Hermione y frunciendo el entrecejo-. ¿Por qué no me lo dijiste?

-Porque yo no voy por ahí chismorreando sobre la vida privada de las personas –se defendió la chica.

-Esto es distinto, debiste contármelo, ¿no estás de acuerdo, Harry? ¿Verdad que debió decirme que mi herm...? –Ron se detuvo al ver la expresión de Harry, y la boca se le abrió hasta formar una "o" perfecta-. ¡Tú también lo sabias!

Harry esbozó algo similar a una sonrisa de disculpa.

-¿Por qué tengo que ser siempre el último mono en enterarme de todo? –protestó el pelirrojo-. Mi hermana está saliendo con un... con un...

-Con un amigo tuyo –le ayudó a terminar Harry.

-Psss... amigo –masculló Ron-. Ginny no sabe dónde se mete, primero con aquel mafioso de Corner y ahora con éste... que anda de contrabando por ahí con whisky de fuego y...

-Que yo recuerde, el día de la fiesta no te importó demasiado que el whisky fuera de contrabando –dijo con frialdad Hermione-. Y Ginny no es tonta, sabe lo que hace. No deberías sobreprotegerla tanto.

-¡¿Qué yo la sobreprotejo?! ¡Yo no la sobreprotejo! Sólo me preocupo lo justo.

-¿Qué tal si mientras seguís discutiendo vamos hacia la cabaña de Hagrid? –propuso Harry con sarcasmo sintiéndose más que harto de las continuas disputas de sus amigos.

Harry apretó el paso, adelantándose unos metros de Ron y Hermione, que seguían discutiendo a sus espaldas. Cuando llegó a la puerta de la cabaña, la golpeó con el puño y, al cabo de unos segundos, Hagrid apareció en el umbral.

En cuanto les vio una sonrisa apareció en su rostro.

-¡Habéis venido! –Harry contuvo una carcajada al escuchar detrás de él a Ron susurrar "Qué remedio"-. Pasad, pasad.

Los tres siguieron a su enorme amigo al interior de la cabaña y se acomodaron en unos altos sillones que dejaban sus piernas colgando en el aire.

-¿Queréis bizcocho? –les ofreció Hagrid señalando un plato-. Lo acabo de sacar del horno.

Los tres declinaron con amabilidad, pero rápidamente, el ofrecimiento, ya que conocían demasiado bien las dotes culinarias del gigante. Hermione fue al grano:

-¿Para qué nos has llamado, Hagrid? –preguntó mirando fijamente a su amigo, que les lanzó una mirada nerviosa.

-Veréis, el otro día, cuando fui a ver a Grawp, me encontré con que estaba herido. Me imagino que se encontraría con alguna bestia del bosque y el muy cabezota peleó con ella –Hagrid soltó un suspiro en el que se mezclaban la pena y la inquietud-. Como comprenderéis, no puedo llevarle a la enfermería, y él no me deja acercarme para curarle.

-Y, ¿quieres que nosotros...? –empezó Harry temiéndose lo peor. A su lado, Ron, que había estado jugueteando con Fang y acariciándole detrás de las orejas, detuvo sus carantoñas en el aire y observó a Hagrid, adivinando lo que se avecinaba.

-Me preguntaba si podríais ayudarme a curarle –concluyó Hagrid.

Hermione tuvo un acceso de tos, Harry se quedo mirando a Hagrid con un gesto de incredulidad en el rostro y Ron simplemente siguió jugueteando con Fang con aire pensativo.

-Ya sé que es pediros mucho –se apresuró a decir Hagrid-, y no os lo diría si tuviera otra alternativa. Pero sois los únicos que sabéis de la existencia de Grawp, y él está muy mal. No deja de hurgarse en las heridas, empeorándolo todo. Si no le atiendo pronto, enfermará y... –dejó la frase suspendida en el aire, aunque estaba claro lo que había querido decir.

Los tres sabían que tendrían que ir. Hermione fue la primera en ponerse en pie y, tras alisar con las manos la falda del uniforme, preguntó:

-Bien, ¿vamos ahora?

Hagrid le dedicó una sonrisa de gratitud y los dos chicos también se levantaron de sus asientos, sin mediar palabra. Antes de salir de la cabaña, el gigante cogió su ballesta, y una vez fuera tomaron rápidamente la dirección al Bosque Prohibido. Cuando llegaron al linde de éste, Hagrid encendió un farolillo y precedió a los tres jóvenes, que le siguieron de cerca.

Según iban penetrando en la espesura del bosque, los arboles eran más altos y frondosos, como un techo abovedado y verde. Sin embargo, al nivel del suelo, los arbustos y las raíces de los arboles les hacían tropezar. Harry, Ron y Hermione tenían que ir saltando y corriendo a trompicones para no perder de vista a Hagrid.

-Eh... –empezó Ron, dubitativo-. Esto... donde vamos no quedara cerca de... cerca de...

Harry comprendió que Ron se refería al nido de arañas donde vivían Aragog, una araña gigantesca, y su familia. Con un movimiento negativo de cabeza tranquilizó a su amigo, que soltó un suspiro de alivio. Ron tenía fobia a las arañas y el hecho de que en segundo curso se hubieran visto envueltos en una experiencia con cientos de arácnidos enormes no había ayudado a que el pelirrojo superara sus miedos.

Continuaron avanzando en silencio, ya que desde el año anterior los centauros se comportaban de manera hostil. Al cabo de unos minutos, dejaron de seguir el sendero, por lo que avanzar con paso rápido se hizo aun más complicado. Hermione ahogaba exclamaciones de dolor cada vez que las zarzas arañaban la parte de sus piernas que la falda dejaba al descubierto.

Llevaban cerca de veinte minutos andando cuando Harry se percató de que según avanzaban el silencio se hacia mayor, signo inequívoco de que ya estaban llegando al lugar donde vivía Grawp.

-Tú no conoces a Grawp, ¿no es así, Ron? –preguntó Hagrid mientras se abría paso entre la maleza con los brazos. Ron, que iba justamente detrás de él, sujetó las ramas que el guardabosques había apartado.

-Ajá –asintió el chico-. Esta va a ser nuestra... presentación oficial.

-Sí –añadió Hagrid con entusiasmo mientras seguía avanzando-. Estoy seguro de que seréis buenos amigos.

-¡¿Qué?! –Ron se detuvo en seco con una expresión de susto en el rostro y olvidándose de sujetar las ramas que Hagrid apartaba a su paso, que le golpearon con fuerza en la cara-. ¿Buenos amigos? –logró farfullar escupiendo un par de hojas y con incredulidad.

A su espalda Hermione susurró con sarcasmo:

-¿Por qué no? A veces los dos sois igual de bestias.

Harry se echó a reír y Ron se giró y miró a la chica con cara de "Eso no ha tenido ni pizca de gracia".

Finalmente, Harry reconoció aquel gigantesco cuerpo hecho un ovillo que dormía tranquilamente y que, si alguien no se fijaba con detenimiento (y más con tan poca luz), parecía un montículo de tierra. Los cuatro se detuvieron frente al gigante, mientras Ron miraba a su alrededor con los ojos entrecerrados.

-¿Se puede saber por qué nos hemos quedado aquí quietos? ¿Grawp va a venir aquí? –el chico se acercó despreocupadamente al gigante dormido, por lo que Harry supuso que su amigo no se había dado cuenta de que Grawp "ya" estaba allí-. Pff, estoy agotado, vaya paseíto –Harry, Hagrid y Hermione contuvieron el aliento al ver que Ron se sentaba con tranquilidad en lo que, a juzgar por la forma, debía ser el pie de Grawp-. Bueno, entonces... ¿Grawp va a venir aquí? –repitió.

Los otros tres se quedaron mirándolo con aprensión, hasta que Hermione se atrevió a decir con un hilo de voz:

-Grawp ya está aquí, Ron –el aludido miró nervioso a todos lados-. Estás... sentado encima de él.

Ron se puso en pie de un salto a la vez que soltaba una palabrota y retrocedió hasta chocar con Hagrid. Miraba con los ojos fuera de las órbitas la figura de Grawp, que en aquel momento se removía en sueños.

Hagrid cogió una larga vara y le dio unos suaves golpecitos a su hermanastro en la espalda, haciendo que éste se revolviera con más fuerza.

-¡Grawpy! ¡Hola, Grawpy! Despierta, hombre, que he venido a hacerte una visita –decía Hagrid con una voz impregnada de inconfundible cariño-. Y he traído unos amigos, Grawpy. ¡Ha venido Hermy, Grawp! ¡Vamos, despierta, Hermy ha venido a verte!

La chica se acercó instintivamente a Harry y Ron, hasta colocarse entre los dos.

-Hagrid, ¿qué haces? No me menciones tanto...–gimoteó con desesperación.

-Es que se acuerda mejor de ti –explicó el hombre-. No sé, tal vez sea por el hecho de que seas una chica.

-Pe... pero... –balbuceó Hermione.

Grawp empezó a ponerse en pie mientras se restregaba los ojos, soñoliento. Una vez completamente erguido, casi tocaba las copas de los árboles con la cabeza y los hombros.

-Caramba –musitó Ron impresionado.

-¡Grawp! ¡Mira, Grawp! –exclamó Hagrid elevando la voz para hacerse oír-. ¡Aquí están Harry y Hermy! Y, ¡mira! –dijo mientras agarraba a Ron del brazo y le ponía a su lado a pesar de las susurrantes protestas de éste-. Este es Ron, ¡también quiere ser amigo tuyo!

Grawp se inclinó ligeramente hacia delante para observar a Ron con curiosidad. Después de unos segundos, la boca del gigante se abrió en una mueca parecida a una sonrisa deforme que dejaba a la vista sus dientes amarillentos. De repente, de su garganta salió un sonido extraño, que al principio pareció un acceso de tos, y el gigante señaló con su enorme mano a Ron, que no se atrevía a retroceder. El chico miró interrogativamente a sus amigos, pero estos observaban atónitos a Grawp.

-¿Qué le pasa? –preguntó Harry sorprendido.

Hagrid negó con la cabeza. Sin embargo, Hermione exclamó:

-¡Se está riendo!

-¡¿Qué se está riendo?! –Ron miró al gigante un poco temeroso, porque Grawp seguía inclinado y desde la perspectiva del chico debía parecer que "su nuevo amigo" iba a caer sobre él en cualquier momento.

Sin duda alguna, Grawp se estaba riendo y seguía señalando a Ron. Súbitamente, alargó la otra mano hacia el pelirrojo, que retrocedió un par de pasos, y con su pulgar y su índice (casi tan largos como los brazos de Ron) intentó agarrar un mechón del pelo del muchacho. Aun así, sus dedos se cerraron en el aire. Grawp continuó riéndose con ganas.

-Creo –empezó Hermione con una sonrisa en los labios- que le hace gracia tu pelo.

Parecía que Grawp intentaba decir algo, pero la risa no le permitía pronunciar una sola sílaba. Hagrid y los tres jóvenes le miraban expectantes, hasta que el gigante consiguió articular una palabra:

-Gu... güego –decía entre risas señalando a Ron y sujetándose el costado-, güego, gu... ¡Güego!

-¿Güego? –preguntó nervioso el pelirrojo-. ¿Qué demonios significa "güego"?

-Tal vez quiera decir "juego" –propuso Hagrid no muy convencido.

-¿Juego? –Ron cada vez parecía más intranquilo-. Oye, no creerá que soy un juguete, ¿verdad?

-¡Quiere decir "fuego"! –exclamó por fin Harry.

Grawp, sin dejar de reír, dirigió la mirada hacia Harry y le observó risueño.

-¡Sí! ¡Güego! –y volvió a soltar una carcajada.

-No debe de haber visto a nadie con un pelo como el tuyo –Hermione no podía contener la risa mientras hablaba-. Habrá pensado que la cabeza te ardía o algo así.

-¿Y eso le hace gracia? –Ron parecía más calmado, aunque un poco molesto-. Hagrid, tu hermano tiene un sentido del humor muy poco corriente... además de ser medio pirómano.

Después de intentar hacerle entender a Grawp que Ron no era una antorcha humana (lo que llevó un buen rato), el gigante dejó de reír y Harry pudo observar que tenía los brazos, las piernas y la cara llenos de heridas, arañazos y magulladuras con muy mal aspecto.

-Pero, ¿quién ha podido hacer esto? –musitó Hermione, que también se había fijado en el estado de Grawp.

-Posiblemente los centauros –Hagrid parecía preocupado. Después se giró hacia los tres jóvenes con severidad-. Ni se os ocurra meteros en el bosque en estos días.

-Y entonces, ¿qué estamos haciendo aquí? –pregunto Ron con sarcasmo.

-Me refiero solos –Hagrid continuaba muy serio-. Ya sabéis lo que ocurrió el curso pasado con Dolores Umbridge. Los centauros están completamente furiosos.

-Pero, ¿por qué iban a atacar a Grawp? Él no les ha hecho nada –comentó Hermione.

-En estos momentos, eso es lo que menos les importa –murmuró Hagrid con amargura.

-¿Has traído algo para curar esas heridas? –Ron, aunque manteniéndose a una distancia prudencial y respetable, parecía no temer a Grawp.

En guardabosques sacó de uno de los bolsillos de su abrigo un bote cilíndrico de madera. Al abrirlo, dejó al descubierto un ungüento marrón que despedía un fuerte olor dulzón.

-Esto servirá para hacerle cicatrizar las heridas –les explicó.

-No creo que deje que nos acerquemos demasiado, Hagrid –susurró Hermione.

-Ya, bueno –el guardabosques esbozó una sonrisa ladeada, como de disculpa-. Tal vez a ellos no –Hagrid señaló a Ron y a Harry-, pero a ti seguro que sí.

-¡No! –exclamó la chica horrorizada intentando no alzar la voz para que Grawp no la oyera; aunque eso era bastante improbable, ya que el gigante estaba abstraído observando como las hojas doradas y rojizas caían de los árboles. Hermione tomó aire, intentando relajarse-: Hagrid, no puedo creer que me hagas esto.

-Tranquila –la apaciguó Hagrid-. No te lo pediría si supiera que puede pasarte algo malo, pero Grawpy se acuerda mucho de ti, el otro día hasta me preguntó dónde estabas. Creo que te ha cogido cariño. Además, Harry, Ron y yo estaremos aquí, por si acaso.

-¡Qué consuelo! –susurró la joven mientras el guardabosques le ponía en las manos el bote cilíndrico-. ¡Puaj! ¡Apesta! ¿Qué tengo que hacer con esto?

-Yo sujetaré a Grawp –explicó Hagrid- y entonces tú tendrás que darle esa crema en las heridas.

Hermione asintió brevemente y observó, asiendo el bote con fuerza, como Hagrid llamaba a su hermanastro. Grawp se giro al oírle y a un gesto de Hagrid se puso en cuclillas para escuchar lo que el guardabosques quería decirle. Durante un rato, escuchó a Hagrid con una graciosa mueca de concentración en su enorme cara. Cuando finalmente entendió lo que su hermano le decía, hizo un gesto de satisfacción y se volvió hacia Hermione, que apretó más fuertemente el recipiente del ungüento, hasta que los nudillos se le quedaron blancos, en un intento desesperado por disimular el temblor de sus manos.

Con un movimiento un poco brusco, Grawp se sentó en el suelo, haciendo que éste retumbara bajo los pies de los presentes, y extendió un brazo en dirección a Hermione. Ésta se acerco lentamente y al llegar junto a él se dispuso a aplicar la crema en las heridas del antebrazo. Grawp tenía numerosas contusiones y varios cortes profundos de mal aspecto. Ignorando el asco que le producía la consistencia pegajosa del ungüento, Hermione lo extendió sobre la piel dañada.

-HERMY CURA A GRAWP –tronó el gigante. La chica levantó la vista y no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios al ver los ojos del gigante llenos de curiosidad.

Durante la siguiente media hora, Hermione se aplicó en la tarea de curar a Grawp, y tuvo que hacerlo sola, ya que si Ron o Harry se acercaban más de lo necesario, el gigante soltaba un gruñido profundo y amenazador.

Cuando hubo terminado, Hermione cerró el bote y se limpio las manos con un pañuelo.

-Ya está –anuncio satisfecha. Al oírla, Grawp se puso en pie.

-Dale las gracias a Hermy, Grawp –indicó Hagrid.

-GRACIAS –el tono de voz del gigante hizo que varios pájaros echaran a volar desde las ramas de los árboles, asustados. Acto seguido, Grawp alargó una mano hacia la chica, como si quisiera cogerla, y Hermione retrocedió aterrada, porque, aunque sabía que Grawp no quería hacerle daño, éste no controlaba su fuerza y podría destrozarla como a una cerilla.

-¡Grawp, no! ¡Para! –gritó Hagrid nervioso.

Hermione trastabilló y cayó de espaldas, golpeándose el codo derecho contra el suelo, por lo que la mano del gigante se cerró en el aire.

-¡Hagrid! –gritaron al unísono Ron y Harry en un tono imperioso de necesidad al ver que Grawp se acercaba nuevamente a la chica.

El guardabosques se interpuso entre Hermione y Grawp, y empezó a hablar a éste tratando de distraerlo y regañándole, aunque el gigante parecía desorientado por las palabras de Hagrid. Entretanto, Ron y Harry se habían acercado por detrás de Hagrid hasta llegar donde estaba Hermione. Harry cogió el bote de la crema del suelo mientras Ron ayudaba a la chica a incorporarse.

Parecía que la discusión entre los dos hermanos se estaba encrudeciendo: Grawp se estaba enfureciendo por el tono enfadado de Hagrid, e intentaba apartarlo del medio.

-¡Ya basta, Grawp! –gritaba Hagrid molesto.

En aquel momento, Grawp pareció perder los estribos y al mismo tiempo que exhalaba un rugido, golpeó con el puño cerrado un grueso árbol, que crujió y cayó pesadamente al suelo. Los tres jóvenes retrocedieron asustados.

-¡Marchaos de aquí! –les instó Hagrid sin apartar la mirada de Grawp, que tenía un aspecto feroz. Harry no se movió, al igual que Ron y Hermione-. ¡Enseguida, largaos!

Los tres amigos observaron durante un instante la espeluznante visión de los dos gigantes de aspecto rabioso y después se internaron entre los árboles, perdiendo de vista rápidamente a Hagrid y Grawp. Dieron unos pasos en silencio y, como si se hubieran puesto de acuerdo, se detuvieron los tres a la vez. No se percibía ningún sonido que proviniera del lugar en el que habían dejado a los dos gigantes.

-¿Y ahora? –preguntó Harry, que tenía la varita firmemente agarrada: nadie sabía lo que podía aparecer de repente en el Bosque Prohibido.

-No podemos dejar a Hagrid solo –murmuró Hermione-. Pero tampoco podemos ayudarle.

-Ahora no se oye nada –intervino Ron, que estaba atento a todo lo que ocurría a su alrededor.

-No deberíamos estar demasiado tiempo en el bosque –advirtió Harry, que también miraba alrededor-, tal vez tendríamos que intentar salir de aquí.

-¿Y Hagrid? –preguntó Hermione nerviosa.

-No podemos hacer nada por él –dijo Ron con el ceño fruncido y una expresión seria poco habitual en él.

-Bien, pues vayámonos de aquí – decidió Harry.

Les costó un buen rato salir del bosque, ya que trataban de avanzar con el mayor sigilo posible para no atraer la atención de ningún ser y además, en una ocasión Ron vio varias arañas y estaba seguro de que se estaban acercando al nido de Aragog, por lo que tuvieron que retroceder para reencontrar el camino correcto.

-Pero, ¿es para tanto ese lugar? Me refiero a donde habita Aragog –preguntó Hermione, tirando de la esquina de la túnica para que se desenganchara de unos matorrales.

-Ya lo creo –afirmó Ron con rotundidad-. Si hubieras estado allí no lo preguntarías.

-Creo que me gustaría verlo, por curiosidad –murmuró la chica.

Ron la miró como si pensara que debía estar loca.

-No creo que te gustara –dijo Harry sin detenerse.

Por fin llegaron al linde del bosque y se encaminaron en silencio hasta la cabaña de Hagrid. Hermione alargó la mano hacia el picaporte y abrió la puerta. Los tres entraron y se sentaron en unas sillas de gran tamaño que rodeaban una mesa de dimensiones similares. Sin necesidad de palabras, únicamente intercambiando miradas, los tres eran conscientes de la situación: desde el curso anterior, Hagrid solía aparecer con magulladuras y distintas heridas y, aunque ellos sabían que era Grawp quien se las hacía, era muy diferente ser testigo de aquellas riñas.

-Entiendo la postura de Hagrid –comentó Hermione, que se había remangado la manga derecha y observaba la contusión del codo-, porque Grawp es su hermano y todo eso, pero no creo que tenerle aquí ayude.

-¿Y qué quieres que haga? No puede llevarlo a ningún otro sitio –inquirió Harry saliendo en defensa de su enorme amigo a pesar de que sabía que Hermione estaba en lo cierto.

-Ya lo sé –Hermione se sonrojó porque no quería que pareciese que no apoyaba a Hagrid-. Pero Grawp no va a estarse quieto mucho tiempo más y es lógico, ¿quién querría estar solo en un bosque durante meses? ¿Y si alguien lo descubre? ¿Y si le hace daño a alguien? –con esta última frase, la voz de la chica tembló levemente.

Ron permanecía en silencio, escuchando a sus dos amigos. Harry volvió a hablar:

-No le descubrirán porque nadie entra en el bosque y no va a hacer daño a nadie, Hagrid le controla y...

-Harry, ¿es que no has visto lo que ha pasado hoy? –Hermione chascó la lengua con impaciencia-. Hagrid no puede contener a Grawp y a saber lo que ha pasado en el bosque, porque cuando nos hemos ido, estaban a punto de...

-Shhh –chistó Ron, que miraba a través de la ventana. En aquel mismo instante la puerta de la cabaña se abrió dando paso al guardabosques.

-¡Hagrid! –exclamó Hermione levantándose de golpe.

Los tres jóvenes contemplaron con avidez al semigigante, en busca de huellas de algún golpe.

-¿Estás bien? –interrogó Ron con nerviosismo.

-¿Hmmm? Sí, sí, estoy bien –afirmó el recién llegado. Sin embargo, quedó a la vista que cojeaba un poco cuando se dirigió hacia la lámpara de aceite que colgaba del techo para encenderla-. No pensé que estaríais aquí. Ya ha anochecido, será mejor que regreséis al castillo.

Los tres se despidieron de Hagrid, con la sensación de que éste quería quedarse solo lo antes posible.

-¿Creéis que estará bien? –preguntó Hermione al tiempo que se alejaban de la cabaña.

Ninguno de los dos muchachos contestó y los tres aceleraron el paso porque ya era demasiado tarde para andar por los terrenos. Todo lo rápido que pudieron, recorrieron los jardines que les separaban del castillo y poco después estaban pasando por el retrato de la Señora Gorda.

-¿No vamos a bajar a cenar? –Ron siguió a Hermione y a Harry hasta la mesa vacía más cercana.

No había demasiada gente en la sala común, ya que algunos estudiantes todavía no habían vuelto del Gran Comedor y, al haber clase el día siguiente, los alumnos se retiraban pronto a descansar.

-Yo no tengo hambre –murmuró Hermione negando con la cabeza y sentándose en una silla.

-Yo tampoco –coincidió Harry.

Ron se encogió de hombros y se dejó caer en un asiento cercano.

Los tres volvieron a quedarse en silencio, conscientes de que antes de ser interrumpidos por Hagrid, Harry y Hermione estaban discutiendo. El pelirrojo se removió inquieto en su silla, porque sentía que en aquella ocasión era él quien tenía que mediar entre sus dos amigos. Se disponía a decir algo que calmara los ánimos cuando Dean se acercó hasta su mesa y se sentó con ellos. Contrariado, Ron cerró la boca y se quedó mirándolo.

-Hola –saludó Dean sonriendo de un modo forzado, como pudo constatar Harry.

Los tres jóvenes le devolvieron el saludo y Harry entonces notó que al otro lado de la sala común Ginny observaba la escena mordiéndose el labio inferior.

-Ginny me ha dicho que ha hablado contigo esta tarde –añadió el recién llegado con nerviosismo mirando a Ron.

La tarde había sido tan agitada que el pelirrojo parecía haber olvidado aquel tema, y al recordarlo tan súbitamente, no pudo evitar fruncir levemente el ceño, pero al igual que Harry, debió vislumbrar a Ginny en el lado opuesto de la estancia, porque tragándose sus pensamientos, murmuró:

-Sí, he hablado con ella.

-Bien –pareció que Dean soltaba el aire aliviado y se puso en pie con una sonrisa en los labios-. Bueno, sólo quería decirte que... bueno, tú ya me entiendes, ¿verdad?

-Sí, claro, yo te entiendo –musitó Ron con una voz que no demostraba ninguna sensación y con una mirada que decía a todas luces: "más te vale tener cuidado con lo que haces con mi hermana, porque si no...".

-Bien –repitió Dean-. Bueno, hasta luego, cuñado –se despidió dándole una palmadita a Ron en el hombro y alejándose.

Hermione y Harry no pudieron contener la risa al ver la cara de su amigo mientras este contemplaba la espalda de Dean.

-¿Qué... qué se supone que ha querido decir con lo de "cuñado"? –siseó Ron con una expresión de completa incredulidad pintada en el rostro, mientras Hermione soltaba una carcajada-. Vamos a ver, ¿qué se ha creído ese tío? ¡Ni que fuera a casarse con ella! –Harry intercambió una mirada divertida con Hermione, al tiempo que Ron seguía hablando como si pensara en voz alta-: Además, seguro que no duran juntos ni dos asaltos. ¡Ja! ¡Ese todavía no sabe cómo se las gasta Ginny!

-¿Y cómo se las gasta? –preguntó Harry casi inconscientemente.

-Bueno, ya sabes –dijo Ron con orgullo-, el típico carácter Weasley. Todos los Weasley somos de carácter fuerte.

-Sí, Ron, sobre todo tú –soltó Hermione con una sonrisa burlona.

-¿Qué insinúas? –inquirió el pelirrojo.

-Nada, es sólo el típico sarcasmo Granger.


¡Fin del cap 10! Espereaos que os haya gustado, pero claro, como no se nos da bien la Adivinación, tendréis que dejarnos un review para saberlo...

Próximo capítulo: "Noticias vespertinas". Los mortífagos seguirán sembrando el caos y no queremos adelantar mucho, pero habrá novedades sobre algún romance...

Respuestas a los reviews:

kariitho!: Nos alegra que te haya gustado el fic hasta el momento, esperamos q continúes la historia y nos sigas dejando tu opinión. Ahora mismo estamos muy liadas entre exámenes etc... pero en cuanto tengamos un tiempillo nos meteremos en tu fotolog, prometido. ¡Besos y hasta el próximo cap!

favila thyferra: ¡Hola wapa! Hace mucho que no teníamos noticias tuyas, qué bien q sigas el fic, y aunque no sabemos cuándo te leerás este cap, aquí te agradecemos tus reviews. En cuanto a lo de la dirección de correo, te mandaremos un email. ¡Besos!