Bajo el mismo techo

Capítulo 10

"Sentimientos en recuperación"

Cuando pudo abrir los ojos se encontró completamente desorientado. Estaba en una especie de habitación muy iluminada, y no recordaba bien cómo había llegado allí. Intentó incorporarse, pero una fuerte puntada en el costado derecho de su pecho lo detuvo. Cuando se miró descubrió que su brazo derecho se encontraba inmovilizado, pero no fue capaz de pensar en nada más, pues un fuerte dolor en la cabeza lo obligó a cerrar nuevamente sus orbes doradas y entregarse nuevamente al letargo y confuso sueño de las drogas proporcionadas a su torrente sanguíneo.

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Varias horas más tarde, la chica conseguía abrir los ojos con dificultad. Su cabeza daba vueltas, pero pudo después de unos minutos de intentar recapitular los últimos sucesos que recordaba, reconocer que estaba en una habitación de hospital. Rápidamente la invadió una desesperación, y cierto pánico, al recordar lo que le había sucedido a Inuyasha. Aún no sabía que había sido de él, y la idea de que hubiera muerto le aterraba. Se incorporó en la cama. Descubrió que su trasero aún dolía, pero no era lo suficiente como para impedirle levantarse y salir a buscar a Inuyasha.

La habitación estaba oscura. Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas... estaba atardeciendo. Eso quería decir que había estado inconsciente por casi un día entero. Con este pensamiento su desesperación creció ¿Qué había sido de Inuyasha? ¿Dónde estaba?

Salió con sigilo de la habitación, a un pasillo muy iluminado, y caminando descalza por las baldosas del pasillo llegó hasta lo que parecía ser un mesón de informaciones. Preguntó apresuradamente por Inuyasha Taisho y le indicaron la habitación en la que se encontraba. Estaba en el ala opuesta del hospital.

Cuando por fin se encontró frente a la puerta habitación que le habían indicado, tuvo unos segundos de vacilación... no sabía si estaba preparada para averiguar en qué estado se encontraba Inuyasha, temía que fuera demasiado grave, y le aterraba pensar que había sido por salvarla a ella. Armándose de valor tomó la manilla de la puerta y la giró con cuidado. Abrió lentamente, y al entrar se encontró con el chico, aparentemente durmiendo, en la cama. Se acercó sin hacer ruido, y bastante compungida observó su rostro de cerca... Tenía unos cuantos moretones, pero al parecer el casco había cumplido bien su cometido. Siguiendo con la mirada más abajo, descubrió que su brazo y su hombro derecho estaban enyesados, al igual que su tobillo izquierdo. Una gran venda cubría su frente rodeándole la cabeza.

Con todo el cuidado que pudo, acarició suavemente las mejillas del herido, y mientras lo observaba comenzó a sentir como las lágrimas llenaban sus ojos, resbalando por sus mejillas, y yendo a parar al colchón de la cama de Inuyasha. Lloraba de alivio, nunca se había sentido tan aliviada en toda su vida... no cabía en sí de gozo al haber descubierto que no estaba muerto... y aparentemente no iba ser el accidente la causa de su muerte tampoco. Aun estaba un poco aturdida, acercó una silla al lado del convaleciente, y sin darse cuenta realmente, apoyó su cabeza y sus brazos sobre el colchón, y volvió a sumirse en el sueño.

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Abrió los ojos con esfuerzo... se sentía menos mareado, al parecer el efecto de las drogas en su cuerpo estaba aminorando. Estaba oscuro, la habitación se iluminaba únicamente con el resplandor proveniente de la mesita de luz al lado derecho de su cama. Con su mano sana, se restregó los ojos, intentando despertar completamente. Con ese ligero movimiento del brazo izquierdo descubrió que le dolía cada músculo del cuerpo... a pesar de ello estaba tranquilo, tenía la seguridad de que Kagome estaba bien, y ese pensamiento bastaba para tranquilizarlo.

Recorrió con la mirada la habitación... a su izquierda estaba la mesita de luz, con la pequeña lámpara y un control remoto. Más allá había una ventana bastante grande, con las cortinas corridas. Bajo ella había un pequeño sofá de dos cuerpos. Frente a él, empotrado en un sostenedor de pared, había un pequeño televisor. Un poco a la derecha había una puerta entreabierta, supuso que debía ser el baño, pues la luz adentro estaba apagada. A la derecha de esa puerta, estaba el armario, y más a la derecha estaba la puerta que debía dar al pasillo. Su mirada continuó hacia la derecha, y se sobresaltó de tal manera que llegó a dolerle, cuando descubrió una cascada de cabello negro azulado derramado sobre el colchón, en el hueco que quedaba a su derecha, a la altura de su codo. Por la reclinación de la camilla no la había visto antes.

Era Kagome, su Kagome... sentada en una silla y reposando su cabeza sobre el colchón, parecía dormir, vestida únicamente con la bata de hospital... ligeramente abierta en la espalda, revelando su desnudez. No llevaba nada abajo de aquella delgada pieza de tela, y ese descubrimiento le provocó una ligera corriente eléctrica que recorrió fugazmente su espina dorsal. Se movió un poco por este impulso, lo que provocó movimiento en la chica también.

La observó un tanto abobado como abría lentamente los ojos. Luego llegó a saltar cuando la chica levantó la cabeza bruscamente al darse cuenta de dónde se encontraba. Aún un poco sobresaltada, le miró a los ojos, y en ese instante, Inuyasha sintió que entre ellos había un lazo poderoso. No supo explicarse realmente qué fue lo que se le cruzó por la cabeza en ese momento, pero sintió que en aquellos ojos chocolate residirían de ahí en adelante, su voluntad, su confianza y su fe.

Ella por su parte, aún estaba un poco desorientada, pero al ver aquellos ojos dorados que volvían a posarse en ella, pudo tranquilizarse. Inuyasha estaba ahí, mirándola de nuevo... y mirándola de una manera... Dios! qué daría por que la mirara así siempre. Una mirada especialmente intensa, que nunca le había dedicado antes... una mirada cargada de un magnetismo especial, una mirada que comenzaba a producirle una extraña ansia... un deseo de nunca volver a separarse de esos ojos.

El tiempo pasaba y ellos seguían mirándose sin hablar... parecía como si se vieran por primera vez. Por fin Inuyasha habló y Kagome consiguió salir de su estupor.

- Niña, me diste un buen susto! - dijo intentando aliviar esa cargada tensión que se produjo con esas miradas.

- Supieras el susto que me diste tu a mi - contestó ella muy sinceramente.

- No pensabas que iba a pasarme algo eh? No soy tan debilucho - le sonrió arrogante. Kagome sonrió... le enternecía ver a Inuyasha intentando hacer parecer aquel accidente como nada importante, intentando tranquilizarla.

- No me preocupé, sé que al gran Inuyasha no puede hacerle daño algo tan frágil como un coche a toda velocidad conducido por un borracho - contestó con cierta ironía, frunciendo el ceño y mirándole muy seria.

Inuyasha sólo sonrió e intentó encogerse de hombros, pero una fuerte puntada se lo impidió, haciéndole formar una mueca de dolor, que no pasó inadvertida a la chica. Suspiró profundamente, y le dedicó una última mirada de reproche al enfermo, para luego volver a sonreírle.

- Bueno supongo que tendrás algo interesante que contarle a tus nuevos compañeros de clase.

- Nuevos?

- A los del conservatorio - le sonrió sincera.

- Vaya, veo que ya has decidido por mi.

- Sé que eso es lo que realmente quieres.

- Pareces saberlo mejor que yo.

Kagome rió ya un poco más tranquila, y continuaron charlando trivialidades por un buen rato hasta que Inuyasha ya no pudo contenerse. Hacía mucho rato que venía observando la pequeña porción de la espalda descubierta que alcanzaba a ver desde ese ángulo, y que no cesaba de recordarle que tenía a su lado a una chica hermosa y semi desnuda.

- Kagome... emm... ya te diste cuenta que estás desnuda? - preguntó fingiendo nerviosismo... quería ver la cara que ponía al escuchar sus palabras.

Los ojos risueños de Kagome, cambiaron rápidamente a una expresión de desesperación, mirando hacia abajo. Rápidamente volvieron a subir, cargados de enojo, pero de cierto alivio también. Y su rostro se enmarcaba con un ligero tinte rosa en sus mejillas.

Inuyasha sonreía travieso ante la reacción de la chica.

- Me diste un susto! - le reprochó - como estaba tan desorientada era posible que hubiera llegado aquí desnuda... por un momento te creí. Malvado ¬¬ - lo miró nuevamente, para descubrir que intentaba contener la risa, lo que parecía dolerle - Anda! ríete y que te duela. Sé que esto no cubre mucho - dijo mientras intentaba verse la espalda desnuda... comenzaba sentirse nerviosa, recién cuando él se lo dijo pudo percatarse de que no estaba ni con bragas ni sujetador. Él ya debía de haberse dado cuenta, pues de otro modo no le habría hecho el comentario. - pero no estoy lo suficientemente desnuda como para que me juegues esas pasadas.

Inuyasha volvió a reír... le dolía un poco, pero había despertado de muy buen humor, sobre todo al descubrir a la chica a su lado, sana salva, y casi desnuda.

Kagome por su parte, ahora se encontraba muy turbada... realmente se sentía desnuda. Además le preocupaba que ya era de noche y no recordaba cuál era su habitación. También le preocupaba el estado clínico de Inuyasha... hacía bastante rato que deseaba escuchar su estado de la boca de un doctor... pero tampoco sabía qué hora era...

- Qué pasa? - preguntó Inuyasha, dejando de reír al ver la preocupación en las facciones de la chica.

- Bueno... es que... creo que debería dejarte dormir, ya es de noche.

- Vamos, he dormido todo el día... y al parecer tú también... dime la verdad - dijo escrutando aquellos ojos color avellana que lo miraban con visible preocupación.

- La verdad es que no sé cómo volver a mi cuarto - suspiró un tanto avergonzada por su torpeza. Esperaba que Inuyasha volviera a reírse de ella, pero en vez de eso escuchó cómo su voz se suavizaba un poco.

- Puedes quedarte aquí, si no quieres no tienes por qué irte. La solución más lógica es que salgas y preguntes en la mesa de informaciones, pero supongo que no saldrías en esas ropas a pasearte por los pasillos o si? - volvió a sonreír. - quédate otro rato... no creo que tengas sueño verdad?

Kagome se sorprendía un poco de cómo había cambiado el trato entre ellos a raiz de el accidente. Se trataban con mucho menos pudor, y menos miedo... o al menos así lo sentía ella de parte de Inuyasha. Estaba mucho más alegre... a pesar de la situación en la que se encontraba bromeaba como nunca lo había hecho con ella. Siempre se había mostrado huraño e indiferente frente a ella. Ahora Kagome lo sentía mucho más natural...

Quizás siempre era así, y en el momento de conocerlo estaba pasando por un mal momento. Claro, no iba a preguntárselo ahora... no iba a revertir el positivo cambio que había sufrido con todo el asunto del accidente.

- No... está bien, pero de verdad me gustaría saber qué hora es.

- Mmm... no lo sé no llevo reloj.

- Da igual... dime cómo te sientes.

- Como si me hubieran atropellado - bromeó.

Kagome sonrió... estaba verdaderamente aliviada.

- Supongo que debes de estar bien, o no estarías de tan buen humor.

- Y tú cómo te encuentras? - preguntó evadiendo el comentario.

- Bien... aún me duele el trasero, pero se pasará.

Inuyasha volvió a sonreír de esa manera tan especial que hacía que a Kagome se le pusiera la piel de gallina, y así charlando y riendo, pasaron esa noche en vela, olvidando por completo que hacía unas pocas horas habían sufrido un accidente que podría haber sido mortal para ambos, que se encontraban malheridos en un hospital y que nadie tenía noticias de ellos...

Continuará...