Les aclaro que esta historia está basada en la novela Caricias Ardientes de la escritora Sandra Browny los personajes de Usagi y Mamoru le pertenecen a Naoko. Saludos amigas y disfrútenlo...
Capitulo 9
A pesar de todas las distracciones sufridas mientras la preparaba, la comida de Rei estaba exquisita, al igual que la carne de Nick. Los invitados se sirvieron platos abundantes de la mesa fría y luego eligieron lugares donde sentarse, en la sala de estar o en el patio.
Serena advirtió que Darién y ella eran objeto de numerosas miradas furtivas y especuladoras.
Él no era demostrativo, pero jamás se alejaba demasiado. Participaba en las conversaciones de quienes los rodeaban, y sin embargo le murmuraba al oído comentarios privados. Cuando hablaba con otra persona, sentía los ojos de Darién sobre sí, siempre vigilantes.
Dado que Darién le había alcanzado comida y bebida durante toda la cena, Serena insistió en llevar los platos de ambos a la cocina cuando hubieron terminado. Arrojó los restos en un gran cesto de basura que había en una esquina, y puso los platos en el fregadero para enjuagarlos. Se estaba secando las manos con una toalla de papel cuando entró otro de los invitados.
-Qué orgía de comida -comentó, al tiempo que se frotaba el vientre con las manos.
Cuando se lo habían presentado, Serena lo había identificado como un "manolarga", uno de esos hombres incapaces de conversar con una mujer sin ponerle las manos encima. Ese tipo de hombre siempre había enfurecido a Serena. ¿Qué les hacía pensar que ella quería o que a ella le agradaba que la tocaran con sus manos pegajosas? Desde el momento de conocerlo lo había evitado. El hombre había dicho "Hubiera adivinado que eras bailarina, con sólo ver esas piernas".
Había creído que su propia frase era graciosa. Para ella, la frase había sido tan repugnante como él.
-Sí, fue una comida deliciosa.
A propósito, el hombre se había ubicado entre Serena y la puerta.
-¿Vas a la ciudad a menudo?
-Acabo de mudarme al pueblo, señor...
-Alan Stevenson. Llámame Alan. Así me llaman mis amigos -explicó con voz untuosa.
-No he tenido ocasión de regresar a la ciudad.
-Yo tengo que viajar todos los días, ida y vuelta, en ese maldito tren. Claro que a veces, por negocios, me tengo que quedar en la ciudad para alguna cena, y uso el departamento de la compañía. Es un lugar bonito. Muy íntimo.
Serena no podía creerlo. De no ser tan repulsivo, hubiera dado lástima. ¿Qué diablos hacía entre los amigos de los Kumada? Más que seguro que ni Nicholas ni Rei aprobaban su conducta.
-No dudo de que ha de ser muy bonito. Ahora, si me disculpa...
-Y lo que pensé es que tal vez, si vas a la ciudad y estás libre a la hora del almuerzo, podrías...
-Véndesela a otra, Stevenson. A la señorita Tsukino no le interesa.
-El corpulento Alan giró con agilidad asombrosa cuando las palabras amenazadoras de Darién resonaron en el ambiente.
Serena, aliviada, se reclinó contra la mesada. No había tenido miedo de semejante bufón, pero tampoco le había agradado la idea de hacer una escena en medio de la fiesta de Rei.
-Eh, Chiba, tranquilízate, tranquilízate -dijo Alan con falso coraje. Tenía la frente carnosa llena de gotas de transpiración. -Sólo estaba bromeando con ella. ¿No sabes cómo tomar una broma?
-Sí, sé cómo tomar una broma -afirmó Darién, sin un rastro de sonrisa en el rostro rígido-. Yo no oí nada gracioso. ¿Serena? -Extendió la mano y Serena se apresuró a tomarla, como si fuera un salvavidas. Darién la abrazó contra su cuerpo, en un gesto dedicado más a su espectador que a ella. Aun así, Serena se apretó contra él, feliz de la seguridad que le transmitía el cuerpo fuerte de su salvador.
Salieron de la cocina.
-Espero que quisieras ser rescatada. Tal vez Alan te agradaba -le murmuró Darién al oído.
-Oh, por favor -exclamó Serena, temblando y apoyándose contra su cuerpo-. ¿Rei y Nick saben cómo es?
-Todo el mundo en Tidelands sabe cómo es, y conoce sus costumbres de Don Juan. Aunque dudo de las hazañas que proclama, creo que no son más que ilusiones.
-¿Por qué lo habrán invitado?
-Su esposa, Melissa, es encantadora. Todo el mundo la adora, y toleran a Alan por ella. No es que él se haya fijado en ti especialmente. Hace el mismo intento trillado con toda falda que se le cruza.
-Y yo que pensé que era especial -dijo Serena, haciendo un puchero exagerado.
Darién se echó a reír, pero después se puso serio y la miró fijo.
-Eres especial, pero dudo de que alguien con el gusto poco exigente de Alan fuera a darse cuenta. -Se acercó más y rozó la perla diminuta que Serena llevaba en la oreja con la punta del dedo índice.
-Yo soy muy exigente.
Serena se sentía incapaz de hablar. Los músculos de la garganta se le cerraban alrededor de las cuerdas vocales. Le era imposible emitir la réplica sarcástica que sabía que debía utilizar. En cambio, permaneció muda, perdida en la profundidad de los ojos azules de Darién.
-¿Quieres café? -Si le hubiera preguntado "¿Quieres hacer el amor?", la pregunta no podría haber sonado más íntima.
"Dile que puedes buscarte tu café sola, Serena" -le gritaba su mente. Sin embargo, sus labios pronunciaron: -Sí, por favor. Sin azúcar, y con una gota de crema. El retrocedió despacio, sin dejar de estudiar el rostro de ella.
Aturdida, se dejó caer en un sillón. Fingió prestar atención a una de las mujeres, que comenzó a hablarle de lo deplorable que era la escuela de danzas del pueblo, pero su mente era un torbellino. El corazón seguía agitado, aunque hiciese un esfuerzo por que se calmara. El zumbido de sus oídos ahogaba la perorata de la mujer. Darién había cumplido con su palabra. No había hecho ni un gesto que ella pudiera criticar, y que no calzara en el acuerdo de ser sólo amigos.
¿Por qué, entonces, se sentía gravitar hacia él como un kamikaze?
No deseaba admitir lo agradable que era que la cuidara, que la halagara. Siempre independiente, ahora se deleitaba cediendo el control a la protección masculina. Si alguien como Alan se le hubiera acercado meses atrás, lo hubiera apartado de un plumazo, con un insulto hiriente que lo habría dejado sin habla, con los oídos en llamas y el ego en ruinas. No quería aceptar lo maravilloso que había sido permitir que Darién peleara esa batalla en su lugar. El placer que sentía al verse refugiada en su fortaleza viril era tan seductor como los besos de él.
-Es una idea magnífica -exclamó Rei. Serena dio un salto y salió de su ensoñación. -Tú qué piensas, ¿Serena?
-Eh... Yo... -tartamudeó. Al tomar el café que Darién le ofrecía, Serena se dio cuenta de que había sido el tema central de la conversación que no había oído. -No sé -admitió débilmente. ¿De qué habrían estado hablando?
Rei fue a su rescate.
-La escuela de danzas del pueblo es desastrosa. Hubiera querido que Hotaru comenzar a hacer ballet, pero me pareció que sería malgastar el dinero. Y como sabes, si a una niña no se le enseña bien desde el comienzo, sus músculos pueden sufrir daños irreparables. ¿Crees que te gustaría dar algunas clases mientras estás aquí?
-Pues...
-A mí me encantaría hacer ballet -intervino otra de las mujeres con voz musical-. Nada agotador, por supuesto, sólo ejercicios de elongación para achatar algunos bultos.
-Varias de las otras coincidieron, entusiasmadas.
-¿Quieren que dé clase de danza? -preguntó Serena, enterada por fin de lo que sucedía.
-¡Sí! ¿Por qué no?...
Continuará…
¡Hola amigas!
Primero gracias a aquellas que dejaron su comentario en el capítulo pasado, es bueno saber que a pesar de que algunas de ustedes tienen los capítulos siguen apoyando a la realizadora de este proyecto.
Segundo, como ya se habrán dado cuenta esta es la segunda parte de la reunión en casa de Rei, no desesperen, lo bueno esta por llegar, les aseguro que el título del fic hace honor a su nombre, jejeje…
Cuídense mucho, las veo pronto, debo informarles que actualizare dos veces por semana, lunes y viernes, hoy me gano el tiempo, algo bastante lógico tomando en cuenta que son vacaciones y el tiempo que tengo para usar mi pc es limitado, aun así, por aquí me verán. Hasta el próximo…bye
