Capítulo 10
-Investigadores Privados-
Draco Malfoy, sentado en la mesa de Gryffindor, charlaba tranquilamente con Harry y Ron. Era muy temprano, por lo que la mayoría de la gente todavía no se había despertado y el comedor estaba vacío, a excepción de ellos tres.
-Pues, como ya te he dicho, Ron, no tienes que preocuparte por nada. Está claro que tu madre estaba enfadada y exageró -le animó Draco.
-Ya, Draco, pero ahora estoy preocupado. La gente no se lo va a creer. De ahora en adelante todos me conocerán como "Weasley, el del pequeño aparato".
-Ron, deja de exagerar. Creo que la gente conoce bastante bien los prontos de tu madre. Si no, acuérdate del vociferador que te mandó en segundo, cuando ocurrió lo del Ford Anglia- intervino Harry, que estaba a punto de pegar un mordisco a una tostada requemada.
-Ya, pero ¿y qué me dices de Hermione? -Ron estaba más preocupado por lo que pensara ella.
-¿Qué pasa con Miss Melonesss bonitos?
-¡Draco! ¡Un respeto! ¡Que es nuestra amiga! -se quejó Harry.
-¿Y qué? También me gustaría que fuera amiga mía, con ese par de…
-¿Te das cuenta de que estás hablando de una Sangre Sucia? -atajó Ron.
-Bah, dejemos el pasado a un lado. Este Sangre Limpia, desde ahora, quiere ser vuestro amigo íntimo.
-¿Íntimo? ¿Cómo de íntimo? -le preguntó Harry, rodeando sus hombros con su brazo derecho.
-¡AAAAAAAAAHHH!
-Draco, ¿qué sucede? ¿Qué ha pasado?
Draco Malfoy acababa de pegar un bote en su cama. Se había incorporado tan deprisa que todavía no sabía dónde estaba, aunque eso no le impidió que comenzara a escupir con asco sobre las sábanas de su cama. Crabbe y Goyle le miraban con cara atónita. Su amigo había estado muy raro desde que el juego había comenzado.
-Hey, Draco… ¿va todo bien? -preguntó Morgan Smith, otro de los Slytherin con quien compartían habitación.
-¿Qué pasa? ¿Es que nunca habéis tenido una pesadilla? -preguntó Draco, irritado.
Aquel sueño había sido muy real. Estaba sentado con esos dos… debatiendo cuestiones fisiológicas y su tamaño con ellos. La visión todavía estaba muy fresca en su mente, pero no… no había sido real. Ha sido sólo una pesadilla, pensó el rubio de Slytherin, incorporándose para ir a por un vaso de agua. El resto de sus compañeros de cuarto todavía lo miraban extrañados. Yo nunca hablaría con Weasley de su….¡Oh, mierda! De pronto, Draco comenzó a recordar el encuentro que había tenido con Ron en los pasillos. También su comportamiento durante todo el día anterior. En su mesilla de noche todavía estaba el pergamino que los gemelos habían mandado la noche pasada. Draco lo abrió con cautela y revisó la citación que les había llegado para la próxima prueba: la Verdad.
-¡Esas malditas comadrejas! -comentó en voz alta, acordándose del brebaje que le habían dado los gemelos Weasley para que participara en el juego.
Draco pegó un portazo y salió de la habitación, rumbo a los servicios. Crabbe y Goyle se miraron el uno al otro: por fin su amigo había vuelto a su ser. Y el día dos de Beso, Verdad, Consecuencia, había comenzado...
Un aire enrarecido se había apoderado de la torre de Gryffindor, tras el primer día de Beso, Verdad, Consecuencia. Todos los participantes tenían cosas que esconder y cosas de las cuales arrepentirse. A más de uno le habría gustado quedarse en la cama, agazapado bajo las sábanas, para no tener que hablar con nadie. Pero, como era martes, todavía quedaba mucha semana por delante. Y, también, muchas clases y profesores que encarar:
-¿Y ahora qué vas a hacer cuando veas a Snape? -le preguntó la dulce Ginny a Neville, cuando ambos se dirigían escaleras abajo, camino del Gran Comedor.
Ginny tenía muy mala cara. Apenas había pegado ojo en toda la noche.
-No lo sé. Por suerte, no tenemos clase con él hasta mañana. Pero creo que tendré que hablar antes con Dumbledore.
-¿Tú crees?
-Al menos eso es lo que dijo en la reunión, ¿recuerdas?
Los dos amigos se vieron, de pronto, seguidos muy de cerca por Harry y Ron. Los chicos salían de su habitación en ese preciso momento. Ginny se giró y sus ojos se encontraron con los de Harry, pero ella apartó la vista rápidamente y continuó andando, al lado de Neville, alejándose rápidamente de donde estaban los dos amigos.
-¿Te pasa algo con mi hermana? -le preguntó Ron a Harry; por una vez Ron había sido más perceptivo de lo normal.
-Pensaba que no, pero se ve que…
-Escucha, Harry -le cortó-, ¿no crees que deberíamos hablar de lo que ocurrió ayer?- preguntó, esta vez con cara de pocos amigos. Cuando el chico que sobrevivió estaba a punto de contestar, una voz interrumpió la charla:
-Buenos días. ¿Bajáis a desayunar?
Era Hermione, que también estaba ya preparada para bajar al Gran Comedor. Los dos amigos se quedaron callados, pero asintieron con la cabeza.
-Oye, Ron, cuando tengas un minuto, me gustaría hablar contigo -le pidió la morena a su amigo, de manera muy decidida.
Ron se puso muy colorado. Fue incapaz de articular palabra, aunque con una mueca de terror hizo ademán de decir algo así como "sí" a la petición de Hermione.
Los tres chicos se encaminaron juntos hacia el desayuno. Ninguno articuló palabra durante todo el trayecto. Ni siquiera Harry, que estaba todavía preocupado por lo que había pasado con Cho en la enfermería. ¿Cuándo sería el momento adecuado para contarlo?
Cuando llegaron al Gran Comedor, comprobaron que el resto de los estudiantes se les quedó mirando con curiosidad. Era como si todo el mundo estuviera al tanto de la reunión que había tenido lugar la noche pasada. Los participantes del juego que ya estaban sentados en sus respectivas mesas, también estaban pendientes de ellos. Dudaron un momento a la hora de dirigirse a la mesa de Gryffindor, pero finalmente echaron a andar porque no tenía sentido que se quedaran parados en medio de la entrada.
Al rebasar la mesa de Ravenclaw, a Hermione le llamó especialmente la atención el hecho de ver a Ginny conversando secretamente con Luna. La pelirroja estaba semiarrodillada al lado de la muchacha de Ravenclaw, la cual, a pesar de que la prueba ya había pasado, todavía tenía una chapa de su club de fans colgada de la solapa de su túnica. Sin darle mayor importancia, Hermione siguió caminando al lado de sus tres amigos y se sentó en la mesa, sin quitarle ojo a Ginny Weasley.
-¿Entonces nos sentamos juntas en Pociones? -le estaba preguntando la pelirroja a Luna Lovegood.
-Claro, yo te reservo un sitio y me cuentas -respondió Luna.
-De acuerdo. Nos vemos ahora -comentó Ginny, poniendo rumbo hacia la mesa de Gryffindor. En el otro extremo de los bancos de Ravenclaw, Marietta Edgecombe tampoco le quitaba ojo a la pelirroja. La muchacha siguió con mirada de odio todo el recorrido de Ginny hasta su asiento.
Cuando ya hubo llegado al banco que Neville había reservado para ella, Hermione, que estaba pendiente de la llegada de la pelirroja, le dijo:
-Ginny, aquí. Te he guardado un sitio.
La muchacha intuyó la ansiedad de Hermione en sus ojos, por lo que se disculpó con Neville, tomó asiento al lado de su amiga y esperó a que ésta le dijera disimuladamente:
-Tengo que hablar contigo. Es muy importante ¿Más tarde?
Ginny asintió y acto seguido disimuló para que nadie se diera cuenta de lo que le estaba pidiendo Hermione.
-¿Qué andáis tramando vosotras dos? -preguntó George, que venía seguido de Fred. Los dos gemelos tomaron asiento junto al resto de participantes.
-¿Es que acaso os interesa? -preguntó retóricamente Hermione, enfadada por la intromisión.
-Puef a mí fí me interefa -aclaró Ron, como siempre con la boca llena.
-Contadnos, ¿qué nos tenéis reservado para hoy? ¿Algún tipo de tortura tibetana? -preguntó irónicamente Hermione, dirigiéndose a los gemelos, tratando de desviar el tema de conversación. -¿O tal vez un rito vudú?
-Muy graciosa, doña Prefecta. No, tranquila, hoy va a ser un día relajado -aseguró Fred.
-Os dejaremos descansar y hacer penitencia sobre lo que hicisteis ayer -dijo George.
-Qué amable por vuestra parte -apuntó Ginny, con sarcasmo.
-Es que nos conviene bajar un poco el ritmo si no queremos que los profesores se enteren -aclaró Fred. –Así que hoy sólo tendréis que someteros a una prueba de sinceridad.
-Sí, la verdad pura y dura -remató George.
-¿Y quién hará las preguntas? -se interesó Neville, angustiado por la posibilidad de revelar sus pensamientos.
-¡Nosotros, por supuesto! -contestaron los gemelos a la vez.
-Escuchad: espero que tengáis presente que hay cosas de las que algunos no podemos hablar… -les advirtió Harry, con aire preocupado.
-Tranquilo, Harry, hemos tenido en cuenta todas las posibilidades. En especial, tu caso- le tranquilizó Fred.
-No hablaréis de nada de lo que no sea interesante hablar –les informó George.
Mientras tanto, en la otra punta del comedor, estaban haciendo su entrada Parvati y Lavender. Parvati perseguía claramente a su amiga Lavender, que estaba intentando deshacerse de ella como podía:
-¡No puedes pasar toda la vida sin hablarme! ¡Eres mi mejor amiga! -le suplicaba Parvati.
-De acuerdo, de acuerdo…-cedió Lavender, cansada de la persecución. –Si te digo que luego hablamos¿te callarás y me dejarás tranquila?
-¡Pero luego hablamos! -sentenció Parvati, que todavía seguía sus pasos.
-Sí, luego hablamos. Ahora deja de armar ruido. Nos están mirando todos- finalizó Lavender, visiblemente preocupada por lo que los demás pensaran de ellas. No iba a dañar su imagen, después de tantos años de entrega a la vida pública…
-¿Ésas dos aún están enfadadas? -preguntó Roger Davies a Marietta, refiriéndose a las dos amigas de Gryffindor.
-Por mí como si se matan la una a la otra -dijo Padma con desdén, intentando no mirar a Roger a los ojos.
-Por cierto, Marietta, ¿cómo está Cho? -se interesó Michael Corner, que también estaba sentado al lado de ellos. El juego había conseguido que los participantes de las diferentes casas no se separaran unos de otros, a pesar de que eso creara sospechas entre sus respectivos grupos de amigos.
-Está mejor. Ahora mismo todavía reposa en la enfermería, pero Madam Pomfrey le está quitando las vendas para que pueda asistir a las clases- contestó la impertinente muchacha.
-Qué gran noticia -ironizó Luna. –No puedo esperar…
-Oye, Luna, empiezo a estar ya muy harta de que te metas con… ¡Terry! ¿Pero qué demonios estás haciendo?
Terry Boot se acababa de escurrir bajo la mesa, llevándose por delante varios platos y haciendo un ruido tremendo. Algunos alumnos se giraron en dirección a la mesa de Ravenclaw. Terry seguía oculto bajo la mesa cuando Pansy Parkinson dirigió su mirada hacia allí. La rubia acababa de entrar en el Gran Comedor, seguida de cerca por sus inseparables. Terry estaba haciendo todo lo posible por ocultarse de ella.
-Ya están armando escándalo esos fantoches de Ravenclaw -comentó Draco al escuchar el ruido de platos que había provocado la huida de Terry al suelo del salón. –¡Venga, daos prisa, que tengo hambre! Vamos a ver qué porquería de desayuno nos han servido los asquerosos elfos domésticos.
Pansy, que iba a su lado, arqueó una ceja mientras miraba en dirección a los estudiantes de Ravenclaw. Allí estaba ese sucio necrófilo violador de entes, lamiendo el suelo.
-No sé qué demonios me pasa hoy, en serio.
-¿Qué tienes, Hannah? -le preguntó con preocupación su amiga Susan Bonnes, mientras todos disfrutaban de su desayuno en la mesa de Hufflepuff.
-No lo sé, e duele muchísimo la cabeza. Es como si las últimas 24 horas hubiera estado durmiendo sin parar. Y lo peor es que no recuerdo qué pasó ayer. Además, mira… hoy he encontrado cien como éstas en mi baúl.
Hannah le mostró a Susan una chapa del club de fans de Luna que ponía:
Amo a Luna sobre todas las cosas
Susan miró subrepticiamente a su amiga. Era cierto que había estado muy rara el día anterior, pero era aún más raro que ahora pareciera no recordar de nada.
-Hannah, querida, ¿en serio no recuerdas de nada? -preguntó Justin con disimulo, tratando de inventar una excusa para que Susan no sospechara nada del juego. –Yo intenté contenerte. Te dije que tanto Absolut Magicvodka no era bueno, pero no me hiciste caso…
-Oh…vaya… -dijo Hannah, con carita inocente. –Bueno… eso lo explica todo….Supongo que sí, que me lo advertiste. Pero, dime una cosa¿qué significa Happyplas? Porque también me ha aparecido un…. un….
Susan la miraba con cara aterrada. Justin, también… ¿Le había aparecido un QUÉ?
-Bueno…-continuó Hannah-, es que resulta que esta mañana, cuando he ido a la ducha, me he encontrado con un…. tatuaje enorme en mi… en mi… ya sabéis…-continuó, señalando disimuladamente una parte de su cuerpo.
-No, no sabemos -aseguró Justin, divertido con aquella explicación anatómica.
-En fin…. En una…-Hannah bajó la voz y se inclinó un poco hacia delante para juntar cabezas con sus dos amigos, -…… nalga……
Justin se puso muy colorado. Estaba intentando contener la risa. Susan estaba horrorizada. No sabía qué decir.
-Y es muy extraño porque en él pone: "No quiero ser Happyplas, Gryffindos me gusta más". Y tiene un corazón, y no sé qué más. No he querido mirármelo demasiado, la verdad. ¿Tenéis idea de qué significa?
Susan estuvo a punto de hablar, pero Justin le pegó un pisotón por debajo de la mesa. Sabía que tenía que contarle toda la historia a su amiga, pero aquel no eran ni el sitio, ni el momento adecuados.
-Ni idea, no tenemos ni la más remota idea -aseguró el muchacho, negando firmemente con la cabeza.
-Ah…
En ese momento, Justin echó una mirada hacia la mesa de los profesores, pero rápidamente se dio cuenta de que aquello no había sido una buena idea y la apartó.
-Por lo que me dices, no ha habido castigo para nadie -dijo Pomona Sprout, después de que la profesora McGonagall le informara de cómo había terminado la reunión de la noche anterior. Ambas estaban sentadas en la mesa de los profesores, charlando animadamente. –Bueno, en realidad eso es bueno porque… porque…
La profesora Sprout se calló porque se había quedado embobada mirando hacia horizonte.
-¿Y ahora qué? ¿Se te ha comido la lengua el gato? –le preguntó McGonagall.
Sprout había cruzado levemente la mirada con Justin y se había puesto tan colorada que intentó inventar una excusa:
-Oh, nada, estaba pensando en los progresos que han hecho algunos alumnos. ¿No te parece que han….. crecido…. muy rápido?-dijo, acaloradísima, utilizando un plato para darse aire.
-¿Pero qué haces? ¡Me estás tirando toda la mermelada encima! -se quejó McGonagall.
El correo matutino llegó en ese momento. Una bandada de lechuzas aterrizó en el Gran Comedor, cada una de ellas buscando a su destinatario.
En la mesa de Ravenclaw, una lechuza cayó en picado en busca de Marietta Edgecombe. Pero, por algún motivo, al ver al animal, la pobre muchacha se pegó un susto tremendo, se subió a la mesa y comenzó a correr por ella, llevándose por delante platos, vasos, alimentos y tenedores.
-¡SOCORRO! ¡AYUDADME! ¡ESTÁ OBSESIONADA CONMIGO!
Gritaba la chica, alteradísima porque la lechuza intentaba obedientemente entregarle una carta. El resto del comedor estaba mirándola, pensando que le había entrado un ataque de locura.
-Oh, oh, ya estamos otra vez…-cabeceó el pequeño Flitwick.
-¡Haz algo, medio metro! -le gritó Snape al pequeño profesor. -¿No ves que una de tus alumnas se ha vuelto loca?
Mientras tanto, Marietta seguía corriendo por el comedor. Ahora se había subido a la mesa de Gryffindor. Acababa de hacerle una finta a la lechuza, y con ella había conseguido dejar atrás el vuelo rasante del animal. Entonces, Marietta se agachó y agarró uno de los tenedores que yacían en la mesa, lo empuñó, se levantó y, mientras apuntaba a la lechuza con él, gritó:
-¡APÁRTATE DE MÍ ANIMAL! ¡YA TE HE DICHO QUE NO TE VOY A DAR MÁS BESOS! ¿ES QUE NADIE ME VA A AYUDAR? ¡ESTA LECHUZA ESTÁ OBSESIONADA CONMIGO! No debiste darle besos a la lechuza -se reprendió a sí misma en voz baja,-No debiste darle besos a la lechuza… ¡Puede haberte contagiado algo, por Merlín!
-Vaya… ¡qué decepción! Pensaba que yo era el único animal que al que había besado- dijo con ironía Minerva McGonagall, llevándose un trozo de tostada a la boca.
-Nunca te fíes de estos adolescentes -le aconsejó Sprout, ojeando por encima la mesa de Hufflepuff. –Están todos locos.
De pronto, Marietta pegó un traspié y su cara impactó con un trozo de pastel que había sobre la mesa de Gryffindor. El animal, cansado de sobrevolar la zona para intentar darle el correo a Marietta, arrojó el pergamino sobre la muchacha y éste se quedó pegado a lo alto de su cráneo, fijado por el pastel pringoso que cubría toda la cabeza de Marietta. La lechuza, entonces, remontó el vuelo y se alejó de allí.
El profesor Flitwick, tratando de convencer a los presentes de que todo estaba perfectamente bien, empezó a poner orden y rogó a los estudiantes que continuaran sus desayunos. Después, se acercó a la mesa de Gryffindor, ayudó a Marietta a incorporarse y se la llevó con él.
-Menos mal que iba a ser un día tranquilo… -recriminó Hermione a los gemelos Weasley, cuando ya el ambiente se había calmado.
-Supongo que es normal que a algunos les hayan quedado secuelas tras las pruebas de ayer -se defendió Fred.
-Y tanto -dijo Harry en voz baja, mirando directamente a Ginny, provocando que la pelirroja agachara levemente la cabeza y fijara sus ojos en su desayuno.
-Oye, Ron, ¿quién te ha escrito tantas cartas? -le preguntó inocentemente Neville.
Ron estaba maldiciendo en silencio. Estaba lívido de cólera. Tenía un manojo de cartas en su mano.
Querido hermanito:
No importa que seas un desecho de la sociedad. Tampoco que te hayas quedado atrás con respecto a tus otros hermanos. Somos conscientes de que tu problema físico impide que las chicas se fijen en ti. Pero tú no te preocupes. Estoy seguro de que habrá por ahí alguna dragoncita a la cual no le importe demasiado el tamaño de tu cola peluda.
Te seguimos queriendo.
Un beso,
Charlie.
Un dragón herido
P.D: Recuerda: el tamaño no importa. Mejor pequeña y juguetona, que grande y torpe.
¿Qué pasa, chaval?
Ya me lo ha contado mamá. Espero que no estés preocupado. Ninguno de nosotros se desvirgó hasta que aprobamos los TIMO y ya sabes lo que eso significa: Toqué a Infinitas Mujeres Orgásmicas.
Así que, como todavía estás empezando el curso, aún te queda mucho tiempo para conseguir buenas notas en esos exámenes. Ya me entiendes…
Por mi parte, ya he estado consultando en Gringotts alguna empresa que cotice en bolsa que te pueda ayudar con tu problema. Hay una que se encarga de estiramientos y alargamientos de todo tipo de "tuberías". Quizá deberíamos cambiar tus acciones de Durex a esa empresa, ¿qué me dices?
No te presiones a ti mismo. Ya sabes lo que dicen… con presión no hay quién consiga un TIMO como Merlín manda.
¡Ánimo!
Bill,
A punto de la bancarrota con el negocio de condones no usados
Estimado hermano:
Estoy muy contento de que, tanto tú como Hermione, hayáis recapacitado las infinitas posibilidades de la razón y la responsabilidad, y os hayáis encomendado a un destino mejor, colmado de abstinencia y de continencia de fluidos corporales.
Hoy es un gran día para los Weasley.
Espero que sigas mi camino y, en caso de verte asediado por la tentación, le digas a Hermione lo mismo que yo le digo a mi Penélope cuando me suplica que moje mi cucharón en su caldero: "Querida, vete de compras a Flourish and boots". ¡No sabes de los líos carnales que te puede salvar una Visa Magic! Te la recomiendo…
Estoy orgulloso de ti.
Con cariño,
Percy
Frota que te frota… hasta la noche de bodas
Ronald:
Soy Penélope. Sé que tu hermano te va a escribir algo sobre las ventajas de reservarse hasta la noche de bodas. ¡No le hagas ni caso¡Como siga así, se va a tener que buscar otra novia! Mi consejo es: practica todo lo que puedas, mientras puedas. ¡Y dile a tu hermano Percy que se meta su Visa Magic por donde le quepa, por donde no me mete a mí su cucharón!
Un abrazo,
Penélope Clearwater
Una novia florero, malquerida y maltratada
¡Hola Ronnie, pequeño!
Tu hegmano me ha pedido que te escriba para subigte el ánimo, como representante del sector femenino. ¡El tamaño no importa! En confesión: Billy no la tiene tan grande como él cree. Seguro que es algo genético…
¡Mucha fuegza!
Fleur Delacour
Más encendida que una veela
-Nadie, no me ha escrito nadie -mintió Ron a la pregunta de Neville. -Escucha, Harry, yo voy yendo, que me he olvidado…una cosa. ¿Te veo luego, en clase?
-Claro… ¿va todo bien? -preguntó el niño que sobrevivió.
-Perfectamente -dijo Ron, poco antes de abandonar el Gran Comedor, después de haber metido las cartas en su mochila, y llevársela con él.
-Harry… algo raro está pasando -le advirtió Hermione.
-¿Tú crees? –preguntó con sarcasmo.
-¡Harry!
-Ya voy, ya voy. A ver qué le ocurre ahora. Os veo luego- se despidió, saliendo tras su amigo para descubrir qué le había afectado tanto.
-Bueno, nosotras también nos vamos -dijo Hermione, dándole codazos a Ginny para que le siguiera la corriente. Ginny se limpió la boca con una servilleta, recogió sus cosas y se dispuso a salir de allí tras Hermione.
-Aquí todo el mundo se escapa -cabeceó uno de los gemelos, con incredulidad.
Una vez que estuvieron fuera, Hermione cogió a Ginny de la mano y se la llevó hasta un pasillo que estaba desierto. Al comprobar que estaban solas le dijo a la pelirroja:
-Muy bien, tienes que hacerme un favor.
-Ya sabía yo que algo estaba pasando -se quejó levemente la pequeña de los Weasley. -¿De qué se trata?
-Es Ron…
En la mesa de Slytherin, Draco Malfoy y sus amigos todavía seguían sentados, desayunando. A ninguno de ellos se les habían escapado las salidas prematuras de los cuatro amigos de Gryffindor, por lo que Draco ya estaba echando pestes, quejándose de que allí había gato encerrado:
-Están tramando algo- les decía a Crabbe, Pansy y Goyle-, y tenemos que averiguarlo como sea. No quiero que nos dejen de nuevo en ridículo con ese estúpido juego. Pansy, cariño, podrías sacar tus dotes de mujer fatal para intentar sonsacar a los Weasley.
-¿Ahora soy "Pansy cariño"? ¿Desde cuándo? Porque te recuerdo que ayer me trataste como si fuera una cualquiera -se quejó la chica.
-Ayer dije muchas cosas que no debería haber dicho -le dijo Malfoy. -Era sólo parte del juego. Ya sabes que no te puedo decir la prueba que me mandaron hacer, pero tienes que confiar en mí, bomboncito…
-¡Vete a otra con ese cuento! Lo de ayer no te lo perdono, Draco, a ver si te vas a pensar que puedes ir jugando con Pansy Parkinson cada vez que te lo propongas. Si quieres averiguar qué está pasando, te buscas a otra porque yo…
-Ya le ha dado otro ataque de parkinson…-le dijo entre risitas Goyle a Crabbe, burlándose del apellido de la chica.
Pansy seguía hablando sin parar, víctima de su rencor hacia Malfoy y cómo la había tratado. Pero Draco ya no la escuchaba porque una lechuza tardía se había acercado a él para dejarle un pergamino. Conocía perfectamente esa lechuza y sabía quién se la había enviado. Draco desenrolló el pergamino y de su interior se desprendió lo que parecía ser otra carta y un objeto que no dejaba de brillar:
Pequeño Chewbacca:
¡Eres un estúpido! Tu madre y yo nos avergonzamos de que seas sangre de nuestra sangre. ¿Qué tontería es ésa del Club de Fans de Luna Lovegood¿En qué estabas pensando para inscribir a toda la familia? El señor Darth Vader lo ha descubierto todo. ¡Cómo no lo iba a descubrir si también le has hecho socio a él! Si por tu culpa no se cumplen los planes del señor todopoderoso, vas a donar sangre de por vida en el Banco de Sangre Sucia.
Ya hablaremos tú y yo, cara a cara.
Firmado,
Lucius Malfoy
¡Con la sangre más limpia que nunca!
P.D: Puedes quedarte con la chapa, pero la cubertería se la ha quedado tu madre.
"¿La cubertería?" se preguntó Draco. El rubio de Slytherin observó de nuevo el objeto brillante que había caído momentos antes del pergamino. Era una chapa del Club de Fans de Luna. A su lado había también un panfleto promocional que decía:
¡Felicidades Draco Malfoy & Familia & Señor Vader & R2-D2 & C3-PO!
El Club de Fans de Luna quiere recompensarles por ser el socio más numeroso. Acaban de ganar una cubertería de cuerno de centauro, tallada exclusivamente para nuestro club. Asimismo, les hemos aplicado un 20 de descuento por ser la familia que más inscripciones ha solicitado. ¡Aprovechen ahora las condiciones de nuestra sociedad! Si nos piden una inscripción más, les regalaremos:
-Una foto exclusiva firmada por Luna
-Un reloj despertador modelo hurón
-La inscripción gratuita durante un año al Quisquilloso
-20 km de papel estampado con la cara de Luna ¡Cambie la decoración de las paredes de su casa!
-¡Un tarro sellado al vacío donde están guardados varios tipos de gases corporales de Luna Lovegood!
-Tres gastadas fundas de almohada para sus elfos domésticos ¡Las mas raídas del mercado¡Su elfo doméstico estará en su salsa con ella!
Esperamos que sigan amando y venerando a Luna, la mejor hembra de todo Hogwarts.
Un cordial saludo,
Señor Lovegood
Presidente del Club de Fans de Luna y Editor de El Quisquilloso
Draco se quedó pálido, con la chapa en una mano y el pergamino promocional en la otra. ¿Y ahora qué¿Cómo podía enmendar aquella falta con El-que-no-debe-ser-nombrado?
Harry había perdido de vista a Ron tan pronto salió en su busca. Pero esperaba poder encontrar a su amigo en los dormitorios o en algún sitio de la torre de Gryffindor. Así que, cuando llegó allí, empezó a mirar por todas partes. Llamaba a su amigo, pero éste no contestaba:
-Ron, ¿estás aquí? Ron, venga, ¿qué pasa?
Harry miró en el dormitorio de los chicos, pero tampoco parecía estar allí. Como no lo encontraba por ningún lado, decidió que lo mejor sería esperar a que empezaran las clases para hablar con Ron. Ya estaba a punto irse, cuando de repente le entraron ganas de ir al servicio. Así que se dirigió hacia los baños comunes, abrió la puerta y lo que vio le dejó totalmente pálido.
Ron estaba con media parte de su cuerpo desnuda, mirándose de perfil en un espejo. Agarraba algo con una mano y en la otra tenía su varita, con la que había conjurado lo que parecía ser una regla de medición.
-¡HARRY! ¿QUÉ HACES TU AQUÍ? -se sobresaltó el pelirrojo, vistiéndose apresuradamente. Su cara estaba de color púrpura. No esperaba que nadie entrara en los baños a aquellas horas de la mañana y tampoco había oído ningún ruido que le avisara de que alguien estaba merodeando la zona.
El chico que sobrevivió, avergonzado por lo que acababa de presenciar, se dio media vuelta y comentó:
-¡Oh! ¡Por el amor de dios! ¡Ponte algo encima, Ron!
-¿Qué haces tú aquí? -repitió el pelirrojo, ahora que ya se había recompuesto y estaba presentable. El conjuro de medición todavía flotaba en el aire.
-Te estaba buscando y, como no contestabas, me entraron ganas de ir al baño y….¿Qué demonios estabas haciendo? -preguntó Harry, que ya se había dado la vuelta y ahora estaba mirando a su amigo a los ojos.
-Nada… mirándome al espejo…
-¿Con una regla al lado? -dijo su amigo, señalando el reflejo de la regla que flotaba todavía en el aire.
-Bueno, vale, me lo estaba midiendo, ¿pasa algo? -reconoció Ron.
-¿Pero se puede saber qué te ha entrado con el tamaño? -se exasperó Harry. –¡Que no lo tienes pequeño¡ ¡Tu salchicón es normal, Ron! ¡Tienes el tamaño más normal del mundo, por Merlín!
-Ahora me dirás que tú nunca te lo has medido, ¿no? -se defendió Ron. Harry se puso colorado y permaneció callado.
-Ya me parecía…Bueno, ¿qué? ¿Nos vamos ya a clase? -propuso el pelirrojo sin darle mayor importancia, recogiendo su mochila y rebasando a Harry, camino de la escalera central. Cuando ya Harry se había dado la vuelta para seguir a Ron, olvidando su dolor de vejiga y las ganas de orinar, el pelirrojo se giró, encaró a su amigo y le dijo:
-Por favor, no se lo cuentes a nadie, ¿eh? ¿Pelillos a la mar?
Harry se acordó de la visión peluda que acababa de tener y no le pareció aquella fuera la expresión más adecuada para sellar un secreto, por lo que guardó silencio y asintió, intentando despejar de su cabeza la imagen de Ron, semidesnudo, delante de un espejo.
-¿Qué pasa con Ron? -le preguntó Ginny a su amiga, cuando ésta había empezado a contarle, en aquel pasillo oscuro, lo que le pasaba.
Hermione actuaba de manera extraña. De pie, enfrente de la pelirroja, daba la sensación de que tenía ganas de echarse a llorar y, sin embargo, permanecía allí, inmóvil, mirando hacia todos lados para asegurarse de que no había nadie. Buscó las palabras más adecuadas para expresarse y luego dijo en un susurro apenas perceptible:
-Creo que no es virgen…
-Me estás diciendo que es cierto que él y tú… ¿Ñiqui- ñiqui?
-¡No, no, no, Ginny, que no es eso! -se apresuró en aclarar la morena.
-Entonces ¿qué es? -quiso saber la pelirroja, que ahora estaba más perdida que nunca.
-¿Recuerdas la reunión de ayer?
-¡Cómo olvidarla! -exclamó Ginny, haciendo gestos con las manos.
-Vale, pues ¿recuerdas que Ron no contestó a la pregunta que le hizo vuestro padre?
-¿Qué pregunta? -Ginny se había perdido.
-La de si es o no es… ya sabes…
-¿Virgen? ¡Ah, ya! ¿Y qué pasa con eso? Oh, vamos, no habrás pensado que si no ha contestado es porque no es virgen. ¡Pero si mi hermano es tan tonto que seguramente cree que lo que tiene entre las piernas sólo sirve para hacer pis!
-Sssssssssssssssssshhhh ¡No hables tan alto, Ginny! -le reprendió Hermione.
-Vale, entonces, ¿qué quieres que haga?
-Quiero que me ayudes a averiguar si tu hermano es virgen o no -le pidió la morena.
-¿QUÉ? ¿Y cómo pretendes que haga eso? Voy y le digo: "Ron, perdona, ¿tú alguna vez has practicado sexo con alguien? Es que Hermione necesita saberlo con urgencia. Verás es que se muere de ganas por enseñarte…"
-¡Ginny, por Merlín, baja la voz! -la detuvo Hermione, tapándole la mano con la boca. Al fondo se escuchó un timbre. Era el sonido que daba comienzo a las clases de la mañana.
-Escucha, ahora tenemos que ir a clase, pero ya se me ocurrirá algo -continuó la morena de Gryffindor. -¿Puedo contar con tu ayuda o no?
-Qué remedio… -afirmó Ginny a regañadientes. -Pero a mí también tendrás que hacerme un favor.
-¿Cuál es? -se interesó Hermione.
-Te lo digo después, ahora es mejor que vayamos a clase -contestó la pelirroja.
-¡Ah! Una cosa antes de irnos -dijo Hermione.
-¿Sí?
-Quiero que quede claro que mi interés por tu hermano es meramente amistoso. Necesito saber si es virgen porque me preocupa como amigo, pero no deseo que esto dé lugar a malentendidos, ¿de acuerdo? Como Prefecta he de preocuparme por mis compañeros y… bla, bla, bla.
Ginny había desconectado hacía mucho tiempo. Dejó que hablara porque conocía a su amiga y sabía que necesitaba ese momento de autoengaño, pero nada más. Una vez que Hermione por fin concluyó su discurso, las dos muchachas salieron de su escondrijo, se dispersaron y cada una se fue en dirección opuesta, camino de sus respectivas clases.
Clase de Herbología:
La clase con la profesora Sprout acababa de comenzar. Normalmente el invernadero en el que tenía lugar era un sitio de temperaturas extremas. En invierno, era difícil soportar el frío y, en verano, lo mismo sucedía con el calor. Pero, aquella mañana de invierno, a la profesora Sprout le estaba resultando muy difícil controlar su temperatura corporal. Estaba tan acalorada que había tenido que quitarse su habitual sombrero vegetal, y no dejaba de abanicarse con cualquier cosa que encontraba a mano. En esos momentos tenía asido un rábano que de poco le servía para remover el aire que había alrededor y, sin embargo, no dejaba de agitarlo de un lado a otro, en busca de algo que respirar. En ese momento se acordó del abanico de la señora Granger y deseó con todas sus fuerzas tener uno en la mano. Definitivamente la profesora Sprout estaba en celo:
-Vamos a hacer un pequeño avance, entonces, de la materia en la que nos vamos a meter, uff… por Merlín¡qué calor hace aquí!- dijo, mientras continuaba agita que te agita el rábano rebelde. -¿Por dónde iba? Ah, sí, ¿alguien sabe qué lección vamos a estudiar ahora?
Susan Bonnes alzó la mano en ese momento.
-Por cinco puntos más para Hufflepuff -dijo la profesora Sprout, como si aquello fuera un concurso- ¿sabe la respuesta, querida?
-Nos toca estudiar el "Tema 28: El brócoli y sus propiedades mágicas: el apasionante mundo de un vegetal con calor propio" -contestó la estudiante de Hufflepuff.
Justin Finch-Fletchley se puso de repente muy colorado y se parapetó tras una maceta que tenía enfrente. La profesora Sprout se puso tan nerviosa que comenzó a hiperventilar, soltó el rábano que tenía asido (el cual rebotó en el ojo de Hannah Abbot) y, como todavía no era capaz de controlar su calor corporal, agarró el brazo de una alumna que tenía cerca y comenzó a abanicarse con él.
-Gracias, querida, cinco puntos más para… Hufflepuff… -dijo, suspirando.
Clase de Pociones:
Los alumnos de cuarto año de las casas de Gryffindor y de Ravenclaw compartían la clase de Pociones. Luna Lovegood le había reservado un sitio a Ginny para que ésta le contara lo que tenía en mente. El profesor Snape estaba muy malhumorado después de lo que había sucedido en la reunión de anoche, por lo que las chicas intentaban hablar bajo, para que no les escuchara:
-¿Estás diciendo que anoche llegó a las tres de la mañana? -se sorprendió Luna.
-Si, y los gemelos me dijeron que estuvo visitando a Cho, en la enfermería -explicó Ginny.
-Así que se pasó todas esas horas con el zorrón desorejado ese…
-No estoy segura,- admitió Ginny,- pero ahí es donde entras tú… Si te pudieras enterar si estuvo con ella y lo que pasó…
-Ufff… Lo intentaré, aunque va a ser un poco difícil porque no creo que Cho hable conmigo después de lo que ocurrió… Tampoco es que yo lo desee, vaya…-admitió Luna.
-Pues inténtalo, y si no lo consigues no pasa nada porque tengo un As en la manga- dijo Ginny, guiñándole un ojo.
-¿Qué as?- preguntó la muchacha de Ravenclaw, bajando aún más la voz y disimulando cuando Snape echó una mirada hacia donde estaban las dos muchachas.
-Hermione.
Clase de Historia de la Magia:
A los chicos de Gryffindor les tocaba toda esa mañana la clase de Historia de la Magia, la cual compartían con los Slytherin. Como el profesor Binns era un personaje que de poco se enteraba, los participantes del juego aprovecharon para comentar todo aquello que necesitaban.
En un lado, Pansy Parkinson estaba dando rienda suelta a su labia contando lo que había presenciado la noche anterior:
-Y entonces vi cómo tenía acorralada a esa pobre fantasma en el suelo, ¿cómo era su nombre?
-Myrtle la llorona -le informó otra chica de Slytherin que tenía el pelo muy corto y, como era habitual en la casa, cara de pocos amigos.
Harry, por su parte, vio el campo abierto para contarles a sus amigos lo que había sucedido con Cho.
-Estuvimos hablando, no sé… un montón de horas…
-¿Y tú qué le dijiste? -se interesó Hermione, lanzando miradas fogosas en dirección a Ron.
-Que no lo tengo claro… Ella quiere que salgamos. E incluso me preguntó si me habría gustado más besarla a ella que a Ginny.
-¡Qué atrevida! -exclamó Hermione en voz alta.
-Pues sí, atrevida es la palabra, señorita Granger -comentó el señor Binns, desde la palestra del profesor. –La hechicera Mata Harry fue muy atrevida a la hora de seducir a los semigigantes de Mongolia para que abandonaran sus tierras durante la guerra contra los Boggarts...
-¿Y tú qué le dijiste? -preguntó Ron, sin prestar ninguna atención a las explicaciones del profesor Binns. La cara de pocos amigos de Ron quería decir: "Espero que hayas contestado que prefieres a mi hermana".
-Intenté salir por donde pude. ¡No sé qué le dije! En realidad… el beso con Ginny me -Harry dudó al ver la mirada de Ron, pero luego se envalentonó y no tuvo reparo en decir: -Realmente me gustó mucho….
-¡Tienes que resolverlo, Harry! No puedes dejar que Cho siga pensando que tú estás interesado, cuando claramente no lo estás. ¿Quién sabe si ella está totalmente engañada y piensa que hay algo más entre vosotros? -le regañó Hermione.
-Lo sé, lo sé.
Clase de Transfiguración:
-Es un adonis. ¡Es que es tan glorioso que todavía no me puedo creer que estemos juntos!- exclamó Cho, en medio de su clase de Transfiguración. La chica ya se había recuperado de sus magulladuras y había podido asistir a clase.
Marietta, que estaba a su lado en el pupitre, arqueó una ceja al escuchar las palabras de su amiga, pero en el fondo tenía que aceptar la alegría de Cho, si es que eso era lo que le hacía feliz.
-Así que ya estáis juntos…-refunfuñó Marietta, tratando de alegrarse, pero fracasando.
-Sí. Anoche estuvimos hablando y lo aclaramos todo. Me dijo que el beso con esa estúpida Weasley no había significado nada para él y yo le he perdonado. Yo sería capaz de perdonar todo a Harry con tal de ser la señora de Potter ¿Te lo imaginas? Y luego saldríamos él y yo en todas las revistas ¡Ay! ¡Estoy que me muero porque se entere la gente! En especial… alguna gente…-dijo con un tinte de venganza en la voz, elevándola lo suficiente para que todos los de alrededor se enteraran.
-Señorita Chang -comentó la profesora McGonagall desde el fondo de la clase. –Estoy segura de que todos nos alegramos de que se haya recuperado de sus fracturas. Y sinceramente espero que la rotura de sus huesos no haya influido en su comportamiento. Por favor, guarden silencio.
Roger Davies, que estaba sentado una fila más atrás, se quedó bastante descolocado al escuchar las nuevas noticias. En el fondo, esperaba tener una oportunidad con Cho, ahora que Cedric había desaparecido del mapa. Pero Harry Potter acababa de echar por tierra todos los planes del capitán de Quidditch y el muchacho estaba furioso por ello.
Y en Herbología...
En medio del calor menopáusico que se había adueñado de ella, la profesora Sprout fue capaz de controlarse el resto de tiempo que quedaba de clase. Pero, cuando el timbre estaba a punto de tocar, y de tanto pasear entre las filas de estudiantes había creado un surco en la tierra del suelo, se acercó a uno en especial y sacó fuerzas de flaqueza para susurrarle al oído:
-Quiero verle cuando acabe la clase. Es preciso que hablemos. Espéreme en la puerta.
Cuando por fin se acabaron las clases, el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería sufría una ebullición de rumores, planes maléficos y planes de romance. Los estudiantes tenían un momento libre antes de que comenzara la comida, por lo que algunos se encargaron de realizar la misión que otros les habían encomendado. Era el caso de Luna Lovegood, que, cuando por fin llegó a su sala común, se unió a la conversación que estaban manteniendo los recién llegados de las clases:
-Bueno, Cho, supongo que tengo que felicitarte -dijo Roger Davies, dejando los libros a un lado.
-¿Felicitarme por qué? -preguntó falsamente la asiática, que sabía a la perfección a qué se refería su compañero de casa.
-No lo sé, dímelo tú -la incitó Roger, molesto.
-¿Se puede? -pidió Luna, sentándose en uno de los sillones.
-¿Quién te ha dado vela en este entierro? -Cho estaba muy alterada. Recordaba a la perfección las palabras que había dicho Luna, poco antes de chocar contra el suelo del comedor. Ahora no estaba de humor para fingir que Lunática Lovegood le caía bien, por mucho que estuviera entrenada para esa clase de fingimientos con todo aquel que se acercara a ella.
-En realidad, nadie -afirmó Luna, bostezando levemente. –Sólo quería saber por qué debemos felicitarte.
Cho estuvo tentada a contarle su nuevo estado civil a Luna. A fin de cuentas… ella era amiga de esa impertinente pelirroja roba-maridos. Pero se mordió la lengua. Era mucho más tentador el sentimiento de hacerle sufrir, que el hecho de provocar que Ginny se enterara rápidamente.
-No me felicitan por nada en especial- dijo finalmente Cho. -Venga, Marietta, vamos yendo hacia el comedor. Debemos evitar el karma negativo que generan ciertas personas.
Así que Cho y su amiga salieron de la sala común y, como Roger Davies parecía estar muy ocupado ordenando su mochila, Luna decidió ponerse en acción. Sigilosamente se escabulló hacia la zona de los dormitorios con el pretexto de que iba a dejar la mochila en la habitación. Pero, en lugar de entrar en la suya, se coló en el dormitorio de las chicas de sexto año. Tenía una misión que cumplir.
12.40 horas
Mensaje para mi mejor amiga:
Minerva, por lo que yo sé eres mi mejor amiga y tienes que ayudarme. Estoy perdidamente enamorada de mi "Verde Brócoli". Sé que te vas a enfadar con lo que tengo que decirte, pero no me importa. Te dejo que me mandes un vociferador. Sin duda lo harás cuando te enteres de la identidad de mi Verde Brócoli.
¡Se trata de Justin Finch-Fletchley! ¿Sabes quién es? Ese alumno de Hufflepuff, con un cabezón enorme, que se comía los mocos en las clases, cuando estaba en primero. Pero ahora ha crecido ¡y cómo!
He estado hablando con él y me ha pedido perdón. Pero yo he visto cómo ardía el amor en sus ojos. ¡Recomiéndame algo! ¡Sálvame! ¡Soy peor que Snape y sus líos de faldas con las alumnas!
Firmado,
Pomona, necesitada de consejo amoroso.
12.41 horas
Severus:
Pomona ha perdido el juicio (si es que alguna vez tuvo uno).
Se ha enamorado de un alumno¿y ahora qué le digo? Tú, que eres el experto en estas cosas, recomiéndame algo.
Minerva
12.42 horas
Profesora McGonagall:
Le recomiendo que mida sus palabras. Yo no soy ningún experto en nada, como ha quedado bien probado en la reunión que mantuvimos anoche. De todos modos, si quiere mi consejo, dígale que lo acorrale, que eso siempre funciona. Si es contra una pared, mejor. Eso acojona a cualquiera.
Profesor Severus Snape
P.D: ¿Quién es él?
12.43 horas
Minerva:
¿Por qué siempre soy el último en enterarme de todo? Espero que no sea algún tipo de discriminación por mi altura. Soy bajito, pero me entero perfectamente de todo. Severus me ha mandado un pergamino express contándome lo que está pasando. ¿Me extiendes la información durante la comida?
Filius
P.D: ¿Quién es él?
12.44 horas
Para Minerva, Severus y Filius:
Sé que estáis tramando algo. Lo he visto en mi bola de cristal….
Sibyll
P.D: ¿Quién es él? Es que tengo que llevar la bola al tinte y no consigo verle la cara…
12.45 horas
Mensaje para mi fiel vasallo:
¿Quién es él?
Me encantan estos cotilleos de colegio. ¿Y tú qué? ¿Cuándo te vas a echar novia?
¡Averigua ya quién es o monto en cólera!
Tu señor Vader.
12.46 horas
Una vez dentro de los dormitorios, Luna Lovegood no tardó demasiado en encontrar lo que estaba buscando. Delante de ella estaba el baúl de Cho Chang, que reposaba a los pies de su cama. Luna se arrodilló, intentó abrirlo y se encontró con que la cerradura estaba cerrada.
-Previsible- comentó en voz alta. Intentó con un par de conjuros sencillos, pero no consiguió que se abriera, así que, perdiendo la paciencia, lo hizo al más puro estilo Muggle: levitó el baúl por los aires y dejó que cayera en picado contra el suelo. Lo repitió tantas veces como fue necesario, hasta que el cerrojo cedió y se abrió.
"Tanta magia, tanta magia y al final estos Muggles tienen el remedio para todo", pensó la muchacha.
Una vez abierto, Luna se volvió a arrodillar junto a él y comenzó a sacar todos los objetos personales de Cho Chang:
-Veamos qué hay por aquí…. Un par de calzoncillos usados ¡Qué asquito¿Serán de Cedric¿Me darían algo por ellos en el Ebay?
-Lapiz de labios
-Salvaslip con alas de Hipogrifo gigante. ¡Uy! ¿De dónde habrá sacado esto?
-Una agenda de contactos. A ver, a ver…. Cedric Diggory, Roger Davies, Víktor Krum¿Tiene el teléfono de Krum? ¡Será guarra!
-¡Ajá! ¡Ven con mami!
Allí estaba: el diario secreto de Cho Chang. Luna se sintió tentada a leerlo desde la primera página, pero como tenía prisa y no quería que la descubrieran fue directamente a la última página, al último renglón:
"Así que, después de tantas horas hablando en la enfermería (qué sitio más poco romántico¿no?) se puede decir que Harry y yo estamos juntos. Por fin. Ahora aprenderá esa niñata de Ginny Weasley quién manda en Hogwarts".
Luna oyó pasos a lo lejos. Se pegó tal susto que estuvo a punto de sufrir un infarto, pero entró en razón lo suficientemente rápido para meter todas las pertenencias de Cho de nuevo en el baúl y conjurar un reparo para arreglar las magulladuras que le había hecho al intentar abrirlo. Rápidamente salió de la habitación y cerró la puerta, sin darse cuenta de que los calzoncillos masculinos que había sacado previamente se habían quedado tendidos en un rincón de la habitación…
13.00 horas
Aprovechando que la clase ya se había acabado, Michael Corner se acercó a Ginny para hablar con ella sobre el desafortunado encuentro que habían tenido en el Gran Comedor el día anterior. Llevaban varios minutos hablando, pero parecían no ponerse de acuerdo:
-No sé… Michael… yo tenía antes las cosas muy claras, pero ahora ya no sé qué decirte…
-Así que te gustó el beso con Potter. Es eso, ¿no? -dijo Michael, con tristeza.
Ginny se puso muy colorada. Se sentía mal por tener que rechazar a Michael Corner ahora. Pensaba que lo de Harry lo tenía superado, pero después de aquel beso se había dado cuenta de que a lo mejor no era así. Y tampoco le parecía justo aprovecharse de Michael y usarle como clavo ardiendo para olvidarse de Harry.
-Pues sí…-admitió, después de recapacitar durante unos segundos.
Pero en ese momento sucedió algo imprevisible. Una lechuza se posó sobre el hombro de Ginny, después de haberla buscado durante unos minutos. Ginny le hizo un gesto a Michael para interrumpir la conversación y mirar lo que decía el pergamino. Cuando lo desenrolló pudo leer:
Gin: malas, muy malas noticias. Están juntos. Ayer Harry sí que estuvo tantas horas con ella en la enfermería. Cho lo ha dejado escrito en su diario. He tenido que colarme en su cuarto y forzar el cerrojo de su baúl. ¡Tiene unos calzoncillos de Cedric¡Y el teléfono de Krum! Zorra….
Lo siento mucho, niña.
Saludos,
Yo (por si acaso lo interceptan)
Tras leerlo, la cara de Ginny cambió completamente. Estaba pálida y llena de cólera por dentro. Tenía ganas de matar a alguien, pero entonces… se le ocurrió una idea mucho mejor:
-Michael, retiro lo dicho. No me gustó nada el beso de Harry. Y tienes razón: deberíamos estar juntos. Las cosas están más que claras entre nosotros, ¿no? -le dijo, agarrándole por la túnica y atrayéndole hacia ella.
Los muchachos de Gryffindor también estaban sumergidos en su propio drama, poco antes de la comida. Ron había aprovechado que Hermione estaba ausente por alguna razón y le había propuesto a Harry que hablaran sobre lo ocurrido.
Harry estaba muy nervioso. Seguramente Ron estaba enfadado por lo que había pasado con Ginny. Los dos amigos buscaron dos sillones apartados en la Sala Común para entablar conversación:
-Bueno, Harry, desembucha- le pidió Ron cuando ya se había sentado.
-¿Qué quieres que te diga? -Harry tenía el ceño fruncido. No esperaba que la conversación se iniciara así.
-Todo. Quiero que seas sincero. ¿Te gusta mi hermana o lo de ayer fue sólo un beso tonto?
-Escucha, Ron. Lo de ayer fue un beso, sí, pero fue un beso obligado… Tú ya me entiendes. Ya sabes que no podemos hablar de ello por los efectos de la poción…
De pronto el pelirrojo cayó en la cuenta de que se trataba de una prueba del juego. Hasta el momento siempre había pensado que Harry había besado a su hermana porque sí, no porque fuera una prueba de Beso, Verdad, Consecuencia.
-¡Entonces eso lo cambia todo! -exclamó Ron, aliviado, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
-Pero espera un momento….-le cortó Harry, que ahora que tenía oportunidad, quería dejar las cosas bien claras: -Tengo que admitir que, aunque no fue algo voluntario, me gustó. Y que, a partir de ese beso, me he planteado algo más con tu hermana.
-¿Algo más como qué? -Ron ya empezaba a poner de nuevo esa clásica cara de pocos amigos que gritaba por todos los poros: "Apártate de ella o eres hombre muerto".
-De todos modos da igual, porque te diré que me ha rechazado- la tristeza se apoderó entonces de los ojos de Harry.
-¿Estamos hablando de la misma persona? ¿Ginny? ¿Ginny Weasley te ha dado calabazas?
-Sí, Gin.
-¿Mi hermana te ha rechazado? ¡El mundo se está volviendo loco! -gritó Ron. -¿Y qué ha pasado? -preguntó, un poco más aliviado.
-Nada…. Dice que está harta de dar tantas vueltas conmigo. Que lo tiene mucho más seguro con Michael Corner y prefiere probar suerte y olvidarse de mí- Harry estaba ahora bastante cabizbajo.
-¿Con ese idiota que no sabe jugar al Quidditch? -se sorprendió Ron. -¡Es hombre muerto!
-Ron, recuerda que tú no sabes nada...-le advirtió Harry.
-Ya, es cierto… Pero si le cojo le…-Ron se interrumpió a sí mismo cuando comprobó la cara que estaba poniendo Harry. -¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Piensas salir con Cho?
-Ya te he dicho que no. No saldría con ella ni aunque coreara todos los días mi nombre en el Gran Comedor...
