Hola! Primero que todo ME QUIERO DISCULPAR POR LOS MESES DE ATRASO! es que he tenido una cantidad de tareas horribles, además este capítulo me hizo pensar demasiado, tuve que meditarlo bien para que todo diera algo de sentido jajaja. Aproveché EL momento que tengo libre (son las 1 de la mañana de un feriado). Espero que valga la pena!
Disfruten :)
La sabiduría de un árbol milenario
Habían pasado otros dos días desde aquella noche, pero la imagen que vio no se le quitaba de la mente. Se reprochaba constantemente por esa aparente debilidad, pero parecía como si se hubiera grabado en su cabeza al rojo vivo. Bueno, ya se le pasaría… todo esto se debía a la suma de la fiera pelea que Rin había dado contra el gigante de tierra, y ese desgraciado, maldito sueño.
En esto divagaba Sesshomaru, cuando escuchó a su 'adorable hermanito' gritarle
- ¡Ey, Sesshomaru! Por todos los diablos, ¿cuánto falta?
- Guarda silencio. Ya estamos acá.
En frente, un frondoso bosque se abría, del cual no se veía el final. Entraron; los niños se afirmaron a sus respectivos padres, no era un bosque precisamente acogedor. Hasta Rin, que estaba relajadamente recostada sobre Ah-Un, pensaba que este no era el lugar más lindo que había visto. De todas formas, era menos aterrador que la primera vez que entró acá, de eso habrían pasado más de 10 años.
Los únicos que se veían a sus anchas, eran Sesshomaru y Fuhisho.
- Ti…Tío… ¿en dónde estamos?
- En un bosque milenario, no es nada muy fuera de lo común-dijo lo obvio
Súbitamente, una voz gutural se escuchó
- ¿Quién es el que viene por estos senderos?- los niños instantáneamente se aferraron más a sus progenitores, y Kirara gruñó.
- ¡Tío!- gritaron Ayumi y Akato
- Deberías ya saberlo- respondió el demonio
Se encontraban ahora enfrente de un árbol milenario, su corteza demostraba haber pasado crudos inviernos y era ahora ya muy gruesa
- Sesshomaru, sospechaba que eras tú. Hace mucho tiempo que no acudías en mi ayuda
- ¿De dónde diablos viene esa voz rara?
- Y ése debe ser el hijo menor de tu padre, supongo- de pronto, la corteza empezó a mutar hasta distinguirse en ella la cara de un anciano de alargada nariz.
- ¿Tío, quién es él?- preguntó Akato acercándose al Lord, el cual nunca bajó la vista hacia él
- Un árbol magnolia de unos 1000 años
- Bokusenon- completó Fuhisho
- Mhm, ¿y quién es el pequeño? No es hijo tuyo…- comenzó a decir intrigado el árbol
- No, y sabes perfectamente que no he venido por eso
- Bien lo sé, aunque esté enraizado en este suelo, me entero de todo lo que ocurre en estas tierras. Jakemaru, hijo de Kumniho, ha atacado tu palacio y las aldeas cercanas.
- Así es, estaba acompañado de un ser de menor importancia, llamado Nokhu, sin embargo, no mostró su potencial poder…-
- Has aprendido bien de tu padre, te ha enseñado a no subestimar al enemigo, por irrelevante que sea- sí, Bokusenon se había dado cuenta, por patético que Nokhu o cualquier enemigo pudiera llegar a ser, nunca se le podría llamar totalmente débil o patético hasta enfrentarse a él en su totalidad.
- Necesitamos que usted nos proporcione la mayor información posible- intervino Fuhisho.
- Así será. Resulta que Kumniho era un youkai puro, pero no era de la misma 'raza', por así llamarlo. Él era hijo de un youkai que controlaba a la perfección la naturaleza, especialmente la tierra, y de una youkai mariposa, que poseen una delicadeza sin igual. Él se crió con su madre, quien fue capturada por humanos, que la llevaron a tierras lejanas; quizás qué cosas habrán hecho con ella. Su delicadeza fue su perdición…
La mente de Rin volvió al día en que tuvo que ver desde lo lejos el charco de sangre dejada por el cadáver de su madre, luego de que los bandidos hubieran abusado de ella de cualquier manera imaginable. Su madre había sido tan dulce con ella…
Ese día conoció la mudez: su corazón gritaba por dentro, pero ningún sonido salió de su pequeña garganta
De alguna forma, compadecía al demonio.
- Por lo tanto,- reanudó Bokusenon- se tuvo que criar solo. Su padre había muerto tiempo atrás. Naturalmente, quiso vengarse de los humanos que le habían arrebatado lo único que realmente amaba en el mundo. Su sentimiento se vio incrementado al no saber si su madre seguía viva en algún lugar: si estaba libre o siendo torturada cruelmente; o si había muerto por las sucias manos de esos mercenarios. Se dedicó, por lo tanto, a aumentar su poder heredado de su padre, para poder consumar su venganza. Estos eran los tiempos en que InuTaisho gobernaba las Tierras del Oeste, lugares a los que llegó Kumniho, luego de haber destruido ya varias aldeas humanas, incluyendo los demonios que allí vivían. A tu padre poco le importaba lo que pasara en tierras que no fueran las suyas, o poco podía hacer. De todos modos, no pudo tolerar que él siguiera haciendo de las suyas, por lo que le dio una advertencia. Sino dejaba de atacar sin piedad, se vería obligado a matarlo. InuTaisho realmente no quería tener que asesinarlo, comprendía que él simplemente había sufrido un pasado horrible, y que se había perdido en el camino, pero no era un alma malvada.
- Mas tomó el camino equivocado- dijo Sesshomaru
- ¿Cómo puedes determinar cuál camino es el mejor si nunca has pasado por aquella situación?- preguntó hábilmente el magnolia
"Porque he escuchado las pesadillas que Rin solía tener años atrás, porque casi puedo saber lo que ella sufrió personalmente, que fue semejante a lo que ese youkai pasó. Pero Rin eligió vivir con su dolor, y no matar a los de su especia", pensó Sesshomaru mientras observaba discretamente a su protegida "Porque mientras 1000 seres que han pasado por su situación elegirían matar, ella eligió sonreír,". Casi se le escapó una sonrisa.
Agh, la endemoniada imagen de hace dos días volvía a su mente… con mayor fuerza que antes. Se frotó las sienes para tratar de ahuyentarlo
A estas alturas los pequeños se encontraban sentados en el suelo, escuchando atentamente la sabiduría de ese árbol que parecía saberlo todo. Rin se encontraba apoyada sobre una de las cabezas de Ah-Un. Los únicos que quedaban parados eran InuYasha, Fuhisho y Sesshomaru.
- La paz se mantuvo por largo tiempo, al parecer se creía que había entendido que por perfeccionado que fuera su poder, no podría hacerle frente al mismísimo Lord del Oeste. Se mantuvo lo suficiente para que Kumniho conociera a una youkai pájaro, y tuviera un hijo.
- Jakemaru- concluyó Sesshomaru
- Exacto. Kumniho nunca fue un ser del todo pacífico, pero no causó problemas mayores. Se dedicó a perfeccionar sus poderes aún más, enseñárselos a su hijo y proteger a su pareja, quien no tenía mayor poder, pero era muy hermosa, una de las más bellas youkais que ha pisado este planeta mientras yo he vivido. Todo marchaba aparentemente bien hasta que…- los ojos de Bokusenon miraron a la nada, perdidos en un tiempo ya pasado.
Un joven de mirada poderosa y noble, pelo grisáceo, dos marcas azules adornando sus mejillas, caminaba rápidamente entremedio de un frondoso bosque. Necesitaba el consejo de ese árbol. ¿Por qué diablos era tan parecido a todos los demás árboles?
Pero cuando lo vio, lo reconoció al instante.
- Bokusenon
- InuTaisho, ya sabía que vendrías por mi ayuda, pero no sé bien qué ocasionó que Kumniho volviera a atacar- se adelantó el magnolia
- Eso es lo único que sé. ¿Te acuerdas de Mizani, su esposa?- sonrió ante el recuerdo de esa bella mujer. Amaba a su esposa y nunca la traicionaría… ¡pero es que esa demonio ave era muy linda!
- Ah sí, youkai pájaro es.
- Bueno, resulta que unos traficantes la encontraron en el bosque mientras sacaba algunos frutos para su hijo. Supondrás lo que pasó luego: abusaron de ella y, al resistirse, la mataron. Tan despiadadamente. Lo que no sabían era que Jakemaru, el hijito, salió a buscar a su papá cuando su mamá le advirtió sobre los humanos. ¡Pobre criatura, casi se rompe las piernas con lo que corrió! Llegó Kumniho, pero era muy tarde; los humanos todavía estaban ahí… 'deleitándose'- movió la mano despreocupadamente y con desdén, mientras que apretaba en un puño la otra. No tenía nada en contra de los humanos, pero habían algunos de la más vil naturaleza.- Naturalmente los mató, pero Mizani ya estaba muerta. Jakemaru sólo alcanzó a ver el cadáver de su querida mamá. De esto hace más de un mes
- Ha atacado varias aldeas- añadió la planta
- Sí, sus ataques han subido exponencialmente. Naturalmente, esto avivó el odio que tenía hasta ahora dormido en contra de los humanos. Le ha tocado encontrarse con los peores.- miró nuevamente a su interlocutor- Tengo un conflicto interno
- Claro, él ataca sin cesar las aldeas, pero comprendes que es por todo lo que le ha tocado vivir.
- Mhm- asintió el taiyoukai
- Lo que debes tú hacer es exiliarlo. No debes dejarlo andar como si nada hubiera pasado, pero tampoco puedes matarlo. La solución más apropiada, es, por lo tanto, exiliarlo.
- ¡Excelente!, otro lord podrá ocuparse de él. Me gustaría ayudarlo, pero no me corresponde. ¿Cómo no se me había ocurrido? ¡Gracias! Siempre tan útil- abrazó al árbol como un niño abraza un peluche.
Horas más tarde se dirigía hacia donde se suponía que se encontraba Kumniho. Iba acompañado de su esposa Izanei, podría hacerle de ayuda, en especial para controlar al pequeño Jakemaru. Ella era tan benevolente.
Sonrió
Gradualmente, el olor a muerte fue incrementando. Estaban cerca
- InuTaisho, creo que nos estamos acercando. Estoy con las narices tapadas e igual puedo olerlo.- comentó su mujer
- Ayúdame a no chocar con algún tronco, este olor me marea demasiado-intentó hacer una pequeña broma, a lo que su esposa rió, su albino cabello moviéndose al hacerlo. Ese sentido del humor tan…peculiar, era algo muy atractivo en él.
El Gran Lord amaba hacerla sonreír ¡qué bello era su reír!
Luego de unos momentos, se encontraron con lo que parecía haber sido una aldea humana. La sangre teñía la mayoría del suelo, y restos de cuerpos se podían vislumbrar desparramados por el territorio. Ciertamente había sido una despiadada matanza. Los ojos de Izanei, normalmente suaves, se endurecieron ante la muestra de tal cantidad de maldad. InuTaisho instintivamente sujetó la empuñadura de Tessaiga.
- Vaya vaya, así que el Lord del Oeste se ha dignado a ver cómo quedaron sus súbditos- se escuchó una voz que provenía desde unos arbustos, de donde surgió un demonio de celeste cabello y marrones ojos, los cuales denotaban morbosidad y algo de locura.- Lamento que no lo vieras, fue un espectáculo digno de admirar. Verlos suplicar por sus vidas era como música para mis oídos- terminó mientras aplastaba con su pie la cabeza de lo que parecía haber sido una niña.
InuTaisho simplemente aguardó, aunque su corazón gritara que asesinara a ése que osó asesinar todo un poblado con sus propias manos. Si sus ojos pudieran haber lanzado rayos, esto sería ya una tormenta. Tenía las mandíbulas apretadas con furia. Mas, Izanei, luego de recuperarse del sobresalto y angustia iniciales al ver tanta muerte, hizo ademanes de atacar, pero luego comprendió que no debía, que tenía que aguardar primero. No lo mataría, lo exiliarían… aunque constara aceptarlo.
- Kumniho, rompiste la promesa que me hiciste de no seguir atacando aldeas
- Lo sé, pero necesitaba la venganza, me enferma ver seres tan débiles pasearse por las mismas tierras que me paseo yo.
- No eres nadie para decirte superior a los demás, tu misma violencia lo demuestra- intervino su mujer en un tono tan helado, como InuTaisho pocas veces le había escuchado. Pero sabía que ella podía ser muy dura cuando quería (algo que su pequeño retoño, Sesshomaru, parecía haber heredado completamente)
- ¿Y quién eres tú para…? Oh, InuTaisho, así que has traído a tu bella esposa para combatirme. Mira nada más, pensé que tú sólo podrías. Pero no creo que tenga mayor poder eso sí
El aludido observó a su mujer, que mantenía la severa mirada fijada en el asesino. No, ella no era para nada débil
- Primero, ella podría acabarte a ti por ella misma. Segundo, no hemos venido a matarte, comprendemos lo que te ha pasado y…-
- ¡Mizani y mi madre no tiene nada que ver en esta lucha!-gritó iracundo Kumniho
- … por eso no venimos a asesinarte. Pero no podemos dejar que te quedes, así que te pido que salgas de las Tierras del Oeste para siempre- terminó el inuyoukai
- No, no me iré. Este es mi hogar, no pienso poner un pie fuera de él.
- Si no accedes, me veré obligado a asesinarte, cosa que no quiero.
- Já ¿tú y cuántos más?
- Y yo- respondió valientemente Izanei, sus dorados ojos llenos de decisión.
- Bueno, InuTaisho, tu mujer será la primera en perecer- dijo mientras extendía su dedo índice, lo cual provocó que rocas y pedazos de tierra fueran lanzadas hacia la mujer.
- Já, patético.- definitivamente la batalla cambiaba mucho a la dama. Estiró su mano, y de ella salió un vapor dorado, el cual detuvo las rocas metros antes de que llegaran a ella, y las devolvió al que las había enviado, quien las esquivó con relativa facilidad. Agradable tener ese poder, exclusivo de su familia, que portaba esa luna creciente en su frente.
Acto seguido, quiso el demonio usar las sombras asesinas, como él las llamaba. Consistían en usar las sombras de su enemigo en contra de él mismo. Suspiró con fastidio cuando se dio cuenta de que el día estaba nublado, por lo tanto, no había tal elemento.
Procedió, entonces, a abrir la tierra bajo su pies, de la cual salieron raíces espinosas para atrapar a Izanei, quien saltó ágilmente cuando el suelo se partió, pero no alcanzó a esquivar las plantas.
InuTaisho se asustó por un momento, pero se tranquilizó cuando vio que de la fina mano de su señora salía un vapor, ahora rojo, que disolvió las raíces y la liberó.
- Bueno, ha demostrado usted tener más poder del que imaginaba-sonrió sarcásticamente Kumniho- Se merece usted un ramo de rosas.- No acababa de caer suavemente al suelo, cuando una gran cantidad de rosas negras, claramente demoníacas, fueron lanzadas hacia ella con gran velocidad, provenientes de todas direcciones. Elegantemente giró, mientras que de sus dedos índice y medio salía lo que parecía un látigo luminoso naranja que la protegía, que formó una especie de espiral a su alrededor, lo que, obviamente, cortó limpiamente las flores por la mitad, protegiéndola.
InuTaisho la observó admirado. Qué bien peleaba su mujer, pero a la vez, qué delicada era. Oh, esperaba con ansias la noche en que volvieran al palacio imperial. Sonrió para sí mismo como si estuviera bajo el efecto de algún somnífero.
Los marrones ojos de Kumniho brillaron con ira.
- Ya me cansé de ti, odiosa mujer.- dijo, mientras se formaba un gigante de roca a su lado. Su tamaño era proporcional a su aura demoníaca, por lo cual era enorme.
- ¡Izanei!- gritó el Lord, con lo que captó su atención- las cosas van a empezar a ponerse demasiado violentas. Por favor, tú sabes por lo que viniste conmigo, no necesito más de ti en la pelea- oh, si no supiera el idioma que hablaba su amado, se enojaría mucho, pero sabía que lo que trataba de decir era "esto es violento y no quiero que te pase nada, acuérdate de Jakemaru", por lo que asintió con una sonrisa, y se retiró a gran velocidad.
- Protegiendo a tu mujer ¿eh? Mejor así, así puedo luchar a mis anchas- comentó Kumniho mientras atacaba con el gigante de tierra.
InuTaisho rápidamente sacó la Tessaiga, y, dispuesto a hacer su famoso Viento Cortante, se puso en posición, pero no tuvo tiempo de ejecutar el movimiento, ya que debió esquivar el puño gigante que casi lo aplasta
"Cerca, pero no lo suficiente"
Sabía que el gigante estaba enraizado al suelo, por lo cual no podía simplemente patearlo, tenía que pulverizarlo… oh, cuánto amaba Totousai y a su espada ahora.
Luego de unos momentos de esquivar, logró distraer al monstruo lo suficiente para lanzar su ataque.
- ¡Viento cortante!
Se vio un gran destello de luz, y luego empezaron a caer los pedazos de roca. Efectivamente, había pulverizado a esa cosa.
- ¿Crees que eso es lo máximo que tengo?- preguntó, y acto seguido empezó a recitar inaudibles conjuros, lo que provocó que la sangre derramada por el suelo se levantara y empezara a moldearse alrededor de Kumniho, sirviéndole como escudo y armadura.
La sangre, al estar en contacto con el ser que había sido el causante de su derramamiento, empezó a crear fuerza oscura, producto del sentimiento de ira, tristeza y venganza que había quedado impregnada en ella, dejada por sus portadores. Gracias al conjuro pronunciado, toda esa fuerza negativa, en vez de ser conducida en contra de su asesino, era conducida en contra del mismo InuTaisho.
La sangre entonces, despedía unas cadenas de esa misma sustancia, que amenazaba con rodearlo y tragarlo, para que formara parte de la armadura sanguinolenta. Era bastante rápida, además que estar en contacto con tal cantidad de sangre lo mareaba de sobremanera y lo hacía algo torpe. Pero, cuando se sentía enfermo, sentía sobre él la preocupada mirada dorada de Izanei, que, sin embargo, le entregaba una confianza pura. En estos momentos sostenía en sus brazos a un dormido niño de pelo morado.
- ¿Qué le han hecho a Jakemaru?- preguntó furioso Kumniho.
- Protegerlo de toda esta barbarie – respondió suavemente la mujer
Al parecer, el demonio estaba tan furioso, que dejó de un lado a InuTaisho para concentrarse en su mujer ¡La mataría, esta vez sí! No podría escapar.
- ¡Izanei!- InuTaisho tembló ante la idea de su amada siendo absorbida por la sangre controlada por ese infame.
Estaba apunto de transformarse en ese majestuoso perro legendario para protegerla, cuando vio, a través de sus ahora rojas orbes, como la dama abría sus ojos para mirar fijamente a su enemigo. ¿Planearía en transformarse? Desechó esa idea con una sonrisa, cuando vio a Kumniho y su armadura sanguinolenta paralizarse. ¡Dichosa era la luna ahora resplandeciente que portaba en su magnífica frente!
- Ya sabes lo que tienes que hacer, querido. Por cierto, la suerte que tengo es fantástica, agradezco tener las narices tapadas.- dijo con algo de humor.
Su esposo asintió, mientras sintió la Tenseiga palpitar.
La sacó lentamente, y con un grácil movimiento, se acercó y la movió cerca de la armadura de sangre, como cortando algo invisible. Acto seguido, con un clamor de mil almas ya muertas, la sangre se desparramó por el suelo, volviendo a su estado original. Las almas comenzaron a elevarse hacia el cielo, ya ningún conjuro atándolas a este mundo.
Sí, definitivamente Totousai era el héroe del día.
Cayó lentamente, mientras observaba al youkai de pelo azul, paralizado en el suelo.
Se acerco a él, mientras desenfundaba su gran espada, la Sounga.
- Kumniho, realmente no quiero hacer esto, te doy una última oportunidad. Puedes irte de mis tierras y vivir, piensa en tu hijo.
- ¡Nunca me iré de acá! No sin haber exterminado a cada humano que viva- gritó.
Ya era tarde, había perdido la razón
Su dolor se había transformado en odio contra los humanos, y había perdido el rumbo. Una gran pena. InuTaisho negó con desazón
La espada se levantó, dispuesto a atravesarle el pecho
-¡NO!- gritó una voz infantil- ¡PAPÁ!
Al parecer el Lord no se había percatado que el niño se había despertado, y en este momento corría hasta su padre con lágrimas en los ojos. Izanei lo llamaba, profunda tristeza y sorpresa en sus dorados ojos, los brazos todavía puestos en posición de arrullo, imposibles de mover producto de la sorpresa. Tenía al niño dormido producto de un poder derivado de la luna en su frente, pero se había desconcentrado al paralizar a Kumniho, y ahora estaba despierto y corriendo para salvar a su padre.
Pero era ya muy tarde.
La espada conquistadora estaba ahora clavada en el corazón del demonio, cuyas ropas se teñían de sangre, la mirada vidriosa perdida en el más allá, y una sonrisa demente le contorsionaba el rostro.
El niño abrazó a su padre, ignorando a InuTaisho, a quien se le aproximó Izanei
- Yo no quería… es todo mi culpa- dijo ella, con profunda sorpresa, y luego tapándose el rostro con culpa. Cómo odiaba la muerte, cómo odiaba ver a los niños llorar al perder a sus padres.
- No importa, hiciste lo mejor de ti. Yo tampoco quería matarlo, pero había perdido la razón. Se había vuelto verdaderamente cruel- dijo él, mientras la rodeaba con un brazo y la atraía hacía el, dejando que ella apoyara su cabeza sobre su hombro, derramando algunas cálidas lágrimas que empaparon su haori, lágrimas por la crueldad del mundo. Lágrimas que él bien sabía no eran de debilidad.- Ven, vámonos.
- Pero ¿y el niño?
- No podemos hacer nada por él. ¡Pobre! Además, probablemente no querrá acompañarnos, después de todo…- enfundó la Sounga, y tomó a su esposa en brazos, para luego volar por los aires.
- Hace mucho que no te oía gritar así por mí.- comentó risueña la mujer después de unos momentos.
- Hm… sabes que te quiero, y por nada del mundo iba a dejar que esa armadura rara te succionara, pero al parecer usted sabe defenderse de lo más bien- dijo, mientras la besaba largamente. Al separarse, comentó intencionadamente- Ojalá lleguemos rápido al palacio, va a hacer frío y me vendría bien dormir con alguien hoy.- Obtuvo como respuesta un fugaz beso en la mejilla
- ¡Ah!Tú y tus pensamientos…- reprochó fingiendo enojo.
Momentos después, observó ya distante campo de batalla
"Pueda Jakemaru vivir sin venganza en su mente"
- En conclusión, el odio de Kumniho despertó nuevamente cuando mataron a su esposa, e InuTaisho tuvo que matarlo.- concluyó Miroku.
- y Jakemaru ahora busca venganza- dijo Sango.
- ¿Cómo puede ser derrotado?- preguntó Kagome
- Sus poderes son fuertes, se los enseñó su padre, pero no estoy segura de cuánto más allá abarquen ni qué cantidad de energía demoníaca tenga, ni si ha igualado a su padre. Después de todo, él se llevó muchos de sus conocimientos al más allá. Lo que hizo tu padre fue desintegrarlo, no alcanzó a transformarse. Pero tu madre fue de gran ayuda con su luna es su frente. Nunca has demostrado alguna clase de esos poderes, por lo que no puedo decir si los tienes o no.
- Perdido en el camino… débil.- murmuró Sesshomaru. "Afortunadamente mi padre acabó con tal escoria."
Un suave tirón de su manga lo sacó de su corto pensamiento
- Tío- pregunto Ayumi algo nerviosa, era la primera vez que le dirigía directamente la palabra- ¿cómo sabe este árbol todo lo que pasó?
- Oh, supongo que ella es hija de tu hermano, ¿no, Sesshomaru? Por lo tanto, puedo asumir que el niño por el que pregunté anteriormente es su hermana.-la niña lo miró con cierta timidez- Aunque mis raíces estén en lo profundo de la tierra, el viento trae suspiros de noticias lejanas, los pájaros, cantos procedentes de tierras más allá de mis propias hojas, el agua, cosas que mis oídos jamás habrían podido escuchar. Todo lo sé, de todo me entero.
- Demasiada poesía para mí. Ey Sesshomaru, este árbol habla como tú- se mofó InuYasha, pero fue ignorado totalmente.
- Este viejo árbol sabe más de lo que yo lograré enterarme en toda mi vida.- dijo Fushisho con algo de admiración.
- ¿Con que todo, eh?- intervino por primera vez Rin, incorporándose sobre el dragón.
- Sesshomaru, ¿no es esa la niña que te acompañó la última vez que viniste a pedirme información? Ha crecido, su rostro se ha afinado, y ha alcanzado mayor estatura. Nunca pensé que la mantendrías por todos estos años.- El aludido lo observó, sólo para darle a entender que no hablara de más. "Al parecer se parece a su padre… no… imaginaciones mías deben ser".- Continua, pequeña
- No tiene nada que ver con lo que han estado hablando… pero quiero aprovechar de preguntar, ¿a qué se deben esas marcas que tiene Akato que lo hacen verse tan parecido a mi amo? Es que es algo extraño, porque si lo piensan, si InuYasha es mitad demonio, y ni siquiera él tiene esas marcas, ¿por qué habría de tenerlas su hijo, que tiene menos sangre demoníaca que él?
Rin miró a sus acompañantes y sonrió
- Yo sé que todos ustedes se habían hecho la misma pregunta…- dijo con diversión. La mayoría asintió
"Una pregunta que hace tiempo me asaltaba", pensó el Lord
- Interesante es tu pregunta… ¿Rin, verdad?- la joven asintió- Por lo que me he enterado durante todos estos años, InuYasha ha liberado su lado demoníaco unas cuantas veces, ¿verdad? Bueno, por lo tanto, la sangre demoníaca ahora fortalecida por estas transformaciones se ha hecho más presente en su descendencia
- Sí, pero entonces, ¿por qué Ayumi ni Makoto las tienes? Y si InuYasha tampoco es un demonio entero, y su padre no era nada débil ¿por qué él no las tiene?
Esto parecía más bien un juicio oral que una simple pregunta. Pero a la humana realmente le intrigaba.
- Los dos hermanos restantes no las tienen por simple obra del azar. Sólo uno de la familia llevará las marcas características. La sangre de su padre se manifestó en mayor cantidad en Akato. Respondiendo a tu otra pregunta, InuYasha no posee esas marcas ya que Inu No Taisho ya había mezclado su sangre pura con la de su esposa, la madre de Sesshomaru, lo que aseguró que el hijo naciera con ellas. Esta mezcla quedó plasmada en las facciones de su hijo: posee las líneas en las mejillas de su padre, y la luna de su madre. Al haber ya mezclado su sangre anteriormente, y de esta unión haber nacido un hijo con las marcas correspondientes, el padre no tenía posibilidades de tener otro hijo. Además, mientras más exabruptos tenga la sangre, como las transformaciones de InuYasha, y mientras más se desencadene su poder, hay más probabilidades de que el hijo posea los rasgos demoníacos.
- Ejem. O sea – se aclaró la garganta el hanyou- que mi hijo es una prueba de mi poder- dijo inflando el pecho mientras acariciaba la cabeza de Akato, quien a su vez estaba también lleno de orgullo
Todos rodaron los ojos: era otra demostración más del característico orgullo/ego que tenía el hombre.
Luego de despedirse de Bokusenon, retomaron el camino de regreso. Debían de estar ahí lo antes posible, podía haber otro ataque.
Caminaban todos medianamente juntos. InuYasha y su grupo hablaban de lo genial que el árbol resultó ser, que con razón InuTaisho recurría a él, y hasta el propio Sesshomaru. Rin hablaba con todos, peleaba con Jaken, y en ocasiones callaba y reía. Sesshomaru la observaba por el rabillo del ojo, mientras ignoraba los ruidos provenientes de las diversas conversaciones.
Súbitamente se detuvo, lo que causó que así lo hiciera el resto.
- ¿Lo sientes, verdad?- preguntó Fuhisho
- Sí, puedo olerlo
- ¡¿Oler qué?! ¿Qué hay?- demandaba enojado el con orejas de perro
El taiyoukai deliberadamente ignoró a su hermano
- Fuhisho, vuelve con los demás al palacio. Si hay algún ataque, reúne a los soldados. Rin, Jaken, síganme.- ordenó. Los aludidos se intercambiaron miradas y se encogieron de hombros, no comprendían de qué hablaban los dos inuyoukais. "Sangre".
Así se separaron. Por un lado, InuYasha todavía demandando saber lo que pasaba, por el otro, el trío y el dragón que antaño recorrían los mismos parajes.
¿Y qué tal? ¿Les gustó la imagen de InuTaisho y su esposa? (nunca me gustó la que salía en la serie, ni me la creí mucho) Les prometo hacer el próximo lo más pronto posible... y créanme, tiene MUCHAS sorpresas... ahora los comerá la duda
REVIEWS! :D
