Capitulo 10
Alguien tocó la puerta, yo estaba poniéndome las bambas después de un relajado y placentero baño en el jacuzzi con Dimitri. Fui a abrir y Mario estaba apoyado en el marco de la puerta con una sincera sonrisa:
-Espero que os sintáis más relajados, bien como en vuestras casas.
Yo recordando lo último pasado asentí con picardía y Dimitri movía la cabeza sonriendo y acercándose a nosotros.
-Bueno... no quiero saber lo que ha pasado aquí, pero eso...- dijo un poco ruborizado- que nos tenemos que ir.
-Sí, ya estamos listos.
Bajamos las escaleras de mármol y al salir de la casa nos esperaba una elegante limusina de esas de las películas y sin esconder mi fascinación silbé.
-Bueno, cómo ya veis me mantengo bien -dijo Mario con las manos en las caderas.
-Y perdona qué te pregunte, pero, ¿Para que necesitas una adivina? -preguntó Dimitri.
-Buena pregunta, -dijo entrando por la puerta de la limusina y cediéndonos asiento- la verdad es que soy bastante supersticioso y quiero tener una perspectiva mínima de lo que puede venir si voy para la Corte moroï.
-¿No crees en nosotros? -pregunté.
-¡Sí! Es sólo que no quiero que mi llegada lo arruine todo...
Si Mario no iba a la Corte, no declaraba su nobleza ni accedía a tener voto en la realeza, yo seguiría siendo una perseguida y rápidamente me encontrarían, ese era el único plan que teníamos. ¿Y si la adivina le dijera que pasará algo malo? Todo cambiaría y yo finalmente moriría, el final de Rose Hathaway. No,esto no puede acabar así, yo no puedo ser sacrificada por algo que no he hecho... un momento, ser sacrificada... un sacrificio... ¡No! Esto no puede acabar así, aunque todas las piezas encajen no puede acabar así...
Y mientras yo seguía con mis batallas internas Mario y sus dos guardianes guardaban silencio mirando por la ventana a las despampanantes luces de California. Dimitri permanecía recto y sereno observándome en silencio, y cuando nuestras miradas se cruzaron en mi estómago algo crujió, una sensación me encogía el estómago. No se parecía cuando habían strigois, ni cuando me encontraba mal, pero su amor y belleza me golpeaban fuertemente como si fuera la primera vez que lo miraba, como si fuera una colegiala enamorada... una sensación que sólo él verdadero amor producía. Y todas mis batallas internas se fueron y una cálida sensación acogedora se expandió por mi cuerpo, Dimitri me sonrió dulcemente ya que le había sostenido la mirada un par de minutos, y ¡oh! esa sonrisa me derritió cómo si fuera la primera en mi vida. Recordando el jacuzzi de hacía un rato, mi cumpleaños, nuestra estancia en Rusia, la cabaña... ese momento se reproducía en mi cabeza exactamente recordando hasta el último beso, caricia o roce... No sabía si podría elegir entre Lissa y Dimitri nunca, era algo superior a mi.
El auto se paró de golpe interrumpiendo nuestra sesión de miraditas románticas. Salimos uno detrás de otro y nos encontramos delante de un bar pequeño con luces de neón violetas, ponía: "El colmillo de luna", la n de luna se había apagado y parecía un barucho de cuarta para vampiros depresivos. Y, efectivamente, sólo habían moroí con sus guardianes pidiendo en la barra, un par de cuartos de alimentadores y unas escaleras de hierro que conducían a la planta de arriba.
-¿Queréis tomar algo? -preguntó el guardián alto que acompañaba a Mario sentándose en un taburete de la barra acompañado por su compañero.
-Yo no, gracias -dije sintiéndome rara, ya que la antigua Rose Hathaway nunca rechazaba una invitación a alcohol.
Dimitri me miró como preguntándome si él podía tomar algo y yo asentí.
-A mi no me iría mal una cerveza -contestó.
-Así me gusta -le sonrió- ¡Camarero, 3 cervezas por favor!
Me parecía raro que los dos guardianes de Mario estando de turno se pusieran a beber cervezas pero entonces vi como subía las escaleras sólo y quise acompañarle por instinto dhampir.
-¿Qué haces aquí solo?
-Rose, ¿por qué no vas con ellos a tomar algo?, date un respiro.
-No, estoy bien, me quedaré contigo.
Mario asintió y siguió su camino por un corto pasillo con una única puerta al final y una par de sillas a lo largo del pasillo. Mario iba directo a la puerta y cuando llegó tocó soltando un suspiro.
-Adelante -dijo una voz dentro de esa misteriosa habitación.
Entramos y observé la habitación más violeta que había visto nunca, las paredes, las alfombras, el sofá de pelo, las sillas, los objetos de la mesa, hasta una lámpara de bolitas desprendía luz lila. En la silla había sentada una moroi de unos 60 años, con ropas obviamente violetas y barajando unas cartas del tarot, malditas cartas.
-Sentaos por favor -dijo la mujer moroi con voz suave.
-Hola Stella, tenía cita a esta hora para leerme el futuro.
-Sí, Mario – dijo Stella la adivina usando un tono familiar con Mario, como si frecuentemente la fuera a ver- ¿y quien es esta amiga tuya que me has traído?
-Es la mejor amiga de mi hermana.
Mario sabía que yo estaba perseguida, pero en un bar de mala muerte nadie me reconocería, ni la pitonisa. Pero igualmente no dijo mi nombre.
-Bueno, pasamos a leer tus cartas -Stella barajó las cartas y Mario se incorporó en la silla observándola con fascinación.
Abrió la baraja del revés y Mario tocó 4 cartas. Stella las recogió sin mirarlas y apartó las otras. Observó la elegidas y las extendió encima de la mesa cara arriba.
-mm.. primero tienes una carta del alegría, en poco tiempo tu estado de ánimo mejorara mucho ya que recibirás mayor afecto de tus seres queridos; la segunda es la carta de la fama, de alguna manera recibirás popularidad, algo que te hará sentirte muy importante; la tercera carta, es la de la traición, traicionaras a alguien, a algo o a tu mismo y la última carta es la del destino, pero al revés, el destino te hará actuar de una manera que a mucha gente no le gustará. Ya está, no hay nada más.
Mario observó todas las cartas procesando y analizando la información que acababa de obtener y si, era obvio que iba tener más felicidad, ya que conocerá a su hermana, el único familiar de parte de padre que tiene. Naturalmente tendrá más popularidad ya que será conocido cómo Dragomir. La últimas dos cartas no la tenía muy claras ya que la traición podía significar algo personal de él y la mala jugada del destino podía significar cualquier cosa...
Mario sonrió a Stella y le entregó sus cartas satisfecho.
-Muchas gracias Stella, me alegra mucho poder contar contigo.
-De nada, Mario. – Stella guardó las cartas mientras nosotros nos dirigíamos hacía la puerta- perdona chica, puedo hablar un momento contigo en privado.
Sabía que se dirigía a mi, y no tenía muchas ganas de que nadie me predijera que acabaría muy mal, pero si ella podía especificar me un poco lo del último sacrifico me quedaría, ya lo tenía asumido.
Me volví a sentar cuando Mario se retiró.
-Algo en ti me llama mucho, tu aura... tus emociones... tus sensaciones... produces una reacción difícil de especificar y me gustaría ayudarte – extendió las manos para coger las mías y suavemente las acarició- hay algo en ti..
Y cuando cerró los ojos noté una sensación de brisa interior, una fina y suave brisa que me recorría el cuerpo y me lo relajaba. Era una sensación magnífica que me hizo cerrar los ojos y echar la cabeza atrás. Y de pronto se cortó, yo aún me sentía muy bien y Stella miraba amis ojos seriamente.
-Tu, eres Rose Hathaway, la famosa perseguida -dijo, preocupándome por la situación- aunque, tu no mataste a la reina y lo tienes bien claro, alguien te utilizó o quiere destruirte. Necesitas a Mario, es una "ayuda" para ti. Estas muy preocupada por si todo acabara mal, tu sabes que tendrás un "último sacrificio" lo dice exactamente en tu mente, y tienes miedo de perder a una de las dos personas más importantes de tu vida o a las dos, tu verdadero amor y tu fiel mejor amiga.
Rose -hizo una larga pausa mientras yo seguía procesando toda la información que sorprendente mente ella acababa de conocer de mi- la verdad es que tu vida nunca será normal, nunca podrás ser una guardiana normal ya que has estado perseguida y estas enamorada. Además, algo me dice que nunca serás feliz para siempre...
-¿A eso se refiere lo del último sacrificio? -pregunté con un hilillo de voz.
Stella asintió con cara de tristeza.
-Pero, no se nada sobre cual será ese sacrificio.
Si fuera la antigua Rose no la abría creído, ya que nunca me consideré supersticiosa y siempre me burlé de los que leían el futuro, pero, en ese momento sentada en la silla incómoda de color violeta, recordando como todas las adivinas acertaron acerca mi futuro, consideré mejor creérmelo y seguir adelante.
Me levanté de esa incómoda silla y me alejé hacía la puerta dando un flojo gracias como despedida. Cerré la puerta a mi espalda y al salir de la habitación un soplo de aire frío me invadió el cuerpo, la tensión había caldeado el ambiente de dentro y allí me sentía desnuda y con un dolor de cabeza impresionante.
Definitivamente iba a perder algo, algo que yo valoraba muchísimo y me iba a traer tristeza. No podía seguir pensando en esa desgracia y tenía que vivir el presente. Ahora lo importante era encontrar al verdadera asesino de la reina. Y dibujando una falsa sonrisa en mi cara para alejar los malos pensamientos y aceptar aquella fría brisa que relajaba mi cabeza, bajé las escaleras a tropezones como la feliz y energética Rose Hathaway.
-¿Qué te ha dicho Stella?- Mario me observó sentado en medio de sus guardianes, y Dimitri me miraba preocupado por que el me conocía muy bien y sabía que no me sentaban bien las predicciones. No quise preocuparle.
-Nada, que me había descubierto, pero que no iba a delatarme ya que creía en mi inocencia -mentí.
-Bien. -hizo una pausa- Tengo una buena noticia, mañana mismo podremos volver a Montana. Me ha llamado mi doncella que Lis nos ha enviado mi pasaporte.
-¿Esta seguro que no quiere que le acompañemos? -dijo uno de los guardias de Mario.
-No, no, Ni hablar. Un moroi con cuatro guardianes llama mucho la atención. Ellos dos me protegerán.
-Lo que usted mande.
Y volviendo a mi yo antiguo salté a la falda de Dimitri.
-¡Camarerooo! Traeme un vodka bien fuerte. -grité para animar a los demás.
Dimitri me miró con cara de asombro y gritó:
-Dos por favor!
Y después de estar un buen rato bebiendo y riendo los 5, fuimos a casa de Mario un poco borrachos.
-Creo que con tanta cháchara me he olvidado de todas mis preocupaciones- dije tirándome a la cama en forma de cruz.
-¿Que preocupaciones, Roza? - preguntó Dimitri entrando a la habitación con mi chaqueta en el brazo y cerrando la puerta.
-mm... nada, digo eso de estar perseguida y lejos de mi mejor amiga – mentí, ya que me había olvidado de que no le había dicho a Dimitri que Stella me había leído el futuro. Enterré la cabeza en el cojín.
-Roza, puedes hablar conmigo -me decía mientras se sentaba en la cama a mi lado y me acariciaba el pelo.
-Nada, que hecho de menos a Lis... -mentí de nuevo.
-Roza... que te conozco, a mi no me puedes mentir. -mierda, Dimitri me conocía tan bien.
-Es que Stella, la pitonisa... -Dimitri suspiró como si ya supiera lo que seguía y yo salté de la cama y me empecé a quitar la ropa para ponerme el pijama- me ha leído el futuro.
-¿Y por qué te has dejado leer el futuro, no sabes que siempre te deprimen?
-¡Pero siempre es verdad! -exclamé sacándome la camisa de manga corta y poniéndome una fina camiseta de tirantes como pijama.
-¡Rose! El futuro no se puede predecir, solo se puede deducir. Las cosas tienen que tomar su rumbo propio, y por muy buenas o muy malas que sean las predicciones después son situaciones normales de nuestra vida que nos parecen extrañas por que nos las han adivinado. Pero eso es fácil ya que el carácter y la manera de ser de una persona lo rebela todo.
-Pero ha dicho que nunca voy a ser feliz para siempre, siempre me faltará algo -respondí suavemente poniéndome el pantaloncillo corto de pijama.
-Siempre voy a intentar que tu vida sea lo más plena posible, siempre que esté a mi abasto -dijo acercándose a mi, cogiendo mi cara entre sus grandes manos y besándome la frente- no te preocupes ¿vale?, estoy contigo.
Asentí y le dí un suave beso en los labios. Me libré de su agarre y me fui al lavabo a hacerme una coleta alta para dormir.
La verdad es que Dimitri tenía razón, tenía que dejar que el futuro viniera cuando tocase y tenía que vivir el presente al máximo.
Acabé con mi coleta y me miré al espejo.
Estaba yo con mis ondulaciones negras recogidas en una cola alta, mi tez almendrada un poco rojiza del sol que hoy había tomado en la playa, mis ojos castaños aguados ya que tenía las palabras de Stella gravadas en mi mente y mi pijama de color marrón, me quedaba bastante atractivo.
Me giré y fui a la cama cansadísima por todas las movidas que tuvimos ese día. Dimitri estaba echado con el pantalón de pijama y el torso desnudo, mirando el techo. Me acurruqué a su lado y él reaccionó mirándome con dulzura.
-Te amo Rosemarie Hathaway.
-Te amo Dimitri Belikov.
Nos reímos y Dimitri me abrazó entre sus brazos fuartemente.
-Duerme Roza, que mañana necesito a mi Rose Hathaway de siempre.
-¿La salvaje e irrespetuosa?
-Sí ,esa misma, ahora es indispensable en mi vida.
Y con esas palabras llenas de amor me dormí.
