—Cierra los ojos Sakura-chan y dame la mano. —dijo el pequeño rubio emocionado.
—¿Vas a darme un regalo?
—Una sorpresa.
La pequeña Sakura cerró los ojos y Naruto la guió hasta detrás de las instalaciones del preescolar, era el lugar donde acostumbraban a jugar, porque estaba alejado de la vista de los demás, Naruto no era tonto, sabía que su amistad con ella debía ser secreta si quería que durara, porque por alguna razón que desconocía, los padres de los niños no querían que jugaran con él.
Aunque no le había contado ese detalle a Sakura porque no quería asustarla y espantarla, así que más de una persona había notado que ellos se saludaban. Pero hasta los momentos todo estaba bien.
—Ya puedes abrirlos. —dijo deteniéndose en un lugar.
Ella abrió los parpados y se sorprendió con lo que vio, —¡wow! —exclamó llevándose ambas manos a la boca, —una tienda de comida, ¿cómo lo hiciste?
Naruto sonrió ampliamente, él había pasado la tarde del día anterior recolectando bolsas vacías de empaques de chucherías y las había llenado con arena y ahora las tenía ordenadas en el suelo.
—¡Juguemos, yo seré el vendedor y tú la compradora!
—Pero no tengo dinero —se lamentó ella.
—Usaremos hojas de arboles, ese será nuestro dinero.
Procedieron a recolectar muchas hojas de diferentes tamaños y luego comenzaron a jugar.
—Señor, ¿cuánto cuesta eso?
—Son cinco hojas verdes.
Sakura contó las cinco hojas verdes y se las entregó, el rubio le pasó el empaque de galletas llenó de arena blanca.
—Esto podría ser harina para hacer galletas. —comentó ella.
—Sería mejor si fueran galletas de verdad. —se lamentó Naruto, él quería sorprenderla, le gustaba verla con una sonrisa en sus labios.
—Mamá a veces hace galletas, —comentó sentada en un desnivel del piso, —aun no he podido decirles que te adopten. —se apenó ella. —pero lo haré cuando vea a mamá feliz.
Naruto se alarmó ante sus palabras, pensaba que ella había olvidado eso.
—No le digas nada, ellos después no querrán que juegues conmigo.
—¿Por qué?, —se extrañó la muchachita, él tenía una carita triste, Sakura había escuchado a algunos niños decir que Naruto era peligroso, pero ella no les creía, —tu eres bueno, le gustarías a mis padres, lo sé.
—Promete que no le dirás a tus padres que eres mi amiga.
Haruno lo miró, sus padres le habían dicho que era malo tener secretos con ellos, que no debía ocultarles nada. Sakura lo prometió y pasaron toda la hora del recreo jugando, cuando caminaban de regreso al aula Sakura dijo.
—Mañana mi amiga Ino vendrá a clases, será mejor porque Ino es muy divertida.
El niño no podía alegrarse con esa noticia, lo más seguro era que la amiga de Sakura-chan la convenciera de que dejara de jugar con él, la tristeza vino a su pequeño cuerpo, Naruto pasó triste el resto de la mañana.
Al salir del preescolar Naruto caminó solo por las calles, él no tenía a nadie quien fuera a buscarlo y desde que era amigo de Sakura tenía que perderse de su vista antes de que la madre de esta o su padre lo vieran cerca de su hija.
Naruto miró en las montañas las caras de los anteriores Hokages, imaginándose a él mismo entre ellos, todos esos fueron hombres respetables, y él quería ser respetado, Naruto deseaba con todas sus fuerzas ser aceptado por todos, tener amigos y nunca más ser despreciado.
Vio los puestos de dulces, las golosinas lucían apetitosas, su barriga gruñó, metió la mano en su bolsillo y sacó una moneda, era lo único que le quedaba.
Compró un caramelo de miel, pero antes de abrirlo tuvo una idea, podía guardarlo y darle una sorpresa a Sakura-chan.
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Horas más tarde Naruto se encontraba sólo en su departamento, sentía hambre y la comida había sido insuficiente, no tenía nada más, el viejo Hokage aún no llagaba, tenía varios días sin venir.
Naruto se enojaba bastante seguido con Sarutobi porque no cumplía sus promesas, sin embargo ese viejo aburrido era lo más cercano a un padre que tenia, pero no un padre bueno, porque uno bueno no lo dejaría abandonado tantos días.
El rubio miró el caramelo sobre la mesita, sería tan fácil comérselo, ella no sabía nada, pero si lo hacía entonces no podría ver la sonrisa de Sakura-chan y haber sido él quien la causó.
Sus tripas gruñeron otra vez y Naruto desenvolvió el caramelo y lo miró con ceño fruncido antes de llevárselo a la boca.
—Cuando sea grande yo podré comprarte muchos dulces.
Se lo comió y luego se sintió enojado consigo mismo, y la culpa de todo la tenía el Hokage, no iba a pasar hambre por culpa de ese viejo, ahora mismo solucionaría eso.
