ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.

Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.

Capítulo IX

El primer baile

-Hermoso relicario- apreció el castaño- hace juego con tu vestido

-Me lo regaló el padre de Anthony- dijo Candy sin darle mayor importancia a sus palabras, en cambio para el castaño, el sentimiento fue muy diferente, a tal punto que sus bellas facciones se contrajeron de enojo que se guardó para otro momento, pero que un rubio muy atento alcanzó a vislumbrar desde su puesto a un lado de Candy

-Espero que todos los bailes me lo conceda a mí, bella dama- dijo un posesivo novio, con la voz algo cargada de molestia por el detalle del relicario

-Veremos si el caballero se hace merecedor de esa licencia- dijo Candy guiñándole un ojo a Terry, dándole a entender que no tenía ningún tipo de inconveniente al respecto

La cena fue servida y los chicos disfrutaron de ella como los adolescentes que eran, y a la hora de los postres, Candy probó casi cada uno de ellos

-Hay gran variedad de postres pecosa, pienso que mi padre se inspiró en ti a la hora de ordenar el menú- le dijo Terry al verla servirse los postres con tanto gusto

-Son mi debilidad Terry, espero no engordar nunca- dijo entre seria y divertida. Terry no dio respuesta a la alusión a la gordura de Candy pero sí le susurró

-Me gustaría llegar a ser tu postre favorito… pecosa- Candy casi se ahoga con esa declaración, pero prefirió sonreír y seguir con su "postre".

Ya la cena se había terminado y algunas parejas se dirigieron al gran salón donde se celebraría el baile, alguno caballeros prefirieron una habitación donde se reunían los hombres para fumar o tomar un bajativo mientras cerraban algunos negocios, aunque esta cena era familiar, siempre existían instancias para negociar y hacer crecer fortunas. Terry llevó a Candy hasta el salón donde ya se escuchaba a los músicos comenzar a amenizar el lugar. Candy tuvo oportunidad de detallar el lugar, viendo que el piso de madera oscura brillaba al paso de los bailarines, el color del salón variaba entre el blanco y el amarillo suave, con diseños en blanco en las paredes, nada excesivo, todo muy elegante y las gruesas cortinas que no dejaban entrar la luz de la luna eran de un gris perla que combinaba a la perfección con todo el salón, en una esquina, los músicos todos vestidos de negro con su camisa blanca y en una de las murallas centrales, un arreglo natural simulando una caída de agua.

-Es hermoso este salón- comentó Candy

-Nada hay en este lugar, más hermoso que tú, pecosa- le dijo Terry con descarado coqueteo

-Es segunda vez que me lo dices Terry, terminaré creyéndote

-No te menosprecies Candy, eres realmente hermosa, y para este servidor, la más bella de la noche

-Que coqueto está mi novio esta noche- le quiso seguir el juego Candy- tan galante y buenmozo, que atrae las miradas de cuanta chica hay en este lugar

-Y no solo de las más chicas- se le salió la arrogancia a nuestro rebelde

-¡Oh!, cuanta humildad en tus palabras muchachito malcriado- le dijo Candy

-Candy- dijo Terry acercándose mucho a la pecosa- los únicos ojos que me interesa que me miren, son esas dos esmeraldas verdes tan sinceras y transparentes en su mirar, que cada vez que me ven, parecen leerme el alma

-Terry- susurró ella un suspiro casi en los labios de él, pero como no estaban solos, no pudieron dar rienda suelta a lo que querían- gracias por tus palabras, no puedo negar que alimentan mi ego- dijo ella para aliviar el momento, recibiendo de parte de él la sonrisa más arrogante y descarada jamás antes vista

El salón ya estaba completamente lleno, entre las parejas que conversaban, los grupos y los que preferían bailar. Terry y Candy vivían su mundo, alejados de todo lo demás, aún estando en medio de ellos. Richard y Albert, se acercaron a la pareja después de mantener una corta plática

-Terius, Candice… necesitamos hablar con ustedes- dijo el duque y cuando se disponían a salir del salón, se les acercó la duquesa junto a Gertrudis

-Terius- lo llamó sin saludar a los rubios- no has sacado a bailar a Gertrudis

-Ahora no puede Claudina- la interrumpió el duque- tengo una conversación pendiente con él, será en otra ocasión

-Pero Richard, Terius tenía el deber de acompañar a Gertrudis- dijo la duquesa y Terry no entendió el porque quería su madrastra darle esa obligación

-Ahora no Claudina- dijo el duque con firmeza y tomando a los chicos del brazo se alejaron de ahí

-Esto no se va a quedar así- amenazó la duquesa.

Momentos después los chicos volvieron a aparecer en el salón pero Richard y Albert no estaban junto a ellos, y Claudina volvió a atacar

-Terius, que bueno que ya regresaste, ahora puedes sacar a bailar a Gertrudis- presionó la mujer

-Ahora le prometí un baile a Candice- dijo el joven con evidente molestia y aunque no era verdad que hubiera prometido tal baile, de que bailarían juntos, no había duda, pero ese era un acuerdo tácito en su relación y Candy no lo desmintió

-Pero Terius- dijo la duquesa cuando fue interrumpida por la voz del duque que estaba junto a los músicos. Richard había pedido a los artistas que dejaran de tocar un momento porque él tenía que dar una gran noticia

-Familia, amigos- comenzó el duque- esta noche es muy especial para la familia Grandchester, es por eso que la noticia que tengo en mis manos, la deseo compartir con todos ustedes. Terius… Candice, por favor acérquense- llamó el duque y los chicos obedecieron sin mayores presiones- Esta noche Terius desea presentar ante ustedes a Candice Andrew, su novia- dijo el duque con real orgullo en sus palabras, dejando a Claudina con sus planes en el bolsillo, de donde nunca debieron haber salido, la pobre Gertrudis, que se había hecho tantas ilusiones, quedó tan devastada, que prefirió retirarse de la celebración junto a su madre. Los invitados más cercanos a Terius, se aproximaron a él inmediatamente después del anuncio, siendo los primeros en llegar a su lado sus hermanos Richard y Priscilla

-¡Felicidades hermano!- fue el saludo de Richard- bien guardadito lo tenías

-Gracias Richard, te presento a Candice, mi hermosa novia- también hiso la presentación a su hermana y muchos allegados que realmente estaban contentos de ver la felicidad de Terry

La duquesa, sin nada más que hacer por esa noche, se propuso disfrutar de la fiesta, ya vería como deshacer ese noviazgo.

Terry y Candy habían aceptado ser presentados como novios delante de la familia de Terry, por petición expresa del duque, sin mayores detalles de los porqués. Albert, que también se mostró de acuerdo, fue quien dio la confianza suficiente a su pequeña Candy para que ella no dudara de las intenciones del Duque.

-Todavía estás nerviosa pecosa- preguntó Terry a su novia, que mantenía firme en sus brazos a medida que danzaban cierta melodía contagiosa que los llevó a la pista de baile

-Solo un poco. Fue tanta la gente que nos saludó, que me sentí mareada- contestó

-Puedo asegurarte que la gran mayoría de los que nos saludaron, fueron sinceros en sus palabras- le dijo el chico

-A tu madre no he podido conocerla todavía- comento Candy y Terry se tensó

-Candy, la esposa de mi padre, no es mi madre- esa confesión dejó a Candy de una pieza. Terry no hablaba mucho de su vida con ella, esta era una de las primeras confesiones que el chico tendría que hacer a su rubia novia, pero era una de las más fáciles

-No entiendo…

-¿Viste a la mujer que quiso obligarme a bailar con Gertrudis?

-Sí, la del vestido azul- respondió afirmativamente

-Ella es Claudina Grandchester, mi madrastra, y madre de mis dos hermanos

-Ahora veo porque Richard no se parece a ti, nada más en el color del cabello, y de tu padre heredó sus hermosos ojos, en cambio tú hermana si se te parece, tienen algo en común con el duque- cavilaba la chica

-Candy

-Dime- dijo ella en medio de la concentración que le prestaba al baile

-¿No me vas a preguntar nada mas?- quiso saber el castaño

-No Terry- dijo mirándolo a los ojos- dijimos que nuestros secretos seguirían siendo secretos, mientras no queramos contarlos, y yo respetaré tu intimidad, hasta que tú quieras hacerme partícipe de ella

-Gracias pecosa- dijo Terry y la sacó del salón de baile, dirigiéndola hasta un pequeño balcón que daba a un jardín interior. Cuando llegaron hasta el pequeño balconcillo, lo encontraron en total abandono, y Terry no perdió su tiempo, abrazó a la pecosa por la cintura para acercarla a su cuerpo y besarla con toda la pasión que él acumulaba por la pequeña rubia, Candy no se hacía de rogar, ella disfrutaba de los arranques pasionales de Terry, estaba aprendiendo a conocer de él su impetuosa manera de acercarse a ella, de besarla, de tocarla y transmitirle sus sentimientos, Terry no era de los que hablaba, pero Candy sabía escuchar su corazón a través de su comportamiento cuando estaba con ella, desgraciadamente para Candy era imposible no comparar a su ahora impetuoso novio con el rubio que había llenado su corazón de tiernos detalles y preciosos momentos, si bien es cierto con Anthony nunca disfrutaron de momentos tan íntimos como un beso o caricias, siempre la sombra del joven primer amor de la pecosa se interponía entre lo que quería y los recuerdos. Estaba más tranquila, después de la conversación que tuvo con Donovan Brown, debía reconocer que se sentía más libre de poder sentir y comenzar algo con otro amor, pero, era todo tan reciente, le costaba entender que no era olvidar a Anthony, sino aprender a vivir sin él sino con su recuerdo. Terry notaba esos cambios en el cuerpo de Candy, al principio ella se entregaba y recibía del castaño todo lo que él quería darle y otras veces hasta lograba prodigar a Terry lo que él deseaba de ella, pero de un momento a otro la rubia se tensaba, y el chico sabía que era Anthony interponiéndose entre ellos. Terry había llegado a odiar el fantasma del primer amor de Candy, pero se consolaba con saber que no existía posibilidad de que el volviera, estaba bien muerto y enterrado

-Te lo voy a sacar del corazón y de tú mente Candy, Anthony saldrá de en medio y seré yo tú único dueño- se decía el castaño. A Terry le daban ganas de zarandear a la pecosa, pero en vez de eso, se separó unas milésimas de la chica para saber

-Quiero que me hables del relicario Candy- a la pecosa le extrañó que Terry fuera tan directo en preguntar, pero luego de que ella sin prestar atención le dijera que el relicario era un regalo del padre de Anthony, pensó que había hecho mal, que quizás Terry no tomara tan bien el que ella llevara algo tan importante como un regalo del padre de su primer amor y dijo

-Es un regalo del padre de Anthony, hoy Albert me llevó con él, ya que no nos conocíamos y el señor Brown, desde el funeral de su hijo tenía intenciones de conocerme, ¿recuerdas que yo te conté que estuve inconsciente y no pude asistir al sepelio?- inquirió Candy

-Sí, lo recuerdo. Dijiste que cuando despertaste, Anthony ya estaba sepultado- dijo él con ternura y comprensión por los sentimientos de la pecosa, pero eso no quitaba que dentro de él las cosas estuvieran como en medio de una tormenta, no lograba acostumbrarse a que Candy, su Candy, su novia, su pecosa del alma hablara con tanto sentimiento de otro chico que no fuera él mismo, aunque este ya no perteneciera a este mundo

-Bien. Donovan, así se llama el padre de Anthony, dejó un mensaje con los chicos para mí. Él quería conocerme, y se dio la oportunidad el día de hoy en el almuerzo, Albert estuvo ahí conmigo durante toda la conversación, ya que yo no conocía al señor Brown. Él me contó cosas de Anthony que yo no sabía, y que su hijo le había hablado de mí, que yo era muy importante en su vida- a estas alturas ya Candy había comenzado a derramar lágrimas por sus recuerdos, y aunque Terry hubiese querido enjugar esas lágrimas con sus besos, prefirió dejarla hablar sin dejar de abrazarla- Donovan, había mandado a hacer este relicario para su esposa Rosemary, hermana de Albert, pero ella murió antes de que él pudiera regalárselo, "nos faltó tiempo", fueron sus palabras. En la última carta que Donovan recibió de Anthony, él le pedía el relicario para dármelo a mí el día de la cacería de zorros, pero volvió a suceder lo mismo… "nos faltó tiempo" a Anthony y a mí- y volvió a sollozar desde lo más profundo del alma, Terry la abrazó con más fuerza para que ella sintiera que él estaba ahí, que nunca se apartaría de ella- Donovan me pidió que aceptara el regalo ya que era un deseo de su hijo que yo lo tuviera, la verdad- dijo Candy mirando a los profundos ojos de Terry- yo no quise rechazarlo, es más quiero tenerlo siempre cerca de mí- terminó la chica

-Entiendo- fue lo que dijo Terry, pero dentro de él, muy dentro de él, no soportaba que ese chico viviera en medio de ellos- ¿ya le pusiste alguna fotografía?

-Aún no. La vida se encargará de decirme a quienes tengo que llevar cerca, muy cerca de mi corazón- esa respuesta alivió en gran manera el corazón de Terry, él había pensado que Candy ya llevaba una foto del jardinero en el relicario

-Te quiero Candy- dijo Terry susurrando las palabras al oído de la chica- quiero que lo sepas- fue una confesión muy difícil para Terry el poner en las manos de su pecosa sus más tiernos sentimientos, pero debía arriesgarse

-También te quiero Terry- las palabras de Candy llegaron a él como si de un bálsamo se tratara, junto a un abrazo y beso de parte de ella que los llevó a otro nivel en su relación, la chica casi lo hace derretir con un beso que venía desde el alma de la pecosa rubia. Candy no lo notó, pero Terry estaba comenzando a ser una adicción en la vida de ella, lo estaba necesitando cada vez más, pero escondía su sentir tras la sombra de Anthony y su recuerdo.

El quinto domingo pasó, Terry y Candy tenían permiso de llegar a la hora del almuerzo el día lunes, ya que la fiesta había durado más de lo programado, el duque se encargó de llevar a los dos chicos hasta el colegio, ya que Albert y Candy se habían quedado en la mansión Grandchester. Antes de ir a dormir, Albert llamó a Candy y le dijo

-Pequeña, tengo algo para ti de parte del duque- Candy como que se asustó, ya creía haber hecho algo mal y se llevaría un tirón de orejas- no te asustes pequeña, es solo una nota, pero debes guardar el secreto, no le digas nada a Terry

-No te entiendo Albert, ¿Cómo voy a guardar secretos a Terry?- dijo Candy algo sorprendida por la petición de su hermano

-Cuando leas la nota, sabrás de lo que te hablo, cualquier cosa, comunícate con George- sugirió Albert

-Bien, apenas pueda la leeré… ahora tengo mucho sueño- dijo bostezando

-Buenas noches pequeña- dijo Albert besando la frente de Candy

Una vez en su habitación en el colegio, Candy se preparaba para ir a almorzar, teniendo aún un poco de tiempo se decidió a leer la nota del duque, que más parecía una carta importantísima, venía en un sobre dorado con el membrete del Ducado de Grandchester con todo y escudo

Querida Candice

El próximo 28 de enero, Terius cumplirá años, lo más probable es que él no te diga nada, pero yo quiero sorprenderlo con alguna reunión especial.

Como favor, quisiera saber quiénes son sus amigos más cercanos o algún conocido como tus primos, no sé, lo importante es que quiero celebrar sus quince años.

Realmente espero contar contigo.

Gracias.

Sir Richard Grandchester

Duque de Grandchester

Londres, enero 21 de 1912

-¡Terry cumple años!- se dijo Candy después de leer la "nota" del duque- ¡cuán antisocial puede llegar a ser mi querido arrogante!

Cuando llegaron al colegio Terry y Candy quedaron de verse en la colina al terminar las clases. Así lo estaban haciendo casi diariamente, esos encuentros al atardecer les daban oportunidad de conocerse, estudiaban juntos las materias en las que Candy necesitaba ayuda y conversaban de sus vidas y hechos importantes que de a poco iban confiando al otro.

Después del almuerzo, Candy fue al salón donde la hermana Rocío impartía la clase de taller. Candy estaba muy entusiasmada, ya que nunca pensó que tenía habilidades para el bordado. Había decidido bordar la segunda colina de Pony llena de narcisos, en un fondo azul claro, los colores se mezclaban muy bien y el trabajo le estaba quedando muy lindo, todavía no decidía que iba a ser de final el bordado si un cuadro o una funda para almohadón, no lo definía aún. Mientras observaba su trabajo, se acordó que no tenía regalo de cumpleaños para Terry y viendo que había unas preciosas telas de algodón, decidió confeccionar un pañuelo de bolsillo. Con esa idea en la cabeza, continuó su labor conversando amenamente con Cinnia y Patty

-Hace unos días Stear me pidió ser su novia- les confesó Cinnia- y yo acepté- dijo ruborizándose como pocas veces

-¡Felicidades!- la abrazó Candy- es un muy buen chico mi primo

-Sí, y un gran inventor- agregaba Cinnia cualidades a su novio

-Yo también te felicito Cinnia- le dijo Patty, con sinceridad pero con cierto dejo de melancolía en su voz, que las chicas reconocieron como soledad en la vida de su amiga

-Sé que tus palabras son sinceras Patty, y estoy segura que allá afuera hay un chico necesitando de ti- la animó Cinnia

-No lo sé- suspiró Patty- soy demasiado tímida para esas cosas del amor y los chicos

-No lo veas así Patty- Candy quería ver feliz a su amiga- como dice Cinnia, existe un chico para ti, solo falta encontrarlo, no te darás ni cuenta cuando nos vengas contando de un joven y maravilloso chico que robará tú corazón

-Eso espero chicas, en todo caso, todavía estamos jóvenes- decía Patty

-Mañana tenemos Historia del Arte- dijo Cinnia cambiando el tema

-¡Pufff!, espero que pase algo que le quite tiempo a esa clase- exclamó Candy- ¡es tan aburrida!

-¡Siiii!- exclamaron las otras dos

-A mí me gusta el conocimiento y el arte es hermoso, pero la clase es tan aburrida- dijo Patty

-Bueno, al mal paso darle prisa, que llegue mañana y la clase pase volando

-Lo bueno de mañana, es que hay Taller de Teatro y Expresión Corporal- habló la pícara Cinnia, y por lo bajito agregó- veremos a los chicos- y las tres rieron de sus ocurrencias.

Después de clase, Candy se dirigió hasta la colina donde se encontraba con Terry, pero este día él no asistió a la cita, teniendo Candy que presenciar el atardecer en soledad. Se levantó cabizbaja y se retiró a su cuarto

-Terry- suspiraba la pecosa, susurrando el nombre de aquel que de un día para otro ocupaba sus pensamientos- ¿Por qué faltaste hoy a la cita?- se preguntaba, no tenía idea alguna del porque de la ausencia de Terry en la colina. Se sintió tan sola, que hasta unos lagrimones se le escaparon. Ahora, ya de noche, había estado muy atenta mirando hacia el dormitorio de los chicos, en especial al de él, pero no había movimiento alguno en la habitación del inglés, ni siquiera se había encendido alguna luz- ¿será que no está?

La pecosa no andaba lejos en sus meditaciones. Terry no estuvo en el colegio en toda la tarde, había escapado, porque se sentía atrapado en las cuatro paredes que representaban para él el encierro en el colegio. Sus pasos, no tenían destino fijo y lo llevaron hasta el Blue River Zoo, se dispuso a entrar y siguió caminando hasta llegar a una pequeña laguna habitada por patos, gansos, y aves que tenían su hogar en ese espacio, se apoyó en el barandal y encendiendo un cigarrillo se perdió en sus pensamientos.

Sus sentimientos se estaban volviendo voluntariosos, querían hacer y decir cosas que su mente no pretendía dar a conocer aún. Él mismo no quería mostrarse de acuerdo en que sus sentimientos por Candy iban más allá del simple "te quiero" que se confesaron la noche del baile- pero ella, ¿me quiere como yo la quiero?- se preguntaba un atormentado corazón inglés. La había sentido tan de él la noche del baile en el balcón, por unos momentos estaba seguro que él había sido el mundo de la pecosa, pero- ¿Por qué no olvida a Anthony?- era sus constantes cuestionamientos- ¿Qué tengo que hacer para arrancarlo de tú corazón pecosa?

-Nada- escuchó que alguien habló a su lado, y al mirar se encontró con los ojos azul cielo de su amigo Albert- lo siento, estabas pensando en voz alta- aclaró el rubio

-¡Oh!, no me había dado cuenta- fue la respuesta del castaño que permanecía apoyado de la baranda de la laguna

-No quiero que sientas que me entrometo en tus cosas, pero ella es mi hermana- dijo Albert

-Lo sé y lo entiendo- dijo el castaño no muy convencido pero era la verdad, Albert era el hermano de su novia

-Ella… ¿te habló de él?- quiso saber Albert

-Sí. Hace unos días me contó la historia con tu sobrino- dijo con molestia

-Y esa relación ¿te molesta?- Terry lo miró como si tuviera dos cabezas

-¡Claro que me molesta!- respondió- es decir, el llegó primero y eso me cuesta aceptarlo además…

- Anthony está muerto Terry- interrumpió el rubio tratando de entender la posición del castaño

-Lo sé, lo sé, pero está vivo en el corazón de Candy y parece que ella no quiere dejarlo ir- confesó su dolor el orgulloso castaño, y Albert entendió que lo que sucedía demandaba mucha paciencia y cariño de parte de Terry para la pecosa

-De todas formas ella te ha demostrado su interés por ti

-Sí Albert, pero siempre, en todos los momentos en que estamos juntos, ella está un momento junto a mí y al otro aparece él interfiriendo en sus pensamientos, sentimientos, emociones, y ya no es más mía- dijo Terry apretando los puños, muy posesivo, a Albert no le molestó el comentario del castaño, ya que conocía algo de su carácter siempre posesivo y ahora sumando los celos, prefería seguir escuchándolo que criticar sus aclaraciones

-Entiendo… creo que debes acudir a la paciencia en estos momentos, y no desperdiciar ni un minuto al lado de Candy, sin quitarle su espacio, ella es muy independiente y si siente que le quieren cortar las alas, es muy capaz de huir

-¡Huir!, lo dices en serio- exclamó el castaño

-Sí. No te miento Terry, ella cada vez que se siente desesperada, huye, como lo hiso después de la muerte de Anthony. Candy se fue al hogar de Pony, su disculpa era que necesitaba de un tiempo con sus madres, pero no era así, lo que ella no quería era tener que enfrentarse con la muerte de Anthony… Terry, Candy ni siquiera conoce el lugar donde está sepultado mi sobrino- Albert hablaba con abatimiento de la situación de Candy- cuando la fui a buscar al hogar, me fue muy fácil convencerla de venir a Londres, ya que así, no tendría que enfrentarse a lo que tanto dolor le había causado… venir a Londres es seguir huyendo del dolor… ¿entiendes?

-Aunque no lo creas, sí entiendo- dijo Terry recordando que cuando sintió el rechazo de su madre, en lo primero que pensó, fue en emborracharse y entrar en una pelea donde pudiera resultar muerto y no tener que enfrentarse con la verdad que quemaba su corazón, el desprecio de sus padres, también estaba huyendo, pero la conoció a ella… su Candy- lo he vivido

-Entonces… ¿te darás una oportunidad de ser quién saque del corazón de Candy el recuerdo doloroso de mi sobrino? O le dejarás esa responsabilidad a otro

-Yo no quiero perderla Albert, ella llegó a darle vida a mi vida, y creo que aunque parezca muy pronto para decirlo, sin ella, yo no vivo- dijo Terry en medio de un sollozo, con sus azules ojitos anegados en lágrimas, abriendo su corazón a quien consideraba su amigo

-Gracias por quererla tanto- dijo Albert a su amigo

Cuando Terry regresó al colegio, era el atardecer. Él vio a Candy, sentada al lado del gran árbol que adornaba la colina. Quiso acercarse, pero se arrepintió, venía llegando de la conversación con Albert, y se sentía vulnerable, no quería que Candy lo viera así. Se quedó donde estaba, hasta que vio que su novia se levantaba y tomaba camino hacia los dormitorios, la siguió desde una distancia prudente, su caminar le decía a Terry que ella estaba triste, pero no sabía el porqué, podría ser porque él no acudió a la cita, como también que estuviera pensando en el chico muerto. La acompañó hasta el edificio de los dormitorios de las chicas, y esperó a que se encendiera la luz del dormitorio de la pecosa para recién así retirarse a su propio cuarto, pero no encendió su luz, no quería que Candy supiera que había regresado.

El martes, en Historia del Arte, las muchachas estaban aburridas aún antes de que comenzara la clase. Lo que Candy sabía a medias era que ese día, llegaba Annie Britter al San Pablo, el señor Britter se lo había informado. El único propósito que tenía Annie de estar en ese estricto colegio era estar cerca de Archibald Cornwell, y si fuera posible conquistar su corazón

-Alumnas pongan atención, voy a presentarles a dos nuevas compañeras- habló fuerte y claro hermana Kleys a cargo de la asignatura, entrando al salón con dos nuevas alumnas- hoy se integrarán a este nivel dos nuevas señoritas- Candy que ya estaba al tanto de la llegada de Annie por el señor Britter, estaba expectante, comprendía que ella no estaba al nivel de la morena, ya que aunque la familia que la adoptó era una de las más importantes de Chicago, todo el mundo sabía que Candice Andrew, era adoptada, no así Annie, quien había sido conocida por la alta sociedad de Chicago como una sobrina del señor Britter, que había quedado huérfana, sí, pero que se suponía había tenido padres, eso es muy diferente a venir de un orfanatorio, porque tus padres te abandonaron allí. Pero Candy quería creer que al menos recibiría de la que fue su hermana una mirada amorosa, que le diría lo mucho que le importaba y lo contenta que estaba de compartir aunque sea el mismo colegio, pero grande fue su sorpresa, cuando

-Les presento a las señoritas Annie Britter que llegó desde América y a la señorita Lorna Russo oriunda de Escocia, espero las integren a la clase y las ayuden en todo hasta que se habitúen al colegio

-Buenos días, soy Annie Britter, me alegro mucho de poder estudiar con ustedes- saludó Annie con su característica timidez, pero derrochando clase

-Buenos días- Lorna Russo saludó a la clase, dirigiendo su mirada hasta la rubia pecosa, que estaba sentada junto a Cinnia. La chica era menos sofisticada que Annie, pero igual se notaba clase en sus modales y palabras

-Annie, puedes sentarte al lado de Patricia O'Brien- en ese momento Patricia se levanta de su puesto, para que Annie supiera adonde era que la profesora la quería sentar, pero Annie al ver que en el pupitre de atrás estaba Candy, dijo

-Puedo pedirle sentarme con Elisa Leagan, a ella la conozco de América- la religiosa entendiendo la situación, aceptó la sugerencia de Annie. La que no podía creer lo sucedido, era una triste pecosa sentada a un lado de Cinnia- Annie me evita, no quiere estar cerca de mí- pensaba Candy con mucho dolor en su corazón

-Entonces Lorna, tú puedes usar el pupitre a un lado de Patricia

-Sí hermana- Lorna hiso una pequeña reverencia, y ocupó el asiento a un lado de Patty

Candy se sintió tan mal por la actitud de Annie, que Cinnia lo notó

-¿Te pasa algo Candy?- preguntó la chica con preocupación

-No Cinnia, no me pasa nada, no te preocupes- dijo tranquilizando a su amiga

-Lo siento Candy- pensaba Annie- pero nadie puede relacionarme contigo, ahora somos diferentes, yo pertenezco a una familia de la alta sociedad, a ti quizás te adoptaron, pero todo el mundo sabe que eres una huérfana, en cambio yo, tengo padres- las palabras que Annie se repetía una y otra vez en su cabeza para convencerse de su superioridad sobre Candy, venían de un corazón que se había mostrado egoísta desde que tenían uso de razón

-Buen día Lorna, yo soy Patricia O'Brien- se presentó la muchacha, quien ocupaba el asiento al lado de Lorna

-Hola- dijo la chica

-Eres bienvenida Lorna, mi nombre es Cinnia Tabone- dijo Cinnia presentándose

-Sí Lorna, eres bienvenida, mi nombre es Candice Andrew, pero puedes llamarme Candy y si necesitas ayuda, estaremos aquí para ti- agregó Candy

-Muchas gracias chicas- dijo sincera. Terminaban de presentarse, cuando la hermana comenzó la clase.

-Hola Annie- la saludó Luisa ya en el intermedio cuando salían a su primer descanso- ¿tú sabías que a Candy la adoptó la familia Andrew… y que vivía en un hogar llamado Pony, o algo así?, te pregunto ya que tú también vienes de América al igual que ella

-Luisa- dijo Candy que oyó lo que la chica le decía a Annie- no es Pony o algo así, sino el Hogar de Pony, y es un hermoso lugar que está en las montañas… recuérdalo- dijo Candy y salió del salón junto a sus amigas y Lorna. La chica nueva no se perdía palabra de lo que sucedía

-No puedo decir que yo también fui criada allí- se decía Annie- esa será siempre la diferencia entre tú y yo Candy, tú eres reconocida por haber sido una huérfana, en cambio yo soy y seguiré siendo una señorita de sociedad

-No puedo creerlo- dijo Elisa- Candy está cada día más descarada- y acercándose a Annie dijo- ¿te pasa algo?... estás pálida

-¡Eh!... no, es que la voz de esa chica rubia me molestó, de la nada se metió en la conversación que mantenía con tú amiga, y después todo eso de un hogar… ¡ay!, no se preocupen, no pasa nada- dijo Annie con afectación, para que no notaran que las palabras de Candy de algún modo la perturbaban

Candy, y sus amigas, fueron a la biblioteca a terminar un trabajo de literatura, al tiempo en que ponían al tanto de los trabajos, tareas y horarios a Lorna. La chica nueva, aunque seria, era de muy buen trato, observadora y de conversación inteligente, se había relacionado muy bien a las tres amigas, entendiendo que Patricia era la estudiosa, Cinnia siempre alegre y aventurera, y Candy, la rubia pecosa de grandes ojos tristes, ella era alegre, noble y muy buena para hablar, pero le caía bien, a Lorna le gustó el grupo donde vino a caer.

Candy se había sentido realmente herida con la actitud de Annie, si bien es cierto que no quería que la relacionaran con el hogar de Pony y la orfandad, nada le impedía acercarse a ella, se habían criado juntas hasta los seis años, eso debía valer para Annie

-Annie, tienes miedo de que diga de dónde venimos, pero tú sabes que yo no le diría a nadie lo del hogar de Pony… tu actitud no significa que ya no me quieres ¿verdad?- meditaba la rubia con un libro en sus manos en medio de los recuerdos- todavía tengo la cinta que me dejaste en el establo

-¡Oh!- dijo Candy al sentir que alguien colocaba una mano en su hombro

-No te asustes Candy- dijo Stear, la chica se voltea y

-¡Stear!- exclama

-Hola Candy, chicas- dijo cerrando un ojo a Cinnia, que le agradeció el guiño con una hermosa sonrisa, Lorna los miraba como si estuviese en la luna y Patty le aclaró a la escocesa, que Stear era el primo de Candy y novio de Cinnia- ¿Cómo estás?... ¿bien?

-Si alguien te ve nos llamarán la atención Stear, no quiero tener problemas- exclamó Candy

-No te preocupes, tengo un permiso para verte, y un regalo de parte de un caballero inglés- dijo Stear entregándole un ramito de flores a Candy junto a una nota. El ramo fue armado con un crisantemo blanco que hablaba de sinceridad, un gladiolo que la invitaba a otra cita, una rosa blanca que le decía que aun habiendo faltado al encuentro, él era digno de ella y tres narcisos amarillos que eran las flores favoritas de Terry- Terry me dio esto para ti cuando se enteró de que te vería

-Gracias- dijo Candy, entendiendo que Terry quizás se quería disculpar por plantarla el día de ayer- así es que tienes un permiso- siguió el hilo de la conversación con Stear

-Sí Candy y además, conseguí un autorización para que conozcas a Annie Britter ya que como parte de la familia Andrew a la que perteneces, tienes que venir con nosotros sin ningún inconveniente para verla… vamos al salón de estudiantes, Archie nos está esperando y Annie está con él

-¿Y quieres que vayamos allá ahora?- preguntó Candy mirando a sus compañeras

-Ve Candy, si es algo de familia lo lógico es que tú participes- dijo Patricia

-Pero ¿y el trabajo?

-Nosotros lo terminamos y luego en tu dormitorio lo terminamos de estudiar- decía Cinnia

-¿En mi dormitorio?

-Sí, es el más grande y bonito- dijo Cinnia

-Bien chicas, las dejo… gracias- dijo Candy y tomando el ramo de narcisos y la tarjeta, se levantó y salió con Stear

Cuando llegaron al saloncito, en él estaba Archie, Annie, Elisa y Neal, siendo las chicas las únicas que mantenían una conversación, cuando vieron a Candy, Elisa hiso un desprecio y Annie se levantó de su asiento

-Hola Candy, te esperábamos- dijo Archie poniéndose de pie para saludar a su prima con alegría

-Recuerdas a Candy, Annie- habló Neal- cuidaba el establo en nuestra casa

-Estudiamos juntas en el mismo salón- dijo Annie haciendo caso omiso de las palabras destructivas del chico

-Encantada- dijo Candy acercándose a la pelinegra - llámame Candy- dijo y le estiró la mano para sellar el saludo, Annie extendió su mano también y saludó cortésmente

-Yo soy Annie- dijo la chica evidentemente nerviosa

-No has cambiado nada ¿verdad?- pensaba Candy- aún bajo esa prendas de vestir tan caras, y todas las enseñanzas que recibiste de la familia Britter, sigues siendo una pequeña cobarde

-Tengo algo para ti Candy- dijo Archie con entusiasmo, sacando de entre sus ropas un pañuelo- la tía abuela te envía este hermoso pañuelo de seda verde

-¿Es para mí?- Candy no lo podía creer, la tía abuela le había enviado un presente

-Eres parte de la familia Andrew Candy, y aunque no te invitó a la reunión del domingo, protesté mucho y ella entendió y envió esto para ti

-Gracias Archie, muchas gracias- dijo Candy y sintió que las tensiones entre su primo y ella habían cedido

-Pruébatelo- dijo Archie y Candy lo modeló sobre su cabeza

-Se te ve hermoso- dijo Archie y Stear se sumó a los halagos

-No creo que se le vea tan bien- dijo Elisa y su típica envidia a flor de piel

-Archie y Candy parece que se llevan muy bien- decía Annie al ver el trato entre los muchachos- parecen buenos amigos

-Por supuesto que sí… Archie está loco por Candy- dijo Elisa- que mal gusto que tiene verdad

-Hoy se portan muy bien- agregó Neal- en otras oportunidades están demasiado juntos- dijo entendiendo el interés de Annie por Archie, y viéndose con su hermana, sonrieron

-Chicos- dijo Elisa- nosotros nos vamos a nuestras habitaciones

-Sí, adiós- dijo Neal levantando la mano en señal de despedida y se retiraron

-Siempre hacen lo mismo- dijo Stear- pensé que íbamos a charlar un rato para entretenernos

-Discúlpenme- dijo Annie al ver que Elisa salía de la habitación y quedaba sola, es decir, sin alguien en quien apoyarse para no acercarse a Candy- yo también me voy a mi cuarto, no me siento muy bien

-Es el cansancio que deja un largo viaje- dice Stear y agrega- ¿por qué no la acompañas a su cuarto Archie?

-Vete con ella Archie- dijo Candy empujando a Archie con la ayuda de Stear

-¡Eh! Sí- dijo y salió tras de Annie gracias al empujón que recibió de Candy y Stear, porque por su cabeza esa intención nunca pasó- Annie, espera te acompaño- y alcanzándola- ¿Cómo te sientes?

-Mejor- fue la respuesta de la muchacha…- a Archie le gusta Candy, tengo que pensar rápido- se decía Annie, y viendo que el joven caminaba delante de ella le pide- Archie

-Dime Annie- dijo el joven deteniendo su paso

-No camines tan rápido, no alcanzo tu paso- dijo ella como desvaneciéndose

-¡Oh!, lo siento- dijo Archie acercándose a ella- ¿no sería mejor que te lleve a la enfermería?

-No es para tanto, pero…

-Mejor tómate de mi brazo para no caerte- ofreció Archie, y Annie que le dijeran, se aferró al brazo del joven como si este fuera el último salvavidas en un naufragio. Ella caminaba como si realmente necesitara del apoyo físico que le prestaba Archie y pensaba en que el muchacho le gustaba mucho, que no le daría la oportunidad a Candy de conquistar su corazón. Candy había tenido a Anthony, y ella no tenía la culpa de que el enamorado de la rubia hubiese muerto

-Las reglas aquí son muy estrictas- conversaba Archie, ajeno a los pensamientos de su compañera- si no te sintieras enferma, no podríamos caminar así, tomados del brazo

-Mamá me dijo que aquí van a educarme para ser una buena esposa y madre- parloteaba Annie

-Pero Annie, para eso no necesitabas venir aquí- le decía Archie y la chica se ruborizó- tú ya eres una dama

-¡Qué cosas dices Archie!- dijo coqueta la morena

-Sabes Annie, quisiera pedirte algo

-Lo que quieras Archie, yo no soy capaz de negarte nada- dijo la muy fresca

-Quisiera que fueras buena con Candy- comenzó a decir Archie con aire condescendiente- es una muy buena chica, se merece todo nuestro cariño. Ella fue criada en el hogar de Pony, pero es fuerte y valiente, nunca se queja por nada, siempre está alegre y feliz, es una chica encantadora, Stear y yo la estimamos mucho, Elisa y Neal no la quieren pero yo quisiera…- mientras Archie hablaba y hablaba maravillas de Candy, a Annie como que le clavaban algo en el corazón, ella estaba muy interesada en Archie, pero sus palabras rompían algo dentro de ella, de un momento a otro se soltó del brazo del castaño y se afirmó del pasamanos de la escalera- ¿Qué pasa Annie?

-Nada, no te preocupes, ahora estoy muy cansada, permiso- dijo la chica y dejó a Archie ahí en la escalera, preguntándose que sería lo que pasó

Una vez en su habitación, Annie meditaba en lo sucedido

-Me gustas tanto Archie, pero tú nunca te diste cuenta, solo tienes ojos para Candy, ella siempre alegre, todo el mundo la ama, pero yo sabré sacarla de en medio- se dijo la muchacha, ya parecía que sus lágrimas eran de cocodrilo, no había sentimientos en ellas

Stear y Candy se habían quedado solos en el saloncito

-Si hubiese sabido que la reunión familiar no iba a durar nada, mejor ni te hubiese molestado- se quejaba Stear

-No importa, para mí ha sido de provecho, tengo en mis manos dos lindos obsequios, el pañuelo que me envió la tía abuela y las flores que me dio Terry por medio de ti- decía una Candy muy satisfecha, aunque seguía triste por la actitud de Annie

-Realmente no va a querer aceptar mi amistad, me cuesta comprenderla. Cuando sucedió lo de Anthony, ella no dudó en buscar la manera de apoyarme y darme ánimos, pero hoy, ha dejado más que clara su posición

Candy no quiso seguir pensando en Annie y volcó sus energías en sus regalos, ya que la tía abuela le había enviado un fino pañuelo y aunque era verdad que Archie había intercedido por ella, la tía abuela había pensado bien las cosas, y sacó como conclusión que la pequeña rubia aunque ella no lo aprobara, era una Andrew, que a final de cuentas, en algún momento heredaría todo lo que pertenece a Williams.

-Acercarme a ella será lo primero que haré de hoy en adelante- se dijo la tía abuela- quizás si lo veo con otros ojos, aunque perdí a mi sobrino nieto, de igual manera Candy al ser adoptada por Williams, es mi sobrina nieta, perdí a uno, pero gané a otra- y la anciana se dispuso a cambiar de actitud para con Candy

Una vez en su habitación, Candy se acomodó y leyó la nota de Terry que venía junto a los narcisos que ya tenía en un pequeño florero

Pecosa mía

Siento mucho no haber asistido a nuestra cita el día de ayer en la colina.

Tuve un percance sin importancia, que me impidió poder cumplir.

Si me has perdonado, preséntate a la clase de Teatro con un narciso en tus manos.

Tuyo

Terry

Candy suspiraba cada sílaba leída. Su dulce Terry, tenía un lado romántico que estaba compartiendo con ella, solo con ella, las flores eran claro ejemplo de ello, y la nota, con una caligrafía para enamorar, le hablaba de lo sensible que podía llegar a ser su novio, tenía pegada a su corazón la carta, esperando con ansias la hora de la clase.

Pasaron las horas, y llegó la tan esperada clase de Teatro y Expresión Corporal. La verdad, todo el colegio esperaba con ansias el horario de la clase de teatro, y como la asignatura era mixta la mayoría de los chicos se habían dado cita en el jardín interior, para desde ahí avanzar en grupos hasta el salón donde se impartía la clase. Candy había llegado al jardín junto a las chicas, con un narciso amarillo en sus manos

-¿Por qué llevas ese narciso Candy?- había preguntado la curiosa italiana

-Es algo para Terry- fue la escueta respuesta de la rubia, y justo en ese momento aparece Terry que caminaba hacia ella con paso seguro, ya que de lejos vio el narciso en manos de su pecosa

-¡Candy!- llamó el chico llegando al lado de la rubia y abrazándola por la espalda susurró- trajiste el narciso

-Por supuesto mi malcriado novio- dijo ella volteándose para abrazarlo y besarlo, demostrándole así la nobleza de corazón que moraba en la chica, pero…

-¿Qué te pasa pecas?- dijo Terry, notando que los ojos de Candy no mostraban la felicidad de días anteriores

-Nada… ¿Por qué?- trató de convencerlo la rubia

-Algo te pasa pecas, me lo dicen tus ojos, y tu expresividad, tú nunca te comportas así habiendo público- replicó Terry

-Es verdad…- aceptó la chica- ¡qué bien me conoces!, luego te cuento- prometió- mira, tengo que presentarte a alguien- dijo acercándose al grupo donde estaban las chicas- Terry, ella es Lorna Russo, hoy se integró al colegio, Lorna, él es Terius Grandchester, mi novio- lo presentó la pecosa y el corazón de Terry bailaba de contento

-Mucho gusto señorita Russo- saludó Terry besando la mano de la chica haciendo alarde de su galanura, algo curioso, no dejó de observarla

-Igualmente- en eso llegaron Stear, Archie e Ivo, hasta ellos, haciéndose las presentaciones de rigor. Como nunca, Candy se había apartado del grupo junto a Cinnia, y Terry no estaba con ella

-¡Archie!- se escuchó una suave voz llamando al elegante gatito que no había apartado la mirada de Lorna, quien al ser presentada al primo de Candy, se puso algo… coloradita. Archie al oír la voz de Annie, sintió como si lo bajaran del cielo, un cubo de agua fría por la espalda, pero caballerosamente se dio la vuelta para decir

-¡Annie!, que bien que ya te sientas mejor- Annie venía con Elisa y al llegar al lado de los jóvenes no pudo evitar notar a Terry, tan buenmozo y gallardo como era, de porte aristocrático y mirada misteriosa, fue tal la inspección descarada de Annie hacia el joven que olvidó a Archie. El bello castaño a los ojos de Annie, opacaba al elegante Archivald Cornwell.

Candy que estaba unos pasos atrás de Terry, dándole la espalda, conversaba amenamente con Cinnia, cuando se les agregó Stear, Patricia e Ivo. Candy escuchó la voz de Annie, pero no quiso acercarse para que su "hermana" no se sintiera incómoda con su presencia, es por eso que no notó la mirada que Annie le dio a Terry, prácticamente con tenedor y cuchillo en las manos.

La que sí notó el interés de Annie por Terry fue Elisa, quien pensó rápido y decidió utilizar a su "amiga" para alejar a Candy del camino que la llevaría directamente a ser Elisa Grandchester. Lorna, también observó lo que sucedía. La escocesa era una chica de carácter afable y amistoso pero defiende a los suyos con uñas y dientes, muy analista y observadora del comportamiento de los que la rodeaban, no dejaba pasar nada.

-¿No me presentas a tú amigo, Archie?- dijo Annie con descaro, no esperó a ser presentada sino que pidió serlo, utilizando una voz nunca antes oída por sus conocidos, tanto así, que hasta Elisa se sorprendió

-Claro…Terry Grandchester, ella es Annie Britter, una amiga de América- Annie no perdió el tiempo y estirando su mano hacia el castaño para ser besada, saludó

-Annie Britter, encantada

-Bienvenida al San Pablo, señorita Britter- dijo Terry tomando la mano de la chica pero sin besarla, esa actitud de Terry, le dijo a Lorna que el novio de su muy reciente amiga, no era nada tonto

-Están llamando a clases- se acercó Stear- ¡oh!, Annie, bienvenida a las clases- saludó el inventor con Cinnia muy agarradita de su mano

-Tienes razón Stear, voy por Candy- dijo Terry y dándose la vuelta se dirigió hasta la pecosa y abrazándola por la cintura con su habitual posesividad, se encaminaron junto a Patty e Ivo hasta el salón de clase

-No lo mires mucho- dijo Elisa al oído de Annie, bajo la atenta mirada de Lorna- es el novio de la sirvienta de establo… pero tú eres muy superior a ella- enterró el colmillo la víbora. Annie entendió perfectamente la insinuación de Elisa, y en ese mismo momento se olvidó completamente de que su presencia en ese colegio era por Archie- ¡Archie!... ¿cual Archie?- se dijo la supuesta hermana de Candy

Archie, viéndose libre del acoso de Annie, ofreció su brazo a Lorna, quien gustosa lo aceptó.

Todos avanzaron hasta el gran salón con proscenio. En lo que caminaban Candy había puesto el narciso en el bolsillo de la chaqueta de Terry y apoyó su cabeza en el hombro del castaño, la chica se sentía tan vulnerable, que lo único que quería era sentirse querida. Terry sintiendo un cambio en las actitudes de su pecosa, y al sentirla acurrucándose junto a él, besó con ternura su cabeza, esos rubios rizos con aroma a rosas, era tanta la ternura de Terry puesta en ese beso, que todos sus amigos notaron el gesto

-Es muy tierno con ella, ¿verdad?- decía Cinnia a Stear

-Es increíble lo que una chica puede hacer con un rebelde como Terry- contestó Stear con simpatía

Annie que también notó el gesto, y siendo una chica egocéntrica, no sintió la ternura del momento, sino más bien, lo deseó para ella. Elisa, también sintió ese atisbo de ternura que llegó hasta ella en el aire, el gesto de Terry y lo que sintieron, de algún modo contrarió a Elisa. Ivo que iba junto a Patty, lamentaba que no hubo tiempo de que lo presentaran a la bella chica de grandes ojos azules y cabello negro como la noche y a la tímida Patricia le quedó más claro que el agua, que Lorna había llamado la atención del elegante primo de Candy

Archie y Lorna, que estaban congeniando muy bien, también sintieron en el aire esa aura de ternura desprendida del gesto de Terry, pero la chica nueva, miró inmediatamente hacia la americana que había llegado junto a ella al colegio, y percibió la envidia y los malos sentimientos.

-Mi prima ha tenido mucha suerte al encontrar a un chico como Terry- dijo Archie a Lorna

-Se ve que la quiere mucho- contestó Lorna

-Sí, espero que eso dure para siempre- esa frase le salió a Archie del alma, ni él mismo se creía lo que había dicho

La clase comenzó donde quedo la vez anterior, pero esta vez las parejas modelos fueron otras, escogidas al azar por el profesor… Milton y Minerva, Archie y Lorna que no se habían separado desde que fueron presentados y Neal y Patty, que habían quedado como dos islas en medio de un mar de gente, ya que Ivo la había abandonado por Annie, que aceptó gustosa su compañía, en realidad a la pelinegra le daba lo mismo con quien hacer pareja, la idea era no quedarse sola, y si este francesito quería ser su compañero en la clase, ella no veía ningún problema.

La fuerza del carácter de la escocesa, la energía que se desprendía de ella, estaba llenando los sentidos de Archie de algo desconocido para él, ese algo que se llama atracción, era nuevo, pero le gustaba, Lorna lo seducía con sus encantos de mujer, aún sin ella proponérselo. Era mucho más fuerte que lo que le sucedía con Candy, era algo así como un imán que lo llevaba hacia la chica que era realmente hermosa, su cabello tenía cierta similitud con el de la pecosa de Terry pero era rubio oscuro, con rizos muy bien definidos, tenía pecas, pero su tez era algo mas rosada que la de Candy que era blanca y sus ojos también tenían algo de su prima, eran intensamente verdes, un verde esmeralda similar al de Candy, pero definitivamente no igual. Aunque físicamente, las dos rubias tenían sus similitudes, el carácter era en extremo distinto.

Neal y Patty, no se conocían, solo se habían visto por ahí unas cuantas veces, pero nada más. A Patty, le causaba cierto temor el estar al lado de Neal, ya que ella sabía que el hermano de Elisa había atacado a Candy.

-Hola- saludó Neal en forma caballerosa- mi nombre es Neal Leagan

-Hola- dijo tímida- Patricia O'Brien- La timidez de ella al presentarse, movió ciertas fibras en las emociones de Neal, él nunca había sentido algo parecido, pero era cálido y se sentía bien, inundando su casi congelado corazón.

Aunque Neal no lo sabía en ese momento, la vida había comenzado a mover los hilos dorados entre este grupo de adolescentes, que sin darse cuenta comenzarían a vivir lo más lindo que la adolescencia puede ofrecer, un amor limpio, lleno de lindos sentimientos, situaciones y emociones que aprenderán a definir en el camino, crecerán en torno a un aprendizaje en medio de la amistad y el romanticismo, a unos les costará más que a otros, pero si son capaces de fijarse bien, dar los pasos firmes y adecuados a la dirección que se han propuesto, la meta que quieren alcanzar, estará más cerca de lo que nunca llegaron a pensar.

Continuará

Notitas de la autora: Sean muy bienvenidas a la lectura de Amor Adolescente... becky7024. Sony77 y Blanca G.

Conny de G: Como verás, ya Patricia perdió su oportunidad con Stear, Cinnia está ocupando ese lugar, ella es todo lo contrario a nuestro inventor, pero a la vez cuenta con la alegría y energía para seguir a Stear con sus inventos y ocurrencias. Ivo no irá tras Candy, para él todavía no tengo un futuro cierto. Y Patty...mmm ya veremos que pasará con ella.

becky7024: Me alegró montones saber que sigues la lectura desde un principio, espero no defraudar. Pienso subir a lo menos un capítulo por semana, y cuando avance lo suficiente iré agregando uno más como en Te llevas mi corazón.

Wendy Alfaro: Candy al igual que en el animé, sufrirá por Anthony hasta que Terry tome posesión de ese corazón. Paciencia amiga.

Candice White: Gracias por permanecer en la lectura.

Stormaw: Tus dudas serán aclaradas en los próximos capítulos. Te adelantaste mucho con tus preguntas, eres una visionaria.

Nally Graham: La Annie de esta historia es totalmente diferente a como la conocemos. Y sí, tienes razón, Candy aún tienes miedos guardados e historias sin terminar.

Eli: Comparto tus preocupaciones por Terry y Candy, su relación irá madurando capítulo a capítulo, recuerda que ellos en esta historia se conocieron en otras circunstancias, a diferencia de Te llevas mi corazón, que comenzó con ellos ya enamorados.

Skarllet Northman: No te preocupes, todo se arreglará.

Angye: Este capítulo sé que te gustará.

AnMonCer1708: Gracias por tus mensajes, son eternos y me encantan.

Invitada: No se tú nombre, escribiste directamente después de AnMonCer, te recomiendo poner aunque sea un nombre para poder identificarte. Que bien que te guste este Terry, mas que diferente, quise describirlo algo más intenso en sus emociones y su trato hacia la pecosa.

Blanca G: Tus preguntas serán respondidas capítulo a capítulo. Eres muy observadora, has comentado cada detalle. Gracias.

sony77: Terrytana hasta el final. Para mí no existe en el mundo una pareja más perfecta para Terry que Candy.

Gaby: Gracias por tu comentario. Este capítulo debe haber aclarado alguna de tus dudas.

Gracias a todos mis lectores, gracias por su compañía y comentarios. Insisto en pedir a los invitados, que al menos se identifiquen con un nombre y así yo poder imaginármelos.

Nos leemos, si Dios así lo permite, el próximo miércoles.

No olviden dejar sus mensajitos.