Dolor de Luna
Cap.10 La ansiada felicidad
Llegó a su casa, y allí estaba Remus, sentado leyendo el periódico.
-Hola mi amor ¿Qué tal el día? –Preguntó mirándola, y luego volviendo al periódico.
-Hola. –Dijo fríamente. –Tenemos que hablar.
-Claro, ¿que pasa? –Dijo apartando el periódico y dejándolo en un lado.
-He hablado con Molly, y me ha dicho que no la fuiste a visitar. -¿Qué pasa Remus? ¿Qué me ocultas? –preguntó al borde de las lágrimas.
-Dora yo….
-¡¿Tienes a otra?! ¿es por eso que estabas tan distante?
-¿Pero que estás diciendo? Yo no estoy distante… ¿y que es eso de "otra"?
-¡Ja! -Rió sarcásticamente. Por favor no te hagas el tonto...
-¿Me puedes escuchar un momento? –Preguntó tranquilamente. Ella se cruzó de brazos, escuchando atentamente.
-Haber… que te hace pensar que tengo a…. a "otra".
-Pues no se… -Dijo irónicamente. - ¡a si!, tal vez por que te ausentas, y luego me cuentas mentiras. –Lupin se empezó a reír.
-¡¿De que te ríes?! ¡Oye no tiene gracia! –Exclamó mirándole con furia.
-Je, je, de que te pienses que te he podido engañar con otra mujer, cuando solo tengo ojos para ti. –Ella se sonrojó.
-¿Entonces donde estuviste? –preguntó como el que no quiere la cosa.
-¿Me vas a hacer contártelo, y chafar mi sorpresa?
-¿Tu sorpresa? ¿a que te refieres?
-Pues que había reservado en un restaurante.
-¿Qué?
-tranquila podemos permitírnoslo, he conseguido trabajo.
-¿Qué? ¡Eso es fantástico! –Exclamó abrazándole.
-¿En serio que pensaste que te era infiel? –Preguntó a un abrazándola.
-Pues… no estaba segura, pero como me mentiste… pues no sabía que pensar…
-¿Crees que teniéndote a ti voy a estar con otra mujer? –Preguntó separándose.
-¡Bueno ya está bien! Lo siento, siento por haber sido una estúpida…
-Eso está mejor. –Dijo volviéndola a abrazar, pero ella se separó de golpe.
-¡Oye! Se supone que tienes que decirme que no soy estúpida. –Dijo haciéndose la ofendida.
Una lechuza entró por la ventana.
-¿De quien será? ¿de tu madre?
-No creo, todavía no la dije que volvimos a estar juntos.
-¿Por? –Preguntó mientras abría la carta. –A ya… -Dijo al ver que le chica se sonrojaba otra vez. Luego vio el remitente.
-Es de Molly.
-¿Y que dice?. –Remus leyó en alto.
-Querida Tonks, cuéntame cuando puedas que pasó, y si podéis pasaros por aquí el martes. Vamos a organizar una merienda en el jardín besos Molly.
-Bueno pues contéstala diciendo que allí estaremos.
-Deacuerdo. –Cogió un pergamino y una pluma y afirmó la presencia de ambos, y la dijo que todo iba bien entre ellos.
El lunes por la noche los dos se arreglaban para ir al restaurante.
Ella llevó un elegante vestido largo de color índigo atado al cuello, con un gran escote terminado en pico, abierto de espalda, y abierto también dejando enseñar una pierna. Gargantilla de tela del mismo color, unos tacones a juegos, una flor de color blanco puesta detrás de su oreja derecha, y su habitual pelo lila.
Él también iba muy elegante, llevaba una chaqueta a juego con el pantalón, de un color marrón crudo, una camisa blanca con el primer botón desabrochado, y unos zapatos de color corinto.
-Hola ¿en que les puedo atender? –Preguntó un señor que estaba en la entrada, que reconoció Lupin, como el hombre con el que había hablado al reservar.
-Quisiéramos una mesa. La otra vez vine para reservar y no había, y al día siguiente me volví a pasar y me dio una.
-A si, le recuerdo, pasen acompáñenme.
Les dio una mesa, y estuvieron comiendo exquisiteces, un vino bueno de reserva, y hablando y hablando, hasta que fueron a otra sala del restaurante que era de baile.
Bailaron un bals durante un largísimo tiempo, y luego ya se fueron.
Al día siguiente fueron a la madriguera por la tarde tal y como habían quedado.
-Hola Molly, ¿vamos ha hacer un camping en el jardín? Es que no me quedó muy claro… -Dijo Tonks, cuando ya entraron.
-Sí, he echo comida y ya he puesto un tapete en el jardín. –Aunque Arthur y yo nos sentaremos en sillas, por que luego no podemos levantarnos jeje.
Remus, Tonks, Harry, Hermione, Fleur (que acababa de ser mamá con Bill), y todos los Weasley menos Percy (Que estaba en el ministerio y ya se había reconciliado con su familia), estaban en el jardín degustando los ricos bocatas que había preparado la señora Weasley.
-¿Os gustan? –Preguntó abriendo uno.
-Sí. –Contestaron todos al unísono.
-Me alegro. –Sonrió.
Todo estaba tranquilo hasta que…
-¡AY! –Se quejó Tonks.
-¡¿Qué te pasa Dora?! –Preguntó alarmado Remus, mientras los demás dejaban de comer y contemplaban la escena.
-¡El bebé! ¡Ya viene! ¡AAAAAAAAA!
-A Remus se le cayó el bocadillo. -¡¿QUE?! …. Tranquila respira.
-Uff…. Ufff…. –respiraba. –¡AAAAAAA, no lo aguantooooo!!
-¡Remus, hay que llevarla al hospital! –Dijo Molly, ya que fue la única que pudo articular palabra alguna.
-Sí…. Eh…. Tranquilos yo la llevo, y os informo. –Reaccionó, la cogió en brazos y se desapareció.
-¡Oiga, oiga! –Gritó Remus al aparecerse, y ver a una medimaga alejarse.
-¿Sí? –Volvió ante sus pasos.
-Es que le han venido contracciones y creemos que ya viene el niño. –Consiguió decir entre los gritos y quejidos de Tonks.
-¡Oh!, ¿pero ustedes no son los señores Lupin?
-Sí.
-Pero… si faltaba una semana para que naciera.
-¡ESO DÍGASELO A ÉL! ¡AAAAA! –Exclamó gritando Tonks refiriéndose al niño y enojada por la poca atención que la daban.
La pasaron a una camilla, y entraron en quirófano.
-Vamos cariño, respira hondo uff… uff –Dijo lupin también respirando.
-¡Y QUE ES LO QUE ESTOY HACIENDO!
-Empuje. –Intervino el cirujano.
-¡TAMBIÉN LO ESTOY HACIENDO! ¡AAAAAAAAA!
Remus la dio la mano y ella le respondía apretando tanto, que sonó un hueso de la mano.
-Dora no aprietes tanto, me vas a arrancar un dedo. –Dijo intentando liberarse.
-¡TU TIENES LA CULPA DE ESTO! ¡AAAAAAA! Uff…uff… -Dijo por haberla dejado embarazada.
-Tranquilo, si le dijera yo lo que oigo cada día… -Le consoló el cirujano a Lupin el cual asintió.
-¿¡LE IMPORTA!? –Dijo tonks sarcástica al cirujano. -¿POR SI A CASO NO OS HABÉIS DADO CUENTA ESTOY PARIEN…… AAAAAAAAAAAAA!
-¡Ya se ve la cabeza! ¡siga empujando señora! –Remus prefirió no ir a mirar, ya que a parte seguía dándole la mano a Tonks. Rato después de gritos y chillidos…
-¡Felicidades! Es un niño, ¡y jo que niño! -Dijo el viendo su miembro y luego entregándoselo a Tonks.
-Es que ha salido a su padre. –Dijo pícaramente Tonks recordando ciertos momentos.
Remus se sonrojó muchísimo.
-Esto… ¿Cómo le llamaremos? –Dijo cambiando de tema, y aun rojo.
-Mmmm…. Le pondré el nombre de los dos hombres que más he amado…
-¿Remus Matt? No es por nada pero es un poco odioso ese nombre. –Dijo gracioso Remus.
-No tonto… -Dijo cariñosamente ella. –Me refería a mi padre. Le llamaremos Ted Remus.
-Mmmm Teddy… suena muy bien. Decidido Ted Remus Lupin tonks.
-Ejem, ejem, disculpen, tengo que llevarme al pequeño Teddy, le vamos ha revisar.
Media hora después vino el cirujano de nuevo, a la habitación donde habían transplantado a Tonks, donde se encontraba con Remus.
-Buenas noticias el pequeño está sanísimo.
-¿No a heredado nada de mi licantropía?
-No.
-¿Lo ves? Te dije que no habría problema. –Le dijo Tonks.
-En seguida se lo trae la medimaga…. ¡A! aquí está. –Exclamó al ver a una señora con un bebé de pelo rubio.
-¿Rubio? Pero si era moreno. –Dijo Tonks sorprendida.
-Sí resulta que ha heredado su metamorfología.
Tonks y Lupin no cabían de felicidad.
Días después en los que Remus no se separó ni un momento del niño y de Tonks, le dieron el alta, y la pequeña familia volvió a su casa, donde fueron recibidos por los Weasley, Fleur, Harry, Hermione, y Andrómeda con una cálida bienvenida.
Andrómeda estaba que no tenía ojos para otra cosa que no fuera su nieto. Pasó el tiempo y vivieron todos en paz y armonía, y llenos de una insaciable felicidad.
Once años después Remus, Tonks y Andrómeda acompañaban a Teddy a la estación de King Cross.
-Bueno hijo pórtate bien, y cuídate ¿vale?, te escribiremos tooodos los días, más vale que respondas ¿e? jeje. –Dijo Tonks abrazándole y dándole un beso en la mejilla.
-Sí mamá. –Respondió cansino, ya que se lo había dicho un millón de veces.
-Ya has oído a tu madre. –Dijo ahora Remus, y después se agachó a la altura de su hijo, y le susurró.
-Eso no quita que hagas alguna trastada. Estás en todo tu derecho. –Le abrazó, le guiñó un ojo y se incorporó. El niño sonrió, sonrisa que no pasó inadvertida para Andrómeda que puso mala cara.
-Bueno mi cielo ya sabes que yo también te escribiré, y te mandaré galletas y pasteles cuando pueda.
-¡Gracias abuela! –Se abalanzó a ella y la abrazó. –Bueno me voy que ya están avisando. ¡Adiós!
-¡Adiós! –Gritaron los tres al unísono, mientras que Teddy subía en el tren.
El tren empezó a andar, y Teddy saludó con la mano diciendo adiós, al igual que estos, hasta que quedó una pequeña mancha borrosa que al rato desapareció.
Andrómeda estaba llorando, y Remus y Tonks aún miraban donde escasos momentos estaba el tren.
-Estará bien ¿verdad? –Dijo Tonks volviéndose a su marido.
-Claro, el es muy fuerte y muy listo, sabe lo que se hace… Tranquila Dora. –La abrazó restregándola el brazo, y la besó.
